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Canaimera

Nérvinson Machado | El Gilgamesh insurgente

Hace ya un par de años, durante una jornada de vino y letras, en el marco de la feria de libro de Guadalajara, llegué a un bar de la colonia Americana, donde un grupo nutrido con algunos de los mejores poetas y narradores chiapanecos, hacía un barullo tremendo que contagiaba a todo aquel que estuviera unos cuantos metros a la redonda. Para mi fortuna, me tocó sentarme en esa mesa de locura junto a un, hasta entonces, ajeno personaje del cual me habían dicho era editor y poeta. De hecho, alguien me mostró la versión artesanal del libro que estaban presentando en la feria:Texas i love you, de René Morales. El trabajo artístico de la edición era a lo sumo cuidadoso y propositivo. El editor, mi compañero de mesa, era Nérvinson Machado (Caracas, 1976). No fue difícil sentir la calidez de Nérvinson, poeta apasionado y de conversación amena y suelta. Su vida era un periplo de peregrinajes, a veces gozosos, a veces dolorosos. Marcada tiene el alma Nérvinson, como marcado tienen el rostro los hombres que han padecido una vida de constantes y tremendas batallas. Llevaba consigo un ejemplar de Dub-Sar. La angustia de Gilgamesh por la muerte de la escritura, que le publicó la legendaria editorial mexicana Aldus. Tanto la editorial, como el tema del poemario, llamaron mi atención y comencé a hojear allí mismo el libro. No suelo hacerlo en medio de bacanales, porque uno, obviamente, no se puede concentrar, pero algo de eleusinos, tenían esos versos de Machado, algo en su diálogo con la literatura antigua que los hacía atrayentes, como todo hermetismo, como todo esoterismo; intrigantes, iguales a la gitana que se acerca a leernos la mano a mitad del carnaval. Allen Ginsberg intuyó que sólo una obra que pudiera ser cantada en lo más álgido de una orgía (por ello el Aullido) y terminara inflamando a las bacantes mucho más que el vino y los placeres, era la única que podía meritoriamente recibir el nombre de poesía. Nérvinson es de esa clase de poetas, que irrumpe con su canto en la medianía del caos y le dota de un orden desordenado. Inscrito en su papel antiguo, ha fungido como juglar de varios reinos, o bien profeta de varios reyes, y no siempre su clarividente poesía ha sido recibida con beneplácito, y como juglar ha tenido que huir del feudo, y como profeta esperar los guijarrazos de la turba ciega. Será que nuestras naciones viven un arcaísmo, una tara, que les impide aprovechar las voces disidentes. Nérvinson, venezolano mundial, es poeta, narrador, ensayista y docente, además de ser el cerebro y espíritu de Anónima Editores, proyecto que está irrumpiendo con fuerza en el mundo de las editoriales independientes latinoamericanas. Entre sus libros se cuentan, además del ya citado, los poemarios El Libro de los Muertos o Caminos de Sueños Insomne (El Arte de Reir – Santiago, 1995), prologado por el chileno Armando Uribe Arce, y Umbilical (Universidad Autónoma de Nuevo León). Su obra se ha publicado en casi toda América Latina y parte de Europa. Comenzaré y terminaré esta conversación, paladeando unos versos que Nérvison pone en boca de su Gilgamesh particular y que enmarcan poéticamente a esta tremenda Canaimera: “¿Y si la noche latinoamericana fuera en realidad un continente donde queremos dormir y no despertar jamás?”:

  • Paul Bowles, en su Bajo el cielo protector, hace una cándida diferenciación entre lo que es ser un turista y un viajero, haciendo un incisivo hincapié entre la simpleza del primero ante la complejidad, casi contemplativa, del segundo. En ese sentido, ¿qué ha significado para ti recorrer América en los términos en que los has hecho?
