Raúl Zeleniuk | Los exiliados (y otros poemas)

POST LÍMITE


Martín se quita el bonete,

la nariz de plástico y la loca alegría.

Desarma todos los artificios,

retira el cotillón, apaga la lámpara roja.

Despide a sus amigos desde un mohín tragicómico.

Esfuma la pintura de sus labios, hojea una revista,

mira por enésima vez a Paul Newman

con el torso desnudo y la seducción embalsamada.

Enciende un cigarrillo, abre la ventana, se aturde

con el torbellino de la claridad naciente.

Acepta resignado la versión que la calle ofrece

de la virginal mañana, del diáfano parque,

de las parejas de púberes en delicada proclama.

Ya traspuesto el límite de la noche acelerada,

tomará con cuidado los libros, las gafas,

el ilustre apellido, el manojo de teorías.

Hablará de moral con sus alumnos.


 

SUBSTANCIA DEL GUERRERO

 

Yo, alquilaba vidrios

en la molienda de los astros.

Deliraba,

perseguía caravanas de gitanos

en crepúsculos de vergüenza.

Plagaba, torturaba, deshacía épocas,

Viví parapetado tras alimañas y truenos.

Destruía, presentía, avanzaba, diezmaba,

aniquilaba ciudades, permanecía neblinoso

sobre los tronos humeantes.

Arrepentido, salaba recuerdos,

lloraba en el bosque.

Soy el dignatario recurrente,

el de los bastiones perdidos y ganados,

un cubilete de repliegues y embestidas.

Soy el príncipe lúdrico,

dador de muerte, dador de vida.

Soy hombre y soy tiempo,

Soy el transcurso y el resumen.


LOS EXILIADOS

Allí van los exiliados,

dicen que llevan

municiones de nostalgia

metidas en alforjas negras.

Y una estratagema de marfil.

Ellos, los espectadores,

los asombrados intérpretes,

dicen que llevan

todo lo necesario

para esperar el regreso:

risas de niño, una paloma verde,

walkie talkies, juegos de naipes,

hojas en blanco, un mecano,

pesadez en los hombros.

Y una colección de silencios.


JUEGO DE COMPLICIDADES

 

Me ayudás a mentir

cuando digo estar solo

y te nombro.

Cuando una mesa,

una noche sumisa

y un vaso de vino

me acercan el recuerdo

de tu incierta despedida.

Expansión precoz

de un sentimiento, iridiscente,

mitad payaso triste

mitad murmullo acariciante.

Creo haber caído en tu celada,

en la hábil maniobra orquestada

para que una mesa

una noche sumisa

y un vaso de vino no me crean,

cuando digo estar solo

y te nombro.


CASI LO MISMO

Quien,

dime quién no lo tuvo.

Ese amor inaccesible,

obstinado en el humo

o en las brisas

o en el algodón de los deseos

o en el aire

o en el rocío

o en los amaneceres

o en la felpa tibia de la paz

o en las cartas a nadie, mentirosas

o al ver el despegue de los aviones

o junto al fuego

o sonriendo por sonreír.

Seré cruel,

Te diré que ese amor no existe,

Es un inmenso símbolo

Que alguien construyó desde el futuro.

No importa.

Ese alguien se parece tanto al símbolo

que creemos a ambos

la misma cosa.


Roberto Juarroz detalló en la contratapa del libro póstumo Post Límite un extenso comentario; entre ello: Raúl Zeleniuk descubrió lo abierto, es decir la poesía.


PAISAJES

 

Quiero que me recuerdes bien.

No, el escarchado campanario.

No, el páramo misterioso

Que contempló tu desdicha.

No, la estructura glacial.

No, la hilera de cipreses absortos.

No, el enjambre de sentidos

que enmudeció ante los dramas.

Quiero que me recuerdes bien.

Quiero que seas, principalmente,

la luminosa estación resurrecta

sobre la vieja pradera expectante.


Raúl Zeleniuk nació en Berisso, provincia de Buenos Aires, Argentina el 6 de diciembre de 1957 y falleció en febrero de 1989. Cursó estudios en la UNLP. Integró el taller literario Almafuerte. Escribió poesía, sus escritos fueron material de estudio de la Casa de Altos Estudios-Francia. Colaboró con revistas y en la antología Jardín Animal seleccionadas por Inés Malinow.

Colaboración de Ángela Gentile, Berisso, Buenos Aires, Argentina.


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