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Flavio Menjívar: La calle no valora a los desgraciados

Si Dios vio lo que ocurrió no le importó en lo absoluto.

Rorschach
Te veo
y me das miedo
tu mirada
realmente me odia

Decime
¿qué te he hecho
para que me observés
con tal menosprecio?

Tus luces
cada vez más cerca
se acercan
a mis narices

Olfateo el olor
a gasolina y el humo 
contaminante
manado de tu escape

Huelo el aceite
que pasa
entre tus cadenas
chirriantes

El ruido aumenta
el motor acelera

¿El fin será fugaz?
Tu mirada
cada vez más endemoniada
se enciende 
al ver mi miedo
inevitable
enmedio del camino

Dios te perdone
querido amigo
porque no podré
hacerlo yo

Tronó el primer hueso
mi cráneo se destrozó
volaron los sesos
y cesó el corazón

La sangre desparramada
es la única 
testigo
del odio infundado 
que me mató

El cuerpo
desaparecerá
pero mi recuerdo
de tu memoria
no se borrará jamás

El brillo de mis ojos
en mis últimos momentos
estará siempre doliendo
en tu corazón enfermo

Amigo
tu odio me inmortalizó
y causó lo contrario a tu objetivo:
mi definitiva eliminación

Mi recuerdo en tu mente
hasta tu muerte 
vivirá
y solo entonces encontrará 
—aunque no vos— la paz
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Salvador Zambrana: Managua City Blues [y otros poemas]

Arthur Wolfinguer

Pequeño, ¿Quién te asustó?
Tus ojos y esa ininteligible figura
con apariencia de sombra,que se presentó ante mí y preguntó:

¿Por qué te escondes?
Si uno somos en la noche, a solas.

Escribir un poema es tan difícil

                                                       «Difícil cada vez más la poesía»
                                                                    Carlos Martínez Rivas.

Escribir un poema es tan difícil,
cuando ya casi todo está escrito.
Al poeta solo le hace falta decir,
menoscabadamente, que la poesía,
y más ahora, se ha convertido en un mito.

Nos hizo falta tener alas,
descender al infierno,
creer en el Diablo antes que en Dios,
y darnos cuenta, que al final de la muerte

no hay más nada.

Todo es en vano,
no cuando se encuentra la palabra
ante el hecho real o imaginario
donde se forma ese Pájaro en el cielo,
o el Caballo salvaje en la colina,
—tampoco es para tanto— porque si no es el misterio
y la gloria, entonces la ruina.

Bilogía Romántica

A Hazel Reyes.

I

Yo que creí burlar el inexorable y brutal
poder del Amor

heme aquí
c o n d e n a do como la piedra a ser piedra
como la flor a ser flor.

Tú que sobre todos los hombres
me elegiste a mí
vasta e inimaginable sensación elevada
a la potencia del corazón raudo:

Mirada, gesto, palabra
Así un secreto ceñido a los labios

¡Oh! Las líneas de tus manos como un epigrama.

II


Hay días en los que aborrezco mi sobria existencia.
Días que son para mí un espejismo,
pero no hay noche en la que no te vea
como un pensamiento que, de pronto, olvido.

Días y sin aviso se cae la casa,
se incendia, y a empezar de nuevo
desde el jardín hasta la puerta de entrada.

Al menos te di:
Un pedazo del mar.
Un poema de amor.
Un libro.

Managua City Blues

I

Poseído y ebrio al fin me explayo en todo
lo idealizado por el hombre, hasta ahora,
y principalmente en la incertidumbre
de vivir en duplicidad, entre otros yo.

II

Mientras envejezco, con esto
la poesía,
me enviajo a través de sus lindes
hacia la expiación de una infinitud mayor
que son los tres rostros del alma
invadida

donde se esconde ante los ojos del mundo
ante los ojos tristes y miserables del mundo
el verdadero Dios.

III

Todos en exilio terrenal

excepto yo
que vivo exiliado en mi propio cuerpo.

Mi espíritu se hace trescientos años más joven
mientras el tiempo pasa con su pretexto
venidero.

He reencarnado, quizá y hasta haya muerto
suficientes veces ya, 

como para lapidar
con un centenar de nombres
distintos cementerios.

