Categorías
Sin categoría

Dos nanoficciones insurgentes / Juan de Dios Maya Avila

Hidalgo torero

A mi querido y marcial Pepe Malasombra

Los insurgentes derramaban el vino por las escalerillas con la intención de que empapara como sangre al llegar a la arena. De cerca, aunque tras del burladero, apareció Rayón. Juanito y Nacho Aldama jineteaban regios potros a los extremos del cerco y fungían de picadores. Aprestado un torito cinqueño de nombre Reyfernando. Hidalgo saludó al tendido y acarició capote y espada. Un redoble silenció las gradas y gritó el pregonero:

— Con el permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide…

Detenido el gentío, los picadores, el matador y la Muerte, Allende no quiso seguir dilatando dicha inmovilidad y concedió la corrida.

Ensortilegio

Villa de la Encarnación. Barrio de Corpus Christi. Plaza de mulatos, célebre por sus gayas de carnes melosas. Los cadáveres cunden las esquinas, los cuerpos se descarapelan a la inclemencia, rociados de cal. Morelos y su ejército irrumpen por la calle real y desmontan frente al convento carmelita. Por los vanos y almenas los monjes les arrojan aceite caliente e inmundicias. Sin embargo, antes del atardecer, los insurgentes toman el convento, degüellan a los religiosos y liberan a las mulatitas que medio desnudas aún lloran en las celdas. Una de cabellera larga y ensortijada, como el sortilegio, monta a la grupa del alazán de Morelos y se abraza al talle del generalísimo.

*Nanoficciones pertenecientes al libro Eztlán, aún inédito y en busca de un editor valiente.

Categorías
Canaimera

Edjanga Jones  I El hombre que va y que viene

De aquella lejana edad de la panguea que devino en el rompecabezas que es hoy el mundo, dos piezas, más que ningunas, evocan en sus formas esa unión primitiva y la trágica separación. Dos piezas que bien se pueden constatar en cualquier mapamundi y que parecieran imanes que quieren de nuevo juntarse, dos amantes a los que el tiempo y los temblores han querido separar, pero que a pesar de la separación siguen, de muchas maneras, haciéndose el amor. Me refiero al cóncavo que es Latinoamérica, sobre todo en su parte brasileña, y al convexo que es el África cuyo justo punto imaginario de “machimbrado” entre ambos continentes sería Guinea Ecuatorial. Paradojas de la vida, pues esta pequeña región africana es, a muchos niveles, hermana profunda de Hispanoamérica. Si bien es cierto que comparte los elementos socioculturales que definen a los pueblos africanos, también es verdad que Guinea Ecuatorial fácilmente se confunde con los pueblos americanos de habla española, en especial con aquellas regiones tropicales, caribeñas, donde la raíz negra se palpa en el baile, la lengua, la comida y el “cachondeo” cotidiano. Y también, por supuesto, en la literatura. Esto se debe a que Guinea Ecuatorial también sufrió el yugo del imperio hispano desde el siglo XVIII. De hecho, pertenecía al virreinato del Río de la Plata. La relación con América se fue perdiendo tras la emancipación decimonónica de casi toda la colonia hispanoamericana. Guinea Ecuatorial consigue su independencia hasta ya bien entrado el siglo siguiente, para ser precisos, en 1968, fecha a partir de la cual, entre convulsiones y tiempos difíciles, se ha empeñado en forjar una nación. En términos de arte y cultura, el camino no ha sido fácil. Estamos ante una naciente generación de artistas y escritores ecuatoguineanos que lucha en un ambiente inhóspito para poder dar salida a su voz. Dicha lucha nos recuerda, no pocas veces, a lo que en esta canaimera latinoamericana nos ha tocado y nos toca enfrentar. Por ello no es difícil sentir una empatía fraternal por nuestros pares hispanoafricanos. Así como en el mapa, el abrazo se antoja en el espíritu. Comencemos por conocernos, leernos. Entre esta nutrida camada de emergentes escritores ecuatoguineanos, resalta la obra de Edjanga Jones Ndjoli (Madrid, 1982), hijo de migrantes, que si bien ha vivido buena parte de su vida en España, nunca olvidó su raíz y desde la trinchera que le ha tocado, busca el reconocimiento, el respeto y la divulgación de la literatura de Guinea Ecuatorial. Su carrera comienza, por así decirlo, con la publicación en el año 2015 de su novela Heredarás la tierra, cuyo inusitado éxito puso los ojos de la crítica y del público lector sobre de él. Su obra ha sido principalmente difundida en España y Guinea Ecuatorial, pero de a poco también comienza a conocerse en Latinoamérica. Sin más, debo confesar que es éste uno de los diálogos que más me han conmovido, conmocionado, entre muchos muy sentidos que he tenido en la Canaimera. Por ratos pensé que le hablaba al espejo. Edjanga me ha parecido un corazón con pies largos.

  • Estimado Edjanga, ¿qué significa actualmente ser un escritor ecuatoguineano?
  • Es una pregunta difícil. Teniendo en cuenta que yo formo parte más del panorama de la diáspora, creo que no soy el más indicado para responder a esta pregunta. Pero voy a dar mi opinión. Creo que ser escritor ecuatoguineano es un reto lleno de turbulencias, ya que el acto de escribir en sí constituye, al día de hoy, en Guinea, un acto político: ¿Para quién escribes? ¿Qué escribes? ¿Y por qué? En mi caso siempre me he encontrado con este cuestionamiento, la identidad es un debate envenenado y mi amor por mis seres queridos y el país de donde vienen mis padres no ha quedado erradicado o difuminado por el mero hecho de no haber nacido y crecido en África. En este sentido, puede ser un acto de reivindicación; una tierra perdida; un Ítaca al que hay que volver y donde los sueños se pierden en la añoranza y la nostalgia. Eso por un lado, por otro está la síntesis del africano: su visión sobre sí mismo; lo que quiere compartir con el mundo; la difícil, cordial y contradictoria relación con lo occidental. La denuncia se ha convertido en un tema muy recurrente, casi en exclusiva en algunos autores. De tal forma, que el compromiso puede coartarnos enormemente en nuestro carácter artístico. Pero hay excepciones, como César Brandon Ndjoku. Sin embargo, creo que hay nuevos  autores que miran a la literatura con un afán más lúdico, soñador y con carácter menos encorsetado a las difíciles circunstancias sociopolíticas.
  • Regálanos un panorama, desde tu punto de vista, de la literatura de Guinea Ecuatorial.
  • Como he dicho antes, creo que es un panorama de personas que trabajan con pocos medios pero que sueñan con escribir y parece que lo están consiguiendo. A veces desde Europa sólo esperamos las denuncias de las injusticias que ocurren en África. Pero hay escritores que abarcan nuevas temáticas, nuevas historias. Escritores que quieren compartir con un mundo global, del que quieren formar parte sin cortapisas. No conozco muchos, no soy un buen lector. Pero de los que han llamado mi atención, está César Brandon, Chris Ada, Estanislao Medina, Fumilayo Jhonson, Juan Riochi Siafa, Mitoha Ondo Ayekaba y César Mbah. Después tenemos a escritores consagrados que fundamentalmente son los pioneros como Donato Ndongo, Justo Bolekia Boleka, Inongo Vi Makome, María Nsué Angüe, Mangue Nsue Okomo, Francisco Zamora, Juan Manuel Davies, Juan Tomas Ávila Laurel y Remei Sipicreo que son los principales novelistas del panorama de una época que se puede comprender como colonial-postcolonial. En ellos pesa la experiencia del trauma de la dictadura y la migración hacia España u otros países y donde se aprecia parte del legado de la cultura oral. Este fenómeno fue llamado  emixilio por Michael Ugarte en Africanos en Europa. La cultura del exilio y la emigración de Guinea Ecuatorial a España, que resultan en la unión de dos palabras exilio y migración. Después hay escritores que están más dentro de lo académico aunque también pueden tener contribuciones literarias como Juan Riochi Siafa, poeta y ensayista; Trifonia Melibea, novelista y ensayista, enfocada en cuestiones de género y LGTBIQ, y Eugenio Nkogo, filósofo. También existen personas que se dedican al teatro como Recaredo Silebo Boturu que también es poeta. Por último destacaría escritores de la diáspora hijos, de ecuatoguineanos en España u otros países: Lucía Mbomio y Desirée Bela Lobedde.
  • ¿Qué visión tienes de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Uff, tengo que admitir que no puedo decir mucho, por no decir nada. Tengo que reconocerte que yo no he leído mucho, y eso es algo que me avergüenza decirlo. Normalmente, los escritores son personas que tenían un fuerte deseo de escribir y leían sin parar cuando eran niños. Yo era todo lo contrario, solo leía cómics. La escritura aparecía en mi vida como un salvavidas. Nunca había pensado en escribir, pero escribía. Escribía para olvidar, como los alcohólicos beben para ahogar sus penas. Es ahora cuando intento formarme como escritor y preguntas como estás me hace sentir tremendamente perdido en este vasto mundo de la literatura.
  • ¿Cuál es la relación de Guinea Ecuatorial con el resto de la literatura africana?
  • Como te he dicho antes no sabría que decirte. Pero si me puedo arriesgar a algo: creo que en la literatura de Guinea existen los mismos rasgos que te puedes encontrar en muchos países en África y que tiene que ver con ese trauma de la colonización-descolonización. Existe un diálogo por encontrar-encontrarse, en un espacio tiempo convulso donde los Estados no ofrecen seguridad, más bien lo contrario. Después está la idea de la identidad: el ser o no ser africano al haber sido colonizados y cómo sobrellevar la pérdida de los elementos culturales y ancestrales. Creo que eso está muy presente en muchos autores africanos. Luego creo que se podría destacar la figura de escritoras africanas con Chimamanda Ngozi a la cabeza que no sólo hablan de feminismo sino de muchas más cosas y en Guinea también se están dando figuras como Trifonia Melibea que siguen esa senda.
  • ¿Piensas que existe una relación, un diálogo entre los escritores contemporáneos de Guinea Ecuatorial y Latinoamérica?
  • Claro que sí, tal vez este diálogo es reciente o tal vez no. Pero existe un África de ida y vuelta en relación al “nuevo” continente. Nos hemos nutrido ya no sólo en la literatura, en muchos otros aspectos que han propiciado una influencia en nuestra narrativa e imaginario. Yomaira Figueroa, excelente académica de la universidad de Michigan hizo un trabajo comparativo sobre esto llamado “Descolonazing Diásporas”.
  • ¿Deben los escritores de Guinea Ecuatorial emanciparse de España o el futuro inmediato de la literatura ecuatoguineana depende del apoyo cultural español?
  • No sé si deben, lo que está claro es que el apoyo y la visibilidad no vendrá de España. No voy a criticar a España en sí, el problema es que existe un problema de compresión de la producción cultural como activo fundamental para preservar, fortalecer y enriquecer a la sociedad. En ese sentido, España no comprende que la producción literaria de ciertos colectivos minoritarios sea algo de suma importancia, pero en general es todo el sector cultural. Por lo que los escritores que nos sentimos vinculados al contexto de Guinea necesitamos un lugar sobre el qué poder difundir, compartir y producir. Sinceramente, aún con todos los inconvenientes, creo que Guinea Ecuatorial es nuestro lugar natural. Es allí donde podemos generar un impacto suficientemente profundo para poder transcender. Y además, nuestra literatura es un puente para el diálogo entre África y Latinoamérica que no necesita estar supeditado a España. Tal vez deberíamos ser los escritores guineanos y de la diáspora los que invitemos a escritores latinoamericanos a visitarnos a Guinea.
  • ¿Está desarrollándose a la par de sus escritores el mundo editorial ecuatoguineano?
  • Parece ser que hay alternativas independientes, libros hechos a mano por ejemplo. Hay que tener en cuenta que es una nación donde sólo existen dos librerías en todo el país, si recuerdo bien, una en Bata y otra en Malabo. La oportunidad de producir dentro de Guinea es disparatada hasta el punto que es más barato imprimir los libros en España y transportarlos en avión. La gran mayoría depende de instituciones como el centro cultural español ecuatoguineano o el francés para hacer alguna publicación.
  • Es palpable el apoyo del mundo literario español por los escritores ecuatoguineanos ¿este interés se replica para con el mundo editorial de Guinea Ecuatorial?
  • Yo no siento tanto apoyo. En realidad me han buscado más fuera de España que en España, y generalmente académicos de Estados Unidos. En España, África no cuenta, existe un imaginario perverso que sigue reproduciéndose donde lo africano entra dentro del orden de lo místico y fantástico. África tiene su propio concepto de la modernidad, su propia versión del futuro más allá de los Safaris y ayuda humanitaria. Pero en España lo africano está relacionado con migración, con pobreza y cooperación. En Portugal existe una relación más profunda y de interés con la producción cultural africana. En España es prácticamente nula. Sin embargo, en Guinea se sigue con la educación que dejaron los españoles en muchos sentidos. Y mucha gente sigue la influencia de escritores clásicos de la literatura española como Bécquer. Hace unos años, escribir poemas, sobretodo cartas de amor estaba muy extendido entre los jóvenes, no se qué tanto habrá cambiado esto.
  • ¿Qué papel está jugando el estado ecuatoguineano para propiciar un mundo literario nacional (escritores, lectores, editoriales, librerías, becas)?
  • Bueno yo creo que es más bien al contrario. El Estado ecuatoguineano, desde los tiempos del dictador Macías, ha perseguido a los intelectuales, y el posterior régimen dictatorial de su sucesor, Teodoro Obiang Mbasogo, ha hecho lo mismo. En general, en Guinea no se promueve la libertad de pensamiento y se exige cierta coacción explícita o implícita al decir o hacer según qué cosas. En ese sentido, la posibilidad de pensar por uno mismo se convierte directamente en casi terrorismo contra la autoridad plenipotenciaria que representa Teodoro Obiang. Según él son “ideas importadas”. En consecuencia, se ha desarrollado una teatralidad difícil de identificar donde quién dice qué y porqué, siempre juega dentro de una línea de intereses donde hay un patrón aprendido de adulación hacia el pseudopresidente para obtener gratificaciones y reconocimiento. Es así como se forma una dictadura: con algunos intelectuales formando parte de ella también. Obiang se vende como el primero, mejor, único y más brillante escritor, intelectual y líder de Guinea.
  • Estuviste no hace mucho en un evento literario en Puerto Rico ¿de qué manera viviste esta experiencia?
  • La experiencia me sedujo, me marcó profundamente. Antes de ir al festival, yo me visibilizaba como un loco en mi soledad. En la sombra de un escritorio, en la noche sin nadie en quién reflejarme. Conocía a algunos escritores con los que tuve un contacto fluido durante un tiempo como Inongo Vi Makome o Mbuyi Kabunda académico en Ciencias Políticas. Pero siempre los veía lejanos, como si me hicieran un favor, a un pobre ingenuo como yo, por querer acércame a ellos. Y no porque ellos me trataran de alguna manera distante sino porque siempre pensé que ser escritor está en el orden de otras cosas que no percibía a mi alcance. Cuando publiqué mi primera novela, fue un acto de locura. Tardé cinco años. Cinco años a solas con mis demonios, con mi impaciencia, con mis dudas…Cinco años de fidelidad ciega, como si fuera un embarazo infinito y no supiera si nacería un burro, un pájaro o yo que sé. Solo seguía mi instinto, mi necesidad de querer compartir. Pensaba que en el momento que naciera el libro, el libro andaría solo, y yo lo dejaría libre a su antojo. Pero no, empezaron las presentaciones y era como andar con una cruz a mis espaldas. Tenía muchas ilusiones así que no me importaba en ese momento desplazarme por la geografía española saliendo todo de mi bolsillo. Es cuando Cesar Mbah me habló de un Festival de literatura, que era como un Festival Rock and Roll. No me lo pensé, compré mi billete y bajo el amparo e invitación de Mayra Santos Febres descubrí un nuevo mundo, y no como Colón. Me encontré con un montón de locos como yo, pero locos que eran respetados, escritores renombrados con escaparate. Yo me sentía pequeño entre tanto escritor, pero en la mesa, en los diálogos, era uno más: Gael Solano, Marcelo Carnero, La propia Mayra, Yolanda Pizarro, Marina Pérez Agua, Paulo Lins. Fue fabuloso, fue el impulso definitivo, para querer ser escritor. Ellos me dieron el cariño y la cercanía para comprenderme cuando no me comprendía ni yo. El acto, la necesidad, la pasión, la belleza. Desde entonces nunca me he sentido sólo, y mantengo una correspondencia con ellos que me ha ayuda a seguir creciendo como escritor.
  • ¿Qué densidad tiene en ti Guinea Ecuatorial?
  • Infinita, ¿cómo se mide en el infinito? No se puede, sólo se puede nadar en él y perderse. Por ello Guinea Ecuatorial es el principio y final, porque así lo he decidido. Pero porque mis compromisos de amor parten por encumbrar la herencia silenciosa que me antecede. Antes pensaba en términos muy políticos, muy idealistas, con una especie de deber edificante que creo que muchos africanos o hijos de africanos nos hace sentir las circunstancias del contexto en el que crecemos. Al final Guinea se ha naturalizado en mí, más allá de mis ideas políticas. Guinea son mis seres queridos: los que vendrán, los que se han ido, y los que quedan. Escribo a todos ellos como comunicándome en un eco eterno que me llega a mí desde las profundidades, y a la vez reinterpretó y repito a mi manera.
  • ¿Cómo piensas tú que podría haber un mayor acercamiento entre los mundos literarios de Guinea Ecuatorial y Latinoamérica?
  • Visitándonos, creando ese espacio y vasos comunicantes. No me gusta el internet, es útil pero la piel, la carne, el olor… todo eso genera los afectos. Saber que alguien te requiere y te espera al otro lado, que tenemos un espacio a un lado y otro de la orilla es razón suficiente para construir algo importante.
  • ¿Cuáles son para ti los escritores y escritoras ecuatoguineanos que deberíamos estar leyendo?
  • Puff, otro reto, jajaja, si te soy sincero no he leído nada de las últimas novelas de Guinea. Definitivamente Donato es un referente a tener en cuenta con su novela Los poderes de la tempestad y El metro; después  Juan Tomas Ávila Laurel y su novela Arde el Monte de Noche; Ekomo de María Nsue. Creo que esas cuatro se podrían definir como clásicos dentro de la literatura de Guinea. Actualmente, y dentro de la diáspora, tienes a Lucia Asue Mbomio Hija del camino el cual ha tenido éxito pero yo no te puedo dar mi opinión, no la he leído. Estanislao Medina fue elegido por la revista Granta como uno de los mejores narradores en castellano y el tema sobre el que habla, las bandas callejeras en Malabo, me parece algo muy necesario.
  • ¿Qué escritores latinoamericanos se cuentan entre tus lecturas, ya sea de la tradición o  contemporáneos?
  • Otra vez me tengo que sonrojar. Pues por de pronto Marcelo Carnero, el cual es mi maestro y es el que me recomienda muchas obras para leer. Gabriel Garcia Márquez y su Cien años de soledad me marcó con su realismo mágico, y luego he leído cositas sueltas de Galeano y Bolaño, pero, vamos…muy poquito.
  • ¿A qué atribuyes tú el alejamiento de Guinea Ecuatorial y Latinoamérica, siendo que entre ambos hay tantas cosas que nos hermanan, entre ellas, el esfuerzo de España por injerir en sus vidas culturales, literarias?
  • Primero el contexto geopolítico y las tribulaciones de España. Durante la dictadura franquista, España declaró a Guinea Ecuatorial “materia reservada”. Lo que significó que nunca más se volvió a hablar de la ex colonia en los medios de publicación, ni siquiera aparecía en los libros de texto. Y con la llegada de la democracia eso no ha cambiado mucho. Guinea está en una zona francófona, todos sus vecinos hablan francés y la influencia francesa no es sólo en la lengua, también es económica, imponiendo el franco CFA como moneda a los países de África central. De todas formas Guinea Ecuatorial, de la mano de Teodoro Obiang, ha estado buscando su lugar en este marco de influencias ofreciéndose  a Brasil con Lula en su momento y entrado en la CPLP, que es marco de países lusófonos cuando en Guinea no se habla portugués. España borró a Guinea de su historia reciente, y eso tuvo consecuencias también con Latinoamérica. Guinea tenía contacto con países como Puerto Rico y Cuba. Aún persiste en el imaginario cubano o puertorriqueño ciertas reminiscencias de este contacto. Actualmente Cuba es de los pocos países que ha mantenido contacto con Guinea, gracias al fuerte compromiso que siempre ha tenido Cuba con el desarrollo de los países africanos en áreas como la sanidad. Pero deberíamos retomar ese imaginario y nutrirlo de nuevo.
  • ¿Es tu generación la que está llamada a consolidar una literatura ecuatoguineana?
  • No lo creo, sobretodo lo digo por la diáspora. Creo que los escritores de la diáspora viven demasiado desconectados de su herencia africana y andan envueltos en debates postmodernistas donde sólo imperan sus sentimientos. Que la identificación se busque a través de las emociones supone que seamos fácilmente dúctiles y cambiantes según la edad y el momento. Creo que la herencia africana, teniéndola tan cerca, la desechamos para convertirnos en productos de un mercado que solo les vale ciertas señas superficiales para otorgarnos una “identidad”. Creo que hay que volver a crear cultura desde las entrañas, desde la fidelidad de los símbolos ancestrales, pero sin propagandas ideológicas que cercenan la creatividad.  En este tiempo tengo la sensación que los círculos intelectuales buscan apropiarse incluso de las manifestaciones más básicas. El hip-hop y la salsa, no salieron de gente de universidades súper releída, salió de la gente de a pie, de la necesidad de crear comunidad, del juego y del disfrute.  Siento que en la diáspora muchos han sido seducidos por el mercado del capital para ser un sello, una marca de lo que se cree que hay que decir o hacer buscando referencias que vienen siempre de los afroamericanos. Estados Unidos es país complicado, y ha conseguido vender la imagen del pandillero afroamericano como una imagen de modernidad al resto del globo terráqueo. No tengo nada en contra de esa imagen, pero me resulta manipulador cuando por otro lado sólo tenías el hambre y la miseria de África. A día de hoy todos los videoclips de la música negra alrededor del mundo son muy parecidos. Y nosotros hemos crecido con ello hasta el punto de despreciar lo que nos venía de cerca, lo que para los afroamericanos era un conquista a la hora de poder visibilizarse. Por otra parte, era también una pérdida ante los ojos de miles de jóvenes cuyos padres y familiares son africanos, pero no querían aprender de ellos. En ese sentido nuestro trabajo es diferente, es más un equilibrio. Crear un puente entre hijos de guineanos y Guinea es imprescindible. Por ello creo que falta mucho para hablar de una generación consolidada, a menos de que deje de estar tan influenciada por esta estructura de mercado anglosajón.
  • ¿Qué densidad tiene España en ti?
  • Bonita pregunta, a mis cuarenta años tengo ganas de aprender de España.  Me he dado cuenta que he estado jugando por turnos según he ido viajando y viviendo en diferentes países, ya que mi relación con España y Guinea siempre ha sido una moneda de dos caras. He estado enemistado con España durante mucho tiempo, y me he dado cuenta con los años de las lecciones perdidas de un país que tiene cosas maravillosas sin obviar sus carencias.  Cuando llegaba el verano los niños de mi colegio  se iban todos al “pueblo”, y yo me preguntaba ¿dónde está mi pueblo? Nunca me interesé en ir a aquello que llaman las fiestas del pueblo, porque aprendí a vivir en un mundo reticular en el que habían cosas de blancos y cosas de negros. Al escribir me di cuenta de algo que es evidente: si quería escribir debía poner parte de mis experiencias en mis libros desde el lugar donde quería hablar. Evidentemente tenía que ser España. Y ya que yo nací en una ciudad, a veces sólo me sentía de mi barrio, y ni siquiera eso, porque fui un niño no muy popular ni con muchos amigos de pequeño, así que otras sólo me sentía de mi casa. Es entonces cuando me di cuenta que el mundo a mi alrededor me esperaba para descubrirlo, sin cortapisas. Era yo el único que me ponía límites. España es un lugar bello, lleno de imperfecciones, pero es el lugar donde he aprendido y aprendo a amar y reír con la gente.
  • ¿Te percibes como un exiliado?
  • No, en absoluto. Me siento como alguien que puede ser de cualquier sitio y ninguna parte.
  • Sabemos ya que tus primeros años viviste en España ¿cómo fue el reencuentro con tus raíces africanas, al viajar a Guinea Ecuatorial, y de qué manera se refleja ello en tu novela Heredarás la tierra?
  • Fue como estar en lugar familiar y desconocido a la vez, muy raro. Pero la realidad es que Guinea estaba en nuestro hogar constantemente así que todo tenía un olor, color, sabor que podía reconocer. Heredarás la Tierra es la reconciliación de mis “mundos”, de mis experiencias en España y Guinea.
  • ¿Háblanos de tu concepto de geopolítica de conflicto en Guinea Ecuatorial y de qué manera repercute en los escritores ecuatoguineano de tu generación?
  • No es fácil explicar eso, es un libro denso de ciencia política y relaciones internacionales. Por de pronto te diría que sigue un poco el trabajo de Achille Mbembe, politólogo camerunés en sus ensayos Postcolony y Crítica a la razón negra. En síntesis te diría que el Estado colonial, como actor independiente, está configurado dentro unas reglas y/o ideología que condiciona todo el juego político y que el concepto «raza» juega un papel esencial en la forma de estructurar las relaciones de poder. En resumen, se fomentan unas fuerzas centrífugas que motivan el enfrentamiento de diferentes grupos etno-culturales por el control del poder, de tal forma que la existencia o convivencia solo puede ser en base a la subyugación o dominio de un grupo por el otro, o incluso la exterminación para salvaguardar un status quo o lo que podríamos llamar el marco de seguridad del Estado.
  • Por último, querido Edjanga ¿qué tanto persiste en ti de aquel hombre que va y que viene?
  • Yo nunca dejaré de ir y venir, está en mí visitar cada lugar y rincón del mundo y hacerlo mío. No hay fronteras, las fronteras están en la cabeza. Y yo quiero ver, saber y compartir todo lo que pueda y más. Sentirme parte de todo y de nada.
Categorías
Canaimera

Barbarella D’Acevedo  I Un mito cosmicoeroticocaribeño

En ciertos antiguos himnos órficos dedicados a Afrodita, ya muy temprano se estableció la idea de que uno está determinado por la semántica de su nombre. El nombre, impuesto por los padres, los dioses o la magia y la fortuna, será el signo que dibujará la personalidad y el devenir de su portador o portadora. Tópicos, quizá, pero ¿no acaso en la literatura  resplandecen hasta el hartazgo las Lucías, y las tenebras se ensañan con los Brunos? Los aficionados a los bodrios del cine fantástico pop sesentero,  recordarán que en 1968 Jane Fonda irrumpió en la pantalla detentado los poderes sicosexuales del universo, transformándose así en un mito hipererótico de nuestros días: Barbarella. Años más tarde, jugueteando con el rizoma de los mitos afrodisiacos, chipriotas espumas cabrearon en el mar Caribe durante el año de 1985 cuando en la Habana irrumpía otra Barbarella que heredaba el sino erótico, mítico, musical del nombre (el tiránico nombre del que no se puede escapar, sobre todo si uno se llama Barbarella en este cósmico universo). Barbarella D’Acevedo, pluma singular y de inescrutables alcances. Inescrutables por su juventud y por la experimentación personal que en cada uno de sus libros hace con la literatura. Barbarella D’Acevedo,  a veces distante de las tendencias regionales, a veces erótica, a veces poeta, otras tantas narradora, teatróloga, editora y lo que venga. Su obra ha sido antologada y publicada en la mayoría de los países latinoamericanos, así como en España, Estados Unidos y Canadá. El 2020 le ha sido particularmente provechoso, pues cosechó el primer premio en el Concurso de Poesía Rosa Butler, hazaña que replicó con el Bustos Domecq y particularmente en el Certamen de Poesía Paco Mollá, con su poemario Érebo, que recientemente ha aparecido bajo el sello de la editorial Aguaclara y del cual hablaremos a lo largo de esta entrevista.