  • Hay un poema de León Felipe, “Auschwitz”, que te hace pensar en esta paradoja que comentas, porque no sólo está presente cuando recorres un territorio distinto al que conoces, sino también en la literatura. En el poema que te menciono, Felipe dice que la realidad “es otra cosa” haciendo alusión a que no puedes estar de turista en el infierno. A él mismo le tocó ser testigo de una guerra civil bastante sangrienta, cuando Franco se levantó en armas. Y a pesar de las desgracias que tuvo que vivir, plantea que sus palabras quedan cortas ante los horrores que vivieron los otros y acusa a Dante, Blake y a Rimbaud de ser simples turistas cuando se trata de conocer el dolor. En mi caso, vengo de un país preñado de petróleo que te hace comprender que potencias como China o Rusia son tan peligrosas como Estados Unidos. En cada sitio las personas piensan que viven la peor situación y uno intuye que hay un mal compartido que nos hermanan. Luego está el hecho de la migración o, en la mayoría de los casos, el desplazamiento forzado. Hay más de cinco millones de venezolanos que han tenido que salir por una razón u otra. Luego te tocar ver la normalizado del racismo, un discurso muy común en sectores de derecha, pero que ahora también lo ves en ciertos grupos de izquierda, que condicionan a estos mismos migrantes o los acusan de hacerse los mártires o “de quejarte mucho” cuando denuncian los abusos. Y es algo que me ha tocado vivir. Hay una normalización de la denigración, del machismo o el humor negro cuando se trata de aporofobia. ¿Puedes como escritor escapar esa realidad cuando la estás viviendo?, es una pregunta que me persigue. No permanezco inmune a la alegría como tampoco a la angustia o tristeza de ningún sitio a donde he estado. Me acuerdo, cuando hace más de 15 años tuve que viajar a Guatemala. Salí para renovar la visa de turista que tenía en ese momento. En el viaje me tocó ser asaltado por la policía y sobreviví gracias a gente que conocí en el camino, como el caso de dos hermanos que tocaban en una banda punk llamada Desadaptados, me salvaron la vida. Luego me tocó vivir el abuso de autoridad de un funcionario del consulado venezolano que me hablaba de una revolución bolivariana mientras sus dedos estaban llenos de anillos de oro. Lo único que se me ocurrió en ese momento fue tocar la puerta de una organización social guatemalteca y decirles que quería colaborar y no andar sin hacer nada, “no soy un turista”, me acuerdo que les dije. Gracias a eso, conocí la realidad de un poblado llamado Pacux, en Baja Verapaz, que había sido víctima del conflicto armado. Ahí di un taller de poesía. Ese día me enteré de cosas terribles. Incluso, para llegar al poblado había que atravesar un cementerio y en muchas criptas estaban narradas las masacres con pictografías. Por otro lado, está la conciencia y el respeto por el medio que te rodea. Mis bolsillos están llenos de preguntas no de respuestas. Desde esa premisa escribo y me relaciono con mi entorno.
  • ¿Cómo te ha marcado el exilio?
  • La respuesta posiblemente tengas que ver con la identidad. Cada paso es también una forma de convencerte de que nacer en alguna región no determina quién eres. Si lo analizamos, somos muy parecido a un mosaico compuesto de fragmentos que consigues en el camino. A veces me pregunto cómo hubiese sido mi vida si no hubiese salido de Venezuela hace 22 años. Pero la pregunta es sólo un ejercicio dialéctico para comprender mi presente. Debo reconocer que cargo un equipaje muy pesado con recuerdo y vivencias de todos los sitios donde he estado. Monterrey está tan presente en mí como Chiapas, Chile o Caracas. Y de repente vuelven cada una de esas regiones como si fueran un rumor que quisieran advertirme qué camino debo tomar cuando escribo. En primera instancia, porque mis primeros acercamiento a la literatura tuvieron que ver con una vida agitada y llena de utopías. Esto último sigue siendo, en todo caso, parte de mi entorno. En Chile, por ejemplo, me tocó una vez trabajar lavando platos y baños en un restaurante chino. En las horas de descanso salía corriendo a la Biblioteca Nacional o a la de Santiago. Luego están los amigos que confiaron en mí y me alentaron a escribir. Los debates eran intensos y ricos. Todos ellos fueron exigentes y entrañables a la vez. Cuando por segunda ocasión hice un viaje cíclico: Venezuela – Chile – México, me alejé de todo y de todos por un buen tiempo. Tenía que asumir lo que había vivido y el dolor que había presenciado en todas partes. Estaba decepcionado y me sentía extranjero de cualquier sitio. Esto lo nombro, porque actualmente trabajo en varios libros a la vez y estoy enfocado a la migración y en exponer ese inmenso dolor que es la pérdida, pero también la alegría que alberga muchas personas cuando se atreven a caminar en busca de un mejor futuro.
  • Tu labor como tallerista, editor y creador te han permitido estar en constante contacto con diversas voces del continente, ¿qué visión tienes de la literatura que se está escribiendo actualmente en Latinoamérica?
  • Nuestra historia y diversidad hacen que tengamos una creación poética muy interesante, llena de incomodidad, sueños, risa o desencanto, que es imposible que no termine en una masa barroca; por el otro, también están los poetas convencidos de repetir fórmulas y estructuras que consideran inamovibles. Cuesta generalizar. Sin embargo, vivimos con muchas contradicciones y cambios acelerados, el acceso a nuevas formas de comunicación, la internet o el acortamiento virtual de la distancia están marcando mucho de lo que se escribe en la actualidad. Existen sacudidas poéticas que no deberían de extrañarnos debido a este contexto. Claro, es muy común que asociemos novedad y juventud. Pero no siempre ese binomio es así. Hoy en día puede ser tan refrescante leer Santiago punk de Carmen Berenguer, El primer libro de Soledad Fariña o Cuerpo de María Auxiliadora Álvarez.