Borrachos sin fronteras

En la Taberna
me siento y presencio el espectáculo
de borrachos que luchan entre ellos mismos
por saberse quién más decadente.

La música trae viejos recuerdos, acaso sepultados
de amores perdidos.

No he almorzado –adrede–.
El licor cumple su función.
Vuelve a mí el rumor de tu beso traicionero
de la muerte.

Me confieso con el mozo.
Solo asienta con la cabeza, sí, dice,
pareciera entender todo lo que digo.

Solo le importa que pague la cuenta.

Declamo un poema.
Hay aplausos.

Alguien manda a mi mesa otro litro.

Textos del poemario inédito “Alter Ego”.


Salvador Zambrana Gutiérrez (Managua, Nicaragua 1997). Estudia Comunicación en la Universidad Centroamericana (UCA). Textos suyos han sido publicados en revistas digitales como Liberoamérica, Letralia, Ágrafos, y ha colaborado en la revista y editorial Buenos Aires Poetry. Fue incluido en la antología nicaragüense “Imprecisa imagen de los noventa” publicada en Revista Abril.

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camaleónica: poesía latinoamericana contemporánea | selección y prefacio de Fernando Vérkell (antología poética)

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Jenifeer Gugliotta Guedez: Entre lo áureo de la poesía y lo terrenal

Sujetan mis pies un vórtice que pestañea, un paso quizá, dice palabra sonora. Un significante que venga inverso a decantar todo aquello que se visualiza o no, palabra que va trasmutando de a poco lo vivido en uno o en otros. Escucho en la calle un jazz, es mi calle, la misma que me acompaña acá adentro, estoy y a la vez no, respiro por minutos un Coro distinto, el mismo que murmura la melodía. Entonces desde lejos observo, atrae tu cuerpo mi realidad, el calor sofocante, calle que se diluye, música, mar, poesía con ella.

Verónica Vidal: ¿Cuáles consideras que han sido los elementos catalizadores de tu poesía, desde tus inicios en las letras hasta el día de hoy?

Jenifeer Gugliotta Guedez: Veo una mano que sujetada al aire va contorsionando palabras. Veo una niña, o al menos parte de ella, dibujando poesía en hojas, servilletas, en el piso, en la grieta de la pared de su cuarto. Así va creciendo y el mar se hace presente para albergar detalles ínfimos, un alma quizá, la ironía que hace eclosión en el impacto de cada ola a la orilla, ese vaivén que nos llena de incertidumbre: nunca tocará de una misma forma. Lo acompaña muelle, peces, viento.

¿Una constante? Las cayenas, símbolo que arropa toda mi niñez y ahora el de mis hijas, espíritu que muta en olor, tacto y gusto. Es la fuerza, inicio y continuidad siempre.

Quizá con el crecer y encontrarse con el otro viene la ciudad, entonces surge la trasmutación, dirigir actos y emociones ajenas a mí, que existen y observo a diario, tomo al otro y lo hago parte de esto (aquí muy adentro), converjo con extraños, los que se sientan en la plaza a ver pasar vidas y la suya misma, converjo con los que han perdido las razones, los que han encontrado la oscuridad a pleno mediodía y danzan en la ciudad buscando pan, significante que puede ser preludio de algo aún  mayor, esperanza quizá. Simulo y reinvento cada vez que abro esta puerta, escribo de los otros a través de mí, multiplico aunque no sepa sumar en números.

V.V: La ciudad de Coro1 no es tu lugar de nacimiento, ¿Cómo fue asumir esta ciudad dentro de tu poesía y cómo te has nutrido con otras artes y oficios como la pintura y la fotografía?

J.G.G: Si bien nací en Ocumare del Tuy2, mi lugar de expansión ha sido el estado Falcón. De él obtengo su aridez, la posibilidad de mezclarme con el agua y transformarme, todo lo espiritual y esa conexión con la palabra, la búsqueda que viene inserta en cada experiencia vivida o retribuida a través del otro. Mi poesía se nutre de esta tierra, del arte y de la fotografía sin duda. Lo que no he podido hacer con pintura y un pincel lo he hecho con palabras; en el caso de la fotografía resulta ser una extensión de la palabra misma, poesía en imagen.

