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Canaimera

Werner Hernández | La resistencia de los pipiles

Dada la complejidad que atañe a las interrelaciones culturales, históricas, espaciales y geográficas de los pueblos originarios del continente americano, resultan insuficientes, casi imperceptibles, los estudios que se han hecho al respecto, algunos más serios que otros, incluso los hay aquellos afectados por la fantasía. Hace no muchos que platicábamos con el poeta Martín Tonalmeyotl acerca de las migraciones milenarias del pueblo nahua, nómada por antonomasia, y cuyo origen es incierto, pero su huella cultural, en buena parte de la nación mexicana y casi toda Centroamérica, es innegable, fundacional y sobre todo, vigente. Además de México, podemos señalar a Nicaragua y El Salvador, como bastiones de la cultura nahua, el primero con los nahoa y el segundo con los pipiles. Algunos estudiosos, como Miguel León Portilla, han querido dar luz sobre el parentesco entre los nahuas de México y sus pares nicaragüenses y salvadoreños, pero lo cierto es que existe un cierto desdén por entender y reconstruir el devenir histórico y cultural de los nahuas en sus migraciones y posteriores asentamientos. Tristemente, durante siglos pasados, e incluso en éste, las torpes políticas locales de gobiernos asesinos, han buscado exterminar a los pueblos originarios. Y los nahuatlatos no han sido la excepción. Por ello, cualquier intento de salvaguarda, de reivindicación, de rebeldía, es ya una obra titánica. Werner Hernández (San Salvador, 1977), psiquiatra de profesión, ha emprendido una obra así. Desde el año 2001 realiza investigaciones personales acerca del náhuat y en esta materia se ha distinguido como profesor y activista. En 2012 ingresa al Colectivo Tzunhejekat. Su labor como recopilador, traductor, arqueolingüista y docente han sido fundamentales para preservar la lengua de los pipiles salvadoreños. Werner Hernández ha escrito los libros Titaketzakan Nawat (Ministerio de Educación, 2018) y Nawat Mujusta (Secretaría de Cultura de San Salvador, 2019), además participó como coautor de la obra Nikmati Ume taltikpak (Ministerio de Educación, 2020).

  • ¿Estimado Werner, cómo se da tu acercamiento con la cultura náhuat, la ancestral y la contemporánea?
  • Mi familia no es del área pero desde niño yo decía que de adulto hablaría en nawat. En 2001 conocí a Genaro Ramírez, hablante de nawat de Witzapan, y fue éste quien me enseñó por seis años, cuando lo visitaba semanalmente. Luego estuve un año como médico en otro pueblo del área, Cuisnahuat. Mi madre tiene su propia versión: Durante mi embarazo realizó trabajos universitarios en el área nahua. Ella piensa que en esos meses fue que me empapé del amor por el idioma: “ya oías y lo hacías en nawat”, me dice.
  • ¿Podrías hablarnos acerca de la cosmogonía pipil?
  • Es muy rica. Con el devenir de las iglesias en la zona y la discriminación social hacia los temas indígenas ha corrido peligro de desaparecer sin embargo todavía se la halla en la región. Para llegar a ella debe uno superar a estos adversarios por medio de la convivencia en la comunidad pues el tema los ha acostumbrado a esconderse. En la narrativa pipil conocemos que los humanos venimos del fruto del árbol de morro, que nuestra organización como grupo surge a partir de los llamados tepewas, pequeños pero astutos, con la capacidad de conocer y traer el maíz. La participación de serpientes racionales entre los humanos es un elemento frecuente y la relación con la naturaleza se ve como un eterno enfrentamiento ante el cual los humanos deben forjar su carácter. En la salud conocemos el tunal como la fuerza y brillo con que funcionamos y las distintas formas de perderlo explican un estado general enfermizo.
  • ¿De qué salud goza la literatura náhuat contemporánea?
  • Su producción es escasa a nivel impreso. Pervive más en la forma de oralitura con la composición de canciones. Un libro muy recomendable es “Nikmati ume Taltikpak” (Conozco dos mundos), de Eugenio Valencia.
  • ¿Qué escritores en El Salvador están haciendo su obra en lengua náhuat actualmente?
  • Paula López es la autora que con seguridad ocupa el puesto de mayor referencia. Aunque la cantautora falleció hace 5 años la belleza de sus letras le sobreviven. Su hija, Estela Patriz, quien también es activista del nawat continúa cantando su música.
  • ¿Cuál ha sido el papel de la literatura náhuat en las letras salvadoreñas?
  • Ninguno. Es una tarea pendiente que el sistema educativo nacional reconozca el aporte de los autores o los temas nahuas. Tómese este ejemplo: Existe la obra Mitos en la lengua materna de los pipiles de Izalco, originalmente recopilada en 1929; estamos a cerca de 100 años de todavía no ser enseñada en la enseñanza pública ni a nivel básico ni superior.
  • ¿Existe un contacto con escritores contemporáneos de lengua nahua en México o en Nicaragua o algún otro país?
  • He coincidido personalmente con algunos escritores nahuas de México, con ninguno de Nicaragua. Me parece que la comunidad nahua salvadoreña se ha desarrollado con más fuerza hacia dentro en los últimos años y ya está lista para darse a conocer afuera.
  • ¿Cuál es tu perspectiva de la literatura náhuat contemporánea?
  • Me parece que aunque la comunidad nahua salvadoreña es muy pequeña puede dar enormes sorpresas a nivel de literatura. Además trabajar en este punto es obligatorio si queremos garantizar la salud del idioma pues en la literatura es donde el idioma escapa de un plano gris y se lo puede ver jugando, divirtiéndose y perfumando el aire. El nahua salvadoreño es muy musical.
  • ¿Qué es el Colectivo Tzunhejekat?
  • Es un grupo de voluntarios de la capital, San Salvador, muy comprometidos en la visibilización digna de los nahuas salvadoreños y de la lengua nawat. Tzunhejekat significa “loco” porque los que ahí colaboramos nos sentimos locos por el nawat.
  • Háblanos de los tres libros que has escrito acerca del náhuat.
  • El primero “Titaketzakan nawat 3” fue un encargo de nuestro ministerio de educación como libro de texto para un programa piloto de enseñanza del nawat en las escuelas. El segundo, Nawat Mujmusta, es un breviario gramatical y un vocabulario nawat-español (y viceversa) para los adultos que quieren estudiar el nawat y recoge mi experiencia de más de 15 años visitando la mayoría de los pueblos nahuas de El Salvador. El tercero, Nikmati Ume Taltikpak, es de mi otro maestro de nawat: Eugenio Valencia. Un homenaje póstumo de su obra en la que fui parte del equipo editor.
  • ¿El gobierno de El Salvador ha sido genocida con el pueblo náhuat?
  • Sí. En 1932 realizó un ataque armado a la población nahua. Las fuentes más ecuánimes estiman que en unos 10 días se eliminó a unos veinte mil nahuas. Fue conocido que bastaba hablar en nawat para tirar a matar. Desde hace unos 10 años las actitudes de los gobiernos buscan ser favorables al grupo nahua.
  • ¿Y la sociedad salvadoreña?
  • La sociedad salvadoreña ha hecho frecuente uso de la indiferencia o de la discriminación, por ello los pocos a favor del nawat buscamos hacer el mejor esfuerzo para despertar conciencia.
  • ¿Qué acciones se están tomando para salvaguardar el náhuat y vincularlo a la literatura o al acto mismo de la escritura?
  • Han habido esfuerzos de salvaguarda, de literatura y de escritura pero de funcionamientos aislados. Hace falta una línea más fresca que busque unificar todos estos elementos en uno solo con esta proyección.
  • ¿Existe una probabilidad de reconciliación verdadera entre los diversos pueblos que conforman las sociedades latinoamericanas o estamos fracturados por siempre: pueblos originarios de un lado, mestizos del otro, españoles por aquí, negros más allá, etcétera?
  • Me parece que el hermanamiento es posible y más tras reconocer que básicamente las luchas de los otros pueblos son las mismas que las propias.
  • ¿Qué significa ser activista y escritor en El Salvador?
  • Significa andar con dulzura en el corazón, coraje en el paso y fuerza en la palabra.
  • ¿Existe actualmente un rastro del México nahua entre los pipiles de El Salvador?
  • Por el idioma, por las danzas, por la gastronomía, por el aspecto físico, por la arqueología (sólo por mencionar unos pocos puntos) me parece que los salvadoreños somos más mexicanos de lo que creemos.
  • ¿Cuáles son los dos mundos que se plantean en el Nikmati Ume taltikpak?
  • Uno anterior y profundo, el nahua. Uno nuevo y advenedizo, el mestizo. El anterior tomando su lugar adentro del nuevo.
  • ¿Qué son para ti los cantos en el náhuat y sus cantores?
  • La mayor fuente de literatura actual en nawat.
  • ¿Qué significado le otorgas a las palabras resistencia y rebeldía?
  • Parte del autorretrato. El nahua salvadoreño se desenvuelve como hermano natural de ambas pero desarrolla no una resistencia contestataria sino una alegre rebeldía que te lleva, como río, a ir adelante y cantando.
  • Salarrué tiene un bellísimo cuento sobre el Cipitío ¿crees o acaso eres tú mismo un cierto Cipitío?
  • Con el nawat acaso más un cadejo, ese animalito fantástico y nocturno fiel a los pasos de su persona y que se le adelanta sólo ante los peligros.
  • Por último, estimado Werner, has dicho que sin el náhuat El Salvador es una nación sin rostro ¿qué matices y recovecos guarda esta afirmación?
  • El nawat es el último idioma nativo de nuestro país. Perderlo sería dejar ir a todas las generaciones de mujeres y hombres que sus saberes fueron expresados en esta lengua. El negar esta herencia es negar aquello que conforma nuestro mismísimo rostro: nuestra identidad.
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Ecos de un caballito del diablo Narrativa

Aída Chacón| Lejos y apretado| Crónica

Vivir en la ciudad es caótico y apretado. Los espacios son distintos al igual que las distancias. En la infancia viví en lugares amplios, con plantas, cielos abiertos, pájaros cruzando el cielo y chicharras cantando hasta la muerte. Me mudé muchas veces. Perdí la cuenta de ellas y también de las cosas que perdía en cada cambio de casa. Aún con eso siempre tuve espacio. Espacio para mí, para meter los gatos que recogía de la calle, unos cuantos perros y hasta una paloma que se cayó de un árbol y quedó lastimada.