  • Tu obra mantiene un diálogo joven con las literaturas antiguas, lo cual manifiesta tu particular visión tanto de los clásicos como de lo contemporáneo, ¿cómo trabajas este balance en tus lecturas y escrituras?
  • En los primeros versos de la Epopeya de Gilgamesh, dependiendo de la traducción, se habla de que el mítico héroe conoció la morada de los muertos, los fundamentos de la vida. Y mis lecturas están muy influidas por esta idea de acercarme a la muerte como concepto y recoger esta estela de conocimiento a través de la memoria construida por todos los que me han antecedido. La lectura siempre es un diálogo con el pasado y tenemos que interrogarla para entender nuestro presente. No existe, creo, un lector que no se convierta en una especie de gusano que se alimenta de la muerte. Ni siquiera el poeta más pop. Nosotros como lectores tenemos que darle una temporalidad a cada obra para construir nuestra temporalidad más allá de que el reloj te advierta el número en que estás. Es algo que indagó mucho Paul Ricoeur. Pero hay textos como Cosmicósmicas de Calvino, El Aleph de Borges o Los ovnis de oro de Ernesto Cardenal que te hacen cuestionar dónde está el tiempo. Al igual que un músico, construyo a partir de un metrónomo que gradúo según mi conveniencia; así cualquier escritor, sin importar su origen o época, puede ser una influencia para mí. Como lector, sobre todo, uno tiene que aprender a calzarse a prueba de tiempo y espacio.
  • Has de saber, mi estimado Nérvinson, que esta columna lleva el nombre de Canaimera en honor a la Canaima de tu paisano, el gran Rómulo Gallegos pues me parece una de las obras fundacionales de la estética latinoamericana. Como arqueólogos literarios que somos, quisiera saber si crees que exista un canon latinoamericano, más allá de las adoraciones nacionales, que de verdad esté ejerciendo algún influjo palpable en las actuales generaciones, o sólo escribimos a partir de la abolición y el olvido.
  • Siempre me ha parecido que hablar de un canon es un ejercicio proveniente de las academias. En esa idea se esconde una noción monopólica del conocimiento que restringe las miradas y ha servido para la conveniencia de unos cuantos, a veces. En México, por ejemplo, si preguntas por un canon, saltaría el nombre de Octavio Paz de inmediato y posiblemente quedaría afuera Elena Garro. Por fortuna para todos, en el último tiempo han estado rescatando su trabajo. En Venezuela te enseñan que la Ilíada es una gran obra, pero no te explican por qué. Sin embargo, no te hablan de Antonio Ramos Sucre o Eugenio Montejo y mucho menos de escritores vivos como Rafael Cadenas. El caso de Montejo es lamentable. Su obra es extraordinaria, pero criticó al chavismo y eso lo hace estar fuera del canon gubernamental. Por tanto, el poder promueve el silencio sobre su obra. Son muchos los ejemplos que puedo seguir citando. La idea de canon me incomoda por muchas razones y peor aún la idea de tener que leer sólo lo que me impongan, ya sea de una región o de otra. El conocimiento es universal y yo soy un ser universal entendiendo que lo único anormal para mí son las fronteras y las divisiones.
  • Entrados en materia, ¿cuál serían tus autores latinoamericanos de cabecera?
  • Tengo autores de cabecera según la temporada y estados de ánimo. Estoy lejos de saber cuál sería el canon. Por lo pronto me alegraría que salieran a relucir obras de mujeres silenciadas, que rescataran autores que los Estados nacionales han querido dejar en el olvido y un estudio crítico sobre el trabajo de autores como Juan Emar o María Carolina Geel. Y si tenemos suerte, espero que no terminemos en unos años con un canon lleno de nombres de personas que solo han estado adulando al poder y han sido beneficiados por esa razón. 
  • “¡Bochinche, bochinche! Esta gente no es capaz de hacer sino bochinche!” dicen que dijo el general Francisco de Miranda, cuando Bolivar y otros insurgentes le aprehendieron. En el ámbito literario, Nérvinson, ¿sigue Latinoamérica siendo un bochinche? ¿Son un modus vivendi, una particularidad continental, las traiciones y la envidia?
  • Tengo la idea de que vivimos una época de decepciones. Donde figuras como Maduro son tan repugnantes como Bolsonaro. Los gobiernos que se hacen llamar de izquierda actualmente han sido tan neoliberales como los de derecha. Eso está llevando a muchas personas a que se enfrasquen en una actitud conservadora y nacionalista. Y, por supuesto, hay quienes aprovechan para escalar y enriquecerse. El problema no está en ese bochinche (desorden alegre), sino en la poca comunicación o empatía que tenemos con el otro. Tenemos muchos problemas comunes y queremos creer que cada quien es el único afectado.
