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Canaimera

Rosa Silverio | El Caribe que retumba

  • Juan de Dios Maya Avila

Una constante de muchos escritores en Latinoamérica es la migración que los lleva lejos de sus lugares de origen, a veces por aventura, otras tantas por encontrar nuevas oportunidades que les permitan expandir su trabajo, y en no pocas ocasiones por razones políticas. Sin embargo, casi siempre queda la esperanza y el deseo de volver. Quizá así le suceda a una de las voces poéticas contemporáneas más interesantes de la siempre polícroma literatura caribeña; una mujer cuyos versos, cuya alma recia, le han hecho figurar en Europa (tierra en la que vive desde hace tiempo) y ser una referencia de las letras de su natal República Dominicana. Rosa Silverio (Santiago de los Caballeros, 1978) es, ante todo, una poeta, una hilvanadora de palabras, y luego también es feminista y periodista, gestora cultural, tallerista, activista y viajera. Resalta su trabajo como redactora y editora del periódico Listín Diario y como directora editorial del periódico Noticias en Casa de Casa de Campo. Un parteaguas en su carrera fue hacerse acreedora del prestigioso Premio Internacional Nosside que organiza el Centro de Estudios Bosio en Italia. También ha ganado, entre otros, el Premio Nacional de Poesía de República Dominicana y el XII Premio Letras de Ultramar. Entre sus libros se cuentan los títulos Rosa íntima (Santuario, 2007), Arma letal. La destrucción de las palabras (Colección de Premios Nacionales, 2012), Matar al padre (Huerga & Fierro Editores, 2014), Mujer de lámpara encendida (Huerga & Fierrro Editores, 2016) e Invención de la locura (Huerga & Fierro Editores, 2019). Su obra ha sido traducida al italiano, al catalán, al francés, al portugués y al inglés.

  • Estimada Rosa, ¿porqué decidiste irte a España?
  • Por libertad y por amor. Para huir del machismo de mi tierra y para reencontrarme con la persona que ocupó mi corazón durante una década.
  • ¿Cuál es tu perspectiva de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Creo que la literatura latinoamericana contemporánea goza de muy buena salud. Muchos pensaban que después del boom no habría nada valioso y yo creo que los escritores y escritoras actuales son dignos representantes de la buena literatura. Y en comparación con España estamos en un nivel bastante destacado.
  • ¿Qué significa ser escritora, mujer y dominicana?
  • Puede significar una limitante, sobre todo si se vive en países como el de donde yo provengo. La mujer escritora es infravalorada y discriminada. No es respetada y todavía le falta mucho para alcanzar la igualdad. En cambio, en mi caso que vivo en España, ha significado una liberación porque aunque me reconozco como mujer dominicana y como escritora, rompo con todas las etiquetas y comienzo a sentirme como una ciudadana del mundo, un ser libre dispuesto a vivir todo tipo de experiencias enriquecedoras sin ningún tipo de limitante.
  • ¿De qué salud goza la actual literatura dominicana?
  • La literatura dominicana vive un momento interesante porque se está haciendo muy buena narrativa, pero sobre todo muy buena poesía. Tenemos a escritores y escritoras consagrados que ya forman parte de nuestro canon y a jóvenes promesas que han sabido descollar y dejar su huella.
  • ¿Te sientes más cómoda en la poesía?
  • Aunque también escribo narrativa, creo que en la poesía estoy más en mis aguas. Me siento un ser humano eminentemente poético, alguien que crea un micro universo, que abre ventanas y que combate sus demonios y sus heridas a través de la palabra.
  • ¿Porqué hacer literatura feminista?
  • ¿Por qué no? Yo creo que siempre que no se caiga en lo puramente panfletario, es válido hacer literatura feminista porque es asumir una postura y defenderla a través del lenguaje. Escribir literatura feminista para mí es lo mismo que hacer literatura metafísica, social, filosófica, amorosa o de cualquier otra índole.
  • ¿Cuáles son los pros y los contras del movimiento literario feminista en Latinoamérica?
  • Creo que uno de los pros es que se combate el heteropatriarcado a través de la palabra y se logra influir en la gente, sobre todo en otras mujeres. Se genera el debate y se crea un pensamiento crítico, tan necesario en estos días. Además de que se logran reivindicar derechos propios de las mujeres. Si hay que hablar de contras diría que pese a los esfuerzos de las escritoras feministas, todavía las raíces del machismo están bien hondas en nuestros países latinoamericanos, por lo que cuesta lograr un cambio. El machismo no es sólo de los hombres, sino también de otras mujeres que lo refrendan y por eso no se avanza.
  • ¿Está de moda ser escritora feminista?
  • No creo que esté de moda. Más bien hemos descubierto que es una necesidad. Es necesario ser feminista hoy en día si queremos una sociedad más justa e igualitaria para las mujeres.
  • ¿Qué papel están jugando las escritoras en la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Yo creo que uno muy importante porque anteriormente destacaban más los hombres y ahora, cada vez más, las escritoras de Latinoamérica tienen mayor relevancia y demuestran que hacen una literatura de primer nivel.
  • ¿Existen verdaderos lazos entre los escritores del Caribe o en cambio hay un ostracismo que los reduce a sus respectivas patrias?
  • Yo creo que en los países del Caribe hace falta toda una industria editorial de distribución y difusión que permita que los escritores de los diversos países caribeños se conozcan y se lean entre sí para de esta manera crear lazos verdaderos e intercambios intelectuales. Mientras esto no exista, seremos islas desconectadas la una de la otra.
  • En términos literarios, ¿cómo ven desde España a la actual literatura de Latinoamérica?
  • En sentido general, pienso que España ve a la actual literatura latinoamericana con respeto y admiración. Tanto así que los escritores latinos que residimos en la madre patria somos valorados y tenemos la oportunidad de publicar con editoriales nacionales que apuestan por voces con un discurso original y con personalidad.
  • ¿Qué significó para ti el Premio Internacional Nosside?
  • Significó mucho porque yo estaba un poco desencantada de los concursos. Creo que este concurso me dio fe y me animó a creer más en mí misma y en mi trabajo literario.
  • ¿Es más fácil hacerse visible como escritor estando en Europa?
  • Depende. Hay escritores que residen en Latinoamérica que aquí en España no tienen ninguna incidencia y hay otros que tienen muy buena proyección. Todo a veces depende de contactos, editorial, padrinos… ya te podrás imaginar. Aunque lo cierto es que estando en Europa es más fácil llegar a un buen número de gente, sobre todo si cuentas con una buena editorial.
  • ¿Qué te parece el ámbito literario y editorial en España, cómo lo vives?
  • Me siento muy a gusto en el ámbito literario y editorial de España. Como en otros países aquí también hay sus tejemanejes, pero yo siempre me he apartado de eso y del ruido. Escojo muy bien los circuitos a los que me integro y sobre todo tengo una red de amigos y amigas escritores que son muy valiosos y que me aportan muchísimo.
  • ¿A qué dominicanos tendríamos que estar leyendo?
  • Te voy a citar escritores/as vivos: José Mármol, José Acosta, Pedro Antonio Valdez, Basilio Belliard, Ángela Hernández, Jeannette Miller, Emilia Pereyra, Yrene Santos, Chiqui Vicioso, Argénida Romero, Leonardo Reyes Jiménez, Frank Báez, Rita Indiana Hernández, Alejandro González, Homero Pumarol, Marielys Duluc, Rossalinna Benjamin y muchos otros.
  • ¿Te gustaría volver pronto a República Dominicana?
  • Siempre voy de visita y dura un mes, dos y hasta tres meses. ¿Volver a vivir? Por el momento no. No es algo que tenga entre mis planes.
  • ¿Qué densidad tiene en tu vida el Caribe?
  • A mí el Caribe me ha marcado. Ser hija de una media isla es algo que llevo en mi ADN. Así que esto es bastante importante para mí y se nota en mi acento, en mi forma de bailar, en la comida que prefiero… Y en mis sueños, sobre todo en mis sueños.
  • ¿Qué fue para ti el Taller Literario Tinta Fresca?
  • Para mí fue una de las experiencias más alucinantes de mi vida porque el Taller Literario Tinta Fresca no sólo me sirvió para crecer como autora sino que me regaló a unos amigos maravillosos que todavía hoy conservo. Te cuento que en la actualidad nos estamos reuniendo de nuevo vía online y resulta verdaderamente entrañable.
  • ¿Qué es para Rosa Silverio el amor?
  • El amor es el motor que todo lo mueve, la gran razón de ser, pero no me refiero exclusivamente al amor de pareja, sino al amor en sentido general.
  • Por último, Rosa, ¿qué espada es la que nos espera si nos sumergimos en tus interiores?
  • Si se sumergen en mi interior encontrarán una espada que les atravesará el corazón y en cuyo filo podrán ver su verdadero rostro.
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Ensayo Opinión Verbologías del equilibrista

Notas finales sobre imaginerías ilustradas … (IV y última)

En las últimas entregas de esta columna, he intentado esbozar lo que podría llamarse una crítica al liberalismo decimonónico mexicano. Sin embargo, frente al triunfo del liberalismo de ayer y a su radicalizada y sumamente destructiva reedición en el llamado neoliberalismo de hoy, caben unas notas finales. Valgan pues las siguientes líneas como una suerte de corolario sobre los delirios liberales decimonónicos y sus aspiraciones nunca realizadas de ser abrazados por la civilización capitalista euro-norteamericana, por encima de sus grandes mayorías “bárbaras” (“atrasadas” o “subdesarrolladas”, se dirá después). Pienso que no es ocioso regresar a buscar los indicios del desastre presente en el siglo XIX. Al final, las obsesiones liberales, se hallan fuertemente emparentadas con las del actual y hegemónico neoliberalismo en su mismo núcleo de supuestos normativos (sean ellos ontológicos, éticos o epistémicos), regulando todos ellos generalizadas y entronizadas prácticas sociales de muy diversa dimensión organizativa y económico-política. De ahí la relevancia que cobra el estudio del liberalismo de ayer para la comprensión del presente como historia.

I

La materialidad económica, política y social de la historia de las repúblicas latinoamericanas, viene acompañada de una gran ficción que se expresa como voluntad violenta de ser lo real, y que tiene el depósito metafísico de sus fantasías en el discurso fundacional de tales repúblicas oligárquicas. Se trata de la configuración ocultadora e ideológica del hecho fundacional de la barbarie modernizadora, hecho que entonces aparece ficcionalizado y travestido en la forma de la “sociedad política” de los señores de la producción. Es en este sentido, que las repúblicas latinoamericanas emanan de un artificio ficcionalizador —aquello que Valery llamaba la edad de las ficciones—, ahí donde la violencia se disfraza, precisamente, de civilización y progreso. No hablamos aquí de las viejas “robinsonadas” de la economía política y el liberalismo clásicos —con sus “estados de naturaleza” y sus individuos solos y aislados—, sino del aparato legitimador del poder político en las sociedades moderno-capitalistas, poder que se despliega ocultándose al mismo tiempo a través del recurso a la ficción. El núcleo paranoide y delirante de los discursos producidos por las élites liberales decimonónicas se inscribe en esta urdimbre.

Por otro lado, podemos incluso afirmar, que tal estratagema legitimadora de las relaciones de dominación/explotación/conflicto —que son constitutivas de la heterogeneidad ancilar latinoamericana—, es esencial para el propio devenir de la modernidad capitalista, pues ella implica, ciertamente, una mitificación y un ocultamiento de la violencia que define su carácter y sus críticas modalidades de desarrollo, marcadas así por la desmesura productivista a costa de los más.

II

La estratagema ficcionalizadora de la violencia y la desmesura del sistema, se ha presentado bajo los nombres de progreso y civilización, generando modalidades binarias (civilización y barbarie, lógos y mythos, etc.) que funcionan como 1) expresión de ontologías totalizantes y esencialistas destinadas a preservar una clasificación social ventajosa para los poderosos y 2) naturalización de la violencia política adelantada por las élites liberales. En el seno de tal estrategia, históricamente exitosa, descansan contradicciones abismales nacida de su universalidad exclusivista y colonial. A pesar de ello, perdura el consenso a su favor a través del tiempo, y en muchos sentidos seguimos atados a sus ilusiones y a sus “ensanchamientos” epistémicos como únicas salidas racionales a los dilemas del presente. En el proceso de despliegue de tal modalidad de dominación, la política revolotea entre la fundación “elitista” —combinada con formas continuadas de “epistemicidio”—, y una monología caracterizada en el presente por una política a-política, es decir, la anti-política de la reestructuración de la totalidad social neoliberal. La continuada repetición de sus slogans conforma a una “sociedad civil” que, avanzando dentro del armazón del miedo respetuoso a la “mano invisible”, quiere ver en la auto-negación el principio de toda civilidad y de todo comportamiento y hacer racional.

