El racismo que no cesa

El ABC de la Europa Racista, de Daniela Ortiz.

Se acerca el 12 de octubre; una efeméride con la que durante años se ha intentado despolitizar, desbravar, minimizar el impacto del genocidio y saqueo de los territorios de Abya Yala. Una de las estrategias histórico-políticas de sustento y agravamiento de la penetración neocolonial.

En la capital del Estado Español, el ejército y los reyes saldrán a la calle, las banderas ondearán sobre las espaldas de los votantes de todo signo, ricos y pobres; un presupuesto de más de medio millón de euros será destinado al acto donde desfilará con fuerza la bota oscura y los cazabombarderos de la Armada harán filigranas con humo amarillo y rojo para dar cuenta de la potencia militar. El presidente de turno, aunque sea del Partido Socialista Obrero, apoyará y aplaudirá con su burocrática sonrisa; ningún gesto delatará su oposición al sistema racista español que participa del sistema racista europeo y mundial. Este año la fiesta será a puerta cerrada a causa del virus, pero será.

En otros puntos del Reino, a distintas horas del día, grupos de militantes antirracistas también saldrán a la calle; embellecerán las avenidas con sus cuerpos guerreros, migrantes, con sus saberes que convierten el 12 de octubre en el Día de la Resistencia Anticolonial. En Barcelona, un año más, los cimientos del monumento a Cristóbal Colón temblarán bajo la necesidad inexorable de su derribo que no será violencia sino reparación. La reparación que las pensadoras antirracistas y anticoloniales nos han permitido legitimar. Entre ellas está Daniela Ortiz.

Hoy voy a dar una vuelta corta antes de regresar al libro suyo que me propongo reseñar, El ABC de la Europa Racista.

Quienes hemos vivido en países comunistas sabemos que el antirracismo no florece allí; sabemos que en su lugar hay un sucedáneo, un decorado de representación y silencio que no resuelve ni enfrenta el racismo y sus desigualdades. Lo mismo ocurre en los entornos de izquierda contemporáneos, sean asamblea de barrio, alcaldía de provincias o gobierno de una nación. Los privilegios de raza, clase y género se imponen con su metódica violencia, real y simbólica. Vienen de lejos, sabemos que dominan las lógicas políticas de la derecha, pero hemos de reconocer que subsisten en la izquierda, unas veces vigorosos, otras veces soterrados; ellos no creen en las ideologías.

En la U.R.S.S, asistimos a la rusificación de los territorios anexados y a la negación de episodios de racismo, como el asesinato en 1963 de un estudiante ghanés y las subsiguientes protestas en la Plaza Roja. En la Bulgaria comunista, al intento de borrado de los apellidos y orígenes turcos. En la Yugoslavia de preguerra había una fuerte presión racista contra los gitanos. En España, aunque gobierne una coalición de izquierdas que algunos consideran radical, siguen las deportaciones y asesinatos en la frontera, las persecuciones policiales en las calles a los vendedores ambulantes, y las personas migrantes siguen excluidas del todo apoyo gubernamental (atención sanitaria, ingreso mínimo vital, protección al menor). En Cuba no celebramos el 12 de octubre, pero el discurso oficial negacionista convive con todas las formas de racismo existentes.

Así es como la potencia del pensamiento antirracista y decolonial se pervierte y da paso al buenismo de la unión de razas, la amistad de los pueblos y demás eslóganes vacíos. El currículum racista de los países comunistas está ahí, simplemente porque el racismo no puede abolirse con consignas.

En el año 2014, en Barcelona, escuché a Daniela Ortiz por primera vez. Ocurrió en el marco de unas jornadas que abordaban las posibilidades del arte como resistencia frente a las deportaciones y los encierros (1). El entorno era crítico y de izquierdas, también independentista. En su exposición, Daniela Ortiz fue más allá, abordó el asunto de las alianzas blancas que subyacen tras las cortinas. Expuso el modo en que las políticas racistas de izquierdas se alinean con las contrarias en todo aquello profundamente inhumano, y como lo justifican con ese afán burocrático, idiosincrático, localista; como se ponen por encima y pisan la vida y los derechos de unas personas en función de su país de origen o su color de piel. De tal modo demostró que no eran políticas contrarias sino parientes, hermanas de la misma sangre, herederas del mismo orgullo colonial.

Desde entonces he tenido la oportunidad de asistir a talleres, charlas y exposiciones de su trabajo en esta ciudad, Barcelona, donde ambas vivíamos hasta hace un tiempo. Digo vivíamos porque ella se ha tenido que ir. La ola de odio que su trabajo despierta devino, a raíz de su intervención en un programa televisivo, en una violenta campaña de acoso (2). Ortiz recibió amenazas físicas severas; su nombre corrió entre ataques y fabulaciones en un intento fallido, aunque peligroso, de desacreditación. En parte desde la extrema derecha, en parte desde la derecha a secas, pero desde la izquierda también. Amenazas contra una artista que retuerce los libros de historia hegemónicos hasta sacarles la verdad. Odio y derribo contra el espejo que pone delante de los individuos, colectivos y dirigentes de toda tendencia política con una pregunta fundamental: ¿Por qué, para ustedes, el antirracismo no es una prioridad?