  • Anónima Editores se plantea como un proyecto que sirva de plataforma para las voces emergentes de nuestra literatura, después de este año tan difícil y de los retos intrínsecos de tener un editorial independiente, ¿hacia dónde va tu proyecto, que alcances pretendes con él?
  • Con los cambios que se están produciendo a raíz de la pandemia y el confinamiento a todos nos toca reinventarnos. Sin embargo, no tengo un discurso apologista hacia las plataformas digitales. Algunas editoriales están mudando todo de manera aceleradamente y aún no saben a ciertas si esto funcionará. Sabemos que muchas librerías están cerrando definitivamente y pareciera que la cultura es lo último que interesa en este tiempo. Pero tal vez esto puede ser una forma de buscar nuevos caminos, de discutir con seriedad la responsabilidad editorial y abrir un espacio de debate. Con la editorial empezamos publicando poesía, nuestro primer libro, Texas, I love you, de René Morales, vio la luz hace casi dos años. Ese título sirvió para arriesgáramos con un formato poco convencional para mantener un equilibrio entre el arte del diseño y el contenido. Luego hemos saltado al libro de bolsillo con el fin de mantener precios accesibles y cómodo de transportar.  Ahora entraremos en una nueva fase donde la plataforma digital cohabitará con la impresa y trataremos de tener una mejor comunicación con los lectores. Claro, todo esto implica una labor de resistencia y hacer de la paciencia un arte. Ahora ampliamos nuestro catálogo con narrativa, pero las presentaciones se han visto interrumpidas por todo lo que está pasando. Sin embargo, la actividad de venta en línea ha seguido y eso ha ayudado mucho. Pienso ahora que lo que sigue en términos editoriales es la publicación de crítica literaria y ensayo. Cada vez necesitamos mayores elementos para entender nuestro entorno y la editorial no debería estar ajeno a esto.
  • Sé del culto que tienes por los libros y su historia universal, ¿qué significado, que simbolismo, en toda la amplitud de la palabra, tiene para ti el libro?
  • Si tengo que tomar una imagen para describir la relación que existe entra la humanidad y el libro, diría que somos origamis de sus páginas. En el mismo momento que se inventó la escritura y su soporte, el libro, hace un poco más de cinco mil años, en la región de sumeria, aprendimos a vencer las limitaciones del tiempo y el espacio. Esta extensión de la memoria se convirtió también en el soporte de nuestros sueños. Un puente donde podíamos ver hacia atrás y seguir caminando a un mejor futuro. Hay, incluso, una imagen que no se me puede olvidar, en la antigua Mesopotamia las tablillas de barro, cuando ya no servían como libro, eran usadas para adoquinar caminos. Y aunque en algún momento los libros fueron un instrumento que usaban los gobernantes para someter al reservarse el conocimiento para ellos, el tiempo nos ha demostrado que el libro es el instrumento preciso para conseguir una sociedad libre y equitativa. Seguimos caminando por ese camino adoquinado y ahora tenemos que ver hacia dónde queremos direccionar nuestra vista.
  • Por último, mi querido Nérvinson, “¿y si la noche latinoamericana fuera en realidad un continente donde queremos dormir y no despertar jamás?”
  • Entonces sabría que mis manos son un anestésico, lo cual también es una preocupación. Usé la idea de “dormir” en el poema para buscar alguna esperanza a pesar de la decepción. De ahí que lo haya puesto en forma de duda. Cuando estaba niño nadaba en una laguna donde se habían ahogado muchas personas. El agua era tan oscura que no veías más debajo de tu cuello. Como buen joven irresponsable, iba con los amigos e intentaba atravesar todo el estanque, pero a mitad de la laguna regresaba a la orilla asustado. Pero cuando me faltaba poco para llegar, me dejaba hundir para agarrar fuerzas. Me acuerdo de que levantaba las manos para ver el sol y la distancia hasta la superficie. Luego me impulsaba en el barro. Así siento con ese verso.
