Virginia Hernández Reta | La vida frente al mar

Una de esas tardes lo descubrí en la playa de C., con un viejo traje de baño, sentado sobre una toalla y mirando hacia las olas. Yo hacía un poco de ejercicio ahí, saliendo de trabajar. Me quitaba la corbata, cambiaba de zapatos, cruzaba la avenida para alcanzar la marea de mosaicos negros y blancos, y, después, la arena. Corría por la orilla y esa tarde, al pasar, lo vi sentado, macizo, las piernas estiradas, los brazos sobre su vientre de hombre a punto de la jubilación.

Con los días me acostumbré a su presencia seca sobre la arena. Yo bajaba la velocidad del trote para buscar con la mirada, entre las olas, al acompañante al que el hombre observaba desde la orilla: un hijo, un nieto, un viejo compañero de oficina.

Después de unas semanas, empecé a saludarlo con un ligero movimiento de cabeza. Luego me nació levantar la mano. No me detenía. Seguía corriendo. El hombre me sonreía sereno, asentía con la cabeza y miraba al mar. Esperaba paciente a que yo saliera de su campo visual. Comprobé que no había alguien a quien observara. Sólo al mar.

Una tarde calurosa, sin pensarlo, me detuve. Miré al hombre, miré al horizonte. Me quité el sudor del rostro con el antebrazo y avancé hasta él:

─Es una buena tarde para entrar al agua. ¿Por qué no lo intenta?

Sin dejar de ver el mar, me contestó:

─Necesito perderle el miedo.

El sonido de las olas era suave.

─¿Y cómo va?

─Es difícil. El mar es más terco que yo. Pero avanzo.

─¿Sí? -le pregunté, buscando sus ojos.

─Sí. Cada día puedo sostenerle por más tiempo la mirada.

De pie, entre el agua y el hombre, yo estorbaba. Asentí y seguí corriendo.


Virginia Hernández Reta, Ciudad de México, 1966. Estudió Ciencias de la Comunicación y un posgrado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de São Paulo, Brasil. Residió en ese país por tres años. Ha escrito para distintos medios, mientras cursaba talleres con escritores y poetas. Su volumen Memorias de un desvelo ganó el Premio Latinoamericano Benemérito de América 2004 y fue publicado por la Universidad Autónoma de Oaxaca. Ganó el Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo 2002 (Mérida), el Concurso de Ensayo “Miguel Palacios Macedo” 2001, el Concurso Binacional de Cuento del Periódico Reforma, 2001, entre otros.