Viví hasta mi juventud en un pueblo. No tan grande ni tan pequeño, no tan olvidado ni lejano. En sus calles principales se veían tiendas y aparadores como una pequeña ciudad. El centro era una zona de apenas unas cinco cuadras a la redonda dónde se concertaba la mayor actividad económica. El mercado, dos tiendas de autoservicio, algunos bancos, el palacio municipal, el parque donde se hacían los bailes y algunos comercios. Era el lugar más ajetreado de día y más solitario por las noches. Vivimos algunos años en ese centro casi deshabitado.

Teníamos un patio que se llenaba de hierba muy seguido. Grandes plantas de acuyo crecían sin que nadie les pusiera freno. Cuando tuve cierta edad y aprendí a usar el machete, mi actividad favorita era chapear el monte. El poder que el machete me confería me regalaba cierta confianza y me permitía sentir que hacía una ardua labor que no cualquiera podría realizar. Después de sudar a mares, veía las plantas cortadas y satisfecha las juntaba en el centro del patio para prenderles fuego.

Algunas de nuestras casas tenían tanto espacio que jamás logramos llenarlas. Nunca tuvimos demasiadas cosas, incluso podría decirse que ni siquiera las que alguien pensaría como necesarias, así que, mucho menos lográbamos llenar esos tremendos espacios. Recuerdo en mi infancia casas de techos altos, de habitaciones inmensas. Yo podía perderme en esos sitios y encontrar un escondite privado.

Recuerdo una casa en la que teníamos terraza en dos de las recámaras. Una de ellas tenía vista a la calle y la otra, al patio trasero. Nuestra terraza que daba a la calle bien podría ser otra habitación, así que, cuando queríamos acampar, solo sacábamos colchonetas y dormíamos ahí, con el fresco y las estrellas.

No usaba mucho el transporte porque todo era muy cercano, pero cuando lo hacía, nunca estaba lleno. Solo durante el carnaval o los desfiles se veían las calles llenas de gente. Había espacio para charlar a gritos de una acera a otra. También para estacionarse cerca de las tiendas principales. No faltaba lugar en las bancas del parque a menos que fuera domingo. Ese día todos estábamos ahí dando vueltas una y otra vez en una espiral interminable donde perseguíamos no sé qué. Tal vez, matar el tiempo.

El espacio era tal que cuando papá se fue y nos mudamos a una habitación en la casa de una tía, cabíamos las cuatro en ella. En provincia había espacio, lugar para todas las cosas, para las plantas y los animales. Para la ropa secándose al sol, para los bañistas en el río, para abanicarse en las tardes de intenso calor. En la ciudad, en cambio, nunca lo hay. No se puede leer un libro en el transporte sin que la puerta del metro o la gente que entra y sale propine un buen empujón. En ocasiones, cuando las puertas están cerradas y no hay gente abordando o bajando del vagón, tampoco hay espacio para abrir el libro y retirarlo de la cara para lograr leer.

Hay tanta gente que no cabe en ningún lado. Ni en los andenes del metro, ni en los trenes; tampoco en las avenidas ni en los camiones. Mucho menos en los parques o en el supermercado. No importa la hora o el sitio siempre está lleno de personas. En los departamentos tampoco hay sitio para estar en paz. Se escucha al vecino de arriba caminar de un lado a otro. Se escuchan las zapatillas de las vecinas andar en las escaleras del edificio. Se oye la fiesta de la calle contigua. No hay espacio para el silencio, tampoco para las estrellas o los cielos abiertos. No hay escondites. Siempre estamos expuestos. No hay sitio para demasiado, aunque ahora quizá tenga algunas cosas más que en mi infancia, no son muchas.

Una paradoja de la ciudad es que, aunque todo está muy lejos y apretado, la gente no se habla y no se mira. La gente atiborra el transporte y pocos saludan o se desean buen camino. Si alguien cae desmayado, pocos se detienen a llamar a una ambulancia. La gente está acostumbrada a ver a tantos que ya ninguno importa. Somos muchos, muchísimos, pero no sabemos nuestros nombres, no sonreímos camino al trabajo. Quizá sea el hastío que provocan las grandes distancias, el malestar de los camiones apretados, la interminable y agotadora rutina de los trayectos.

Para algunos, quizá la solución es el regreso; tomar de nuevo las valijas y marchar por donde vine… pero a veces, la trampa está en que los lugares espaciosos habitados en la infancia solo existen en la mente. Ya no hay a dónde volver, ni cómo. Así que la verdad es que ese espacio grande, luminoso, sin saturaciones también se ha diluido en el tiempo. Escapó. Quedará como una historia que alguien tal vez contará a sus nietos y que empezaría más o menos así: “Dicen que en provincia había mucho espacio. Mi abuela contaba que en su infancia tenía un patio inmenso, cubierto de las más bellas flores y un poco de monte…”

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La casa de Lanudo

Diario del té I Jonatan Rodas I(relato breve)

El agua se ha puesto amarillenta. Un amarillo que le recuerda el color del cempasúchil. Esa casi venerada flor que inundaba los campos que contempló a través del cristal del auto aquella tarde de octubre mientras se dirigía junto a sus amigos a Cuernavaca. Quiso preguntar muchas cosas, pero era amante del silencio y también un poco autodidacta. Al llegar a su destino buscaría una biblioteca o, mejor aun, aduciendo necesidad de aire se apartaría del grupo para buscar un mercado, una venta de flores, un tendero o cualquier persona en la calle en la que anticipara encontrar respuestas sin pretensiones intelectuales, como las que seguramente sí encontraría entre sus amigos.

De la mano de aquel recuerdo levanta la tetera para ver el agua más de cerca. Ninguna observación precisa. Solo el deseo de contemplar la coloración que ha tomado el agua al contacto de la hierba que, cinco minutos atrás, introdujo en el cilindro que pende en medio de la caprichosa tetera de cristal. Le apasiona todo el conjunto. El agua. La realidad que se dibuja difusa a través del cristal. La bocanada de vapor que se desató cuando vertió el agua caliente, como si se tratara de su espíritu escapando del burbujeo hirviente (Pero no podía serlo. Porque el espíritu estaba ahí. Podía sentirlo). La hierba. La fina hierba que tomó en un par de tímidas pizcas entre sus dedos pulgar e índice y que luego soltó como si se tratara de un fragmento, un minúsculo fragmento de su vida. La tetera: transparente, casi levitante, trémulamente firme (¿No sería ella también una tetera?).

Y después de eso, la espera. Una espera que no se parece a otras esperas. Una espera sin prisas ni presiones. Espera nomás. Nada que esperar para que llegue. Nada que esperar para que se vaya. No cuenta el tiempo, cuando lo que cuenta es la quietud, la pulsación de la tierra en las plantas de los pies (¡en las plantas! Si pudiera elegir sería una planta, y luego té, y luego vapor, y luego ella).

El té ya está listo. Es todo lo que cuenta en aquel instante de plena entrega, de comunión propia.  

Levanta la tetera y aspira el vapor aromático que se suelta al chorrear el contenido dentro de la taza. Ha tenido la sensación de querer llorar de alegría. Ha sentido como el té le calienta adentro. Como todas las noches, al instaurarse el silencio en casa, en el ambiente.

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Narrativa Retazos del...

…sentimientos encontrados…

Carta para S.

Naciste cuando papá moría. No sé si lo recordás. Puede que el entendimiento de la memoria y los recuerdos sigan siendo un lugar desconocido para el ser humano. Hoy, por lo que te conozco, sé que seguro lo recuerdas y que incluso, juegas con él a escondidas. Sé que lo recuerdas recostado en el sofá con una máquina conectada a su nariz. Puede que de ese recuerdo venga la inquietud que tienes por la medicina. No lo sé. Y a decir verdad, me chupa un huevo que seas lo que seas, me chupa un huevo todo…, menos que pierdas la sonrisa que tienes hoy, menos que algún día pierdas la dignidad. El mundo que conocerás no tengo la puta idea de cómo será, solo quiero saber que serás mejor ser humano que el tipo que escribe esto…

Lindo cumple S.

Atentamente…

Un camaleón

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En el abismo

Arturo Santana | Prescripción contra el insomnio (Narrativa)

«Catorce, quince…».

Su brazo se movía con el mismo ímpetu de un adolescente. Aún tenía mucha energía y era preocupante. El doctor le dijo que la actividad física acabaría con las voces y el desvelo.

«¿El maldito mintió?».

Sugirió algunas vueltas al vecindario, lagartijas, abdominales o sentadillas. Lo importante era cansar su mente y su cuerpo. Obligarlos a reposar, asfixiarlos hasta que sus ojos quedaran en trance.

«Veintiuno, veintidós…».

A veces la curva en su rostro amenazaba con volverse una sonrisa; otras, tan solo corrían algunas lágrimas. Pensó que esa curva tímida era el preludio de un remate y que la humedad era sinónimo de asco.

La misma película de las últimas semanas con el mismo final. Las muecas le hacían hervir el pecho. La adrenalina recorría con más ímpetu.