  • ¿Querida señorita D´Acevedo, cómo se hace usted dueña del nombre Barbarella?
  • Me hago dueña del nombre Barbarella, en principio por obra y gracia de mis padres… Ambos lo eligieron al unísono aunque de manera casual. Estaban en casa de un colega de papá, director de teatro, al que visitaban con periodicidad. Aquél tenía un equipo de video y resultaba algo cotidiano que se reunieran para ver películas de terror ochenteras. Así fue que al finalizar uno de aquellos filmes, que ven pasar un tráiler de Barbarella y ahí dijeron “Ése”, incluso si todavía no habían confirmado el género del hijo que mi madre llevaba en el vientre, pues prefirieron esperar a la sorpresa del parto. No obstante a partir de ese momento fui Barbarella para todos los que les conocían. Así que sí hubo mucho de hado —algunos le llamaran casualidad—en tal elección. Es un nombre complicado. En las escuelas nunca lo entendían bien, sobre todo los maestros nuevos al inicio de cada curso. Por el camino aprendí a reírme del hecho y bromear con eso, incluso antes de que los profesores pasaran lista. Supongo que cuando una nace “Barbarella” atraviesa distintas etapas, incluso esa fase en la adolescencia en que se pregunta por qué “sus excéntricos padres” no pudieron darle un nombre castizo, más a tono con los apellidos González y Acevedo. El cuestionamiento es algo intrínseco al ser humano. Pero luego una se percata de que no podría haber sido de otro modo y se alegra. Mi nombre me acostumbró, por ejemplo, a ser un tanto extraterrena, extraterrestre, extemporánea, a habitar los márgenes. Una es su nombre, sus padres, su historia, su país…
  • Y ya que estamos con la obsesión de lo onomástico ¿cómo y cuándo pasamos de ser Barbarella González Acevedo al sinóptico Barbarella D’Acevedo?
  • Esa elección tiene que ver con mi papá…Mi padre, desde mi infancia, pensó que algún día yo iba a necesitar un nombre artístico. Sugería entonces la incorporación de la preposición intermedia “de” al González Acevedo. Papá, Tomás González, fue en su momento, un reconocido dramaturgo, director de teatro, miembro del hoy casi legendario grupo de experimentación teatral Los doce, guionista de las películas La última cena y De cierta manera, dos clásicos del cine cubano, músico, pintor, profesor en las escuelas de arte, maestro del Cuarto Camino; un hombre de un magnetismo tremendo…Supongo que en un punto no quise ser solo “la hija de Tomás González”. Siempre tuve una relación de amor odio con respecto a eso, a tal punto que aunque estudié en el Instituto Superior de Arte, la misma carrera que él, algunos de mis profesores —que también habían sido los suyos— se enteraron de que era “la hija de Tomás”, al pasar los años.  Necesitaba el espacio de mostrarme al mundo, de convertirme en quién quería ser y equivocarme incluso, pero sin la presión del apellido. Además, el Acevedo llevó a un primer plano a mi madre, y a mi abuelo, dos seres esenciales para mí, sin los que hoy no sería; y también a mis ancestros mambises, pero esa es otra historia…
  • Te han endilgado el mote de escritora erótica ¿Qué significa ello para ti?
  • Creo que muchos escritores han pasado por el erotismo alguna vez. Yo sentí en cierto punto la necesidad de retarme en tal sentido. La literatura es eso también para mí: la posibilidad de experimentar, de jugar. Hay que tener en cuenta que el mundo actual está guiado por el consumo y en tal contexto es quizá lo más fácil recurrir a determinadas etiquetas, carteles, más allá de si tienen como trasfondo algo real… Yo misma he podido usar el mote de escritora erótica en determinado momento, no tanto para potenciar una relación de compra-venta (no olvidemos que el libro es un producto, en un mercado bien complejo) sino para llamar la atención sobre determinados textos. Una etiqueta ayuda a que el lector tenga claro de antemano lo que va a consumir.  En realidad no me considero ni escritora de ciencia ficción (otra etiqueta que también se ha relacionado a mi obra en ciertos momentos), ni escritora erótica, ni autora de libros para niños, sino, simplemente escritora. Aunque me interesa la exploración del fantástico, en un sentido amplio, he jugado con géneros, estilos, maneras de contar y lo seguiré haciendo por una necesidad personal, una necesidad creativa, de ver hasta dónde puedo llegar, o me permito llegar.
  • ¿Eres erótica, Barbarella?
  • El erotismo está en la esencia del ser humano. Creo que todos somos eróticos en una u otra medida, si bien de formas más o menos explícitas…Eros es, por sobre todo, goce estético. La conciliación de Eros y Psique, del amor en tanto impulso creativo, pero también sexual, y de alma, o mente, opera como pulsión de vida que permite reaccionar a Tánatos, ese instinto de muerte que identificaba Freud.
  • ¿Qué de Érebo tiene la Cuba de Barbarella?
  • Una no puede evitar escribir desde su esencia, desde su historia, y también desde la historia de su Matria. Érebo y Cuba tienen quizá en común los subterfugios de la recurrencia a lo mítico, aunque también otros elementos. La oscuridad primigenia que Érebo, por ejemplo, implica, quizá solo pueda ser resuelta con la fuerza del logos, porque no olvidemos que en “en el principio” —si bien en un principio otro— “era la palabra” y “sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho”. La palabra tiene un poder generador…Quiero pensar, o intuyo que a través de la palabra la Matria puede superar también la oscuridad primordial.
  • ¿Qué tanto representa a tus poesías femeninas este poemario Érebo?
  • Es un poemario que asumo a partir de recreaciones de lo femenino. Se trata de poemas en primera persona, donde las protagonistas son Penélope, Helena, Casandra, Circe, Friné… Yo me he sentido identificada con todas, y así en estos versos, encarno sus angustias, sus interrogantes, y también su erotismo, desde lo que soy, este lado mujer, que ama y se piensa, con la mayor honestidad de la que es capaz.
  • ¿Qué significa actualmente ser escritora en Cuba?
  • Ser escritora, o escritor, en Cuba o en cualquier parte, resulta un reto y un oficio difícil.  Es un camino solitario, que depende de una misma y de su disciplina. Nadie te va a decir “escribe”, así que cada día tendrás que levantarte de la cama, sentarte ante tu computadora y tener la voluntad de hacerlo, incluso si la vida cotidiana con sus necesidades, ejerce otros reclamos, incluso si tienes otro u otros trabajos para garantizarte el sustento. Deberás contar una historia que en primera instancia te conmocione a ti misma y hacerlo del mejor modo que puedas… Después tendrás que invertir tiempo en presentar tu obra a una editorial o un concurso, porque quien diga que escribe para guardar su trabajo en una gaveta, probablemente mienta. Y si todo sale bien y tu obra se publica todavía necesitarás promocionarla, para que otras la lean. Pero si todo sale mal, y tu obra termina, después de todo en una gaveta —y una buena parte de lo que se escribe acaba así, o bien tarda años en salir a la luz—, y te asaltan cientos de cuestionamientos acerca de si estás siguiendo el camino correcto, o si escribes mejor o peor cada vez —cuestionamientos que de todas formas pueden asaltarte incluso si te va bien—, vas a tener que volver a levantarte de la cama, sentarte ante tu computadora y tener la voluntad de hacerlo, incluso si la vida cotidiana con sus necesidades, ejerce otros reclamos…Se escribe porque se tiene algo para decir y se necesita hacerlo. Reconozco el oficio de escritor también desde la perspectiva del dharma de las doctrinas de la India, ese deber supremo, y propósito, que no pretende la satisfacción del ego, sino contribuir al mundo y que puede dar sentido a una vida.
  • ¿Te consideras una escritora feminista?
  • Soy una mujer feminista y lo que una piensa y es, en ocasiones, se manifiesta también en lo que escribe. Tengo algunos poemas, que por el camino me he dado cuenta, de que han salido muy feministas. Sin embargo, esto ha sido algo espontáneo, guiado por la pasión de un momento, a veces hasta por la molestia o incomodidad de un momento.  No me planteo un discurso feminista en mi creación. No considero que se le puedan imponer temas a la literatura o al arte. La escritura es algo personal y creo que debe evitarse a toda costa caer en el panfleto. Si bien pueden existir variantes artísticas “comprometidas”, cada quien trabaja su obra desde su experiencias de vida, lecturas, necesidades, referentes y sensorialidad.
  • ¿El erotismo y los feminismos son compatibles?
  • Creo que sí. Una mujer dueña de sí misma es capaz de reconocer también el peso de Eros en su vida y tiene derecho a hacerlo. Durante mucho tiempo la moral, ya fuera religiosa, gubernamental, o social, ha visto el erotismo como algo negativo y sabemos que se ha utilizado la represión del cuerpo como un mecanismo de dominación. La virgen María, el ideal femenino del catolicismo, es, “virgen” antes del parto, en el parto e incluso después del parto. Ese modelo es desafortunado desde el punto en que se impone como único y máxima aspiración de lo femenino, mujer ángel, posterior donna angelicata, inmaterial, ajena a la carnalidad —y en alguna medida por esto, ajena a la vida en todas sus dimensiones—.
  • ¿Cuál piensas tú que es la dimensión del erotismo en la literatura latinoamericana?
  • Me parece que subyace en la obra de múltiples escritores, que lo abordan no necesariamente como centro de su literatura pero sí como una parte de esta, a veces de un modo que podría decirse sutil, o natural. Al menos, esa es mi percepción en tanto lectora, pues disto de ser una especialista en ninguno de los dos temas… Pienso así en Aura de Carlos Fuentes, incluso en Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, en Doña Flor y sus dos maridos, o Gabriela Clavo y Canela de Jorge Amado, y en buena parte de la obra de García Márquez.
  • ¿Cuba es erótico o pesa sobre de ella la gratuidad de la fama?
  • Creo que el erotismo en Cuba como país es algo ya de una dimensión mítica y se dice que todo mito suele contener un trasfondo de verdad.
  • ¿Qué densidad tiene el Caribe en tu escritura?
  • Si el Caribe aporta algo a mi escritura es esa dimensión de la magia —y lo fantástico—, entendida sin embargo como algo cotidiano, eso que Alejo Carpentier llamó Lo Real Maravilloso y que comprende elementos de surrealismo y absurdo —y hasta de grotesco y desmesura—. También esa capacidad de invocar a la risa, para desacralizar cualquier hecho, que es inherente a la región y que en mi país asoma bajo el nombre de “choteo”.
  • ¿Cuál es tu panorama de la literatura cubana contemporánea?
  • El panorama de la literatura cubana contemporánea, al que me acerco como lectora y también en tanto creadora, desde mi punto de vista está marcado por una sana diversidad. Cuenta con voces a establecidas, y otras más jóvenes, que se proyectan hacia distintos modos de hacer, más o menos experimentales, en relación a las necesidades propias a cada escritor.
  • ¿Crees que exista un diálogo entre las literaturas latinoamericanas contemporáneas o cada una vive y muere dentro de sus feudos?
  • Ahora más que nunca el diálogo se hace posible. Los medios están al alcance y me refiero con esto al impacto del internet en la vida cultural de hoy. Un autor cubano publica un cuento o un poema en una revista digital en Argentina o Chile, que a su vez leen escritores mexicanos, colombianos, etcétera. No obstante un peligro subyace, y es que teniendo tantos medios al alcance, nos centremos en el “yo” y en solo promover lo que hacemos sin detenernos a mirar al lado. Es importante la retroalimentación, saber qué escriben los otros y por qué caminos se mueven; aunque eso influya o no en lo que hacemos, permite al menos, pensarnos…
  • Hemos sido testigos de que varios escritores cubanos, como muchos de sus pares en Latinoamérica, han ganado premios y publicado en España, ¿es necesario el reconocimiento español para ser tomado en cuenta en tu propio país o región?
  • Yo creo que al menos en mi país tienen más impacto los premios nacionales, legitimados por tribunales conocidos y reconocidos por el medio y quizá algunos miran con escepticismo los premios internacionales, sin detenerse a apreciar qué instituciones los conceden o la relevancia artística de los jurados que los otorgan para sus respectivos países. A veces además está la tendencia a considerar el arte que se produce fuera, como “comercial”, etiqueta que por demás, resulta a menudo mal vista, y deviene en sinónimo de “facilista” o sin verdadero valor creativo. Incluso en ocasiones se considera que premios y publicaciones internacionales, responden a modas del momento o benefician a determinados sectores; a las mujeres escritoras, por ejemplo. Creo que todos estos criterios parten en primera instancia de prejuicios y todo prejuicio implica un desconocimiento y en buena medida ligereza, ceguera. Lo que sí es cierto, es que ese reconocimiento español o internacional, puede devenir en ciertos contextos un arma de doble filo.
  • ¿Qué representa para Cuba el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso?
  • Supongo que expreso el sentir de muchos si digo que el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso es escuela y casa. Es un espacio donde ha sido sistematizado el conocimiento relativo a las técnicas narrativas, y que se centra en brindar herramientas para que los estudiantes desarrollen las habilidades que poseen. Pero creo que uno de los logros más importantes conseguidos por Eduardo Heras León con el Centro, estriba en el impacto humano de esta experiencia, en las distintas generaciones de escritores que tienen al Chino por maestro y padre.
  • ¿De qué manera cambiaron los premios que ganaste en España tu vida como escritora?
  • Los premios en España me brindaron la oportunidad de publicar, en particular, mi poesía y eso para mí ha sido lo más trascedente de todo: publicar y compartir.  Todo esto, en un contexto en el cual llegar a ver un libro publicado es algo difícil, debido a múltiples factores —la falta de papel entre ellos—, e implica que los procesos editoriales a nivel nacional muchas veces se tornen lentos y fatigosos. También me han permitido tener un poco de feedback, ver qué valores encuentran otros en lo que escribo, verme a través de los ojos de otras personas.
  • ¿Te gusta la pornografía?

No me gusta en tanto no la necesito. Aunque tampoco me disgusta y por supuesto estoy a favor de su existencia.

  • ¿Qué te dicen los nombres Carilda Oliver y Severo Sarduy?
  • Carilda es una de esas voces que me acompañan desde siempre. Carilda es pasión, es goce por la vida. Sus mejores poemas responden a esos momentos en que el erotismo se transluce en felicidad. Servero Sarduy es la expresión del más puro y legítimo barroco en la concepción de cada frase, de cada personaje. Es el padre de uno de mis textos esenciales: De dónde son los cantantes. En algunos de mis relatos de juventud temprana, Los Cuentos de Esperanza Rosa, reconozco la tendencia al pastiche y la carnavalización que heredé no directamente de Severo, pues en aquel momento todavía no lo había leído, pero sí quizá a través del impacto de su legado que aparece en la literatura cubana de una etapa.
  • ¿Qué es el Discurso de Eva y de qué manera (o porqué) los escritores deberíamos acercarnos a lo digital?
  • Discurso de Eva es un disco de poesía femenina, que desde el título rinde homenaje a Carilda Oliver, donde participamos varias poetas cubanas de una generación joven, dando lectura a nuestros textos y también a los de creadoras que han sido trascendentes para nuestra escritura. El proyecto obtuvo la beca de creación El reino de este mundo que otorga la Asociación Hermanos Saíz, asociación que agrupa al arte joven cubano, y esto permitió que grabáramos en los estudios PM Records. Pudimos difundir así nuestro trabajo más allá del formato libro, explorando la voz como instrumento comunicativo, en plataformas digitales y redes sociales (IVoox, SoundCloud, Telegram, Instagram, Facebook). Creo que lo digital permite una oportunidad significativa de que cuanto hacemos alcance a otros y por eso es una herramienta que el escritor de hoy no debería desperdiciar. Con tantos medios al alcance, nadie puede quejarse de no poder llegar a los lectores, o en el caso de Discurso de Eva, a los oyentes.
  • ¿Qué significan tus tatuajes, sobre todo el símbolo cercano al hombro derecho?
  • Tengo varios tatuajes que reflejan mi pasión-obsesión por el mar, cada uno significa algo específico, en relación al símbolo que se representa: un ancla, una brújula; en el hombro derecho llevo un faro y un faro tiene que ver con la capacidad de dar luz, de ser luz y salvamento incluso en condiciones adversas, sin tener que convertir tal acto en un discurso; simplemente haciendo lo que toca. También llevo en mi cuerpo un tatuaje que es homenaje a Frida Kahlo —el impacto de Frida y su obra me acompañan desde la infancia, e incluso amigos muy cercanos me llaman así—. Asimismo las iniciales de Alberto Yarini, figura casi mítica en el imaginario popular y erótico cubano, una flor de loto que tiene que ver con la capacidad de nacer y renacer incluso en circunstancias adversas y un pequeño elefante, animal místico de gran sabiduría.
  • Por último, querida Barbarella, ¿algo más sucedió en aquel sueño sucio que alguna vez tuviste, bueno, que tuvo Mimí, con Woody Allen, verdad?
  • El sueño fue de Mimi, aunque podría haber sido mío, y no sé, debo preguntarle a ella, aunque sí, estoy como tú, segura de que sucedió mucho más.
Categorías
Canaimera

Javier Moro I Poeta de inasibles rebeldías

Conocí al poeta Javier Moro Hernández cuando ambos éramos párvulos estudiantes de la Universidad Autónoma Metropolitana, en Xochimilco, y al igual que varios aspirantes a escritores, emprendíamos inocente proyectos como el tener una revistita literaria o atrevernos a publicar nuestros primeros cuentos o poemas en algún distraído periódico de circulación nacional. O bien nos hallábamos siguiendo casi secretamente por los pasillos de la universidad a las “vacas sagradas” Héctor Manjarrez, René Avilés Fabila o Andrés de Luna, a ver si podíamos intercambiar tres ideas con ellos. Sin embargo,  Javier se distinguía del resto del rebaño porque entonces él ya no jugaba a ser el escritor-editor,  él ya era el escritor-editor y por ello no pocas veces se ganaba nuestras miradas turbias cuando irrumpía en las borracheras que organizábamos en algún departamento o cuartucho a los alrededores de la universidad. El joven Javier, de cabello crespo a la Aquileo, sonrisa franca, facha beatnik y el flow verborréico que enarbolan odiosamente los poetas, sobre todo cuando la hermosura de las mujeres está presente. Y decíamos:

  • Chin, ya llegó Moro. Ninguna nos va a hacer caso.
  • Pues es que además desde que trabaja para Herralde…
  • ¿Herralde, Herralde…el de…?
  • …sí, el de Anagrama.

El chisme se hacía leyenda. Cierta magia ha envuelto desde entonces la vida de Moro. A sus tiernos veinte años ya trabajaba para la icónica editorial Anagrama. Lo peor del caso es que, al platicar con él, indiscutiblemente te caía bien. Y entonces entendías la chispa de aquel muchacho, nacido en Colombia en 1976, aunque también mexicano por antonomasia; entendías que el asunto no era suerte, sino talento, tesón, trabajo y obsesión por el verso perfecto en su rebeldía. Viajero, aventurero, poeta, periodista, caminante incansable, resultó natural que pronto se alejara de terruños, grupos, personas y bohemias. Por años le perdí la pista, hasta que coincidimos en casa de Nahum Torres, director de Ediciones Periféricas, a raíz de la publicación de su poemario Generación perdida (Ediciones periféricas, 2021). Ya no somos párvulos, pero en las conversaciones rejuvenecemos y nos iluminamos, como pasa siempre con dos amigos que se reencuentran una y otra vez. La poesía de Moro es, como sucede con los rebeldes, casi inasible, pero algo de ella se ha podido imprimir. Además del citado libro, también ha publicado Mareas (Abismos 2013),  Selva Baja (Proyecto literal, 2018) y la novela Cocaína (Camelot América, México, 2018), aunque su trabajo se ha publicado en diversidad de antologías y revistas. Asimismo, es notable su trabajo como periodista cultural y entrevistador y en puertas viene un proyecto operístico. 

