Kurt Vonnegut o como satirizar la vida, el universo y todo lo demás.

“Lo que falta es un criterio: ¿Borges va después de Arlt, Poe, Stevenson o las Las mil y una noches? ¿Pertenecen Shakespeare y Dante a la misma estantería? Es difícil saber cuánto peso vierte el título de un libro sobre el siguiente. Quizá los libros prefieran el azar al <<tenue aburrimiento del orden>>, como anotó Walter Benjamin mientras desempacaba su biblioteca. Del orden accidental, en todo caso, surgen los mejores hallazgos”. 

Valeria  Luiselli, Papeles Falsos.

He tenido esta cita en mi cabeza en varios momentos de crear aquella taxonomía en el librero. Una maldita neurosis para algunos, peor aún, cuando se puede descuartizar a algún autor. Por ejemplo, Ishiguro ha sido autor particularmente conflictivo para mí: El gigante enterrado junto a Tolkien, El artista del mundo flotante junto Kawabata o Yoshimoto, Cuando fuimos huérfanos junto con las novelas negras de Chandler, Los inconsolables junto al realismo mágico de Baricco o Petrovic. Por otra parte está la tendencia de englobar al autor como parte de un Uno, tal vez colocarlo con la generación Granta junto a McEwan, Amis y Rushdie. No lo sé, irá cambiando. 

Al generar taxonomías bibliotecarias uno va colocando títulos, o me gusta pensar que todos empezamos así, y luego viene el concepto de autor, algo más complicado: hay quienes son su propio género, o que son pertenecientes a una generación bastante delimitada que facilita su acomodo.

En este juego encontré particularmente difícil acomodar a Kurt Vonnegut, ya habiendo leído unas antologías de cuentos y un par de sus novelas “principales” me di cuenta que su estilo de escritura no es particularmente fácil de acomodar. 

Eduardo Lago en su ensayo Walt Whitman ya no vive aquí habla sobre “Los hijos de Nabokov” término acuñado por Foster Wallace. También conocidos como la escuela de la dificultad por el juego postmoderno en el que yacen estos autores. Wallace, Pynchon, DeLillo. Menciona a otros pero sólo he leído a estos tres. 

El estilo semejante de ellos se parece demasiado a Kurt Vonnegut, el salto de tiempo, el juego satírico y el constante coqueteo hacia la ciencia ficción como una metáfora. Claro que Vonnegut puede ir junto con éstos, no veo porqué alguien que habla sobre la segunda guerra mundial desde el bombardeo de Dresde, mezclando las historias de un dentista, zapatero y rapto alienígena (Slaughterhouse five, 1969) no puede ir junto a un DeliLlo que habla del sueño americano desde el punto de vista un maestro de historia aficionado con Hitler (Ruido de fondo, 1985) o metáforas del Futbol Americano como estrategia bélica (Fin de campo, 1972); o junto a un Foster Wallace cuyo sentido postmoderno, más allá de la sátira, yace en su sentido de escritura cuyas notas al pie de página son más largas que la novela; o un Pynchon que parece haberle ganado a David Lynch con aquellas novelas negras irresolutas.

Claro que puede ir con estos autores y entre más se leen sus cuentos y novelas se van acercando a la sátira de los autores norteamericanos más o menos coetáneos con éste. Incluso Eduardo Lago alarga la lista de la Escuela de la dificultad menciona a Kurt Vonnegut, no como espina vertebral pero sí parece ser un anexo bastante sensato a aquellos autores y en la misma lista de prolongación se encuentra Philip K. Dick y claro que quiero tener en el mismo estante el universo de Tralfamadore con Blade Runner o Ubik. Parecería bastante simple y por ahí tuve acomodado a Vonnegut sin cuestionarlo. 

No obstante, no hace mucho empecé con una odisea de la ficción absurda, sin saberlo lo había comenzado con un libro humorístico llamado Maldito karma de David Safier y seguí con Jesús me quiere del mismo. Después seguí con varias maravillas de este género en el que no pude parar de reír, la trilogía en cinco partes del Autoestopista intergaláctico de Douglas Adams (a quien aludo con el título la vida, el universo y todo lo demás), el Mundodisco de Pratchett quien me llevo a Neil Gaiman (por Good Omens, escrita a cuatro manos). Uno de los tonos más humorísticos que encontré en dos autores (Pratchett y Jasper Fforde) fue el uso de las notas al pie de texto como meta-narrativa siendo muy parecido al sentido de humor de Foster-Wallace complejizando así mi clara, distinta y diáfana taxonomía, y, por supuesto, el lugar en el librero de Kurt Vonnegut.

Viendo a distancia a Vonnegut, recordando los tópicos de su trayectoria (sin haberla leído completa) he encontrado que su sátira funciona como filosofía en ficción cosa que me destantéa al hablar de esta neurótica taxonomía. Es cierto que en mucha literatura se encuentra filosofía e incluso algunas piezas literarias, con el transcurso del tiempo, se puede sedimentar como un ensayo (Dsotoievsky, Camus, Sartre, Kafka, Joyce, por mencionar algunos) —o—, algunas obras intersubjetivas se cantan, desde un inicio, como ensayo filosófico. 

Pero Vonnegut no parece tener la intención de ser un académico. Los conceptos con los que juega y su uso y abuso de la ciencia ficción le permiten escribir en el argot de una filosofía metafísica u ontológica, paradójicamente, caricaturizándose a sí y a las temáticas que cruza. 

En esta caricaturización Vonnegut destapa el nihilismo, existencialismo y vitalismo sin desvincularse de la metafísica u ontología (término complejo e inútil más allá de la filosofía académica, pero llamémoslo ser). 

