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Poesía

Carlos Obispo | Las lágrimas de mi madre

Llore, madre.

Hágalo tranquilamente.

Arrodillada llore y

dele un beso, a la policía.

Sienta el rocío del zacatal

y llore un poco más.

Grite a la imagen

de yeso que está en la

iglesia, pero, grite con

esquirlas de vidrio en la boca.

Llore, mi pequeña pícara.

Llore junto a mi túmulo

de carne.

 Yo, ya me he ido

entre la sangre,

entre la pólvora,

entre el tiempo y

entre las lágrimas

de su mojado rostro.

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Poesía

Carlos Obispo | Cachete

Debajo de aquella gótica sombra, donde

las aves se alejaban con una dormida brisa,

un hombre con contadas gotas de paz

oía el rodar de las llantas de un carretón de sorbetes.

Guiaba su mirada más allá de las naves,

más allá de aquellas masas blancas,

más allá, hasta perderse en el ardor del sol.

Con una sencilla nobleza, se despojó de

su sombrero. Apenas logró escabullir

su tristeza en una charla

con el suelo que pisaba y su hombría

como cabuya, consumiéndose.

Silenciosamente rechinaba los dientes y

mientras se preparaba para soltar un aguacero,

porque el amor de su vida lo abandonó

con un beso en el cachete.

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Arte y cultura La Maga y el Quetzal Narrativa Poesía

La literatura como contenido digital y la evolución del acto lector: entrevista a Miguel Antonio Guevara

Miguel Antonio Guevara, sociólogo y escritor venezolano, ha abordado el tema de la difusión literaria en medios digitales y propone una visión sobre las comunidades de sentido que, hoy en día, son el soporte de las creaciones artísticas que circulan en Internet.

Verónica Vidal: Entre 2017 y 2018 llevaste la columna Cuaderno Hipertextual, donde mencionaste con detalle las ventajas y desventajas de la metamorfosis de la información impresa hacia un material global, al que podemos acceder por muchas vías, y que generan la conectividad masiva de conceptos, libros y textos. En general, ¿Qué percepciones añadirías o restarías a tus apuntes, como fruto de tu nuevo abordaje del tema?

Miguel Antonio Guevara: En primer lugar, creo que hay que superar la oposición tecno optimista y tecno pesimista. Me refiero a opiniones como: «tal cosa es buena para la cultura» o «tal cosa degrada la literatura y la escritura»; es decir, hay muchos más matices en este nuevo tiempo de la información, entre ellos el hecho de que hay que aceptar, sin complejos, que la literatura hecha en Internet y para Internet ha llegado para quedarse y no vale más una publicación que otra, sea impresa o digital.

En segundo lugar, me parece que el libro digital o electrónico no debe ser el punto de partida de la discusión sino más bien los contenidos, lo que se escribe y cómo circula (y cómo se lee y escribe para que circule).

En tercer lugar, considero que el campo cultural es más diverso de lo que se pensaba; es decir, esos espacios en donde circulan los contenidos, dispositivos o sujetos que los producen y consumen, son más ricos. Ahora ha tomado protagonismo una nueva subjetividad que lleva las riendas de estos nuevos procesos y es lo que he venido a llamar Comunidades de Sentido.

Y en cuarto lugar, una preocupación más práctica que reflexiva tiene que ver con los nuevos roles editoriales necesarios en este escenario que demanda especializar aún más el campo en cuestión.

Por ejemplo, ahora el editor tradicional debe convertirse en una suerte de curador transmedia, al tiempo en que debe ser un conocedor de los intríngulis digitales. Si vas a tener una editorial no puedes contratar a destajo a un comunity manager para llevar tus redes; necesitas a un especialista, de modo que tu administrador de redes debe ser alguien pulido en esos aspectos de promoción y divulgación de tus contenidos con un perfil de editor, debe ser más bien un lector y hasta un escritor, que es la persona más adecuada en estos entornos para producir contenidos, compartirlos y participar de la riqueza de la subjetividad digital (que es lo más importante). Esta subjetividad incluye chistes, memes, ciertos meta relatos de lo literario y de la vida online que implica convivir en esos espacios y mantenerlos al día con las necesidades de estos nuevos lectores, es decir, de esa comunidad de sentido. Es por eso que te comentaba, líneas atrás, que ya el centro de la discusión sobre la literatura online no son los libros sino más bien los contenidos y las comunidades que los ponen en circulación y que tienen como centro al lector.

Por eso me gusta decir que la literatura, en este contexto, ha puesto de nuevo a la subjetividad más importante de lo que hemos llamado libro, lectura o escritura, y no es nada más que esa figura por la que estamos teniendo esta discusión, el lector, la lectora y el acto de leer en sí mismo.

Esta última consideración es la más importante, porque atraviesa todo lo que te he comentado. Nos lleva incluso a modificar la escritura. Siempre bromeo con esto y digo “oye, nadie leyó a Barthes, o a Kristeva”, es decir, aquello de la muerte del autor, la intertextualidad, del código que cobra vida propia y que tiene cada vez una interpretación única por su circulación, esos hallazgos están ahora más presentes que nunca. Creo que esos escritores fragmentarios, como el mismo Barthes o Benjamin, Cortázar e incluso los autores de la nouveau roman, o los aforistas como Cioran, hubiesen disfrutado mucho ser blogueros o influencers, porque precisamente lo fragmentario, hipertextual, transmedia, etc., es decir, lo que circula, es lo que está determinando ahora cómo se lee, cómo se escribe y por ende cómo se publica.

Y lo más interesante, el factor que construye comunidades de sentido, que hace tejido social, no es más que la lectura y la difusión de lo leído, la necesidad de consumir relatos, modificarlos y ponerlos en circulación tengan el formato que tengan. Creo que tal vez ahora una editorial tiene más que ver con el diseño de videojuegos o la producción de series que con el mundo editorial como lo teníamos pensado antes. Sobre todo porque tienes que producir mundos para ser habitados, experiencias inmersivas o como dice Alan Pauls, necesitamos objetos (y yo le agrego subjetividades) que nos acompañen.

EL CENTRO DE LA DISCUSIÓN SOBRE LA LITERATURA ONLINE NO SON LOS LIBROS SINO MÁS BIEN LOS CONTENIDOS Y LAS COMUNIDADES QUE LOS PONEN EN CIRCULACIÓN Y QUE TIENEN COMO CENTRO AL LECTOR.

V.V: En tus últimas publicaciones ya habíamos leído tu opinión sobre el papel de las comunidades de sentido en la producción, aceptación y circulación de los discursos literarios y no literarios. Explícanos más de esta figura generadora de información.

M.A.G: Con Comunidades de Sentido me refiero a que lo literario como campo cultural ya no depende solo de particulares privados o instituciones, sino más bien hay como un revival de aquello que Michel Maffesoli llamó el tiempo de las tribus; es decir, hay nuevas comunidades de sentido que se agrupan en torno a sus particulares deseos y necesidades de expresión, en este caso en los entornos digitales, creando todo un ecosistema literario digital.

Lo veo como una gran ventaja porque tienen un rol muy importante frente a la tradición legitimadora de qué es o no literatura. Ahora basta que un grupo de interesados en algún tema se reúna en torno a sus voluntades creativas y funden un proyecto en forma de revista web, un blog, un perfil en una red social que difunde literatura o publiquen una antología. Son cientos de iniciativas editoriales que vemos día a día. Ya no necesitas que una vaca sagrada X o la editorial Y avalen tu obra para que esta sea “válida” y circule como válida, necesitas, en todo caso, la validación de una comunidad de sentido.

He visto de todo, desde autores que tienen cientos de lectores en Wattpad hasta esos “booms” editoriales en Amazon. En el caso venezolano, con todo y sus complejidades, hay un despertar editorial enorme sostenido por un ecosistema literario digital y autónomo muy variado. Yo mismo, como autor, comencé en redes sociales y publicando en blogs, luego vino, digamos, esa interacción con lo institucional literario, que sería la relación del escritor con sus pares o lo que el autor denomina sus pares.