  • ¿Querido Javier, cómo fue tu transición de Colombia a México?
  • Llegué a la Cd. de México muy pequeño, muy niño, con cinco años. Llegué a vivir entre la colonia Peralvillo y Tlatelolco, que son los rumbos de infancia de mi padre. Una zona cercana al centro, que comparte y tiene una relación empática, cercana a Tepito. Una zona brava de la mega urbe, desordenada, gris, caótica, ruidosa de la urbe, que en los años setenta empezaba a desfondarse. Creo que llegué cuando la ciudad dejaba de ser la urbe semirrural de los cincuenta, sesentas para convertirse en la ciudad monstruo gobernada con mano corrupta por tipos como Durazo. Una ciudad con tragafuegos en las esquinas, una ciudad que era la escenografía perfecta de películas como Lagunilla mi barrio (barrio al que efectivamente iba desde muy pequeño, pegado a las faldas de mi madre, que ahora pienso estaba tan perdida y desorientada como yo) o de Los Panchitos. Llegué a una ciudad caótica, los últimos meses del gobierno de López Portillo. Creo que era el final de una época. Nací en Colombia, hijo de una madre que fue la primera universitaria en una familia de campesinos, sembradores de café en el Departamento (Estado) de Cundinamarca. Una zona de un verde lujurioso, como dirían algunos novelistas. Una zona con lluvias torrenciales, que alebrestan la humedad. Una zona con pequeñas pozas que se formaban en el verano. Una zona alejada del tumulto y del caos que era la Bogotá de mis recuerdos en esa época. Una zona de cielos azules profundos. El cambio fue brutal. Total. Supongo que ese fue uno de mis primeros quiebres, una de mis primeras fracturas.
  • ¿Qué densidad tiene Colombia en tu vida?
  • Por azares de la vida, dejé de viajar a Colombia a los nueve años. Seguía algunas noticias por televisión: La toma del Palacio de Justicia, los asesinatos de políticos, las tomas guerrilleras de las FARC, Pablo Escobar. Pero cada vez me alejaba más. Excepto cuando jugaba la selección de Colombia, del Pibe Valderrama, Rincón, Andrés Escobar. Muchos años después, a los veintinueve años, pude viajar, de regreso, impulsado por mi madre. Y ahí me cayó todo el peso de la nostalgia, de la tristeza, de las dudas. De ese azar que me cambió la vida, sin duda, pero que me dejó también la duda de quién podría haber sido yo si me hubiera quedado allá. A veces creo que en Colombia hay otro Javier, que tiene otra vida y otro nombre, que no es poeta, ni sufre como poeta. Tal vez algún día me lo encuentre en algún aeropuerto y lo reconozca. Pero sin duda, puedo decirte que allá están mis raíces y mis cimientos. El Javier que vive en México ama este país, y lo sufre, y lo reconoce como propio. Pero también me gusta pensar que hay que fluir, que el sentimiento de ser latinoamericano me viene dado por una suerte de azar que me permite conocer dos países, ser de dos países, amar a dos países, sufrir dos países.
  • ¿Qué densidad tiene México en tu vida?
  • Llegué a vivir a México muy pequeño. Empecé a recorrer el país muy pequeño, gracias al trabajo de mi padre. Conocí lugares, ciudades que siguen siendo muy importantes para mí, como Oaxaca, Taxco, Cuernavaca. Conocí pronto, gracias a que me gustaba jugar fútbol, la Ciudad de México, sus barrios, sus colonias, sus canchas. Desde pequeño me hice vago, o flâneur. Desde muy joven aprendí a amar esta ciudad, que nunca me ha dejado de sorprender, maravillar, asustar. Porque creo que nunca hay que perderle el miedo a esta ciudad, nunca hay que perderle el respeto a esta ciudad. Por supuesto, también gracias al trabajo de mi padre como guía de turistas, pude conocer el imponente pasado indígena y colonial. También, desde muy pequeño me hice un vicioso de la letra impresa. Leer fue, es, esencial para mí. Me gusta mucho leer historia, me gusta mucho poder conocer las diferentes historias regionales de este país que en muchos sentidos es muchos países a la vez. Me parece que conocer la historia nos permite conocer, entender mucho del presente que somos. Así que México también es parte esencial de mi ser. Pero aquí te contaré que después de ese viaje a Colombia que realicé a mis veintinueve años y que me reconcilió y me afianzó con mi pasado colombiano, regresé a México cuando el país iniciaba una mal llamada “guerra contra el narco”. Un error histórico. Y me asusté al ver las similitudes y los paralelismos de una política de represión que bañó al país de sangre. De ahí surge una línea de trabajo que he venido desarrollado a lo largo de estos años y que se vio cristalizado en el libro de Generación Perdida. Han sido años de mucho dolor en México que creo que desde la literatura había que intentar contar, narrar, cantar.
  • Aprovechando que ya la mencionaste, háblanos de tu reciente Generación perdida.
  • Generación Perdida es el resultado del miedo que sentí cuando regresé de la Colombia gobernada por Álvaro Uribe, en donde las autoridades, que deben ser los primeros en respetar la legalidad, cometían actos de desaparición forzada, como los llamados “falsos positivos” y la guerrilla, que decía combatir la crueldad de la oligarquía, se asociaba con el narco y secuestraba a mansalva. Cuando regreso a México, Felipe Calderón, que llegó a la Presidencia como todos sabemos, cuestionado por el fraude electoral del 2006, sacó el ejército a las calles para combatir al narco. Esa decisión me pareció desacertada y peligrosa. Conocemos el resultado, por desgracia. Así que desde hace varios años empecé a trabajar una serie de poesías que hablarán sobre el dolor de las víctimas, la tristeza, la violencia, las violaciones a los Derechos Humanos, la ignominia y el cinismo de las autoridades competentes. Fue un trabajo que se desarrolló durante varios años. Porque también me interesaba hacer un poemario que sirviera para hablar justo del paralelismo de la historia de México y de Colombia. Hay poemas, como Yermo, por ejemplo, que hablan del tema de desplazamiento forzado en Colombia, que escribí y trabajé después de leer sobre una comunidad de habitantes de un barrio de Ciudad Bolívar, una localidad de Bogotá. Estas personas llegaron desplazadas hasta esta zona alta, del páramo de Bogotá, en donde sopla un viento helado de los Andes. (Bogotá está a 3700 metros sobre el nivel del mar, el viento es helado y cala los huesos). Pero hasta esta comunidad precaria han llegado nuevos grupos de paramilitares a cobrarles cuota y a amenazarlos. Una de las frases que leí era justo ¿Y ahora para donde me voy? Si ya lo perdí todo. De ahí surge este poema. Pero este es un caso que podemos encontrar en Sinaloa o en Guerrero, con comunidades desplazadas por la violencia. Pero también hay poemas como Campos de Sorgo que abordan el tema de la violencia en el municipio de San Fernando, en donde asesinaron a los 72 migrantes. Es decir, quería abordar casos de violencia que sucedieron en diferentes partes del continente, para hacer un abanico de las violencias que nos cruzan. Por supuesto, no son todas, ni mucho menos. Por otro lado, había publicado el poema de Los Hipopótamos de Pablo Escobar en formato plaquette hace unos años, y el editor de Ediciones Periféricas consideró, con su buen ojo, que podría ser el poema que cerrara el libro, ya que es un poema irónico que nos muestra desde una perspectiva de los animales, esta violencia que nuestro continente sufre y sigue sufriendo.
  • ¿Has sentido vivir la diáspora?
  • Vivo con una nostalgia permanente, vivo con una sensación de división permanente. Una nostalgia que me asalta de vez en cuando por una Bogotá en la que viví poco y en la que no me siento del todo integrado cuando estoy allá. Alguien muy especial me dijo alguna vez que vivo con la nostalgia de lo que fui y de lo que pude ser. Sin embargo, creo que una de las venas que recorre mi vida y mi trabajo es el cuestionarlo todo, empezando por mí. Y en ese sentido, me he preguntado mucho qué significa tener una nacionalidad específica, y la historia nos enseña que en muchas ocasiones las nacionalidades han sido una construcción impuesta por una élite en un momento determinado. Y en ocasiones, me doy cuenta de que formo parte de una tradición de escritores colombianos, entre los que se encuentran Porfirio Barba Jacob, Fernando Vallejo que reniegan un tanto cuanto de su nacionalidad. Claro, a mí Colombia no me expulsó, sólo no me acoge del todo. Pero esa sensación también puede hacerse extensiva a México. Tal vez sea porque nunca estoy del todo en un solo lugar. Hace muchos años, una amiga de la universidad me dijo que le parecía fantasmal. Que aparecía y desaparecía. Creo que esa es una de mis esencias. No estar del todo nunca en un solo lugar. 
  • ¿Cuál es tu perspectiva de la literatura colombiana contemporánea?
  • La literatura colombiana está viviendo un momento muy interesante, pues vemos la consolidación de varias autoras, como Pilar Quintana, por ejemplo, reciente ganadora del Premio Alfaguara. O Piedad Bonett, que es una excelente poeta pero que también ya incursionó en la novela. Por supuesto, sabemos que los grandes premios y las grandes empresas no necesariamente nos hablan de la salud de una literatura como tal, pero creo que es un buen referente. Sin duda, el tema de la violencia pasada y presente también está muy presente. El tema de la soledad, la incomunicación, la incapacidad para entender y asimilarnos a una realidad sumamente violenta e intolerante. Colombia se está moviendo, desde mi perspectiva, a una sociedad más abierta al mundo, y eso nos les permite pretender formas menos violentas de convivencia. Pero lo cierto es que la historia reciente (60 años de guerra civil, con diferentes manifestaciones de paramilitarismo, guerrillas, bacrim, narcos puros, etcétera) marcan tanto la convivencia como a la misma literatura. Por otro lado, Colombia fue y sigue siendo un país de poetas. Por suerte, eso no ha cambiado. Se sigue escribiendo y publicando una poesía de enorme calidad. También existe una enorme cantidad de revistas y han surgido, poco a poco, editoriales independientes, que le dan vuelo a la producción literaria colombiana. Una de las cosas que lamento es no poder estar tan en contacto con la producción independiente colombiana.
  • Tú que tanto has participado con ellas ¿qué papel juegan las editoriales independientes en la literatura contemporánea latinoamericana?
  • La literatura latinoamericana es un océano amplio y profundo. Y en ese ecosistema las editoriales independientes son un eslabón necesario, indispensable para publicar, pero también (y esto es algo que me parece esencial recalcar) para dialogar con diferentes tradiciones literarias. América Latina fue durante las décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado (otra vez la historia) un epicentro del libro. Los autores se escribían entre ellos, se compartían sus libros, los periódicos publicaban columnas de autores que residían en las diferentes capitales del continente. Había un diálogo intenso. Basta recordar que Cien años de Soledad se escribió en la Ciudad de México y se publicó en Buenos Aires, para darnos una idea de la cantidad de ideas, versos, párrafos que viajaban por los servicios postales del continente. Eso cambió a partir de la década de los años ochenta, cuando Barcelona se convirtió en el epicentro del libro latinoamericano. Los ojos de los lectores se fueron hacia el mediterráneo y las crisis económicas de los países latinoamericanos provocaron el cierre o la compra de varias editoriales míticas. Algunas, pocas, sobrevivieron. Pero poco a poco surgieron nuevos proyectos editoriales, tal vez más modestos, pero con una visión independiente, contestataria, radical, que se agradece. Las editoriales cartoneras son un gran ejemplo. Pero no son las únicas. En los últimos diez, quince años, el número de editoriales independientes en Ecuador, Chile, Perú, Colombia, Argentina (que me parece que es un país que se cocina aparte) han crecido de manera exponencial. Estas editoriales han revitalizado el diálogo entre autores y tradiciones literarias. Han revitalizado el intercambio entre las diferentes voces. Creo que en el ecosistema latinoamericano las editoriales independientes son la savia que lo nutre.
  • ¿Está devorando España al ámbito editorial, y por ende literario, de Latinoamérica?
  • Por desgracia para el gran mercado, sí. Muchos lectores, y eso seguramente los amigos editores lo podrán decir mejor que yo, se quedan en la gran superficie de las editoriales españolas o de los dos grandes grupos editoriales. Claro, la lectura es una disciplina y una práctica. Pero requiere tiempo y disciplina (y dinero y en muchas ocasiones, consejos) para llegar a bucear en otras áreas, en otras playas, en otros niveles. Ahí, por desgracia, la labor de los medios de comunicación juega un papel esencial. Pero desde hace muchos años, la relación entre grandes editoriales y medios es simbiótico. Hay que buscar en otros lugares para encontrar coordenadas. Esto a veces no es sencillo. Pero sí, creo que Barcelona y Madrid, son ahora los centros de la literatura de América latina y en muchos sentidos, el diálogo y la circulación pasa por ellos. Lo cuál es muy triste y eso es algo que debería cambiar, sobre todo tomando en cuenta los cambios en las formas y vías de comunicación que ahora tenemos, como por ejemplo, las redes sociales y el Internet, que deberían ser vehículos para que los autores y los lectores latinoamericanos nos pudiéramos conectar y compartir información, libros, ideas.
  • ¿Qué significa para ti la entrevista como género?
  • Para mí la entrevista me permite entrar de lleno a la labor de los artesanos de la palabra, significa poder conocer a profundidad la labor del artista, del escritor. Me ha permitido dialogar sobre sus motivaciones, sus obsesiones, sus temas, pero al mismo tiempo, sobre la fineza del trabajo del escritor. Soy muy curioso, desde pequeño, eso ayuda, pero también te puedo confesar que aluna vez entrevistando a Laura Restrepo me dijo es “que tú eres escritor, tus preguntas son de escritor.” Intento aprender, todo el tiempo. Otra amiga que respeto mucho también me dio un consejo que consideró esencial para la labor de periodista, porque me dijo que el entrevistador debe ponerse en el papel de los lectores, de las personas que no sabemos mucho del oficio. El entrevistador juega el papel del curioso, del que quiere aprender, del que desconoce el oficio de la escritura. La entrevista es uno de los géneros que más disfrutó porque conlleva dos cosas esenciales en mi vida: la lectura y la conversación.
  • ¿Qué densidad tiene en ti la narcocultura?
  • La narco cultura es un fenómeno que creo que hay que ver, observar, entender. Es un fenómeno complejo y difícil de asir, que depende mucho de orgullos regionales, de visiones, de formas de comprender el mundo, de las mismas historias complejas de las zonas en donde se ha desarrollado primordialmente este negocio. Que son históricamente regiones olvidadas o alejados por el Estado. No creo que mi poesía entre dentro de lo que se podría considerar “narco cultura” pero sí creo que aborda el tema de la violencia generada por el narcotráfico. Buscó que mi poesía sirva como documento histórico, como una visión del dolor, más que como una apología y creo que está ahí la diferencia. Recientemente estuve en Sinaloa un par de veces, y pude constatar la presencia ineludible del narcotráfico en la vida cotidiana de Culiacán y de Mazatlán. No es algo agradable, debo decir, pero es algo que está ahí, que no puede ser ignorado. Y que hay que entender, porque sin duda, apela a algo que las personas piensan y sienten. Pero no, sin duda, la “narco cultura” no es algo que tenga tanta presencia en mi obra.
  • ¿Cuál es tu perspectiva de la literatura mexicana contemporánea?
  • La literatura mexicana está viva y es sumamente diversa. Eso me parece muy alentador. Es un campo cultural complejo, que se desarrolla en varias capas, en varios niveles, con diferencias regionales, culturales, que la hace sumamente interesante. Por mi lado poético te puedo decir que, desde hace unos años, he logrado observar que se viene desarrollando una actividad poética independiente muy rica y compleja, como son los campos del Slam Poetry, la Poesía transdisciplinaria, en donde participan una serie de poetas como Karloz Atl, Cynthia Franco, Rojo Córdova, y un largo etcétera que me parece injusto no mencionar. Una literatura que además también pasa por una amplia gama de editoriales independientes, en donde debo mencionar a mi editorial, Ediciones Periféricas, como un ejemplo de trabajo serio, constante, para dar cabida a nuevas voces literarias, que van ampliando el campo literario. La literatura mexicana es, además, una literatura que se enriquece con las voces de los escritores de lenguas originarias, que recuperan y actualizan su cosmovisión. Me declaró aquí fan de poetas como Mardonio Carballo, Irma Pineda, y el largo etcétera de poetas de lenguas originarias que se van abriendo camino. Pero también la literatura mexicana se enriquece por la cantidad de proyectos independientes, que luchan todos los días: festivales, encuentros, revistas, fanzines, que nos dan cuenta de una diversidad enorme. Y por supuesto, tenemos a la literatura llamada mainstream, que también es una literatura muy valiosa, muy diversa, rica, que aborda cada vez más lo temas de la violencia de género, la violencia del narcotráfico, entre otros muchos temas contemporáneos, que nos dan cuenta de una sociedad también diversa, compleja. En fin, creo que la literatura mexicana continúa viva y sana.
  • Viene un proyecto operístico en puerta, querido Moro. ¿Puedes hacernos un proemio, digamos, una obertura, al respecto?
  • No puedo hablar mucho del tema por contrato y por cábala. (Recuerda que jugué fútbol muchos años.) Solo puedo adelantarte que desde hace un tiempo un amigo compositor de música de cámara ha estado trabajando con los poemas de mi libro Generación Perdida. Y eso para mí es una hermosa y grata sorpresa. Espero que en breve pueda tener más noticias. Seguro serás el primero en saberlo, querido amigo.
  • ¿Cómo eso de que fuiste (eres) futbolista y en qué momento el poeta ganó el partido?
  • Desde pequeño disfruté el juego, y tuve la suerte de que en la primaria salesiana en donde estudié, el deporte era más importante que el estudio. Jugar fútbol me permitió viajar y conocer algunas ciudades del país a los doce años. De ahí, un compañero y amigo, me invitó a jugar en las fuerzas básicas de un equipo odiado por todos. Jugué ahí, entrenaba de martes a viernes y jugaba sábado o domingo. Pero mis padres no me podían acompañar todos los días a entrenar. Mi madre pasaba por mí, llevaba la comida y el uniforme en el Datsun que manejaba y me dejaba en el metro Hidalgo. De ahí tomaba el metro hasta General Anaya y de ahí una pesera hasta Coapa para entrenarme. Esa fue mi rutina hasta los 17 años. De hecho, conocía la zona sur de la ciudad mucho antes de que entrara a la UAM. Una más de las hermosas coincidencias de la vida. Pero digamos, que viajar todos los días desde muy pequeño en metro, hizo que me enamorará más de esta ciudad loca en la que vivo. Y además me permitía leer. Desde muy pequeño he leído y he amado caminar, viajar, perderme en la ciudad. Guillermo Fadanelli lo dice mejor que yo en un ensayo que me marcó, en el que menciona que perderse en la ciudad es perderse un poco uno mismo. Y sin duda, mi carácter soñador se nutrió de esos viajes por el trasporte público de la CdMx. Y de ahí surgió y nació el poeta también. Dejé el fútbol, que aunque me encantaba, ya no me satisfacía del todo. Fue una decisión penosa, sobre todo para mi padre, que no veía futuro en las letras (ahora lo entiende y me roba libros), y fue cuando decidí que tenía que entrar a estudiar algo que me ayudara a escribir. Trato de ir al estadio, aunque ya no le voy al equipo que todos odian sino al equipo universitario que juega en el estadio más bello de la ciudad, que es el Olímpico universitario.
  • ¿Ha valido la pena la rebeldía, Moro?
  • La rebeldía siempre vale la pena. El mundo avanza gracias a la rebeldía. Y si no, que le pregunten a Eva y a los Ophitas.
  • ¿Cuál es tu perspectiva de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Creo que, al igual que la literatura mexicana, la literatura que se realiza en diferentes partes de nuestro subcontinente es una literatura muy diversa y compleja, que continúa enfrascada en sus propias luchas y disputas en contra de sus propias tradiciones. La literatura argentina es brutal, diversa. La literatura chilena está enfrascada ahora en la generación de grandes narradores, mientras sigue generando enormes poetas. La literatura peruana está en un momento similar, ya que es un país de enormes y talentosos poetas, pero también están creciendo narradores que nos cuentan de la terrible desigualdad histórica de su país y tratan de abordar la violencia generada en el siglo pasado por Sendero Luminoso y por la dictadura de Fujimori. Ecuador tiene enormes cuentistas; Colombia tiene ahora enormes narradores y una tradición poética profunda. De Venezuela conozco poco, lo mismo que de Bolivia, pero hay una tradición intensa en los dos países. Y Centroamérica y el Caribe son dos regiones que sorprenden por la diversidad de voces, tanto narrativas como poéticas que surgen y que podemos conocer. Cuba sigue siendo impresionante. Amó el Caribe y creo que de esa mezcla afro- indígena-española- occidental, surgen unas obras impresionantes.
  • ¿Sirven las becas y los premios en la vida de un escritor?
  • Sirven. Yo nunca he pedido una. He desarrollado mi carrera por fuera de las becas y los apoyos. Es difícil, sí, pero también creo que el Estado tiene una obligación por apoyar la creación artística. Así que, por supuesto, que creo que el sistema cultural mexicano debe existir, debe fortalecerse, debe cambiar algunas prácticas patrimonialistas (como muchas instituciones en el país), debe volverse más diverso, pero también debe ser manejado por fuera de ideologías.
  • ¿Qué significo para ti tan joven trabajar con Herralde y su Anagrama?
  • Muchísimo. Aunque debo aclarar que a Herralde lo conocí años después de que yo salí de trabajar en Colofón, que era la distribuidora de Anagrama en México en esos años. Y lo conocí en el Bombay, adonde lo llevaron Guillermo Fadanelli y Carlos Martínez Rentería, para un homenaje de la contracultura mexicana en pleno. Es un caballero, es un señor que conoce y ama la literatura, pero que también ama las ideas, ama entender los cambios culturales que sufre el mundo. Por supuesto que conocía Anagrama antes de entrar a Colofón. Es una editorial que marcó mis gustos, mis ideas, mis apetencias literarias. No sé qué sería de mí sin los Beatniks, sin John Kennedy Toole, pero también sin Nabokov, sin Michel Houellebecq. La segunda vez que vi a Herralde fue en el recital de poesía que organizaron los hermanos Arreola con el autor francés en Casa del Lago. Se acordó de mí. Herralde tiene una memoria impresionante. Es un editor que transformó el mundo editorial, y Anagrama es una editorial puntual. Trabajar ahí, unos pocos meses, debo contarte, además, me permitió conocer a autores mexicanos como Rentería, Fadanelli, Rogelio Villarreal. Es decir, a la crema y nata de la contracultura mexicana. Autores igualmente rebeldes y crudos, que abrieron para mí, joven universitario, que quería escribir pero que no conocía nada del mundo literario real contemporáneo, toda una serie de posibilidades, de opciones de vida, que, de algunas, muchas maneras, sigo profesando.
  • ¿Soplan de verdad Vientos del pueblo o vivimos puros baños de pueblo? O bien ¿qué papel ha desempeñado el Estado como editor?
  • Creo que el Estado tiene una obligación como promotor de la cultura, de la literatura, de las artes. Creo que el Estado mexicano ha cumplido hasta cierto punto con esta labor. Lo cumplió durante la segunda mitad del siglo XX con una labor editorial poderosa. En algunos momentos tratando de controlar ideológicamente la producción literaria (la salida de Orfila del FCE por la publicación de Los Hijos de Sánchez, es un ejemplo). En otros momentos apoyando a alguna capilla cultural sobre otras. Pero sin duda, el papel que jugó el Estado en la producción cultural fue esencial para que nuestro país fuera un epicentro.  Por supuesto, esto cambio desde finales del siglo XX (la era neoliberal, dirían por ahí) y el Estado se ha ido replegando, dejando en manos privadas la producción editorial y cultural. El problema, creo, es que mientras el Estado apoyaba la producción no apoyaba la creación de públicos lectores y consumidores. O por lo menos, no lo hacía de una manera tan entusiasta. Por lo tanto, las editoriales, los escritores, los poetas, nos enfrentamos a un escenario, en donde se produce, se edita, se publica mucho, pero no se consume con igual intensidad. Aún así, México es un país importante para la cadena de distribución y producción del libro de grandes empresas. Por algo será. Pero creo que el punto esencial de tu pregunta es, como dije anteriormente, que estos apoyos culturales deberán hacerse desde una visión despojada de ideologías. Es decir, que se apoyará a partir de la calidad de la obra y no por el apoyo a determinado proyecto político. Por supuesto, esto sería lo “ideal.”
  • ¿Qué pregunta le haría el Moro periodista al Moro poeta y qué respondería este último?
  • Me preguntaría sobre el valor del arte, de la literatura, en un momento tan crítico para el país y para el mundo. Y mi respuesta como poeta sería que, sin duda, la poesía no vale, no le importa a nadie, pero el gozo estético, el placer estético, no tiene un valor monetario y por eso son más importantes aún. Porque lo que vale en la vida no pesa, no se vende, se goza, se disfruta. Y eso, sigue siendo rebelde.
  • ¿Quiénes son los salvajes de ciudad Aka?
  • Los Salvajes de Ciudad Aka fue/es un colectivo de poesía multimedia, que se encuentra en estado letárgico, aunque a veces aparece, de acuerdo con nuestros deseos de golpear a las audiencias con poesía. Es un colectivo que conformamos el poeta y artista visual Carlos Ramírez Aka Kobra (uamero, como debe de ser) y un servidor. Empezamos a trabajar junto a otros colectivos de poesía hacia el año 2010, más o menos. Publicamos una plaquete que tiene el nombre del colectivo y otra en formato virtual y que lleva por título “Una palabra con nombre bala”. De muchas maneras, mi libro Generación Perdida es deudor de mi trabajo en el colectivo. Carlos es de Neza/Chimalhuacán y cruzaba la ciudad para llegar a la UAM – Xochimilco, algo que yo también hice cuando estudiaba, porque yo vivía en la Peralvillo. ¿Qué era lo que nos unía? Las enormes distancias de esta CdMx loca y enloquecedora, en donde se podía vivir la violencia o lo surrealista a la vuelta de la esquina. Platicamos mucho, fuimos compañeros de departamentos durante un tiempo en el mismo edificio en donde vivieron William Burroughs y Jack Kerouac en la Colonia Roma (casualidades hermosas de la vida) y plateamos que los temas que nos cruzaban eran esos: la violencia, la ciudad, el surrealismo, la vida en los barrios de la ciudad. Así surgió el colectivo, y trabajábamos los poemas para que fueran leídos en vivo acompañados con música electrónica y hip hop y vídeos. Durante un tiempo giramos por la ciudad y el Estado de México, acompañados por el Dj Tenoch40. Estuvimos en Morelos también. Varios años nos dedicamos a organizar eventos de poesía multimedia. Fue muy divertido y aleccionador. Sin un solo recurso, sin un solo peso, completamente autogestivo. Fue nuestra propia escena punk.
  • Por último, querido Moro, ¿qué sería de todos nosotros si fuéramos los hipopótamos de Escobar?
  • Me gusta pensar en los hipopótamos como seres libres, que no se doblan ante el poder, que les gusta viajar, que viven alejados de los seres humanos. Animales de piel gruesa, pero corazón débil, de apariencia tierna, pero en el fondo salvajes y violentos.
El poeta Javier Moro, los editores María Amor (Librosampleados) y Nahum Torres (Ediciones Periféricas), una invitada y el titular de esta columna, en alguna cantina canaimera
Categorías
Canaimera

Yana Lucila Lema Otavalo I La filigrana de la luz oscura

¿Qué será más dilatado en ésta nuestra canaimera latinoamericana, nuestras profusas, profundas lenguas originarias o el diario desdén que hacemos de ellas? Vivimos nuestros mestizajes más como una negación, que como una pluriculturalidad, y lo hacemos mediante una estrategia hasta ahora invencible: el desconocimiento del otro. Mediante este desconocimiento, destinamos a nuestros pares al olvido, a la inexistencia. Ya lo hemos apuntado en otros textos: la tara de Latinoamérica es su profundo afán por la ignorancia. Y aunque en buena parte tienen responsabilidad nuestros irresponsables gobiernos, no podemos descargar en ellos la culpa entera. O bien ¿quién de su propio corazón podrá esconderse? El quechua es una de las lenguas que con mayor luz brillaron en los imperios prehispánicos sudamericanos. Aquel lustre, aunque manchado por la sangre y el oprobio, se mantuvo y se ha mantenido refulgente, y en su contemporaneidad, se alza desde la diversidad de lenguas que emanaron del origen común. En esta diversidad hallamos hoy al kichwa, una de las variantes ecuatorianas del quechua, librando sus propias batallas y haciéndolo mediante sus mejores capitanes: los escritores. Y he aquí que encontramos en la primera línea de fuego, a la periodista, narradora, poeta, videasta y traductora Yana Lucila Lema Otavalo (Peguche, 1974), cuyo sólo nombre en sí parece ya un verso escrito en semánticas fantásticas. La filigrana de su poesía debería considerarse ya fundamental en la literatura mundial contemporánea. Su fuerza, su mística, su magia son innegables más allá de las lenguas y las fronteras de las patrias. Yana ha defendido, desde la creación literaria, el orgullo de ser y escribir en kichwa, y en su búsqueda está alcanzado latitudes creativas que le hacen volar como kuntur divino. Yana actualmente es docente en la Universidad de las Artes del Ecuador. Ha ganado varios premios entre los que destacan el Premio Nacional “Rumiñahui de Oro” de cuento infantil, el de mejor video de Medicina Tradicional en el Festival de Cine y Vídeo de la Primeras Naciones de Abya Yala y recientemente el de “Mujeres del Bicentenario 2020” de Guayaquil. Su obra ha sido antologada y publicada en diversos países, sobre todo en Latinoamérica.

  • ¿Querida Yana, cómo sientes tú que Latinoamérica percibe a sus literaturas en lenguas originarias?
  • Bueno, los que la han podido percibir creo que se asombran, que la valoran de alguna forma; en el mejor de los casos creo que les genera curiosidad para seguir investigando más de nuestras lenguas y culturas, y eso ya es un punto ganado porque nos falta conocernos para respetarnos. Eso los que la conocen, más bien creo que en Latinoamérica hay un gran desconocimiento sobre el tema, desde los estados, las instituciones educativas, la sociedad en general y es grave tomando en cuenta que somos estados plurinacionales y multilingües. Por otro lado,  aún se considera literatura, o literatura de buena calidad a la escrita en lenguas hegemónicas; nuestra literatura es vista como palabra menor, así como se ha cuestionado el valor literario de nuestras lenguas, se cuestiona si lo que nosotros escribimos es literatura. Mientras exista este desconocimiento no podrá haber un diálogo de saberes, de epistemes, de literaturas, por lo tanto no habrán sociedades dignas para todos.
  • Regálanos un panorama de la tradición literaria kichwa.
  • Si hablamos de literatura, es decir de la palabra escrita te diría que esta ha caminado de la mano con las luchas del movimiento indígena ecuatoriano y latinoamericano. Viene de las largas caminatas para decir a los estados que aquí estamos, esto somos y esta es nuestra existencia. La palabra literaria ha acompañado desde los 80 este proceso, inicialmente con breves poemas en castellano, luego aprendimos a escribir el kichwa y la hemos usado.  También se ha recopilado de forma escrita de la tradición oral, se han realizado traducciones de las demandas de los pueblos y nacionalidades, etcétera. En este espacio va floreciendo el mishkishimi o palabra dulce. Entonces en nuestra historia literaria esta mezclada con las consignas por la tierra, la cultura y la lengua. De ahí se ha diversificado paulatinamente tanto en temáticas como en forma, hemos auto abierto espacios para dar a conocer nuestra palabra tanto dentro como fuera de las comunidades. Ahora incluso la podemos encontrar en las comunidades virtuales. Hay poetas de la década de los 80, 90 como Aurora Chinlle, Ariruma Kowi, y muchos otros, pero hoy en día hay por lo menos una decena de poetas kichwas, especialmente mujeres, que están hablando de otros temas, como el de las mujeres, de los liderazgos, del amor, la migración. Creo yo que los que hemos caminado antes hemos abierto un sendero, hay quienes lo siguen y eso es bueno para la literatura kichwa.
  • ¿Cuál sería tu diagnóstico de la literatura kichwa contemporánea?
  • Yo diría que aún es escasa, que no aún no podemos hablar de un movimiento literario kichwa, pero me alegra decir que creo que hay una nueva generación de jóvenes interesados en la palabra escrita, especialmente en la poesía que creo que le da un aliento fresco, le da nuevas perspectivas a la misma; entonces ésta se vivifica, se recrea y tiene las preocupaciones y sueños de cada generación, y eso es bueno. Pero creo que aún falta mucho por hacer como investigar sobre los recursos estilísticos y filosóficos de nuestra lengua para así enriquecer nuestros versos. Creo que la literatura aporta enormemente al uso y dignificación de la lengua, que en todos lados tiene menos hablantes, entonces creo que nuestra nueva palabra seguirá su lucha para terminar con la ausencia nuestra en la historia literaria de Ecuador.
  • ¿Qué opinas del feminismo en la literatura latinoamericana actual?
  • Durante todo el proceso de lucha del movimiento indígena nos aliamos con los movimientos sindicales, ecologistas, feministas, jóvenes, LGBTI, así que hemos estado de cerca con los planteamientos del feminismo latinoamericano, luego ya más aterrizado en la situación de las mujeres latinoamericanas, en su diversidad, no basado solamente en el feminismo del norte. De ahí que creo que la presencia de por ejemplo Sor Juana Inés de la Cruz, en México, como Zoila Ugarte, en el Ecuador, y otras escritoras mujeres que han impugnado lo establecido ha sido de gran aporte para la literatura. Sin embargo mi visión está más apegada al feminismo comunitario que se sustenta en los espacios de comunidad sean urbanas o rurales, y desde ahí escribo. Creo que lejos de repetir discursos feministas globales debemos en nuestro discurso literario hablar de lo que significa para nosotras la lucha por los derechos de la mujer, no porque seamos iguales a los hombres, sino porque como seres humanos tenemos la misma valía. Es decir, tenemos los mismos derechos, pero no somos iguales, somos complementarios. Hay que hacerles entender eso a los hombres. En cuento a la literatura kichwa está naciendo desde ciertas mujeres una literatura feminista también.
  • ¿Existe relación entre los escritores de las diversas variantes del quechua?
  • Sí, en el Ecuador hemos hecho como gestoras culturales un trabajo de convocarnos de juntarnos entre poetas de diversos pueblos, no solo kichwa, sino también con las Shuar, Tsa´chila, escritoras afroecuatorianas, y mestizas también. Hemos realizado recitales, encuentros, talleres, festivales y antologías en bilingüe (lengua materna-castellano). Ha sido más de una década de este trabajo de compartir espacios abiertos por nosotras mismas, desde luego hay quienes han preferido caminar solas o solos, eso también es muy respetable.
  • ¿Existe relación con escritores de otras lenguas originarias de nuestro continente o incluso con la de otras latitudes?
  • Sí, creo que las escritoras de mi generación hemos logrado primero conocernos, mantener esos lazos de colaboración y de diálogo, no constante pero si continuo a lo largo del tiempo, eso nos ha permitido fortalecer y solidarizarnos en nuestras luchas locales, y que al mismo tiempo éstas se vuelvan regionales o internacionales. Mediante la presencia del multiculturalismo en el internet también ha sido posible estar presente en espacios de otros continentes para representar a nuestros pueblos y hacer escuchar nuestras lenguas.
  • ¿Qué significa para ti ser escritora de una lengua originaria?
  • Primero significa hacer lo que me gusta hacer, porque la escritura es una necesidad personal, íntima, que se vuelve política en la medida que soy parte de un pueblo con un proceso histórico que todos sabemos cómo sucedió, y que podemos aportar desde la palabra en nuestra lengua para que estos pueblos tengan continuidad.
  • ¿Tiene algún significado para ti como metáfora el Tawantinsuyo?
  • Creo que así como en el Tawantinsuyu estuvieron varios pueblos involucrados, ahora hay redes de pueblos que buscan reivindicación y que buscan los mismos sueños de una vida digna, es decir, se ha dado desde ya hace muchos años una globalización de otra manera, redes de apoyo donde culturas se están juntando espiritual y muchas veces físicamente para hablar de un proyecto común, creo que esa metáfora del gran encuentro se está dando, quizá no como reconstruir el Tawantinsuyu, pero si en reavivarnos como pueblos en toda Abya Yala.
  • ¿Qué escritoras y escritores en lenguas originarias te parecen determinantes en el devenir literario de Latinoamérica?
  • Bueno creo que hay muchas que me parecen imprescindibles. En México están Natalio Hernández, Ruperta Bautista, Irma Pineda, Huber Martínez, Mikeas Sánchez, entre otras; del Wallmapu Rayen Killen, Isabel Lara, Graciela Huinao; en Colombia Hugo Jamioy, Estercilia Simancas, Fredy Chicangana; en Perú Pablo Landeo, Fredy Roncalla, Chaska Ninahuaman. Hay muchos más que se me olvidan, y que no sólo los nombro por ser poetas sino porque tienen un activismo político, literario, artístico conocido y valorado.
  • ¿Qué densidad tiene para ti la literatura quechua prehispánica?
  • Muy importante, recordemos que hemos tenido que repensar, de construir la palabra literatura para darle un significado más amplio y acorde a nuestra realidad como pueblos ancestrales. Porque nuestras formas de escritura eran diversas, desde las cerámica, los textiles, la simbología que hay en diferentes soportes, esas visualidades que ya no sabemos leer bien pero que están y son formas estéticas, formas comunicativas, de registro, más la tradición oral-mito-poética tan profunda y diversa que tenemos yo diría que muy rica, por eso hoy podemos saber sobre nuestra historia, sobre nuestros ancestros. Por eso, esta palabra nueva tiene sus raíces en esa palabra antigua, solo así es posible la riqueza y el aporte que hacemos a la literatura universal.
  • ¿Cuál consideras que es el papel que juegan los escritores de los pueblos originarios en la literatura contemporánea Latinoamericana?
  • Creo que el papel de levantar la voz, de llevar a los espacios mundiales nuestras lenguas y sonoridades, de auto representarnos y representar a nuestros pueblos y dar a conocer su realidad. Somos como embajadores de nuestras culturas en el mundo porque la palabra que manejamos es parte de un colectivo, así lo escribas individualmente es parte de vivencias y experiencias colectivas, incluso con los seres y energías sagradas con los que convivimos aunque a simple vista no los podamos ver. Nuestro papel es político y artístico.
  • ¿Existe una probabilidad de reconciliación verdadera entre los diversos pueblos que conforman nuestra sociedad o estamos fracturados por siempre: ¿pueblos originarios de un lado, mestizos del otro, españoles por aquí, negros más allá, etcétera?
  • Creo que hay una posibilidad de conocernos y mirarnos de frente, en la medida en que todos los pueblos conozcan, respeten y valoren las diferentes lenguas y maneras de vivir. Eso que llamamos interculturalidad, que es un espacio donde todas las culturas tienen una identidad fuerte y por lo tanto se relacionan entre sí en igualdad de condiciones, mientras no exista eso no hay probabilidad. Y creo que todos debemos trabajar para eso, no es solo responsabilidad de los pueblos originarios, nosotros hacemos nuestra parte, falta mucho de parte de otros actores.
  • ¿A qué problemática te enfrentas como traductora del kichwua al español?
  • Me gusta la traducción. Creo que es un puente para poder conocernos no sólo con el otro no indígena, sino con el otro indígena, que son los otros pueblos de Abya Yala. Sin embargo, esta no es una tarea fácil, las lenguas manejan diferentes estructuras y sentidos, cada una tiene sus características. Trasladar un texto que puede tener varios discursos a la vez, como sucede muy seguido con las lenguas originarias, es difícil trasladarlo al castellano por ejemplo, muchas veces el sentido no tiene la misma profundidad que en la lengua de origen. En este caso es una negociación entre significados para expresar en una lengua lo más fielmente posible lo que se dice en la otra.
  • ¿Cuál es tu perspectiva de las editoriales latinoamericanas, sobre todo las independientes, frente al emporio mercantil español que domina nuestros mercados literarios?
  • Creo que en los mercados literarios españoles no tenemos ninguna cabida, que todo el trabajo editorial que se ha hecho en materia de literatura en lenguas indígenas se lo debemos a editoriales latinoamericanas y sobre todo las editoriales independientes, que tienen otra visión, también la de vender, pero entienden la trascendencia del libro, de las lenguas, más que nada de la labor social que deberían tener todas las editoriales. Al mercado global no le interesa más que vender lo que se considera literatura desde las hegemonías, así que nos toca buscar otras redes solidarias.
  • ¿Qué te ha llevado a ser videasta?
  • Me gusta lo visual, sea en movimiento o la fotografía, mi mente funciona en planos, al mirar algo ya pienso en que plano sería mejor, en los colores en las formas, en que eso que veo sería importante que otros lo vean. Eso se combina muy bien cuando escribo, creo. Son mis formas de expresión favoritas.
  • ¿Qué le dicen los apus a Yana?
  • Que pregunta más difícil. Me han dicho muchas cosas, desde cosas muy personales hasta cosas más colectivas o generales. Lo cierto es que cuando veo que algo está perdido, sé que ellos están ahí para darme fuerza, samay, aliento de vida.
  • ¿Ayudan las lenguas originarias a brindar una nueva perspectiva (en cuanto a técnica y estructura)  y frescura creativa ante la anquilosada tradición europeizante que no pocas veces acecha a la literatura hispanoamericana?
  • Desde luego, nuestra palabra es palabra de la tierra, del agua, de las montañas, del fuego, de eso que ahora occidente ya no se detiene a ver, a escuchar, entonces nuestra palabra tiene esperanza de no rendirnos frente a la vida, de seguir luchando, de tener, como dice mi padre, un propósito en la vida. 
  • Puedo notar que la musicalidad de tus poemas en kichwua se mantienen en sus versiones españolas ¿te traduces a ti misma o escribes dos veces el mismo poema?
  • Para mí el ritmo que debe tener un poema es casi lo primordial, no importa en qué lengua la escriba, igualmente tiene que tener ritmo y musicalidad, sin embargo trabajar esa musicalidad en los dos idiomas es una tarea que lleva tiempo. Al igual que aprendí los dos idiomas simultáneamente de niña, me refiero al kichwa y al español, así mismo mi orden de escritura es diverso. Muchas veces escribo primero en kichwa, pero otras primero en español. Entonces yo diría que más que traducción es una interpretación, y trabajo los dos textos independientemente, para que tenga su sentido y musicalidad, aunque su sentido sea, o quiera ser el mismo.
  • Por último, querida Yana, ¿qué o quién es ese colibrí negro que tanto buscan tu corazón, tus manos y tus ojos?
  • El colibrí negro es real vive, o viene cerca de mi casa, como son mensajeros de los seres queridos, luego de que murió mi madre cuando le vi en un árbol pedí que le lleve su canto tierno a mi madre.
Categorías
Canaimera