III

Ciertamente, los liberales decimonónicos han querido hacerse pasar por “hombres de espíritu”. Está ahí cifrada gran parte de su debilidad y de la equivocación de sus tendencias. Embebidos por la ilusión liberal han sido incapaces de llegar a conocer su lugar en el proceso de producción. Son pues hombres hechos de la realidad en permanente crisis de la que quisieron emanar artificialmente triunfantes, pero en cuyas contradicciones no han querido ahondar más allá del discurso.

Los “hombres de espíritu” han querido elevarse por encima de la situación crítica en que se vieron envueltos invocando el alto soplo de la civilización, que es, por definición, el anhelo de ninguna parte, un discurso alucinante que alumbra con vértigo y vehemente lógica de explotación los lugares por donde pasa a ciegas. Los liberales mexicanos, sin haber hecho la carrera a ciegas, han querido elevarse por encima de sus propios pasos después de todo y, ya presa de su propio delirio, han buscado ser “hombres de espíritu”. Más la realidad de la explotación no puede ser vencida por el Espíritu —que mira desde su desmesura—, sino por aquellos que habiendo recorrido el camino se tornan ellos mismos en la geografía del mundo y sus heridas.  

No basta con corroer desde dentro del poder político al “terror” pretérito, ni tratar de exorcizarlo con estrategias surgidas de la ilusión liberal. Los liberales mexicanos no renunciaron nunca a su cuna ni a su educación privilegiada; no dejaron de abrazar las ilusiones propias del Espíritu ilustrado ni desistieron de su ciudad letrada, que aunque con miradas en el abismo de lo “popular” y sus miserias, siempre se vieron a sí mismos como la voz de una sociedad que se levanta por encima de la sociedad real y la desdeña con la mirada de quien se sabe portador de una verdad imperecedera, verdad que tarde o temprano ha de realizarse por la palabra de un moderno augur que predice la llegada del futuro destronado por los errores del pasado.  

He ahí el gigantismo del liberalismo latinoamericano y su discurso —gigantismo que inflando la palabra, trata de ocultar su debilidad, es decir, la pérdida de vigencia o la debilidad de esa palabra como lugar de la toma de decisiones y de la actuación de la voluntad política—, que hubo querido cargar con la inmensa carga del Espíritu para aniquilar al pasado y a su propia condición de anclaje al pasado colonial, que no es otra cosa que el relato de un pasado que los criollos independientes construyen para luego demolerlo —con voluntad cesarista— y darle así sentido a su propia metafísica, a su propio y recién adquirido esencialismo, moderno y antimoderno a la vez.   

Personajes como Fray Servando Teresa de Mier o Lorenzo de Zavala (no otros como el ya tratado Bustamente) pudieron ver al “hombre abstracto” del liberalismo y adivinar su limitada suerte en medio de un nacimiento (el de la nueva República) que llevaba ya la mácula de una crisis permanente. Más no pudiendo renunciar a la sombra de las faldas que aquel hombre abstracto les hubo prodigado como escudo protector, hubieron de construir su discurso de crítica al pasado colonial desde las categorías y formas de fe que aquel resguardo les ofrecía. Declararon siempre henchidos en su ilusión, añorando un futuro al que se mira desde un tiempo ausente (que es un tiempo que no llega, gobernado por el deber ser y no por el saber estar), y que tenía en Norteamérica, Inglaterra y Francia sus más contundentes demostraciones.  

Lo revolucionario no estaba ciertamente en oponer el Espíritu del liberalismo moderno y capitalista al “terror” del pasado colonial, como quisieron creerlo los liberales latinoamericanos. No se trataba de la lucha del Espíritu contra el pasado reaccionario opuesto al Progreso, sino de la lucha de los miserables, los colonizados, contra todo yugo ya no sólo colonial, sino contra la misma dinámica de la colonialidad del poder que pervive más allá de las independencias político-administrativas decimonónicas. Un intelectual, para ser revolucionario, tiene que ser traidor a su propia clase, los liberales ciertamente no lo fueron. Sólo buscaron una “mejor versión”, en algunos casos purificada por el trabajo, más acabada y consciente de sí por la fuerza de su ímpetu de apropiación, que si bien es prólogo de muchas vilezas, pensaban, constituye la única vía posible para alcanzar la civilización y el natural orden de las cosas, dos metas imposibilitadas por la presencia de los errores coloniales, con todas sus pervivencias nativas, antimodernas y bárbaras.

IV

Se cierran estas notas finales con un comentario relacionado con el mencionado Lorenzo de Zavala, de quien suele decirse que fue un traidor. Tal es su lugar en el relato de la historia nacional mexicana tras haber apoyado la causa separatista de los texanos en 1835-36. Sin embargo, pienso que sigue siendo un personaje fundamenta para entender los descalabros del liberalismo mexicano en el siglo XIX, y, por lo tanto, el malogrado nacimiento de la república mexicana.

Tan sólo quisiera decir que no es claro que haya traición a una patria que no existe más que como entelequia elitista o como afirmación realmente maravillosa. Puede que su radical fe liberal, se dice, le llevara a integrarse a las filas del proyecto norteamericano, donde habían alcanzado su máxima realización (o eso creía él) el fundamentalismo de la propiedad, la civilización y el progreso; había que acelerar y dejarse llevar por esa marcha y es así como debe entenderse quizá su idea sobre la sangrienta victoria que los EU tendrían tarde o temprano sobre las “naciones incivilizadas”. Puede también que haya visto no más que por su interés como propietario de extensiones importantes de territorio en Texas. Difícilmente puede argüirse, por otro lado, como se ha hecho (con sensiblería nacionalista), que fue su falta de arraigo patriotero (o del esencialismo reaccionario que supone todo nacionalismo) lo que derivó en la traición, pues no existía en aquel momento una clara noción de patria ni del consiguiente “sentimiento patriótico”. De estas tres hipótesis quizá esta última demuestre mejor la pervivencia idealista de una condición alienada propia del discurso histórico nacionalista. De alguna manera Zavala percibía lo ilusorio de la República independiente y se fue, con sus propias ilusiones, hacia un lugar que le permitiese quizá, una más cómoda realización de su utopía privada.  

Los traidores son un elemento esencial del relato nacionalista, así como los héroes. Le dan sentido a dicho relato y le permiten mantenerse en permanente respiración artificial. Las glorias cesaristas de la historia nacional, protagonizadas por héroes y traidores, están fraguadas en la victoria del liberalismo mexicano. Sabido es (pero a lo mejor no suficientemente) que los vencedores han escrito la historia de México (y de Latinoamérica). Las heroicas tragedias de los liberales, sus batallas fundantes de la promesa del progreso y la civilización en el siglo XIX (en contra de la pervivencia del fantasma colonial y la barbarie), así como las nunca terminadas empresas de la modernización, el crecimiento y el desarrollo que maman de sus supuestos travestidos, ya en el siglo XX y lo que va del XXI, forman parte de esa victoria inflada y neurótica que oculta el patrón de poder constitutivo que está en el centro del desastre latinoamericano. 

Como bien decía Bolívar Echeverría —acerca del curso de la “fatalidad” en que se va desenvolviendo nuestra historia desde la fundación de las Repúblicas independientes, ahí donde nada, en el escenario de la política, ha sido realmente real y en cambio todo ha sido realmente maravilloso—: 

La vida política que se ha escenificado [en las Repúblicas latinoamericanas] ha sido más simbólica que efectiva; casi nada de lo que se disputa en su escenario tiene consecuencias verdaderamente decisivas, o que vayan más allá de lo cosmético. Dada su condición de dependencia económica, a las Repúblicas nacionales latinoamericanas, sólo les está permitido traer al foro de su política, las disposiciones manadas del capital, una vez que éstas han sido ya filtradas e interpretadas convenientemente en los Estados donde él tiene su residencia preferida. Han sido Estados capitalistas adoptados sólo de lejos por el capital, ciudades ficticias, separadas de “la realidad”.

V

Como se dijo al iniciar estas notas finales, asomarse en la historia del siglo XIX sigue siendo uno de los caminos posibles para explicarnos el embrollo de nuestro presente sin presencia. Aún vivimos de varios de los sentidos y vicios presentes en su historia. A lo largo de estas entregas, hemos querido trazar algunas hipótesis iniciales que pueden servir para plantear preguntas problemáticas con miras a rescatar la historia que vive bajo los grandes monumentos nacionales. Certamente, no se trata de reducir el sentido de la historia a la crítica del liberalismo, la realidad es más compleja que las simples ilusiones liberales. Pero la persistencia de las mismas en la forma de su radicalización neoliberal hace pensar que dicha intromisión es necesaria y productiva, pues ella puede ayudarnos a destrabar y quizá desmontar los marcos normativos en que solemos basar nuestro “sentido común” y sus ideas de presente, pasado y futuro. En última instancia puede ayudar a “vernos” y a comprender el calado histórico de la crisis epocal que nos va tocando vivir, una en donde, más que nunca, el abandono radical de las ilusiones (neo)liberales será clave en la búsqueda de una reconfiguración renovada de la existencia social.

Nos encontramos el mes que viene.

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Werner Hernández | La resistencia de los pipiles

Dada la complejidad que atañe a las interrelaciones culturales, históricas, espaciales y geográficas de los pueblos originarios del continente americano, resultan insuficientes, casi imperceptibles, los estudios que se han hecho al respecto, algunos más serios que otros, incluso los hay aquellos afectados por la fantasía. Hace no muchos que platicábamos con el poeta Martín Tonalmeyotl acerca de las migraciones milenarias del pueblo nahua, nómada por antonomasia, y cuyo origen es incierto, pero su huella cultural, en buena parte de la nación mexicana y casi toda Centroamérica, es innegable, fundacional y sobre todo, vigente. Además de México, podemos señalar a Nicaragua y El Salvador, como bastiones de la cultura nahua, el primero con los nahoa y el segundo con los pipiles. Algunos estudiosos, como Miguel León Portilla, han querido dar luz sobre el parentesco entre los nahuas de México y sus pares nicaragüenses y salvadoreños, pero lo cierto es que existe un cierto desdén por entender y reconstruir el devenir histórico y cultural de los nahuas en sus migraciones y posteriores asentamientos. Tristemente, durante siglos pasados, e incluso en éste, las torpes políticas locales de gobiernos asesinos, han buscado exterminar a los pueblos originarios. Y los nahuatlatos no han sido la excepción. Por ello, cualquier intento de salvaguarda, de reivindicación, de rebeldía, es ya una obra titánica. Werner Hernández (San Salvador, 1977), psiquiatra de profesión, ha emprendido una obra así. Desde el año 2001 realiza investigaciones personales acerca del náhuat y en esta materia se ha distinguido como profesor y activista. En 2012 ingresa al Colectivo Tzunhejekat. Su labor como recopilador, traductor, arqueolingüista y docente han sido fundamentales para preservar la lengua de los pipiles salvadoreños. Werner Hernández ha escrito los libros Titaketzakan Nawat (Ministerio de Educación, 2018) y Nawat Mujusta (Secretaría de Cultura de San Salvador, 2019), además participó como coautor de la obra Nikmati Ume taltikpak (Ministerio de Educación, 2020).

