CÉSAR YUMÁN | OTRO DINOSAURIO QUE DESPIERTA

Una interesante generación de jóvenes escritores se está gestando en Guatemala. Lo sabemos porque, asimismo, se puede palpar un inusitado movimiento de editoriales independientes que buscan dar voz a dicha camada. Sión, Catafixia, Editorial X, Chuleta de Cerdo, F & G Editores, Cholsamaj, Alambiqve o Quimera, son algunos de estos sellos que han apostado por la nueva narrativa guatemalteca. Varios nombres destacan en la vorágine de títulos y propuestas, uno de ello, es el del narrador César Francisco Yumán (Guatemala, 1988), novelista, cuentista, y seguidor de los pasos del gran Augusto Monterroso en el arte de la minificción. Precisamente, con una minificción, es que César hace virar los reflectores hacia su obra, cuando en el año 2013 consigue el primer lugar en el Certamen Latinoamericano de Editorial Paroxismo en Estado Unidos. Con el premio en la bolsa, consigue abrirse espacios en las editoriales que comienzan a publicar sus cuentos y novelas. Es la voz de Yumán algo oscura, pero algo luminosa, con tintes de terror que desembocan en la ironía; una voz que refleja la maestría del obcecado, en contraste con la frescura del escritor joven; no obstante, algo que no se puede negar en sus textos, es la obsesión por la regeneración estilística y temática en cada libro. César alterna su trabajo de escritura con el de la edición, además de impartir cátedras literarias en la Universidad del Valle de Guatemala. Ha publicado los libros ∞ (Infinito) ( Editorial X, 2015), Roboniño (Santillana, 2015), La ciudad de los peces (Alfaguara, 2015), D4rkn355 (Editorial X, 2017), Me dicen Zombiie (Patológica Editores, 2018), Playlist (Editorial X, 2018) y Antología menor, (Editorial Los Sin Pisto, El Salvador, 2019); también la antología de microrrelatos Retóri-k, Introducción a tropos y figuras o schemas de Latinoamerica, (Editorial Paroxismo, EE.UU., 2015). Su obra se ha difundido en Guatemala, Argentina, España y Estados Unidos.

  • César, parece que cosas grandes te han traído las minificciones, un género, además, ligado eternamente a Guatemala, ¿no es así?
  • Claro, la narrativa breve y súper breve tiene un legado muy amplio en Guatemala, así como en Latinoamericana. Localmente, todos conocemos la genialidad de la obra de Augusto Monterroso, la cual, después de la lectura de varias generaciones, sigue vigente. Por supuesto, existen otros autores que, aunque sus principales textos no son microrrelatos, han escrito algunos bastante significativos. Entre estos mencionaría a Aida Toledo, Julio Calvo, Ronald Flores y Carlos Paniagua. A su vez, aunque me inicié en la novela, le tengo un cariño especial a los microrrelatos, no solo por abrirme puertas, sino por las historias extensas que hay detrás de cada uno.
  • Has tenido la oportunidad de trabajar como editor, por ello tu punto de vista es por demás pertinente, ¿cómo vives el movimiento de editoriales independientes en Guatemala?
  • Creo que lo vivo un texto a la vez, una obra a la vez. Es interesante ver cómo surgen constantemente proyectos editoriales con propuestas intrigantes y con mucho potencial, pero cuáles sobrevivirán al tiempo, no podemos saberlo todavía.
  • Esta pregunta ya alguna vez se la hicimos al poeta chiapaneco René Morales, pues hemos atestiguado, en festivales y encuentros, la relación de hermandad que guardan los escritores en ambos lados de la frontera, ¿cuál es tu perspectiva de este fenómeno entre escritores guatemaltecos y sus pares del sureste mexicano?
  • El año pasado participé en la presentación del Libro centroamericano de los muertos, del poeta chiapaneco, Balam Rodrigo, y en ese evento, él dijo algo que considero vital para responder a tu pregunta: él afirmó que se considera el primer centroamericano en obtener el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes. Eso me hace pensar que la relación entre escritores, que tú mencionas, surge de una autoidentificación con esta región; pues aquí, todos nos convertimos en el puente del Triángulo Norte de la Muerte.
