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Narrativa Retazos del...

Ritual

A veces solo queda sanar… 

Mi abuelo te rezaba a vos. Se hincaba frente a las piedras del lago y rezaba. Hablaba que había que agradecerte, hablaba que había que pedirle a los dioses para que te mantuviera sana y para que sus nietas y sus nietos pudiéramos verte. Se hincaba y te decía que nos disculparas por menospreciarte, por contaminarte y malgastarte. Sus lágrimas se perdían entre tus aguas… “Hijos, no la dejen morir, por favor”, decía el abuelo. Te ofrendaba frutas: unas naranjas, unas mandarinas y algunos limones cada vez que iba a verte… Así te mantendrás siempre fresca, decía… 

¿Qué hicimos para merecerte? ¿Qué te dimos a cambio? ¿Alguien se habrá sacrificado por vos? ¿Alguien habrá dado su vida para que hoy te tengamos con nosotras y nosotros?, vociferaba el abuelo mientras su llanto nos desgarraba. El abuelo siempre nos decía que los ilusos pensaban que nunca te acabarías, que eras infinita y que, junto a la eternidad, nos verías desaparecer. Sin embargo, nosotros nos creímos especiales. Nosotros… Hasta que llegó el día en el que dejaste de venir. Llegó el día en el que al abrir la llave de paso ya no caíste. Hasta que llegó el día en el que la ducha cesó.  Por suerte el abuelo ya no vio cuando te fuiste, cuando decidiste ausentarte…

Hoy recordamos al abuelo y su rezo. Hoy tratamos de recordar aquellas palabras que decía para disculparse con vos, para contentarte y hacer que, al final, aparecieras. El último poco de agua que queda en casa es la que está en aquel vaso frente al altar para nuestros muertos… y hoy pareciera que el agua también es uno de ellos… 

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Rocamadour o texto experimental para el olvido…

Me siento junto a ella a contemplar el mundo. Parece que la vida tiene el mismo sentido que el de una hoja que cae de algún árbol. Contemplamos el sonido del automóvil mientras se enciende, la sonrisa de una mariposa que pasa frente a nosotros y nos ilumina. Sí. La vida se contempla en los detalles, como el auto que se mueve junto al nuestro y nos deja la vista de la montaña al descubierto, o una lágrima, o una sonrisa forzada… y ella sigue sin despertar mientras el dejo seductor del viento nos acompaña….

Nos acompaña luego de 88 capítulos de Rayuela para llegar a Rocamadour, para llegar a la maga, Lucía y la carta que escribe para su hijo. Escribe para recordarnos que la rabia del mundo puede que se aglutine en los olvidos.

¿Y qué si nosotros somos Rocamadour? ¿Y qué si somos nosotros ese niño muerto que la maga recuerda y abraza con las palabras? ¿Y qué si es el tiempo el único ser que se divierte junto a nosotros para recordarnos que la catástrofe y el amor se construyen sobre la misma viga?

Algunos se alegrarán con su muerte. Bien puede que alguno de esos seres que nombramos como dioses se haya congraciado con él para llevarlo, para llevarlo lejos, lejos del centavo que encontramos en la grieta del asfalto, de la mujer que sonríe, de un hombre que deambula en medio del silencio, del roce de los dedos que se entrelazan, de las luces que encandilan, de las miradas cargadas de complicidad en el tiempo. Para mostrarnos así que el olvido y el recuerdo son parte del juego de la vida.

Rocamadour alza la cabeza. Todo es un juego, una invitación y entonces, alguien dice: Buenas noches, bienvenidos todos, bienvenidos Rocamadoures…

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El sofá

Papá falleció en ese sofá. Mi madre se ha lanzado a pintar todos los días. Parece que el duelo también se puede vivir así. Al fondo puede escucharse el silencio. La casa pareciera tener nuevos aires y el sofá de papá sigue ahí como si fuese una isla que alguien decidió deshabitar. De vez en cuando alguien, aquí dentro, se dispone a vivir. El orden pareciera una buena forma de evidenciarlo. El contemplar aquel árbol con gusanos y recordar. Sí. Recordar. Me parece que fue justo a las tres de la tarde. No lo sé. El tiempo dejó de tener importancia. ¿Qué hacés cuando la vida no es más que un sofá deshabitado?

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…sentimientos encontrados…

Carta para S.

Naciste cuando papá moría. No sé si lo recordás. Puede que el entendimiento de la memoria y los recuerdos sigan siendo un lugar desconocido para el ser humano. Hoy, por lo que te conozco, sé que seguro lo recuerdas y que incluso, juegas con él a escondidas. Sé que lo recuerdas recostado en el sofá con una máquina conectada a su nariz. Puede que de ese recuerdo venga la inquietud que tienes por la medicina. No lo sé. Y a decir verdad, me chupa un huevo que seas lo que seas, me chupa un huevo todo…, menos que pierdas la sonrisa que tienes hoy, menos que algún día pierdas la dignidad. El mundo que conocerás no tengo la puta idea de cómo será, solo quiero saber que serás mejor ser humano que el tipo que escribe esto…

Lindo cumple S.

Atentamente…

Un camaleón