Eso ha devenido en un asunto más amplio, más democrático tal vez. Es decir, que un autor no necesita el aval de nadie sino de sus lectores para convertirse precisamente en eso, un autor o autora.

hay nuevas comunidades de sentido que se agrupan en torno a sus particulares deseos y necesidades de expresión, en este caso en los entornos digitales, creando todo un ecosistema literario digital.

El asunto de los premios, concursos, mecanismos de legitimación y mecenazgo tan antiguos como la literatura misma, sigue conviviendo entre nosotros, aunque no son la vía única para la legitimación o la profesionalización literaria. Ahora basta con la voluntad del creador y su capacidad de tejer su propio networking, como te decía, entre su comunidad de sentido, o incluso fundarla.

Claro, no se trata de nada nuevo sino de un escenario que vuelve a poner al lector como prioridad. Me parece que las iniciativas editoriales, de promoción y divulgación de la escritura, entre otras, eran como librocéntricas, por decirlo de algún modo, donde toda iniciativa se basaba en bibliotecas físicas o digitales, en publicaciones por publicaciones, cuando realmente lo que importa es concentrarnos en construir la comunidad de sentido, su concepto, su existencia como tejido social. Porque tú puedes publicar mucho, tener cientos de bibliotecas, pero, ¿quién lee esos libros?, una vez me conseguí un ejemplar de El signo y el garabato de Octavio Paz en una biblioteca pública que según la ficha tenía 20 años sin ser consultado. Yo me pregunté, ¿qué podemos esperarnos los autores contemporáneos?, es por ello que creo que al momento de construir cualquier tipo de proyecto editorial, o de mediación de lectura y escritura, la construcción orgánica de una comunidad de sentido es fundamental para así poner al lector como centro porque, como decía Orlando Araujo, es la única instancia válida cuando de literatura se trata.

Miguel Antonio Guevara (1986). Escritor venezolano. Ha publicado una amplia obra poética y ensayística. Sociólogo, maestrando en filosofía. Con reconocimientos en narrativa, ensayo, poesía y periodismo en Colombia, Venezuela y Suiza. Su nouvelle  Mahmud Darwish anda en metro (El Taller Blanco Ediciones, 2019) recibió el VI Premio Nacional Universitario de Literatura «Alfredo Armas Alfonzo». El sello venezolano Ediciones Madriguera preparó un volumen compilatorio de su poesía publicada durante los últimos diez años titulado Mudable, Antología transitoria 2009-2019. Este año publicó su novela Los pájaros prisioneros solo comen alpiste (LP5 Editora, 2020). Puedes leer su columna «Cuaderno Hipertextual» a través del siguiente enlace: https://cuadernohipertextual.wordpress.com/2020/08/19/columna-cuaderno-hipertextual/

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Arte y cultura La Maga y el Quetzal Narrativa Poesía

M. S. Alonso: La trayectoria del terror y el claro de la poesía

Beatriz Rodríguez Guzmán, escritora venezolana conocida bajo el seudónimo M. S. Alonso, nos ha concedido un repaso por los sentimientos que ha experimentado como lectora, sus preferencias y la filosofía personal que configuran el paisaje de su literatura.

Verónica Vidal: ¿Cómo te iniciaste en el género del terror y cuáles fueron tus primeros referentes literarios?

M.S. Alonso: En el género del terror, pude iniciar a partir de la lectura del libro «Jean Eyre» (1), aunque las personas no lo crean. Esto sucedió porque en esta novela hay un referente gótico. Una figura que, para la protagonista resulta un fantasma inicialmente, y luego se entera de que es la primera esposa del señor Rochester: una mujer con problemas mentales. Jane se deja sugestionar por los gritos que se escuchan, los aúllos en las sombras y los incidentes que este personaje ocasiona. Entonces, creo que mi primer referente fue ese, aunque sea sólo un esbozo. El encuentro con «Jean Eyre» fue en el año 2014. Soy ávida lectora desde el año 2011 y digamos que me aficioné a la lectura como un escape a tanto estrés y a las situaciones de la vida cotidiana. En esa época leía todo tipo de novelas: erótica, romántica, juvenil inclusive (risas), pero no había leído horror como tal.

En el año 2015 leo «Cumbres borrascosas» (2), que es un tanto gótica también y seguidamente, en el 2016, doy con una novela que había querido leer en el 2014: «Un saco de huesos», de Stephen King. Algo un tanto extraño dentro del universo de King. Esa novela me atrajo profundamente y consiguió guiarme hasta otro libro que me atrapó: «Fantasmas», del autor Joe Hill (el segundo hijo de Stephen King). Él une horror y fantasía en sus relatos. Me atrapó inmensamente su forma de narrar dentro del género gore. Luego leí «NOS4A2» (3), y leí «El traje del muerto» (4), «Cuernos» (5) y «Fuego» (6). Ellos dos son mis referentes de terror contemporáneo. A partir de esto, recordé que ellos tienen sus raíces en la novela gótica, por lo tanto comencé a leer «Frankenstein» (7), «Drácula» (8), «La dama pálida» (9), «Castillo de Otranto» (10), «Carmilla» (11) y otros tantos libros que comenzaron a atraer mi atención y hacerme mirar hacia lo oscuro. Aunque ya las personas no sienten temor por el terror clásico. La audiencia ahora es más visceral y directa. Empecé a leer a Edgar Allan Poe, por supuesto. Mary Shelley, Horacio Quiroga, Bram Stoker y John William Polidori, Sheridan Le Fanu, D. H. Lawrent con «El caballito de madera», aunque él es más conocido por la novela «El amante de Lady Chatterley». Julio Cortázar y sus relatos oscuros también me han atraído profundamente.

Con respecto al terror en la poesía, considero que el primer libro que realicé me gusta, creo que todos empezamos por algo y «Cadáveres ocultos» fue mi punto de partida y siempre estará allí para recordarme que yo escribí eso, aunque hoy para mí resulte un tanto extraño.

V.V: En tu obra se nota la evolución del discurso, partiste desde el terror imaginativo y guiado por la nocturnidad y has llegado a un terreno del redescubrimiento del yo, y del otro, de cómo se fusionan a través del lenguaje poético. ¿Cómo ha sido esta transición y qué te ha marcado de este proceso?

M.S.A: Realmente, en el año en que comienzo a leer horror también me abro a leer poesía. Leía a Edgar Allan Poe y a la vez a Emily Dickinson, también a H.P. Lovecraft, aunque muchos quizás no lo conozcan como poeta. Clark Ashton Smith fue un seguidor de Lovecraft, además fue poeta. Ambos tienen esta saeta gótica, el espanto. Sin embargo, ahora me he abocado a leer otros poetas y la poesía me ha enseñado a conocerme a mí misma. Considero que por eso se observa la evolución en el discurso desde «Cadáveres ocultos» hasta «De barro y de silencio». Ya no es una poesía que evoca imágenes de horror, de miedo, sino que muestra lo que he sentido en algún momento. Busco la manera de mostrarlo: sea la metáfora, sea lo directo; trabajo con lo que tengo alrededor, bien sea en mi casa, los objetos cercanos o algún símil que me evoque una sensación. La poesía ha sido catarsis y depuración. Saco lo que he acumulado, incluso desde la infancia. Estoy en ese camino del redescubrimiento que me ha ensañado la poesía.