«Maldito,

deja…

de…

reírte…

de…

¡mí!».

        .

        .

        .

        …

Se detuvo.

El sudor resbalaba por su frente. Tuvo la sensación de quedarse sin aire, pero no supo si era la fatiga. Aún se sentía vivo, a diferencia del tipo sobre el plástico. Era como si se hubiese quedado sin palabras. De hecho, ya no tenía rostro.

Se levantó, con cuidado de no pisar el charco del insomnio. Fue a la cocina. Dejó el cuchillo en el lavamanos y mojó sus dedos.

El líquido escarlata se perdía por el desagüe en una lenta despedida. Imaginó que eran el cansancio y las voces. Después de todo, quizá el médico tenía razón.

Quizá.

«Debería intentarlo de nuevo para estar seguro, ¿no?».

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Agibílibus

Sobre la fantasía y sus subgéneros

Uno de los géneros que más nos atraen con fuerza es la fantasía, tanto en la literatura, el cine y los videojuegos. Sin embargo, he notado que los espectadores en general se dedican a adentrarse a la ligera en ciertas obras desconociendo, como podría esperarse, que dentro de la fantasía existen subgéneros a los cuales pertenecen las diversas historias que tanto nos impactan.

Por tal motivo, y sin afán de obligar a nadie, me permito realizar un chapuzón ante el género fantástico y sus subgéneros con la finalidad de servir de guía para aquellos interesados al respecto y que de una u otra forma sienten la inquietud de ampliar sus horizontes al respecto de las historias que tanto disfrutan (o quisieran disfrutar).

La fantasía y sus subgéneros

¿Cómo se diferencian los subgéneros de la fantasía? ¿Cómo identificarlos?

Cuando nos adentramos en el amplio mundo de la fantasía, tanto en la literatura, el cine, los cómics o incluso los videojuegos, nosotros como espectadores asumimos un rol importante para el desarrollo de las historias que se presentan ante nosotros. El lector-espectador-jugador se convierte en cómplice de la trama fantástica, y en algunos casos es quien reconstruye la vastedad de los mundos, la complejidad de los conflictos o la profundidad de las historias.

Cada historia tiene un comienzo y un final que puede o no gustar a todos por igual. Sin embargo, hay algunos autores que se dedican exclusivamente a atender a un tipo de lectores-espectadores-jugadores perfeccionando un estilo específico para la ambientación de sus historias fantásticas. Cabe mencionar que no todas las historias tratan exclusivamente de caballeros, ambientes medievales, magia o dragones. En la fantasía hay una gran diversidad de posibilidades increíbles e infinitas.

Es por eso que los eruditos de la fantasía han catalogado a la fantasía en diversos subgéneros, de los cuales tenemos a los más representativos como la alta fantasía, la baja fantasía, grimdark, fantasía urbana, la fantasía heroica, la fantasía oscura, la ciencia ficción fantástica, la fantasía histórica e incluso hasta podríamos hablar del realismo mágico dentro de este ordenamiento.

Iniciemos con uno de los exponentes más representativos: la alta fantasía. Este subgénero es tan popular  debido a las grandes historias como El Señor de los Anillos de Tolkien, los juegos Dragon Age y The Elder Scrolls.  En este subgénero se presente el eterno conflicto del bien contra el mal, ambientado normalmente en contextos medievales, y en donde existe de trasfondo una gran profundidad de razas con culturas vastas como humanos, orcos, elfos, enanos, brujos, magos, hadas, trolls y dragones, y con grandes mundos por explorar que podrían abrumar a los lectores en primera instancia. Estas historias se mantienen vivas y en constante cambio debido a su gran complejidad.

Después podemos mencionar a la baja fantasía. Este subgénero puede tener similitudes con la alta fantasía, incluyendo el mismo estilo de ambiente y personajes, pero con la diferencia de que los mundos y las tramas presentadas son más simples y dinámicas. Los protagonistas se vislumbran más como antihéroes así como las luchas no son exclusivamente entre el bien y el mal. Uno de los exponentes es la saga de Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. Cabe mencionar que a este subgénero se le puede relacionar con otro llamado grimdark, el cual muestra historias un tanto oscuras y crudas.

Por otro lado está la fantasía urbana, la cual nos muestra una mezcla entre el mundo real contemporáneo mezclado con mundos fantásticos diversos. Para este entorno tenemos ejemplos claros como Harry Potter y algunas historias de cómics y Anime/manga en donde distintos mundos convergen dando frutos curiosos y complejos. Sin embargo, no se debe perder de vista su principal característica: lo urbano debe estar presente.

También tenemos a la fantasía heroica, la cual expone historias que podrían asemejarse de igual forma a la alta fantasía debido a su ambientación medieval y la manera de presentar a los personajes principales. Sin embargo, estas historias por lo regular tienen un rasgo que los define de las demás: las historias tratan siempre de la eterna batalla de la espada contra la magia además de que los héroes no son exclusivamente bien portados y de altos valores, más bien se muestran bruscos pero sin caer en la maldad. Como ejemplo tenemos a Conan el bárbaro.

La fantasía oscura, en cambio, muestra mundos e historias que se ligan más con la maldad y el terror. En estas historias la magia es siempre oscura, sin alegría ni esperanza, y comúnmente los protagonistas son frágiles y están sometidos a voluntades descomunales y malignas. Como exponentes tenemos las historias de Poe, Lovecraft y Stoker, entre otras.

De igual manera está la ciencia ficción fantástica, la cual puede confundirse con la ciencia ficción convencional. Sin embargo, el rasgo que define a la primera es que en estos mundos futuristas la tecnología siempre está sometida de alguna manera a la magia, aunque se pueden mezclar elementos de otros subgéneros de la fantasía. Un claro ejemplo es la saga de Star Wars en donde convergen elementos de la ciencia ficción, como naves y batallas en el espacio, con elementos como la fuerza.

La fantasía histórica, por otro lado, se presenta como un subgénero muy curioso.  Aquí por lo regular se retoman periodos históricos reales con la peculiaridad de que los autores tratan de darle el aspecto de una parodia o de una realidad alterna en donde se reinterpretan ciertos eventos históricos. Estas historias son más comunes en películas en donde  se llegan a incluir elementos de otros subgéneros fantásticos como dragones, monstruos, magia, mundos, zombies, vampiros, etc., los cuales están inmersos en los eventos de la humanidad.

Finalmente, algunos de los expertos han mencionado que el realismo mágico debe considerarse dentro de los subgéneros de la fantasía. En estas historias la magia toma un aspecto normal y cotidiano para los personajes al nivel de que no es necesario explicar cómo o por qué funcionan estos elementos mágicos para la trama. Algunos de los exponentes entrarían dentro de los territorios literarios latinoamericanos como Márquez.

De esta manera el lector puede asumir una postura concreta ante la gran diversidad de subgéneros dentro de la fantasía, siendo que no solamente se trata de elementos de la alta fantasía siendo que la profundidad de las historias puede tomar diversos tintes dependiendo la época y tendencias artísticas de cada tiempo, autor y espectadores.

Cada persona tiene sus historias favoritas y estilos preferidos. Sin embargo, algunos de ustedes quizá se aprovechen de este pequeño y humilde análisis sobre los subgéneros en los que se divide a la fantasía en general (incluso ahora podrán ubicar en cuál subgénero entraría su saga favorita) de manera que puedan asomarse a otros subgéneros y explorar otros mundos y posibilidades en donde exploten su rol como lectores, espectadores y jugadores a conciencia.

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Cinefilia crónica

Judas y el mesías negro (2021)

Existen buenas películas y existen malas películas; existen obras maestras y existen bodrios desastrosos; existen películas inolvidables y existen películas que pasado un año ya nadie recuerda. Pero también existen películas que son más que películas, son memoria, son homenaje, son poder, ese es el caso de Judas and the Black Messiah (2021).

Fred Hampton era un activista, revolucionario socialista y el líder de la sección de Illinois del Partido Pantera Negra a finales de los sesentas. William O’Neal era un ladrón de autos cuyo modus operandi se basaba en hacerse pasar por un agente federal para disuadir a sus víctimas y ejecutar el robo. Pero cierta noche, O’Neal, quien apenas tenía diecisiete años, fracasa al intentar robar un auto y, luego, al ser capturado, en lugar de ser enviado a la cárcel, tal como él lo suponía, es reclutado por el agente Roy Mitchell del FBI para que se infiltre en el BPP (Black Panther Party) y le sirva de informante. Entonces los destinos del mesías negro, Fred Hampton, y de judas, William O’Neal, habrán de cruzarse de una manera cuyo desenlace no puede ser distinto al trágico.

Judas and the Black Messiah es el segundo largometraje que dirige Shaka King, recibió seis nominaciones en los premios Óscar, entre las que destacan Mejor película y Mejor guion original, y es sin duda una de los mejores films de la temporada. El amor, la traición, la política, el racismo, la injusticia, el clima urbano, el valor conjurado a una causa justa, la lucha por los derechos civiles de las comunidades afroamericanas; todo eso y un poco más es combinado y puesto en escena de una manera notable. El encargado de interpretar a Fred Hampton es la estrella ascendente Daniel Kaluuya, quien, quizá ayudado por el estupendo guion, realiza la que es la mejor interpretación de su carrera hasta el momento, superando incluso a la realizada en la conocida Get Out (2017), pues logra dotar de una fuerza y una voz propia al personaje, evocando y rememorando la firmeza y la determinación con la que Hampton asumió la lucha social a lo largo de su corta vida. Por su parte, el traidor O’Neal es interpretado por Lakeith Stanfield, cuyo trabajo es incluso superior al de Kaluuya, dado que no sólo es el antagonista que debe soportar la carga pasar por protagonista, sino además debe (y lo logra c0n creces) fingir una actuación dentro de la actuación que ya de por sí es fingida: es un completo farsante, un infiltrado; por ejemplo, a través de sus gestos y expresiones, Stanfield consigue que la ejecución de los primeros planos larguísimos de su rostro, que son vitales en la construcción del personaje y en la manifestación del conflicto moral que sufre, se ejecuten de manera formidable.