Omar Ortiz Forero I El cantor en el incendio

Al mediar el mes de agosto del año en curso, me encontré con los poetas Erik González y Francisco Trejo, de Paserios Ediciones, en San Miguel Cañadas, pueblo trepado en lo más alto de la Sierra de Tepotzotlán. Durante la tarde llegaron al restaurante de mi padre; el cielo azul se iluminaba por los destellos del sol en declive: signo de la calidez que se deparaba, pues junto a González y Trejo, venía también el poeta Omar Ortiz Forero, bogotano de nacimiento, pero de corazón tulueño. Fue una sorpresa grata. Con anterioridad había leído la obra del maestro Ortiz Forero y su pluma me había parecido siempre de las más iluminadas de su generación. Iluminada por ese misticismo que sólo se adquiere si viene uno del campo, del pueblo, de la provincia. Ortiz Forero, luego de estrechar con firmeza mi mano, extendió, como carta de presentación (por lo demás, innecesaria), su más reciente poemario Pequeña historia de mi país (Letra a Letra, 2021). Algo de tristeza se vislumbraba en los ojos del poeta y no era para menos, Colombia estaba, como ahora, ardiendo. Los versos del libro que me obsequiaba también reflejaban esa desolación, pero como la poesía no puede fracasar, también prometían esperanza. Aquella tarde platicamos igual que si fuéramos viejos amigos, en parte azuzados por el mezcal que llevaban González y Trejo para mediar timideces, mismas que nunca, por fortuna, llegaron. Algo he de recrear en esta entrevista de aquel diálogo crepuscular. Omar Ortiz Forero, Premio Nacional de Poesía por la Universidad de Antioquia, se desempeña como profesor en la Universidad Central del Valle de Tuluá (UCEVA). Estudió abogacía (porque no le quedó de otra), pero ha sido reconocido por su labor en la gestoría cultural de su región. Prolijo es en premios y libros. Dirige la legendaria revista Luna nueva, que ya cuenta los treinta y tres años de vida. Su obra ha sido publicada en diversos países de Latinoamérica, así como en España y Francia.

  • ¿Maestro, qué significa su Pequeña historia…para un gran país como lo es Colombia?
  • La Historia, así con H mayúscula, está hecha de pequeños o grandes episodios, con h minúscula, que van determinando el rumbo de un individuo o de una colectividad, para sus logros o para sus fracasos, para su grandeza o su miseria. En el caso de Colombia, como de buena parte de nuestra América, estos episodios los generan unas élites que solo miran hacia sus beneficios particulares. Por ello, al propiciar dichos hechos, los mismos, siempre ocasionan un desmedro abusivo y arbitrario sobre los intereses del colectivo que dirigen y que ellos, desde su cinismo sinvergüenza, llaman “nuestro país” o “nuestra patria”. El “país” o la “patria”, de ellos, claro.
  • ¿Por qué está ardiendo Colombia, maestro?
  • Porque desde la aparición del narcotráfico, las organizaciones criminales que se lucran con estos dineros, han logrado hacerse con la dirección del Estado, por medio de cadenas de contratistas que reemplazaron a los partidos políticos y que instauraron un régimen de corrupción sin precedentes en la historia del país. Esta situación, más la llegada de la pandemia, ha profundizado de manera inclemente las desigualdades económicas y sociales de los colombianos y ha generado un clima de violencia sistemática, dirigida desde el Estado, contra las organizaciones políticas y sociales que trabajan por mejorar las condiciones de vida de por lo menos el 80% de la nación. Hay que tener en cuenta que en estos momentos la población desplazada en Colombia llega a por lo menos, siete millones de habitantes y las víctimas de violencias de todo tipo en los últimos 50 años de conflicto se calculan en más de un millón de homicidios, por lo menos 170 desapariciones forzadas y más de diez mil víctimas de torturas. Con este panorama, se puede hacer usted una idea de las condiciones de resentimiento y rabia, que nutren cotidianamente a la sociedad colombiana. 
  • ¿Cuál ha sido el papel de los escritores en los recientes disturbios sociales de su país?
  • En general, son voces solidarias con los que luchan por mejorar, desde sus trabajos comunitarios, las condiciones de vida de los colombianos. Voces de denuncia a los atropellos por parte del Estado contra la pobrecía. Por eso los sindican desde el gobierno como enemigos y los castigan negándoles la posibilidad de representar al país en diferentes eventos internacionales, ya que, desde el Ministerio de Relaciones, o Cancillería, se habla de que dicha representación debe de estar encomendada a “escritores neutrales”
  • ¿Qué significa ser poeta, hoy, en Colombia?
  • Dignificar la palabra por medio de una poética que sea en verdad verbo y carne del hombre y la mujer colombianos, víctimas de ultraje y la barbarie.
  • ¿Cuál es su visión de la literatura contemporánea latinoamericana?
  • Me gustan voces como la de la mexicana Valeria Luiselli, las argentinas Mariana Enríquez y Samanta Schweblin, del peruano Fernando Iweasaki, del chileno Pedro Lemebel, del brasileño Rubem Fonseca, de la colombo-uruguaya Fernanda Trías, de los colombianos Pedro Badràn, Felipe Agudelo, Daniel Ferreira, Daniel Ángel, Cristian Valencia, Paul Brito, Adelaida Fernández, para citar algunos, sin desmerecer los muchos que he leído con atención y gusto.
  • ¿Qué prevalece entre los escritores actuales de Latinoamérica: un diálogo o un silencio?
  • A pesar de que las redes sociales hacen posible que las noticias sobre Encuentros de Escritores y eventos literarios en general se publiciten y las palabras de muchos de quienes participan en los mentados eventos tengan una inmejorable tribuna, creo que un verdadero diálogo entre escritores del continente no existe desde que las editoriales, los manager y los representantes literarios, hablan por ellos o, lo que es peor, establecen lo que es literariamente correcto decir o callar.
  • ¿Qué significa para usted la rebeldía?
  • Básicamente lo que plantea Camus en El hombre rebelde (1951) que la misma debe ser un accionar constante frente a la defensa de la libertad y la justicia. En este sentido me declaro en conflicto permanente contra todo autoritarismo venga de donde viniere.
  • ¿Entonces es usted un rebelde?
  • Visto desde los enunciados anteriores, sí. Este es un mundo que cada vez recurre con mayor intensidad a la manipulación de nuestras conciencias, pretendiendo anular la imaginación, la fantasía y el pensamiento crítico, en búsqueda de un unanimismo aterrador que tiene su expresión final y totalitaria en el triunfo del algoritmo.
  • ¿De qué manera la violencia ha determinado la estética de la poesía latinoamericana contemporánea?
  • Desde los inicios de nuestra vida republicana, cuando las gestas libertadoras iniciaron el extrañamiento colonial de España, los conflictos propiciados por las élites han caracterizado nuestro devenir político. Desde el Río Bravo hasta el Río de la Plata, se han minimizado el valor y la importancia de nutridos sectores de nuestra población, indios, negros, mestizos, mulatos, en la conformación y puesta en marcha de nuestras pretendidas democracias, lo que ha contribuido a un permanente enfrentamiento entre el Estado y sus gobernados. Esta situación marca de alguna manera toda la historia de nuestra creación literaria, aún en momentos que pareciera discurrir hacia otras orillas más tranquilas.
  • ¿Cuál considera usted que es la importancia de la gestoría cultural sobre todo en las ciudades de provincia?
  • Partamos que es la provincia la verdadera alma de una nación, y así, desde esa perspectiva podemos decir que es desde allí que surgen las verdaderas necesidades de proteger y desarrollar una gestión que, desde la diversidad y la multiplicidad de miradas y propuestas culturales, afiance e impulse el compromiso de sus individuos con el sentir de una tradición y con el enriquecimiento de la misma para avanzar hacia una verdadera cultura colectiva y universal.
  • Platíquenos de esa aventura llamada Luna Nueva.
  • Luna Nueva, es una bella aventura que nació en 1987 y que se mantiene en su intención de difundir y enaltecer la obra de poetas y ensayistas de la órbita latinoamericana. Son ya 34 años de acoger en sus páginas a poetas de renombre, pero también a nuevas voces que tienen desde allí la oportunidad de publicar una nutrida muestra de su obra para el beneplácito de nuestros lectores.
  • ¿Podrá algún día cumplirse el sueño bolivariano?
  • No lo creo, y ese válido sueño para el momento en que fue visualizado, en los tiempos que corren puede convertirse en una atroz pesadilla.
  • ¿Qué densidad tienen en su vida Tuluá?
  • Tuluá, es una ciudad con todas las comodidades de una ciudad contemporánea, pero sin ninguno de sus defectos mayores, y lo más importante donde sus habitantes somos dueños de nuestro tiempo y de nuestras siestas. Lo que ya es una manera humana de vivir.
  • En su Declaración de principios habla de “perturbar almas y desorientar espíritus” ¿cuál es su clave para ejercer dichas potencias?
  • Tener siempre la convicción de que el poder envilece y actuar en consecuencia.
  • Durante nuestra conversación en Tepotzotlán, casi que empezamos a hacer una radiografía de los poetas colombianos y salió a relucir el nombre de Raúl Gómez Jattin, a quien usted parece conocer bien. No quiero dejar pasar la ocasión de que nos hable de ese vate al que el olvido quiere arrastrar a sus lares:
  • Me interesa la obra de Gómez Jattin que no gira en base a su insania mental. Me parece que su calidad poética está dada por los poemas que hablan del Valle del Sinú, que fue su tierra adoptiva, o por los poemas que exaltan la infancia, la amistad, o los que hacen un desolador retrato de sus padecimientos y angustias, que en últimas son los mismos de buena parte de sus conciudadanos. Y me gusta sobre manera que las nuevas generaciones lo lean y lo valoren por su verdadera trascendencia.
  • ¿Latinoamérica se olvida de sus poetas, maestro?
  • Latinoamérica se olvida de todo, mi querido Juan. Nuestra memoria de gallina, al decir de Cepeda Samudio, es una constante cultural del Continente. Pero curiosamente con la poesía hay un resurgir de la oralidad y la oralidad es memoria, así que esa es otra de nuestra grandes y actuales paradojas.
  • Por último, maestro, ¿cómo impedir que sigan traficando con nuestros cuerpos y envenenando nuestras emociones?
  • Yo no tengo la formula, pero cuando veo a la muchachada en la calle, vociferando y reclamando por los derechos de todos, cantando, bailando y poniéndole color e imaginación al frío asfalto, me digo, “no llores, todavía hay tiempo para la poesía.»
En San Miguel Cañadas. Los poetas Erik González y Francisco Trejo, detrás del maestro Omar Ortiz Forero.
Categorías
Canaimera

Paula Castiglioni I La América Pistolera

Bien dicen que las apariencias engañan. Sobre todo en los duelos a muerte. Tras de esa mirada verdidulce, tras de esa terneza de su casi infantil rostro, la escritora Paula Castiglioni resguarda una contemplación cruda de su entorno, una mirada pistolera que repasa temas específicos germinados en el terror, y ello, por si fuera poco, lo traduce en una furibunda, tremenda, violenta prosa, devastadora prosa, que camina bajo el sol con sombrilla rosada, pero con una escuadra de cromo, oro y alacranes ceñida al talle.  Entrevistadora,  periodista, guionista, “ratita tipeadora”, pero sobre todo una mujer volcada a la escritura de manera profesional, Paula Castiglioni (Buenos Aires, 1984) ganó en el pandémico año del 2020 el Premio Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano, que otorga la Universidad Autónoma del Estado de México, con su narco¿romántica?novela Pistoleros (Uaemex, 2020), misma que fue elogiada por escritores de la talla del legendario Gerardo de la Torre. Por la densidad de sus letras, se adivina que el camino creativo de Castiglioni no ha sido fácil; que desconoce el privilegio de los méritos regalados, y lo suyo es un sendero abierto con el pico lento pero eficaz del trabajo, ése mismo que se hace desde de la base, desde el barrio. Quizá por eso su obra se hace tan cercana, tan familiar, tan natural. Y por ello, me atrevo un tanto a profetizar que muy pronto Paula se convertirá en una escritora consentida de los lectores. Una escritora a lo sumo popular. Esperemos que así sea.

  • Querida Paula, hoy, después del premio y la publicación del libro, ¿qué densidad comienza a tener en tu vida Pistoleros?
  • Imaginate que mi primera novela la escribí a los 13 años junto a Lucila, una amiga. Y después vinieron más historias que no salieron a la luz. Obviamente fui evolucionando en la escritura durante todo este tiempo. Pistoleros tiene en mi vida una densidad inmensa, hizo posible que se me cumpliera un gran sueño: publicar un libro. Y encima, con el reconocimiento de una institución prestigiosa como la Universidad Autónoma del Estado de México.
  • ¿Qué significa una joven escritora argentina escribiendo sobre narcotráfico, un tema más bien presente en la literatura mexicana y colombiana?
  • No puedo ver la dimensión a nivel Argentina, ya que el libro todavía no se publicó acá. En eso estamos, pronto habrá novedades. Sí puedo decirte que en mi país hay grandes escritoras de novela negra, amo las historias de María Inés Krimer, y la primera novela de Dolores Reyes, Cometierra, simplemente es perfecta. En mi caso, decidí escribir sobre narcotráfico porque es una problemática que afecta a todas las capas sociales y es un tema que vengo trabajando hace años como periodista. Además, soy lectora de narcoliteratura mexicana y colombiana. En Argentina sí hay narconovelas, como Cruz, de Nicolás Ferraro; Rojo Sangre, de Rafael Bielsa; Si me querés, quereme transa, de Cristian Alarcón, o No hay risas en el cielo, de Ariel Urquiza. Pero ninguna profundizó en el costado romántico. Creo que ahí Pistoleros marca una diferencia. Ni mejor ni peor, es otra forma de narrar.
  • ¿De qué va Pistoleros?
  • Es la historia de una ex esclava sexual que lucha por liberarse de un mundo regido por la violencia y la droga. Anita es rescatada de una red de trata durante un operativo policial cuando tenía 15 años y tiempo después, se pone de novia con un hombre hermoso, millonario… y narco. Nada es perfecto. Pensaba estar en medio de un cuento de hadas pero las cosas se ponen bien feas cuando el tipo se violenta.
  • ¿Cómo fue el proceso de escritura de este libro?
  • Yo venía de escribir un drama paranormal que fue bochado de todo concurso y editorial. Por cortos segundos pensé en dejar la escritura. Digo cortos segundos porque es un vicio y realmente lo necesito para estar de buen humor. Así que mientras estaba escribiendo otra novela con tintes religiosos, mi maestro, Enzo Maqueira, me dijo que tenía pasta para el género romántico. Entonces le pregunté si seguía con esa novela o me metía con una narcorromántica. Y me alentó por la segunda opción. Empecé a interiorizarme en el género negro, me di cuenta de que yo ya era fan de autoras como Ingrid Noll, Natsuo Kirino y Gillian Flynn. Enzo me recomendó a escritores argentinos y definitivamente Ernesto Mallo me voló la cabeza con su saga del comisario Lascano. En paralelo, empecé a estudiar estructuras narrativas y diagramé toda la historia. Y después fue largarse a escribir. Me ayudó mucho para encontrar el tono releer a Manuel Puig y Alejandro López. También sumé a Juan Sbarra, a quien no conocía y me enamoré.
  • ¿De qué sirven los premios literarios?
  • Muchos autores logran ser publicados por su buen manejo de redes sociales. Otros, vienen de semilleros como los talleres literarios y hacen su camino por esa vía. En mi caso, soy un queso con las redes y solo fui a un taller cuando tenía 14 años y no duré mucho, había gente grande. Después ya empecé a trabajar y a estudiar. Y el trabajo como periodista no tiene horarios fijos, imposible quedar con un taller. Fui probando con clases particulares y luego de una larga búsqueda, di con Enzo Maqueira hace unos años. Fue un salto cuántico en la escritura, sigo aprendiendo muchísimo de él. Volviendo a la pregunta, ¿para qué sirven los premios? Es la única opción de publicar para muchos que no venimos del palo literario, que no tenemos contactos y apenas nos conoce nuestra madre.
  • Por cierto que en México se criticó cierta cláusula donde la Universidad Autónoma del Estado de México se quedaba con la propiedad intelectual en su aspecto de derecho patrimonial de la obra,¿cuál es tu opinión y tu vivencia al respecto?
  • Hay que saber leer las bases de los concursos, a veces son muy ambiguas. Hacia la Universidad Autónoma del Estado de México solo tengo palabras de agradecimiento. Gente muy profesional y cálida. Insisto: si no fuera por este premio, quizá nunca me habrían publicado ni estaríamos charlando nosotros ahora. Sí creo que es importante asesorarse jurídicamente a la hora de firmar un documento, siempre lo hago, casi una manía o quizá, prudencia.
  • ¿Será que Pistoleros te ha acercado más al ámbito literario mexicano que al argentino?
  • No me veo parte de un ámbito literario, soy muy nueva en esto. Sí he tenido acercamientos muy bonitos a escritores mexicanos por esto del premio. A Orfa Alarcón la conocía porque la había entrevistado por Loba. Fue tan dulce y generosa que me hizo un prólogo precioso para el libro y también me acompañó en una presentación. Después conocí a la grossa de Eve Gil, una persona brillante y encantadora, amo sus libros y también su fortaleza. También entablé amistad con autores hombres como Oswaldo García, autor de Adicción a ver muertos y Mauricio Neblina, que me regaló La marca del mexicano y pronto leeré. En cuanto a autores argentinos, fuera de mi maestro, Enzo Maqueira, soy amiga de una escritora que amo y admiro, Silvia Arazi, y he tenido muy lindos intercambios con mis entrevistados. Cuando sos fan de un escritor y te das cuenta de que es tan genial como sus obras, es un flash.
  • ¿Quién es Anita y qué tanto tiene de Paula?
  • Anita es un personaje totalmente ficticio. Tomé el apodo que se puso una menor de edad que fue esclava sexual, la conocí por una nota que lamentablemente nunca pudimos emitir en mi trabajo. Esta niña y mi personaje solo comparten que fueron víctimas de una red de trata. ¿Anita Briansky tiene algo de mí? Quizá, todos los personajes quizá tengan algo de mí, después de todo el autor mismo les da el soplo de vida. Anita ama la música ochentosa, como yo. Ama comer. Es soñadora. Y sobre todo, luchadora. Puede estar con el alma desgarrada, pero se levanta y sigue peleando por sus objetivos.
  • ¿La violencia determina la estética de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Creo que la literatura latinoamericana contemporánea es muy amplia en estilos y géneros. Claro que a la hora de tocar temáticas sociales duras, no tenemos más remedio que meternos en la violencia. Dolores Reyes en Cometierra habla de los femicidios, pero de forma muy poética, la violencia está bajo cada línea pero no de forma brutal y explícita. Pero otro autor que amo, Juan Carrá, muestra de una manera cruda el submundo de las poblaciones vulnerables en No permitas que mi sangre se derrame. Hay escritores que cuentan historias que me tocan el alma y no se meten en lo policial. Mi amiga Silvia Arazi te hace llorar, tiene una sensibilidad única a la hora de explorar la esencia humana. La separación es una joya.
  • ¿Has usado alguna vez un arma de fuego?
  • No me gustan las armas de fuego, me parecen feas, poco estéticas. Tengo amigos que por cuestión de seguridad, ya que vivieron experiencias horribles, debieron aprender a disparar. Los respeto. Pero en general, la gente que lo hace por diversión me da asco. Como los que practican la caza mal llamada deportiva. Sí me gustan las armas blancas, sobre todo las japonesas. En casa tenemos varias, para mí son todas katanas pero mi marido sí sabe distinguirlas. ¿Por qué mis personajes usan pistolas? Porque no es verosímil que un delincuente hoy se maneje exclusivamente con armas blancas. Imaginate, sale un narco con la katana y el enemigo le pega un tiro en la frente. No va. Es competencia desleal.
  • ¿Has matado a alguien?
  • No, por suerte nunca he llegado a un instante en que era mi vida o la del otro. Justifico la defensa personal. Pero en caso de llegar a esa situación límite, creo que tendría todas las de perder. No sé manejar un arma y mis conocimientos de artes marciales son un chiste. ¿Pensé alguna vez en matar a alguien? Miles de veces, como una fantasía imposible de cumplir. Cuando en primaria me hacían bullying porque era estudiosa, porque leía, porque se les daba la gana, quería escribir una historia llamada La chica que no aguantó más. La protagonista usaba un cuchillo de cocina y teñía las paredes con sangre. Menos mal que nunca tuve los poderes de Carrie. Después, ya de grande, soñaba que un jefe muy maltratador se resbalaba por las escaleras y se desnucaba. Entonces, cada vez que venía y me gritaba, yo pensaba en esa escena y me calmaba. Con el tiempo aprendí a disipar esos pensamientos, son negativos y solo te hacen mal. Perdonar tiene una función muy terapéutica y te permite avanzar sin anclarte en el pasado.
  • ¿Qué significa, en la actualidad, ser escritora en Argentina?
  • No sabría qué decirte, a fin de año recién me publicarían acá y ahí veré qué significa. Solo conozco a un escritor que vive de la escritura, Patricio Sturlese, autor de bestsellers góticos. Después, muchos tienen otros empleos fuera de la escritura: dan talleres y clínicas, son editores, periodistas, abogados, profesores. Uno de los exponentes de la novela negra en mi país, Kike Ferrari, trabaja en los subterráneos. Las profesiones son muy dispares. La mayoría tiene en común que debe valerse de otro trabajo para poder comer. Incluso autores traducidos a diez idiomas.
  • ¿Cuál es tu visión de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Mi visión es muy acotada, no soy académica. Como lectora tampoco puedo formular una respuesta muy amplia. He leído autores argentinos, chilenos, mexicanos, uruguayos, colombianos, cubanos… pero por ejemplo, no tengo idea de la literatura en Bolivia, Venezuela, Ecuador, Honduras. Sería injusto que te diera una opinión sin conocer más.
  • ¿Porqué te consideras una mujer dañada y de qué manera es que la escritura te ha sanado?
  • Me gustaría conocer a alguna persona que nunca haya sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Hombre o mujer. Cuando profundizo en charlas con amigos o compañeros de trabajo, siempre saltan esas heridas que cuestan cicatrizar. Son temas que uno también trata en terapia, acá no te toman por loco si lo hacés. Por algo Argentina tiene la mayor concentración de psicólogos. Hay 202 por cada 100.000 habitantes. ¡Y todos tienen trabajo! La escritura me ayuda para hacer catarsis. De hecho, cuando escribí Pistoleros tenía mucha violencia contenida. Así salió esta novela romántica que chorrea sangre.
  • ¿Qué vicios y virtudes consideras que contiene la literatura feminista en la Latinoamérica contemporánea?
  • La verdad que yo leo solo libros que me gustan, salvo que por trabajo me vea obligada a terminarlos. No te puedo hablar de vicios y virtudes con esta visión acotada. Una novela que me encantó fue Las aventuras de la China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara. Me pareció genial que recreara la historia de la mujer de Martín Fierro, no quiero dar spoilers. Su narración está llena de música y color. A ver, es literatura. Si la queremos encasillar como feminista, ok. Pero creo que este libro en particular va más allá de las etiquetas.
  • ¿Te consideras una escritora feminista?
  • Pistoleros tiene su costado feminista, soy una autora escribiendo en determinado contexto histórico y social y me veo atravesada por este movimiento. Además, tengo cierta fijación contra la injusticia. Me pone loca. ¿Soy una escritora feminista? A mí me gusta contar historias. Apoyo que se luche por los derechos de las mujeres, me pone feliz que mis sobrinas vivan en un mundo en que no se naturalice el acoso, el abuso, que te levanten la mano. Hoy podés denunciar el maltrato, antes te trataban de loca, de débil. Pero esta no es la única causa que apoyo. Estoy en contra de la precarización laboral, del trabajo infantil, del hambre, de la corrupción, del maltrato animal. Y con todo esto podés contar historias.
  • ¿Cuál es tu visión del narcotráfico latinoamericano, sobre todo en la escritura?
  • En Latinoamérica la violencia narco está muy a flor de piel porque sos país productor o bien, país de paso. Y no hablamos de una industria legal, con todo en orden. Son organizaciones transnacionales que se disputan los territorios y extienden sus tentáculos hasta las fuerzas de seguridad, la justicia y la política. Yo, que soy de clase media, me veo quizá impactada por el deterioro del tejido social que producen las drogas, y esto se ve reflejado en problemas como la inseguridad. Pero hay gente que lo siente en la carne, más que nada personas de barrios vulnerables. Lugares donde hay mucha falta de estado y el narco se aprovecha. Usan a chicos como soldaditos, campanas o correo. Tenés abuelitas que venden pasta base desde una ventana, porque con la jubilación no les alcanza. Madres con bebés en brazos que esconden la droga en los pañales. Jóvenes sin esperanza que abrazan el camino fácil. Esto quizá sea lo más visible, lo que te cuentan las noticias. Después tenés aquellos supuestos casos aislados como cocinas de cocaína en barrio privados, narcos hiperbuscados que viven como señores de clase alta y caen porque no pueden renunciar del todo a su identidad. La literatura latinoamericana refleja estas realidades.
  • ¿Crees que existe un diálogo entre los escritores latinoamericanos contemporáneos?
  • Sí, existe un diálogo a través de intercambio de lecturas y también a nivel personal. La tecnología permite que se desarrollen amistades a pesar de la distancia, podés contarte confidencias con una autora o autor a miles de kilómetros  y que no conocés en persona. Podés intercambiarte libros electrónicos, porque quizá en tu país no publicaron a ese escritor. Es muy interesante cómo internet va borrando las fronteras, esto se intensificó por la pandemia.
  • ¿Qué es el amor para Paula Castiglioni?
  • El amor es el motor de la vida. Y ante la falta de amor, nace la injusticia. La palabra amor para mí está muy ligada a Dios. Y no hablo de Dios a nivel religión, no soy practicante de nada, no quiero que me encasille la fe. El amor marca la diferencia, el amor te indica que no hay casualidades, sino causalidades, y que detrás de este sentimiento mágico hay una inteligencia superior.
  • ¿Has amado a alguien?
  • Sí, el amor tiene muchas formas. No hablo griego, pero sé que utilizan diferentes palabras según la relación. Amo a mi marido, que es mi compañero, amigo, amante y cable a tierra. Amo a mi familia, tanto de sangre como política, porque me adoptaron desde un principio. Y amo a mis amigos, que son hermanos que me regaló la vida.
  • Tú que has sido entrevistadora, ¿qué piensas de la entrevista como género literario?
  • Creo que hay todo un arte en entrevistar. Cuando estudiaba periodismo, era mi materia favorita. La entrevista es básica para cualquier nota periodística, incluso cuando es en off. En mi caso, también la utilizo para investigar antes de escribir ficción. Debés indagar en el alma de tu fuente, buscar aquel elemento mágico que nadie encontró y que marque una diferencia en tu trabajo. Me pongo feliz cuando el entrevistado se sale del speech y se muestra tal cual es.
  • ¿Te gustan los corridos norteños?
  • No soy experta, pero he escuchado algunos. Los conocí por el documental “Narco cultura”. Después empecé a buscar más por Youtube. La narcocultura no solo se ve reflejada en la literatura, también en el arte plástico y la música. En Argentina no suele haber canciones dedicadas a capos narcos. Quizá el tema más reconocido es “Me matan, Limón”, de los Redonditos de Ricota, sobre la muerte de Pablo Escobar. La cumbia villera sí habla más del tema, toca el consumo, el narcomenudeo, el rápido ascenso social de algunos y la lucha por el territorio.
  • En ese sentido, y para terminar la entrevista, si se hiciera un corrido o un narcocorrido de Paula Castiglioni,¿qué se contaría en él? Puedes hacernos un corrido tuyo, si quieres.
  • Soy muy mala para componer canciones, ni me animo jaja. Cada uno a lo suyo. ¡Me daría miedo que se componga un narcocorrido sobre mí! Quizá podría hablar de una chica con cara de buena y que escribía historias que ni vivió. Hablaba mucho de sangre y pistolas, pero nunca se animó a matar. La tapa del disco tranquilamente podría ser una Hello Kitty con cara de psicópata y un cuchillo en el muñón.
Yo cuando no estoy escribiendo, estoy muy rompebolas”, dice Paula  Castiglioni | Maremoto Maristain
Categorías
Canaimera