Uno de los rasgos distintivos del discurso anticolonial y antirracista de Daniela Ortiz es la precisión (3). Precisión y fundamento histórico; certeza quirúrgica en sus palabras. Por eso propongo la lectura de su libro El ABC de la Europa Racista, porque resume, entre mayúsculas e ilustraciones a modo collage, esa capacidad epistemológica y nomencladora que caracteriza su trabajo; esa que la convierte en referente necesaria.

No es un libro inocente ni lo pretende, pero es un libro que deberían leer las niñas y niños junto a sus madres, padres y mayores. Un libro de texto para el currículum de todas las escuelas donde se educa con anquilosada terminología el mal contemporáneo y se banaliza, con esa capacidad naturalizadora que tiene el racismo entre quien no lo sufre.

Ortiz resignifica palabras blanqueadas de siempre. Alumbra los espacios irracionales de este mundo nuestro, empequeñecido para aquellos con derecho a viajar a comprar suvenires y tomar el sol; agigantado para los que no tienen derecho a desplazarse en su lucha por sobrevivir al empobrecimiento y las guerras. <<Los mismos AVIONES que usan los turistas euroblancos para ir de vacaciones son usados para la deportación de personas migrantes y solicitantes de ASILO. El MEDITERRÁNEO, el MAR donde la clase MEDIA europea disfruta sus vacaciones, es el mismo MAR donde más de 50.000 personas MIGRANTES han MUERTO o desaparecido>>.

Recupera términos que hemos querido esconder bajo la alfombra pero que han vuelto a escala planetaria, como APARTHEID. Habla de empresas que se lucran en esta guerra desigual contra las personas migrantes: <<Indra, Thales, G4S, Proytecsa o el Grupo Mora Salazar>>. Grita que <<FRONTEX es la agencia de control migratorio de Unión Europea. FRONTEX destruye la libertad y rompe FAMILIAS. Debemos luchar contra FRONTEX con toda la FURIA>>.

Su idea se puede ampliar hasta los confines más lejanos de nuestro vocabulario, por eso debería ser una lectura obligatoria en estos tiempos de incerteza; porque si a cada palabra ponemos las gafas antirracistas y anticoloniales, comprenderíamos hasta qué punto hemos de reaprender para extirpar el racismo y sus secuelas de todas partes, también de nosotros. <<Es tiempo de REPUDIAR los REGLAMENTOS RACISTAS! RESISTIREMOS con un anti-RACISMO RADICAL!>>.

En 2019, un museo de Barcelona expuso una retrospectiva suya bajo el título Esta tierra jamás será fértil por haber parido colonos (4). En ella se mostraba, con altísima coherencia, como la ramificación de sus investigaciones artísticas se sintetizan en la misma idea política: El único camino posible implica subvertir la lógica colonial; denunciar y reparar la herida histórica y cotidiana que el sistema capitalista y patriarcal infunde sobre los migrantes en tránsito, sobre los menores migrantes, sobre las madres desplazadas, sobre los trabajadores ilegalizados o ilegalmente encarcelados. Sostener políticamente que no se pueden cambiar las leyes que sustentan esta barbarie, solo es un calculado ejercicio de cinismo neocolonial.

Decía Achille Mbembe en una entrevista concedida durante la presentación de su Crítica de la Razón Negra (2016) (5), que <<cuando el poder brutaliza el cuerpo, la resistencia asume una forma visceral>>. Alarmarse por el próximo derribo de los monumentos que enaltecen el orden colonial es una irrespetuosa muestra de ignorancia. Proteger su legado es una ofensa a las revoluciones que vienen desde los pueblos del Sur Global. La estatua de Cristóbal Colón en Barcelona caerá, caerán todas las que tengan que caer a lo largo y ancho del mundo; y esté donde esté Daniela Ortiz, sus manos estarán empujando entre las otras manos.   

  1. https://accesoprimero.wordpress.com/2015/01/07/daniela-ortiz-y-xose-quiroga-colonialismo-y-deportaciones-forzosas-acciones-desde-el-arte/
  2. https://www.lavanguardia.com/cultura/20200802/482579201722/daniela-ortiz-macba-centro-nacional-de-arte-la-virreina.html
  3. https://daniela-ortiz.com/
  4. https://ajuntament.barcelona.cat/lavirreina/es/exposicions/tierra-jamas-fertil-colonos-daniela-ortiz/366
  5. https://www.eldiario.es/interferencias/achille-mbembe-brutaliza-resistencia-visceral_132_3941963.html