  • ¿Qué significa en la actualidad ser escritor en Guatemala?
  • Creo que esta pregunta alguien que no sea yo la contestaría con mucha solemnidad o  pesimismo o ironía… incluso rabia. Pero para mí, ser escritor en la Guatemala contemporánea es lo que ha sido también para mis antecesores, un reto.
  • ¿Qué opinión tienes de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • La literatura latinoamericana es para mí parte fundamental del registro del pensamiento del continente y podría extenderme mucho en esta respuesta, pero me limitaré a algo que llama mucho mi atención.  Me encanta la idea que se está manejando actualmente, en algunos medios, sobre que el nuevo boom es de escritoras, donde se  puede destacar a algunas como Samantha Schweblin, María Fernanda Ampuero,  Mariana Enríquez o Valeria Luiselli. A su vez,  también me gustaría que se les diera más proyección a autoras como Diamela Eltit o Eugenia Gallardo que continúan escribiendo y son anteriores a esta generación.
  • ¿Guarda un signo apocalíptico tu obra?
  • Algunas veces me han preguntado eso. Al inicio tú mencionaste que mi literatura tiene algo de oscuro y quizás esas atmósferas son las que causan dicha percepción; pero en este momento, lo único que podría decir al respecto es que me gusta pensar que mi literatura es una ruta hacia el fin… un fin irreconocible e innombrable, al menos eso intento proponer desde mi primer libro publicado,  ¥ (Infinito).
  • Impartes la cátedra de Literatura Indígena de América, ¿cuál es tu panorama de las literaturas indígenas contemporáneas en Guatemala y Latinoamérica?
  • Soy un admirador de la literatura indígena; por ejemplo, me fascina la poesía de autores mapuches, en especial algunos como Leonel Lienlaf,  que también es músico, y Febe Manquepillán, que a su vez es artesana. Asimismo, en Guatemala, existen muchos escritores que tiene una producción a la que hay que prestar atención como Rosa Chávez y Sabino Esteban. Sin embargo, en el tercer mundo hay un problema general con la literatura: la difusión. A esto hay que sumar, en el caso de la literatura indígena, la discriminación étnica que las poblaciones originarias viven a lo largo del continente; estamos en 2020 y las personas siguen excluyendo y explotando a otras por su etnia como una práctica común, lo cual es algo lamentable y trágico.
  • ¿Algo de maya, garífuna, xinca o nahua hay en tu literatura?
  • Tú que ya has leído algunos de mis libros habrás notado que mis textos, tanto a nivel micro como macro, se construyen a través de símbolos y sí, en prácticamente todos mis libros hay símbolos pertenecientes a las culturas precolombinas e incluso a la población afrodescendiente. Ahora mismo, recuerdo que hay varios elementos presentes en Me dicen Zombiie; asimismo, hay algunos cuentos incluidos en D4rkn355 que utilizan símbolos mayas; también está el cuento sobre el vudú en Haití.
  • ¿La violencia ha determinado las literaturas contemporáneas de Centroamérica?
  • Por una parte es lamentable que la violencia sea uno de los discursos principales de la literatura centroamericana, y no hablo solo de ahora, sino desde las crónicas de la invasión peninsular al istmo, pasando por los conflictos armados y las olas criminales actuales que desinhiben el desarrollo sociopolítico y económico de los países del istmo. Sin embargo, la literatura cumple con su función de registro, de espejo, y así se puede denunciar y analizar de forma crítica la evolución de las sociedades en este lugar del destierro.
  • ¿Existe un diálogo verdadero entre los escritores centroamericanos que incida en su labor cultural diaria y en su escritura?
  • Desde el punto del individuo,  aunque lo desearan sería imposible separar la verdadera literatura de la vida diaria del escritor. Porque un autor percibe y analiza su mundo, luego produce creando un diálogo propio. Sobre esto, me gusta referirme a Eliot, porque él afirmó que “La mente del poeta es, en el hecho, un receptáculo para reunir y acopiar innumerables sentimientos, frases, imágenes que permanecen allí, hasta que logran combinarse todas las partículas indispensables para constituir una nueva aleación”. En cuanto si existe un diálogo entre escritores centroamericanos que incida en sus labores culturales y su escritura no podría afirmarlo, pues al final, la escritura también es un acto solitario.
