Arturo Santana | Peregrina (Poesía)

¿Qué haces esta noche perpetua?
¿A quién buscas que se esconde
en un rincón abandonado,
entre los escombros que se yerguen
cual monumentos de tu llegada?

Tal vez alguien miró al horizonte,
invocó la lluvia sobre el empedrado
de una calle tejida con diamantes de colores
y dejó encendida una vela
para que la vieras arder sobre un atalaya vacía.

¿Quién puede decirlo?
Ya no importa si quemé la madera rota
o si el reloj se quedó sin cuerda.
En todo caso aún avanzas sin premura,
después de tantos saludos y despedidas.

Y yo también intento moverme hacia alguna parte,
arrastrándome como una larva que no distingue
si el frío en su vientre es el almuerzo
o una senda que espera tus pasos firmes…

Te he visto en ese camino
que mis pies e intestinos siguen ya sin rumbo,
y en la nieve de tus ojos
encuentro cierto sentido a cada respiro exhausto:
puedo convertirme en una estela
o sembrar un árbol con los restos de un proyectil
que un cadáver viviente guarda en su inventario.

Y entonces, podría preguntar de nuevo
a quién deseas encontrar,
quién se escabulle en las altas horas de la noche
para escapar de tus brazos,
por qué peregrinas por una ciudad dormida
en un mundo de papel y acero.
¿Quién vale la pena
para la soledad y un beso en la mejilla?

A veces me recuerdas a quienes descansan
sobre la banqueta del mercado una mañana de domingo,
los mismos que dan vueltas
en una cárcel para llegar a una estación
que lleva tu nombre en un eco eterno e impronunciable.

Mientras sigues marchando hacia otro destino,
hay un faro escarlata que golpea mis sienes
y a los amantes olvidados del concreto;
es un recordatorio de alguien que en el fondo
te escribe y te llama para tomar el sitio de un fantasma.