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Valeria Sandi | Las Letras Trotamundos

En varios países de Latinoamérica, se tiene a los días 23, 24 y 25 de junio como sacros. Son los días y las noches de San Juan y marcan la llegada prominente de las lluvias fecundadoras. Por ello, entes mágicos dejan sus celestiales o telúricas moradas y vienen a pasearse al mundo, ya para obrar milagros, ya para hacer travesuras. La diosa literatura, que es silvana y truhana, no puede faltar a este festín y por ello y por la fecha, esta Canaimera ha de consagrarse San Juanera. Valeria Sandi (Santa Cruz, Bolivia, 1991) es una poeta que desde hace años se ha echado los versos a su mochila con miras a recorrer los largos senderos del continente. La escuché por vez primera en San Cristóbal de las Casas, en el marco del Festival Internacional Posh. La tímida boliviana que se acercó al escenario de lecturas, al apoderarse del micrófono, trocó en voz intimidante en sus cuestionamientos, bella en su indocilidad. Hablamos poco, después de ese furtivo encuentro: Valeria tenía prisa por llegar al mar. Poseedora de una poesía firme en sus convicciones y búsqueda estética, la también editora, gestora cultural y abogada, ha caminado, leído y publicado en buena parte de esta canaimera americana: Uruguay, Argentina, Chile, Perú, México, Venezuela, Colombia, Cuba, Centroamérica. Entre sus libros destacan Ambidiestros(en coautoría experimental con Quincho Terrazas) (Ediciones Jota, 2016), La luna lleva sal(Chanchito ediciones, 2018) y Rincón de lluvia (Literatelia, 2019). Además, dirige los proyectos culturales Trueque poético y el Festival Internacional de Poesía Joven Jauría de Palabras.

  • Valeria, cuéntanos de tu periplo latinoamericano, ¿cómo ha sucedido y de qué manera lo ha asimilado tu poesía?
  • Como punto de partida y encuentro conmigo misma fue el estrechar lazos con mis pares. Todo empezó en México. Gracias al proyecto Posh que dirige la poeta y promotora cultural CharyGumeta, tuve más fuerza y confianza para seguir nutriendo mi búsqueda a través de la poesía. Desde ese momento se abrieron las puertas para recibir mis palabras, crezco con cada festival y encuentro en el que tengo la oportunidad de compartir y sobretodo escuchar.
  • ¿Qué diferencia has identificado entre los diversos ámbitos literarios de cada región que visitas? ¿En qué se distinguen los escritores, las editoriales, los promotores, los encuentros?
  • En estos años puedo notar la fortaleza al trabajar desde la colectividad, si bien cada uno acciona de una manera distinta, todo es una cadena. En algunos países están mucho más organizados. Hay una diversidad de escritores que llevan adelante propuestas editoriales. Ellos son los principales promotores para generar los festivales y encuentros en su comunidad. Nos queda todavía un largo camino por explorar, pero referente a nuestras acciones, es importante repensar cuáles son las principales necesidades para fortalecer y cubrir ciertos vacíos.Cuando estuve en Cuba, en el Encuentro Internacional de Promotores de la Poesía, pude ver muchas propuestas interesantes a partir de los libros cartoneros. La belleza y cuidado que tenían y cómo era su mecanismo de articulación. También aprendí mucho de otras propuestas editoriales, de países como Argentina, Chile, España, Colombia, Ecuador, el catálogo de autores que presentaban, sus propuestas, su manera de distribución, su llegada a la mano de los lectores, los espacios que habitaban, el uso de ciertas plataformas y medios a los que se adaptaban para seguir trabajando y generar una mayor expansión de lo que escriben. El encuentro de promotores fue articulado con La Feria Internacional del Libro de La Habana, allí tuvimos la posibilidad de ver todo el engranaje que tienen los escritores con las diversas editoriales en torno a la gestión en pro de la literaturay el valioso trabajo del equipo organizador.Recuerdo también las visitas que tuvimos a Centros Culturales como el de Dulce María Loynaz, donde manejan el tema formativo, sus ciclos y permanencia. Si hablamos de espacios que tienen continuidad de manera independiente para visibilizar a los escritores y también desarrollan espacios formativos tanto a través de talleres, conversatorios, presentaciones de libro, proyecciones, como a través de las actividades multidisciplinarias, debemos necesariamente hablar de LA ANTIFIL (Perú), una feria que se realiza en Lima, gestada por compañeros escritores que llevan en sus acciones la voluntad de seguir trabajando año a año con la palabra, mediante componentes críticos y contestatarios, siendo un espacio que acoge la diversidad de propuestas desde la igualdad. Referente a las editoriales, hay proyectos independientes que dentro de sus objetivos contemplan llevar los libros a los que menos posibilidades tienen de acceder a ellos. Para eso entienden y articulan posibilidades manejando un costo accesible y abren espacios y nuevos lectores. Tal es el caso de la editorial Rupestre (Perú) que dirige el poeta Filonilo Catalina. Él me llegó a comentar sobre el alto costo y dificultad que se tenía al intentar conseguir “5 metros de poemas” de Carlos Oquendo de Amat, obra representativa de la vanguardia en el Perú. A la postre, Catalina, junto con su editorial, logró publicarlo a un bajo costo, para que estuviera a un mayor alcance, y así llegó a una gran cantidad de estudiantes de unidades educativas.