Otro hecho destacable es que Debora Johnson (Akua Njeri), quien era la pareja sentimental de Fred Hampton y es la madre de Fred Hampton, Jr., su unigénito, es interpretada por Dominique Fishback, quien, a pesar de que pudo ser mejor, no hizo una mala interpretación y junto a la decisión de maquillarla de manera mínima y el que su físico se aleje de los estereotipos de belleza que la sociedad moderna le impone al género femenino, consigue dar con un personaje real y acertado. Lección para los poderes culturales y hegemónicos del entretenimiento mundial que solamente logran concebir personajes principales femeninos si son interpretados por modelos o reinas de belleza, quienes encajan perfecto con el estereotipo imperante pero no con la figura del personaje a tratar.

En definitiva Judas and the Black Messiah, que sutilmente toma algunos recursos del blaxploitation de los setentas, como también del cine político y del documental, resulta una digna representante de la cinematografía afroamericana de las últimas décadas, abanderada por el fallecido John Singleton en su momento, o por el maestro Spike Lee con su extensa filmografía o por Barry Jenkins con su premiada Moonlight (2016). Una película que vale la pena ver no sólo por su valor narrativo, estético y filmográfico, sino también por su valor histórico y reivindicativo.


La polémica: por extraño que parezca, todo indica que a la Academia le pareció que Judas and the Black Messiah era una película sin protagonista, o sin protagonistas, pues los actores Daniel Kaluuya y Lakeith Stanfield, que interpretan a los personajes principales del film, fueron nominados en la categoría de Mejor actor de reparto. Se suponía que el personaje de O’Neal, interpretado por Stanfield, era el protagonista y el de Hampton, interpretado por Kaluuya, era el más relevante de entre el reparto; incluso podría pensarse que era una película con dos protagonistas, precisamente ellos, pero no así lo consideraron en Hollywood. Hasta el momento no ha habido ningún pronunciamiento por parte de los organizadores de los premios. Ya veremos cómo resulta la noche de la ceremonia.

M.D.

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Aproximación al ser en el arte

Un perro andaluz (1929) | Luis Buñuel

Un perro andaluz (1929)
Luis Buñuel

Título original: Un chien andalou. Francia, 1929.
Director: Luis Buñuel. Fotografía: Albert Duverger, Jimmy Berliet.
Guión: Salvador Dalí, Luis Buñuel. Producción: Luis Buñuel.
Intérpretes: Simone Mareuil, Pierre Batcheff.

Un perro andaluz, es un cortometraje franco-español mudo, con una duración de 16 minutos. Fue publicado el mismo año que el poeta francés André Breton publicó su «Segundo Manifiesto Surrealista».

En su estreno causó un escándalo enorme por su contenido y el carácter subversivo de su forma narrativa (Talens, 2010). Es el debut de Buñuel como director. Catalogado como un poema visual.

En 1929, Hollywood ya implementa el cine sonoro. Sin embargo, en Europa tardaría en imponerse. De manera que se realizó mudo. En 1960, Buñuel incorpora al film una banda sonora, en la que selecciona fragmentos de «Tristan e Isolda» de Richard Wagner y un tango.

El surrealismo parte de la premisa de reflejar pensamientos libres de control que van más allá de la realidad, la ética y la estética. Para abrir y expresar los recovecos del subconsciente.

Luis Buñuel hace una simbiosis con Salvador Dalí para la realización de su guión. La trama surge a partir de dos sueños: Dalí le contó que soñaba con hormigas que pululaban en sus manos y Buñuel soñó con una hoja de navaja que cortaba la luna en dos.

No sigue una estructura lineal, ni se sujeta a un espacio o tiempo determinado. Pende de un hilo subconsciente. Hay alusiones constantes a la muerte, el deseo sexual, el delirio y el sueño, bajo imágenes cargadas de sugestión.

Una de las escenas más iconográficas, es en la que un individuo interpretado por Buñuel, afila una navaja de afeitar y secciona el ojo de una mujer. Buñuel (2008) explica que para que el espectador se sumerja en un estado libre de asociación de ideas, es necesario producirle un choque traumático al comienzo del filme.

Federico García Lorca, poeta andaluz, creía que Un perro andaluz era una referencia indirecta hacia él. Estaba enamorado de Dalí, pero era despreciado por él. Enojado contra sus detractores, Lorca consideraba que la escena en la que un andrógino es atropellado en la calle, hacía alusión a él. Relata Buñuel (2008, p.134).

El atropello del andrógino hace sentir libre al protagonista que observa hacia la calle desde una ventana. Lo cual despierta deseo sexual en él hacia su pareja, a la que se dispone a acosar.

La protagonista se defiende de él con una raqueta en forma de cruz que simboliza la moral católica. Le resulta imposible vencer a la chica. En su forcejeo cae enfermo, debido a que la educación condena el deseo sexual.

Ocurre un conflicto edípico, según el psicoanálisis, representado con el humor surrealista que caracteriza el film. El protagonista supera su conflicto al liquidar a su padre. Seguido de lo cual continúa acosando a su amada.

En otro juego de imágenes, mientras ella lo mira, a él se le desaparece la boca y le crece vello púbico en el rostro, como una incitación al sexo oral que será rechazada por ella, con un gesto en el que ella le saca la lengua y se marcha. Al cerrar la puerta, captura la mano de él llena de hormigas, como alegoría al deseo sexual y la mano como instrumento de la masturbación.

Ella aparece en una playa donde encuentra a un hombre bañista. En vez de enseñarle hormigas en sus manos le muestra un reloj. El reloj representa el trabajo, la seguridad económica. Decide olvidar su antiguo amante y quedarse con la oferta que le hace el bañista. Lo cual puede interpretarse como una crítica que hace Buñuel al matrimonio burgués, enemigo del amor y la pasión.

Decía Breton: «El gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar contra la gente». Buñuel toma esta frase para sugerir que Un perro andaluz no es sino un llamamiento al asesinato (Buñuel, 2008, p.105). Fue elogiado por Eisenstein, Chaplin lo vio por lo menos diez veces en su casa. Carl Jung lo calificó como una demostración de dementia precox. Tuvo un gran éxito comercial ante la intelectualidad parisina.

Un perro andaluz (1929)
Cartel de la película «Un perro andaluz»


Barbachano, C. (2000). Luis Buñuel. Madrid: Alianza.
Buñuel, L. (2008). Mi último suspiro. Barcelona: De bolsillo.
Gubern, R. (1999). Proyector de Luna. La generación del 27 y el cine. Barcelona: Anagrama.
Sánchez, A. (2010). Luis Buñuel. Madrid: Cátedra.
Talens, J. (2010). El ojo tachado. Madrid: Cátedra.

Artículo: Roxana Escalante.

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Ensayo Verbologías del equilibrista

Alexander Ganem | Sobre imaginerías ilustradas de la nación artificial (III)

Según Jurgen Habermas, “pertenecer a la ‘nación’ hizo posible por primera vez una relación de solidaridad entre personas que previamente habían sido extraños el uno para el otro”[1]. A decir de Guillermo O’ Donnel, esta es una visión donde “las naciones son construcciones políticas e ideológicas, el resultado de historias, memorias, mitos y, al menos en algunos períodos, de esfuerzos de movilización política”; se trataría de “actos de suscripción” en relación con comunidades históricas, no naturales.[2] Siguiendo con O’ Donnel, esta visión “contrasta con versiones de nacionalismo ”etnocultural” o ”primordialista”, que argumentan en favor de un tipo de existencia substantiva, transhistórica, organicista y pre-política de la nación. Estas versiones han sido proclives a generar o tolerar terribles actos de violencia”[3].

En la entrega anterior,[4] se tuvo ya la oportunidad de revisar una de las visiones “primordialistas” más conocidas, precisamente aquella que sostenía el mexicano Bustamente cuando decía, en 1835, que: “La conquista, la colonia, la independencia no lo iban haciendo. México era un ente terminado desde el principio”[5]. Según Bustamente, la nación estaba a la expectativa de su realización liberal, escondida en el orden natural que esperaba por la razón para sacarla de su anonimato. Sepan o no esto los contemporáneos de Bustamente, ello es así. La Nación natural se va materializando a través del verbo ilustrado.

Bustamente sería así un mensajero del “sentir nacional” natural que se habría expresado en la independencia: la Nación gritaba por tomar el lugar que le correspondía en el natural curso de la historia. Personajes como Bustamente se exhiben a sí mismos como articuladores del deseo natural (aunque este no sea consciente todos desean a la Nación o deberían desearla) que habrá de hacerse realidad por el camino de la independencia. Si los demás aceptan o no esta cuestión es problema de niveles de racionalidad explicables en términos de razas, superioridades naturales, etc.

El pasado es inmemorial en la visión de Bustamente y de ese pasado emana la nación natural, la Nación dada desde el comienzo, una nación donde además cada uno tiene su lugar en la clasificación social favorable a los criollos (las justificaciones socio-biológicas de la dominación a favor de la Nación no tardarán en llegar con su halo cientificista).