  • ¿Estimado Werner, cómo se da tu acercamiento con la cultura náhuat, la ancestral y la contemporánea?
  • Mi familia no es del área pero desde niño yo decía que de adulto hablaría en nawat. En 2001 conocí a Genaro Ramírez, hablante de nawat de Witzapan, y fue éste quien me enseñó por seis años, cuando lo visitaba semanalmente. Luego estuve un año como médico en otro pueblo del área, Cuisnahuat. Mi madre tiene su propia versión: Durante mi embarazo realizó trabajos universitarios en el área nahua. Ella piensa que en esos meses fue que me empapé del amor por el idioma: “ya oías y lo hacías en nawat”, me dice.
  • ¿Podrías hablarnos acerca de la cosmogonía pipil?
  • Es muy rica. Con el devenir de las iglesias en la zona y la discriminación social hacia los temas indígenas ha corrido peligro de desaparecer sin embargo todavía se la halla en la región. Para llegar a ella debe uno superar a estos adversarios por medio de la convivencia en la comunidad pues el tema los ha acostumbrado a esconderse. En la narrativa pipil conocemos que los humanos venimos del fruto del árbol de morro, que nuestra organización como grupo surge a partir de los llamados tepewas, pequeños pero astutos, con la capacidad de conocer y traer el maíz. La participación de serpientes racionales entre los humanos es un elemento frecuente y la relación con la naturaleza se ve como un eterno enfrentamiento ante el cual los humanos deben forjar su carácter. En la salud conocemos el tunal como la fuerza y brillo con que funcionamos y las distintas formas de perderlo explican un estado general enfermizo.
  • ¿De qué salud goza la literatura náhuat contemporánea?
  • Su producción es escasa a nivel impreso. Pervive más en la forma de oralitura con la composición de canciones. Un libro muy recomendable es “Nikmati ume Taltikpak” (Conozco dos mundos), de Eugenio Valencia.
  • ¿Qué escritores en El Salvador están haciendo su obra en lengua náhuat actualmente?
  • Paula López es la autora que con seguridad ocupa el puesto de mayor referencia. Aunque la cantautora falleció hace 5 años la belleza de sus letras le sobreviven. Su hija, Estela Patriz, quien también es activista del nawat continúa cantando su música.
  • ¿Cuál ha sido el papel de la literatura náhuat en las letras salvadoreñas?
  • Ninguno. Es una tarea pendiente que el sistema educativo nacional reconozca el aporte de los autores o los temas nahuas. Tómese este ejemplo: Existe la obra Mitos en la lengua materna de los pipiles de Izalco, originalmente recopilada en 1929; estamos a cerca de 100 años de todavía no ser enseñada en la enseñanza pública ni a nivel básico ni superior.
  • ¿Existe un contacto con escritores contemporáneos de lengua nahua en México o en Nicaragua o algún otro país?
  • He coincidido personalmente con algunos escritores nahuas de México, con ninguno de Nicaragua. Me parece que la comunidad nahua salvadoreña se ha desarrollado con más fuerza hacia dentro en los últimos años y ya está lista para darse a conocer afuera.
  • ¿Cuál es tu perspectiva de la literatura náhuat contemporánea?
  • Me parece que aunque la comunidad nahua salvadoreña es muy pequeña puede dar enormes sorpresas a nivel de literatura. Además trabajar en este punto es obligatorio si queremos garantizar la salud del idioma pues en la literatura es donde el idioma escapa de un plano gris y se lo puede ver jugando, divirtiéndose y perfumando el aire. El nahua salvadoreño es muy musical.
  • ¿Qué es el Colectivo Tzunhejekat?
  • Es un grupo de voluntarios de la capital, San Salvador, muy comprometidos en la visibilización digna de los nahuas salvadoreños y de la lengua nawat. Tzunhejekat significa “loco” porque los que ahí colaboramos nos sentimos locos por el nawat.
  • Háblanos de los tres libros que has escrito acerca del náhuat.
  • El primero “Titaketzakan nawat 3” fue un encargo de nuestro ministerio de educación como libro de texto para un programa piloto de enseñanza del nawat en las escuelas. El segundo, Nawat Mujmusta, es un breviario gramatical y un vocabulario nawat-español (y viceversa) para los adultos que quieren estudiar el nawat y recoge mi experiencia de más de 15 años visitando la mayoría de los pueblos nahuas de El Salvador. El tercero, Nikmati Ume Taltikpak, es de mi otro maestro de nawat: Eugenio Valencia. Un homenaje póstumo de su obra en la que fui parte del equipo editor.
  • ¿El gobierno de El Salvador ha sido genocida con el pueblo náhuat?
  • Sí. En 1932 realizó un ataque armado a la población nahua. Las fuentes más ecuánimes estiman que en unos 10 días se eliminó a unos veinte mil nahuas. Fue conocido que bastaba hablar en nawat para tirar a matar. Desde hace unos 10 años las actitudes de los gobiernos buscan ser favorables al grupo nahua.
  • ¿Y la sociedad salvadoreña?
  • La sociedad salvadoreña ha hecho frecuente uso de la indiferencia o de la discriminación, por ello los pocos a favor del nawat buscamos hacer el mejor esfuerzo para despertar conciencia.
  • ¿Qué acciones se están tomando para salvaguardar el náhuat y vincularlo a la literatura o al acto mismo de la escritura?
  • Han habido esfuerzos de salvaguarda, de literatura y de escritura pero de funcionamientos aislados. Hace falta una línea más fresca que busque unificar todos estos elementos en uno solo con esta proyección.
  • ¿Existe una probabilidad de reconciliación verdadera entre los diversos pueblos que conforman las sociedades latinoamericanas o estamos fracturados por siempre: pueblos originarios de un lado, mestizos del otro, españoles por aquí, negros más allá, etcétera?
  • Me parece que el hermanamiento es posible y más tras reconocer que básicamente las luchas de los otros pueblos son las mismas que las propias.
  • ¿Qué significa ser activista y escritor en El Salvador?
  • Significa andar con dulzura en el corazón, coraje en el paso y fuerza en la palabra.
  • ¿Existe actualmente un rastro del México nahua entre los pipiles de El Salvador?
  • Por el idioma, por las danzas, por la gastronomía, por el aspecto físico, por la arqueología (sólo por mencionar unos pocos puntos) me parece que los salvadoreños somos más mexicanos de lo que creemos.
  • ¿Cuáles son los dos mundos que se plantean en el Nikmati Ume taltikpak?
  • Uno anterior y profundo, el nahua. Uno nuevo y advenedizo, el mestizo. El anterior tomando su lugar adentro del nuevo.
  • ¿Qué son para ti los cantos en el náhuat y sus cantores?
  • La mayor fuente de literatura actual en nawat.
  • ¿Qué significado le otorgas a las palabras resistencia y rebeldía?
  • Parte del autorretrato. El nahua salvadoreño se desenvuelve como hermano natural de ambas pero desarrolla no una resistencia contestataria sino una alegre rebeldía que te lleva, como río, a ir adelante y cantando.
  • Salarrué tiene un bellísimo cuento sobre el Cipitío ¿crees o acaso eres tú mismo un cierto Cipitío?
  • Con el nawat acaso más un cadejo, ese animalito fantástico y nocturno fiel a los pasos de su persona y que se le adelanta sólo ante los peligros.
  • Por último, estimado Werner, has dicho que sin el náhuat El Salvador es una nación sin rostro ¿qué matices y recovecos guarda esta afirmación?
  • El nawat es el último idioma nativo de nuestro país. Perderlo sería dejar ir a todas las generaciones de mujeres y hombres que sus saberes fueron expresados en esta lengua. El negar esta herencia es negar aquello que conforma nuestro mismísimo rostro: nuestra identidad.
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Narrativa Retazos del...

…sentimientos encontrados…

Carta para S.

Naciste cuando papá moría. No sé si lo recordás. Puede que el entendimiento de la memoria y los recuerdos sigan siendo un lugar desconocido para el ser humano. Hoy, por lo que te conozco, sé que seguro lo recuerdas y que incluso, juegas con él a escondidas. Sé que lo recuerdas recostado en el sofá con una máquina conectada a su nariz. Puede que de ese recuerdo venga la inquietud que tienes por la medicina. No lo sé. Y a decir verdad, me chupa un huevo que seas lo que seas, me chupa un huevo todo…, menos que pierdas la sonrisa que tienes hoy, menos que algún día pierdas la dignidad. El mundo que conocerás no tengo la puta idea de cómo será, solo quiero saber que serás mejor ser humano que el tipo que escribe esto…

Lindo cumple S.

Atentamente…

Un camaleón

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Agibílibus

Sobre la fantasía y sus subgéneros

Uno de los géneros que más nos atraen con fuerza es la fantasía, tanto en la literatura, el cine y los videojuegos. Sin embargo, he notado que los espectadores en general se dedican a adentrarse a la ligera en ciertas obras desconociendo, como podría esperarse, que dentro de la fantasía existen subgéneros a los cuales pertenecen las diversas historias que tanto nos impactan.

Por tal motivo, y sin afán de obligar a nadie, me permito realizar un chapuzón ante el género fantástico y sus subgéneros con la finalidad de servir de guía para aquellos interesados al respecto y que de una u otra forma sienten la inquietud de ampliar sus horizontes al respecto de las historias que tanto disfrutan (o quisieran disfrutar).

La fantasía y sus subgéneros

¿Cómo se diferencian los subgéneros de la fantasía? ¿Cómo identificarlos?

Cuando nos adentramos en el amplio mundo de la fantasía, tanto en la literatura, el cine, los cómics o incluso los videojuegos, nosotros como espectadores asumimos un rol importante para el desarrollo de las historias que se presentan ante nosotros. El lector-espectador-jugador se convierte en cómplice de la trama fantástica, y en algunos casos es quien reconstruye la vastedad de los mundos, la complejidad de los conflictos o la profundidad de las historias.

Cada historia tiene un comienzo y un final que puede o no gustar a todos por igual. Sin embargo, hay algunos autores que se dedican exclusivamente a atender a un tipo de lectores-espectadores-jugadores perfeccionando un estilo específico para la ambientación de sus historias fantásticas. Cabe mencionar que no todas las historias tratan exclusivamente de caballeros, ambientes medievales, magia o dragones. En la fantasía hay una gran diversidad de posibilidades increíbles e infinitas.

Es por eso que los eruditos de la fantasía han catalogado a la fantasía en diversos subgéneros, de los cuales tenemos a los más representativos como la alta fantasía, la baja fantasía, grimdark, fantasía urbana, la fantasía heroica, la fantasía oscura, la ciencia ficción fantástica, la fantasía histórica e incluso hasta podríamos hablar del realismo mágico dentro de este ordenamiento.

Iniciemos con uno de los exponentes más representativos: la alta fantasía. Este subgénero es tan popular  debido a las grandes historias como El Señor de los Anillos de Tolkien, los juegos Dragon Age y The Elder Scrolls.  En este subgénero se presente el eterno conflicto del bien contra el mal, ambientado normalmente en contextos medievales, y en donde existe de trasfondo una gran profundidad de razas con culturas vastas como humanos, orcos, elfos, enanos, brujos, magos, hadas, trolls y dragones, y con grandes mundos por explorar que podrían abrumar a los lectores en primera instancia. Estas historias se mantienen vivas y en constante cambio debido a su gran complejidad.

Después podemos mencionar a la baja fantasía. Este subgénero puede tener similitudes con la alta fantasía, incluyendo el mismo estilo de ambiente y personajes, pero con la diferencia de que los mundos y las tramas presentadas son más simples y dinámicas. Los protagonistas se vislumbran más como antihéroes así como las luchas no son exclusivamente entre el bien y el mal. Uno de los exponentes es la saga de Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. Cabe mencionar que a este subgénero se le puede relacionar con otro llamado grimdark, el cual muestra historias un tanto oscuras y crudas.

Por otro lado está la fantasía urbana, la cual nos muestra una mezcla entre el mundo real contemporáneo mezclado con mundos fantásticos diversos. Para este entorno tenemos ejemplos claros como Harry Potter y algunas historias de cómics y Anime/manga en donde distintos mundos convergen dando frutos curiosos y complejos. Sin embargo, no se debe perder de vista su principal característica: lo urbano debe estar presente.

También tenemos a la fantasía heroica, la cual expone historias que podrían asemejarse de igual forma a la alta fantasía debido a su ambientación medieval y la manera de presentar a los personajes principales. Sin embargo, estas historias por lo regular tienen un rasgo que los define de las demás: las historias tratan siempre de la eterna batalla de la espada contra la magia además de que los héroes no son exclusivamente bien portados y de altos valores, más bien se muestran bruscos pero sin caer en la maldad. Como ejemplo tenemos a Conan el bárbaro.

La fantasía oscura, en cambio, muestra mundos e historias que se ligan más con la maldad y el terror. En estas historias la magia es siempre oscura, sin alegría ni esperanza, y comúnmente los protagonistas son frágiles y están sometidos a voluntades descomunales y malignas. Como exponentes tenemos las historias de Poe, Lovecraft y Stoker, entre otras.

