Noe Vásquez Reyna | El robo

«Tal vez, pero solo tal vez, y sólo con intenso compromiso y trabajo colaborativo con otros terranos, será posible hacer florecer ensamblajes ricos en múltiples especies, que incluyan a las personas. Estoy llamando a todo esto el Chthuluceno –pasado, presente y lo que está por venir».  

DONNA HARAWAY

Después de un mes de luto, con incómodas madrugadas que eran interrumpidas con sueños de fauces y líquidos inciertos, el tercer martes de un octubre cenizo, los niños empobrecidos que vivían a unos 20 metros habían llegado muy temprano y nos alarmaron con gritos: ¡Calu, Calu, miráaa, Calu, Calu, mirá lo que encontramos! Habían descubierto una camada de cuatro cachorros. La llevaron a la puerta de nuestros amigos con quienes habíamos decidido pasar unos días, lejos de la caótica y pequeña urbe de la que hay que salir las veces que se pueda.

Los cachorros provenían de la montaña fría, cercada por sembradillos y precarias cosechas. Los cuatro cuadrúpedos armadillo-lobos cola de serpiente, con pieles que simulaban escamas peludas, no necesitaba ser rescatados, pese a sus chillidos prolongados de la noche anterior. Los niños los había tomado, sacado de su escondite y habían decidido quedarse con ellos.

Fácilmente, los llamaban «suyos», acostumbrados a llamar «mío» –marcar la propiedad privada–, cualquier cosa con vida o sin ella. «¡Este es mío! ¡Y este, mío! ¡Yo quiero una hembra! ¡Entonces, yo me quedo con la otra!», gritaban los pequeños, con agudas vocecitas parecidas a los gemidos de la camada. Llamamos “mío” a lo mínimo –al juguete–. Aprendimos pronto que nos han despojado de territorios, de cosas, de raíces, de deseos. Llevamos en las venas la melancolía que deja saberse dueños de la nada.

Cuando los cachorros crezcan, si es que sobreviven a su infancia desabrida, espero que en pocos meses desarrollen la energía suficiente para que devoren todo lo que puedan, que recuperen, porque la naturaleza recupera por sí misma los espacios que han sido circunscritos al concreto. Espero que estos tiernos multiespecie recuperen lo poco que ha quedado en la superficie vaciada de minerales y riquezas, o que simplemente tengan la posibilidad de existir como transmutación de otro tipo de animal-ser que le sobreviva a nuestra imparable sexta extinción.   

Lo pensamos poco. Decidimos llevarnos a las hembras. Decidimos robarles de nuevo. Los niños habían robado a los cachorros, también habían mentido sobre un abandono y una madre muerta, quizá intoxicada por el veneno que continuamente se echa para controlar los procesos en la tierra. La madre estaba viva y les buscaba, noticia que nos llegó semanas después. Decidimos alejarlas de los niños, de los siete niños de las tres familias que compartían un solo techo. Decidimos hacerle cambios al destino sin tiempo de dos cachorras que posiblemente nos laman los brazos y luego nos coman el rostro cuando sientan un hambre que desconozcamos y no podamos saciar. Entre la decisión y el segundo robo, quizá tácitamente estaba prescrito convertirnos en alimento dentro de los ciclos que dejaron de pronosticarse hace muchos años.


Noe Vásquez Reyna (1983). Literata y columnista. Egresada de Letras por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Interesada en la comunicación de masas y la cultura pop; por ello se especializó en periodismo y comunicación virtual y trabaja en el área de marketing y comunicación social. Uno de los oficios que la formó fue la corrección de textos. Ahora como editora también hace intentos con el diseño, el dibujo y la ilustración.

SolunaRevista LunaparkRevista MandrágoraTe Prometo AnarquíaRevista DPrensa LibreLa Cuerda, La Hora y la Revista de la Universidad de San Carlos han abierto sus espacios a sus diseños, escritos, reseñas y artículos. Alimentó hasta el 2017 la columna de opinión «Biopsia», en la revista alemana Fijate, y sigue con «Malabares & amalgamas», en Casi literal. Otras publicaciones: Silencio, incluido en la antología de cuento y poesía Paseo bajo la luna creciente (La Décima Letra; México, 2013). Ojos de ciegos (Alambique; Amatitlán, 2015). Frágil  ganó una mención honorífica en el Primer Certamen de Poesía Cantos de Trova (2015), organizado por el Proyecto editorial Los Zopilotes. Puertas y escaleras (2016) dicen que es una historia para niños, quizá algunos adultos digan algo distinto. Sus relatos breves Dioses geométricos y Mateo fueron incluidos en Anatomías del deseo negado. Antología LGBTIQ+ (e/X, Guatemala, 2018).

Twitter: @Vas21Noe


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