Pasión y autosacrificio son propios de la Nación y el nacionalismo, ellos derivan de “los atributos primordiales como la lengua, la religión, el territorio y muy especialmente el parentesco”[6], ligados a la Nación esencial y vetusta. A pesar de los cambios que la forma nacional pueda sufrir, su esencia aparece intocada, es “fija e inmutable”.[7]

Está claro que Bustamente y los de su generación eligieron construir una Nación a modo, no importa por ahora si la realidad les dio bofetadas a cada paso. En sus fantasías Bustamente construyó la nación a partir de un pasado ilusorio, plagado de formas aristocráticas y jerarquías ilustradas. Inventa al pasado y selecciona a su antojo, mezcla sin mayor problema realidades y espacios/tiempos diversos en función de la utopía de su pequeña comunidad política imaginada (por ejemplo, cuando compara a los aztecas aristocráticos con su contraparte europea; de manera semejante al ejercicio comparativo que emprende Sarmiento en su Facundo cuando equipara, sin más, a los bereberes africanos con los gauchos en términos de barbarie).

En otro polo, está la idea, no muy reciente (ya la había planteado el yucateco Lorenzo de Zavala), de que la Nación viene con la Independencia (ligada, como corolario, a la modernización reformadora borbónica). Este parecer está en el fondo de las afirmaciones de Fausta Gantús y otras autoras en su revisión del constituyente del 24, visto como parte-aguas cohesionador entre los que habían sido extraños los unos para los otros[8]. Se niega (curiosamente siguiendo la idea del “terror colonial” de Zavala y otros de sus contemporáneos) que hubiesen rasgos de una “identidad nacional preexistente a los procesos independentistas”: ¿nada en el pasado colonial? Se afirma que el proceso de Independencia  tuvo su más importante logro en “la concepción de una identidad y un Estado nacional” que “fueron el resultado de una compleja construcción cultural, económica y política cuya forja inició en la última parte de la Colonia, estalló en los movimientos armados, se fundamentó en la organización parlamentaria y se consolidaría a lo largo de la primera mitad del siglo XIX”. No se trata de negar esta versión, auto-percibida por las autoras como formando parte de un cúmulo de “renovadoras perspectivas”, sino sólo de señalar el eco curioso de las afirmaciones decimonónicas de algunos miembros de la generación del 24 en el presente. La idea es que la nación se forja modernamente a pesar de todo, y en este a pesar de todo está la clave, pues se trata en verdad de un a pesar de la tradición y la barbarie coloniales, a pesar pues de los incivilizados y su anclaje en la antimodernidad.

Habría que decir que en el ejercicio de fijar orígenes y nacimientos de la Nación, la opción ha sido por la ciudad letrada, pues ellos y no otros han forjado dicha Nación. Es desde la ciudad letrada que se escriben las historias. Otros autores se inclinan por señalar la “orfandad” y el “vacío” en que queda la naciente República después de la Independencia, durante las dos o tres primeras décadas. Tal es el caso de José Ortiz Monasterio cuando dice que “las nuevas instituciones tardaron mucho en imponerse, lo mismo que las viejas en desaparecer, y el periodo 1821-1867 fue una dura, costosa y lenta transición” donde, sin embargo (y en ello difiere de los que hablan de una ruptura tajante hacia lo inédito), puede aventurarse la hipótesis de que hubieron “muchas continuidades, a pesar de que el Estado moderno alimente la idea de que antes de Hidalgo no hubo nada, como si el prócer no hubiera tenido padre ni madre ni escuelas ni lecturas todas ellas novohispanas”.

Ya es bastante conocida la historia de la continuidad de las instituciones coloniales en el México gobernado por los criollos republicanos y liberales. En la versión de Gantús, me parece encontrar el juicio de hombres como Zavala (que se ven a sí mismos como agentes del Estado moderno del que habla Monasterio) sobre un pasado culpable en el que no debe encontrarse el signo de la modernidad mexicana: ese signo arranca, como parecieran sugerir las autoras, con el proceso abierto por las Reformas borbónicas (que alguien como Enrique Semo, retomando a Gramsci, caracteriza como de pasividad y verticalidad estatal, como “modernización pasiva” o “modernización desde arriba” en la República “dependiente” de la posindependencia[9]) que se consolidaría en la primera mitad del XIX.

Bolívar Echeverría, con la discusión sobre el ethos barroco (que tendría su formación en los siglos XVI y XVII), difícilmente se atrevería a afirmar que antes de la independencia nada habría, puesto que los criollos terminaron por comportarse, “muy a pesar suyo”, de acuerdo al modelo (barroco) colonial del que renegaban y que decían detestar: el de su modernidad barroca[10].

Será en nuestra próxima entrega, que presentemos algunas conclusiones finales para estas notas sobre las imaginerías liberales y su constitutiva excesividad, siempre desbordada en una megalomanía febril.


[1] Habermas apud O’DONELL, Guillermo. “Acerca del estado en América Latina contemporánea. Diez tesis para discusión” (Texto preparado para el proyecto “La Democracia en América Latina,” propiciado por la DRALC-PNUD), disponible en línea en: http://www.centroedelstein.org.br/PDF/acercadelestado.pdf.

[2] O’DONELL, Guillermo. Op. cit.

[3] Ibid.

[4] Puede leerse aquí: https://elcamaleon.org/2021/02/28/sobre-imaginerias-ilustradas-de-la-nacion-artificial-ii/

[5] Bustamente apud RAJCHENBERG S., Enrique y HEAU-LAMBERT, Catherine. “Para una sociología histórica de los espacios periféricos de la nación en América Latina”, Antípoda, jul-dic de 2008, núm. 7, p. 177.

[6] Kepa Bilbao. “Naciones y nacionalismo: notas sobre teoría nacional”, texto disponible en línea en: http://www.kepabilbao.com/files/naciones/naciones6.html

[7] Ibid.

[8] Cfr. Gantús, Fausta; Gutiérrez Florencia y León, María del Carmen, “Debates en torno a la soberanía y la forma de gobierno de los Estados Unidos Mexicanos, 1823-1824”, en La constitución de 1824, la consolidación de un pacto mínimo, México: COLMEX, 2010.

[9] SEMO, Enrique. “Los límites del neoliberalismo”, texto presentado en el foro Los grandes problemas nacionales, organizado por el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), disponible en línea en: http://www.grandesproblemas.org.mx/temas/ponencias/los-limites-del-neoliberalismo

[10] Cfr. ECHEVERRÏA, Bolívar. América Latina: 200 años de fatalidad, op. cit.

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Aproximación al ser en el arte

Las Hurdes: Tierra sin pan (1933) | Luis Buñuel

Tierra sin pan (1933)
Luis Buñuel

Título original: Terre sans pain. España, 1933. Director: Luis Buñuel. Fotografía: Eli Lotar. Guión: Luis Buñuel, Pierre Unik, Julio Acín. Producción: Ramón Acín Aquilué. Sonido: Charles Goldblatt, Pierre Braunberger. Intérpretes: Narrador Abel Jacquin.

Tierra sin pan fue proyectada de manera oficial en el Cinestudio Imagen de Madrid, fue la única proyección que logró realizarse antes del estallido de la Guerra Civil en 1936.

Es un documental mordaz de corte surrealista, acerca de la situación de atraso en que se encontraban Las Hurdes. Basado en el estudio antropológico de Maurice Legendre: «Las Jurdes: étude de géographie humaine» (1927).

Fue incluido en El Festival de Cine de Mannheim en 1964 entre los doce mejores documentales de la historia. Cuando la película se exhibe es prohibida, no llega a tener una explotación comercial, sus exhibiciones son restringidas. La película no tiene capacidad de incidencia en el momento en que se hace.

El surrealismo (un movimiento de rebeldía contra la sociedad burguesa), pretendía ser el realismo del siglo XX. La primera película que se considera surrealista de Luis Buñuel es Un Perro Andaluz en 1929. Lo que a partir de ese momento se considera cine surrealista es en la medida que se aleje o se acerque a Un Perro Andaluz.

Buñuel tuvo la capacidad de presentir los cambios tecnológicos que el mundo del cine comenzó a experimentar a partir de los años 30, que harían del documental un «dispositivo de lo ideológico» (Ibarz, M., 2000, p.34).

Las Hurdes es una comarca pobre de montaña como muchas en España. Cuando Buñuel se refiere a las Hurdes no sólo se refiere a una región de Extremadura, sino que lo está utilizando como una especie de metáfora de lo que es la España rural. Es un territorio marcado por la ausencia: Una Tierra sin pan.

Comenta Buñuel que durante los primeros días del rodaje, el equipo de la película intentó tomar el almuerzo en las horas de descanso, pero la gente del pueblo salía de sus casas a verlos comer, los niños se lanzaban a recoger las sobras. De manera que el equipo decidió no volver a comer durante el trabajo (Buñuel, 1999, p.175). Las Hurdes es sinónimo de pueblo donde no se come.

La alimentación hurdana consta sólo de patatas judías. Las familias menos pobres son las únicas que consumen cerdo. La leche de cabra sólo la consumen los enfermos graves que mojan el pan que los mendigos traen.

En las sociedades hay zonas oscuras que están tapadas a las que no se les ha puesto una cámara adelante. Tierra sin pan, refleja la moda estética de la España negra. Manipula aspectos de la realidad con la finalidad de generar una estética más aguda.

Buñuel mató dos animales durante el rodaje de Las Hurdes para componer secuencias que más tarde ocasionaron escándalo. Una cabra se despeña por un abismo para simbolizar el trágico destino de los habitantes de Las Hurdes. En otra de las escenas, un burro es aniquilado por unas abejas. Así como la secuencia del entierro de un bebé que transportan a un cementerio.

En esta obra se centra en crear una propuesta de carácter social y antifascista. Es clave para analizar el tema del hambre como una problemática que sigue afectando diversos sectores del mundo. Hace percibir al espectador el hambre ajena, así como la persistencia del dolor humano.

Tierra sin pan (1933).


