Del texto al vídeo

Introducción

Cada asistente al taller elaboró, editó y llevó a cabo la producción de un vídeo arte con base en un texto literario.


Vídeo


Parte I

Felidae

Encuentros sin esperanza
Coincidencias sin alma
Es aquello que conforma
Lo efímero, pero memorable

Su voz resuena en las bocinas del equipo, mientras estoy aquí sentada. Tratando de escribir. Escuchándolo, recordando y sintiendo mariposas revoloteando desde lo más profundo de Venus. Ridículamente ilusionada, feliz y triste. Soy un cliché. Feliz, pero un cliché.

Han pasado ocho años desde que vio mi danza espiral por primera vez en aquel festival del centro histórico. Al menos eso dice él porque yo ni lo vi. Muy lejos estaba yo de saber que tres años después llegaría a mi apartamento y haría el amor con una de mis mejores amigas, estando yo en la otra habitación. Y que al siguiente día, tan quitado de la pena como es, me vería barrer medio desnuda sin darme cuenta. Lejos estaba yo de saber que la proporción áurea de aquella espiral dorada había quedado grabada en tus pupilas y luego eso nos hizo coincidir en un enigmático trayecto ascendente 05 años después.

Miércoles 12/02/72020. :30h

A: ¡Quiero besarla ya! Puedo llegar en cuanto salga…
Ω: Venga a las 13:30h.
A: Muy bien.
13:00h (la pantalla del celular me avisa que…)
A: Hola. Ya salí. Usted me avisa cuando me pueda recibir.
13:30h


13:30h
Ω: Hola. Estoy lista. Venga.

13:31h
A: Llego en 15…

13:45h
A: ¿Es el 1-47? Es que no estoy seguro… Hace tanto tiempo que no vengo.

13:46h
Ω: Sí. Entonces ya está abajo… ¡Voy!

33 gradas, 02 descansos después…

A: Hola
Ω: Hola. Pase…

El titubeo de no saber cómo saludar…. Un beso como de cachorro recién parido buscando la teta de su nana. Como solo reconociéndonos… Las miradas titubeantes, traviesas… Las sonrisas tontas… nerviosas…
Ahí fue cuando pensé tiene una pieza de mi rompecabezas. Quiero averiguar en donde va. (Y tan tranquila que viviendo mi duelo)

A: ¡Que guapa!

Sonreí y me di la vuelta indicándole que me siguiera. Para buena fortuna el viento se puso atrevido y el enorme pijazo de encaje de mi túnica le dio un guiño. No hizo falta que le viera el rostro, sentí su mirada como dardo, justo en mi muslo. Al subir las primeras siete gradas le confirmaron lo que su mirada al muslo había querido averiguar.

A: ¿Usted está… desnuda? (Mirada como de corderito…)
Ω: Completamente, no…

¿Acaso soñaste por mí para enseñarme que todos los fenómenos son ilusorios?
Como un sueño que no puede atraparse

El mediodía estaba particularmente caluroso. Pienso que nos quería desnudos, lo más pronto posible. Al entrar al apartamento inmediatamente sentí que cruzábamos un portal del tiempo.
(Aún no logro averiguar si somos dos desconocidos que no tienen idea de lo que están haciendo, o dos almas viejas reencontrándose).

A: No sé que hacer….
Ω: Yo tampoco. ¡Bailemos!
Un par de contoneos al ritmo de Bach…

Risas nerviosas. Sus ojos, dos enormes piscinas de ámbar, donde me quedé atrapada como un insecto en la era cretácea. Su sonrisa ligeramente torcida con la aparente ingenuidad de un niño. El aroma de su sudor…Me elevaba… Algo animal se despertó en mis entrañas. Tanto que quise sacarlo de allí. Pero me porté valientemente estúpida y me acerqué más. Mucho más…
(Ahora que lo pienso tal vez si es mejor actor de lo que parece en escenario).