De igual manera está la ciencia ficción fantástica, la cual puede confundirse con la ciencia ficción convencional. Sin embargo, el rasgo que define a la primera es que en estos mundos futuristas la tecnología siempre está sometida de alguna manera a la magia, aunque se pueden mezclar elementos de otros subgéneros de la fantasía. Un claro ejemplo es la saga de Star Wars en donde convergen elementos de la ciencia ficción, como naves y batallas en el espacio, con elementos como la fuerza.

La fantasía histórica, por otro lado, se presenta como un subgénero muy curioso.  Aquí por lo regular se retoman periodos históricos reales con la peculiaridad de que los autores tratan de darle el aspecto de una parodia o de una realidad alterna en donde se reinterpretan ciertos eventos históricos. Estas historias son más comunes en películas en donde  se llegan a incluir elementos de otros subgéneros fantásticos como dragones, monstruos, magia, mundos, zombies, vampiros, etc., los cuales están inmersos en los eventos de la humanidad.

Finalmente, algunos de los expertos han mencionado que el realismo mágico debe considerarse dentro de los subgéneros de la fantasía. En estas historias la magia toma un aspecto normal y cotidiano para los personajes al nivel de que no es necesario explicar cómo o por qué funcionan estos elementos mágicos para la trama. Algunos de los exponentes entrarían dentro de los territorios literarios latinoamericanos como Márquez.

De esta manera el lector puede asumir una postura concreta ante la gran diversidad de subgéneros dentro de la fantasía, siendo que no solamente se trata de elementos de la alta fantasía siendo que la profundidad de las historias puede tomar diversos tintes dependiendo la época y tendencias artísticas de cada tiempo, autor y espectadores.

Cada persona tiene sus historias favoritas y estilos preferidos. Sin embargo, algunos de ustedes quizá se aprovechen de este pequeño y humilde análisis sobre los subgéneros en los que se divide a la fantasía en general (incluso ahora podrán ubicar en cuál subgénero entraría su saga favorita) de manera que puedan asomarse a otros subgéneros y explorar otros mundos y posibilidades en donde exploten su rol como lectores, espectadores y jugadores a conciencia.

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Cinefilia crónica

Judas y el mesías negro (2021)

Existen buenas películas y existen malas películas; existen obras maestras y existen bodrios desastrosos; existen películas inolvidables y existen películas que pasado un año ya nadie recuerda. Pero también existen películas que son más que películas, son memoria, son homenaje, son poder, ese es el caso de Judas and the Black Messiah (2021).

Fred Hampton era un activista, revolucionario socialista y el líder de la sección de Illinois del Partido Pantera Negra a finales de los sesentas. William O’Neal era un ladrón de autos cuyo modus operandi se basaba en hacerse pasar por un agente federal para disuadir a sus víctimas y ejecutar el robo. Pero cierta noche, O’Neal, quien apenas tenía diecisiete años, fracasa al intentar robar un auto y, luego, al ser capturado, en lugar de ser enviado a la cárcel, tal como él lo suponía, es reclutado por el agente Roy Mitchell del FBI para que se infiltre en el BPP (Black Panther Party) y le sirva de informante. Entonces los destinos del mesías negro, Fred Hampton, y de judas, William O’Neal, habrán de cruzarse de una manera cuyo desenlace no puede ser distinto al trágico.

Judas and the Black Messiah es el segundo largometraje que dirige Shaka King, recibió seis nominaciones en los premios Óscar, entre las que destacan Mejor película y Mejor guion original, y es sin duda una de los mejores films de la temporada. El amor, la traición, la política, el racismo, la injusticia, el clima urbano, el valor conjurado a una causa justa, la lucha por los derechos civiles de las comunidades afroamericanas; todo eso y un poco más es combinado y puesto en escena de una manera notable. El encargado de interpretar a Fred Hampton es la estrella ascendente Daniel Kaluuya, quien, quizá ayudado por el estupendo guion, realiza la que es la mejor interpretación de su carrera hasta el momento, superando incluso a la realizada en la conocida Get Out (2017), pues logra dotar de una fuerza y una voz propia al personaje, evocando y rememorando la firmeza y la determinación con la que Hampton asumió la lucha social a lo largo de su corta vida. Por su parte, el traidor O’Neal es interpretado por Lakeith Stanfield, cuyo trabajo es incluso superior al de Kaluuya, dado que no sólo es el antagonista que debe soportar la carga pasar por protagonista, sino además debe (y lo logra c0n creces) fingir una actuación dentro de la actuación que ya de por sí es fingida: es un completo farsante, un infiltrado; por ejemplo, a través de sus gestos y expresiones, Stanfield consigue que la ejecución de los primeros planos larguísimos de su rostro, que son vitales en la construcción del personaje y en la manifestación del conflicto moral que sufre, se ejecuten de manera formidable.

Otro hecho destacable es que Debora Johnson (Akua Njeri), quien era la pareja sentimental de Fred Hampton y es la madre de Fred Hampton, Jr., su unigénito, es interpretada por Dominique Fishback, quien, a pesar de que pudo ser mejor, no hizo una mala interpretación y junto a la decisión de maquillarla de manera mínima y el que su físico se aleje de los estereotipos de belleza que la sociedad moderna le impone al género femenino, consigue dar con un personaje real y acertado. Lección para los poderes culturales y hegemónicos del entretenimiento mundial que solamente logran concebir personajes principales femeninos si son interpretados por modelos o reinas de belleza, quienes encajan perfecto con el estereotipo imperante pero no con la figura del personaje a tratar.

En definitiva Judas and the Black Messiah, que sutilmente toma algunos recursos del blaxploitation de los setentas, como también del cine político y del documental, resulta una digna representante de la cinematografía afroamericana de las últimas décadas, abanderada por el fallecido John Singleton en su momento, o por el maestro Spike Lee con su extensa filmografía o por Barry Jenkins con su premiada Moonlight (2016). Una película que vale la pena ver no sólo por su valor narrativo, estético y filmográfico, sino también por su valor histórico y reivindicativo.


La polémica: por extraño que parezca, todo indica que a la Academia le pareció que Judas and the Black Messiah era una película sin protagonista, o sin protagonistas, pues los actores Daniel Kaluuya y Lakeith Stanfield, que interpretan a los personajes principales del film, fueron nominados en la categoría de Mejor actor de reparto. Se suponía que el personaje de O’Neal, interpretado por Stanfield, era el protagonista y el de Hampton, interpretado por Kaluuya, era el más relevante de entre el reparto; incluso podría pensarse que era una película con dos protagonistas, precisamente ellos, pero no así lo consideraron en Hollywood. Hasta el momento no ha habido ningún pronunciamiento por parte de los organizadores de los premios. Ya veremos cómo resulta la noche de la ceremonia.

M.D.

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Aproximación al ser en el arte

Un perro andaluz (1929) | Luis Buñuel

Un perro andaluz (1929)
Luis Buñuel

Título original: Un chien andalou. Francia, 1929.
Director: Luis Buñuel. Fotografía: Albert Duverger, Jimmy Berliet.
Guión: Salvador Dalí, Luis Buñuel. Producción: Luis Buñuel.
Intérpretes: Simone Mareuil, Pierre Batcheff.

Un perro andaluz, es un cortometraje franco-español mudo, con una duración de 16 minutos. Fue publicado el mismo año que el poeta francés André Breton publicó su «Segundo Manifiesto Surrealista».

En su estreno causó un escándalo enorme por su contenido y el carácter subversivo de su forma narrativa (Talens, 2010). Es el debut de Buñuel como director. Catalogado como un poema visual.

En 1929, Hollywood ya implementa el cine sonoro. Sin embargo, en Europa tardaría en imponerse. De manera que se realizó mudo. En 1960, Buñuel incorpora al film una banda sonora, en la que selecciona fragmentos de «Tristan e Isolda» de Richard Wagner y un tango.

El surrealismo parte de la premisa de reflejar pensamientos libres de control que van más allá de la realidad, la ética y la estética. Para abrir y expresar los recovecos del subconsciente.

Luis Buñuel hace una simbiosis con Salvador Dalí para la realización de su guión. La trama surge a partir de dos sueños: Dalí le contó que soñaba con hormigas que pululaban en sus manos y Buñuel soñó con una hoja de navaja que cortaba la luna en dos.

No sigue una estructura lineal, ni se sujeta a un espacio o tiempo determinado. Pende de un hilo subconsciente. Hay alusiones constantes a la muerte, el deseo sexual, el delirio y el sueño, bajo imágenes cargadas de sugestión.

Una de las escenas más iconográficas, es en la que un individuo interpretado por Buñuel, afila una navaja de afeitar y secciona el ojo de una mujer. Buñuel (2008) explica que para que el espectador se sumerja en un estado libre de asociación de ideas, es necesario producirle un choque traumático al comienzo del filme.

Federico García Lorca, poeta andaluz, creía que Un perro andaluz era una referencia indirecta hacia él. Estaba enamorado de Dalí, pero era despreciado por él. Enojado contra sus detractores, Lorca consideraba que la escena en la que un andrógino es atropellado en la calle, hacía alusión a él. Relata Buñuel (2008, p.134).

El atropello del andrógino hace sentir libre al protagonista que observa hacia la calle desde una ventana. Lo cual despierta deseo sexual en él hacia su pareja, a la que se dispone a acosar.

La protagonista se defiende de él con una raqueta en forma de cruz que simboliza la moral católica. Le resulta imposible vencer a la chica. En su forcejeo cae enfermo, debido a que la educación condena el deseo sexual.

Ocurre un conflicto edípico, según el psicoanálisis, representado con el humor surrealista que caracteriza el film. El protagonista supera su conflicto al liquidar a su padre. Seguido de lo cual continúa acosando a su amada.

En otro juego de imágenes, mientras ella lo mira, a él se le desaparece la boca y le crece vello púbico en el rostro, como una incitación al sexo oral que será rechazada por ella, con un gesto en el que ella le saca la lengua y se marcha. Al cerrar la puerta, captura la mano de él llena de hormigas, como alegoría al deseo sexual y la mano como instrumento de la masturbación.

Ella aparece en una playa donde encuentra a un hombre bañista. En vez de enseñarle hormigas en sus manos le muestra un reloj. El reloj representa el trabajo, la seguridad económica. Decide olvidar su antiguo amante y quedarse con la oferta que le hace el bañista. Lo cual puede interpretarse como una crítica que hace Buñuel al matrimonio burgués, enemigo del amor y la pasión.

Decía Breton: «El gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar contra la gente». Buñuel toma esta frase para sugerir que Un perro andaluz no es sino un llamamiento al asesinato (Buñuel, 2008, p.105). Fue elogiado por Eisenstein, Chaplin lo vio por lo menos diez veces en su casa. Carl Jung lo calificó como una demostración de dementia precox. Tuvo un gran éxito comercial ante la intelectualidad parisina.

Un perro andaluz (1929)
Cartel de la película «Un perro andaluz»


Barbachano, C. (2000). Luis Buñuel. Madrid: Alianza.
Buñuel, L. (2008). Mi último suspiro. Barcelona: De bolsillo.
Gubern, R. (1999). Proyector de Luna. La generación del 27 y el cine. Barcelona: Anagrama.
Sánchez, A. (2010). Luis Buñuel. Madrid: Cátedra.
Talens, J. (2010). El ojo tachado. Madrid: Cátedra.

Artículo: Roxana Escalante.

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Aproximación al ser en el arte

Las Hurdes: Tierra sin pan (1933) | Luis Buñuel

Tierra sin pan (1933)
Luis Buñuel

Título original: Terre sans pain. España, 1933. Director: Luis Buñuel. Fotografía: Eli Lotar. Guión: Luis Buñuel, Pierre Unik, Julio Acín. Producción: Ramón Acín Aquilué. Sonido: Charles Goldblatt, Pierre Braunberger. Intérpretes: Narrador Abel Jacquin.

Tierra sin pan fue proyectada de manera oficial en el Cinestudio Imagen de Madrid, fue la única proyección que logró realizarse antes del estallido de la Guerra Civil en 1936.

Es un documental mordaz de corte surrealista, acerca de la situación de atraso en que se encontraban Las Hurdes. Basado en el estudio antropológico de Maurice Legendre: «Las Jurdes: étude de géographie humaine» (1927).

Fue incluido en El Festival de Cine de Mannheim en 1964 entre los doce mejores documentales de la historia. Cuando la película se exhibe es prohibida, no llega a tener una explotación comercial, sus exhibiciones son restringidas. La película no tiene capacidad de incidencia en el momento en que se hace.

