Felidae: La efigie del gato en el arte y la cultura

Fierecilla que deambula por prados y muebles lustrosos. Con amplias patas acolchadas que destrozan y acarician por igual. Esponjada tu cola que agitas con elegancia mientras te contoneas por pasillos, barandales y tejados. Terror de aves y alimañas. Tierna almohada calurosa que reposa por las tardes entre colchas y tapetes.


Durante mucho tiempo el gato, aquella criatura estilizada, misteriosa, tierna y cruel a la vez. con ojos de diamante, mirada penetrante y orejas puntiagudas ha maravillado a los individuos, de tal manera que su imagen yace refulgente en nuestras mentes. No importa lo que hagamos o a dónde vayamos, el gato es un habitante distinguido de nuestro mundo humano. Al ser compañero de brujas y artistas, no han sido pocos los honores y gracias con los cuales se ha glorificado a tan espléndida criatura. Él nos ha ronroneado y nosotros hemos respondido con suspiros, plegarias y hasta gritos de terror.

El gato ha sido motivo de contemplación, reflexión e inspiración para la humanidad por siglos. Frecuentemente asociado con lo femenino y lo nocturno, su imagen seductora y divina ha dejado huella en el terreno de la literatura, la pintura, la escultura, la danza, el teatro, el cine y los videojuegos. Los felinos también se han relacionado en el ámbito religioso. En Egipto, por ejemplo, Bastet, la divinidad felina, representaba la protección del hogar, la fertilidad y la armonía. La figura gatuna, esbelta y dinámica, se puede encontrar en todo tipo de mitos y leyendas de diversas culturas. Su maullido, tanto conmovedor como lastimero, es un llamamiento que entra directo en nuestro corazón.

Sin embargo, surgen las siguientes cuestiones al respecto: ¿Por qué el gato fascina tanto y por qué es un elemento que ha inspirado a artistas e intelectuales?

Paola Velasco nos brinda una respuesta curiosa :

Al contrario de lo que pudiera pensarse, la presencia del gato en el arte no es inusitada. De hecho, pocos animales han conseguido excitar tanto la imaginación del hombre como este felino, desde el instante en que comenzó a figurar en la historia de la humanidad. Fascina u horroriza de forma inexplicable. En general, ni sus defensores ni sus detractores son capaces de esgrimir argumentos suficientes para justificar que el mismo ser despierte sentimientos tan encontrados (2006, p. 13).


Parece que la respuesta yace en el enigma de la pregunta: todo lo relacionado con el gato está envuelto en un hermoso misterio. Al ser los gatos animales territoriales, caprichosos y bastante selectivos, no cualquiera puede formar parte de su vida ni estar en contacto con un gato si éste no lo permite primero. Pocos son dignos de confianza para que el felino los integre como uno más de su familia.

Ya lo dice el dicho: donde hay un gato, hay armonía. Estar en la presencia de tan excelso personaje se convierte en un exquisito placer. No por nada han sido los gatos los que han acompañado a diversos artistas a lo largo de los años como fieles camaradas y objeto de inspiración. Twain, Huxley, Hemingway, Neruda, Borges, Cortázar, Paz, Monsiváis, Picasso, Warhol, Kahlo, Dalí, Klimt, Klee, Kandinsk, Matisse, Duchamp, Balthus, entre otros, se han rodeado de la esencia felina durante su vida artística.

Cada uno de nosotros hemos sido seducidos por la imagen magnética de algún felino en el ámbito literario. Podríamos mencionar al pícaro y elocuente Gato con Botas de Charles Perrault, el gato de Chesire de Carrol, o al gato anónimo, crítico de la sociedad japonesa de la Era Meji, de la novela satírica de Soy un gato de Souseki.

Uno de los gatos literarios más famoso es Plutón, el escalofriante gato negro nacido de la mente de Poe, el cual lo describe de una manera fantástica y soberbia, enumerando todas las cualidades meramente felinas bañadas en la superstición: Este último animal (Plutón) era tan robusto como hermoso, completamente negro y de una sagacidad maravillosa. Respecto a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era bastante supersticiosa, hacía frecuentes alusiones a la antigua creencia popular, que veía brujas disfrazadas en todos los gatos negros (2004, p. 263).

Abordemos a Los Gatos de Ulthar de Lovecraft. El autor logra plasmar aquella esencia mística, cruel y excelsa de los mininos, los cuales pueden moverse dentro del mundo de la vigilia y los sueños. En La búsqueda soñada de la oculta Kadath, Lovecraft describe las características de estos gatos guerreros:


Y una enorme gataza salió de una cabaña próxima, tomó el relevo y lo trasmitió a través de las praderas, a los guerreros grandes y pequeños, negros, grises, atigrados, blancos, amarillos y cruzados… y los innumerables gatos de Ulthar respondieron a coro y se dispusieron en orden de marcha. Era una suerte que la luna no hubiera salido, porque así todos los gatos estaban en la Tierra. Veloces y silenciosos, abandonaron sus hogares y saltaron de los tejados y se desparramaron como un mar de lustroso pelaje por las llanuras, hasta el borde del bosque (2003, p. 77-78).


Ahora bien, en cuanto al ámbito cinematográfico, las películas más sobresalientes relacionadas con gatos y su atmósfera mística y carismática han sido: Cementerio de mascotas (1989), La noche de los mil gatos (1972), El ojo del gato (1985), Pelle Svanlös (Pedro sin cola, en español) (1981), Las aventuras de Chatrán (1986), Neko no Ongaeshi (El regreso del gato, en español) (2002), Los gatos no bailan (1997), Felidae (1994), entre otras. Con respecto cuanto a personajes emblemáticos tenemos: El gato Félix, Tom, Garfield, Don Gato, Silvestre y Salem, por mencionar solo algunos. La imagen felina está bastante incorporada a nuestra cultura actual que desde la infancia podemos encariñarnos con algún gato travieso.

Los felinos han gozado de una representación altiva, inteligente, arrogante, misteriosa, diabólica y divina. Algunas veces, su presencia es un augurio de incertidumbre, terror y sucesos fantásticos en donde la noche es el escenario principal. Aunque la representación felina en el arte suele contener un significado erótico, fértil, seductor y candente, también se le atribuye la inteligencia, la audacia, vanidad y hasta la pereza propia de un rey. Los gatos son símbolos de inmortalidad, y como prueba tenemos la idea de que suelen tener siete o nueve vidas.

Solamente aquellos que han sido tocados en lo más profundo de su ser por el calor, amor, ternura, gracia, inteligencia y amistad de alguno de estos seres pueden comprender la magnitud de la huella que dejan en nuestras vidas y el por qué su presencia en las artes, mitos y concepciones ha sido y seguirá siendo un elemento importante en la historia de la humanidad. Aún no se ha dicho todo al respecto de estas criaturas fantásticas.

Referencias

-Lovecraft, H. P. (2003) La búsqueda soñada de la oculta Kadath. Grupo Editorial Tomo. México.
-Poe, E. A. (2004) Narraciones Extraordinarias. Editorial Porrúa. México
-Velasco, P. (2006) Las huellas del gato. Fondo Editorial Tierra Adentro. CONACULTA. México.