Julio Meza Díaz | La risa burlona del monstruo

Sin temor de caer en lugares comunes, toda vez que en su prosa y poética se distingue una diáfana pulcritud y una inteligencia y un humor ácidos, atinados y finos (que no refinados), puede afirmarse —como ya dije: sin pudor alguno— que Julio Meza Díaz es una de las voces de la literatura peruana contemporánea que mayor interés producen entre la crítica de a caballo, que en veces desatina y en veces atina, y en los lectores de a pie, que al fin y al cabo, son jueces más sensatos. Meza Díaz cae al mundo en 1981, en esa Lima de Dios donde, como balbuceó alguna vez el sabihondo Ricardo Palma, “siempre harán las limeñas pecar a un beato”. Así, entre beatitudes y pecados, limeñas y arrebatos, abrevando de la caleidoscópica tradición literaria peruana, y quebrando con ella cuando era debido, Meza Díaz ha transcurrido de la poesía a la narrativa y viceversa, y sus periplos le han llevado a diversos derroteros de esta gran ilusión llamada literatura. La diosa Fortuna parece consentirlo. A pesar de las complicaciones mundiales por la maldita pandemia, Julio ha tenido la buena estrella de ver nacer, en la recta final de este año, su emblemática novela Vargas Yosa (Ediciones Periféricas, 2020), de la cual hablaremos en esta entrevista. Julio Meza Díaz ha publicado, además, el cuentario Tres giros mortales (Casa tomada, 2007), la novela Solo un punto (Cinosargo, 2014), la novela gráfica El amor sabe a sábila (Editorial Ínfima, 2010) y los poemarios Lugares comunes (Editorial Ínfima, 2011) y Matemáticas Sentimental (Editorial Ínfima, 2011). Éste último le hizo acreedor al premio de poesía Cayetano Heredia 2010.

  • ¿Julio, en este continente repleto de cacicazgos ponzoñosos, qué son para ti los caciques literarios?
  • El cacicazgo es una práctica social enraizada en Latinoamérica, ¿no? Conversaba sobre el tema con un amigo, César Sanz. Él me decía que el cacicazgo, es decir, esta relación clientelar entre un señor y sus subordinados se puede apreciar en distintos campos de nuestras sociedades. Cesar me mencionaba el de la gastronomía en el Perú, por ejemplo. En el caso de la literatura el sistema de cacicazgo es el mismo: hay un gran señor que acumula capitales (legitimidad y redes sociales, por ejemplo) y lo entrega a sus vasallos a cambio de su lealtad y reverencia. La visión romántica de la literatura describe a ésta como un espacio de imaginación y libertad, pero sabemos que la literatura no es autónoma, ¿no?; es decir, no es ajena de las dinámicas sociales.
  • Recién salida del horno está tu novela Vargas Yosa, platícanos sobre ella.
  • Forma parte de un libro de cinco novelas breves que no salió por culpa del covid. De modo que con el editor decidimos adelantar una de las piezas. En Vargas Yosa quise hacer un retrato no mimético, al modo en que lo hacían los artistas plásticos de inicios del XX. No sé, Picasso colocaba como título de alguno de sus cuadros “Dora Maar”, y lo que ves en el cuadro es un experimento cubista muy simpático. Más o menos eso intenté, aunque claro, salvando las distancias, porque no soy ni la uña rota de Picasso ni Vargas Llosa es la genial Dora Maar. Por lo demás el argumento de la novelita es muy sencillo. Trata de un tipo que se llama Vargas Yosa, quien nació sin brazos ni piernas, pertenece a cierta clase alta y se dedica a dar charlas motivacionales. Un día despierta con todas sus extremidades y de inmediato se hace la que considera la primera paja en regla de su vida. Luego comienzan los problemas, porque las empresas que lo han auspiciado no quieren perder su inversión.
  • Por cierto, una portada poderosa —polisémica dirían los entendidos— la de este libro.
  • Parece que el de la portada está lavándose la boca, ¿no?
  • A todo esto ¿qué tal te cae el marqués Vargas Llosa?