El surrealismo (un movimiento de rebeldía contra la sociedad burguesa), pretendía ser el realismo del siglo XX. La primera película que se considera surrealista de Luis Buñuel es Un Perro Andaluz en 1929. Lo que a partir de ese momento se considera cine surrealista es en la medida que se aleje o se acerque a Un Perro Andaluz.

Buñuel tuvo la capacidad de presentir los cambios tecnológicos que el mundo del cine comenzó a experimentar a partir de los años 30, que harían del documental un «dispositivo de lo ideológico» (Ibarz, M., 2000, p.34).

Las Hurdes es una comarca pobre de montaña como muchas en España. Cuando Buñuel se refiere a las Hurdes no sólo se refiere a una región de Extremadura, sino que lo está utilizando como una especie de metáfora de lo que es la España rural. Es un territorio marcado por la ausencia: Una Tierra sin pan.

Comenta Buñuel que durante los primeros días del rodaje, el equipo de la película intentó tomar el almuerzo en las horas de descanso, pero la gente del pueblo salía de sus casas a verlos comer, los niños se lanzaban a recoger las sobras. De manera que el equipo decidió no volver a comer durante el trabajo (Buñuel, 1999, p.175). Las Hurdes es sinónimo de pueblo donde no se come.

La alimentación hurdana consta sólo de patatas judías. Las familias menos pobres son las únicas que consumen cerdo. La leche de cabra sólo la consumen los enfermos graves que mojan el pan que los mendigos traen.

En las sociedades hay zonas oscuras que están tapadas a las que no se les ha puesto una cámara adelante. Tierra sin pan, refleja la moda estética de la España negra. Manipula aspectos de la realidad con la finalidad de generar una estética más aguda.

Buñuel mató dos animales durante el rodaje de Las Hurdes para componer secuencias que más tarde ocasionaron escándalo. Una cabra se despeña por un abismo para simbolizar el trágico destino de los habitantes de Las Hurdes. En otra de las escenas, un burro es aniquilado por unas abejas. Así como la secuencia del entierro de un bebé que transportan a un cementerio.

En esta obra se centra en crear una propuesta de carácter social y antifascista. Es clave para analizar el tema del hambre como una problemática que sigue afectando diversos sectores del mundo. Hace percibir al espectador el hambre ajena, así como la persistencia del dolor humano.

Tierra sin pan (1933).


Buñuel, L. (1999). Conferencia de Buñuel en la Universidad de Columbia. En Tierra sin pan. Luis Buñuel y los nuevos caminos de las vanguardias. IVAM Centre Julio González. 14 octubre 1999/ 9 enero 2000; Valencia: IVAM Institut Valencià d’Art Modern.
Ibarz, M. (2000). Tierra sin pan: En el umbral del cine de Buñuel. En Archivos de la filmoteca. Revista de estudios históricos sobre la imagen.

Artículo: Roxana Escalante.

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Arte y cultura

EDITORIALES FUERA DE LA CAJA

Del reciclaje al objeto que llamamos libro.

Argentina, para los años de la crisis el cierre inesperado de los bancos dejó a muchas personas sin recursos y fue en ese contexto cuando nació Eloisa, la primer editorial cartonera de Latinoamérica.

Varias personas, entre ellas Washington Cucurto y Javier Barilaro, al ver que era imposible publicar con una editorial tradicional, empezaron a comprarle cartón a los cartoneros de Buenos Aires y crearon sus primeras ediciones cartoneras.

Eloisia Editorial Cartonera.

El movimiento cartonero se expandió por todo el continente y llegó a Costa Rica en 2010. Ese año se fundó “CartoneraTica” de Diego Mora y seguido a esta “La Carajada Cartonera” de Monserrat Artavia, conocida emprendedora por su librería “Libros usados de moncho”.

Pero fue hasta ocho años después que las cartoneras vuelven a generar interés y se suman a la lista: “CartónEra” del poeta César Angulo y la recién lanzada “Chancleta Cartonera”, fruto de un curso impartido por Mora.

Diego Mora, fundador y editor de “Cartonera Tica”.

Por su parte “CartoneraTica”, es una organización abierta, que cree en libros, arte, comunidad y educación. En 2019 lanzó el libro de la poeta Laura Contreras “Zumo de mi Vientre” y en el 2020 se filmó un mini documental sobre esta obra para el programa Aquí Cultura Literaria, que podés ver en youtube.

Libro: Zumo de mi Vientre.
Autora: Laura Contreras.
Editorial Cartonera Tica 2020.

La pandemia fue un punto de giro importante y abrió nuevas posibilidades.

Con la ayuda de las Becas Creativas del Ministerio de Cultura, “Cartonera Tica” amplía su catálogo con nuevas ediciones de las obras: “Introspicere” de Paula Méndez Camacho (Costa Rica), No pido permiso” de Nadit Laxzi León Escobar (Cuba), “En un país GRANDE” de Washington Cucurto (Argentina), “Toca mi Cuerpo” de Karen Valladares (Honduras) y “Querida Perra” de Eli Neira (Chile).

Además, gracias al enlace de “CartoneraTica” con la editorial cartonera “Helecho De” de la escritora Poli Roa (Chile), se publica “Compartir Pantalla” la antología del Taller Mundial.

Foto: Yuliana Cruz Z.

Es importante señalar que en su mayoría este tipo de editoriales son auto-gestionadas. La gente se enamora de las cartoneras y se han realizado importantes encuentros por todo el mundo.

Este año se realizará el I Encuentro de Editoriales Cartoneras en Costa Rica, con el objetivo de conocer la experiencia Latinoamérica, pero esa es otra historia, que contaremos más adelante.

¿Conocés alguna editorial cartonera?

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Canaimera

Estuardo Prado | La X en el mapa

Una odisea de múltiples monstruos y sirenas asesinas en el camino y que no siempre llega a buen puerto: eso es publicar en Latinoamérica. Los escritores —los ulises— tienen que enfrentar problemáticas arraigadas, como los son la censura o el canon impuesto por las grandes casas editoriales, asumidas en buena cantidad por los grandes consorcios españoles que imponen sus criterios editoriales y a los cuales no siempre se ajusta la literatura de nuestro continente. Por lo menos la literatura de vanguardia, la experimental, la subterránea, mucho menos la políticamente incorrecta.  Salvo algunos casos afortunados, no es nada fácil acceder a los emporios de la edición. Obras y obras que cada año son rechazadas a veces sin ni siquiera un dictamen de por medio, se perderían en la nada, a no ser porque, como sucede en estos lares canaimeros, existe la resistencia. Quijotes de nuestro tiempo, llamó la escritora Carla Pravisani a las editoriales independientes latinoamericanas.  Los son. Son quijotes, son resistencia, son guerrilla literaria, son la auxiliadora Atenea para que tantos ulises no naufraguen. Y si de resistencias hablamos, Centroamérica es una de las zonas donde más palpable se hace la presencia de las editoriales independientes ante gobiernos cuyas políticas públicas no suelen alentar el arte y la cultura y mucho menos el despertar sensible de sus poblaciones. Con anterioridad hemos señalados que existe un notorio movimiento editorial y literario en Guatemala. Catafixia, Sión, Quimera, Chuleta de Cerdo, F & G Editores, Cholsamaj, son algunos de los sellos que conforman los esfuerzos por dar voz a una literatura emergente, no sólo guatemalteca, sino centroamericana, y que en no pocos casos encuentra puntos de conexión con México y Sudamérica. En esta revolución cultural, uno de los protagonistas indudables (y podríamos decir que hasta legendarios) ha sido Estuardo Prado y su Editorial X, la cual fundó en 1998 y cuyos antecedentes los hallamos en la revista Anomia. Editorial X se ha distinguido desde sus inicios por dar voz a escritores emergentes y por identificar a estetas subterráneos que no son bien recibidos en otros espacios. Prado, nacido en Guatemala capital en 1971, es narrador, egresado de la licenciatura en Letras y Filosofía por parte de la universidad Rafael Landívar. Entre los libros que ha escrito, se pueden contar Estética del dolor (1998), Vision-es del exceso (1999), Los amos de la noche (2001), El Libro Negro (2000) y Siendo alcohólico-drogadicto me fue mejor y de paso escritor de mierda (2013), todos ellos en Editorial X.