  • Siguiendo el hilo, ¿cuál es tu percepción de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Siento que goza de buena salud. He tenido el gusto de encontrarme con voces que reflejan a profundidad nuestra realidad, la que nos duele y nos toca, frente al abismo y hacía donde gira la luz y el silencio. Hay autores de los que uno tiene el privilegio de crecer a su lado, seres que nos enseñan con la mirada el peso de los años, repartidos en lo vital, que es construir a través de la poesía: Chary Gumeta, Matilde Casazola, Fernando Rendón, Gustavo Cárdenas y Luis Thenon que al igual que muchos,han tenido como premisa a la constancia en estos días de incertidumbre. Seres generosos que nos devuelven la esperanza, con la convicción reflejada en sus acciones y palabras.Debo apuntar que, gracias a la revista Galerías del alma, del toluqueño Manuel Alejandro Ceballos, tengo el gusto de hacer constantemente reseñas de libros de poesía y dramaturgia de jóvenes escritores, es así que he descubierto trabajos valiosos, de autores publicados principalmente por la editorial independiente Literatelia (México): Rodrigo Trujillo, Adriana Bandín, María Michelle Gómez y Alberto Avendaño.Sin embargo, también leo a las voces emergentes, aquellas que no han publicado ningún libro y aún están en una búsqueda superficial por hallar un espacio, una plataforma, y usan como estrategia ligera publicar su “Poesía” en las diversas redes sociales que ahora están al alcance de todos. Se sienten las falencias, se escuchan fracturas en lo que se quiere decir y se dice.
  • ¿Existe un diálogo entre los creadores de nuestro continente que de verdad aporte a la vida cultural de cada país en particular?
  • Sí, en mis lecturas tuve el gusto de encontrarme con libros de autores contemporáneos que dialogaban entre sí sobre el dolor latente de nuestra Latinoamérica. La poeta Isabel Guerrero (Chile) tiene un libro próximo a publicarse con la editorial Conhuneno que se llama Seol, lugar de las almas rebeldes olvidadas. La poeta abre el espacio de reflexión a partir de nuestros días, la cual abarca el desierto de Atacama, los desaparecidos en la dictadura, la serpiente del Valle, el río Aconcagua, mencionando el contexto y realidad de su país, el crujir de la tierra y sus temblores, el cóndor como símbolo del vuelo cansado en el retorno a encontrar sus vaciados Andes. Posteriormente, leí el libro Las cenizas del día del poeta Alberto Avendaño (México) donde también hace mención de Seol: “Desde mi torre de sal / veo venir al cóndor, / ha llegado la hora de afrontar sus plateadas garras / Yo que de los excrementos esculpí un corazón / hoy temo al aleteo”.Otras de las posibilidades que nos da la tecnología es la presentación de libros a la distancia, así sucedió con cierto poemario de Fiorella Terrazas (Perú), donde mediante una transmisión en vivo, tuve la oportunidad de conversar acerca de Terrazas junto a los poetas Leda Quintana, Luis Alonso Cruz y Piero Briknole. La distancia se anula, a través del intercambio de posibilidades y análisis. Igual fue un espacio de encuentro para dar la bienvenida a un libro que toma elementos tecnológicos como parte de nuestro relacionamiento y cotidianidad. La poeta habla de Lima —lugar donde vive—, el color de sus días, estados de ánimo, el vivir sin filtros las emociones. Mirando el CPU, el transcurrir de los minutos en la pantalla, nos dice:“Otra vez eres una estatua / un helicóptero / una guerra / eres camuflaje con ojos y hocico”. Y entonces genera un diálogo con el poeta marroquí Mohamed Youyou, quien apunta: “No muestren escenas sangrientas de niños / Cualquier guerra que hubiese pasado / cierren el ruido / Cierren el Windows, diez minutos.Cubran al niño / el papel no durará / sin luz más de diez minutos”.
  • Has gestionado y participado en importantes festivales y encuentros internacionales de literatura ¿qué significan para ti, tanto como promotora, como participante, estos eventos?
  • Son espacios vitales de aprendizaje, estímulos para entender las lógicas que generan la posibilidad de su existencia y comprender cada mirada de los promotores, desde su país. El punto de comunión que tenemos es que nos une la palabra. En cada festival y encuentro se siente la pulsión que lo articula. Cada vez que asisto a estas actividades, entiendo la importancia de lo formativo. Cómo desde temprana edad, niños y jóvenes tienen relación y vínculo afectivo con la poesía, elevan su voz para leer y compartir con los poetas internacionales y nacionales que los visitan. Sostener esta labor, como en el Festival Caravana de Poesía (Perú), permite el entendimiento de la comunidad, desde el ayni poético. El Festival Internacional de Poesía de Medellín, que este año cumple 30 años de arduo trabajo, es muestra de constancia, pues ha creado una conciencia colectiva de la sociedad a través de la poesía. La revolución a través de las palabras.Este año tendré el gusto de participar en su edición digital con los poetas de mi país: Gabriel ChávezCasazola y Alex Aillón. Se escucharán las voces de la proa del mundo, a través de la participación de 191 poetas de 103 países.