Pienso que antes no me conocía, no sabía cuáles eran mis fortalezas o quizás las conocía pero desde el ego, el ego profesional. Porque durante años viví basada en mi carrera hasta que la ejercí. La poesía me ha enseñado la humildad y el panorama personal que no te lo da un libro de autoayuda, ningún coach que te hable bonito (a quienes respeto, claro está). La poesía te lleva a esos lugares que quizás la narrativa no alcanza tan directamente: hablarte de ti mismo, conocerte no sólo a través de ella sino a través de los cambios, el análisis del entorno. No entiendo cómo hay personas que se alejan de su entorno, el entorno influye en la poesía. La humanidad con el prójimo también me la ha enseñado la poesía. Hay una poeta que admiro mucho, Alejandra Pizarnik, porque fue ella la que me llevó por la senda de la mirada interior. Digamos que, entiendo perfectamente las metáforas que utilizaba y al leer sus diarios, que no son más que una extensión de su poesía, empecé a comparar con situaciones que viví durante mi adolescencia tardía y me sentí plena y escuchada en otra voz. Hay otra poeta, Hanni Ossott, en este caso fue Jorge Morales Corona quien me la presentó y creo que esto es un aspecto importante en la promoción literaria de todas las generaciones, cuando hablas de un autor, hablas de sus posturas sin máscara: sus textos. Donde está el poeta desnudo allí estamos nosotros también. Fue eso, darme cuenta de que hay un refugio para respirar, más allá de sólo evocar imágenes grotescas o sugestivas. Antes no comprendía por qué algunas actitudes del ser humano y la poesía me las aclara, me las muestra. Cuando empecé a leer otros poetas, más allá de Samuel Taylor Coleridge o de William Wordsworth, me hice más consciente de mi entorno. No hay mejor terapia que sentarte a leer un poema con confianza y dejar que el poeta te hable.

Con la poesía de Miyó Vestrini, se completa la lista de mujeres que rondan con claridad en mi vida. Me gusta pensar que se mueven con el tiempo. José Antonio Ramos Sucre también es otro referente. Otras personas vivieron lo que tú vives, a nivel mental y espiritual y puedes comprender ahora lo que sucede. Me doy cuenta de quién es Beatriz realmente, me doy cuenta de que hay formas de sanar el dolor que nos ha afectado por tanto tiempo. Hay situaciones que realmente nos marcan; el poeta te enseña a ver la vida fuera del ego. Quizás no sea la mejor poeta, pero es mi camino, mi aprendizaje y mi curación. Trabajar con la poesía y su música incidental, es para mí una catarsis, una explosión silenciosa pero necesaria.

V.V: ¿Consideras que existen influencias externas (políticas y socioculturales) que han forjado algún aspecto de tu obra?

M.S.A: Al inicio de mi escritura, me enfoqué un poco más en imágenes que evocaban horror, como lobos por ejemplo o ángeles caídos; pájaros, el ángel se la muerte, entre otros. En ese entonces, y aún hoy, son símbolos que me inspiran. Sin embargo, la realidad que impera a nuestro alrededor, aunque no lo queramos nos mina la mente, el cuerpo y el alma; socava nuestros cimientos, creencias y valores, y por ende juegan un papel fundamental en nuestras emociones.

La poesía te lleva a esos lugares que quizás la narrativa no alcanza tan directamente: hablarte de ti mismo, conocerte no sólo a través de ella sino a través de los cambios, el análisis del entorno.

Es en mi último libro donde comienzo a rozar un poco esa influencia de lo observado y lo que he sentido como respuesta a la injusticia en mi entorno. Pienso que el ser humano se divide en bueno y malo, porque él mismo así lo quiere. Tenemos libre albedrío, pero hacemos uso de él desde el ego. Dañamos a otras personas. Hay un poema en «De barro y silencio», que titulé «Seres corruptos», se puede decir es un calco de lo que pienso del hombre, al igual que otros de mis poemas, también incluidos en el libro. «La humanidad del vacío» o «Las cuatro esquinas», inspirados y escritos desde una emoción de impotencia y empatía para con personas que, aunque juzgadas por la mayoría, a veces no tienen culpa de estar en el lugar que se encuentran. Creo fielmente que, el poeta tiene una deuda moral con la sociedad y la salda exponiendo sus palabras al mundo, gritando a letras vivas, lo que ve, siente y también padece.

…creo que esto es un aspecto importante en la promoción literaria de todas las generaciones, cuando hablas de un autor, hablas de sus posturas sin máscara: sus textos. Donde está el poeta desnudo allí estamos nosotros también.

Mi religión es católica, pero he transitado por la doctrina Budista, más por mi vegetarianismo que por otro motivo. Practico el Ahimsa: respeto por todo ser sintiente. Una forma de rebelión ante tanto daño presente en el mundo. A nivel político, no me parcializo por ninguna corriente. Mi religión es la poesía y mi partido político es la literatura.

Referencias literarias:

(1) Charlotte Brontë, publicada por primera vez en 1847.

(2) Única novela de Emily Brontë, publicada en 1874.

(3) Joe Hill, 2013.

(4) Primera novela de Joe Hill, 2007.

(5) Joe Hill, 2010.

(6) Joe Hill, 2016.

(7) Mary Shelley, 1823.

(8) Bram Stoker, 1897.

(9) Relato corto de Alexandre Dumas, escrito en 1849.

(10) Horace Walpole, 1764.

(11) Sheridan Le Fanu, 1872.

M. S. Alonso

Beatriz Adriana Rodríguez Guzmán, escritora conocida con el seudónimo M.S. Alonso, nació en la ciudad de Valencia, Estado Carabobo, Venezuela. De profesión Ingeniero Industrial, egresada del Instituto Universitario Politécnico Santiago Mariño, es ávida lectora y bibliófila desde el año 2011. Un año después de iniciar su aventura en el mundo de la lectura, por hobbie, escribe su primer relato. Cuatro años más tarde inicia sus andanzas en la escritura de pequeñas reflexiones y poesía. En libre ejercicio, la autora se pasea entre la venta de libros físicos nuevos y de segunda mano, y la escritura de poemas y relatos. Ha realizado algunos relatos breves y micro relatos en los subgéneros horror, policiaco, ciencia ficción y fantasía que, a partir del año 2018 comenzó a compartir en «M. C. Mimeógrafo Revista Literaria» (México), junto a algunas selecciones poéticas de sus libros publicados y otros poemas inéditos. Publicó tres libros con el sello Editorial Independiente Palíndromus (Maracaibo, Venezuela): Cadáveres ocultos (mayo 2018), Pido el silencio (septiembre 2018) y Dualidad poética (diciembre 2018). De barro y de silencio (2020), es su cuarta obra, la primera que publica por cuenta propia. Recientemente, participó en cuatro antologías digitales de poemas y micro cuentos, realizadas por «La Red de Escritores y Escénicas Potosí» (Bolivia), con motivo de los tiempos de cuarentena producto de la pandemia por Covid-19.

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Poesía

Carlos Obispo | Criaturas

Los hice de carnes,

algunas partes ya

descompuestas.

Los hice de mares tristes

y de ríos negros.

Les ofrecí ojos

de azucena,

boca de candil,

manos de féretro,

dedos embrionarios,

piernas de roble

y pies de petricor.

Los cosí con los

cabellos de mi saliva

y les di vida

con mi aliento muerto.

Pero, fueron fugaces.

Se mataban entre ellos,

alabando picos y mentiras.

Su saliva escondía un

tenue veneno como el mío

 y sus llantos,

solo decían que jamás

podría ser Dios.

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Carlos Obispo | Zopilotes

Nuestros zopilotes bailotean entre
los volcanes, el cielo y
el sudor; sus cuerpos no son más
que un traje de plumajes
aborrecibles y punzantes.

Su hábitat natural son los ríos
contaminados de nuestras venas,
las llanuras de una boca
carnosa y podrida, las calles óseas
de un cuerpo moribundo, los viscerales
montes de soeces pensamientos.

Posan en las entrepiernas de nuestras
mujeres, en los vientres de
nuestras madres y en las cabezas
desprendidas de los nuestros.

De modo aborrecible aplastan sus garras
en masas desfiguradas solemnes a
identificarse en nuestros recuerdos,
y alzan su pico en protesta a su mal sabor.

Entre sus fauces suelen encontrarse
ganados en descomposición, porquería,
prostitutas, lugareños, menores de edad,
cafetaleros, padres de familia,
milicias, descendencias, indígenas, inciviles,
y demás exóticas carnes que en El Salvador
suelen encontrarse.

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Arte y cultura La Maga y el Quetzal Poesía

Yosmel Araujo: La poética del Sinrumbo

Sinrumbo es una plaquette de poesía del venezolano Yosmel Araujo, publicada recientemente en ediciones Awen, en el marco de la III edición del certamen de poesía venezolana Ecos de la luz.