1. Ontología según el disparatado mundo de Kurt Vonnegut. 

Cuando habla del ser (ontología) no lo afronta directamente, no usa palabras como quididad, ontoteología, dasein etc. pero no se puede escribir una sátira sin una noción de lo que es el ser pues lo que hace ésta es, precisamente, caricaturizarlo (lamento la redundancia). A Kurt Vonnegut le interesa mucho lo que es la búsqueda del significado de la vida, por lo tanto, de nuestra posición como humanos en la vida y en la tierra. Aunque parece que la premisa de su búsqueda es que es pueril pretender encontrar respuestas. 

2. La metafísica de los espaguetis en el cielo.  

a) Los Trafalmadorians son una raza alienígena que aparece en varias novelas del autor. Esta raza pude ver las estrellas atemporalmente: en donde estarán, en donde estaban y en donde están. Por lo que ellos ven un espagueti en el cielo. Este es uno de los conceptos en los que comienza a trazar una noción de metafísica, pues él, a diferencia de varios escritores de ciencia ficción, usa un agot y un tono muy particular para hablar del universo.    

b) infundibulum crono-sinclástico es una suerte de vórtice espacio-temporal de Sirens of Titan en el que el millonario Rumfoord queda atrapado y se convierte en omnipresente al estar en todos los lados y en ninguno/ todos los tiempos y ninguno

c) Killgore Trout, en Breakfast of Champions  cree que  los espejos son fugas entre dos universos, fugas metafísicas.

Todo esto lo detallo de modo superficial, solo es una suerte de glosario de aquellos conceptos que creó Vonnegut en su universo o una suerte de legendarium. Cuando llegamos a las temáticas en donde se pone en juego este glosario es cuando el existencialismo y el nihilismo brotan con tal frescura y absurdo que leerlo no es solo cómico, es también alentador. 

Su religión ficticia, bokonismo, les cuenta a sus seguidores que aquellas predicaciones son mentiras y a pesar de que lo saben se quedan con ésta siendo así bastante cínicos, al mismo tiempo bastante humanistas. A diferencia de las sociedades que se crean en este religar,en el bokonismo juega con una suerte de holismo el cual cree que todas las personas que se conocen es completamente arbitrario y azaroso, al igual que el significado de la vida que es un vacío y sinsentido, por el que querer a estas personas azarosas y arbitrarias es un aposteriori de la religión en el sentido estricto de religar. 

Teniendo este sentido de vacío y nihilismo como premisa también alude a la cercanía del existencialismo con el teatro del absurdo, llamado así por personajes sinsentido cuyas decisiones y tramas no se dan por algún oráculo o creencia en divinidades, un teatro moderno en época de las vanguardias cuyo eslogan de la época podría ser todo vale, desde los escritos nitzscehanos o existencialistas o las influencias Zen y Budistas en occidente, si todo carece de sentido todo está permitido. Aquí habrá que aclarar una concepción a veces mal interpretada sobre el dios ha muerto de Nietzsche y Dostoievsky, no se trata de un pesimismo, sino, una forma de aceptar la falta del mundo después de la muerte para hacer valer la vida en éste. 

Este absurdo es, como lo mencioné más arriba, una búsqueda sabiendo que no hay respuesta o que la respuesta es inefable y a pesar de ello, Vonnegut se aventura a especulara. Través de la ficción y de un sentido de humor negro que es calificado como sátira.    

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Las sirenas de Titan (1959) se publica en una tardía época de oro de la ciencia ficción, cuyos autores que resaltaban eran Asimov, Bradbury y Clarke. Autores que se reconocen por escribir o ficcionar ciertas teorías del universo, no es muy distinto leer a Stephen Hawking, Henry Poincaré o incluso a Carl Sagan en ciertas frases de estas ficciones. Vonnegut, inintencionalmente cae en este círculo de pensadores o escritores, no se convierte en un escritor de esta “escuela” pero su obra se acomoda a pesar de que la intención de ésta no parece querer desmantelar el sentido del universo, sino el sentido de la vida (muy al sentido de los Monty Python) y, aunque parece ser lo mismo, regreso a lo ontológico: a Vonnegut le interesa la esencia de la vida, a diferencia de los otros autores quienes gustan de jugar con las reglas que rigen el universo para escribir sobre viajes en el tiempo y odiseas en el espacio para encontrar vida más allá de la humana en el vasto cosmos. Y cuando juegan con escenarios distópicos, utópicos o ucrónicos, la premisa trata de que la tierra como la conocemos es otra, Vonnegut habla de que esta tierra es ésta en tanto a su posibilidad de ser, esto es, en el juego del absurdo (como palabra vulgar o como concepto existencial) una sátira.

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Kurt Vonnegut, dentro de su propio estilo, es un autor bastante polifacético (sin necesariamente ser versátil) que no creo poder acomodar en un estante fijo. La primera cita de Luiselli sale de un contexto en el que ella se está mudando. Sin ser necesario cambiar de residencia, la mudanza puede ser de campo de estudio en el que la biblioteca personal va mutando según los títulos y temáticas que abundan, y Vonnegut dentro de su simpleza y comedia logró ser un autor de culto, no sólo por sus libros, sus pinturas y dibujos lo han hecho una figura de cultura popular. En parte, se trata, a pesar de estar en la lista prolongada de Eduardo Lago sobre los autores “complejos” Vonnegut juega con la sencillez. Sus temas pueden llegar a ser complejos, sobretodo la forma de sus historias que no siguen una estructura tradicional, aunque más allá de esta disparatada forma de contar historias, Kurt Vonnegut se desnuda para que el lector pueda conocer lo que es para él su noción de la vida, el universo y todo lo demás.