Aliba Ayam Soid ed Nauj I La Serpiente y el Manzano

En 1980, incluido en su Música para camaleones, Truman Capote nos regaló un singular texto al que intituló “Vueltas nocturnas o experiencias sexuales de dos gemelos siameses”, ni más ni menos que su entrevista cumbre (por así decirlo), pues Truman dialogaba con Capote. No sé porqué lo menciono, quizá sólo por conjurar los espejos de los que está repleto el mundo. Y porque algo de mí mismo reconozco, aunque no del todo, en el escritor egipcio Aliba Ayam Soid ed Nauj (Zabbaleen, ¿?), a quien me une un entrañable lazo por haberme permitido traducir al castellano su más reciente obra. Perteneciente a la comunidad copta, Aliba Ayam es hijo de padre egipcio y madre mexicana, razón por la cual, reside en nuestro país desde hace un par de años y ha decidido publicar aquí su novela, La Serpiente y el Manzano, de reciente aparición en la editorial mexicana Paserios. No obstante, sus primeras publicaciones las hizo en su país, en diversas revistas literarias, pero sobre todo en el periódico Al-Ahram de El Cairo, donde por más de una década cubrió los principales hallazgos arqueológicos, que como sabemos, son profusos en Egipto. En sus correrías, se hizo muy cercano al afamado arqueólogo Zahi Hawass, quien le permitió acceder a diversos textos antiguos, entre  los que se hallaba un texto nahaseno llamado el Evangelio del amor que le sirvió de base para facturar el libro que hoy publica en México. Aliba Ayam vivió una temporada entre los tuareg, de quien aprendió lo que sabe de la poesía, y se dice ser el producto de la imaginación de otro loco y así ha recorrido, afirma él, los caminos imaginarios que a ese loco se le han estado vedados. Sus cuentos se han traducido al esloveno, al francés, al inglés y al español. Recientemente participó en la Antología de Microrrelatos Esotéricos publicada por la editorial colombiana Avatares. 

  • Estimado Aliba, ¿a qué le tiene miedo?
  • A sapos verdaderos en jardines imaginarios.
  • Pensaría, por la lectura de su obra, que al amor…
  • …por eso, a sapos verdaderos en jardines imaginarios.
  • Sin embargo, ¿por qué habríamos de temer al amor?
  • Porque es un demonio feral que no merecería nuestra atención, ni nuestros cantos, pero ya ves que yo mismo he dicho: aquí va uno más. El fin más común del amor es el dolor y el fracaso. Todos mis fracasos en el amor los tengo merecidos por no haber sido un buen hombre, aunque tenía la plena conciencia de que debía serlo. Hay veces en que la inconsciencia o la ignorancia nos exculpan en parte de nuestros hechos terribles. Yo ni siquiera lo hice amparado bajo estas dos circunstancias. He sido un ladrón y he sido robado. Todo mi dolor es justo pero de todos modos duele y a pesar de mi culpabilidad, quisiera que el dolor cesara. El mundo no es lo bastante grande para huir.
  • ¿Ha sido cruel?
  • Sin duda. La crueldad me domina. Además, he pretendido ser muy rencoroso y he querido nunca olvidar una ofensa grave. Ante la mujer que amé he fracasado. Siempre se me dijo que no perdonara la traición ni siquiera en el lecho de muerte, menos aún después de muerto. Pero no he conseguido ser un hombre de palabra. Mi amante sí. Me ha olvidado. Pero ella no es cruel.
  •  ¿Es usted sincero?
  • Por supuesto que sí. Soy una persona sumamente sincera para expresar mis sentimientos y opiniones, así como para conducirme conforme a éstos, por eso sé mentir con cierta maestría. Soy escritor. Nunca nadie debería enamorarse de un escritor. Todos los escritores somos mentirosos. Y porque te digo la verdad es que esto mismo es una gran mentira. Debes creerme. Un buen lector lo sabría. Desde hace tiempo aspiro a construir una vida cuya lógica se sustente en la mentira.
  • ¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
  • Venganza
  • ¿Y la más peligrosa?
  • Vida.
  • ¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
  • Claro que sí, pero me conformé con amarla hasta la eternidad y no se me ocurre un mejor castigo.
  • ¿Cuáles son sus vicios principales?
  • El placer… la madre de todos los vicios. En el placer se concentra el peligroso éxtasis de Ícaro volando siempre más alto pese a las advertencias de su padre. Pero el momento culminante es tan extraordinario en su goce que se abandona a las llamas del sol, a pesar de llevar sus alas unidas con cera. El placer es acaso el vicio fulminante al que nos entregamos como las bestias hedonistas que somos desde el inicio de los tiempos. Por supuesto, sus formas son infinitas, pero sus fines, como ya lo he señalado, son, sin lugar a dudas, el sufrimiento, tanto aquel que infringimos como el que nos infringen. Puesto que el placer es abandono, quedamos expuestos y a merced de personas (o de hedonistas) más crueles que nosotros mismos. El placer nos llena de soberbia, puesto que alimenta la parte más egoísta de nuestro ser, por ello nos es indiferente, en medio del gozo, romper a nuestros semejantes. Quizá por ello dios parece no perdonar a los devotos de la sensualidad, de los placeres y del pecado. Pero por ello mismo dios ha de comparecer por el placer que siente al rompernos.
  • Háblenos de La Serpiente y el Manzano.
  • La Serpiente y el Manzano nació siendo un profundo libro de amor. Hoy, por lo menos para mí, es una tumba. Hubiese querido nunca escribirlo. He comprendido el dolor de Apolo en la persecución que hace de Daphne. La más hermosa, la más inteligente entre las mujeres. Pero Apolo, incluso cuando es un dios, o más bien, sobre todo porque es un dios, el dios solar, se frustra porque no puede alcanzarla. Por más que corra tras de esa carne que anhela, el espíritu femenino le será inasible, en cuanto que ella le odia, en cuanto que ella lo repulsa. Y Apolo se duele, pues comprende que si no se hubiese conducido como un dios, y se hubiera en cambio comportado como un hombre, Daphne quizá no habría huido. ¿Y qué sucede al final? El padre fantasma de Daphne la salva, la arrebata del dios y le convierte en esa fronda divina llamada Laurel. Y debajo de esa fronda, Apolo recuerda el origen de su desventura: quiso ponerse a jugar con el amor y Eros lo ha herido irremediablemente.
  • ¿Es por ello La Serpiente y el Manzano un canto erótico?
  • Al contrario, es, al final, un canto de libertad. O más bien, del deseo de libertad como una esperanza ante el yugo del amor, o de cualquier amo cruel de similar talante. Quien escribió este libro —quizá un sublimación mía, un alter ego—, es una serpiente venenosa y de lengua bífida. La serpiente que pretende dominar en el manzano celestial. Si imaginásemos cómo sería la comunicación con una lengua bífida, tendríamos un lenguaje que no marcara nunca una sola dirección de sentido, sino que lo aparentemente contrapuesto aparecería siempre en una tensa armonía. El Deseo y la Razón; el apetito corporal y la intuición mística; el Paraíso y el Infierno; el Bien y el Mal, conceptos y pulsiones que encarnaban antes antinomias fundamentales, serían, como en la música o en la danza, acaso contrapuntos para sostener una variación de ritmos y movimientos. Serían, después de todo, los elementos básicos del deleite y el éxtasis, del sufrimiento y la dicha. Quizá ese lenguaje bífido no es una posibilidad, sino el recuerdo nostálgico de un origen borrado o trizado en fragmentos apenas legibles. En esta obra, he querido ser el restaurador de esa arcaica lengua, cuya expresión de las pasiones humanas parece estar a medio camino entre el dominio animal y el divino. Porque en todo caso, qué otra cosa es el lenguaje si no una especie de esfinge o minotauro, un ser híbrido, el resultado de una permanente comunión entre cuerpos e imaginarios deseantes.
  • ¿Ha resultado fundamental su estancia con los tuareg en la concepción de La Serpiente y el Manzano?
  • Yo pienso que sí. En cuanto ellos son, como algunos pueblos más, los salvajes guardianes de la memoria poética del mundo antiguo y el mundo antiguo determina aún hoy en día a las geografías de mi tierra natal. Y determina, en esencia, a La Serpiente y el Manzano. El llamado medio oriente aún vive el eco pútrido de Babilonia y del gran Kemet, de Persia y Jerusalén, de ptolomeos y seleucidas, de Cleopatra y de Jesús, en fin, que hay una detención del tiempo y el espacio. Y eso le hace un sitio atrayente y aberrante a la vez. Un sitio que devora momias cual si se tratase de salmos. Con los tuareg hallé los restos de Salomón, tanto como de Rumi o Ibn Arabi. Pero incluso algo más primitivo, el dulce canto de los leones. Y fue entonces que me enamoré de una leona y nos hicimos trizas, porque ¿de qué otra manera podrían amar los leones sino es desgarrándose en cada caricia? Y a favor de ella debo decir que, en cuanto nos encontramos en el desierto, me advirtió que el dolor sería el único final para nuestro amorío y al no hacerle caso, acabé molido entre sus garras cuando pretendió hacerme el amor. Dicen los tuareg que quien fallece de un inmenso amor se merece un inmenso olvido. A mí me parece que el olvido es una inmensa soledad y el principio de la locura. Uno de los más grandes príncipes tuareg, Mussag ag-Amastán, quien murió de amor incestuoso por su prima, la más bella entre las bellas, Dassina ult-Yemma, dijo antes de sucumbir: a aquel que se pone la cuerda al cuello, Dios le dará a alguien que tire de ella”. Y voy a terminar como Omar Khayyam, quien según cantos egiptanos del Camarón de la Isla, alcanzó a decir a su bella amada (causa de guerras y suicidios), antes de desfallecer en el dolor profundo: “eres el triste palacio donde cien príncipes soñaron con la gloria, donde cien príncipes soñaron con el amor y terminaron llorando”. Por cierto, dice la tradición que Khayyam, al concluir este canto, se cortó la lengua y la enterró en las raíces de un laurel. Otra vez Apolo traicionado.
  • ¿Por qué venir a México y publicar aquí esta obra que tienen tanto que ver con su Egipto natal?
  •  Mi madre es mexicana. Ese ya es una razón de peso. Pero lo más seguro es que en Egipto no hubiera sido fácil publicar este libro. Además, allá el ambiente literario está muy enrarecido. No basta con ser escritor, sino que debe un incursionar como relacionista público, caballero de banquetes, salamero profesional, cortesano, político, además de que se tiene que ostentar un trabajo en alguna dependencia de gobierno o bien en algún periódico, o revista o colectivo cultural o, de menos, en una editorial o tener un propia, siquiera. Si uno no está relacionado en Egipto, es como si uno estuviera muerto. Se pueden ganar premios, publicar, realizar un trabajo cultural, pero si no se está relacionado de nada sirve. Además, no es fácil que se acepte, en ese mundo hermético, en esa casi secta de escritores, a alguien que venga con una voz experimental, o tratar asunto ajenos a los temas que más gustan en los círculos culturales: la violencia, la guerra, la emancipación de la mujer, o, en caso contrario, lo más folclorista de nuestra cultura, porque todos estos temas le encantan a nuestros amos europeos, y al final ellos son quienes deciden qué y cómo se publica, en tanto que son los dueños hegemónicos del mercado editorial y en cuanto se tiene como una regla de mi país que si no se triunfa en Francia, Alemania, Italia o Inglaterra, no somos nada. Por eso muchos colegas renuncian a ser egipcios y optan por el exilio. Les prometen vidas más placenteras. En Egipto, para escritores como yo, sólo queda buscar a editoriales independientes, que funcionan casi como guerrilleras culturales, y que para nuestra desgracia poca presencia, o casi nula, tienen en el mercado, así que uno debe elegir entre dejar su obra en la tumba de un archivo de Word en la computadora, o en la tumba de un libro del que pocos se enterarán de su existencia. Ya dependerá del gusto fúnebre de cada quien. Por eso vine a México, buscando, entre otras cosas, la diferencia. Hoy estoy arrepentido.
  • ¿No hay entonces esperanzas?
  • Bueno, nunca se debería sucumbir antes las esperanzas, pero las esperanzas son quizá el asidero de la razón para no volverse locura. Si no tuviéramos fe en que algo mejor nos espera, sucumbiríamos ante el terror del instante. He dicho que las editoriales independientes son como guerrilleras. Creo, o más bien, tengo esperanza en ellas. Estoy convencido que lo mejor de la literatura mundial se está publicando en editoriales de este perfil. Aunque eso haga que sólo unos cuantos tengan accesos a ciertos libros. Otra vez, en el círculo del tiempo, la lectura se convierte en un asunto de sectas. Nunca ha sido la literatura, o el arte, un asunto de las masas. Desgraciadamente. Gracias a las editoriales independientes es que un escritor se puede abandonar a la exploración personal, al experimento de su prosa o su poesía, a propuestas que por aventuradas jamás hallarían lugar entre los miedosos mercachifles que dominan el mercado internacional. Una verdadera editorial independiente es rebelde en la medida que publica autores rebeldes. Hace unos años conocí en Alejandría al poeta mexicano Francisco Trejo y nos hicimos amigos. Admiro mucho su trabajo. El año pasado me invitó a formar parte de su más reciente proyecto editorial, Paserios ediciones, y le envíe La Serpiente y el Manzano convencido de que no podría tener mejor fin. Desde entonces he trabajado con Trejo y sus socios, los también poetas Odeth Osorio y Erik González, y la ilustradora Argelia Colorado, para dar a luz el libro. Baste abandonarnos a la suerte y esperar qué sucede…   
  • Por último, Aliba, ¿que sería entonces para usted el amor?
  • Te voy a responder con un texto tuyo, que alguna vez me diste a leer en tu libro Eztlán, y que como la mayoría de tus libros, se encuentra en una tumba entre tus archivos. El Dios Amor es un demonio inclemente, sordo, rojo, sangriento, hematófago, ciego, brutal, bestial, asesino, agrio, inclemente, lascivo castrado, saetario, silvestre, pánico, ebrio, deicida, destripador, voraz, uranio, pandemónico, pedestre, pederasta, adicto, obseso, poseso, violento, estuprador, mentiroso, mitómano, perro, mula, rencoroso, vengativo, memorioso, tentador, instigador, apóstata, pueril anciano, príapo enfermo, podrida vulva, ano omnipresente, enano (por eso está más cerca del infierno), esfera deforme, dios aborrecido por dioses, demonio aborrecido por demonios, despojo que aborrece despojos, miel que se pudre, ángel que repta, yaga, vergüenza, maloliente, enfermedad agónica sin muerte, al que por si fuera poco le excita la tortura y su lugar predilecto para practicarla son los sueños.        
La Serpiente y el Manzano (Paserios ediciones, 2021) de Aliba Ayam Soid ed Nauj, traducción del copto y prólogo de Juan de Dios Maya Avila. Se puede adquirir en:

https://www.gandhi.com.mx/la-serpiente-y-el-manzano

Categorías
Canaimera

Francisco Alejandro Méndez | Lo que es tan mío

Hace no poco que escuché a un prudente escritor guatemalteco decir que si los gringos leen a los gringos y los franceses a los franceses, bien harían los guatemaltecos en leer a los guatemaltecos, o por lo menos, no despreciar como lo hacen a sus autores consagrados. La premisa—se entiende—, va más allá de la patria chapina, y se puede aplicar al dedillo a la ceguera endémica que padece esta ingrata canaimera llamada Latinoamérica. Ingrata, no lo olviden: mayormente con sus glorias, y revuelta en taras y filias que le imponen los grandes emporios editoriales, la crítica, los académicosy los intelectuales (que por menos de treinta monedas aprenden a besar traicioneramente) y padeciendo la poca (a veces nula) educación artística que se imparte en nuestros países. Somos el continente del consumo inmoderado e irracional por excelencia. El patio de ensayo de las industrias, en este caso, culturales. A diario se nos venden figurines tiernos como autores glorificados, a diario las editoriales se inventan un personaje (generalmente joven) que en oscuros periplos entre premios, becas y jugosos contratos, un día va y recibe su consagración ante nuestros amos europeos y regresa cargado de medallitas de oropel y kilos a granel de reseñas y elogios de su “obra” y palmaditas de las autoridades culturales de su país y de los mercachifles de la edición que así verán prosperar sus inversiones. ¿Pero la obra en sí? Vacía, condescendiente, políticamente correcta, chistosa, panfletaria, ortodoxa (en sus supuestos juegos heterodoxos), temerosa de rupturas y exploraciones, plañidera, bobalicona y sobre todo rastrera, una literatura perfecta para ser vendible, caldo de “bestsellers”.  Y entonces uno se pregunta ¿dónde están las grandes plumas, los autores consagrados, los que cimbran lectores, los que queman los ojos? En la rebeldía, una buena parte de ellos. Por ¿fortuna?, cuando no somos tan borricos (tanto lectores, como críticos, pero sobre todo escritores), nos alcanza la conciencia para volvernos rebeldes. Nuestras geografías accidentadas han de guarecer y procrear perenemente el ánimo de la insurrección. Hoy como nunca, en las últimas décadas de nuestra historia literaria, la verdadera escritura la generan los rebeldes, tanto aquellos que se arrojan a una búsqueda personal estética y de credo, como aquellos que no doblan la cerviz ante los intereses empresariales de las grandes casas editoras y los aparatos culturales predominantes. Uno de ellos, de quien se ha señalado que es de las más importantes plumas de Centroamérica —pero que sin duda se cuenta hoy entre los escritores fundamentales de nuestras letras latinoamericanas actuales—, es aquel escritor guatemalteco que cité al principio: Francisco Alejandro Méndez Castañeda (Ciudad de Guatemala, 1964). Narrador, ensayista, crítico, periodista cultural, académico, de Francisco Alejandro Méndez podríamos llenar planas con sus atinos y logros, con sus decenas de libros (traducidos a varias lenguas) que se han vuelto fundamentales para entender la literatura contemporánea, con sus múltiples premios que incluyen el haber sido nombrado, en el año 2017, Premio Nacional de Literatura de Guatemala. Hoy conversamos con él, tomando de pretexto (por si faltara alguno) que hace apenas unos meses, en plena crisis pandémica, congruente, prudente, con olfato y colmillo retorcido, publicó su más reciente novela Si dios me quita la vida, no con las grandes casas que dominan el mercado, sino con un par de editoriales independientes, significadas ambas por su afán contestatario: la guatemalteca Editorial X, del también legendario Estuardo Prado, y la mexicana Ediciones Periféricas, de un joven pero arriesgado Nahum Torres.

