Lucas Posada González | La mensajera de Krafbelittz

Cada cien años bajo una infame luna sangrienta despierta Daghar, y con ella los Freglor: un ejército de adefesios ancestrales, espíritus condenados y enfermos, con grandes garras famélicas e infectadas con colmillos báratros, que se alimentan de entrañas y corazones atormentados de humanos febriles. Bajan de las cuevas malditas de Brikönja, antiguas ciudades celtas. Para agrietar el cerebro y destripar la glándula pineal de hombres y mujeres de vidas perecederas y dubitativas, como ofrenda para Krafbelittz, el señor de las tinieblas. Daghar se abre camino entre las pesadillas de los débiles, suspendida en el aire y bailando con serpientes y sapos viperinos. Los sugestiona entre alucinaciones y ofuscamientos del cual no pueden escapar. Envenenados y abducidos por las sombras de la oscuridad. Daghar se desvanece entre el dolor de la noche con las tripas cerebrales para Krafbelittz, así se asegura el control del inframundo.