  • Sabemos que el estado boliviano no es particularmente amable con las artes. Bueno, en gran medida, los estados latinoamericanos están enfermos de esta misma tara. Pero, ¿qué significa ser escritor en la Bolivia actual?
  • En Bolivia estamos enfrentando duros momentos, en los diferentes sectores y capas que componen nuestra sociedad. Eliminaron el Ministerio de Culturas y Turismo y frente a ello estamos en un retroceso, desconociendo nuestra riqueza histórica. Ningún gobierno de turno debería anular lo que ha sido y será la lucha de los artistas, a través del tiempo, reflejando la diversidad e identidad del arte y cultura de nuestro país. En años anteriores hemos pedido la ley de culturas y del artista. Por respuesta, han hecho caso omiso a estas múltiples peticiones. Hemos exigido que se reconozca un seguro médico gratuito y una renta de vejez por todo el aporte desarrollado, y lo han negado. Somos siempre el sector más vulnerable. Al reclamar la restitución del Ministerio de Culturas y Turismo, también se busca una nueva organización, tener un rol más inclusivo y democrático que nos represente a todos, visibilizando y protegiendo el patrimonio de nuestro territorio y a las naciones originarias que lo conforman. Ante la ausencia de políticas culturales, nos encontramos ante un horizonte borroso, tenemos una escasa posibilidad de acceder a fondos concursables, estímulos para la escritura. Está latente nuestra fragilidad.Ya decía nuestro escritor Oscar Cerruto: “Doble desgracia / haber nacido / bajo este sol / y ser artista. Una mano posada en el teclado / y la otra en los dientes / mordida”.El rol del escritor, desde donde uno habita, es seguir construyendo, reinventarse. El trabajo y exploración del lenguaje no se detiene, pese a la fragmentación en la que vivimos. Hay que apuntalar la palabra, aún queda mucho por decir a través de nuestra escritura inherente a nuestras acciones. En ese sentido, hago mías las palabras de Tolstoi: “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”.
  • Por último, estimada Valeria: ¿sigues teniendo prisa por llegar al mar?
  • Sigo con las mismas ganas, pero sin prisas, pues el mar está ahí con sus olas sin fronteras. En cada país aprovecho de visitarlo. Está en la mirada de los amigos poetas con quienes tuve el gusto de reflexionar a partir de esa ausencia que nos alimentan desde el colegio. Ese arrebatar, como instrumento bien usado de nuestros gobernantes. Sentir ese eterno desconsuelo, ahora adquiere en mí otra forma. La inmensidad está ahí, como en los pequeños detalles que sorprenden. También el mar está en la escritura a dos manos, con la compañera chilena María Paz Valdebenito, se va fortaleciendo la mirada, uno se expande, contempla ya sin preocupación el gran cuerpo de agua con su sonido dulce, salado para algunos.
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René Morales Hernández | El poeta rebelde

La voz del caos se escucha en las honduras y quebradas de la selva. Es un grito hipnótico por su cierta dosis de irregular armonía. Es el canto del dios loco Canaima. Canaima es la selva misma, nos dice Rómulo Gallegos en precioso castizo que corona las insurgencias lingüísticas, artísticas, anímicas de Latinoamérica. Latinoamérica misma es Canaima, silvana, divina, estruendosa, caótica, cruel en su terneza o tierna en su desangre. Mil cantos se urden en esta canaimera, mil cantos que urgen ser atendidos para que prosiga la insurgencia. Canaimera será, a partir de esta entrega, un conversatorio con los editores, artista y escritores latinoamericanos contemporáneos, que están moviendo al continente.

 Una noche del año 2015, en Oaxaca, conocí al poeta René Morales (1981), originario de Ocozocuautla (Coíta, para los entendidos), Chiapas. Al trasiego de los mezcales y las victorias compartidas, hablamos de caballos, de nuestros respectivos pueblos, del corazón de los hombres, y desde entonces nos hermanamos. Me regaló algunos libros suyos y así me hice seguidor de los versos de Morales, principalmente porque soy propenso a los alborotos y René es, ante todo, un poeta rebelde. Editor de Public Pervert, promotor cultural y confabulador en varios festivales internacionales, como la parte literaria del festival Posh o Carruaje de Pájaros. En 2018 ganó el prestigioso Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón, cerniéndose como una pieza clave en el acercamiento cultural y artístico que debe unir fraternal y definitivamente a México con Guatemala. Entre sus libros contamos Notas sobre el fin del mundo, La línea blanca y Carne, y para el 2018 da a luz un libro poderosísimo Texas i love you (Anónima Editores, 2018), editado por el venezolano Nérvinson Machado. El poemario, basado en los expedientes oficiales del Departamento de Justicia Criminal de Texas, recoge las últimas palabras de condenados a muerte. Con ellas, René sostiene un ejercicio de nigromante, que le hace emprender diálogos desgarrados con los fantasmas que ha invocado,  hasta quedar poseso y revivir, al final, un exorcismo pleno.