Buñuel, L. (1999). Conferencia de Buñuel en la Universidad de Columbia. En Tierra sin pan. Luis Buñuel y los nuevos caminos de las vanguardias. IVAM Centre Julio González. 14 octubre 1999/ 9 enero 2000; Valencia: IVAM Institut Valencià d’Art Modern.
Ibarz, M. (2000). Tierra sin pan: En el umbral del cine de Buñuel. En Archivos de la filmoteca. Revista de estudios históricos sobre la imagen.

Artículo: Roxana Escalante.

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Ecos de un caballito del diablo Narrativa

Aída Chacón| Crónica del olvido| Crónica

Tenía apenas dieciséis años cuando Carlos murió. Él tenía diecisiete. Ambos cursábamos la preparatoria en lugares distintos. Mis recuerdos de aquellos años ahora me resultan confusos. Me cuesta cada vez más reconstruir los detalles que antes tenía tan nítidos. Ahora, cuando pienso en él, en nuestra infancia, parece que miro un enorme mural carcomido por los rayos del sol y la lluvia. Sé que el amor está ahí, aunque de manera muy distinta a como era antes. También lo extraño y siento curiosidad por saber cómo habría sido su vida adulta.

Cuando me avisaron de su fallecimiento no logré contener el llanto. Grité más allá de lo que mi garganta hubiera querido. Me dolió el corazón por un largo tiempo. Me volví más sombría, más callada. Pensaba en las formas en las que tal vez se hubiera evitado esa tragedia, pero con apenas dieciséis no tenía muy claro cómo era la leucemia. Rezamos durante nueve días en casa y encendimos veladoras cada día. Sus cenizas quedaron en un mausoleo católico en la ciudad, nosotros regresamos al pueblo a continuar el duelo.

Luego, sin darme cuenta del momento exacto, volvimos a la normalidad. De nuevo nos reunimos con toda la familia en las Navidades. Se reactivaron los antiguos pleitos y se hicieron más feroces las avaricias de antaño. La familia se fue desmoronando poco a poco, se hicieron bandos, se pelearon herencias, se rompieron los códigos entre hermanos y los sobrinos no pudimos sino tomar partido. No volví a ver a casi nadie durante una década. No volví a hablar con ellos. Mi hija no conoce de cerca a ninguno de ellos, quizá ahora si los viera en algún sitio no sabría muy bien de quiénes se trata.

La inminente ruptura familiar se precipitó cuando la abuela fue enfermando y su prolongada agonía se volvió insoportable. A veces, cuando pienso en ella, inevitablemente me pregunto cómo habría sido la vida si nosotros, los sobrinos, hubiéramos podido crecer juntos. Ahora pienso que todos nos hemos olvidado. Nos fuimos ahorrando las felicitaciones en los cumpleaños, las visitas de por sí esporádicas. Nuestras charlas fueron muriendo lentamente; pasaron de lo íntimo a lo insulso sin que ninguna de las partes quisiera evitarlo. Un día, sin más, dejamos de escucharnos. Los más pequeños creo que ni siquiera deben saber mi nombre, mucho menos que tengo una hija. Nos volvimos a reunir cuando el funeral de la abuela nos orilló a hacerlo. Entonces, los saludos fraternales, el abrazo y el consuelo protocolario estuvieron ahí para impedirnos otra charla que no fuera la necesaria. Nos despedimos al día siguiente del sepelio y volvimos al cómodo hábito de no nombrarnos.

Ahora que pasaron veinte años, regreso a recordar a Carlos. Él fue el único que no abandonó por voluntad el vínculo que nos unía. Lo pienso con insistencia para recordar su risa, el tono de su voz, nuestras pláticas… pero solamente tengo algunos trazos inconclusos. Breves dioramas de algunos momentos juntos. Todo eso congelado en el tiempo, sin movimiento. Apenas como instantáneas que reconstruyen una época juntos. Ya no me acuerdo de su voz ni de cómo sonaba su risa. Me gustaría no olvidarlo por completo; lo raro del olvido es que no se nota, simplemente un día sucede.

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Proyecto Azúcar

Desde las tierras calientes

Al despertar lo encontramos entre nosotros.

Sin explicaciones ni presentaciones, como si fuera uno más de los nuestros cuando claramente no lo era.

Nos indicó con gestos y mímicas de trabajos cuanto debíamos hacer para purificar nuestras tierras, nuestros cuerpos, nuestras mentes reparando el daño de milenios de depravación. Algo que él mismo dijo estar haciendo desde el comienzo de su vida.

Como no se trataba del primero en llegar a nosotros con un mensaje similar, no creímos en ninguno de aquellos gestos. Su lengua, cortada de raíz, y la irregular cicatriz que rodeaba su cuello, eran señales inequívocas de que se trataba de uno de los tantos falsos profetas que rondaban la región buscando su sustento. Y, de no encontrarlo, buscaban quienes creyeran en ellos. Los conocíamos bien, y nos burlábamos haciéndoles hablar sin creer en ninguno de sus gestos.

Pero él era diferente. Había varias razones para que lo fuera, pero la más extraña era que había llegado desde las tierras calientes, desde donde estábamos seguros que no quedaba más que devastación y muerte.

La tradición cuenta que allí había comenzado el final de lo que fuera antes, y que nosotros, allí, en aquel poblado, éramos los que más cerca nos encontrábamos de ese mítico lugar. Eso explicaba que tantos fabuladores llegaran ofreciéndonos sus prodigios y quimeras, cada una más falsa que la anterior.

Nos burlamos de su piel resquebrajada, de sus ojos cansados que parecían haber visto infinitos amaneceres, de sus manos curtidas por cada uno de los trabajos conocidos, de su cuerpo enflaquecido y de su morral remendado tantas veces que imposible saber cuál era su color o su forma primitiva. Eso para o mencionar su contenido.

Reímos hasta cansamos, luego  lo echamos de nuestras tierras a pedradas, como corresponde, según la ley, las normas, las costumbres, y la tradición.

Antes de que pudiéramos detenerlo huyó hacia las tierras calientes. Sin dudas escapó por el mismo camino por el cual había llegado y, tan pronto como lo vimos perderse en aquella tierra yerma y hostil, nos olvidamos de él.

Continuamos con nuestras vidas sin preocuparnos, como lo habíamos hecho en los años previos. Era la mejor forma de aprovechar el poco tiempo que teníamos dado lo rápido que envejecíamos por vivir allí, tan cerca de aquel lugar que solamente significaba decadencia y final para los pueblos anteriores a nosotros.

Años después notamos los primeros cambios. Algunas tardes, cuando el resplandor del sol no dañaba tanto nuestros ojos, podían adivinarse manchas color verde entre la tierra que sabíamos árida y abandonada. Los pocos nacimientos que se producían en el poblado comenzaron a multiplicarse y, la mayor de las sorpresas, aquellas criaturas nacían tal y como se esperaba que lo hicieran, sin complicaciones para ellas ni para sus madres; los partos se volvían, poco a poco, normales. Dejamos de celebrarlos como un triunfo sobre la muerte cuando alguno de los dos sobrevivía. Comenzamos a celebrarlos como el triunfo de la vida.

Durante la primavera anterior una suave brisa, inesperada en casi todos los sentidos, inundó el poblado con aromas desconocidos, con el trino de aves que ignorábamos y el rumor del agua hasta ese momento ausente. La brisa llegaba, sin posibilidad de confusión alguna, desde las tierras calientes; tal vez por eso no nos resultara similar a nada de que solía llegarnos desde allí.

Intrigados, como no podía ser de otro modo, pero aún presos de un temor reverencial, unos pocos de nosotros nos internamos en la tierra baldía. Nos escondimos bajo capas y más capas de ropa que, por generaciones, se confió en que podían protegernos de lo que continuaba produciendo muerte en aquel lugar.

Caminamos durante días porque, si bien éramos el poblado más cercano, no era cierto que nos encontráramos tan cerca de las tierras realmente calientes; de haber sido así ni tan siquiera hubiéramos sobrevivido un día. El menor indicio de nada diferentes a la desolación y al abandono facilitaba nuestro camino, pero continuamos pues necesitábamos saber qué era lo que estaba sucediendo para huir si era necesario, o para continuar como hasta ese momento, de ser posible.

Encontramos un sendero luego de las primeras estribaciones formadas por la escoria de lo que fuera que allí hubiera sucedido. Árboles desconocidos, esbeltos algunos, desgarbados otros, de un verde pálido que oscurecía a medida que avanzábamos, nos dieron la bienvenida. Suponíamos que su follaje eran las manchas que se veían en el poblado, pero nadie quería mencionarlo por temor a que las palabras pudieran destruir lo que nuestros ojos nos mostraban y nuestro entendimiento era incapaz de aceptar.

            Nos internamos en aquel inesperado e inexplorado bosquecillo sin saber si debíamos temer la presencia de animales silvestres, cuando no salvajes, o de algo más grande que las aves que nos recibían con sus cantos y sus vuelos de rama en rama. Aves que, sin darnos cuenta nos guiaron hasta la tierra yerma del otro lado de los árboles donde, en medio de tanta aridez y desolación, en algunos pequeños lugares la tierra se encontraba removida, trabajada, preparada, en pequeños hoyos.

            Junto a uno de ellos, con un trozo de hierro herrumbrado que no representaba ayuda alguna contra la dura y aplastada tierra, lo que parecía ser un hombre, se afanaba en su trabajo. Podría haber sido cualquiera, pero aunque había enflaquecido al punto de que cada uno de sus huesos se marcaba sobre su piel sumamente resquebrajada, la irregular cicatriz de su cuello no nos permitía equivocarnos. Era él que, habiendo sido despreciado por nosotros, continúo adelante sin importarle la soledad y el desánimo. Simplemente continúo. Sus manos, curtidas por otros miles de trabajos realizados, eran la señal más clara de ello.