  • Es un sujeto complejo, ¿no? O sea, le dio nombre a la dictadura perfecta en la cara de Octavio Paz, es anti-fujimorista y sus primeras novelas son interesantes. Pero promueve el neoliberalismo impuesto a sangre en Chile y el Perú, y es a la vez un cacique literario de cuerpo entero. Tanto así que ha sido de algún modo el vínculo directo entre los “indios” (los escritores peruanos que lo han rodeado) y la corona de España. Imagino que debe de haber algún elemento en nuestro ADN arrastrado desde la colonia que, apenas vemos a Vargas Llosa al lado del rey de España, lo buscamos para que sea nuestro señor y nos de su protección. Sobre el tema conversaba con un amigo, Renzo Honores. Él comparaba la figura de Vargas Llosa con la de un historiador peruano, Riva Agüero, marqués también. Era otro cacique dentro del campo cultural y tenía la costumbre de desaparecer a quienes lo criticaban. Vargas Llosa hace lo mismo. No hace mucho apenas recibió una crítica de machismo hacia la bienal que promueve, decidió cancelar la presentación que tenía pactada con una escritora en Lima. “Es un engreído, como Kiko del Chavo del 8”, apuntó el buen Renzo. Y si Vargas Llosa te baja el dedo, pues sus vasallos harán su deber: darán muestras de su lealtad y lo secundarán. Es curioso, porque él promueve un compromiso con la literatura, pero lo hace con cierto tipo de literatura, la vinculada a la costa peruana y de las clases medias y altas ilustradas. Promueve la hazaña de la libertad, critica a los autócratas, pero es un cacique dentro del campo cultural. Y lo más curioso es que tiene un doble estándar. O sea, se comporta así en el Perú o en otros países latinoamericanos, pero no hará nada semejante en ningún lugar del norte global. Allí aceptará la crítica y debatirá de igual a igual, se exhibirá como el sumun del hombre moderno que se relaciona en un marco de igualdad con los demás ciudadanos. ¿Y en Latinoamérica qué? Pues somos sus vasallos o los indios a los que hay que doblegar.
  • Siguiendo el hilo, ¿cómo fue trabajar con Ediciones Periféricas, la editorial mexicana que dio luz al libro?
  • Es una editorial independiente. Los editores, Nahúm y María Amor son personas chéveres. Es decir, yo no sé si una de esas editoriales grandesme hubiera permitido presentar el libro como lo hicimos, invitando a Vargas Yosa y colocando un papel higiénico en lugar de él.
  • Parece que te ajusta muy bien el trabajar con la novela breve o con la brevedad en sí ¿porqué?
  • No necesariamente. Hace unos años se publicó una novela mía, Solo un punto, que tiene cierto número de páginas. Creo que más bien tiendo a la extensión, a mi pesar. Vargas Yosa lo planifiqué como un cuento brevísimo y mira lo que ocurrió.
  • Y con la novela gráfica ¿qué tal te sentiste?
  • Hago más bien relatos gráficos, a modo de fanzines punk. He hecho dos. El amor sabe a sábila y Si Dios es así, prefiero a Satanás. El primero trata de un tipo que se enamora y casa con un aloe vera; y el segundo, de un león come cristianos con PhD en estudios hispánicos y dos soldados romanos anarquistas. He disfrutado mucho dibujarlos, entre otras cosas porque dibujar me permite escuchar música y cantar mientras trabajo.
  • ¿Sigues permitiéndole a Él irrumpir como tu alter ego?
  • Fue mi alter ego en Solo un punto. Pero digamos que ya tiene vida propia. Aparece en el primer relato del libro que saldrá el próximo año. Es víctima de una publicidad sobre supositorios alimenticios. Una empresa asegura que comer por el culo es más eficiente que por la boca, puesto que el estómago diluye mucho de lo que tragamos y lo expulsa. En cambio el culo no. Comer los supositorios devendría entonces en la desaparición de la boca y del habla.Empezaríamos a usar la telepatía y la telequinesis. Y si incluso un niño puede detener un misil atómico en el aire usando su mente, desaparecería el poder, ¿no?… En el nuevo libro Él usa esos supositorios como quien se encamina hacia la revolución.
  • Oye, ¿y en algo se parecerán Él y Vargas Yosa?
  • Por supuesto, ambos prueban esos supositorios. Es más, estoy casi seguro de que la biblioteca de Vargas Yosa está llena de ellos.
  • ¿Son el humor, el absurdo y la escatología piedras fundacionales de tu obra?
  • No lo sé. O sea, yo creo que todo el mundo puede escribir. Solo tiene que rechazar los moldes, encontrar el método que le ajusta bien y empezará a escribir como quien baila. En mi caso, las cosas que mencionas como importantes en mi obra son en realidad parte de mi método, el que consiste en sentarme frente a la computadora y escribir como contándome a mí mismo un chiste tras otro, en una espiral inacabable, en el que el siguiente chiste es más perverso que el anterior. Así de simple, solipsista y pastrulo.
  • ¿De qué salud goza, a tu parecer, la literatura peruana actual?
  • Lamentablemente, no estoy al tanto de la literatura peruana más actual. Me gustan los clásicos, Arguedas, Miguel Gutiérrez, Laura Riesco. De lo reciente mi hermano Favio me ha recomendado El espía del Inca de Rafael Dumett, novela que leo ahora mismo con mucho interés. De Dumett vi hace mil años la obra El juicio final y me dejó sorprendido.
  • Tu camino como escritor te ha llevado a trabajar con creadores de otras naciones de nuestro continente, por eso, y para dar eco a la pregunta anterior, ¿crees que existe un verdadero diálogo, una verdadera interacción, entre los escritores contemporáneos de Latinoamérica?