  • Estuardo, ¿por qué decides volverte editor?
  • A mediados de los 90s, con un grupo de estudiantes de la Universidad Rafael Landívar, que también estudiaban Filosofía y Letras, comenzamos a escribir. Originalmente la idea era leer el trabajo de todos entre nosotros. Pero conforme fue pasando el tiempo y los textos fueron teniendo mejor calidad literaria, se nos ocurrió sacar un fanzine. Le pusimos de nombre “Anomia” y básicamente eran unas fotocopias engrapadas con textos nuestros. Poco a poco se fueron uniendo otros estudiantes que también tenían textos. Hasta que llegó un punto en el cual buscamos una editorial que nos publicara, pero el gremio literario era muy cerrado y no encontramos ninguna posibilidad. Por eso es que al final de la última revista, la sexta en 1998, publiqué el manifiesto de editorial X. Ese año empecé con la publicación de los dos primeros libros: “Estética del dolor” (mi primer libro de cuentos) e “Hijas de Shakti” una antología de escritoras.
  • Se ha dicho que Editorial X es contracultural ¿cómo definirías tu proyecto?
  • Pues la idea era publicar textos de calidad literaria de escritores que tuvieran un estilo propio, ya sea que hayan publicado o no, anteriormente. El crítico literario Guido Almansi define “estilo” como algo que rompe con el canon de lo que se está proponiendo como mainstream en una época determinada, teniendo que ser obsceno en su momento, pues es rechazado por no ir en la línea general literaria de su contexto histórico, similar al término de “desterritorialización” que proponen Deleuze y Guatttari. Eso era la que estábamos y seguimos buscando textos de ruptura en el manejo del lenguaje, tanto de forma como de temática y no desde un punto de vista comercial, como casi todas las editoriales establecidas tienen. Aunque suene un poco hermenéutico, a nosotros siempre nos interesó el texto por el texto. Creo que por tener nuestros medios propios de publicación nos permitió sacar libros contraculturales, sin importar su tónica, pues lo importante era la calidad literaria y la ruptura con el mainstream.
  • ¿Cuál es tu visión de los escritores y la literatura centroamericana contemporánea?
  • Actualmente hay varias propuestas muy interesantes a nivel centroamericano, pero creo que las editoriales alternativas nuevas han servido para poder difundir las voces de escritores nuevos, aunque con el tiempo se integraron ya al canon por su calidad literaria. En Costa Rica proyectos como Perro Azul, de Carlos Aguilar, nos trajo las propuestas de autores muy buenos como Alexander Ovando, Alfredo Trejos, Luis Chaves. En El Salvador Los sin pisto, dirigida por Mauricio Orellana, nos brinda una opción muy interesante de autores como Jacinta Escudos y el mismo editor. En Honduras la editorial Mimalapalabra dirigida por Guiovanni Rodríguez hace lo mismo, brindar un espacio a esos escritores que valen la pena.
  • ¿Y en específico de Guatemala?
  • En Guatemala, como tú lo señalaste, hay una nueva oleada de editoriales alternativas que ha ido surgiendo y sacando a la luz escritores que valen la pena: Ediciones Bizarras de Simón Pedroza, Chuleta de cerdo de Alberto Arzu, Alambique de Marco Valerio Reyez, Vueltagato de Pablo Bromo, Catafixia de Luis Méndez Salinas y Carmen Lucia Alvarado. Más recientemente, Colectivo Amberes en donde se reunieron distintas voces como Matheus Kar, César Yumán, Laura Arévalo, Diego Ugarte y Marcos Gutierres, entre otros.  Además de POE de Wilson Loayes, Sión Editorial, Quimera y Testigo ediciones, entre otras. Las cuales, la mayoría, son dirigidas por escritores y que nos han traído una pluralidad de nuevas propuestas literarias de valor además de las de sus propios escritores/directores: Vania Vargas, Alejandro Marre, Julio Serrano y muchos otros.
  • ¿Existe una relación de hermandad entre los escritores de Guatemala y México?
  • Creo que sí, pero no sólo por el idioma que compartimos o la cercanía, sino también porque hemos compartido una historia en donde varios de los principales escritores guatemaltecos han encontrado un hogar en México,  al salir por x o y razón pero por lo general durante épocas difíciles en nuestro país. Tales como Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso o Carlos Solórzano. En lo personal, desde hace varios años con la Revista Generación, dirigida por Carlos Martínez Rentería, he tenido la oportunidad de encontrar un espacio en donde contribuir con mis textos. Igualmente con el proyecto de Ediciones Periféricas de Nahum Torres hemos empezado un intercambio al realizar la primera coedición de la novela “Si Dios me quita la vida” de Francisco Alejandro Méndez (Premio Nacional de Literatura Guatemalteca Miguel Ángel Asturias 2017) y esperamos seguir con este intercambio.
  • Precisamente hablando de éste, que es uno de los últimos trabajos que has publicado, Si dios me quita la vida, de Francisco Alejandro Méndez, sin duda, uno de los escritores latinoamericanos más interesantes de la actualidad. Como mencionas, lo hiciste en coedición con Ediciones Periféricas, de México. En este sentido, ¿la coedición será la estrategia maestra para cultivar las interrelaciones literarias entre los países latinoamericanos tan aparentemente separados los unos de los otros?
  • Creo que sí, pues a pesar de la cercanía de nuestros países, la circulación de nuestros libros es difícil y ésta, como te mencioné, es una forma idónea para poder hacer que las propuestas literarias circulen. Además, surgieron proyectos en común como TriNorte (Triángulo Norte Ediciones), en el cual tenemos proyectos de integración en circulación de libros y coediciones entre Honduras, El Salvador y Guatemala, específicamente con las editoriales Los Sin Pisto, Mimalapalabra y la X. Empezando por una página en común, un fanzine y una Antología (digital e impresa). Si Dios me quita la vida de Francisco Alejandro Méndez es el principio de proyectos con Ediciones Periféricas y así iremos ampliando la difusión y la colaboración entre proyecto similares latinoamericanos.
  • ¿Qué papel juegan las editoriales independientes en Latinoamérica?
  • De una u otra manera creo que estas iniciativas de editoriales alternativas son las que traen a la luz nuevos escritores con propuestas sólidas y frescas. Con calidad literaria, pues su fin no es netamente comercial, sino artístico. La literatura por la literatura en sí, anteponiendo la calidad en las propuestas ante las posibilidades puramente mercantilistas, como pasa con las grandes editoriales.
  • Literaria y editorialmente hablando ¿hay un subordinaje nuestro hacia España?
  • No lo creo, pues en nuestros países hay escritores con propuestas muy sólidas y de gran calidad literaria. La diferencia tal vez radica en que en España las editoriales tienen más medios de difusión y promoción, además de contar con un aparato de crítica literaria que dan luz a las obras y a sus autores.
  • A causa de la pandemia Si dios me quita la vida tuvo que salir primero de manera virtual ¿cómo fue esa experiencia para ti y, crees que esto anuncia y determina el futuro del libro impreso?
  • Creo que, aunque suene algo raro, lo único útil que nos trajo la pandemia fue una mayor inmersión en la virtualidad, obligatoriamente. Pero de la cual han surgido resultados muy interesantes. Como por ejemplo el cierre de fronteras entre los países centroamericanos nos ha hecho pensar en nuevas estrategias de colaboración y de trabajo en conjunto. Así como la posibilidad de crear espacios que antes no se estaban aprovechando anteriormente. Por ejemplo, el año pasado di un curso de creación de relato, en él participaron escritores no solo de Guatemala, sino de varios lugares: El Salvador, Perú y  Estados Unidos. Viendo la calidad de los textos trabajados, estamos por sacar de forma digital e impresa una antología latinoamericana “Voces desde el encierro”. No creo que el libro digital llegue en su totalidad a substituir el libro impreso, esto sería muy repoto. Nuestra relación con lo impreso, o grabado en algo físico, ya sea papel o arcilla, va desde el inicio de la civilización humana. Pero sí impulsó a usar este recurso el cual ya existía desde hace varios años y del cual se pueden tener una difusión mucho mayor de nuestras propuestas literarias, principalmente de áreas aisladas, como nuestros países, que estando tan cerca geográficamente, ya desde antes siempre ha sido difícil y costoso la difusión de nuestras propuestas.
  • ¿Son los escritores mejores editores?
  • Tal vez sí, pues siempre va a verse desde un punto de vista diferente al de alguien que no sea un escritor. Brindándole más importancia al texto, que a sus posibilidades mercadológicas.
  • ¿A qué se debe que hayas publicado la mayoría de tus libros en Editorial X?
  • La verdad creo que mis textos son bastante ácidos, recurro a la ironía, al humor negro y a la deconstrucción social de la manera más contundente que he podido, lo cual lo hace un texto contracultural radical en donde se cuestiona todo, de la manera más fuerte posible. Con estas características, sólo he podido encontrar algunas otras iniciativas para poder publicar sin censura de ningún tipo, como en editorial Germinal, de Costa Rica, que sacó una edición de “El libro negro”, en México con la Revista Generación con algunos relatos míos, y en Italia, en la Universidad La Sapienza, en donde se tomaron la tarea de hacer una traducción de algunos de mis textos.
  • ¿Qué es para ti la rebeldía?
  • Rebeldía para mí no es necesariamente ir en contra de todo, si no cuestionar la realidad de una manera crítica, pues estamos socialmente siempre siendo manipulados por intereses más allá de los nuestros y denunciar la hipocresía o las verdaderas intenciones de estas estructuras de poder que brindan un discurso que lleva vedado sus verdaderos propósitos. Y en determinado punto oponer resistencia a ellos.
  • ¿Por qué has priorizado al cuento sobre de otros géneros literarios?
  • Fíjate que antes que ser editor, fui escritor y antes lector obviamente. De una o de otra forma me interese más, o tuve más contacto con la narrativa. La disfruto más, la verdad. Eso ya es un gusto personal. Aunque considero que todos los géneros literarios tienen un valor estético igual… son arte.
  • ¿Te consideras un creador “underground”?
  • Quisiera pensar que sí. Aunque con el tiempo muchos de los que empezamos en editorial X han pasado a ser parte del canon literario nacional. La verdad es más divertido estar en las filas de la trinchera revolucionaria y contestataria, que estar en el canon como una figura de un museo de historia.
  • ¿Qué piensas de la actual literatura feminista latinoamericana?
  • La verdad he tenido más contacto con el movimiento literario LGBT, hasta sacamos la primera antología a nivel centroamericano: Anatomías del deseo negado (2018).  Creo que la literatura feminista es necesaria, pues mucho de la represión que se ha tenido viene de los mismos males culturales, los cuales surgen de una misma raíz: una sociedad capitalista, patriarcal y heterosexual represiva.
  • A los escritores ¿nos está astringiendo la corrección política?
  • Creo que últimamente la lucha por los derechos de los diferentes sectores de la sociedad que han sido reprimidos históricamente nos está llevando, paradójicamente, otra vez hacia una represión, en lugar de un ambiente de apertura social y respeto hacia la libertad de expresión (que debería de ser lo más importante pues es lo primero que se pierde en un sistema represor), ahora siento que se está creando una sociedad en donde para estar “políticamente correctos” ya no se puede hablar con libertad sin que algún grupo proderechos de lo que sea brinque.
  • ¿Qué significa ser escritor en Guatemala?
  • Es interesante… para mí fue la oportunidad de poder crear textos que pretendían deconstruir todas las instituciones sociales, nuestras historia y nuestros “valores” (entre comillas). Sentía que cada uno de mis libros, al salir, eran una bomba Molotov en contra de una sociedad hipócrita y falsa.
  • Por último, estimado Estuardo, y esta pregunta más bien se la hago a Masterdrogo ¿cuál es esa conciencia a la que podemos asumir como una última frontera?
  • Te contestaré con una cita del mismo libros, de Artaud: “Y tú, desquiciado lúcido, portador del cáncer, meningítico crónico, tú eres el incomprendido. Existe algo en ti que ningún doctor llegará a comprender y esto es lo que para mí te salva y te hace majestuoso, puro y maravilloso. Tú estás afuera de la vida, estás sobre la vida… tú vas más allá, más allá del nivel normal y esto es por lo que los hombres están en tu contra, pues envenenas su quietud, eres el que rompe su estabilidad…”. La conciencia de ser seres libres, que cuestionan todo, que tienen sus propias opiniones, aunque no sea políticamente correctas, que viven como quieren…esa es la última frontera : ser verdaderamente libres.
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La Hermandad Prerrafaelita: rebeldía y libertad artística

Actualmente nuestro entorno artístico está acostumbrado a las más excéntricas demostraciones de rebeldía y arrojo ante las diversas hegemonías culturales. Ahora las expresiones han cambiado con los nuevos tiempos y ser “un artista” es sinónimo de ser rebelde y fiel opositor a la opresión y a la censura. Ahora se ha radicalizado la expresión artística que no es raro encontrarnos con meras suposiciones,  simples ideas un tanto ausentes y hasta intangibles, en las exposiciones o en las galerías de arte actuales (como un simple espacio vacío, un buen pedazo de aire fresco o incluso una banana con cinta adhesiva, por ejemplo).

Sin embargo, para no profundizar en cuestiones dramáticas y un tanto “rígidas” sobre el arte actual, me permito rememorar para esta ocasión especial uno de los primeros movimientos considerados de “vanguardia” que lucharon contra lo académico y hegemónico en su propia trinchera artística allá por el siglo XIX. El día de hoy recordemos a la entrañable Hermandad Prerrafaelita y sus ideales, preceptos y motivaciones que han sobrevivido hasta nuestra turbulenta actualidad.

¿Quiénes fundaron la Hermandad?

Esta hermandad artística contó principalmente con tres personajes que lo iniciaron todo allá en Londres a mediados del siglo XIX: John Everett Millais (el más talentoso), Dante Gabriel Rossetti (el líder de la hermandad) y William Holman Hunt (el espiritualista  y sensible).

Todo comenzó cuando estos tres jóvenes eran estudiantes de la Royal Academy, y, debido a la presión de la “academia” y su rigidez, optaron por volcarse en actitud rebelde y valerosa fundando una hermandad de artistas con la intención de seguir los ideales románticos de libertad y creatividad más excelsos. Fue así que se consolidó la Hermandad Prerrafaelita, la cual ganó gran impacto en el mundo artístico con el paso del tiempo  y a la cual pertenecieron muchos miembros provenientes de las diversas ramas de las artes como pintores, escultores, escritores, mecenas y críticos.

El nombre de esta hermandad refiere al arte previo a Rafael, enfocándose en el arte medieval, al arte libre y a los primitivos italianos. Cabe mencionar que en esta hermandad hubo más de una generación de miembros.

¿Qué ofreció la Hermandad al mundo del arte?

El principal objetivo de la hermandad fue reformar el mundo del arte en el siglo XIX. Ellos buscaban un “arte libre” que confrontara la rigidez académica, fría, estática y desapasionada del mundo del arte hegemónico de su época.

La luz del mundo (1852). Hunt.
La luz del mundo (1852). Hunt.

Estos jóvenes rebeldes buscaban la libertad y la fiereza en la pasión en la expresión artística. Eran unos fieles seguidores del romanticismo del siglo XIX. Ellos buscaban una integridad espiritual y creativa que se había perdido en el Cinquecento, a su vez retomando elementos del Quattrocento.

Proserpina. Rossetti.

De tal manera, es evidente la influencia del romanticismo en cuanto a ideales y prospectos que se plasman en cada una de sus obras más representativas.

Ofelia (1852). Millais.

La hermandad, por tal motivo, encontraba en su arte una oposición a la esterilidad de la revolución industrial tan fría, mecanizada, automatizada y un tanto inhumana.

Estos artistas, en todo caso, tuvieron por inspiración los pasajes bíblicos, los escenarios medievales, buscando siempre la expresión de ideas auténticas a través del estudio de la naturaleza para saber cómo expresar dichos ideales. Ellos lograron armonizar la seriedad de los temas con el sentimiento artístico más arrebatador. Cada miembro de la Hermandad trataba de  ofrecer gran calidad en cada una de las obras presentadas.

Perseo y Andrómeda. Leighton.

Cabe mencionar que los miembros de la hermandad siempre trabajaron al aire libre para mantener en concordancia los escenarios, entornos y naturalidades con los temas que plasmaban en sus cuadros. Sus colores y texturas eran brillantes e impactantes en todo momento y evocaban un dramatismo apasionante y muy real.