La ciudad siempre ha hecho presencia. Hace tres años, de escribir en verso pasé a escribir en prosa, en una búsqueda que hasta ahora mantengo, comencé a alejarme de mí para darle voz al otro, desde allí me observo mejor y es un desdoblamiento que luego surge como poesía. Comencé a contar historias, a enajenar tanta cotidianidad, comencé incluso a ser ciudad, a liberarme en ella en un intento de entenderla quizá, al fin y al cabo, también es un nosotros y no vale persuasión. 

V.V: Háblanos de Ediciones del Útero y cómo, a partir de esta editorial, tu poesía se divide en lo áureo del oficio y lo tangible que es ahora este proyecto que has emprendido.

J.G.G: Ediciones del Útero es una raíz que conecta, es el vínculo con la existencia misma. Un lugar que nos alberga a todos, sin ningún tipo de distinción social o política. Ediciones del Útero es el sueño de asir la poesía a lo más sincero y espiritual. Es la zona áurea –hablando en términos fotográficos–, es poder captar una imagen y que la mirada la recorra por completo en armonía, en nuestro caso que la poesía vaya más allá, la idea es que trascienda, que otros la lean y revivan lo que alguna vez fue. Ediciones del Útero busca principalmente su difusión, sin importar el medio o soporte.

Como idea o pensamiento que no te deja dormir una y otra vez, llegó hace casi tres años. Anoté algunas ideas y por cosas de la cotidianidad, las dejé como un pendiente poético. Pasó un poco más de dos años para que pudiera retomarla. Lo mejor de Ediciones del Útero es que ha tomado forma gracias a mis amigos, por ejemplo, el artista plástico Pedro Hernández es el creador de la imagen de nuestro logo y Enmanuel Medina es quien se encarga de hacer todos los flyers de los eventos.

V.V: ¿Qué actividades has realizado desde Ediciones del Útero? 

J.G.G: Hace un año comenzamos a realizar recitales de poesía en la ciudad. La idea era dedicar cada edición a un poeta del estado Falcón. Así iniciamos con el recital Ebria de Sol, dedicada a la poeta Esther de Añez3; Bajo el roce de mi mano tosca, en homenaje a Rafael Vaz4; La voz del alba, homenaje a Ofelia Cubillán5 y Aurora de lumbre nacarada, homenaje a Mina de Rodríguez Lucena6. Además, nos unimos ese mes de agosto con los compañeros del Festival de Poesía Realenga y en Coro hicimos una actividad poética callejera en el mercado viejo de Coro. Lo interesante es que los nombres de cada edición son versos pertenecientes al poeta homenajeado.

Primer recital de poesía organizado por Ediciones del Útero. Flyer de Enmanuel Medina.

Más adelante realizamos, junto al poeta Antonio Robles, un “Réquiem a Gregorio Meléndez”, un merecido homenaje al poeta Falconiano en donde nos estuvieron acompañando poetas, amigos y familiares de Gregorio7.

A la par de estas actividades realizamos junto al colectivo de fotógrafos “Bang Bang Coro club”, un seriado de fotografías en donde se incluía fragmentos de poesía Falconiana, que eran mecanografiados en hojas o cartulinas de colores, todas recicladas. Las fotografías eran tomadas en espacios urbanos o naturales, con la intención de tener doble discurso: la promoción de poesía Falconiana y de la ciudad.

En marzo de este año presentamos el primer libro en físico de Ediciones del Útero, todo un reto, pues cada página fue transcrita con una máquina de escribir eléctrica. Cada libro me tomaba alrededor de tres horas, sin parar, poema por poema; cuadrar el margen, la numeración. El 8 de marzo de 2020 presentamos el poemario «Eva y Desvarío» de Milagros Escobar8 con ilustraciones de Claudia Martínez en su versión en físico y en digital.

Presentación del libro Eva y desvarío de Milagros Escobar

Ediciones del Útero es quizá ese pestañeo en el vórtice del camino que comentaba al principio, son solo palabras que contienen un significado aún mayor, que no sólo viene dada por lo que yo pienso, si no también por todo aquello que imagina aquel que se une al proyecto. Sigue siendo poesía, oxigenante siempre.