  • Estimado Francisco, ¿de qué va Si Dios me quita la vida?
  • La novela abarca, digamos, dos temas, uno el de un desafortunado encuentro futbolístico entre Guatemala y Costa Rica, definitivo para ir al Mundial y que, antes del encuentro, ocurrió una tragedia en la que murieron más de 80 personas; y, la masacre contra una familia, ocurrida, en las cercanías del Centro Histórico. Los dos hechos, como toda violencia en Guatemala, se asemejan y tienen sus conexiones.
  • Sabemos que Si Dios me quita la vida es una coedición entre una editorial guatemalteca y una mexicana ¿cree que esta estrategia funcione para ayudar a las editoriales independientes a tener mayor presencia en el mercado y a tender puentes entre nuestros países latinoamericanos?
  • Definitivamente que sí. La fuerza de dos editoriales y las coediciones dan pauta para que exista un intercambio de autores, pues es difícil que exista, en la mayoría de las ocasiones, intercambios por otros lados. Las Ferias del Libro, muchas veces son carísimas para autores y editoriales independientes (ahora por Zoom es otra cosa), por eso, editar autores y hacer intercambios y de esa manera, acercar las obras.
  • ¿Qué piensa de la actual literatura latinoamericana y los escritores que la forjan?
  • Existen diferentes cánones que ofrecen autores de diferentes características y, a veces, con discursos comerciales o, evidentemente oportunistas por las temáticas que se manejan. Creo que hay autores de los cuales uno puedo sentirse orgulloso de haber nacido en estas tierras, pero, también, creo que existen muchos (as), que está sobrevalorados. Lamentable que en la actualidad, el canon de lo que deba leerse lo impongan muchas editoriales transnacionales y no la crítica o los lectores. Yo tengo especial gusto por los que ya murieron, pero en el género negro, puedo decir que entre los que están vivitos y coleando, me inclino por Leonardo Padura, Ramón Díaz Eterovic, Horacio Castellanos Moya, Amir Valle, PIT II. En América Central, hay escritores que su poesía, por ejemplo, debe trascender, como Rodrigo Rey Rosa, Javier Payeras, Alfredo Trejos, Luis Chávez, Vania Vargas, Luis Borja (recientemente fallecido), Mauricio Orellana, entre otros.
  • En particular ¿cuál es su visión de la literatura contemporánea centroamericana?
  • Me adelanté un poco en la respuesta anterior. Creo que los centroamericanos seguimos invisibilizados en el canon-pastel literario. Cuando revisas antologías, te encuentras la gran cantidad de autores sudamericanos, mexicanos, cubanos y de vez en cuando un centroamericano. Creo que las editoriales deben ver hacia este pedazo de tierra que une al Norte con el Sur. Como muchas veces es cuestión de “ventas” y los lectores de este istmo somos pocos, quizá eso ha incidido. Claro, existen algunas excepciones, como Sergio Ramírez, quien incluso ha ganado premios internacionales trascendentes, o Gioconda Belli, pero creo que hay mucho potencial en el área, lo que falta es que puedan ser publicados, no importa en qué editoriales, para que los lectores comiencen a apreciar lo valioso de sus discursos literarios.
  • ¿Qué significa ser escritor en Guatemala?
  • Ser escritor en Guatemala, a nivel personal, es hermoso. Saber que hemos tenido autores fabulosos, como Luis Cardoza y Aragón, Miguel Ángel Asturias, Augusto Monterroso, Luz Méndez de la Vega, Enrique Gómez Carrillo, entre otros grandes, es maravilloso. Por otro lado, como ocurre en otras sociedades, en este país el escritor es visto como un parásito o como adicto. Es difícil, por ejemplo, que en tiempos de crisis (como ahora), un escritor (a) tenga voz en los medios, pues se prefiere invitar a los programas a los políticos paralíticos, como dirían Los Prisioneros. Por otro lado, ser escritor te da el privilegio, como diría también, Otto René Castillo, de amar o de aborrecer este país.
  • ¿Qué densidad tiene en su vida Francisco Méndez Escobar?
  • La influencia de ese extraordinario autor, la llevo, afortunadamente en el ADN, nunca lo conocí por su muerte prematura, pero lo invoqué en la güija y creo que algo aprendí de él. Ser su descendiente me ha traído cosas maravillosas, aunque a veces, no tanto. Fue un ser humano extraordinario, un autor adelantado a su época. Todavía se conservan libros firmados por Neruda, Vallejo, Juana de Ibarború o Gabriela Mistral para él.
  •  ¿Qué significa ser un escritor consagrado?
  • No sé qué será eso de ser un escritor consagrado. Habría que preguntárselo a otros maestros. Aunque he recibido algunos premios, creo que lo mejor es cuando recibo algún mensaje por las redes. Cuando me dicen que terminaron de leer uno de mis textos y que les movió o me envían fotos de maní garapiñado, de las que come el comisario. Es difícil que hagan reseñas sobre mi obra en Guatemala, hay un silencio como pactado y no solo de la mía sino de la de muchos autores “jóvenes”, como yo. Pero como dicen, dentro de 50 años, quizá lo hagan.
  • ¿Qué densidad tienen en su vida Monterroso y Asturias?
  • Mucho. Son dos autores esenciales en mi formación, como lector, periodista, escritor. Es un privilegio leerlos. La obra de Asturias es fundamental y su mundo está construido con un lenguaje fabuloso, que creo, solo él lo pudo concebir. Hace unos 3 años, estuve en la Biblioteca Nacional de Francia. Asturias donó sus manuscritos y fui a estudiarlos por unos meses. Increíble la rigurosidad en su escritura, en la creación y exigencia que el consagrado tuvo para crear sus obras. Debería ser una cátedra para aquellos que quieren comenzar a publicar. Monterroso con su reducido, pero inconmensurable creatividad, me ha dado cátedra en cada una de sus obras. Tuve el privilegio de entrevistarlo en su casa, hace ya tantos años, en el barrio Chimalistac, cercano a Coyoacán. Un ser maravilloso, sencillo, sin poses y con una sonrisa de arrepentimiento en los labios. Es un autor que tras leerlo, no podés ser el mismo.
  • ¿Ha puesto en evidencia esta pandemia la vulnerabilidad física de los escritores en Latinoamérica?
  • Sí, es increíble que con los recursos que cuenta un autor sean tan pobres que eso mismo los lleve a la muerte. He llorado a tantos colegas que han muerto, primeramente por el virus, pero, también, por la infamia de las  autoridades, la corrupción y un sistema de salud perverso y sin posibilidades de servir a la población. Por un lado, el encierro ha provocado que la música, la pintura sean aliados para la producción, pero, por el otro, escribir mientras mueren vecinos o familiares es jodido.
  • ¿Por qué la novela y el cuento?
  • La narrativa te da todas las posibilidades de realizar proyectos lúdicos, que te hacen crear personajes, que ya son parte de tu familia y de la vida diaria. Las historias, quizá te pudieron haber ocurrido, pero, aunque lo no fueron, ya en la ficción hasta son parte de tu vida cotidiana. Por otro lado, leer novelas y cuentos de mentes magistrales, como que te provocan ganas de emularlos, de ser como ellos en un párrafo o en una línea y jugar a ser, por ejemplo George Simenon, un día. Creo que la novela y el cuento son el camino a la felicidad, para mí.
  • ¿Qué piensa del feminismo en la literatura latinoamericana de nuestros días?
  • Pues el feminismo, como el indigenismo y otros ismos, son parte, como diría un político “del abanico” de posibilidad que un lector tiene para hincar el diente. Creo que desde tiempos de Sor Juana de la Cruz y Sor Juana de Maldonado (de Guatemala), el discurso de la escritura de mujeres ha permitido entender que para concebir la escritura, tanto hombres y mujeres tenemos diferencias y coincidencias en la creación. No creo en esa idea de leer a una escritora solo porque es mujer, o, porque la golpearon y eso hace que su literatura sea mejor, no. Me encanta, por ejemplo Agatha Christie o Fred Vargas o tantas otras, como Gioconda Belli, por el hecho de que su literatura me provoque. Me parece importante la visibilización, pero no la imposición.
  • ¿Qué significó para usted ser Premio Nacional de Literatura?
  • Pues, por un lado, mucha emoción y congoja. Mi abuelo Francisco Méndez Escobar y mi tío Lionel Méndez (ambos fallecidos prematuramente), quien por cierto ganó dos veces el Casa de las Américas, no recibieron un premio como éste, así, que lo recibí en nombre de los tres. Fue bien loco, todo un año de fiestas y agasajos. Creo que esos meses tras el premio fue cuando menos escribí o leí. Recibí muchas muestras de afecto y felicitaciones y eso fue genial. Cuando uno gana un premio muchos ya ven tu literatura de otra manera, aunque siga siendo igual, así que eso hay que aprovecharlo.
  • ¿Por qué, bajo su perspectiva, Latinoamérica no es más unido por lo menos en términos de arte y cultura? ¿Debería existir tal unión?
  • Me parece que muchos escritores “consagrados” en Latinoamérica, han buscado, erróneamente, a mi juicio, más visibilidad a través de “agentes literarios”, concursos y reconocimientos, que la búsqueda de la obra en sí. Esto quiere de decir que a veces pesan más las tendencias o lo de dictan ciertas editoriales, que lo que se escribe. Entonces vemos que cada quien escribe para la alimentación de su ego y no hay una forma de “unión, que se da más en congresos, encuentros, que en el propio discurso. Por supuesto, que siempre hay las grandes excepciones.
  • ¿Qué es para usted la rebeldía?
  • En esta época en la que vivimos, la rebeldía es alejarse de los discursos oficiales, estar al margen de lo que el menú discursivo ofrece diariamente, quizá ir contra la corriente, escribir sin aspirar a ser reseñado en los diarios más importantes o contratado por las editoriales trasnacionales. Es escribir sin hacer concesiones.
  • Tienes un marcado gusto por el género negro ¿crees, como lo han señalado algunos, que es el género que mejor describe nuestro siglo?
  • El género negro ofrece una pluridiscursividad. Se puede navegar, se puede volar, correr y montar en bicicleta al mismo tiempo. Grandes maestros del género han demostrado que el noir es la excusa perfecta para mostrar la universalidad. Como escribió el islandés Indridiason: Hay que leer una novela negra para conocer una ciudad. En efecto, si lees a Mankell, no tenés que ir a Suecia para conocerla. Igualmente ocurre con grandes maestros latinoamericanos, como Rubem Fonseca, Leonardo Padura, Ramón Díaz Eterovic, entre otros. Creo que es el gran género del siglo, lo que faltan son lectores, al menos en mi país.
  • ¿Hay que publicar en Europa para volvernos visibles en Latinoamérica?
  • Cuando nos enorgullecemos por nuestros autores lo hacemos en la medida en que su obra es recibida en otros continentes sobre todo Europa. Lo vemos desde Landívar, Darío, Asturias, quienes debido a la recepción y premios, pues de esa manera los evaluamos: igual se puede decir de la generación del boom. Es como un mal necesario. Podés publicar 50 libros en tu país, pero si no te publican fuera, pues no sos considerado un gran autor. Creo que es un error, pero es a la vez un mal necesario, pues hasta que no te “bendicen” afuera, no te aceptan adentro, es decir en tu país.
  • Maestro, ¿cómo está Wenceslao  Pérez Chanán?
  • El comisario, preparando sus casos. Listo para nuevas investigaciones. Empeorando de salud, pero siempre dispuesto que para salirle al frente a las nuevas aventuras que le corresponden. Sobre todo en una de las regiones más violentas del mundo, como es América Central; en donde mueren más niños por desnutrición, y la gente huye huyendo hacia el Norte, pensando en encontrar la salvación de sus vidas.
  • ¿La literatura es repetir los mismos signos y símbolos hasta el infinito o bien qué es la creación?
  • La creación es pedirle prestado a la realidad, para convertir la ficción en elementos más grotescos o quizá más hermosos. Ya lo dijo Huidobro en su famoso “No te serviré”. Muchos quisieran que el mundo que uno construye en la creación sea muy parecido al real, pero, considero, que entre más se aleje y más se cree un nuevo mundo, suena mejor. Crear es tomar de los demás para construir tus propios discursos. Es tomar prestado, para luego transformar. Es sentarse frente a la pantalla, escuchar a Bach, creer que lo que escribiste, pudo haber pasado alguna vez.
  • Por último, esta misma pregunta se la hizo hace algunos ayeres un joven escritor a otro ya consagrado y yo la parafraseo: maestro Méndez, ¿qué le dice a usted la palabra Guatemala? ¿Recuerda usted?
  • Pues es un país al que uno ama y odia constantemente. Es un país que duele y alivia. En el que los ateos creen en Dios. En el que podés morir mientras te vestís o en la calle cuando una bala perdida te busca. Un país con los más altos índices de analfabetismo y con un Premio Nobel de Literatura; con las más altas cifras de violencia y un Premio Nobel de la Paz. Es un país tan contradictorio, que puede hacer sol en una banqueta y en la otra lluvia. Agradezco que hayan nacido tantos seres humanos bondadosos, grandes autores, deportistas aguerridos, pero, también, de los más despiadados dictadores.
Categorías
Canaimera

Anaïs Blues | La tinta del silencio

El arte debe ser siempre rebelde. Así que, por antonomasia, una editorial artesanal estará siempre en rebeldía. Sino fuera así, o si en alguno momento traicionase sus principios, se convertirán sus productos en simples fetiches  “bonitos” del mercado. Tremendo es adentrarse en las entrañas de una editorial artesanal e independiente (valga la redundancia) latinoamericana. Es que la literatura, como ya sabemos, en ésta, nuestra Camainera, en el más amplio sentido de la palabra, es sortilegio tremendo que va a caballo entre los fantástico y lo absurdo. Obsesión por la hechura, culto ciego por el libro, hacer del arte un mojón que se desayuna a diario como si fuesen fresas con crema, eso significa ser un editor artesanal en nuestra tierra…quizá. O como dijera el poeta chiapaneco: yo no lo sé de cierto, lo supongo. Para confirmarlo (o refutarlo), es que en esta entrega nos adentraremos en el alma de una editorial mexicana que ha apostado al arte y a la independencia en un ámbito poco amable con ambas tradiciones. Principalmente en estas épocas pandémicas que han volcado el mundo de los libros a la virtualidad. La Tinta del Silencio, editorial chiapaneca, que ha mudado sus reales a la insigne y brava ciudad de Ecatepec, es un proyecto liderado por Luis Ramos y por Anaïs Blues (Tuxtla Gutiérrez), escritora chiapaneca a quien hoy tenemos el gusto de entrevistar. Blues es escritora, editora, artesana y feminista, egresada de la Universidad Autónoma de Chiapas, y se decidió, en 2011, a fundar la editorial La Tinta del Silencio, junto con Ramos. Desde entonces ha apostado a publicar un catálogo heterodoxo e incierto, que da cuenta de lo mejor —en su perspectiva y apuesta—, de la literatura latinoamericana contemporánea.

  • Anaïs Blues, ¿eres rebelde?
  • En mi caso particular desde que decidí estudiar Literatura a pesar de lo que decían mis padres y pagar mis estudios con mis propios recursos creo que fue uno de mis primeros actos rebeldes de manera consciente y desde luego tener una editorial y hacer libros artesanales es un acto de rebeldía que me ha llevado diez años gestar.
  • Naciste editorialmente en aquella frontera ríspida que es Chiapas, justo cuando en el lado contrario, Guatemala, se vive un intenso movimiento editorial, ¿Por qué mudar tu proyecto a la centralista capital de México?
  • En el 2013 yo quería cambiar de rumbos y consolidar un equipo de trabajo para la editorial ¾en ese momento aún no conocía el movimiento editorial en Guatemala, ni tenía amigos ahí¾; en la Ciudad de México ya había tenido la oportunidad de vivir unos años antes por un intercambio en la UNAM cuando estudié un posgrado y tenía amigos que podían ayudarme, por eso decidí irme a la Ciudad de México.
  • ¿Qué significa para ti una editorial independiente y artesanal?
  • Independiente porque busca publicar géneros poco difundidos y autores que vale la pena apostar por ellos, quienes tienen una obra que no sigue modas si no que están haciendo una propuesta a la literatura hispanoamericana.  Una editorial es artesanal porque tiene acabados especiales como la serigrafía, el bajo relieve o la encuadernación hecho a mano. Un proyecto así es todo un reto pero es algo que nos da mucha satisfacción.
  • ¿Porqué además de independiente, artesanal?
  • La tinta del silencio es una editorial independiente porque busca apostar por publicar autores contemporáneos de géneros que aún son desdeñados como el cuento, la poesía y la minificción. Nos definimos como una editorial artesanal ya que nuestros libros tienen un plus en sus acabados (serigrafía, encuadernación hecho a mano, en algunos hay bajo relieve), tenemos colecciones completas con portadas impresas en serigrafía (La nave insólita, por ejemplo) y todos nuestros libros son encuadernados de manera artesanal. Estos acabados especiales hacen que nuestros libros se eleven a la categoría de libro-objeto, buscamos que los lectores aprecien nuestros libros como objetos bellos en consonancia con sus formatos y sus contenidos.
  • ¿Qué dificultades y riesgos presenta ser una editorial independiente y artesanal en Latinoamérica?
  • Es muy complejo tener una empresa cultural como en este caso una editorial ya que vivimos en un gobierno con malas políticas culturales que no toman en cuenta a los proyectos independientes y el poco recurso que existe para publicar solo se reparte en pocas manos. Los riesgos son enormes, la venta de libros especialmente en México es muy difícil y tienes que buscar alternativas para crear nuevos lectores. Además de ser editores, tenemos que ser promotores de lectura, vendedores, publicistas y un sinfín de cosas más para lograr atraer un público que se interese por leer algo diferente.
  • ¿Ha afectado sustancialmente a la Tinta del Silencio la pandemia, en tanto que ha volcado el mundo editorial a la virtualidad?
  • Nos ha afectado mucho porque no hemos podido tener eventos presenciales, en especial las ferias de libros que ayudan mucho a que los libros encuentren a sus lectores ideales, sin embargo, hemos tenido que aprender a la marcha a generar eventos y presentaciones que nos acerquen al público en redes sociales. El mundo virtual tiene sus ventajas a la hora de hacer presentaciones o promocionar el libro, en una presentación virtual puedes tener cientos de espectadores pero eso no se traduce en ventas. En una presentación normal llegan veinte personas pero todas compran por lo menos un libro. Por otra parte toda la cadena del libro se vio afectada (edición, producción, distribución y venta) y eso significó para nosotros detener la producción de varios títulos, empezar a hacer ediciones digitales de nuestro catálogo y buscar hacer ventas desde nuestro sitio web y otras plataformas.
  • ¿Qué papel juega el libro artesanal ante esta digitalización del mercado editorial?
  • Los libros artesanales siempre tendrán un papel importante, aunque existan libros digitales también los libros artesanales serán apreciados, el tener la posibilidad de tocar una portada, la sensación de hojear con los dedos un libro no podrá ser sustituido.
  • ¿Se pueden hacer libros artesanales virtuales?
  • Sí, hay posibilidades que nosotros estamos buscando para integrar un libro artesanal y la realidad aumentada, por ejemplo el libro Trilogía Cthulhu de Miguel Lupián contiene ilustraciones que pueden ser apreciadas con animación y estamos tratando de ir incorporando nuevas posibilidades de lectura en nuestros libros artesanales.
  • ¿Qué es para ti el libro, Anaïs?
  • Es un mapa de deseos.
  • Has apostado a la minificción como una de tus líneas editoriales ¿porqué y cuál crees que es su densidad en la literatura contemporánea latinoamericana?
  • Apostamos a la minificción porque consideramos que es un género que ha sido poco explorado, cuando lanzamos la colección Gato Azul lo hicimos porque queríamos difundir más este género que nos encanta, actualmente en Latinoamérica ya empieza a ser tomado en cuenta y cada año se hacen más publicaciones, es un género que está creciendo mucho.
  • Como si no resultara difícil abrir mercado en Latinoamérica, te has aventurado a explorar el mercado árabe con los 69 Haikus de Angélica Santa Olaya, platícanos acerca de este proyecto editorial.
  • 69 Haikus es parte de nuestra colección mayor de Poesía: Peces del viento, en este caso tuvimos la oportunidad de que la escritora Angélica Santa Olaya nos tuviera la confianza de ofrecernos este libro traducido al árabe, que estuvimos encantados de editar para su primera edición en México. El haikú es un género precioso que todo amante de la poesía debería tener y consideramos que 69 Haikus es un gran libro que será un gran referente en la literatura mexicana.
  • ¿Es cierto que los escritores editan mejor?
  • No lo sé, pero creo que para editar con calidad hay que pensar siempre en los lectores.
  • Has apostado por editar a escritores de distintas latitudes de Latinoamérica, por eso me atrevo a preguntarte, ¿cuál es tu perspectiva de la literatura hispanoamericana contemporánea?
  • La literatura hispanoamericana contemporánea es increíble, hay autores maravillosos que están publicando actualmente en toda clase de géneros, pero siempre nos falla la difusión para conocer a los que valen la pena.
  • ¿Por qué se ha perdido el diálogo literario latinoamericano intercontinental y cuáles crees que sean las consecuencias de este ostracismo?
  • En parte se ha perdido porque aunque tenemos el internet estamos cada vez más solos porque hay más distracciones que no nos permiten el diálogo personal, ni fomentan la crítica; una de las consecuencias es que pareciera que hay un boom de publicaciones valiosas pero en realidad muchas de ellas no se consolidan porque han sido hechas al vapor y no aportan nada.
  • Anaïs ¿por qué el Blues?
  • Blues es una palabra que me encanta por su significado doble: remite a un estado de ánimo (la melancolía o tristeza) y a un género musical nacido en Estados Unidos que me apasiona.
  • ¿A qué autoras y autores le apuesta La Tinta del Silencio?
  • Apostamos por autoras y autores contemporáneos que destaquen por su originalidad en los géneros de cuento, poesía y minificción.
  • ¿Qué sientes al elaborar un libro?
  • Mucha alegría, es como parir un nuevo hijo.
  • ¿Qué peso tiene tu binomio Luis Ramos en esta empresa?
  • Luis Ramos es un gran editor que ha permitido que la editorial crezca más por su conocimiento que tiene de libros antiguos y de colección; además Luis se encarga de hacer portadas en algunas colecciones (por ejemplo él hizo la portada de Cuéntame un blues, la primera antología de nuestra colección Gato Azul), así como investigar formatos y concretar colecciones. A partir de su ingreso a la editorial en el 2013 empezamos a crear colecciones y a consolidar un catálogo de autores internacionales.
  • ¿Qué tanta tradición y compromiso tiene Latinoamérica en la hechura de libros artesanales?
  • En Latinoamérica hay una larga tradición en la elaboración de los libros artesanales por parte de editoriales independientes, en especial las editoriales cartoneras que son un ejemplo al usar materiales reciclados para la elaboración de portadas, creando libros únicos. 
  • ¿Cuál es la incidencia positiva y negativa del feminismo en la literatura latinoamericana contemporánea?
  • El feminismo tiene un papel importante en la crítica literaria al incidir en la literatura contemporánea porque ha influido en recuperar a escritoras latinoamericanas que por prejuicios de género se habían omitido de la historia de la literatura latinoamericana, lo cual ha permitido una nueva cartografía de la literatura.
  • ¿Cómo es que, además de editora, eres poeta?
  • Aunque no es obligatorio que los editores se dediquen a la escritura, muchos de mis colegas tienen esta faceta de la creación literaria. A mi me encanta escribir no solo poesía sino también cuento y ensayo, pero actualmente no escribo tanto como quisiera porque la edición es muy demandante.
  • ¿Se puede ser artesanal y comercial al mismo tiempo?
  • Sí, todo radica en el valor comercial que le demos a lo hecho a mano. Si bien la producción es limitada y los procesos requieren más tiempo, también hay un cuidado mayor en cuanto a la calidad y al trabajo, a diferencia de los procesos industriales. Creo que muchos lectores valoran eso en las ediciones que hacemos, por que son libros diferentes que desde que los tienes en las manos sientes la textura del papel, ves el color y los detalles de la serigrafía, y aunque a primera vista no se note que son artesanales hay algo que los distingue. Además son libros únicos, no hay dos ejemplares iguales así que a la larga tendrán un valor de colección también.
  • Defínenos y descríbenos a la editorial La Tinta del Silencio.
  • Es una editorial que apuesta por autores contemporáneos que serán referente de la literatura hispanoamericana y que piensa en la hechura del libro como un objeto bello.
  • Por último, Anaïs, ¿Cuáles son los signos, invisibles y secretos, los significados desdoblados, de eso que llamas la tinta del silencio?
  • Vemos el silencio como una fuerza creadora, aquello que no se ve, lo que no se nombra suele dotar de significado a todo lo demás. Detrás de La tinta del silencio hay muchos sacrificios, mucho esfuerzo, creatividad y meditación al momento de concebir un libro.
Categorías
Canaimera

Rosa Silverio | El Caribe que retumba

  • Juan de Dios Maya Avila

Una constante de muchos escritores en Latinoamérica es la migración que los lleva lejos de sus lugares de origen, a veces por aventura, otras tantas por encontrar nuevas oportunidades que les permitan expandir su trabajo, y en no pocas ocasiones por razones políticas. Sin embargo, casi siempre queda la esperanza y el deseo de volver. Quizá así le suceda a una de las voces poéticas contemporáneas más interesantes de la siempre polícroma literatura caribeña; una mujer cuyos versos, cuya alma recia, le han hecho figurar en Europa (tierra en la que vive desde hace tiempo) y ser una referencia de las letras de su natal República Dominicana. Rosa Silverio (Santiago de los Caballeros, 1978) es, ante todo, una poeta, una hilvanadora de palabras, y luego también es feminista y periodista, gestora cultural, tallerista, activista y viajera. Resalta su trabajo como redactora y editora del periódico Listín Diario y como directora editorial del periódico Noticias en Casa de Casa de Campo. Un parteaguas en su carrera fue hacerse acreedora del prestigioso Premio Internacional Nosside que organiza el Centro de Estudios Bosio en Italia. También ha ganado, entre otros, el Premio Nacional de Poesía de República Dominicana y el XII Premio Letras de Ultramar. Entre sus libros se cuentan los títulos Rosa íntima (Santuario, 2007), Arma letal. La destrucción de las palabras (Colección de Premios Nacionales, 2012), Matar al padre (Huerga & Fierro Editores, 2014), Mujer de lámpara encendida (Huerga & Fierrro Editores, 2016) e Invención de la locura (Huerga & Fierro Editores, 2019). Su obra ha sido traducida al italiano, al catalán, al francés, al portugués y al inglés.

  • Estimada Rosa, ¿porqué decidiste irte a España?
  • Por libertad y por amor. Para huir del machismo de mi tierra y para reencontrarme con la persona que ocupó mi corazón durante una década.
  • ¿Cuál es tu perspectiva de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Creo que la literatura latinoamericana contemporánea goza de muy buena salud. Muchos pensaban que después del boom no habría nada valioso y yo creo que los escritores y escritoras actuales son dignos representantes de la buena literatura. Y en comparación con España estamos en un nivel bastante destacado.
  • ¿Qué significa ser escritora, mujer y dominicana?
  • Puede significar una limitante, sobre todo si se vive en países como el de donde yo provengo. La mujer escritora es infravalorada y discriminada. No es respetada y todavía le falta mucho para alcanzar la igualdad. En cambio, en mi caso que vivo en España, ha significado una liberación porque aunque me reconozco como mujer dominicana y como escritora, rompo con todas las etiquetas y comienzo a sentirme como una ciudadana del mundo, un ser libre dispuesto a vivir todo tipo de experiencias enriquecedoras sin ningún tipo de limitante.
  • ¿De qué salud goza la actual literatura dominicana?
  • La literatura dominicana vive un momento interesante porque se está haciendo muy buena narrativa, pero sobre todo muy buena poesía. Tenemos a escritores y escritoras consagrados que ya forman parte de nuestro canon y a jóvenes promesas que han sabido descollar y dejar su huella.
  • ¿Te sientes más cómoda en la poesía?
  • Aunque también escribo narrativa, creo que en la poesía estoy más en mis aguas. Me siento un ser humano eminentemente poético, alguien que crea un micro universo, que abre ventanas y que combate sus demonios y sus heridas a través de la palabra.
  • ¿Porqué hacer literatura feminista?
  • ¿Por qué no? Yo creo que siempre que no se caiga en lo puramente panfletario, es válido hacer literatura feminista porque es asumir una postura y defenderla a través del lenguaje. Escribir literatura feminista para mí es lo mismo que hacer literatura metafísica, social, filosófica, amorosa o de cualquier otra índole.
  • ¿Cuáles son los pros y los contras del movimiento literario feminista en Latinoamérica?
  • Creo que uno de los pros es que se combate el heteropatriarcado a través de la palabra y se logra influir en la gente, sobre todo en otras mujeres. Se genera el debate y se crea un pensamiento crítico, tan necesario en estos días. Además de que se logran reivindicar derechos propios de las mujeres. Si hay que hablar de contras diría que pese a los esfuerzos de las escritoras feministas, todavía las raíces del machismo están bien hondas en nuestros países latinoamericanos, por lo que cuesta lograr un cambio. El machismo no es sólo de los hombres, sino también de otras mujeres que lo refrendan y por eso no se avanza.
  • ¿Está de moda ser escritora feminista?
  • No creo que esté de moda. Más bien hemos descubierto que es una necesidad. Es necesario ser feminista hoy en día si queremos una sociedad más justa e igualitaria para las mujeres.
  • ¿Qué papel están jugando las escritoras en la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Yo creo que uno muy importante porque anteriormente destacaban más los hombres y ahora, cada vez más, las escritoras de Latinoamérica tienen mayor relevancia y demuestran que hacen una literatura de primer nivel.
  • ¿Existen verdaderos lazos entre los escritores del Caribe o en cambio hay un ostracismo que los reduce a sus respectivas patrias?
  • Yo creo que en los países del Caribe hace falta toda una industria editorial de distribución y difusión que permita que los escritores de los diversos países caribeños se conozcan y se lean entre sí para de esta manera crear lazos verdaderos e intercambios intelectuales. Mientras esto no exista, seremos islas desconectadas la una de la otra.
  • En términos literarios, ¿cómo ven desde España a la actual literatura de Latinoamérica?
  • En sentido general, pienso que España ve a la actual literatura latinoamericana con respeto y admiración. Tanto así que los escritores latinos que residimos en la madre patria somos valorados y tenemos la oportunidad de publicar con editoriales nacionales que apuestan por voces con un discurso original y con personalidad.
  • ¿Qué significó para ti el Premio Internacional Nosside?
  • Significó mucho porque yo estaba un poco desencantada de los concursos. Creo que este concurso me dio fe y me animó a creer más en mí misma y en mi trabajo literario.
  • ¿Es más fácil hacerse visible como escritor estando en Europa?
  • Depende. Hay escritores que residen en Latinoamérica que aquí en España no tienen ninguna incidencia y hay otros que tienen muy buena proyección. Todo a veces depende de contactos, editorial, padrinos… ya te podrás imaginar. Aunque lo cierto es que estando en Europa es más fácil llegar a un buen número de gente, sobre todo si cuentas con una buena editorial.
  • ¿Qué te parece el ámbito literario y editorial en España, cómo lo vives?
  • Me siento muy a gusto en el ámbito literario y editorial de España. Como en otros países aquí también hay sus tejemanejes, pero yo siempre me he apartado de eso y del ruido. Escojo muy bien los circuitos a los que me integro y sobre todo tengo una red de amigos y amigas escritores que son muy valiosos y que me aportan muchísimo.
  • ¿A qué dominicanos tendríamos que estar leyendo?
  • Te voy a citar escritores/as vivos: José Mármol, José Acosta, Pedro Antonio Valdez, Basilio Belliard, Ángela Hernández, Jeannette Miller, Emilia Pereyra, Yrene Santos, Chiqui Vicioso, Argénida Romero, Leonardo Reyes Jiménez, Frank Báez, Rita Indiana Hernández, Alejandro González, Homero Pumarol, Marielys Duluc, Rossalinna Benjamin y muchos otros.
  • ¿Te gustaría volver pronto a República Dominicana?
  • Siempre voy de visita y dura un mes, dos y hasta tres meses. ¿Volver a vivir? Por el momento no. No es algo que tenga entre mis planes.
  • ¿Qué densidad tiene en tu vida el Caribe?
  • A mí el Caribe me ha marcado. Ser hija de una media isla es algo que llevo en mi ADN. Así que esto es bastante importante para mí y se nota en mi acento, en mi forma de bailar, en la comida que prefiero… Y en mis sueños, sobre todo en mis sueños.
  • ¿Qué fue para ti el Taller Literario Tinta Fresca?
  • Para mí fue una de las experiencias más alucinantes de mi vida porque el Taller Literario Tinta Fresca no sólo me sirvió para crecer como autora sino que me regaló a unos amigos maravillosos que todavía hoy conservo. Te cuento que en la actualidad nos estamos reuniendo de nuevo vía online y resulta verdaderamente entrañable.
  • ¿Qué es para Rosa Silverio el amor?
  • El amor es el motor que todo lo mueve, la gran razón de ser, pero no me refiero exclusivamente al amor de pareja, sino al amor en sentido general.
  • Por último, Rosa, ¿qué espada es la que nos espera si nos sumergimos en tus interiores?
  • Si se sumergen en mi interior encontrarán una espada que les atravesará el corazón y en cuyo filo podrán ver su verdadero rostro.
Categorías
Canaimera