La infancia de la Virgen María. Rossetti.

De esta forma, la Hermandad Prerrafaelita se enfocó principalmente en las pinturas que rescatan pasajes bíblicos, medievales y literarios revestidos de un sentimiento romántico de expresión, libertad y sentimiento, aunque más adelante se enfocaron en  exhibir algunos problemas sociales y políticos que afectaban en el siglo XIX como las desigualdades sociales y hasta la prostitución.

Cristo en casa de su padres (1850). Millais.

Es necesario comentar que, casi al final de sus días de esta sociedad de artistas, algunos miembros de la primera generación se alejaron de los principios de la hermandad y fueron pocos los que se  mantuvieron fieles a los ideales prerrafaelitas. La mayoría de sus miembros entablaron relaciones con los grupos academicistas a los que se opusieron en su juventud inquieta e incluso llegaron a gozar de puestos directivos dentro de estos grupos hegemónicos. Algunos se convirtieron en aquello que juraron destruir.

The Black Brunswicker. Millais.

El poder analizar a profundidad cada uno de las aportaciones de las obras gestadas por la Hermandad Prerrafaelita exigiría una extensión de espacio que, desgraciadamente, carecemos en esta columna. Sin embargo, me basta con dejar la ventana abierta para que podamos dejar salir nuestra curiosidad y degustemos cada una de las obras que esta casi sociedad secreta de artistas, los cuales lograron convertirse en un referente de rebeldía y expresión, heredaron a los futuros hijos del arte humano.

La muerte del Rey Arturo. Archer.

La influencia y relevancia de las obras prerrafaelitas nos llegan con tal fuerza hasta nuestros que incluso se ha considerado a esta hermandad como una de las primeras vanguardias del arte que contribuyeron a sembrar ideales en pintores como Klimt y en obras de fantasía como El Señor de los Anillos.  

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Aproximación al ser en el arte Arte y cultura

Hacia una filosofía de la fotografía | Vilém Flusser

Eadweard J. Muybridge. Movement of the Hand, Beating Time Plate 535 from Animal Locomotion (1884)

En el plano artístico y técnico, la fotografía es un medio con el que se puede pasar a una categoría superior, para abordarla desde un ámbito filosófico. Con la aparición de la fotografía, se separa la producción quirográfica (textos e imágenes manuales) de la imaginería técnica. A la fotografía le sucedieron la cinematografía, la videografía, la infografía, y la holografía, los referentes principales de la cultura actual que se puede denominar tecnografía. Vilém Flusser en su ensayo «Hacia una filosofía de la fotografía» aporta las bases conceptuales para crear una reflexión ontológica y epistemológica de la fotografía –su técnica e imaginería.

El determinismo de los medios técnicos y la información, ejercen sobre el individuo y su organización social una coerción de su libertad. Esto es, la libertad del fotógrafo está condicionada por los límites del aparato y su programa. Dentro del fundamento de la filosofía de la fotografía se deben tratar los conceptos básicos de la imagen, aparato, programa, información. Cada uno de los cuales despliegan otros conceptos. Imagen: magia. Aparato: automatización, juego. Programa: necesidad, casualidad. Información: símbolo, improbabilidad.

Las fotografías son imágenes de situaciones mágicas, sus símbolos provocan una reacción improbable en la conducta de los receptores. El fundamento común dentro de los conceptos básicos es el eterno retorno. En las imágenes, la mirada se desplaza hasta volver una y otra vez al punto de partida. El problema que trata toda filosofía, es el de la libertad (Flusser, 1990). Si todo está condicionado, se debe formular la pregunta acerca de dónde queda un espacio para la libertad.

Los aparatos programan nuestras vidas, las conducen a una automatización. La información se desplaza a través del mundo de los símbolos. Pensamientos, sentimientos, deseos y acciones alimentan aparatos y son alimentados por ellos, lo cual crea seres autómatas. Los fotógrafos son considerados como los hombres de los aparatos, juegan con el simbolismo, viven el futuro ahora.  La tarea de la filosofía de la fotografía, parece pues cuestionar a los fotógrafos con respecto de su libertad, e indagar acerca de su búsqueda de la libertad.

¿Es posible erradicar la estupidez y el automatismo de los aparatos? Parece ser que la libertad es una estrategia por medio de la cual la necesidad y la casualidad están sometidas a la intención humana. Si los fotógrafos tuvieran qué decir algo acerca de su actividad, su libertad consiste en ir contra el programa del aparato, intentan capturar en la imagen algo que no estaba inscrito en el programa del aparato. Sin embargo, no están conscientes de que lo hacen. La filosofía de la fotografía analiza la hipótesis de la libertad en un mundo en el que imperan los aparatos. La filosofía es indispensable toda vez que busca dotar de significado la vida humana en presencia de la muerte.

El universo fotográfico tiene un carácter acamaleonado, cambiante, de coloración variada. Los aparatos son juguetes que simulan el pensamiento. Según Descartes, el pensamiento está compuesto por conceptos, y pensar es el proceso de combinar conceptos como cuentas de ábaco. El juego es automático, no obedece a ninguna estrategia. El universo fotográfico programa a la sociedad para que se convierta en una sociedad de datos. Los aparatos programan este universo, un producto de las cámaras.

Introducirse en el universo fotográfico supone conocer, experimentar, evaluar el mundo en función de las fotografías. Programa a sus receptores para una conducta mágica, sin intervención de la intención humana. En tiempos pasados, los textos explicaban las imágenes, en la actualidad las fotografías ilustran los artículos periodísticos. La lucha entre el hombre y los aparatos es una actividad a revelar de la filosofía. Cualquiera puede tomar fotografías, si bien, el que sabe tomarlas no siempre sabe cómo descifrarlas.

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Flusser, V. (1990). Hacia una filosofía de la fotografía. trad. Towards. México: Trillas. SIGMA.

Artículo: Roxana Escalante.

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Bibliófila extraterrestre Opinión

Los monstruos ¿existen?

Soy madre de un precioso niño de 6 años, a quien a veces la imaginación le juega sucio. Recientemente, esa cabecita llena de maravillosas historias, ha creado algunos seres que le generan un poco de miedo. Para combatir con esos seres fantásticos que le generan recelo y temor, inventamos una fórmula secreta y la colocamos en un aspersor, de manera que en el momento de sentir miedo él pueda verter nuestra fórmula en pequeñas dosis y ESPANTE AL MONSTRUO.

En la dinámica de crear nuestro aerosol y escuchando las historias de mi hijo, recordé algo que leí de Guillermo del Toro (el genio que dirigió Hellboy, el laberinto del fauno, el orfanato y más), quien dijo: “Desde la infancia he sido fiel a los monstruos, me han salvado. Porque los monstruos, creo, son los santos patronos de nuestra dichosa imperfección. Y permiten y encarnan la posibilidad de fallar y vivir“. Stephen King (lo amo y lo saben) se refirió también al tema, aduciendo que: “Los monstruos son reales, y los fantasmas también son reales. Viven dentro de nosotros y, a veces, ganan“.

Entonces, pensando y pensando me decidí a escribir acerca de los monstruos emblemáticos de la literatura. Debo comenzar con la historia de Frankenstein o el moderno Prometeo, donde un científico crea a un monstruo que aterra a una aldea, este relato fue escrito por Mary Shelley, (el monstruo NO SE LLAMABA Frankenstein, ya saben), la historia es increíble y debo decir que solo al final del libro el lector entiende quiénes son los verdaderos monstruos (un clásico que les recomiendo leer).

Drácula, de Bram Stoker, por su puesto es un personaje que trasciende en el tiempo y nunca deja de ser interesante (casi como Chayanne). Este monstruo a inspirado muchas historias más, vinculadas con la inmortalidad y el vampirismo (si lo primero que te vino a la cabeza fue Crepúsculo… no te perdono).

Cthulhu, presentado por primera vez en  La llamada de Cthulhu, escrito por Lovecraft, quien en su momento despertará de su letargo, saldrá de las profundidades del mar y gobernará la tierra (sí, es el mismo del que canta James Hetfield – Metallica, en The Call of Ktulu).

En Harry Potter, algunos indican que Voldemort era el ser más aterrador de la historia, otros convergen que los monstruos aterradores era los Dementores, pero debo decir que según como yo lo veo, el verdadero monstruo ahí era Dolores Umbridge (la odié con todo mi ser, es un monstruo tan malvado como insoportable).

Hyde, de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, escrito por Robert Louis Stevenson, es un monstruo de lo más espeluznante, porque da la sensación de ser probable. Cuando el Dr. Jekyll toma la poción que creó y separa de sí mismo la parte malvada que todos llevamos dentro, surge el Sr. Hyde, capaz de cualquier atrocidad (eso es lo que da miedo, que todos tenemos ese lado oscuro, que en algunos emerge más que en otros y no deja de ser pavoroso)

Cierro con el monstruo de libros que más ha impactado a mi hijo, ese ser espeluznante fue Beldam (La otra madre) en Coraline, escrita por Neil Gaiman. Le pareció el ser más aterrador que jamás haya visto y no solo por que se convierte en araña, o porque tiene botones en lugar de ojos. Él se figuro que era la encarnación del terror porque suplantar a una mamá NO ESTÁ BIEN, “no quisiera que nadie se haga pasar por ti”, fue lo que me dijo (lo amo, es adorable, lo sé).

Mientras mi hijo le tema a seres malvados que existen en su imaginación, con el espanta monstruos en el aspersor, lucharemos sin descanso contra ellos. Lo pavoroso, para los adultos, viene cuando a esos monstruos los consigues por ahí, andando en la vida real y no necesariamente tienen tentáculos o colmillos afilados, ni se alimentan de sangre o se visten de rosa y aman a los gatos (Hmmm, creo que eso tal vez sí).

¿Crees que los monstruos son solo fantasía que presentan libros y películas o son reales para ti?

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Canaimera

Carla Pravisani | La Escuela de la Nada

Carla Pravisani (Misiones, 1976), es una escritora viajera. Su largo sendero la llevó lejos de su natal Argentina, y ha podido vivir algunas estancias en México, Cuba, Barcelona, hasta que al parecer ha anclado en Costa Rica. Al leer la vasta obra de Pravisani, podría afirmarse de ella que es muy narrativa en sus versos, y muy poética en sus narraciones. No obstante, su calidad literaria en ambos géneros es impecable e indiscutible. Ha ganado la mención honorífica del prestigioso Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón en su emisión 2010 y dos veces ganó el Premio Nacional Aquileo Echeverría, una en cuento y la otra en novela. Asimismo, también dos veces resultó beneficiada por la Beca Creación para el Fomento de las Artes Literarias.Entre sus publicaciones destacan los libros de cuento Y el último apagó la luz (Perro Azul, 2004), La piel no miente (Premio Nacional Aquileo Echeverría, 2012), Las hienas del miedo (Germinal 2016), así como los poemarios Apocalipsis íntimo (Perro Azul 2010) yPatria de carne (Casa de Poesía, 2015) y la novela Mierda (Premio Nacional Aquileo Echeverría, 2018). También ha publicado el ensayo Taxidermia del cuento (Uruk, 2019). Su obra ha sido publicada en Centroamérica, España, República Dominicana, Argentina, Miami, y su poesía ha sido traducida al italiano, maltés, ucraniano, alemán y serbio.  