Referencias:

1 Santa Ana de Coro, capital del estado Falcón, Venezuela.

2 Ocumare del Tuy, estado Miranda, Venezuela.

3 Esther de Añez: poeta venezolana.

4 Rafael Vaz: poeta venezolano.

5 Ofelia Cubillán: poeta venezolana.

6 Mina de Rodríguez Lucena: poeta venezolana.

7 Gregorio Meléndez: poeta venezolano.

8 Milagros Escobar: escritora y profesora venezolana.

Jenifeer  Gugliotta Guedez

Venezuela, 1985. Reside en Coro, estado Falcón. Poeta. Fundadora de Ediciones del Útero 2019. Cofundadora y  miembro del Grupo Musaraña (2005-2012), editora de la revista Cubile (2007-2012), la hoja poética Madriguera (2006-2012). Recibió el Premio del XI Concurso “Rafael José Álvarez” de la Universidad Francisco de Miranda en la mención de poesía (2009). Libros de poesía publicados: “490h” (2009) y De eso se trata” (2013) por Ediciones Madriguera, el cual obtuvo en el año 2014 el Premio Nacional del libro 2012-2013 mención: libro artesanal. Licenciada en Educación mención lengua, literatura y latín (UNEFM-2009); Magíster en Literatura hispanoamericana (UNEFM-2019).

Facebook: Jenifeer Gugliotta Guedez

Instagram: jenifeer_gg

Correo: jengugli@gmail.com

Blog: jenifeergugliottaguedez.blogspot.com

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Fernanda Fatureto | Exilio

1.

Exílio,
esse lugar sem nome.
Não se reconhece mais a paisagem
nem semelhança com outro país.
Um outro estado,
mesmo artifício da luz filtrada pela janela.
Cidade em trânsito –
sitiada pelo desconhecido rosto envelhecido da tarde.
Não há parâmetro para quem chega desapercebido pelo atlântico,
ou por um outro oceano qualquer.
E aquela colina suspensa indica os sonhos que se dissipam
sobre a noite,
como outra noite qualquer
se não fosse obtusa essa estranha miragem.

Exilio,
Ese lugar sin nombre.
No se reconoce más el paisaje
ni semejanza con otro país.
Otro estado,
incluso un artificio de la luz filtrada por la ventana.
Ciudad en tránsito ―
sitiada por el desconocido rostro envejecido de la tarde.
No hay parámetro para quien llega desapercibido por el Atlántico
o por cualquier otro océano.
Y aquella colina suspendida indica los sueños que se disipan
sobre la noche,
como otra noche cualquiera
si no fuera obtuso ese extraño espejismo.
 
2.
A palavra cala todo vestígio:
Como salvar um corpo em declínio
Imerso em pleno mar.
Um peso uma réstia um ato da criação;
a tentativa de dizer algo novo sob formas gastas.
Um mergulho ciente de que voltar à superfície
é encontrar o caminho de volta para a casa.
A imensidão das águas,
o puro artifício das imagens tecendo uma frase,
um discurso,
um prólogo.
Encontrar o sentido do que se escreve:
um exercício resignado de medo e de cura
onde nada se cala e tudo é silêncio.
 
2.
La palabra calla todo vestigio:
Cómo salvar un cuerpo en declive
Inmerso en pleno mar.
Un preso, una racha, un acto de creación:
la tentativa de decir algo nuevo bajo formas gastadas.
Una inmersión consciente de volver a la superficie
es encontrar el camino de vuelta para la casa.
La inmensidad de las aguas,
el artificio puro de las imágenes tejiendo una frase,
un discurso,
un prólogo.
Encontrar el sentido de lo que se escribe:
un ejercicio resignado de miedo y de curación
donde nada se calla y todo es silencio.

3.
O rosto é a maior de todas as ficções
fixo no esboço do tempo
perdido entre um mero semblante
que declina sua face no anonimato
das ruas estreitas,
em que a multidão acena alguma paragem
que lhe marque o vinco das primeiras rugas
de expressão –
como aquele sorriso fino ao lhe reconhecer
perdido entre muitos:
ao dar a primeira face ficamos marcados no rastro
de um pequeno incêndio.
 
3.
El rostro es la mayor de todas las ficciones
fijo en el esbozo del tiempo
perdido entre un mero semblante
que declina su cara en el anonimato
de calles estrechas
cuando la multitud agita algún paraje
que le marca el pliegue de las primeras arrugas
de expresión –
como esa delgada sonrisa cuando te reconozco
perdido entre muchos:
al dar la primera cara, quedamos marcados en el camino
de un pequeño incendio.