  • A continuación voy a jugar a la opinología, que de eso se trata la entrevista, ¿no? La relación que mencionas pasa por distintos temas (afectos, similitudes estéticas, coincidencias ideológicas, etc.) pero también por un elemento sobre el cual a los escritores no les gusta hablar por un prurito romántico-judeocristiano: la plata. Entonces, creo que Latinoamérica es un espacio geográfico y una palabra que está allí por la presencia de Estados Unidos y el norte global en general. Luego es un cúmulo de diferencias, diálogos y tensiones. A esa complejidadhay que añadir que la condición económica de cada país latinoamericano es diferente y que sus industrias culturales también lo son, sobre todo en relación a los marcos legales y apoyos e incentivos económicos que brindan los Estados, su articulación con el capital privado y el mercado de consumo. Te lo pongo así. México y Argentina, por ejemplo, tienen cuenta satélite de cultura desde hace varios años. Es una herramienta básica para cualquier ministerio de cultura. Esa cuenta identifica el aporte a la economía de las industrias culturales y creativas, además de las necesidades que tendrían que ser cubiertas en dicho campo para que siga desarrollándose. Los ministerios de cultura diseñan entonces políticas públicas para responder a las necesidades encontradas (¡esa es la función de los ministerios!). Sin embargo en el Perú y Ecuador, por ejemplo, existen ministerios de cultura desde hace años, pero no tienen cuenta satélite. ¿Cómo identifican las necesidades? Imagino que el ministro de cultura del Perú hace ouija y le pregunta a Arguedas: “oye, José María, ¿cómo haríamos para que los integrantes de las escuelas de danzas folclóricas intenten vivir de su actividad?”. Entonces, a una escritora de Ciudad de México o Buenos Airesle será más accesibleencontrar una editora que a una escritora de Lima (ya no te digo de otras ciudades del Perú), por ejemplo. Y probablemente las dos primeras puedan vender más libros que la tercera, porque en sus ciudades ha habido políticas de creación de públicos para la literatura (lo que no implica a su vez que tengan las condiciones de las industrias culturales del norte global). Así, sin un contexto que posibilite las industrias culturales, la escritura tiende a tornarse en una actividad para élites. Y en dicho tipo de escenarios aparece gente como Vargas Llosa, un cacique que capitalizará la falta de oportunidades para sus propias agencias. Y habrá gente que aceptará el trato. Algunos me dicen que las redes sociales y el internet en general permiten escapar de algún modo de estas estructuras. No estoy del todo seguro. Si tienes que trabajar 50 horas diarias te será muy difícil escribir y gestionar contactos mediante Facebook o Instagram para publicar o promocionar tu obra. Y si tu arte no es autosustentable económicamente, te será cada vez más difícil realizarlo. El diálogo que me mencionas en tu pregunta, entonces, estará mediado por estos contextos diferentes. Porque si Latinoamérica es el sur, hay países latinoamericanos que están al sur del sur.
  • ¿Porqué no te gusta el futbol, Julio?
  • Escribí un poemario con un título parecido, el que recibió una mención horrorosa por ahí, pero me gusta el fútbol, sobre todo jugarlo. Eso sí, digamos que mis tiros son un tanto poéticos. Cuando pateo al arco usualmente le acierto a la copa de algún sabio árbol que sacude sus ramas al son de la suave música de los vientos de agosto. Cuando hago un pase, le entrego el balón a ese sujeto del futuro, inmaterial a los ojos de los insensibles, pero posibilidad latente de un mañana de abiertas avenidas.
  • ¿Más cercano a Bukowski que a Vargas Llosa, o ninguno te acomoda?
  • Pues ninguna de las anteriores. Y Bukowski no, porque estuvo muy de moda en los 90´s en Lima. Y me daba la impresión de que quienes lo seguían no querían ser escritores, sino vivir como lo hacía Bukowski, lo que benefició a la figura de este, potenció las masculinidades tóxicas y generó ganancias entre las licorerías y dealers. Eso sí, amo cómo los borrachos y toxicómanos celebran mis chistes. Pero yo nunca he sido un gran bebedor, hago deportes, duermo temprano y como frutas y vegetales. Mi opción es convertirme en el cadáver más sano del cementerio.
  • ¿Qué es el amor para ti?
  • No sé. Imagino que consiste en dejar que el otro sea, fumar yerba y perrear.
  • Por último, estimado Julio, ¿caca hemos sido y caca seremos?
  • La Pacha Mama no es algo terminado, ¿no? Es decir, la tierra tiene que estar descompuesta. Solo así permite el surgimiento de la más hermosa flor.

Descarga Vargas Yosa (Ediciones Periféricas, 2020) de Julio Meza Díaz en https://www.amazon.ca/Vargas-Yosa-Spanish-Julio-Meza-ebook/dp/B08JD2HCN4/ref=sr_1_1?dchild=1&qid=1601308469&refinements=p_27%3AJulio+Meza+Diaz&s=books&sr=1-1&text=Julio+Meza+Diaz

Etiquetado con: