Escritura a partir de un signo zodiacal

Instrucción

Escribir un texto tomando las características del signo zodiacal tauro.


Textos

Mosh

Había un agujero en su vientre y no me refiero al disimulado hueco de su ombligo, que era el centro de mi imaginación. Era más bien un agujero que se asemejaba al espacio entre sus dos dientes frontales; cuando reía con la mandíbula apretada me gustaba pensar que era por donde su risa escapaba. Se permitía una lonjita disimulada y una cucharada extra de azúcar en la leche del desayuno, también despertar hasta tarde y el desorden del nido en su cabeza. Aun así el agujero permanecía. 

En una olla vierta tres tasas de agua, póngala a calentar y antes que rompa a hervir vierta media taza de avena en hojuelas. Al momento de integrar la avena debe bajar la llama y mover constantemente para que no se pegue, queme y rebalse, omitir este paso puede causar la ruina. Cuando las hojuelas tengan un aspecto inflado agregue dos cucharadas de azúcar o tres, depende que tan golosa sea ella, un pellizco de sal para equilibrar los sabores y un pellizco de canela en polvo para dar un gusto a mañana celestona de domingo. Continúe removiendo hasta que tenga una consistencia espesa y pegajosa. Emplatar puede ser divertido: vierta la avena en un plato hondo y un chorro de leche fría para que no se queme la lengua, además puede cortar en rebanadas finas un banano o cualquier fruta, incluso nuez de macadamia o cualquier otro fruto seco. Si en algún caso el azúcar no fue suficiente o agregó solo una cucharada, el dulzor puede ser compensado por círculos concéntricos hechos de miel. 

Había un agujero en su vientre y ella me decía que solo una cosa haría desaparecer ese espacio vacío, frío, terroso e incómodo.

Fausto Rosales


Cosas de decisión

Ella – Vamos, señor director (haciendo pucheros). Yo tengo que estar con el coprotagonista. Debe escuchar mis sugerencias (demandante). 

Señor director – Vaya, ¿cómo lo quieres? (harto)

Ella – Joder, siempre hay que rogarlo para todo (molesta). Quiero que tenga una mirada coqueta, que sea muy sensual… (soñadora)

Señor director – qué ganas lidiar con tu bipolaridad. (Susurro)

Ella – … Quiero que sea atento… Quiero que tenga cuernos. Aunque las estrellas le dicen a todo el mundo que los míos, con emociones extremas, no pueden estar con los suyos porque los cuernos los hacen tercos. 

Señor director – ¡Carajo contigo! (grita molesta) ¿Qué ganas con estar pregonando tu libertad? Sabes bien que ellos buscan relaciones con el tiempo. 

Ella – Si yo quiero puedo estar con uno de ellos. (Decidida)

Señor director – ¿Qué más? 

Ella – Que sea meticuloso, ordenado. Aunque sé que se enojan mucho. Es que cada vez se  me antoja cada vez más.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::.Tiempo después::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::.

Ella – Me he enamorado. (se ve sencilla)

Señor director – ¿De quién? (sorprendido)

Ella – Me hizo un contrato porque nuestro amor no lo puede saber nadie. Él me leyó con una mirada. Sabía que debía estar en el cielo para calmarme. 

Señor director – Tienes que calmarte.  (Asustado)

Ella – No me importa si me toman 4 años para enamorarlo. Lo amo. Es tranquilo. Pude estar en un sofá recostada en él. Amamos el sexo, ama mi cuerpo. 

Señor director – Sabes que las estrellas mandan. (tono de advertencia)

Ella – A nosotros ya no. Ellas nos cuidan… Confían cuando es autoritario, claro, siendo yo tan volátil, él es rígido. También confían en su estabilidad y así como le gusta la comodidad he aprendido a ver el mundo con esa paz. 

Señor director – ¡Es que es imposible!

Ella – Nos acabamos de unir… 

Raquel Pérez


Ritmos…

Ella vendría a comer a casa. No lo podía creer. Era la primera reunión con mis padres y deseaba que todo fuera perfecto. Al despertarme hice un listado de todos los quehaceres pendientes. Haría ejercicio de 6 a 6:30 am. Luego, correría un poco de 6:45 a 7:30 am. Posteriormente, me pondría a barrer y trapear esto lo haría mmmm de 8:00 a 10:00 am. Al trapear siempre me ha gustado ir juntando la basurita y el polvo que queda luego de barrer. Arrastro el trapeador por cada cuarto y luego, con una servilleta húmeda palpo el piso y recojo el polvo. Siempre he agradeceré aquel tutorial en el que explicaban que el polvo se recoge de mejor manera con las toallas húmedas, indicaban que de esa manera uno se ahorra el sufrir con el polvo. Siempre he tenido un poco débiles los pulmones y entonces, descubrir dicho truco me llenó de alegría. Era una minuciosidad, pero me alegraba. Limpiaba cada rincón de la casa, a sabiendas que ella no pasaría siquiera al sanitario. Mi madre me preguntó qué pasaba. Le indiqué que vendrías a comer, habíamos quedado a las 3 pm, pero quería que todo estuviera perfecto desde la una. Recuerdo que tenía 10 minutos para bañarme y 5 para cambiarme. Me preguntaba si era mejor al revés. Diez para cambiarme y cinco para la ducha. Entre tanto, habían pasado dos minutos y debía adecuar el horario. Ahora debían ser seis para bañarme y seis para cambiarme, no cabía ninguna discusión al respecto…. La esperé, juro que la esperé. Dio la 1 pm. y esperaba ansioso cerca de la puerta para que el sol del exterior no le molestara mucho…, lo juro, dieron las 3 y mi ansiedad llegó a un punto límite. Mi madre me decía: dale tiempo, ya vendrá. Señores, si, les hablo a ustedes, a ustedes que leen esto, seguro ya sabrán qué pasó, o se lo preguntarán, tal vez alguno se preguntó qué cociné, qué íbamos a beber, o si terminamos encerrados revolcándonos luego de una cuarentena… pues no, ni siquiera llegue a sentir sus manos sobre la puerta de casa y yo, aún sigo esperando…

Juan Pablo González


Texto de tauro

Junto a la ventana, con la compañía de un plato de comida, cada vez más frío. Solía quedarse largo rato observando a través de los vidrios. A pesar que el paso del tiempo le hubiese impregnado de humo de locomotora las pupilas.  Se sentaba allí para conversar íntimamente con el reflejo del cristal.

Hoy era uno de esos días en que paulatinamente la memoria le taladraba los tímpanos con el sonido de las cucharas, los tenedores, las copas y los cuchillos sobre la fina loza esmaltada. Tan solo el choque casual de la cristalería. El desafortunado exquisito aroma de los manjares. El sonido ensordecedor en su cabeza, de cada bocado siendo masticado y tragado. La sensación de mil clavos recorriendo desde el paladar hasta el estómago. La incertidumbre de esperar hasta saber si sería el último bocado.

Ciento veinte minutos, eran una eternidad. Un día más, tres tiempos de comida más. Cada digestión era una épica interpretación de El Anillo del Nibelungo en sus intestinos.

Hasta ese día que pudo huir, sin voltear a ver atrás. No obstante llevándose la estancia en aquella escuela abandonada en sus átomos. 

Y a él. Al líder que le marcaría la vida. A quien no había visto mas que en fotografías del reich:   elegante, solitaria, carismático, fuerte, obcecado… Y lejano, como un toro en su corral.

Un bocado más. Respira, muerde, siente…traga vida.

Rosmeri Ramírez