Recomendamos leer nuestras entradas de poesía en la versión de escritorio.

Fernanda Fatureto (Brasil, 1982) es poeta y escritora. Autora de Ensayos para una caída (Penaluz, 2017) e Intimidad inconfesable (Patuá, 2014). Posee poemas en revistas literarias brasileñas; en las revistas portuguesas Eufeme e InComunidade; en las revistas españolas Cuaderno Ático y Liberoamérica y en la revista mexicana El periódico de las señoras.

Traducción de Leo de Soulas.


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Nuestra memoria Poesía

W. S. Merwin | Ayer


Yesterday

My friend says I was not a good son
you understand
I say yes I understand
he says I did not go
to see my parents very often you know
and I say yes I know
even when I was living in the same city he says
maybe I would go there once
a month or maybe even less
I say oh yes
he says the last time I went to see my father
I say the last time I saw my father
he says the last time I saw my father
he was asking me about my life
how I was making out and he
went into the next room
to get something to give me
oh I say
feeling again the cold
of my fathers hand the last time
he says and my father turned
in the doorway and saw me
look at my wristwatch and he
said you know I would like you to stay
and talk with me
oh yes I say
but if you are busy he said
I don't want you to feel that you
have to
just because I'm here
I say nothing
he says my father
said maybe
you have important work you are doing
or maybe you should be seeing
somebody I dont want to keep you
I look out the window
my friend is older than I am
he says and I told my father it was so
and I got up and left him then
you know
though there was nowhere I had to go
and nothing I had to do

Ayer

Mi amigo dice no fui un buen hijo
entiendes
digo sí entiendo
dice no visité
a mis padres muy a menudo sabes
y digo sí lo sé
incluso cuando vivía en la misma ciudad dice
quizá iba una vez
al mes o tal vez menos
digo oh sí
dice la última vez que visité a mi padre
digo la última vez que vi a mi padre
él dice la última vez que vi a mi padre
me estaba preguntando sobre mi vida
cómo la iba pasando y mi padre
fue a la habitación contigua
a traer algo para darme
oh digo
sintiendo de nuevo la frialdad
de la mano de mi padre la última vez
él dice y mi padre se detuvo
en el dintel y me vio
miró mi reloj y mi padre
dijo sabes me gustaría que te quedaras
y charlaras conmigo
oh sí digo
él dice mi padre
dijo quizá
tienes algún trabajo importante pendiente
o tal vez deberías reunirte
con alguien no quiero retenerte
vi afuera a través de la ventana
mi amigo es más viejo que yo
él dice y le dije a mi padre que así era
y me levanté y entonces me marché
sabes
aunque no tenía adonde ir
y no tenía nada que hacer

William Stanley Merwin (Nueva York, 30 de septiembre de 1927 – Haiku, Hawái; 15 de marzo de 2019) fue uno de los poetas estadounidenses más influyentes del siglo xx. Está considerado uno de los más destacados traductores de la poesía de lengua castellana al inglés, habiendo publicado versiones al inglés de obras de Federico García Lorca y Pablo Neruda (Veinte poemas de amor y una canción desesperada), entre otros autores.

Traducción de Fernando Vérkell.


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Poesía

José Luis Álvarez R. | Karánsebes – Notre-Dame (viaje redondo con escala en Wuhan)


La mentira será ley y el simulacro, institución.

Luis Eduardo Aute

Los focos inteligentes
tartamudean y tosen
al aprender el idioma de los eclipses,
el código del relámpago
y la frecuencia de las estrellas fugaces.
Son todo el cielo que tienen,
para tejer su futuro, los hijos de marzo;
así que deben reprogramarse
y pensar como dioses del hombre nuevo,
de este lobo crucificado que nace
adicto y alérgico a los milagros,
este uróboros trismegisto
que, con temor implacable,
se enlaza a la soledad
y se esconde en un féretro iluminado.
Por este viajero es que actualizan,
se multiplican y, a veces,
también se suicidan los focos inteligentes,
pequeñas criaturas que aprenden
los mitos de sus ancestros
y evolucionan para seguir su suerte.