  • René, Texas i love you me parece la suma de tu búsqueda creativa, hasta este momento, y también de tus afanes por no quedarte estático y experimentar tanto con  las formas como con los temas poéticos, háblanos de este libro, de su importancia en tu obra y tu decisión de publicarlo con Ánonima Editores.
  • Ya conocía el trabajo de Nervinsón como editor, incluso tenemos una amistad cercana de muchos años, que comenzó cuando él decidió vivir en Chiapas, nos veíamos con cierta constancia pero él se mudó a Guadalajara y nos encontramos de nuevo en Zamora, Michoacán en 2018; hablamos del proyecto y la única cosa que le pedí es que mi amigo Álvaro Sánchez ilustrara las portadas y los interiores. El trabajo de los editores fue impecable y claro. Además, abrir una colección con mi libro siempre es más que satisfactorio; afortunadamente el tiraje se agotó en menos de un año y vamos a sacar una segunda edición. Anónima es una editorial que va a crecer demasiado y me gusta ser parte del proyecto.
  • Uno de los aspectos que más me ha interesado de los escritores chiapanecos es su íntima relación, casi amorosa, con Guatemala y viceversa. Poetas y narradores de las dos naciones, participan de manera activa en ambos lados de la frontera. Tú eres un ejemplo perfecto de ese diálogo, mayormente en cuanto se te ha reconocido recientemente con el Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón ¿cómo se gesta y cómo se vive la relación artística entre Chiapas y Guatemala?
  • La relación Chiapas-Guatemala es antiquísima casi fundacional, durante toda la colonia Chiapas perteneció a Guatemala, eso equivale, más o menos, a unos tres siglos. Por otro lado la anexión de Chiapas a México comienza en 1824 pero no termina sino hasta 1842. Las fronteras son económicas  pero el intercambio humano entre Chiapas y Centroamérica seguirá existiendo porque Chiapas es parte de esa realidad: comemos lo mismo, hablamos del mismo modo, compartimos festividades, creencias y hasta las desgracias. Basta con recordar la amistad de Rubén Darío con Rodulfo Figueroa o la relación entre Roque Dalton y Eraclio Zepeda. Digamos que mi poesía renueva esa hermandad. Y claro, en lo personal, la mitad de mi obra está publicada en Centroamérica y la otra parte en México, digamos que en Chiapas los artistas sacamos ventaja de esa doble nacionalidad.
  • Chiapas es también rebelde. Parece que esto ejerce alguna influencia en sus escritores. ¿Qué sucede hoy en día con la literatura chiapaneca que tanto está llamando la atención de resto de México?
  • El nacimiento del libro Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío, publicado en 1905, tiene la peculiaridad de que es el primer poemario que se escribió para contestar la invasión norteamericana en Centroamérica. Esa es una genialidad de Darío, ya que se contesta así mismo. Desaparece con su misma pluma el modernismo para darle paso a una poesía social, comprometida, que nace de la entraña misma de las injusticias. En ese libro, que tiene cerca de 120 años y aún sigue vigente, la poesía social y política le da una utilidad a los poetas, es una declaración de principios que aun se preserva en Centroamérica.
  • ¿Qué visión tienes de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Es una pregunta un poco difícil de contestar, pero bueno, el futuro de la literatura  por lo menos a nivel global terminará por llegar de manera masiva al internet. Los libros, creo, terminarán siendo objetos de lujo, sin embargo creo que la literatura centroamericana seguirá creciendo, como el caso de Sergio Ramírez, quien al recibir el premio Cervantes puso en evidencia que algo está pasando en esos países que parecieran invisibles. El mundo ahora tiene la obligación, como siempre la ha tenido, de voltear a ver lo que sucede en los países más pobres de América. Para eso, las redes sociales y las editoriales independientes juagarán un papel importantísimo.
  • Tú que has sido editor, gestor y promotor cultural, ¿qué retos afrentará, en tu percepción, el ámbito literario tras de este periodo de cuarentenas y pandemias, que ha frenado la ya de por sí lenta inercia de los proyectos culturales?
  • Es una situación muy complicada, el covid19 va a cambiar muchas cosas, ahora dependerá mucho de la organización social. Como siempre, las sociedades tendrán que resistir a los embates de los mercados y a la brutalidad con que se concibe la política actual, la cual no cree en el arte como parte esencial de lo humano. La organización de los que menos tienen, de los excluidos, consistirá en que lo humano no desaparezca.