Flavio Menjívar: La calle no valora a los desgraciados

Si Dios vio lo que ocurrió no le importó en lo absoluto.

Rorschach
Te veo
y me das miedo
tu mirada
realmente me odia

Decime
¿qué te he hecho
para que me observés
con tal menosprecio?

Tus luces
cada vez más cerca
se acercan
a mis narices

Olfateo el olor
a gasolina y el humo 
contaminante
manado de tu escape

Huelo el aceite
que pasa
entre tus cadenas
chirriantes

El ruido aumenta
el motor acelera

¿El fin será fugaz?
Tu mirada
cada vez más endemoniada
se enciende 
al ver mi miedo
inevitable
enmedio del camino

Dios te perdone
querido amigo
porque no podré
hacerlo yo

Tronó el primer hueso
mi cráneo se destrozó
volaron los sesos
y cesó el corazón

La sangre desparramada
es la única 
testigo
del odio infundado 
que me mató

El cuerpo
desaparecerá
pero mi recuerdo
de tu memoria
no se borrará jamás

El brillo de mis ojos
en mis últimos momentos
estará siempre doliendo
en tu corazón enfermo

Amigo
tu odio me inmortalizó
y causó lo contrario a tu objetivo:
mi definitiva eliminación

Mi recuerdo en tu mente
hasta tu muerte 
vivirá
y solo entonces encontrará 
—aunque no vos— la paz