Verónica Vidal: Háblanos del proceso creativo y la recopilación de elementos semióticos para este trabajo.

Yosmel Araujo: Cuando surgió la oportunidad de presentar una plaquette, no tuve que pensar mucho en el proyecto que escogería para tal publicación, siendo este mi primer poemario oficial. Sinrumbo fue escrito en el 2017 y tuvo pequeños aportes (principalmente, los nombres que ahí aparecen), hasta el 2019. Me gusta recalcar el año donde germinó, porque fue uno de gran importancia: año resquebrajado, dador de muchísimas grietas a las que aún intento encontrar ciertas resoluciones.

El 7 de abril de 2017 surge Arca, álbum homónimo de la artista Arca(1); unos meses después, en julio, hice el primer viaje por mi cuenta a otro estado. Fui a Valencia, conocí a Luz, una amiga queridísima, y a Ander, a Eli. La impresión que me causa Ander y Eli por sus constantes vueltas en Naguanagua es inmediata, luego regreso en septiembre para el cumpleaños de Ander. Antes de mi regreso a sus calles, paso estos meses de separación en una angustia gigante, como si algo mío se hubiese quedado allá.

Sinrumbo (que antes tanteaba un nombre como Resquicio del pure, como guiño al plebiscito realizado justo cuando estaba en Valencia), se dio desde la primera noche que traté con Ander. Nunca había sentido un deseo tan desgarrador, siendo este el empuje para escribir. Esa noche escribí en hojas sueltas, en billetes, en papel-de-cajas-de-cigarros, en un libro que decidí intervenir por necesidad de espacio. La misma dinámica sucedió cuando regresé al cumpleaños de este chico, con los Detectives Salvajes(2) en mano y una necesidad de ser llevado a donde él fuera con su gente. Fuimos a Puerto Cabello, nos perdimos un montón de veces, pasamos la noche en el patio de alguien, al día siguiente caminamos unas horas para llegar a una playa guardada entre tanto monte bajo; al regresar, no teníamos dinero suficiente para todos los pasajes en bus, casi no llegamos al terminal de Valencia, el papá de uno de sus amigos, Gustavo, nos buscó en su carro casi desmantelado, mientras escuchamos Lo Mato(3) y fuimos rumbo a un pueblo que colinda entre Carabobo y Maracay.

Derechos de imagen pertenecen a Yosmel Araujo V.W.

Relato lo sucedido porque de ahí parten todos los encuentros que convergen en el poemario. La decisión de escribir un texto como Las uñas de este hombre no son broma, que rompe cierto acuerdo cronológico, nace de esta misma experiencia donde me di a favor de lo que un hombre pudiese mostrarme, modus operandi que he repetido ante muchos de mis conocidos. Escribí para atestiguar el cambio causado en mí por otro, la manera en que internalicé lo que disfruté y sufrí como si fuese mi razón de vivir. Luego no lo volví a ver; dicha ausencia se acopló de maravilla con el disco de Arca, que apelaba a mi constante flagelación sobre lo sucedido y el imposible regreso.

Sinrumbo, como categoría, se da por un desvarío que no ha cesado desde el 2017, donde me encuentro pero me muevo por la ansiedad de verme como tal. Sinrumbo como título es mi forma de agradecer a una artista que me abrazó con sus propias entrañas cuando las mías se deseaban extraviadas.

V. V: Háblanos de tu propuesta visual, ¿Cuál es la relación entre tu trabajo visual y tu trabajo poético?

Desde el 2017, he estado fascinado con el marco referencial que puedo ver en una ventana. Me refiero a una dinámica voyerista-exhibicionista que forma parte de mi figura como transeúnte. Antes de llegar a expresar estas muestras de deseo a través del arte visual, la escritura ha sido un medio hacia cierto proceso depurador que responde a mis ansias de crear. Mis primeros poemas datan del 2015. Se puede discutir que el poema es un compendio de fragmentos, pero esto quizás despoja al mismo de su construcción absoluta. Por lo dado en Letras, carrera que estudié hasta el 2017, heredé el poema como cuestión de amplitud, dilatación de palabras hacia un final. Luego descubrí los aforismos de Antonio Porchia. Tuvieron que pasar algunos meses para tomar consciencia de que los enunciados que escribía eran interpretaciones de la finitud que mostraba el escritor argentino. Lo que escribo responde a los estímulos de la calle, lo abierto y cerrado de exponerse a la ciudad: es el escribir en movimiento, propio o inducido.

Derechos de imagen pertenecen a Yosmel Araujo V.W.

Del estar constantemente en una lucha contra la inercia y la falta de espacio, nació una primera iniciativa de escribir en las páginas de 211 cosas que un chico listo debe saber, cierto manual de Tom Cutler (el cual intervine cuando fui a Valencia); este ejercicio, con el libro que compré en mi infancia, dio paso a tantear una cantidad de marcadores en El Príncipe, de Maquiavelo (libro –único que adopté– de la biblioteca de la UCAB). Siempre he sido una persona dispersa, que va y viene de tema en tema, hiperactivo, y con los fragmentos he trabajado eso a mi beneficio, siendo la raíz-intención de enunciados que culminan cuando así lo decide el papel, el momento dado, la locución que me movió a escribir el mismo. He tomado fotos de estos registros y los he posteado en Instagram por la cuenta @perrovacio y que comparto aquí contigo.

En diciembre de 2019 logré comprar mi primer teléfono, con mi propio dinero. A las dos semanas de tenerlo, decidí rotundamente mantener un diario donde he de registrar las ventanas de todos los días: la que es hoy, las que fueron y siguen siendo. Mantengo este testimonio de transeúnte a través de la cuenta @sadbakarti en Instagram. Mi fascinación por las mismas corresponde a cómo veo en ellas la falta de algo: ausencia que trabaja para nutrir narrativas. De las proyecciones parten mis tanteos en la escritura y en el plantarme frente a un edificio para retratar algo que ha de responder, siempre a futuro, situado en un presente que sublimo, a favor de mi deseo.

Derechos de imagen pertenecen a Yosmel Araujo V.W.

V.V: ¿Cuáles son tus proyectos en la actualidad y a mediano plazo?

He vuelto a los textos de Pedro Lemebel para darme un impulso a escribir crónicas, he regresado a textos de literatura y teoría queer para plantear ciertas retóricas que atañen a los jóvenes de ahora y he querido volver a Samuel Beckett, para culminar una pieza donde A. y B. quedan solos en la ciudad, rindiendo honor a aquel cuento donde todo el mundo se va de Caracas porque una gran ola se avecina. Llevo años temiendo a la narrativa y espero superar su sombra; Isaac Chocrón es un referente muy importante para mí cuando lo haga.

Estoy trabajando en varios proyectos musicales junto a dos amigos que viven en la ABC de los Ruices, acá en Caracas. Hay varias maquetas por hacer y eso me entusiasma. También se vienen antologías. Este año me ha visto surgir como lo he querido desde que empecé a escribir y realmente solo espero que me lean.

Referencias:

  1. Nombre artístico de Alejandra Ghersi, cantante y productora venezolana, especializada en música electrónica y experimental.
  2. Novela del escritor chileno Roberto Bolaño, publicada en 1988.
  3. Álbum de estudio de Willie Colón y Héctor Lavoe, lanzado en 1973.
Derechos de imagen pertenecen a Claudia Zarro

Yosmel Araujo V. W. Nació en Los Teques, Miranda (1996). Cursó estudios de Letras en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Participó en el taller Poesía Silenciosa, Pintura que Habla II, dictado por Eleonora Requena. Mención honorífica en el concurso Por una Venezuela Literaria (2017), finalista en la primera edición y la tercera edición del Concurso Physis (2017, 2020) y primer finalista en el III Certamen de poesía venezolana «Ecos de la luz» (2019). Su poema Sinrumbo fue publicado como parte del tercer aniversario de la Revista Awen y su poemario Sinrumbo fue publicado en 2020 como plaquette digital por parte de Ediciones Palíndromus (Venezuela).