José Luis Álvarez R. (Ciudad de México, 16-12-1986). Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Certificado en Teoría Crítica por 17, Instituto de Estudios Críticos. Autor de los poemarios Onirocracia (Independiente / Porrúa, 2015) y Epílogos & Epitafios (inédito). Ha publicado su obra en revistas como Pandecta, Primera Página y Cardenal. Es colaborador habitual del Colectivo Naufragio, integrado por poetas mexicanos como Aldo Vicencio y Alejandro Massa Varela.


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Montserrat Ruiz | Incomodidades del suicidio


Incomodidades del suicidio


Una habitación a oscuras
venas violáceas, cortaduras
una carta y una mesa
ser del existir represa
y en un pecho oprimido
deseos de ser un ser efímero
una silla y una cuerda
y una última lágrima rueda
incertidumbre de la vida
y el dolor de no tener salida
una navaja y beber cianuro
de la perdida humanidad me aburro
la soledad cala hasta el alma
y la tristeza quita las ganas
un buro y el raticida
buscan la solución de un problema que parece no tener salida

parece fácil quitarse la vida
hay que aprender a odiar con amor la vida.

Montserrat Ruiz (Guadalajara, Jalisco, México, 2000) Escritora aficionada, fotógrafa, parte del colectivo crea arte, estudiante, escritora en ERRR magazine y MEDIUM 3er lugar en el 1er poetry slam de Tonalá, publicada en la revista Tonalli con “Oda al barro” “Migrante “y publicada en la XX edición de la revista Pluma.


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Alfred Monroy | Poemas


Una selección de poemas del salvadoreño Alfred Monroy.


DESDE LA QUINTA CALLE ORIENTE



De niño, cuando la lluvia caía en el recoveco de la quinta calle Oriente
cerca del ventanal de la casa macilenta
mi cuerpo entero se erizaba.
Mis ojos se llenaban de un vago y opaco color oscuro,
y
llo
ra
ba.
Me reflejaba en cada gota que caía al suelo colmado de historias repugnantes.
Sentía que mi corazón se desbordaba y exigía salirse de mi pecho.
Mi garganta era un nudo ciego que no me permitía articular palabra alguna
o que dijera una frase de esas, taciturnas y sin sentido
que un niño como yo, podría decir…,
ni un gemido salía, solamente las profundas lágrimas de mi ausencia.
Aquel fue el sitio perfecto para escribir un poema mal parido
pero mi vientre era infecundo.
La lluvia
ca
llen
do
yo, recordando; y el tiempo y su ritmo: constante e imparable.
Era normal escuchar el sonido de las sirenas que se mezclaba entre la tormenta;
me acongojaba, pero no me robaba mi espacio.
Casi siempre me hallé en el mismo lugar, solitario y mudo
esperando la llegada inerte del vaivén de la tácita alegría o la muerte…
Pero solamente venía mi mamá, rompiendo charcos con sus pies mojados…



MI UTÓPICO PERRO



Tuve un gato llamado “Perro”,
por las noches ladraba y maullaba por las mañanas.
No escondía los huesos en la caja de arena,
y caminaba en el tejado, dormía en mi cama.
Un día, mi “Perro” salió a la calle y un auto lo arrolló.
Así murió mi gato.


Hubo noches en las que desperté llamándolo:
- Perro, Perro, Perro –
pero mi Perro no maullaba.
Eché de menos a mi gato…
Hay días que lo recuerdo, y humedezco el horizonte.
Hay días que lo nombro solo para no abandonar la costumbre del amor que le tuve.


LA HORA DE MI DESQUICIO

Nunca hubo hora más melancólica y de angustia
que la hora en que mamá
cruzaba el umbral de la puerta;
con su azafate en la cabeza,
su delantal ceñido a la cintura,
su adiós profundo escribiéndose en sus labios;
el adiós que aprendí a leer
antes de aprender a leer.
La hora de mi tormento siempre fue
cuando su ausencia se hacía presente.

LOS NIÑOS NO LLORAN

Mi abuela me enseñó que los niños no lloran,
desde entonces aprendí a no llorar frente a ella
pero sí
en los rincones que soportaron mi llanto:
La sombra del árbol, la cueva abajo del lavadero…
En un amanecer de tantos, murió mi abuela;
no derramé
ni una sola lágrima por ella
"porque los niños no lloran".