            —¿Qué es eso? —preguntó uno de nosotros señalando hacia los árboles.

Su respuesta se convirtió en sinónimo de esperanza, anhelo, ilusión, renacimiento y regeneración, de resurgir desde la devastación, de volver a comenzar aunque no hubiera con qué hacerlo, de deseo de posibilidad, y tantos otros sinónimos que se expandieran desde Chernobil hasta Fukushima, desde Atucha hasta la bahía de Jervis, desde Three Mile Island hasta Koeberg, hasta nuestro poblado y también el tuyo, pero también más allá.

            —Abedul —fue todo lo que dijo.

            Aquel atardecer supimos que, las tierras calientes finalmente comenzarían a enfriarse.

Imagen tomada de: https://www.freepik.es
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Arte y cultura

EDITORIALES FUERA DE LA CAJA

Del reciclaje al objeto que llamamos libro.

Argentina, para los años de la crisis el cierre inesperado de los bancos dejó a muchas personas sin recursos y fue en ese contexto cuando nació Eloisa, la primer editorial cartonera de Latinoamérica.

Varias personas, entre ellas Washington Cucurto y Javier Barilaro, al ver que era imposible publicar con una editorial tradicional, empezaron a comprarle cartón a los cartoneros de Buenos Aires y crearon sus primeras ediciones cartoneras.

Eloisia Editorial Cartonera.

El movimiento cartonero se expandió por todo el continente y llegó a Costa Rica en 2010. Ese año se fundó “CartoneraTica” de Diego Mora y seguido a esta “La Carajada Cartonera” de Monserrat Artavia, conocida emprendedora por su librería “Libros usados de moncho”.

Pero fue hasta ocho años después que las cartoneras vuelven a generar interés y se suman a la lista: “CartónEra” del poeta César Angulo y la recién lanzada “Chancleta Cartonera”, fruto de un curso impartido por Mora.

Diego Mora, fundador y editor de “Cartonera Tica”.

Por su parte “CartoneraTica”, es una organización abierta, que cree en libros, arte, comunidad y educación. En 2019 lanzó el libro de la poeta Laura Contreras “Zumo de mi Vientre” y en el 2020 se filmó un mini documental sobre esta obra para el programa Aquí Cultura Literaria, que podés ver en youtube.

Libro: Zumo de mi Vientre.
Autora: Laura Contreras.
Editorial Cartonera Tica 2020.

La pandemia fue un punto de giro importante y abrió nuevas posibilidades.

Con la ayuda de las Becas Creativas del Ministerio de Cultura, “Cartonera Tica” amplía su catálogo con nuevas ediciones de las obras: “Introspicere” de Paula Méndez Camacho (Costa Rica), No pido permiso” de Nadit Laxzi León Escobar (Cuba), “En un país GRANDE” de Washington Cucurto (Argentina), “Toca mi Cuerpo” de Karen Valladares (Honduras) y “Querida Perra” de Eli Neira (Chile).

Además, gracias al enlace de “CartoneraTica” con la editorial cartonera “Helecho De” de la escritora Poli Roa (Chile), se publica “Compartir Pantalla” la antología del Taller Mundial.

Foto: Yuliana Cruz Z.

Es importante señalar que en su mayoría este tipo de editoriales son auto-gestionadas. La gente se enamora de las cartoneras y se han realizado importantes encuentros por todo el mundo.

Este año se realizará el I Encuentro de Editoriales Cartoneras en Costa Rica, con el objetivo de conocer la experiencia Latinoamérica, pero esa es otra historia, que contaremos más adelante.

¿Conocés alguna editorial cartonera?

Dejá su nombre en los comentarios ; )

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Poesía

Carlos Obispo | Las lágrimas de mi madre

Llore, madre.

Hágalo tranquilamente.

Arrodillada llore y

dele un beso, a la policía.

Sienta el rocío del zacatal

y llore un poco más.

Grite a la imagen

de yeso que está en la

iglesia, pero, grite con

esquirlas de vidrio en la boca.

Llore, mi pequeña pícara.

Llore junto a mi túmulo

de carne.

 Yo, ya me he ido

entre la sangre,

entre la pólvora,

entre el tiempo y

entre las lágrimas

de su mojado rostro.

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Canaimera

Estuardo Prado | La X en el mapa

Una odisea de múltiples monstruos y sirenas asesinas en el camino y que no siempre llega a buen puerto: eso es publicar en Latinoamérica. Los escritores —los ulises— tienen que enfrentar problemáticas arraigadas, como los son la censura o el canon impuesto por las grandes casas editoriales, asumidas en buena cantidad por los grandes consorcios españoles que imponen sus criterios editoriales y a los cuales no siempre se ajusta la literatura de nuestro continente. Por lo menos la literatura de vanguardia, la experimental, la subterránea, mucho menos la políticamente incorrecta.  Salvo algunos casos afortunados, no es nada fácil acceder a los emporios de la edición. Obras y obras que cada año son rechazadas a veces sin ni siquiera un dictamen de por medio, se perderían en la nada, a no ser porque, como sucede en estos lares canaimeros, existe la resistencia. Quijotes de nuestro tiempo, llamó la escritora Carla Pravisani a las editoriales independientes latinoamericanas.  Los son. Son quijotes, son resistencia, son guerrilla literaria, son la auxiliadora Atenea para que tantos ulises no naufraguen. Y si de resistencias hablamos, Centroamérica es una de las zonas donde más palpable se hace la presencia de las editoriales independientes ante gobiernos cuyas políticas públicas no suelen alentar el arte y la cultura y mucho menos el despertar sensible de sus poblaciones. Con anterioridad hemos señalados que existe un notorio movimiento editorial y literario en Guatemala. Catafixia, Sión, Quimera, Chuleta de Cerdo, F & G Editores, Cholsamaj, son algunos de los sellos que conforman los esfuerzos por dar voz a una literatura emergente, no sólo guatemalteca, sino centroamericana, y que en no pocos casos encuentra puntos de conexión con México y Sudamérica. En esta revolución cultural, uno de los protagonistas indudables (y podríamos decir que hasta legendarios) ha sido Estuardo Prado y su Editorial X, la cual fundó en 1998 y cuyos antecedentes los hallamos en la revista Anomia. Editorial X se ha distinguido desde sus inicios por dar voz a escritores emergentes y por identificar a estetas subterráneos que no son bien recibidos en otros espacios. Prado, nacido en Guatemala capital en 1971, es narrador, egresado de la licenciatura en Letras y Filosofía por parte de la universidad Rafael Landívar. Entre los libros que ha escrito, se pueden contar Estética del dolor (1998), Vision-es del exceso (1999), Los amos de la noche (2001), El Libro Negro (2000) y Siendo alcohólico-drogadicto me fue mejor y de paso escritor de mierda (2013), todos ellos en Editorial X.