Werner Hernández | La resistencia de los pipiles

Dada la complejidad que atañe a las interrelaciones culturales, históricas, espaciales y geográficas de los pueblos originarios del continente americano, resultan insuficientes, casi imperceptibles, los estudios que se han hecho al respecto, algunos más serios que otros, incluso los hay aquellos afectados por la fantasía. Hace no muchos que platicábamos con el poeta Martín Tonalmeyotl acerca de las migraciones milenarias del pueblo nahua, nómada por antonomasia, y cuyo origen es incierto, pero su huella cultural, en buena parte de la nación mexicana y casi toda Centroamérica, es innegable, fundacional y sobre todo, vigente. Además de México, podemos señalar a Nicaragua y El Salvador, como bastiones de la cultura nahua, el primero con los nahoa y el segundo con los pipiles. Algunos estudiosos, como Miguel León Portilla, han querido dar luz sobre el parentesco entre los nahuas de México y sus pares nicaragüenses y salvadoreños, pero lo cierto es que existe un cierto desdén por entender y reconstruir el devenir histórico y cultural de los nahuas en sus migraciones y posteriores asentamientos. Tristemente, durante siglos pasados, e incluso en éste, las torpes políticas locales de gobiernos asesinos, han buscado exterminar a los pueblos originarios. Y los nahuatlatos no han sido la excepción. Por ello, cualquier intento de salvaguarda, de reivindicación, de rebeldía, es ya una obra titánica. Werner Hernández (San Salvador, 1977), psiquiatra de profesión, ha emprendido una obra así. Desde el año 2001 realiza investigaciones personales acerca del náhuat y en esta materia se ha distinguido como profesor y activista. En 2012 ingresa al Colectivo Tzunhejekat. Su labor como recopilador, traductor, arqueolingüista y docente han sido fundamentales para preservar la lengua de los pipiles salvadoreños. Werner Hernández ha escrito los libros Titaketzakan Nawat (Ministerio de Educación, 2018) y Nawat Mujusta (Secretaría de Cultura de San Salvador, 2019), además participó como coautor de la obra Nikmati Ume taltikpak (Ministerio de Educación, 2020).

  • ¿Estimado Werner, cómo se da tu acercamiento con la cultura náhuat, la ancestral y la contemporánea?
  • Mi familia no es del área pero desde niño yo decía que de adulto hablaría en nawat. En 2001 conocí a Genaro Ramírez, hablante de nawat de Witzapan, y fue éste quien me enseñó por seis años, cuando lo visitaba semanalmente. Luego estuve un año como médico en otro pueblo del área, Cuisnahuat. Mi madre tiene su propia versión: Durante mi embarazo realizó trabajos universitarios en el área nahua. Ella piensa que en esos meses fue que me empapé del amor por el idioma: “ya oías y lo hacías en nawat”, me dice.
  • ¿Podrías hablarnos acerca de la cosmogonía pipil?
  • Es muy rica. Con el devenir de las iglesias en la zona y la discriminación social hacia los temas indígenas ha corrido peligro de desaparecer sin embargo todavía se la halla en la región. Para llegar a ella debe uno superar a estos adversarios por medio de la convivencia en la comunidad pues el tema los ha acostumbrado a esconderse. En la narrativa pipil conocemos que los humanos venimos del fruto del árbol de morro, que nuestra organización como grupo surge a partir de los llamados tepewas, pequeños pero astutos, con la capacidad de conocer y traer el maíz. La participación de serpientes racionales entre los humanos es un elemento frecuente y la relación con la naturaleza se ve como un eterno enfrentamiento ante el cual los humanos deben forjar su carácter. En la salud conocemos el tunal como la fuerza y brillo con que funcionamos y las distintas formas de perderlo explican un estado general enfermizo.
  • ¿De qué salud goza la literatura náhuat contemporánea?
  • Su producción es escasa a nivel impreso. Pervive más en la forma de oralitura con la composición de canciones. Un libro muy recomendable es “Nikmati ume Taltikpak” (Conozco dos mundos), de Eugenio Valencia.
  • ¿Qué escritores en El Salvador están haciendo su obra en lengua náhuat actualmente?
  • Paula López es la autora que con seguridad ocupa el puesto de mayor referencia. Aunque la cantautora falleció hace 5 años la belleza de sus letras le sobreviven. Su hija, Estela Patriz, quien también es activista del nawat continúa cantando su música.
  • ¿Cuál ha sido el papel de la literatura náhuat en las letras salvadoreñas?
  • Ninguno. Es una tarea pendiente que el sistema educativo nacional reconozca el aporte de los autores o los temas nahuas. Tómese este ejemplo: Existe la obra Mitos en la lengua materna de los pipiles de Izalco, originalmente recopilada en 1929; estamos a cerca de 100 años de todavía no ser enseñada en la enseñanza pública ni a nivel básico ni superior.
  • ¿Existe un contacto con escritores contemporáneos de lengua nahua en México o en Nicaragua o algún otro país?
  • He coincidido personalmente con algunos escritores nahuas de México, con ninguno de Nicaragua. Me parece que la comunidad nahua salvadoreña se ha desarrollado con más fuerza hacia dentro en los últimos años y ya está lista para darse a conocer afuera.
  • ¿Cuál es tu perspectiva de la literatura náhuat contemporánea?
  • Me parece que aunque la comunidad nahua salvadoreña es muy pequeña puede dar enormes sorpresas a nivel de literatura. Además trabajar en este punto es obligatorio si queremos garantizar la salud del idioma pues en la literatura es donde el idioma escapa de un plano gris y se lo puede ver jugando, divirtiéndose y perfumando el aire. El nahua salvadoreño es muy musical.
  • ¿Qué es el Colectivo Tzunhejekat?
  • Es un grupo de voluntarios de la capital, San Salvador, muy comprometidos en la visibilización digna de los nahuas salvadoreños y de la lengua nawat. Tzunhejekat significa “loco” porque los que ahí colaboramos nos sentimos locos por el nawat.
  • Háblanos de los tres libros que has escrito acerca del náhuat.
  • El primero “Titaketzakan nawat 3” fue un encargo de nuestro ministerio de educación como libro de texto para un programa piloto de enseñanza del nawat en las escuelas. El segundo, Nawat Mujmusta, es un breviario gramatical y un vocabulario nawat-español (y viceversa) para los adultos que quieren estudiar el nawat y recoge mi experiencia de más de 15 años visitando la mayoría de los pueblos nahuas de El Salvador. El tercero, Nikmati Ume Taltikpak, es de mi otro maestro de nawat: Eugenio Valencia. Un homenaje póstumo de su obra en la que fui parte del equipo editor.
  • ¿El gobierno de El Salvador ha sido genocida con el pueblo náhuat?
  • Sí. En 1932 realizó un ataque armado a la población nahua. Las fuentes más ecuánimes estiman que en unos 10 días se eliminó a unos veinte mil nahuas. Fue conocido que bastaba hablar en nawat para tirar a matar. Desde hace unos 10 años las actitudes de los gobiernos buscan ser favorables al grupo nahua.
  • ¿Y la sociedad salvadoreña?
  • La sociedad salvadoreña ha hecho frecuente uso de la indiferencia o de la discriminación, por ello los pocos a favor del nawat buscamos hacer el mejor esfuerzo para despertar conciencia.
  • ¿Qué acciones se están tomando para salvaguardar el náhuat y vincularlo a la literatura o al acto mismo de la escritura?
  • Han habido esfuerzos de salvaguarda, de literatura y de escritura pero de funcionamientos aislados. Hace falta una línea más fresca que busque unificar todos estos elementos en uno solo con esta proyección.
  • ¿Existe una probabilidad de reconciliación verdadera entre los diversos pueblos que conforman las sociedades latinoamericanas o estamos fracturados por siempre: pueblos originarios de un lado, mestizos del otro, españoles por aquí, negros más allá, etcétera?
  • Me parece que el hermanamiento es posible y más tras reconocer que básicamente las luchas de los otros pueblos son las mismas que las propias.
  • ¿Qué significa ser activista y escritor en El Salvador?
  • Significa andar con dulzura en el corazón, coraje en el paso y fuerza en la palabra.
  • ¿Existe actualmente un rastro del México nahua entre los pipiles de El Salvador?
  • Por el idioma, por las danzas, por la gastronomía, por el aspecto físico, por la arqueología (sólo por mencionar unos pocos puntos) me parece que los salvadoreños somos más mexicanos de lo que creemos.
  • ¿Cuáles son los dos mundos que se plantean en el Nikmati Ume taltikpak?
  • Uno anterior y profundo, el nahua. Uno nuevo y advenedizo, el mestizo. El anterior tomando su lugar adentro del nuevo.
  • ¿Qué son para ti los cantos en el náhuat y sus cantores?
  • La mayor fuente de literatura actual en nawat.
  • ¿Qué significado le otorgas a las palabras resistencia y rebeldía?
  • Parte del autorretrato. El nahua salvadoreño se desenvuelve como hermano natural de ambas pero desarrolla no una resistencia contestataria sino una alegre rebeldía que te lleva, como río, a ir adelante y cantando.
  • Salarrué tiene un bellísimo cuento sobre el Cipitío ¿crees o acaso eres tú mismo un cierto Cipitío?
  • Con el nawat acaso más un cadejo, ese animalito fantástico y nocturno fiel a los pasos de su persona y que se le adelanta sólo ante los peligros.
  • Por último, estimado Werner, has dicho que sin el náhuat El Salvador es una nación sin rostro ¿qué matices y recovecos guarda esta afirmación?
  • El nawat es el último idioma nativo de nuestro país. Perderlo sería dejar ir a todas las generaciones de mujeres y hombres que sus saberes fueron expresados en esta lengua. El negar esta herencia es negar aquello que conforma nuestro mismísimo rostro: nuestra identidad.
Categorías
Canaimera

Estuardo Prado | La X en el mapa

Una odisea de múltiples monstruos y sirenas asesinas en el camino y que no siempre llega a buen puerto: eso es publicar en Latinoamérica. Los escritores —los ulises— tienen que enfrentar problemáticas arraigadas, como los son la censura o el canon impuesto por las grandes casas editoriales, asumidas en buena cantidad por los grandes consorcios españoles que imponen sus criterios editoriales y a los cuales no siempre se ajusta la literatura de nuestro continente. Por lo menos la literatura de vanguardia, la experimental, la subterránea, mucho menos la políticamente incorrecta.  Salvo algunos casos afortunados, no es nada fácil acceder a los emporios de la edición. Obras y obras que cada año son rechazadas a veces sin ni siquiera un dictamen de por medio, se perderían en la nada, a no ser porque, como sucede en estos lares canaimeros, existe la resistencia. Quijotes de nuestro tiempo, llamó la escritora Carla Pravisani a las editoriales independientes latinoamericanas.  Los son. Son quijotes, son resistencia, son guerrilla literaria, son la auxiliadora Atenea para que tantos ulises no naufraguen. Y si de resistencias hablamos, Centroamérica es una de las zonas donde más palpable se hace la presencia de las editoriales independientes ante gobiernos cuyas políticas públicas no suelen alentar el arte y la cultura y mucho menos el despertar sensible de sus poblaciones. Con anterioridad hemos señalados que existe un notorio movimiento editorial y literario en Guatemala. Catafixia, Sión, Quimera, Chuleta de Cerdo, F & G Editores, Cholsamaj, son algunos de los sellos que conforman los esfuerzos por dar voz a una literatura emergente, no sólo guatemalteca, sino centroamericana, y que en no pocos casos encuentra puntos de conexión con México y Sudamérica. En esta revolución cultural, uno de los protagonistas indudables (y podríamos decir que hasta legendarios) ha sido Estuardo Prado y su Editorial X, la cual fundó en 1998 y cuyos antecedentes los hallamos en la revista Anomia. Editorial X se ha distinguido desde sus inicios por dar voz a escritores emergentes y por identificar a estetas subterráneos que no son bien recibidos en otros espacios. Prado, nacido en Guatemala capital en 1971, es narrador, egresado de la licenciatura en Letras y Filosofía por parte de la universidad Rafael Landívar. Entre los libros que ha escrito, se pueden contar Estética del dolor (1998), Vision-es del exceso (1999), Los amos de la noche (2001), El Libro Negro (2000) y Siendo alcohólico-drogadicto me fue mejor y de paso escritor de mierda (2013), todos ellos en Editorial X.

  • Estuardo, ¿por qué decides volverte editor?
  • A mediados de los 90s, con un grupo de estudiantes de la Universidad Rafael Landívar, que también estudiaban Filosofía y Letras, comenzamos a escribir. Originalmente la idea era leer el trabajo de todos entre nosotros. Pero conforme fue pasando el tiempo y los textos fueron teniendo mejor calidad literaria, se nos ocurrió sacar un fanzine. Le pusimos de nombre “Anomia” y básicamente eran unas fotocopias engrapadas con textos nuestros. Poco a poco se fueron uniendo otros estudiantes que también tenían textos. Hasta que llegó un punto en el cual buscamos una editorial que nos publicara, pero el gremio literario era muy cerrado y no encontramos ninguna posibilidad. Por eso es que al final de la última revista, la sexta en 1998, publiqué el manifiesto de editorial X. Ese año empecé con la publicación de los dos primeros libros: “Estética del dolor” (mi primer libro de cuentos) e “Hijas de Shakti” una antología de escritoras.
  • Se ha dicho que Editorial X es contracultural ¿cómo definirías tu proyecto?
  • Pues la idea era publicar textos de calidad literaria de escritores que tuvieran un estilo propio, ya sea que hayan publicado o no, anteriormente. El crítico literario Guido Almansi define “estilo” como algo que rompe con el canon de lo que se está proponiendo como mainstream en una época determinada, teniendo que ser obsceno en su momento, pues es rechazado por no ir en la línea general literaria de su contexto histórico, similar al término de “desterritorialización” que proponen Deleuze y Guatttari. Eso era la que estábamos y seguimos buscando textos de ruptura en el manejo del lenguaje, tanto de forma como de temática y no desde un punto de vista comercial, como casi todas las editoriales establecidas tienen. Aunque suene un poco hermenéutico, a nosotros siempre nos interesó el texto por el texto. Creo que por tener nuestros medios propios de publicación nos permitió sacar libros contraculturales, sin importar su tónica, pues lo importante era la calidad literaria y la ruptura con el mainstream.
  • ¿Cuál es tu visión de los escritores y la literatura centroamericana contemporánea?
  • Actualmente hay varias propuestas muy interesantes a nivel centroamericano, pero creo que las editoriales alternativas nuevas han servido para poder difundir las voces de escritores nuevos, aunque con el tiempo se integraron ya al canon por su calidad literaria. En Costa Rica proyectos como Perro Azul, de Carlos Aguilar, nos trajo las propuestas de autores muy buenos como Alexander Ovando, Alfredo Trejos, Luis Chaves. En El Salvador Los sin pisto, dirigida por Mauricio Orellana, nos brinda una opción muy interesante de autores como Jacinta Escudos y el mismo editor. En Honduras la editorial Mimalapalabra dirigida por Guiovanni Rodríguez hace lo mismo, brindar un espacio a esos escritores que valen la pena.
  • ¿Y en específico de Guatemala?
  • En Guatemala, como tú lo señalaste, hay una nueva oleada de editoriales alternativas que ha ido surgiendo y sacando a la luz escritores que valen la pena: Ediciones Bizarras de Simón Pedroza, Chuleta de cerdo de Alberto Arzu, Alambique de Marco Valerio Reyez, Vueltagato de Pablo Bromo, Catafixia de Luis Méndez Salinas y Carmen Lucia Alvarado. Más recientemente, Colectivo Amberes en donde se reunieron distintas voces como Matheus Kar, César Yumán, Laura Arévalo, Diego Ugarte y Marcos Gutierres, entre otros.  Además de POE de Wilson Loayes, Sión Editorial, Quimera y Testigo ediciones, entre otras. Las cuales, la mayoría, son dirigidas por escritores y que nos han traído una pluralidad de nuevas propuestas literarias de valor además de las de sus propios escritores/directores: Vania Vargas, Alejandro Marre, Julio Serrano y muchos otros.
  • ¿Existe una relación de hermandad entre los escritores de Guatemala y México?
  • Creo que sí, pero no sólo por el idioma que compartimos o la cercanía, sino también porque hemos compartido una historia en donde varios de los principales escritores guatemaltecos han encontrado un hogar en México,  al salir por x o y razón pero por lo general durante épocas difíciles en nuestro país. Tales como Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso o Carlos Solórzano. En lo personal, desde hace varios años con la Revista Generación, dirigida por Carlos Martínez Rentería, he tenido la oportunidad de encontrar un espacio en donde contribuir con mis textos. Igualmente con el proyecto de Ediciones Periféricas de Nahum Torres hemos empezado un intercambio al realizar la primera coedición de la novela “Si Dios me quita la vida” de Francisco Alejandro Méndez (Premio Nacional de Literatura Guatemalteca Miguel Ángel Asturias 2017) y esperamos seguir con este intercambio.
  • Precisamente hablando de éste, que es uno de los últimos trabajos que has publicado, Si dios me quita la vida, de Francisco Alejandro Méndez, sin duda, uno de los escritores latinoamericanos más interesantes de la actualidad. Como mencionas, lo hiciste en coedición con Ediciones Periféricas, de México. En este sentido, ¿la coedición será la estrategia maestra para cultivar las interrelaciones literarias entre los países latinoamericanos tan aparentemente separados los unos de los otros?
  • Creo que sí, pues a pesar de la cercanía de nuestros países, la circulación de nuestros libros es difícil y ésta, como te mencioné, es una forma idónea para poder hacer que las propuestas literarias circulen. Además, surgieron proyectos en común como TriNorte (Triángulo Norte Ediciones), en el cual tenemos proyectos de integración en circulación de libros y coediciones entre Honduras, El Salvador y Guatemala, específicamente con las editoriales Los Sin Pisto, Mimalapalabra y la X. Empezando por una página en común, un fanzine y una Antología (digital e impresa). Si Dios me quita la vida de Francisco Alejandro Méndez es el principio de proyectos con Ediciones Periféricas y así iremos ampliando la difusión y la colaboración entre proyecto similares latinoamericanos.
  • ¿Qué papel juegan las editoriales independientes en Latinoamérica?
  • De una u otra manera creo que estas iniciativas de editoriales alternativas son las que traen a la luz nuevos escritores con propuestas sólidas y frescas. Con calidad literaria, pues su fin no es netamente comercial, sino artístico. La literatura por la literatura en sí, anteponiendo la calidad en las propuestas ante las posibilidades puramente mercantilistas, como pasa con las grandes editoriales.
  • Literaria y editorialmente hablando ¿hay un subordinaje nuestro hacia España?
  • No lo creo, pues en nuestros países hay escritores con propuestas muy sólidas y de gran calidad literaria. La diferencia tal vez radica en que en España las editoriales tienen más medios de difusión y promoción, además de contar con un aparato de crítica literaria que dan luz a las obras y a sus autores.
  • A causa de la pandemia Si dios me quita la vida tuvo que salir primero de manera virtual ¿cómo fue esa experiencia para ti y, crees que esto anuncia y determina el futuro del libro impreso?
  • Creo que, aunque suene algo raro, lo único útil que nos trajo la pandemia fue una mayor inmersión en la virtualidad, obligatoriamente. Pero de la cual han surgido resultados muy interesantes. Como por ejemplo el cierre de fronteras entre los países centroamericanos nos ha hecho pensar en nuevas estrategias de colaboración y de trabajo en conjunto. Así como la posibilidad de crear espacios que antes no se estaban aprovechando anteriormente. Por ejemplo, el año pasado di un curso de creación de relato, en él participaron escritores no solo de Guatemala, sino de varios lugares: El Salvador, Perú y  Estados Unidos. Viendo la calidad de los textos trabajados, estamos por sacar de forma digital e impresa una antología latinoamericana “Voces desde el encierro”. No creo que el libro digital llegue en su totalidad a substituir el libro impreso, esto sería muy repoto. Nuestra relación con lo impreso, o grabado en algo físico, ya sea papel o arcilla, va desde el inicio de la civilización humana. Pero sí impulsó a usar este recurso el cual ya existía desde hace varios años y del cual se pueden tener una difusión mucho mayor de nuestras propuestas literarias, principalmente de áreas aisladas, como nuestros países, que estando tan cerca geográficamente, ya desde antes siempre ha sido difícil y costoso la difusión de nuestras propuestas.
  • ¿Son los escritores mejores editores?
  • Tal vez sí, pues siempre va a verse desde un punto de vista diferente al de alguien que no sea un escritor. Brindándole más importancia al texto, que a sus posibilidades mercadológicas.
  • ¿A qué se debe que hayas publicado la mayoría de tus libros en Editorial X?
  • La verdad creo que mis textos son bastante ácidos, recurro a la ironía, al humor negro y a la deconstrucción social de la manera más contundente que he podido, lo cual lo hace un texto contracultural radical en donde se cuestiona todo, de la manera más fuerte posible. Con estas características, sólo he podido encontrar algunas otras iniciativas para poder publicar sin censura de ningún tipo, como en editorial Germinal, de Costa Rica, que sacó una edición de “El libro negro”, en México con la Revista Generación con algunos relatos míos, y en Italia, en la Universidad La Sapienza, en donde se tomaron la tarea de hacer una traducción de algunos de mis textos.
  • ¿Qué es para ti la rebeldía?
  • Rebeldía para mí no es necesariamente ir en contra de todo, si no cuestionar la realidad de una manera crítica, pues estamos socialmente siempre siendo manipulados por intereses más allá de los nuestros y denunciar la hipocresía o las verdaderas intenciones de estas estructuras de poder que brindan un discurso que lleva vedado sus verdaderos propósitos. Y en determinado punto oponer resistencia a ellos.
  • ¿Por qué has priorizado al cuento sobre de otros géneros literarios?
  • Fíjate que antes que ser editor, fui escritor y antes lector obviamente. De una o de otra forma me interese más, o tuve más contacto con la narrativa. La disfruto más, la verdad. Eso ya es un gusto personal. Aunque considero que todos los géneros literarios tienen un valor estético igual… son arte.
  • ¿Te consideras un creador “underground”?
  • Quisiera pensar que sí. Aunque con el tiempo muchos de los que empezamos en editorial X han pasado a ser parte del canon literario nacional. La verdad es más divertido estar en las filas de la trinchera revolucionaria y contestataria, que estar en el canon como una figura de un museo de historia.
  • ¿Qué piensas de la actual literatura feminista latinoamericana?
  • La verdad he tenido más contacto con el movimiento literario LGBT, hasta sacamos la primera antología a nivel centroamericano: Anatomías del deseo negado (2018).  Creo que la literatura feminista es necesaria, pues mucho de la represión que se ha tenido viene de los mismos males culturales, los cuales surgen de una misma raíz: una sociedad capitalista, patriarcal y heterosexual represiva.
  • A los escritores ¿nos está astringiendo la corrección política?
  • Creo que últimamente la lucha por los derechos de los diferentes sectores de la sociedad que han sido reprimidos históricamente nos está llevando, paradójicamente, otra vez hacia una represión, en lugar de un ambiente de apertura social y respeto hacia la libertad de expresión (que debería de ser lo más importante pues es lo primero que se pierde en un sistema represor), ahora siento que se está creando una sociedad en donde para estar “políticamente correctos” ya no se puede hablar con libertad sin que algún grupo proderechos de lo que sea brinque.
  • ¿Qué significa ser escritor en Guatemala?
  • Es interesante… para mí fue la oportunidad de poder crear textos que pretendían deconstruir todas las instituciones sociales, nuestras historia y nuestros “valores” (entre comillas). Sentía que cada uno de mis libros, al salir, eran una bomba Molotov en contra de una sociedad hipócrita y falsa.
  • Por último, estimado Estuardo, y esta pregunta más bien se la hago a Masterdrogo ¿cuál es esa conciencia a la que podemos asumir como una última frontera?
  • Te contestaré con una cita del mismo libros, de Artaud: “Y tú, desquiciado lúcido, portador del cáncer, meningítico crónico, tú eres el incomprendido. Existe algo en ti que ningún doctor llegará a comprender y esto es lo que para mí te salva y te hace majestuoso, puro y maravilloso. Tú estás afuera de la vida, estás sobre la vida… tú vas más allá, más allá del nivel normal y esto es por lo que los hombres están en tu contra, pues envenenas su quietud, eres el que rompe su estabilidad…”. La conciencia de ser seres libres, que cuestionan todo, que tienen sus propias opiniones, aunque no sea políticamente correctas, que viven como quieren…esa es la última frontera : ser verdaderamente libres.
Categorías
Canaimera

Carla Pravisani | La Escuela de la Nada

Carla Pravisani (Misiones, 1976), es una escritora viajera. Su largo sendero la llevó lejos de su natal Argentina, y ha podido vivir algunas estancias en México, Cuba, Barcelona, hasta que al parecer ha anclado en Costa Rica. Al leer la vasta obra de Pravisani, podría afirmarse de ella que es muy narrativa en sus versos, y muy poética en sus narraciones. No obstante, su calidad literaria en ambos géneros es impecable e indiscutible. Ha ganado la mención honorífica del prestigioso Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón en su emisión 2010 y dos veces ganó el Premio Nacional Aquileo Echeverría, una en cuento y la otra en novela. Asimismo, también dos veces resultó beneficiada por la Beca Creación para el Fomento de las Artes Literarias.Entre sus publicaciones destacan los libros de cuento Y el último apagó la luz (Perro Azul, 2004), La piel no miente (Premio Nacional Aquileo Echeverría, 2012), Las hienas del miedo (Germinal 2016), así como los poemarios Apocalipsis íntimo (Perro Azul 2010) yPatria de carne (Casa de Poesía, 2015) y la novela Mierda (Premio Nacional Aquileo Echeverría, 2018). También ha publicado el ensayo Taxidermia del cuento (Uruk, 2019). Su obra ha sido publicada en Centroamérica, España, República Dominicana, Argentina, Miami, y su poesía ha sido traducida al italiano, maltés, ucraniano, alemán y serbio.  