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Poesía

Fernando Antolín Morales | Si no tuvieses esa oquedad bajo tu omóplato


De un hilo rojo
pendiendo de un espacio inconcreto
nace el caoba de tu pelo
que nutre sus raíces en un mar infinito de cuestiones
y certezas.
La soledad del hemisferio norte ahoga el volumen presuroso de tus celos
que se pierden en el eco de un país sin nombre
al que tú llamas hogar.
Prejuicios, temor y tormento
hilvanan sus fibras quejumbrosas en una trenza que salpica tu negra inquietud.
Los laureles que ganaste en el quiz show de primavera
se han desecado
y su cadáver botánico alberga tonos de nostalgia otoñal.
El hueso más largo de tu cuerpo
es el fémur de Bill Joe,
quien relincha cada vez que cercenas tu ya miserable agenda
para sacarlo de paseo.
De aquí a Kuala Lumpur
hay cientos de millones de inhumanos que se jactan de saber hacer un huevo frito,
pero ninguno
es como el tuyo.
Aunque al final siempre decides joderlo
sembrando la cena de cizaña
y derramando tu Chardonnay sobre mi desvelo.
Alimentas tus dientes de alimaña con rumorología telenovelesca
y te puedo decir todas las veces que me citaste a Belén Esteban
como si fuese un argumento de autoridad.
Como dos polillas que ansían el calor letal de la llama de una vela
nos desvestimos
y follamos
como si del núcleo de nuestro evidente hastío pudiese brotar una esperanza.
Con todo el desdén del mundo
te tumbas boca abajo y te echas a dormir.
Y miro tu cuerpo
y miro la puerta
y miro tu cuerpo…
Si no tuvieses esa oquedad bajo tu omóplato…


Fernando Antolín Morales (Zaragoza, España, 1984). Estudió Matemáticas y Lengua y Literatura Españolas. En la actualidad reside en Nitra, Eslovaquia, donde organiza anualmente recitales de poesía en español que lo han animado a dar a conocer su obra. Recientemente ha publicado su primer poemario, La esfinge del pino (Multiverso Editorial, 2020).


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Poesía

Carlos Obispo| Segunda metamorfosis

(A Dolores Padilla)

Mi mariposa se vuelve vieja,
sus poros empiezan a secarse,
astillados se vuelven sus dientes
y sus manos, ventarrones de un
pronto cambio de estación.

Todos sus cabellos se quiebran
cuando intenta hablar, sus ojos
ya no besan de la misma manera;
sus pestañas se ahorcan con el
pasar del tiempo y su lengua duerme
entre sabanas de miel.

Almohadas flácidas ya son sus pechos,
cuna de generaciones su estropeado
vientre, piernas de ciervo que no
puede andar y las plantas de sus pies,
colectoras de piedras y espinas.

Mi mariposa se vuelve vieja,
sufrió una segunda transformación,
ahora aletea por otros rumbos
y su capullo en mis manos, dejó.

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Poesía

Carlos Obispo|Domingo

I
Todas las tardes de un domingo eran tranquilas, ni un alma en pena se atrevía a molestar a los vivos, la iglesia se limitaba a unos tres campanazos
y de ahí, el silencio. Quienes eran creyentes se dirigían cual vaca al matadero. Otros salían con sus sillas a los andenes y tomaban un café entre chambre y chambre.


II
Los niños salíamos a la calle a jugar «pelota». A carcajadas pasábamos el balón o enojados nos empujábamos por
no meter el gol hasta que el «burguesito» de la colonia se emputaba y se llevaba su único bien material.


III
Esas eran las tardes del domingo. Tranquilo el domingo, nada más que un puñado de gente que en un día se olvidaba de la hipocresía.

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María Elena Walsh | Poemas


Este es el libro con el que María Elena Walsh se dio a conocer como poeta. Lo publicó en 1947, en una edición que pagó ella misma, cuando tenía 17 años. Recoge una selección de los poemas que venía escribiendo desde apenas entrada en la adolescencia. Llama enseguida la atención la temprana madurez de esta escritora, la destreza a un tiempo conceptual y musical con que maneja las palabras. También se advierte aquí el germen de su imaginería personal, cosechada en el paisaje suburbano, que desbordaría posteriormente en sus poemas y canciones, también en las dedicadas a un público infantil. Y esa difícil sencillez en el armado de las frases, esa fluidez sólo aparentemente natural en la expresión. Otoño imperdonable, cuyo título es en sí mismo todo un hallazgo, atrajo de inmediato la atención de poetas consagrados como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Silvina Ocampo y Juan Ramón Jiménez, y le abrió las puertas de los suplementos y las revistas literarias de la época.


Escribí Otoño Imperdonable entre los 14 y los 17 años. Esto no es disculpa ni jactancia: es una dedicatoria. Si veinte años después algunos adolescentes sienten alguna complicidad con este libro, la reedición está justificada.

Nota a la tercera edición, 1967

La sombra

Todo persiste en su razón primera
—frágil andanza, precio del encanto—:
La araña en su ritual devanadera
y el pájaro en la forma de su canto.
Yo también nombraría, si pudiera,
esa versión alegre del quebranto,
pero cautivo de mi cabecera
está el silencio que me duele tanto.
Está mi esencia, sueño amortajado,
por equivocaciones y cadenas,
por floraciones muertas en retoño.
Y el mar de pensativo acantilado
que enfría en el tumulto de mis venas
sus peces importados del otoño.


El lugar

Un día —no sé cómo— me di cuenta que amaba
este cielo encauzado en dosel de follaje,
que amaba este silencio iluminado en trinos,
este paisaje triste que casi no es paisaje.
Por aquí pasé un día con el primer asombro,
con el ardiente asombro de saber ya pensar.
Y, vírgenes los labios de palabras lejanas,
hablaba con los árboles mi voz elemental.
Esta calle ha vivido paralela a mi infancia
¿y con los ojos fríos pasaba junto a ella?
Olvidé que hay alzadas mil perpendiculares
de su nombre y mi nombre a todas las estrellas.
Ahora, ya advertido su abolengo infantil,
me persigue el recuerdo con sencillo reclamo.
Por eso la contemplo con amor, prevenida.
Como si ya mis ojos la buscaran en vano.


La víspera

Ya preguntaba por el mundo mío,
por la calle sin voz, por el pausado
retorno de la noche en el rocío
y por el aldabón desmemoriado.
Sorprendían los pájaros del frío
la soledad del parque ensimismado
y regresaba el nombre del estío
puntual como la sangre a mi costado.
¡Oh voluntad de estrella en la bujía!
¡Oh cortejo de llantos vegetales
que en el perfil del viento renacía,
cuando al temblar la savia en su retoño,
bajo un aire aturdido de panales
amaneció la infancia del otoño!


La casa

Allá estarán las cosas todavía,
a punto de no ser, contradiciéndose.
En el hastío de las escaleras
y en la resignación de las paredes
aun seguirá creciendo aquella sombra
con su sed de presagios inminentes.
Aquella sombra, ay, aquella sombra
fría como la sal y como el verde.
Su perfume inquietante, su leyenda
de confidencias y de pareceres
caía en el ramaje de mis hombros
con la perseverancia de la nieve.
Yo nunca tuve edad. Por eso entonces
crecí en la medida de mi muerte
ante la certidumbre del dolor
y la presencia de lo inexistente
y esa frialdad de las antiguas voces
sólo atentas a sus atardeceres.
Dejadme que imagine: allí quedaron
los guantes amarillos del jinete,
el crucifijo, las lamentaciones,
la ácida vigilia de la fiebre.
(Consternación que pudo perpetuarse
en el mundo asombrado de mi frente).
Yo sé que quise huir de los espejos
deshabitados insistentemente,
de la cal angustiosa, de la fecha,
de la persecución de los caireles,
de sombras que llovían por los muros
lentas como la miel, y amargamente.
Es verdad que nací para estar triste
junto a cualquier ventana, cuando llueve.
Pero eso sí: guardadme mi silencio,
aquel tan habituado a mis papeles,
desordenado como las estrellas,
amigo de mi voz, sencillamente.
No me llevéis a las habitaciones
donde sollozan coloridos seres,
en donde no podría habitar nunca
el aire que respiran los juguetes.
Porque no quiero ver anochecida
mi propensión a los amaneceres.