  • Estuardo, ¿por qué decides volverte editor?
  • A mediados de los 90s, con un grupo de estudiantes de la Universidad Rafael Landívar, que también estudiaban Filosofía y Letras, comenzamos a escribir. Originalmente la idea era leer el trabajo de todos entre nosotros. Pero conforme fue pasando el tiempo y los textos fueron teniendo mejor calidad literaria, se nos ocurrió sacar un fanzine. Le pusimos de nombre “Anomia” y básicamente eran unas fotocopias engrapadas con textos nuestros. Poco a poco se fueron uniendo otros estudiantes que también tenían textos. Hasta que llegó un punto en el cual buscamos una editorial que nos publicara, pero el gremio literario era muy cerrado y no encontramos ninguna posibilidad. Por eso es que al final de la última revista, la sexta en 1998, publiqué el manifiesto de editorial X. Ese año empecé con la publicación de los dos primeros libros: “Estética del dolor” (mi primer libro de cuentos) e “Hijas de Shakti” una antología de escritoras.
  • Se ha dicho que Editorial X es contracultural ¿cómo definirías tu proyecto?
  • Pues la idea era publicar textos de calidad literaria de escritores que tuvieran un estilo propio, ya sea que hayan publicado o no, anteriormente. El crítico literario Guido Almansi define “estilo” como algo que rompe con el canon de lo que se está proponiendo como mainstream en una época determinada, teniendo que ser obsceno en su momento, pues es rechazado por no ir en la línea general literaria de su contexto histórico, similar al término de “desterritorialización” que proponen Deleuze y Guatttari. Eso era la que estábamos y seguimos buscando textos de ruptura en el manejo del lenguaje, tanto de forma como de temática y no desde un punto de vista comercial, como casi todas las editoriales establecidas tienen. Aunque suene un poco hermenéutico, a nosotros siempre nos interesó el texto por el texto. Creo que por tener nuestros medios propios de publicación nos permitió sacar libros contraculturales, sin importar su tónica, pues lo importante era la calidad literaria y la ruptura con el mainstream.
  • ¿Cuál es tu visión de los escritores y la literatura centroamericana contemporánea?
  • Actualmente hay varias propuestas muy interesantes a nivel centroamericano, pero creo que las editoriales alternativas nuevas han servido para poder difundir las voces de escritores nuevos, aunque con el tiempo se integraron ya al canon por su calidad literaria. En Costa Rica proyectos como Perro Azul, de Carlos Aguilar, nos trajo las propuestas de autores muy buenos como Alexander Ovando, Alfredo Trejos, Luis Chaves. En El Salvador Los sin pisto, dirigida por Mauricio Orellana, nos brinda una opción muy interesante de autores como Jacinta Escudos y el mismo editor. En Honduras la editorial Mimalapalabra dirigida por Guiovanni Rodríguez hace lo mismo, brindar un espacio a esos escritores que valen la pena.
  • ¿Y en específico de Guatemala?
  • En Guatemala, como tú lo señalaste, hay una nueva oleada de editoriales alternativas que ha ido surgiendo y sacando a la luz escritores que valen la pena: Ediciones Bizarras de Simón Pedroza, Chuleta de cerdo de Alberto Arzu, Alambique de Marco Valerio Reyez, Vueltagato de Pablo Bromo, Catafixia de Luis Méndez Salinas y Carmen Lucia Alvarado. Más recientemente, Colectivo Amberes en donde se reunieron distintas voces como Matheus Kar, César Yumán, Laura Arévalo, Diego Ugarte y Marcos Gutierres, entre otros.  Además de POE de Wilson Loayes, Sión Editorial, Quimera y Testigo ediciones, entre otras. Las cuales, la mayoría, son dirigidas por escritores y que nos han traído una pluralidad de nuevas propuestas literarias de valor además de las de sus propios escritores/directores: Vania Vargas, Alejandro Marre, Julio Serrano y muchos otros.
  • ¿Existe una relación de hermandad entre los escritores de Guatemala y México?
  • Creo que sí, pero no sólo por el idioma que compartimos o la cercanía, sino también porque hemos compartido una historia en donde varios de los principales escritores guatemaltecos han encontrado un hogar en México,  al salir por x o y razón pero por lo general durante épocas difíciles en nuestro país. Tales como Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso o Carlos Solórzano. En lo personal, desde hace varios años con la Revista Generación, dirigida por Carlos Martínez Rentería, he tenido la oportunidad de encontrar un espacio en donde contribuir con mis textos. Igualmente con el proyecto de Ediciones Periféricas de Nahum Torres hemos empezado un intercambio al realizar la primera coedición de la novela “Si Dios me quita la vida” de Francisco Alejandro Méndez (Premio Nacional de Literatura Guatemalteca Miguel Ángel Asturias 2017) y esperamos seguir con este intercambio.
  • Precisamente hablando de éste, que es uno de los últimos trabajos que has publicado, Si dios me quita la vida, de Francisco Alejandro Méndez, sin duda, uno de los escritores latinoamericanos más interesantes de la actualidad. Como mencionas, lo hiciste en coedición con Ediciones Periféricas, de México. En este sentido, ¿la coedición será la estrategia maestra para cultivar las interrelaciones literarias entre los países latinoamericanos tan aparentemente separados los unos de los otros?
  • Creo que sí, pues a pesar de la cercanía de nuestros países, la circulación de nuestros libros es difícil y ésta, como te mencioné, es una forma idónea para poder hacer que las propuestas literarias circulen. Además, surgieron proyectos en común como TriNorte (Triángulo Norte Ediciones), en el cual tenemos proyectos de integración en circulación de libros y coediciones entre Honduras, El Salvador y Guatemala, específicamente con las editoriales Los Sin Pisto, Mimalapalabra y la X. Empezando por una página en común, un fanzine y una Antología (digital e impresa). Si Dios me quita la vida de Francisco Alejandro Méndez es el principio de proyectos con Ediciones Periféricas y así iremos ampliando la difusión y la colaboración entre proyecto similares latinoamericanos.
  • ¿Qué papel juegan las editoriales independientes en Latinoamérica?
  • De una u otra manera creo que estas iniciativas de editoriales alternativas son las que traen a la luz nuevos escritores con propuestas sólidas y frescas. Con calidad literaria, pues su fin no es netamente comercial, sino artístico. La literatura por la literatura en sí, anteponiendo la calidad en las propuestas ante las posibilidades puramente mercantilistas, como pasa con las grandes editoriales.
  • Literaria y editorialmente hablando ¿hay un subordinaje nuestro hacia España?
  • No lo creo, pues en nuestros países hay escritores con propuestas muy sólidas y de gran calidad literaria. La diferencia tal vez radica en que en España las editoriales tienen más medios de difusión y promoción, además de contar con un aparato de crítica literaria que dan luz a las obras y a sus autores.
  • A causa de la pandemia Si dios me quita la vida tuvo que salir primero de manera virtual ¿cómo fue esa experiencia para ti y, crees que esto anuncia y determina el futuro del libro impreso?
  • Creo que, aunque suene algo raro, lo único útil que nos trajo la pandemia fue una mayor inmersión en la virtualidad, obligatoriamente. Pero de la cual han surgido resultados muy interesantes. Como por ejemplo el cierre de fronteras entre los países centroamericanos nos ha hecho pensar en nuevas estrategias de colaboración y de trabajo en conjunto. Así como la posibilidad de crear espacios que antes no se estaban aprovechando anteriormente. Por ejemplo, el año pasado di un curso de creación de relato, en él participaron escritores no solo de Guatemala, sino de varios lugares: El Salvador, Perú y  Estados Unidos. Viendo la calidad de los textos trabajados, estamos por sacar de forma digital e impresa una antología latinoamericana “Voces desde el encierro”. No creo que el libro digital llegue en su totalidad a substituir el libro impreso, esto sería muy repoto. Nuestra relación con lo impreso, o grabado en algo físico, ya sea papel o arcilla, va desde el inicio de la civilización humana. Pero sí impulsó a usar este recurso el cual ya existía desde hace varios años y del cual se pueden tener una difusión mucho mayor de nuestras propuestas literarias, principalmente de áreas aisladas, como nuestros países, que estando tan cerca geográficamente, ya desde antes siempre ha sido difícil y costoso la difusión de nuestras propuestas.
  • ¿Son los escritores mejores editores?
  • Tal vez sí, pues siempre va a verse desde un punto de vista diferente al de alguien que no sea un escritor. Brindándole más importancia al texto, que a sus posibilidades mercadológicas.
  • ¿A qué se debe que hayas publicado la mayoría de tus libros en Editorial X?
  • La verdad creo que mis textos son bastante ácidos, recurro a la ironía, al humor negro y a la deconstrucción social de la manera más contundente que he podido, lo cual lo hace un texto contracultural radical en donde se cuestiona todo, de la manera más fuerte posible. Con estas características, sólo he podido encontrar algunas otras iniciativas para poder publicar sin censura de ningún tipo, como en editorial Germinal, de Costa Rica, que sacó una edición de “El libro negro”, en México con la Revista Generación con algunos relatos míos, y en Italia, en la Universidad La Sapienza, en donde se tomaron la tarea de hacer una traducción de algunos de mis textos.
  • ¿Qué es para ti la rebeldía?
  • Rebeldía para mí no es necesariamente ir en contra de todo, si no cuestionar la realidad de una manera crítica, pues estamos socialmente siempre siendo manipulados por intereses más allá de los nuestros y denunciar la hipocresía o las verdaderas intenciones de estas estructuras de poder que brindan un discurso que lleva vedado sus verdaderos propósitos. Y en determinado punto oponer resistencia a ellos.
  • ¿Por qué has priorizado al cuento sobre de otros géneros literarios?
  • Fíjate que antes que ser editor, fui escritor y antes lector obviamente. De una o de otra forma me interese más, o tuve más contacto con la narrativa. La disfruto más, la verdad. Eso ya es un gusto personal. Aunque considero que todos los géneros literarios tienen un valor estético igual… son arte.
  • ¿Te consideras un creador “underground”?
  • Quisiera pensar que sí. Aunque con el tiempo muchos de los que empezamos en editorial X han pasado a ser parte del canon literario nacional. La verdad es más divertido estar en las filas de la trinchera revolucionaria y contestataria, que estar en el canon como una figura de un museo de historia.
  • ¿Qué piensas de la actual literatura feminista latinoamericana?
  • La verdad he tenido más contacto con el movimiento literario LGBT, hasta sacamos la primera antología a nivel centroamericano: Anatomías del deseo negado (2018).  Creo que la literatura feminista es necesaria, pues mucho de la represión que se ha tenido viene de los mismos males culturales, los cuales surgen de una misma raíz: una sociedad capitalista, patriarcal y heterosexual represiva.
  • A los escritores ¿nos está astringiendo la corrección política?
  • Creo que últimamente la lucha por los derechos de los diferentes sectores de la sociedad que han sido reprimidos históricamente nos está llevando, paradójicamente, otra vez hacia una represión, en lugar de un ambiente de apertura social y respeto hacia la libertad de expresión (que debería de ser lo más importante pues es lo primero que se pierde en un sistema represor), ahora siento que se está creando una sociedad en donde para estar “políticamente correctos” ya no se puede hablar con libertad sin que algún grupo proderechos de lo que sea brinque.
  • ¿Qué significa ser escritor en Guatemala?
  • Es interesante… para mí fue la oportunidad de poder crear textos que pretendían deconstruir todas las instituciones sociales, nuestras historia y nuestros “valores” (entre comillas). Sentía que cada uno de mis libros, al salir, eran una bomba Molotov en contra de una sociedad hipócrita y falsa.
  • Por último, estimado Estuardo, y esta pregunta más bien se la hago a Masterdrogo ¿cuál es esa conciencia a la que podemos asumir como una última frontera?
  • Te contestaré con una cita del mismo libros, de Artaud: “Y tú, desquiciado lúcido, portador del cáncer, meningítico crónico, tú eres el incomprendido. Existe algo en ti que ningún doctor llegará a comprender y esto es lo que para mí te salva y te hace majestuoso, puro y maravilloso. Tú estás afuera de la vida, estás sobre la vida… tú vas más allá, más allá del nivel normal y esto es por lo que los hombres están en tu contra, pues envenenas su quietud, eres el que rompe su estabilidad…”. La conciencia de ser seres libres, que cuestionan todo, que tienen sus propias opiniones, aunque no sea políticamente correctas, que viven como quieren…esa es la última frontera : ser verdaderamente libres.