A: Huele muy rico. ¿A miel… o a chocolate?
Ω: Chocolate. Me acabo de duchar. (En realidad había sido un ritual de acicalamiento de más de hora y media)

De nuevo tocándonos con las miradas. Nuestras manos no se querían pasar las fronteras… Todavía. No hay mayor placer que retardar el placer. De repente el teléfono suena… Lo tomé y respondí con un: “ahora voy.” Me di la vuelta y le dejé parado con el ánimo suspendido…

Ω: Ya regreso…

Me doy la vuelta y escucho un leve resoplido de excitación. No sé cómo pude bajar las gradas temblándome las piernas como me temblaban.

Y: ¡Ah! ¡Ya vino tu regalo de San Valentín!
Ω: Pre San Valentín, hoy es 12…

Sonrisas cómplices y de nuevo a cruzar el portal del tiempo.
En el segundo en que lo vi sentado jugando nerviosamente con su celular, sentí un deseo irrefrenable de hincarme ante él. Él no lo sabe (quiero creer), y no se lo vayan a decir, pero cuando me volteó a ver y dio esa sonrisa leve me desnudó la mente.

Me paré frente a él y volteé a ver el reflejo del espejo que teníamos hacia nuestro lado izquierdo. Ambos éramos la imagen de un altar. Era recíproca la gana de adorarnos. Como ya me había colocado en medio de sus piernas descendí lentamente hacia el piso para que nuestros rostros se encontraran frente a frente. No sé cuántos segundos o minutos pasaron mientras nos sentíamos con los ojos cerrados. Sinestesia de los sentidos… Hasta que al fin el big bang, la explosión de lenguas, comernos los labios y la cara despacio. Yo solía destapar mis regalos de cumpleaños con mucho cuidado. Acumulando la tensión. Era un regalo de la vida que estuviéramos juntos. Una mirada más al espejo, ahora reflejaba el inicio del ritual. La chispa de la fogata estaba encendida.

Un ágil movimiento, y ahora ya de pie, y mi pie se colocó encima del brazo del sillón para darle la bienvenida. Debajo de la túnica se sumergió en la profundidad de las aguas. La complicidad del espejo me reflejaba la ruta de su travesía en las profundidades. Estaba hipnotizada. El tsunami no se hizo espera. Tanto, que pensé que estaba convulsionando cuando mis pies se levantaron del piso. Pero no, era él que me cargaba cuidadosamente mientras me besaba compartiendo los sabores para salvarme la vida. Y luego me colocaba nuevamente en el piso, solo para decirme con voz entrecortada que fuéramos a mi habitación. Así que lo tomé de la mano.

La ropa voló a la velocidad de la luz. La de él, por supuesto. Mi cuerpo era como un tejado para el gato trasnochador. Su lengua jugueteaba divertida sobre mis piernas, mi vientre, mis pechos y mis nalgas. Mordiscos, palmadas, lamidas, susurros, gemidos, entretejidos con ternura, violencia y perversidad. El destello de la lujuria en el sudor. Lamerle todo, lamernos todo, comerlo todo, comernos todo… Cada centímetro cúbico. Consentirnos. Adorarnos. Dios y diosa, encontrándonos en cada suspiro. Eso sucede cuando dos cuerpos se fusionan en un todo. ¿Será que cuando cogemos nos recordamos que los humanos no estamos solos y que por eso nos gusta tanto? Recuerdo haberle podido ver las orillas a la soledad.

Su sabor a incertidumbre, melancolía, rabia, curiosidad, e inocencia se me quedó impregnado en el paladar.
La huella de su mejilla izquierda quedó estampada como fósil en la pared de mi habitación. Siempre me lo recordará, acorralado mientras yo me aprovechaba de él. La mueca de dulce placer en su rostro mientras le succionaba la vida era una oda.
Los dos tumbados de espaldas jadeando aún por el encuentro, sonriendo como niños traviesos…

A: Parece que hubiéramos tenido sexo…
Ω: (La sonrisa lo dijo todo…)
A: Tiene razón. Fue perfecto…

Cuando me desperté en el primer día de la primavera
me acordé de mi sueño-
cuando el objeto de los sentidos se encuentra con el sentido,
hay un eco.
Es tan mágico, tan maravilloso que soñé el sueño
que hizo eco de la esencia sin sustancia
del sueño sin sustancia.
Sueño impalpable. Eco inasible.

Thinley Norbu Rinpoche

Rosmeri Ramírez