MARÍA ELENA WALSH (Ramos Mejía, Argentina, 1930 – Buenos Aires, 2011). Poeta, novelista, cantante, compositora, guionista de teatro, cine y televisión, es una figura esencial de la cultura argentina. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes. A los quince años comenzó a publicar sus primeros poemas en distintos medios, y en 1947, apareció su primer libro: Otoño imperdonable. En 1952 viajó a Europa donde integró el dúo Leda y María, con la folclorista Leda Valladares, grabando discos en París. Desde 1960, ya en la Argentina, escribió programas de televisión para chicos y para grandes, y realizó el largometraje Juguemos en el mundo, dirigido por María Herminia Avellaneda. Asimismo, escribió guiones para cine y su música fue incorporada a filmes de trascendencia. En 1962 estrenó Canciones para Mirar en el teatro San Martín, con tan buena recepción que, al año siguiente, puso en escena Doña Disparate y Bambuco, con idéntica respuesta. Esas obras se publicaron como libros en 2008. A partir de 1960 nacieron muchos de sus libros para chicos: Tutú Marambá (1960), Zoo Loco (1964), El Reino del Revés (1965), Dailan Kifki (1966), Cuentopos de Gulubú (1966) y Versos tradicionales para cebollitas (1967). Su producción infantil abarca, además, El diablo inglés (1974), Chaucha y Palito (1975), Pocopán (1977), La nube traicionera (1989), Manuelita ¿dónde vas? (1997), Canciones para Mirar (2000), Hotel Pioho’s Palace (2002) y ¡Cuánto cuento! (2004).

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El bosque de noche Nuestra memoria Poesía Vérkell recomienda:

La ciudad interior: 20 poetas estadounidenses | Edición de Fernando Vérkell


<p class="has-drop-cap has-medium-font-size" value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80"><em>America </em>no es un país, sino una enciclopedia de colonización y barbarie. Fue fundada sobre desiertos, bosques ya desaparecidos y cementerios originarios. Los colonos arrancaron de tajo la tradición ancestral y acabaron con los nativos y los bisontes, porque todo conquistador es por definición un asesino. Los <em>Founding Fathers</em> no eran altruistas patriotas: su necesidad de independencia y organización no brotó del corazón, sino del bolsillo, y con astucia crearon una identidad nacional glorificándola a fuerza de mitos instantáneos y hombres falsamente representativos.America no es un país, sino una enciclopedia de colonización y barbarie. Fue fundada sobre desiertos, bosques ya desaparecidos y cementerios originarios. Los colonos arrancaron de tajo la tradición ancestral y acabaron con los nativos y los bisontes, porque todo conquistador es por definición un asesino. Los Founding Fathers no eran altruistas patriotas: su necesidad de independencia y organización no brotó del corazón, sino del bolsillo, y con astucia crearon una identidad nacional glorificándola a fuerza de mitos instantáneos y hombres falsamente representativos.

Por fortuna también hay magia dentro del despilfarro: aunque los habitantes de las 13 colonias pronto se afincaron en una tierra que no era suya y la destruyeron, simultáneamente su humanidad brotó, y con ella el arte. La poesía estadounidense va desde el piadoso The Bay Psalm Book, datado en 1640, hasta el poeta desconocido que guarda sus versos en la nube. Miles de poetas y millones de versos entre ambas fronteras demuestran que la belleza brota igualmente desde la miseria de las máquinas y los imperios.

Como casi todas las poéticas modernas, la estadounidense oscila entre la excavación doliente del yo y el reconocimiento brumoso de la problemática social. Estos términos, aunque secuestrados por agendas y colectivos, han recorrido un sendero inmemorial y pertenecen a quien los limpia de nociones instantáneas.  En ocasiones, es cierto, el péndulo poético suele detenerse justo antes de cortar de tajo la delgada línea entre introspección y denuncia, pero el poeta verdadero es honesto y canta lo que ve y lo que quisiera ver; es un bardo de tres caras y cuatro dimensiones.

Esta selección no es un panfleto, no obstante, sino una muestra poética, una breve cartografía de un territorio inexplorado y tantas veces releído. No son poemas cronológicos ni están ordenados por temáticas. Simplemente son una muestra de mis predilecciones poéticas y de autores que he ido descubriendo en mis vagabundeos bibliográficos. Mi intención es que el lector busque la obra original de estos autores, la compre y los disfrute tanto como lo he hecho yo.

Al traducirlos, no he olvidado que vienen de una lengua noble: un lenguaje de espadas, mares y corsarios; por eso, para proveer al lector de una referencia en el idioma original, decidí que los títulos permanecieran en inglés.

Leer poetas estadounidenses es otra manera de honrar una lengua que arde hoy junto a sus bosques, sus tuits y sus catástrofes, pero que nutrió de verbos y adjetivos a poetas de la talla de Poe, Emerson, Longfellow, Dickinson, Frost, Eliot, Berryman, Merwin y tantos otros amigos antologados aquí.


Contenido
 
Anne Bradstreet | Contemplations [fragmento]
William Carlos Williams | Danse Russe
Bill Holm  | Advice
Vachel Lindsay | Rain
Thomas Wolfe | For, Brother, What are We?
Etheridge Knight | The Bones of My Father [fragmento]
Sharon Olds | The Guild
Stanley Kunitz | The Portrait
Edna St. Vincent Millay | Soneto XXX
Gwendolyn Brooks | La vida de mi hijo es simple
Langston Hughes | El Negro habla sobre los ríos
David Budbill |  What I Heard at the Discount Department Store
W. S. Merwin | Yesterday
Paréntesis: 3 epígrafes sobre poesía
Gerhart Haupmtann
Samuel Johnson
William Holdsworth
Charles Olson | These Days
Gary Snyder | Why Log Truck Drivers Rise Earlier Than Students of Zen
Charles Bukowski | The Secret
Jo Carson | I am Asking You to Come Back Home
Robert Frost | Fire and Ice
Katha Pollitt | Onions
Felix Pollak | The Dream
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Arte y cultura Ensayo Poesía

Pablo Antonio Alvarado Moya: Sumatoria nostálgica de Andrés Moreira | reseña y selección poética


La suma de los daños (Casasola Editores, 2020), ópera prima de Yasser Andrés Moreira (Managua, Nicaragua, 1991), constituye con sus cincuenta poemas, organizados en cuatro secciones, una obra depurada, erótica, comprometida, desgarradora y revitalizadora. En su conjunto se percibe una voz poética sencilla que, envuelta en un halo de ironía, logra autenticidad y fulgores de originalidad.

No hay búsqueda de novedad ni caza de lo extraordinario en estos poemas, pero sí equilibrado sentido tradicional, que posibilita las facultades expresivas heredadas, sin la burda osadía de arrojarse al vacío poético imperante, porque no se puede engañar al lenguaje, que posee en sí una fuerza ineludible. Y, en consecuencia, todo poema se traiciona a sí mismo al carecer de auténtica facultad de expresión. 

Ahora bien, como sugiere el título, la presente obra representa el inventario doloroso del poeta, sus astillas y cenizas, que con la alquimia del verbo transmuta en luz.  