  • ¿Qué representó para ti ganar el certamen de Paroxismo?
  • Fue, como bien decías al inicio, conseguir que algunos reflectores se volcaran hacia mis textos. De hecho, me gustó mucho que fuera en el extranjero, pues localmente varias puertas se habían cerrado. Es difícil publicar algo en una editorial cuando nadie te conoce y eso no depende de la calidad de tu obra, sino de que los espacios ya están comprometidos a veces por el compadrazgo u otros intereses personales. Por otra parte, siempre voy a recordar ese certamen con nostalgia, pero como todo, lo que uno quiere también desaparece, y ese un certamen ya no existe… sólo queda su fotografía.
  • ¿Es la minificción un género en ascenso o comienza a desgastarse?
  • No creo que se desgaste, lo que sucede es que la gente en general cree que escribir es fácil, que es una tarea sencilla y cualquiera con internet se siente poeta, narrador. Definitivamente, no es un género tan nuevo como la gente piensa, podemos encontrar microrrelatos en obras medievales. Pero su auge en Latinoamérica estuvo con su explosión en México; principalmente allá, en los años sesenta y setenta, con la aparición de autores que exploraron el género y lo hicieron suyo. Asimismo, hay demasiadas personas que subestiman su naturaleza elíptica y crean composiciones que no son microrrelatos y todo lo justifican afirmando que son híbridos entre poesía y narrativa, aunque no lo sean ni de lejos. Cabe señalar que si alguien escribe por moda, seguramente dejará los microrrelatos y pasará a algo más, pero creo que un escritor se compromete con su obra. Además, existe mucha ignorancia en cuanto a la literatura en general, la literatura es un proceso extenso que puede llevarse tu vida; la finalidad de la literatura no es recibir likes en redes sociales.
  • ¿Es necesario publicar en España o Estado Unidos para ser reconocido en Latinoamérica?
  • Eso depende de varias circunstancias. Sin embargo, un factor decisivo es que gran parte de la población de este continente es sumamente xenocentrista y si algo se publica fuera recibirá inmediatamente más atención, aunque esto no tenga que ver de forma directa con la calidad de su obra. Además de esto, es una certeza que las editoriales en dichos países tienen mucha más difusión, por lo cuál es más probable que un escritor empiece a ser reconocido.
  • Lauro Zavala ha sugerido que El Dinosaurio de Monterroso podría tratarse de una novela y no de una minificción. Tú, que incursionas en ambos géneros, ¿qué opinas al respecto?
  • Creo que esa es una broma literaria, como la vida, como las que haría Tito. Porque literalmente el texto es un microrrelato. Pero la historia que está detrás es tan extensa que podría convertirse en una novela… personalmente me quedo con que cada quien puede hacer sus conjeturas, incluso en contra del autor.
  • ¿Qué opinión te merecen las revistas literarias guatemaltecas, como ésta, El Camaleón?
  • Todos los espacios son valiosos y soy alguien de mente abierta en muchos sentidos; me gusta dar oportunidades de lectura. Pero algunas revistas pierden credibilidad cuando ponen sus amistades antes de la literatura, cuando idealizan a autores que no tienen propuestas interesantes ni temas geniales. Supongo que lo más importante, y también complicado, en una revista, es ser consecuentes y congruentes para contribuir al desarrollo cultural de la región.
  • ¿Cómo va el devenir teológico de los semidioses intelectuales de Guatemala?
  • Igual que siempre. Creo que el intelectual no sólo en Guatemala, sino en todas partes, se sobrevalora a sí mismo, especialmente cuando nada hace. También es común que muchos se consideren intelectuales cuando no lo son. Pero las redes sociales aguantan con todo eso y más.
  • Por último, César, ¿eres un signo?
  • Basaré mi respuesta en el Joker de Heath Leadger: “depende de qué hora sea. Porque dependiendo de la hora podría ser uno o varios”. Los humanos no somos seres planos, no podríamos ser un solo signo, aunque a veces uno nos marque por siempre. Gracias por la invitación, Juan de Dios, un gusto conversar contigo. Hasta pronto.
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