  • Estimada Carla, ¿qué te hace dejar Argentina y cómo terminas en Costa Rica?
  • Soy de la camada “crisis Argentina 2002”.
  • ¿Qué diferencias y similitudes encuentras entre los ámbitos literarios de ambos países?
  • La diferencia más importante que encuentro tiene que ver con la visibilidad a nivel editorial. Argentina es un polo de interés para otros mercados, a Centroamérica solo la ubican para hablar temáticamente sobre violencia.
  • ¿Cuál es tu visión de la literatura centroamericana contemporánea?
  • Creo que hay cada vez más esfuerzos por conectarnos, por leer lo que se produce en el país o en los países vecinos. Librerías independientes, pequeños proyectos editoriales, talleres,  festivales literarios cada vez más serios. En fin, ese ecosistema genera encuentros y, por ende, autoestima literaria local.
  • ¿Y del resto de los países latinoamericanos?
  • Cada país es un mundo, qué sé yo. No conozco ni el 1% de lo que se produce, conozco de lo que se habla, pero lo que se habla no representa todo lo que se hace. Ni siquiera sé si es lo que verdaderamente importa. Sobre todo leo a muchas autoras latinoamericanas actuales.
  • Dos veces ganaste el Premio Nacional Aquileo Echeverría, ¿qué tan importantes son los premios para la consolidación o reconocimiento de un escritor?
  • Depende el escritor. Hay escritores que se deprimen con el reconocimiento y ya no escriben nunca más. A cada quien lo motoriza distinto “ese afuera” que nada tiene que ver con la escritura.  A mí me cayó muy bien, sobre todo si ganás plata. Sentir que el cheque viene por algo que escribiste por puro gusto o por puro tormento es algo raro, como una palmadita en la espalda que te da Dios como diciéndote: “¡Bien hecho, mi criatura, te lo ganaste! ¡Anda por esa freidora de aire que tanto querías!”
  • Has afirmado que nada hay más útil que la poesía ¿qué piensas de la narrativa?
  • Yo en realidad dije “nada más inútil que la poesía” pero me encanta ese equívoco. Porque también fue como una frase aislada  que dije ya no recuerdo ni en alusión a qué, pero que luego se transforma en un titular por el gusto del entrevistador y uno se queda pegado a sus propias sentencias, la huella digital de nuestra efímera oralidad.  Ahora bien, ¿qué pienso de la utilidad de la narrativa? Desde un contexto tan alienante como el actual, la literatura, la escritura, el arte en general, son formas de darle voz al sujeto y no ahogarnos en nuestras representaciones. No se me ocurre que exista mejor manera de respirar.
  • Hoy en día el mundo virtual reboza de revistas electrónicas dedicadas a la literatura, ¿crees que de verdad son útiles para que un escritor difunda su obra o se convierten en un cementerio de textos?
  • Va a depender de la calidad literaria de los textos que se promuevan. Lo malo muere pronto. La próxima generación generará sus propias mierdas, no necesitará de las nuestras. Cuánto mayor es el criterio editorial de un proyecto más capacidad de resonancia y permanencia tiene.
  • Tuviste a bien vivir y estudiar un tiempo en España ¿cómo ven ellos y cómo viven la literatura latinoamericana contemporánea?
  • En España hay muchos proyectos editoriales (grandes y pequeños), y creo que en general están atentos a lo que sucede (y se escribe) en Latinoamérica, obviamente con sus sesgos. Es decir, un argentino que vive en el barrio de Lavapiés en Madrid tiene más chance de que su libro llegue a ser leído, comentado, discutido y publicado, que uno que vive en Humahuaca de Jujuy, a éste último le va a costar hasta que lo lea alguien de la capital de su misma provincia. La periferia siempre es periferia. Pero nada es imposible. Ahora hay más acceso que antes a la difusión y al encuentro.
  • ¿Piensas que el libro digital desplaza paulatinamente al libro impreso?
  • Pienso que es algo con lo que hay que vivir. La imprenta reemplazo a los códices y aquí estamos, nadie se da con una piedra en el pecho por no poder leer más libros enrollados en papiro.
  • Quizá en pocos países se experimente una división tan marcada entre los creadores de la capital respecto a los creadores de provincia como en la Argentina ¿cómo viviste este fenómeno?
  • El anonimato de ser provinciana tiene su encanto. Eso de no vivir nunca en un lugar que sea foco de interés para ningún mercado literario y que una vea como las discusiones sobrevuelan tu cabeza a la larga da cierta paz. La renuncia es esa sabia superposición entre la impotencia y la libertad. Una utopía a la que todavía tenemos acceso los periféricos.
  • ¿Qué significan para ti los festivales literarios y que utilidad les ves con respecto a los escritores y el público asistente?
  • Los festivales literarios son formas de encuentro, de diálogo, de mirada. Uno lee, escucha y descubre autores, se cruzan lecturas, recomendaciones. Para el público local es también una forma de darse cuenta de su propia riqueza.
  • Hoy en día ¿el escritor no llega a ningún lado sin el marketing, sin la publicidad?
  • ¿A dónde se supone que hay que llegar? A veces se confunde el mercadeo literario con la literatura.
  • En ese sentido ¿cuál piensas tú que es el papel que juegan los agentes literarios?
  • Imagino que defienden los intereses económicos del escritor, que le aseguran cierta proyección de su obra.
  • ¿Qué es la Escuela de la Nada?
  • Una plataforma de talleres y workshops que guían a las personas a  descubrir su talento a través del autoconocimiento, la escritura y la creatividad.
  • ¿Qué resultó de la taxidermia que hiciste al cuento?
  • De eso resultó un libro, una reflexión ordenada de aspectos que se discuten en torno al cuento.
  • ¿Qué importancia crees que tienen para la literatura latinoamericana contemporánea las editoriales independientes?
  • Toda la importancia. La importancia de darle voz a la singularidad,  a lo que no es mercado, al riesgo, a la pérdida. Son los Quijotes de esta época.
  • Por último, Carla, ¿sigues siendo tributaria de la risa y enemiga de los payasos?
  • Sí.
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Agibílibus

Los Embajadores: Esoterismo y anamorfosis en la pintura de Holbein

Hace tiempo que empecé a desentrañar los misterios que rodean al mundo del arte. Al ejecutar un análisis de una obra, ya sea literaria o de otra rama de las artes, procuro emplearme con “ojo infantil”, siempre incansable, curioso y escrutador al extremo, para detectar aquellas pistas que suelen insinuar que hay algo más que la mera superficie dentro de una obra artística. Entre esas idas y venidas, siempre hay un fragmento que recompensa las pesquisas y promete la resolución de un enigma vedado a los espectadores.

De tal manera, en esta ocasión confrontaremos una obra un tanto desconocida para el mundo contemporáneo: Los Embajadores de Hans Holbein el Joven. Esta pintura es meritoria de un estudio más a fondo de lo que podría suscitar su aparente “normalidad” en cuanto a la temática mostrada.

Aunque existen muchas obras de arte que se han impregnado de cierto “esoterismo”, por ejemplo, tal es el caso de las obras de Da Vinci cuyos secretos se han tratado en diferentes ámbitos de la literatura y el cine. Sin embargo, existen obras como la de Holbein en donde el mensaje nos golpea directamente y nos saca de la quieta serenidad de una escena aparentemente convencional. Sin duda hay mucho más allá para conocer.

Al analizar la obra de Los Embajadores podemos acceder a dos interpretaciones un tanto distintas entre sí. La primera corresponde a tratar los datos técnicos de la obra como por ejemplo el manejo de la técnica, el uso armonioso de los colores y la luz, las figuras mostradas, las proporciones, etc. La segunda, por otro lado, sería la explicación esotérica de cada uno de los elementos mostrados exprimiendo el significado de cada símbolo.  Ante esto, procederemos a abordar ambas interpretaciones de la pintura de Holbein.

Como primer paso hay que conocer la obra en general. Los Embajadores es una pintura creada por Hans Holbein el Joven en 1533 durante su estancia en Inglaterra. La escena que se nos muestra al acercarnos trata de dos hombres posando, un par de “embajadores” franceses, los cuales son Jean de Dienteville, Seigneur de Polisy, y George de Selve, obispo de Lavour. Estos personajes se encuentran posicionados a los extremos de la escena y con posturas bastantes relajadas. Sus ropajes son suntuosos, pulcros y expresan riqueza en más de un sentido. Sus atributos físicos los envuelven en un aura de autoridad y poderío que hace contraste con la limpieza del salón.

Estos hombres plasmados a escala natural se encuentran en contacto directo con ciertos objetos que podrían ser considerados banales y propios de un salón de la época. Sin embargo, he aquí uno de los secretos que contiene la misteriosa pintura. Recordemos que nada está puesto al azar.

Por un lado tenemos un estante superior en donde se recargan los brazos de los embajadores, y en el cual se vislumbran objetos singulares como un globo celeste, un cuadrante solar, un libro y diversos instrumentos astronómicos.

En cuanto al estante inferior, se observan algunos libros abiertos, un globo terrestre, una escuadra, un compás y un laúd.

Además de los hombres y la mesa, en el resto de la escena también se vislumbran unas cortinas de seda verde, un paño oriental y el piso de mármol. Sin embargo, del lado izquierdo se encuentra justo frente al espectador el elemento más curioso, enigmático y trascendente de la obra: un objeto grisáceo, podríamos decir óseo, el cual rompe con la evidente naturalidad del cuadro. Más adelante volveremos ante esta figura que el espectador no debe perder de vista ni un segundo.

En cuanto al aspecto simbólico de estos elementos mostrados, el orden de los objetos hace referencia directa a los ideales liberales de los que gozaban algunas personas durante aquella época.

Por un lado es necesario analizar en las figuras de los embajadores. El Segneur de Polisy y el obispo de Lavour están sumergidos en un ambiente místico que los une íntimamente. Su autoridad y riqueza evidente, al igual que su influencia en el mundo humano, son elementos que se podrían atribuir a ciertas personas no vulgares o comunes. Hay algo más que tratan de expresar estas figuras cuyas posturas alaban los diseños geométricos sagrados.

Dejando la cuestión de que uno podría representar a la vida liberal burguesa y el otro al dominio religioso, ambos son humanos sumergidos en un proceso de perfección alquímica.

A continuación se podrá comprender un poco más el contexto del cuadro.

Por otro lado tenemos los objetos de ambos estantes. Su significado, al explicarlo un poco más, arroja luz sobre el contenido general de la pintura y las intenciones del autor.

El orden con el que están colocados los objetos del estante de arriba evidentemente hace referencia a un “plano superior”, algo que se entiende como elevado, perfecto y espiritual. Por ejemplo, tenemos al globo celeste, al cuadrante solar y a los instrumentos astronómicos. Estaríamos frente a un significado que expresa lo superior del cosmos, los astros, lo divino, lo ideal.

Por el contrario, en el estante inferior se nos presentan elementos que refieren al plano terrenal de la existencia. Aquí tenemos una representación del planeta, un laúd, el cual hace referencia al arte, las musas, a lo efímero y a la fiesta. Además, se incluye un elemento bastante conocido en el mundo esotérico: una escuadra y un compás. Evidentemente se está expresando una intención que sobrepasa lo profano, siendo que estas herramientas se relacionan directamente con temas masónicos. Eso no es todo, ya que también se muestran dos libros abiertos y cuyo contenido puede describirse como “liberal”.

Sin embargo, atención a lo siguiente.

Sobre todos estos elementos emerge otra figura más enigmática y distorsionada que sobrecoge la atención del espectador en cuanto detecta su verdadera forma.  A este tipo de presentaciones se les denomina “anamorfosis”, una deformación intencionada de una imagen la cual requiere de un proceso óptico para corregir dicha distorsión. Muy hábil por parte de Holbein.

En este casi se presenta una cosa blanca y alargada que al verla de frente no nos dice gran cosa. Sin embargo, el secreto de su codificación se expresa a continuación: es necesario mirar la pintura desde el extremo derecho de la escena, girando un poco la cabeza, para conocer que detrás de esa masa deforme se asoma un terrorífico cráneo humano.

Con la presencia de este cráneo podemos descifrar gran parte de las intenciones de Holbein. Por un lado tenemos la presentados de dos personas de gran poderío y bien ataviadas que están en contacto con los planos superior e inferiores del universo en perfecto orden.

Además, aquel cráneo sonriente nos refiere al significado de la muerte, del cambio, de lo eterno y de lo inevitable para  toda la existencia. Todo lo que vive debe perecer. Hay un gran mensaje detrás de este cuadro que sin duda cada espectador deberá confrontar a su manera.  

Hay que tener en cuenta que en toda obra artística siempre habrá una escena que se nos muestre y que nos indicará una acción en pleno desarrollo, un movimiento, una intención determinada.  Hay que tratar de comprender la intención del artista al momento de confrontar una obra y tener en mente el contexto del periodo en que fue creada, la situación del artista, así como toda clase de elementos simbólicos que están presentes y que podrían aportar una interpretación más significativa  que la obviedad de los elementos presentados. 

Cada vez que nos absorbe una obra, nos enfrascamos en un diálogo interno entre nuestra concepción del mundo y la del autor. Es un fuero secreto que podemos desarrollar entre más lo asimilamos mientras que nos muestra un mundo totalmente diferente al nuestro.

El símbolo siempre predominará sin importar los valores estéticos de cada época.