En tal sentido, la primera sección “Bitácora de extranjería”, serie de veintiocho haikai no renga (haikus), es la piedra angular del poemario, ya que contiene per se las tres unidades posteriores. Por consiguiente, aquí late la nostalgia por el exilio y el anhelado retorno a la patria (Hace frío/ me descubren extranjero. / Uñas con tierra caliente); la hiriente consagración del Eros (Cae el vestido/ tus senos se asoman/ mis pupilas dilatadas); el hondo lamento por el estallido sociopolítico de Nicaragua (Desde el bus/ oigo las paredes/ susurrar genocidio); y unos versos confesionales de las roturas internas (Mañana seré menos joven. / Hoy no gané un centavo/ escribí un verso).En general, si bien estos haiku no se adhieren a la composición clásica (fondo y forma), que comprende tres versos sin rima, de cinco-siete-cinco moras (sílabas) que reflejen el haimi y el nai-inritsu, como elementos obligatorios, mientras el kigo, el kire y la comparación interna, como elementos importantes, no significa que carezcan de calidad, pues cada vez es mayor la tendencia, justificada o no, de romper ese canon oriental, prescindiendo de algunas reglas prestablecidas. Finalmente, es interesante que Andrés, quizá aceptando el destino de Ícaro del poeta bajo el sol de la Poesía, o tal vez por modestia, confiesa: Escribo, borro, reescribo/ y vuelvo a borrar./ Nada florece., lo cual evidentemente es la antítesis de Hokushi: Escribo, borro, reescribo/ borro otra vez y entonces/ florece una amapola. 

La segunda sección “Palabra húmeda” reverbera aquel verso del padre del surrealismo, André Bretón: La poesía se hace en la cama como el amor. Así, sucesivamente, hasta completar los nueve poemas, destaca en mayor y menor grado esta vanguardia: ahí es donde cae la lluvia dorada/ desde mi lengua que paladea tu granada carmesí/ y mis dedos que se multiplican/ al ritmo de tus espasmos; lenguas húmedas y escorzadas:/ como bocas que besan bocas/ como bocas que besan labios henchidos; tus senos se posan en mis labios/ y tus botones retan a mi lengua/ en un vaivén de santos andariegos. Y merecen mención especial los poemas “Carburaciones” y “Mujer oficinista que cruza la calle”, circunscritos al movimiento futurista, hirvientes de imágenes explosivas que causan una “secuencia de objetos en movimiento multiplicándose y distorsionándose como vibraciones”, tal expresó Marinetti. Sin duda, el primero es el más original de toda la selección: El aire baila in cons tan te/ entre sus pistones/ de materia reluciente y humeante/ el motor V-Twin 1200 cm2/ carbura por sus jeans acaderados/ se retira y regresa/ nunca igual al instante anterior/ en la carretera arterial/ donde habita el durmiente que esconde/ palabras en su pecho. Y, entre la destrucción o el amor, concluye con una reminiscencia a los Epigramas de Cardenal, en el poema “Preludio para una despedida” (Un día amaré a otra/ y ya no te leeré ni leerás mis poemas).

La tercera sección “Memorial del fuego” -dedicado a los torturados, secuestrados, desaparecidos y exilados- y los siete poemas que lo conforman son el desgarro, incursión a la angustia de la realidad social, réquiem a la patria, para hacer del lector un partícipe activo (pars capere) del dolor, violencia, soledad, muerte. No es poesía panfletaria ni discurso político, sino sentimiento de compromiso, reivindicación de la libertad, adscrita levemente al influjo del movimiento poético español de los años cincuenta y sesenta. Ante tanto crimen de lesa humanidad impune, aun con fe estéril, se alza la voz al cielo para extender una plegaria, monólogo de la ausencia (Dador de vida/ encendé las brasas/ entre las vísceras del tiranuelo que dejaste nacer), entre el calvario de cargar cientos de cadáveres, un país hecho necrópolis (sucede que, desde el invierno de abril de 2018/ quiero escribir y el llanto no me deja), porque sí, April is the cruellest month y recuerda a los endecasílabos de Lope de Vega: Quiero escribir y el llanto no me deja/ pruebo a llorar y no descanso tanto. De tal modo, en los dos últimos poemas -entretiens- sentencia la tierra baldía donde no crecen los girasoles de Francisco (A casi medio siglo de distancia, el enemigo/ es el mismo: / nosotros; Hoy, hijo mío, todo sigue siendo igual, o peor). ¿Será por esto que Nada florece? ¿No alude al oficio literario, sino a la sangrienta historia de Nicaragua, que escribimos, borramos, reescribimos y nunca aflora su luz?

La cuarta sección, “Hombre roto”, refleja lo más íntimo del libro, confesiones, oscilación del ideal pesimista y, a la vez, proceso revitalizador, resurrección del otro yo, el verdadero, en lo prístino, en ese modo-de-ser-ahí, que se alcanza al aceptar, como Sísifo, las roturas, al no ser más que una forma de reconstrucción. Es esta la ratio de la alegoría al águila (Será preciso desvestirse del plumaje pesado/ hediondo a viejo/ quedar desnudo ante el frío/ esperar largos meses para que crezcan) y así, tras la renovación, desde el peñasco precipitarse como el trueno, diría Tennyson. El poeta, quizá en vano intento, procura suturar las heridas, pero, ante todo, está la incertidumbre, por eso el intertexto de la Metamorfosis, de Kafka (¿o era cucaracha involucionada a humano?). Y así, después se retoma ¿la búsqueda? al rechazar la “inmortalidad prometida”, pues al final tal vez el hombre sea su propia estrella (Señores, he decidido no renacer/ y no vivir eternamente/ la vida eterna es absurda y renacer, egoísta […] ¿y en qué va a creer este hijo de hombre?), hasta culminar afirmándose por enésima vez como un ser fragmentado que, irónica o desesperadamente, se entrega en un epitafio, ya sin mendigar nada, a quien siempre lo ignoró (Elevé mis rezos/ y no fueron escuchados. / Mi llanto no llegó hasta vos. / Aquí estoy, Señor, un hombre roto/ que solo quiere descansar). 

Y, no menos sustancial, dos aspectos relevantes y atractivos -inusuales- de esta obra homogénea: precisión al titular poemas y fenómeno lingüístico del voceo.

He aquí, pues, esta sumatoria nostálgica, resultado del ejercicio constante de lectura y relectura, escritura y reescritura. Observar: florece frente a nosotros este primer poemario como un girasol, una amapola, un lirio luminoso entre las grietas.


Chinandega, Nicaragua, 1 de julio de 2020


Poemas escogidos de La Suma de los daños

(De Bitácora de extranjería; pp. 14, 15, 38, 36, 30)

II
Hace frío,
me descubren extranjero.
Uñas con tierra caliente.

III
Cae el vestido,
tus senos se asoman,
mis pupilas dilatadas.

XXVI
Desde el bus 
oigo las paredes 
susurrar genocidio.

XXIV
Mañana seré menos joven. 
Hoy no gané un centavo, 
escribí un verso.

XXVIII
Escribo, borro, reescribo 
y vuelvo a borrar. 
Nada florece.

(De Palabra húmeda; pp.45, 49, 48, 46)

Dánae 

“Oh boca vertical de mi amor, 
los soldados de mi boca 
tomarán por asalto tus entrañas (...)” 
Apollinaire 

Este cuadro de Klimt me recuerda a vos, 
-ese que no vimos 
cuando no visitamos la Galería Würthle en Viena-.
Acostada en mi cama, con tus piernas izadas, 
los ojos cerrados, te abrís 
silenciosa y sedienta 
como biblia... 
ahí es donde cae la lluvia dorada, 
desde mi lengua que paladea tu granada carmesí 
y mis dedos que se multiplican al ritmo de tus espasmos. 
Conozco la palabra que buscás, 
es mi nombre empapado 
en sangre 
para recitarlo y quedarte dormida 
como flotando en líquido amniótico.

Otro texto para celebrar tus senos 

Tus senos se posan en mis labios 
y tus botones retan a mi lengua 
en un vaivén de santos andariegos 
¡esos son! 
Santos cálices que sostienen tu cuello. 
Se refractan en ríos puestos de pie
como en reverencia. 
Mis dientes pierden filo.


Los cuerpos 

“Cuando contemplo tu cuerpo extendido 
como un río que nunca acaba de pasar” 
Vicente Aleixandre 

Los cuerpos esparcidos 
entre dunas, 
entre pieles arenadas. 
Inenarrables las manos evocan 
poros devorando extremidades 
lenguas húmedas y escorzadas: 
como bocas que besan bocas 
como bocas que besan labios henchidos. 
Caderas que irán oscilantes. 
La cascada se vuelve río y cenote 
en el abismo donde nace la luz.

