una mirada a Quentin Tarantino

Lo más relevante el cine moderno, en su totalidad, cabe en una película dirigida por Quentin Tarantino, y esa película, a su vez, cabe en todo el cine. Tarantino nació en Knoxville, Tennessee, en el año 1963, la Guerra de Vietnam estaba en su apogeo y la cultura de masas estadounidense se volcaba cada vez más a la televisión y al cine. Cuando sus padres se separaron, se mudó junto con su madre a Los Ángeles, que era, y aún es hoy, la Meca del séptimo arte. En su juventud dejó la escuela y años más tarde se hizo empleado en un Videoclub donde ganaría fama entre los clientes por su alto grado de conocimiento a cerca tantas películas, allí mismo conocería a Craig Hamann, también empleado del lugar y quien tenía escrito un breve guion, entonces Tarantino decide ayudarlo con su proyecto y el resultado fue My Best Friend’s Birthday, un cortometraje amateur en el que Quentin figuró como codirector, coguionista y protagonista; lamentablemente ocurrió un accidente en el laboratorio donde se pretendían revelar los negativos, así la copia fue consumida por el fuego y el trabajo cinematográfico nunca se pudo exhibir, sólo sobrevivió la primera media hora de filmación y eso es lo que hoy día se puede visualizar de aquel primer trabajo.

Fotograma de la película Reservoir Dogs donde hace uso de su característico plano maletero y en el que figuran, de izquierda a derecha, los actores Michael Madsen, Harvey Keitel y Steve Buscemi.

Pero Quentin, lejos de desanimarse, continuó escribiendo guiones y logró vender dos de estos, guiones que posteriormente, con algunas modificaciones, serían llevados al cine, el primero fue para True Romance (1993), película dirigida por Tony Scott; y el segundo para Natural Born Killers (1994), dirigida por Oliver Stone. Con parte de ese dinero y la ayuda del reconocido actor Harvey Keitel, logró iniciar y culminar su opera prima, Reservoir Dogs (1992), la película fue estrenada en el Festival de Sundance y, aunque no fue un éxito en taquilla, obtuvo el reconocimiento de la crítica. Tarantino adquirió así algo de renombre en el medio y se puso en la mira de las grandes productoras

A Reservoir Dogs le siguieron grandes y memorables películas como Pulp Fiction (1994) que es considerada su obra maestra, y por la que mereció el Palm d’Or en el Festival de Cannes y el premio Óscar a Mejor Guion Original; la saga Kill Bill (2003-2004), un homenaje al cine japonés de samuráis que tanto le fascina (y mi favorita en términos de ritmo y montaje); Inglourious Bastard (2009), película que obtuvo ocho nominaciones al Óscar, entre las que destacan Mejor Director y Mejor Guion Original (premios que, quizá de manera injusta, no le fueron entregados); Django Unchained (2012), película con la que ganaría su segundo Óscar en la categoría de Mejor Guion Original, y la más reciente Once Upon a Time in Hollywood (2019), que recibió diez nominaciones al Óscar, entre esas, nuevamente Mejor Guion, pero esta vez no recibiría el premio.  

Comentemos una escena del director, el inicio de Inglorious bastard más específicamente. Mientras suena el portentoso instrumental de The Green Leaves of Summer, canción compuesta por Dimitri Tiomkin que integra la banda sonora del Western dirigido por John Wayne titulado The Alamo (1960), en el negro de la pantalla toma lugar un intertítulo que dice: “Capitulo uno: Erase una vez en la Francia ocupada por los Nazis”, entonces se nos muestra en teleobjetivo la reverdecida y serena pradera europea, como una pintura impresionista; al fondo apenas se nota la figura de un hombre, al parecer realizando algún tipo de trabajo, y cerca de él alguien que extiende unas sábanas blancas en el tendedero. Hay un cambio de toma, luego un traveling de abajo hacia arriba, de cerca vemos lo que de lejos casi no se distinguía, confirmamos que es un granjero, con su hacha está cortando leña, tiene barba. Ahora nos muestran a la mujer, es bastante joven, y de pronto se escucha el tonelaje de autos aproximándose, no los podemos ver porque las sábanas que se acaban de tender lo impide, ella las corre, y hace su entrada la elegante y prodigiosa The Verdict, compuesta por el maestro Ennio Morricone. A lo lejos se ven los autos y la chica grita: “Papá”, acto seguido el hombre abandona su trabajo, se sienta, y dispone su mirada hacia la pequeña caravana con una expresión de preocupación. Sin necesidad de un sólo diálogo, hemos sido conducidos a la incertidumbre creciente del suspenso. Así de poderoso es el ritmo de las películas de Quentin Tarantino.

Célebre toma de Inglorious bastard. Resalta el detalle que Bridget von Hammersmark, personaje interpretado por Diane Krüger, mira intranquila la forma en que el Tnte. Archie Hicox, interpretado por Michael Fassbender, indica con su mano el número tres, pues esto resultará en el fracaso de la misión que se les había encomendado.

Aunque su obra ha sido bastante criticada por el uso explícito de violencia visual, no se puede negar que Tarantino es un maestro del séptimo arte. Notable es en su filmografía la gran cantidad de referencias y reverencias a obras representativas del cine, y el estilo tan propio como exquisito que se hace evidente en la puesta en escena, en la escritura de guiones eclécticos e intensos, en el montaje, en las legendarias bandas sonoras, en el manejo de primeros planos, planos de larga duración, su característico plano maletero y el uso del crash zoom effect.

Quentin Tarantino es mucho más que un talentoso cineasta, él es la definición más profunda de lo que significa ser un cinéfilo.

M.D.

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