  • Estimada Carla, ¿qué te hace dejar Argentina y cómo terminas en Costa Rica?
  • Soy de la camada “crisis Argentina 2002”.
  • ¿Qué diferencias y similitudes encuentras entre los ámbitos literarios de ambos países?
  • La diferencia más importante que encuentro tiene que ver con la visibilidad a nivel editorial. Argentina es un polo de interés para otros mercados, a Centroamérica solo la ubican para hablar temáticamente sobre violencia.
  • ¿Cuál es tu visión de la literatura centroamericana contemporánea?
  • Creo que hay cada vez más esfuerzos por conectarnos, por leer lo que se produce en el país o en los países vecinos. Librerías independientes, pequeños proyectos editoriales, talleres,  festivales literarios cada vez más serios. En fin, ese ecosistema genera encuentros y, por ende, autoestima literaria local.
  • ¿Y del resto de los países latinoamericanos?
  • Cada país es un mundo, qué sé yo. No conozco ni el 1% de lo que se produce, conozco de lo que se habla, pero lo que se habla no representa todo lo que se hace. Ni siquiera sé si es lo que verdaderamente importa. Sobre todo leo a muchas autoras latinoamericanas actuales.
  • Dos veces ganaste el Premio Nacional Aquileo Echeverría, ¿qué tan importantes son los premios para la consolidación o reconocimiento de un escritor?
  • Depende el escritor. Hay escritores que se deprimen con el reconocimiento y ya no escriben nunca más. A cada quien lo motoriza distinto “ese afuera” que nada tiene que ver con la escritura.  A mí me cayó muy bien, sobre todo si ganás plata. Sentir que el cheque viene por algo que escribiste por puro gusto o por puro tormento es algo raro, como una palmadita en la espalda que te da Dios como diciéndote: “¡Bien hecho, mi criatura, te lo ganaste! ¡Anda por esa freidora de aire que tanto querías!”
  • Has afirmado que nada hay más útil que la poesía ¿qué piensas de la narrativa?
  • Yo en realidad dije “nada más inútil que la poesía” pero me encanta ese equívoco. Porque también fue como una frase aislada  que dije ya no recuerdo ni en alusión a qué, pero que luego se transforma en un titular por el gusto del entrevistador y uno se queda pegado a sus propias sentencias, la huella digital de nuestra efímera oralidad.  Ahora bien, ¿qué pienso de la utilidad de la narrativa? Desde un contexto tan alienante como el actual, la literatura, la escritura, el arte en general, son formas de darle voz al sujeto y no ahogarnos en nuestras representaciones. No se me ocurre que exista mejor manera de respirar.
  • Hoy en día el mundo virtual reboza de revistas electrónicas dedicadas a la literatura, ¿crees que de verdad son útiles para que un escritor difunda su obra o se convierten en un cementerio de textos?
  • Va a depender de la calidad literaria de los textos que se promuevan. Lo malo muere pronto. La próxima generación generará sus propias mierdas, no necesitará de las nuestras. Cuánto mayor es el criterio editorial de un proyecto más capacidad de resonancia y permanencia tiene.
  • Tuviste a bien vivir y estudiar un tiempo en España ¿cómo ven ellos y cómo viven la literatura latinoamericana contemporánea?
  • En España hay muchos proyectos editoriales (grandes y pequeños), y creo que en general están atentos a lo que sucede (y se escribe) en Latinoamérica, obviamente con sus sesgos. Es decir, un argentino que vive en el barrio de Lavapiés en Madrid tiene más chance de que su libro llegue a ser leído, comentado, discutido y publicado, que uno que vive en Humahuaca de Jujuy, a éste último le va a costar hasta que lo lea alguien de la capital de su misma provincia. La periferia siempre es periferia. Pero nada es imposible. Ahora hay más acceso que antes a la difusión y al encuentro.
  • ¿Piensas que el libro digital desplaza paulatinamente al libro impreso?
  • Pienso que es algo con lo que hay que vivir. La imprenta reemplazo a los códices y aquí estamos, nadie se da con una piedra en el pecho por no poder leer más libros enrollados en papiro.
  • Quizá en pocos países se experimente una división tan marcada entre los creadores de la capital respecto a los creadores de provincia como en la Argentina ¿cómo viviste este fenómeno?
  • El anonimato de ser provinciana tiene su encanto. Eso de no vivir nunca en un lugar que sea foco de interés para ningún mercado literario y que una vea como las discusiones sobrevuelan tu cabeza a la larga da cierta paz. La renuncia es esa sabia superposición entre la impotencia y la libertad. Una utopía a la que todavía tenemos acceso los periféricos.
  • ¿Qué significan para ti los festivales literarios y que utilidad les ves con respecto a los escritores y el público asistente?
  • Los festivales literarios son formas de encuentro, de diálogo, de mirada. Uno lee, escucha y descubre autores, se cruzan lecturas, recomendaciones. Para el público local es también una forma de darse cuenta de su propia riqueza.
  • Hoy en día ¿el escritor no llega a ningún lado sin el marketing, sin la publicidad?
  • ¿A dónde se supone que hay que llegar? A veces se confunde el mercadeo literario con la literatura.
  • En ese sentido ¿cuál piensas tú que es el papel que juegan los agentes literarios?
  • Imagino que defienden los intereses económicos del escritor, que le aseguran cierta proyección de su obra.
  • ¿Qué es la Escuela de la Nada?
  • Una plataforma de talleres y workshops que guían a las personas a  descubrir su talento a través del autoconocimiento, la escritura y la creatividad.
  • ¿Qué resultó de la taxidermia que hiciste al cuento?
  • De eso resultó un libro, una reflexión ordenada de aspectos que se discuten en torno al cuento.
  • ¿Qué importancia crees que tienen para la literatura latinoamericana contemporánea las editoriales independientes?
  • Toda la importancia. La importancia de darle voz a la singularidad,  a lo que no es mercado, al riesgo, a la pérdida. Son los Quijotes de esta época.
  • Por último, Carla, ¿sigues siendo tributaria de la risa y enemiga de los payasos?
  • Sí.
Categorías
Canaimera

Felipe Ríos Baeza | Un profeta en pandemia

¿Qué será la profecía, un género literario o teológico? Ambos, sería quizá la repuesta más prudente, pues si es verdad que la profecía se supone un ejercicio espiritual, un diálogo no pocas veces directo con Dios, también es cierto que, sin necesidad de profesar ningún credo, se pueden reconocer entre los legados más hermosos de la literatura antigua varios libros proféticos. Y no sólo del mundo antiguo, puesto que hasta bien entrado el siglo diecinueve, debemos obras literarias (ficción para algunos, para otros no) de notable factura. Pienso en las voluminosas visiones de Blavatsky. Aunque también es verdad que el “género profético” se fue diluyendo (como literatura virtuosa, no como fenómeno) en ese mismo siglo diecinueve,en buena medida a causa de la ciencia ficción que la fue devorando. Aún así, hay libros que siguen sonando a profecías, más cuando su aparición en el mundo coincide con las catástrofes que vislumbra. Y me parece que esto le ha sucedido al libro Infectados (que ha tenido a bien publicar la editorial mexicana Ediciones Periféricas) autoría del escritor Felipe Ríos Baeza (Santiago de Chile, 1981), la cual, por su reciente aparición en el mercado digital, nos ha servido de pretexto para esta entrevista que nos ayudará a comprender a este joven narrador chileno cuyas letras resultan tan interesantes para la literatura contemporánea de nuestra Canaimera. Ríos Baeza, además de escritor, se ha desempeñado como crítico, académico, comunicólogo y editor. Entre sus libros de ficción podemos contar la novela Clowns (Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla, 2015) y el libro de cuentos Satori (Rialta ediciones, 2018). Entre sus obras académicas destaca El desvarío ilustrado. Ensayos sobre literatura hispanoamericana contemporánea (Universidad Iberoamericana-Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2014). Infectados se puede conseguir en https://amzn.to/3oqhCoL.

  •  Felipe, ¿eres un profeta?
  • Ja, ¡los dioses, o el Yahvé de Moisés, me libren siempre de aquello! Creo más bien que el azar ha acomodado bien las cosas con mi novela. Si acaso tuviera alguna brizna de profeta, sería porque nunca lo fui en mi tierra, lo que es bueno en cierto punto. De todas maneras, creo que cualquier persona que se dedique a escribir, componer, pintar, etc., atraviesa el desierto, en algún momento de su vida, y sube a algún Sinaí para recibir algo a cambio. Pero en el caso de Infectados, las circunstancias fueron más peregrinas, nada sagradas: durante una cena con amigos, el 2016, recordábamos la contingencia y las medidas, igual de caóticas y absurdas que las del 2020, que el gobierno tomó cuando en 2009 cayó sobre nosotros la influenza AH1N1 (a la que sigo llamando, por todas sus connotaciones feroces y burlescas, “la porcina”). Debido a que esas medidas, como las de ahora, no hicieron sino aumentar la incertidumbre y el miedo, siempre pensé que ahí había un marco de referencia para una novela. Si te acuerdas, durante los primeros días de esa pandemia parecíamos estar dentro de una novela o de una película distópica; entonces tuve una primera imagen: un sujeto que está feliz de quedarse en casa con el televisor encendido, mientras el mundo se cae a pedazos. Eso me daba pie para que, paralelamente, contara otra historia, que también hablaba de una “enfermedad”: la de cómo la ficción del escritor apócrifo Virgilio Mondragón, personaje de Infectados, acababa influyendo en la vida cotidiana del narrador.
  • Platícanos de Infectados y cuál es tu sentir de verla germinar en estos tiempos turbios de pandemia.
  • Como mencionaba, la novela surgió en 2016 y tardé más o menos un año en escribirla. Sus temas (una pandemia más mediática que real; los efectos de una cuarentena en una persona que cumple a rajatabla con las medidas; la sátira al mundo académico; las reflexiones sobre el poder de la ficción literaria en la realidad, etc.) y su estructura (fragmentaria, metaliteraria) en realidad surgieron muy rápido. Lo que tardó más, como siempre me ocurre, fueron las correcciones a ese texto inicial. Suelo ponerme con demasiada seriedad por las mañanas la bata del Dr. Jekyll para tijeretear aquello que Mr. Hyde ha escrito durante las noches. Después, como le ocurrió a Clowns, también, Infectados tuvo que acumular algunos indispensables rechazos editoriales, hasta que una amiga escritora, Isa González, le comentó su trama a Nahum Torres, el editor de Periféricas, y acordamos finalmente publicarla en este contexto inmejorable.
  • Parece que algunos de los personajes ya habían nacido en otras de tus obras e incluso mencionas la novela en uno de tus cuentos de Satori, ¿estás en la construcción de una red en tus ficciones o lo hiciste sin ninguna intención precisa o acaso vas dejando pistas de algo mayor a tus lectores?
  • Siempre me han parecido fascinantes los proyectos de literatura y metaliteratura “total” de algunos escritores, como Vila-Matas, Bisama, Fabián Casas, Bolaño o el mismo Borges, donde los libros individuales son piezas de una estructura mayor, y que solo al verlos juntos te das cuenta, como la máxima de la Gestalt, que el todo es más que la suma de sus partes. Esa idea de que los personajes brinquen de una novela a otra, o que las historias empiecen en un relato y acaben en otro,es de las cosas más fascinantes de articular con rigor un proyecto literario. Pero claro, después hay que ir dándole coherencia y robustez. Digamos que la intención que mencionas está (por ejemplo, el alter ego, Federico Racine, pulula desde hace muchos años en relatos que han circulado de mano en mano o en la red), aunque, claro, a veces los resultados no son los que uno se propone.
  • Ediciones Periféricas se distingue por la calidad de sus ediciones impresas, sin embargo, las circunstancias le han llevado al mundo digital, me parece que con bastante éxito. Dime, Felipe, ¿cuál ha sido tu experiencia en este ámbito de publicación?
  • Muy positiva. Desde hace algunos años soy un lector muy entusiasta de libros electrónicos, aunque en un comienzo tenía el mismo prejuicio deformante de todos los lectores tradicionales: perder el contacto físico con el objeto libro, como si se tratara de una relación fetichista (escribir en los márgenes con tu letra, poner un boleto de metro como marcador, en fin, esas cosas medio naif de la lectura tangible). Creo que el e-book permite una distribución más amplia y los dispositivos en los que se lee tienen muchísimas ventajas, como el precio y la accesibilidad de catálogo. De todos modos, por supuesto que valoro el libro regular y que espero ansioso la edición en físico de Infectados este trimestre.
  • Jugando a los profetas ¿cuál será el futuro del libro impreso y la repercusión de lo digital en la literatura?
  • Es una pregunta enorme. Recuerdo que hace unos 10 años, en una de las universidades en las que trabajaba, se dio una discusión algo bizantina (como casi todas las discusiones académicas) en torno a esto, que yo intentaba zanjar como un debate mal planteado, un falso dilema: los nuevos formatos no solo permiten leer de otra manera, sino incluso crear literatura de forma diversa, y eso es positivo a todas luces. Por supuesto, el boom de la literatura digital y multimedia, la twitteratura y todos esos fenómenos ya son algo trasnochados hacia 2021, pero en su momento supusieron nuevos modos de escribir y de pensar el fenómeno literario. En mi caso escribo de modo más tradicional, pero leo en cualquier formato porque precisamente el formato es secundario. A finales del siglo XIX, un francés, Octave Uzanne, pensó que el texto impreso iba a desaparecer en pocos meses debido a que ya era posible grabar sonido. Estamos a más de un siglo de distancia, imagínate, y siguen los mesones de librerías a veces repletos de papel entintado y mal usado que probablemente nadie va a atender.Eso sí me parece más problemático: si de algo habría que preocuparse, entonces, no es del avance mordaz de la tecnología o del fin del libro, sino de la ramplonería de los contenidos de esos libros y su multiplicación hasta el infinito. De lo que se trata es que la mayor cantidad de gente tenga acceso a cultura de calidad y quienes más se plantean este asunto en tono apocalíptico son, a veces, los consorcios editoriales, porque están dejando de ganar. Jacques Derrida, que es una de mis lecturas recurrentes, tiene un ensayo llamado «El fin del libro y el comienzo de la escritura», donde el propio título creo que es elocuente. No, el libro no desaparecerá, al menos en décadas; y en caso de que el objeto desaparezca, qué importa: la literatura persistirá. En el peor de los casos, nos convertiremos en los hombres-libro de Farenheit 451.
  • ¿Cómo fue tu salida de Chile y porqué escogiste a México como destino?
  • La salida de Chile fue planeada y voluntaria, pero la venida a México sí que fue azarosa. Aunque no lo parezca, Chile es un país pequeñísimo, donde los circuitos de escritura, publicación e investigación literaria se jibarizan cada vez más. Eso, quiéralo o no, genera una sensación de asfixia. Así que más o menos a mitad de la carrera, comencé a ahorrar y a juntar becas porque estaba convencido de que saldría de Chile. Mi destino inicialmente era España. Estuve en Barcelona dos años, haciendo la primera parte de mi doctorado, y fue una bocanada de aire fresco. Ahí, en la insurrecta comunidad latinoamericana que armamos en la residencia universitaria, fue donde conocía una poblana encantadora. Digamos que llegué a México persiguiendo una mexicana, como podría haber llegado a Ecuador, a Bélgica o a Namibia si esa hubiera sido la nacionalidad de mi (ahora) esposa.
  • Tú has hecho un dilatado estudio sobre este tema, así que dinos ¿cuál es tu visión de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Pasa por un momento muy positivo; desde hace muchos años la crítica y la academia internacionales han tenido la mirada puesta en el continente por razones ya más estéticas que políticas, y eso es muy bueno. Pero creo que ahora mismo las grandes apuestas, las grandes innovaciones que abren nuevos caminos (post-Bolaño digamos), se están haciendo en el Río de la Plata: Mariana Enríquez, Luciano Lamberti, Fabián Casas, Samantha Schweblin, Hernán Ronsino, Mauro Libertella… son escritores que tienen proyectos personalísimos, a los que no les da reparo jugar con los géneros, como el terror, el policial o la ciencia ficción, y convertirlos en otra cosa. De otros países, la apuesta de Juan Cárdenas y Margarita García Robayo, en Colombia, y Mónica Ojeda en Ecuador (sobre todo con Mandíbula y Nefando, que se leen en tándem), es notabilísima). En Chile veo algunas voces interesantes, pero creo que aún no es posible sacudirse de encima una etiqueta muy perjudicial, que inventaron la década pasada: “la literatura de los hijos” (y después la “literatura de los nietos”). Se trataba de escritores, como Alejandro Zambra y Nona Fernández, que quisieron recuperar el lugar de enunciación de la infancia para contar su testimonio durante los años de dictadura; pero luego eso, en las generaciones posteriores, derivó hacia una fórmula muy improductiva desde mi punto de vista: narrar la infancia porque sí, en clave testimonial, que de literario tiene muy poco. Hay escritores alternativos a eso que me interesan mucho más, como Camila Gutiérrez o Iván Monalisa Ojeda, a los que les da igual insertarse en un sistema literario establecido; y otros, como Álvaro Bisama, que de hecho rompe todos los sistemas, incluyendo los propios, con una literatura veloz, anticanónica, muy de géneros B y muy auténtica. La literatura mexicana actual vive un gran momento desde el punto de vista editorial, aunque como lector me entusiasma menos. El trabajo de Guadalupe Nettel, Valeria Luiselli, Yuri Herrera o José Sánchez Carbó me siguen llamando la atención, así como el de Vivian Abenshushan, Verónica Gerber y Horacio Warpola, que son más experimentales.
  • ¿Qué es para ti la crítica literaria?
  • Una rama de la literatura (a veces una rama de la literatura fantástica). La crítica literaria manifiesta como ningún otro género uno de los procedimientos elementales de la creación textual, que es la del “injerto”, así como lo entiende Derrida. Es decir, siempre se escribe un texto (de todo tipo, crítico o de ficción), al alero de otro texto, haciendo comentario, alusión o calco de otros. De ahí que siga siendo fascinante la obra de alguien como Borges, por ejemplo, donde no existe distinción, en el plano expresivo, entre sus textos de ficción y de no ficción. Lo que resalta la crítica literaria es, pues, el sistema de ideas, dejando en segundo lugar los afectos, situaciones y personajes, justo al revés de cómo lo hace un texto de ficción.
  • ¿Qué piensas de la literatura actual chilena y qué papel juega en los recientes y drásticos movimientos socioculturales de tu país?
  • Creo que es muy pronto evaluar la literatura, o las manifestaciones artísticas, generadas a partir de octubre de 2019, porque esa evaluación sería negativa y oportunista (por ejemplo, pienso en Despachos desde el fin del mundo, de Alberto Fuguet, que acaba de aparecer: una crónica rápida de los acontecimientos y una evaluación aún más rápida de los mismos. Es de lo peor de Fuguet; el Fuguet descomunal está en Missing, por ejemplo, que es cuando se toma las cosas con más calma). Ese tipo de literatura me interesa poco, porque toda literatura coyuntural tiene fecha de caducidad. En cambio, lo que hizo, por ejemplo, Álvaro Bisama en “La lengua alien”, casi como corresponsal de guerra cuando testificaba los sucesos en el punto neurálgico de la protesta —Plaza Baquedano, hoy rebautizada Plaza Dignidad— me pareció más inteligente: un texto donde Bisama desaparecía detrás de las voces colectivas —como lo hace Svetlana Aleksiévich en sus libros​— y a partir de un catastro de graffitis, armó una suerte de “literatura de la calle”, consignas de distinta carga estética y semiótica, y que representan mucho mejor al Chile de los últimos 15 meses que todos estos textos que intentan hacer evaluación, crítica, sublimación artística, etc. Más que una literatura o un arte hecho expresamente para el 19-O, me interesa más el modo en que la obra de Raúl Zurita o de Nicanor Parra fueron resignificadas a la luz de la coyuntura. Por ejemplo, me tocó ver, mientras estuve en Chile antes de la pandemia, a una ex compañera de universidad, semidesnuda, subida en la estatua de Baquedano, con los senos pintados y con un megáfono, recitando y actuando poemas de Raúl Zurita. Fue brutal porque eso implica la posteridad (creo que en caso de que a Zurita no le den el Nobel podría irse a dormir tranquilo con ese homenaje). Lo que espero es que este remezón general, que ha traído de manera pareja asuntos tanto positivos como negativos, saque a los escritores chilenos del paradigma de “la literatura de los hijos y los nietos” y les provoque escribir cosas más estimulantes.
  • ¿Qué significa México para ti?
  • Todo. Explosión creativa, cromática, gastronómica. Verborrea feliz y mareante. Trabajo y familia. Posibilidad de recorrer un mundo que siempre pensé más ancho que aquel que veía desde el ventanuco de mi habitación de adolescente en Santiago de Chile. Es curioso, porque soy muy poco afecto a la literatura mexicana reciente; en cambio, estoy completamente inmerso en su idiosincrasia y su gente, al punto de que mi escritura y mi acento, como le pasa también a Fabio Morábito o le pasó al mismo Bolaño, ya están preñados de giros lingüísticos del centro de México y del bajío.
  • ¿Sigue prendiéndote el rock latinoamericano, como en tu Clowns?
  • No, ya no. De hecho, cuando escribí Clowns el tono que buscaba era justamente el de una nostalgia por el rock que ya se fue; ese rock que en Chile arranca a mitad de los 80s, con Los Prisioneros, y se extiende más o menos hasta el 2000. En esos años de colegio se produjo algo así como una supernova de bandas extraordinarias, en un país regularmente pequeño y modesto. Aún recuerdo la sensación de encender el radio por las tardes, después de hacer la tarea, y oír los primeros discos de Los Fiskales, Machuca, Paniko, Santos Dumont, Los Tres, Lucybell, Canal Magdalena, entre otros, lo que suponía estar viviendo un momento totalmente inédito. Esa hondura compositiva ya no volvió a darse y, lamentablemente, esas mismas bandas, y aún más las nuevas, reciclaron fórmulas. Creo que la salvación de la música rock latinoamericana está en el metal (Sentencia, Split Heaven, Cemican), pero eso daría para otra entrevista.
  • En tu opinión ¿a qué obedece el boom de escritoras latinoamericanas que se ha dado en estos últimos años?
  • Creo que son varios los factores que inciden: uno, innegablemente, es el contexto editorial propicio para ello y la disposición de la academia para hacer rescate y valoración con otros criterios más frescos que los de los estudios de género tradicionales. Pero rápidamente este boom se hubiera apagado si no existieran escritoras, que ya mencioné (Ojeda, Schweblin, Enríquez, Nona Fernández), y que tienen un proyecto con riesgo y hondura que seguro perdurará.
  • ¿Son imprescindibles los reflectores y la mercadotecnia para alcanzar notoriedad como escritor o sigue vigente la magia del destino y la buenaventura?
  • En el campo literario no existe el destino y la buenaventura. Digamos que eso, desde Pierre Bordieu, ha quedado claro: hay circunstancias, tomas de posición, entornos de academia, de crítica y de editorial, que en un momento dado provocan que una obra valiosa, del pasado o del presente, se encumbre. Nunca olvidemos que la figura de un “autor” se construye, es una noción funcional, independiente del sujeto que teclea o toma un lápiz, y que ayuda a generar un mínimo marco de recepción. Esto funciona por igual para un rockstar tan sobreexpuesto como Salma Rushdie como para Thomas Pynchon, el más sensato de todos. Aunque, para qué mentirte: la imagen de un escritor entregado a su proyecto, que le da igual la comercialización de sus libros, me sigue resultando encomiable y hermosa. Ahí el prototipo es John Cheever, que se despedía de su esposa todas las mañanas fingiendo ir al trabajo, bajaba al cuarto de lavandería donde tenía una máquina de escribir, se echaba ocho horas y luego subía, como sin nada. Es delirante, pero hay que ser así de delirante para dedicarse a una pasión inútil como ésta.
  • Prosiguiendo con tu vena académica, y sabiendo que también es una figura a la que has estudiado ¿cuál piensas que es la densidad de Roberto Bolaño en los escritores contemporáneos latinoamericanos?
  • Fundamental, sin duda. En un momento, durante el siglo XX, todos los escritores debían pasar por el desfiladero de Borges o de Cortázar o de Octavio Paz, aunque solo fuera para refutarlos. Y desde finales del siglo es Bolaño quien poco a poco va ganando ese centro del sistema literario y se convierte en sí mismo en un canon, siendo lectura obligada. Los marcos de exigencia, y de semejanza o diferencia literaria, los fija él, sin duda, sobre todo a partir de Los detectives salvajes pero aún más con “La parte de los crímenes”, de 2666. Nadie ha vuelto a escribir como él. Por supuesto,es contraproducente evaluar la literatura actual desde la porción de la obra de un solo autor; pero es lo que sucede y resultará inevitable por algunos años más.
  • Tuviste la oportunidad de vivir en Barcelona ¿Cómo se mira desde España, literariamente, a la Latinoamérica actual?
  • Mi estancia en Barcelona fue breve, en realidad, aunque su impacto demoledor. Entre el 2005 y el 2007 fui testigo de que la literatura latinoamericana ayudó y ayuda a los españoles a salirse de ese realismo gris franquista y post-franquista. Cuando estuve allí aún se llevaban a cabo cursos sobre la trascendencia del boom, por ejemplo, y los mismos profesores nos preguntaban qué pensábamos de gente como Cortázar o Donoso o García Márquez (no se creían que hubieran surgido ahí, en nuestros países, como una anomalía, esos individuos beta malformados). La evaluación positiva de nuestras letras en España es total: son tremendamente receptivos a todo lo que viene de este lado. Pero pensemos también que los grandes consorcios editoriales están ahí y, como hablábamos antes, esos consorcios construyen, a veces con demasiada ansiedad y poca sutileza, la nueva narradora o narrador latinoamericano, heredero del boom, que provocará, por un lado, un viraje en el curso de las letras en español; y por otro, la posibilidad de que el lector se lleve su libro en pasta dura en agosto a la playa.
  • ¿Cuál es tu sentir con respecto a las editoriales independientes?
  • Ante la máquina acorazada de los grandes consorcios, para usar una metáfora de Lamborghini, me parece que son la posibilidad de oxigenación y frescura para las personas realmente interesadas en leer. En una editorial independiente aún existen editores que realmente(y esto ya es para ponerse a llorar) leen tus libros y comparten contigo un café o una copa para comentarlos. Eso ya nadie lo hace. Al menos con los editores independientes que he trabajado mis novelas y volúmenes de cuentos, como Carlos Aníbal Alonso y Nahum Torres, percibo su vocación como auténtica: saben que están apostándolo todo a algo que les traerá más perjuicios que beneficios, sobre todo en lo económico. Por otro lado, Rialta y Periféricas son mis casas editoriales actuales y uno siempre debe estar agradecido que dieran a conocer libros raros como los míos.
  • Por último, Felipe, y aunque parezcan versos de Raúl Zurita, ¿habitamos en el terror? ¿Nuestro planeta es el terror? ¿Nosotros provocamos tal terror?
  • En efecto parecen versos de Zurita. Pero como lo planteas, me parece, también, como si el terror fuera uno de los elementos naturales de todo planeta habitable. Nos han enseñado el escepticismo a golpes, más aún en nuestros países, y es difícil creer ya que la emancipación humanase produzca de modo espontáneo y civilizado. El terror está ahí, siempre: un agujero enorme al centro de la habitación en la que alguien escribe, toca el piano, hace el amor o cría a sus hijos. Sería intolerable para la vida cotidiana estar todo el tiempo asomándose a ese agujero; pero para el arte es fundamental. Pensemos en Goya, por ejemplo; o las performances de Gina Pane o algunos pasajes de novelas de Joyce o de Faulkner: es gente que se ha asomado a ese agujero y ha intentado darle forma al horror para tolerarlo. Pero bueno, tampoco nos pongamos tan tremendistas: volviendo a Zurita, recuerdo unos versos que podrían postularnos una salida amable: «Nací bajo Pinochet, viví bajo Pinochet, / morí bajo Pinochet. Pero te quería yo / tanto que hasta no me parecía tan malo».