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Cinefilia crónica

Judas y el mesías negro (2021)

Existen buenas películas y existen malas películas; existen obras maestras y existen bodrios desastrosos; existen películas inolvidables y existen películas que pasado un año ya nadie recuerda. Pero también existen películas que son más que películas, son memoria, son homenaje, son poder, ese es el caso de Judas and the Black Messiah (2021).

Fred Hampton era un activista, revolucionario socialista y el líder de la sección de Illinois del Partido Pantera Negra a finales de los sesentas. William O’Neal era un ladrón de autos cuyo modus operandi se basaba en hacerse pasar por un agente federal para disuadir a sus víctimas y ejecutar el robo. Pero cierta noche, O’Neal, quien apenas tenía diecisiete años, fracasa al intentar robar un auto y, luego, al ser capturado, en lugar de ser enviado a la cárcel, tal como él lo suponía, es reclutado por el agente Roy Mitchell del FBI para que se infiltre en el BPP (Black Panther Party) y le sirva de informante. Entonces los destinos del mesías negro, Fred Hampton, y de judas, William O’Neal, habrán de cruzarse de una manera cuyo desenlace no puede ser distinto al trágico.

Judas and the Black Messiah es el segundo largometraje que dirige Shaka King, recibió seis nominaciones en los premios Óscar, entre las que destacan Mejor película y Mejor guion original, y es sin duda una de los mejores films de la temporada. El amor, la traición, la política, el racismo, la injusticia, el clima urbano, el valor conjurado a una causa justa, la lucha por los derechos civiles de las comunidades afroamericanas; todo eso y un poco más es combinado y puesto en escena de una manera notable. El encargado de interpretar a Fred Hampton es la estrella ascendente Daniel Kaluuya, quien, quizá ayudado por el estupendo guion, realiza la que es la mejor interpretación de su carrera hasta el momento, superando incluso a la realizada en la conocida Get Out (2017), pues logra dotar de una fuerza y una voz propia al personaje, evocando y rememorando la firmeza y la determinación con la que Hampton asumió la lucha social a lo largo de su corta vida. Por su parte, el traidor O’Neal es interpretado por Lakeith Stanfield, cuyo trabajo es incluso superior al de Kaluuya, dado que no sólo es el antagonista que debe soportar la carga pasar por protagonista, sino además debe (y lo logra c0n creces) fingir una actuación dentro de la actuación que ya de por sí es fingida: es un completo farsante, un infiltrado; por ejemplo, a través de sus gestos y expresiones, Stanfield consigue que la ejecución de los primeros planos larguísimos de su rostro, que son vitales en la construcción del personaje y en la manifestación del conflicto moral que sufre, se ejecuten de manera formidable.

Otro hecho destacable es que Debora Johnson (Akua Njeri), quien era la pareja sentimental de Fred Hampton y es la madre de Fred Hampton, Jr., su unigénito, es interpretada por Dominique Fishback, quien, a pesar de que pudo ser mejor, no hizo una mala interpretación y junto a la decisión de maquillarla de manera mínima y el que su físico se aleje de los estereotipos de belleza que la sociedad moderna le impone al género femenino, consigue dar con un personaje real y acertado. Lección para los poderes culturales y hegemónicos del entretenimiento mundial que solamente logran concebir personajes principales femeninos si son interpretados por modelos o reinas de belleza, quienes encajan perfecto con el estereotipo imperante pero no con la figura del personaje a tratar.

En definitiva Judas and the Black Messiah, que sutilmente toma algunos recursos del blaxploitation de los setentas, como también del cine político y del documental, resulta una digna representante de la cinematografía afroamericana de las últimas décadas, abanderada por el fallecido John Singleton en su momento, o por el maestro Spike Lee con su extensa filmografía o por Barry Jenkins con su premiada Moonlight (2016). Una película que vale la pena ver no sólo por su valor narrativo, estético y filmográfico, sino también por su valor histórico y reivindicativo.


La polémica: por extraño que parezca, todo indica que a la Academia le pareció que Judas and the Black Messiah era una película sin protagonista, o sin protagonistas, pues los actores Daniel Kaluuya y Lakeith Stanfield, que interpretan a los personajes principales del film, fueron nominados en la categoría de Mejor actor de reparto. Se suponía que el personaje de O’Neal, interpretado por Stanfield, era el protagonista y el de Hampton, interpretado por Kaluuya, era el más relevante de entre el reparto; incluso podría pensarse que era una película con dos protagonistas, precisamente ellos, pero no así lo consideraron en Hollywood. Hasta el momento no ha habido ningún pronunciamiento por parte de los organizadores de los premios. Ya veremos cómo resulta la noche de la ceremonia.

M.D.

Por Mauricio Díaz

Mauricio Díaz Beltrán (Colombia, 1998) Economista de profesión. Estudiante de matemáticas. Empedernido lector y cinéfilo; escribe cuentos, micro-relatos, crítica de cine y poesía. Su columna en la revista El camaleón, titulada Cinefilia crónica, aparte de estar dedicada al análisis, novedades y curiosidades, recela la búsqueda de una nueva mirada hacia lo que el cine representa como arte, como espectáculo y como lenguaje.

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