Carburaciones 

“Óigame usted, bellísima, 
no soporto su amor” 
Eduardo Lizalde 

El aire baila    in        tan
                          cons     te
entre sus pistones 
de materia reluciente y humeante 
el motor V-Twin 1200 cm2 
carbura por sus jeans acaderados 
se retira y regresa 
nunca igual al instante anterior 
en la carretera arterial 
donde habita el durmiente que esconde 
palabras en su pecho 
manía de mar en madrugada 
petróleo que se flagela 
Efecto que causa 
el Infecto 
de Afecto 
al aire 
que danza entre sus pistones, engranajes y cilindros 
a la tierra que toca Isabel 
las bardas derrumbadas al impacto 
si fuera usted un poco menos bella 
si tuviera los pies ahuesados 
y las nalgas inergonómicas al asiento 
de esta desteñida motocicleta V-RodMuscle 
no tendríamos que acelerar 
cada vez que el semáforo
cambie a ROJO.

(De Memorial del fuego; pp. 64,65)

Fernando 

“Andrés Tu piedra es mi esperanza” 
Fernando Gordillo 


Fernando, 
mi piedra nunca fue esperanza de nadie. 
Ha pasado casi medio siglo y ya ves, 
siempre lo mismo. 
Pudo más el dólar que la sangre. 
Toda la tierra, Fernando. 
Desde Alaska hasta la Patagonia 
desde esta esquina hasta las otras esquinas. 
No tienen lágrimas para llorar ninguna patria. 
Ya no hay piedras sino balas. 
¡Dispará! 
A casi medio siglo de distancia, el enemigo, 
es el mismo: 
                       nosotros.

Hoy, hijo mío... 

“Mañana, hijo mío, todo será distinto...” 
Edwin Castro 

Hoy, hijo mío, nada es distinto. 
La angustia sigue marchando 
a paso firme sin encontrar fondo. 
El campesino es decapitado, cercenado 
y mutilado por quitarle la tierra suya. 
Que es poca, pero ya no es suya. 

Las hijas del obrero y campesinos 
son las prostitutas de los poderosos, como vos. 
No hay pan y menos vestido 
porque su trabajo no merece ser pagado. 
Las lágrimas se mezclan con sangre en las calles. 

Hoy, hijo mío, nada es distinto. 

Caen bombas lacrimógenas, hay cárcel 
y disparos de Dragunov
para quien ose levantar la voz. 
No puedo caminar por las calles 
porque ninguna ciudad es mía, 
ni de tus manos y de las manos de tus hijos. 
Encerró la cárcel tu juventud 
como también encerró a los míos 
y morirás exilado. 
Hoy, hijo mío, todo sigue siendo igual, o peor...
(De Hombre roto; pp.73,75)

El oficio de creer 

“Por el aliento de Dios perecen, 
y por la explosión de su ira 
son consumidos.” 
Job 4:9 

Señores, he decidido no renacer 
y no vivir eternamente 
(la vida eterna es absurda y renacer, egoísta) 
también decidí caminar 
sin miedo por estos picos 
donde abrí los ojos 
la tarde del suicidio del nazareno 
¿y en qué va a creer este hijo de hombre? 
-Se preguntarán molestos- 
“Pobre, ha perdido la fe”
 -murmurarán compungidos-
creo en la sonrisa de un niño cadavérico 
creo en el llanto de un árbol 
creo en la degradación 
de los cuerpos por benévolos gusanos. 
Pero no creo en su dios, 
ese que ama con ira, y amándolos, se iracunda 
-les responderé-.


Para el niño de 1997 

Existen tardes en las que trabajosamente 
logra sentarse frente al escritorio, 
y se parte en llanto. 
La tarde en que muera -porque así lo decidió-: 
olvidarán que fue un mal hijo, 
un mal hermano, un mal amante, 
un mal poeta y un mal amigo. 

Todos olvidarán que fue un mal padre. 
Que fue malo aprendiendo, 
un mal cristiano. 
Que nunca ganó en nada y 
aceptó la derrota como un vencido. 
Olvidarán que les dio la espalda. 
Que no encontró el verso definitivo (lo más vergonzoso).
También su holgazanería y negligencia 
                                                                    serán borradas. 
Todos olvidarán que desertó de todo, 
                                                                    hasta de la vida.
Porque, queramos o no, 
toda la soledad del mundo 
se desgarra en los silencios de ese niño

Pablo Antonio Alvarado Moya (Chinandega, Nicaragua, 2000). Poeta y promotor cultural. Ha publicado poemas en diversas revistas literarias, entre otras: El Hilo Azul, del Centro Nicaragüense de Escritores (CNE); Boletín de la Academia de Buenas Letras de Granada (España); MILETUS (Turquía). Miembro de PEN Internacional/Nicaragua, y del Consejo Editorial de Revista Cultural Chinamitlán. Actualmente, cursa cuarto año de Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA), de Managua.

Andrés Moreira (Nicaragua, 1991). Poeta y editor. Hizo estudios de Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN). Además, participó en el curso “Literatura y Memoria: Chile a 45 años del golpe militar” en la Universidad de Costa Rica (UCR) y en el congreso “XVIII Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana de Estudiantes” en la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA). Algunos de sus poemas han sido traducidos al italiano y al inglés, y fueron publicados en la revista digital del Centro Cultural Tina Modotti y en la página web de Casasola Editores, respectivamente. Ha colaborado en revistas internacionales como Central American Literary Review (Nicaragua), Círculo de poesía (México), Revista Antagónica (Costa Rica), Letralia (Venezuela) La ZëBra (El Salvador) y Revista Ágrafos, de la que es miembro del consejo editorial.

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Poesía

Andrés Belalba Barreto: Al otro extremo del poema

1-
Al otro extremo del poema
hay alguien que nos está mirando
en busca de limitarnos el horizonte
e impedirnos la conquista de territorios posibles
pero los poetas insisten
se dejan llevar por su instinto.

2-

Hay algo que la palabra excluye al ser pronunciada
y queda flotando en una especie de tiempo circular
para luego descender hasta el fondo último
y desde allí poder emerger en un levantamiento inesperado.

3-

A mitad del poema
vacilamos entre regresar o seguir
como cuando cae un muro y nos quedamos
inmóviles en el mismo sitio
dudamos en avanzar ante la escasez de dignidad
y la sequía de humanidad
que nos espera fuera
tenemos que asumir que el calor de la poesía es un instante
que debemos volver frágiles
con el peso de la pobreza
al abismo del vivir.

4-

Al otro extremo del poema
hay alguien que nos está mirando
en busca de limitarnos el horizonte
e impedirnos la conquista de territorios posibles
pero los poetas insisten
se dejan llevar por su instinto.
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Flavio Menjívar: La calle no valora a los desgraciados

Si Dios vio lo que ocurrió no le importó en lo absoluto.

Rorschach
Te veo
y me das miedo
tu mirada
realmente me odia

Decime
¿qué te he hecho
para que me observés
con tal menosprecio?

Tus luces
cada vez más cerca
se acercan
a mis narices

Olfateo el olor
a gasolina y el humo 
contaminante
manado de tu escape

Huelo el aceite
que pasa
entre tus cadenas
chirriantes

El ruido aumenta
el motor acelera

¿El fin será fugaz?
Tu mirada
cada vez más endemoniada
se enciende 
al ver mi miedo
inevitable
enmedio del camino

Dios te perdone
querido amigo
porque no podré
hacerlo yo

Tronó el primer hueso
mi cráneo se destrozó
volaron los sesos
y cesó el corazón

La sangre desparramada
es la única 
testigo
del odio infundado 
que me mató

El cuerpo
desaparecerá
pero mi recuerdo
de tu memoria
no se borrará jamás

El brillo de mis ojos
en mis últimos momentos
estará siempre doliendo
en tu corazón enfermo

Amigo
tu odio me inmortalizó
y causó lo contrario a tu objetivo:
mi definitiva eliminación

Mi recuerdo en tu mente
hasta tu muerte 
vivirá
y solo entonces encontrará 
—aunque no vos— la paz