DOS HERMANOS

El mesón nos oyó cantar:
“Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva”…
Y mientras los pajarillos cantaban, se levantaba la luna resplandeciente
en las pupilas de nuestros ojos.
Mi hermana menor y yo, bajo algún cielo nublado veíamos llover
solamente, el agua que salía de nuestros ojos.
Fue un tiempo después que descubrí que la virgen de la cueva era nuestra abuela
con el invierno en sus manos de rayos y su garganta de truenos.

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Nuestra memoria Poesía

Sergio Hernández | Norte Desierto y otros poemas


NORTE DESIERTO


Ancla en la soledad más desolada,
Antofagasta enciende sus crepúsculos,
arde en el mar
El grito de sus tardes
derramando azafrán
sobre los cerros.



Este es el norte sol
todo silencio;
más antigua es la tierra
en esta tierra.



Este es el norte sol
todo desierto;
me parece aquí el hombre
más humano,
más solo en su tarea de estar solo.
Como faro en el mar
canta el pimiento.



Sólo la tierra reina
en esta tierra;
el árbol es aquí
niño extraviado,
un pájaro sin canto
que sueña ensimismado
con praderas y ríos de otros cielos.



Sólo la tierra sola
es la que reina
tierra, más tierra y tierra y pura tierra
y en la soledad soledad salada,
la más pequeña brizna
es una selva.



Antofagasta, 1963



CANTO EN YO



Canto en yo,
porque no se me ocurre hacerlo
de otro modo;
canto en simple,
porque no veo otra manera;
canto en yo,
porque todo lo que existe
se me agolpa,
porque las urbes vienen a mi mano;
porque las risas vienen
y acuden los sollozos.



Canto en yo,
porque la Y se parece a mi esqueleto
y la O tiene la forma de la tierra;
porque la Y es un río bifurcándose
y la O, el sol que nos gobierna.
Canto en yo,
porque no soy yo quien canta,
sino muchos;
porque no soy yo,
sino una llaga.



Canto en yo,
porque soy yo el que vivo;
porque soy yo el que muero;
porque conmigo empieza
y termina el universo.



VOCACION



Soy sólo profesor
poseo un traje gris
y una corbata;
no puedo tener novia
ni automóvil
ni casa.
Engaño en mi función
en forma refinada:
hablo del bello mundo
y de la patria,
reviso mil cuadernos por segundo,
yo paso mi programa,
le limpio la nariz a mis alumnos
aunque nadie me paga.
Las gentes ignorantes
me escupen en la cara,
me pisan en las micros,
me denigran, me ultrajan.



Mas viendo yo a los niños,
alumbra la mañana,
retórnanse a su sitio mis sentidos
sumérjome en mi acuario conocido.



Poemas extraídos de:
Hernández, Sergio. Registro, Nascimiento, Santiago, 1965.

Sergio Hernández (1931-2010) Escritor y profesor chileno nacido en Chillán perteneciente a los llamados “poetas de provincia” que escribían desde los lugares más recónditos del país. En su juventud se relaciona con lo más selecto de la poesía de su época y fue cercano a Neruda. Es recordado por ser el primer chillanejo en pertenecer a la Academia Chilena de La lengua y por los versos que escribió a su ciudad, sin embargo, su obra ha quedado relegada a pequeños círculos, tal vez por su poco interés en la publicación. Algunos de sus libros son “Registro”(1965), Últimas señales (1979) y “Adivinanzas” (1998). 

Colaboración de Patricio Alejandro Rodríguez, Santiago de Chile. 


*Nuestra memoria es una sección de El camaleón que busca recuperar textos de autores fallecidos o injustamente olvidados. La revista no lucra con los textos y siguen siendo propiedad de autores o sus herederos. El camaleón se declara no responsable de cualquier infracción de derechos de autor. Para colaborar envíe el texto, además de una foto del autor, su biografía y el lema: «La presente colaboración está libre de derechos y/o compromisos editoriales» al correo librosdelcamaleon@gmail.com


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Poesía

Ender Rodríguez | Ars Televisiva

A Erasmo Sayago y Rogelio Aguirre

1.20 AM.  

No puedo dormir mientras cabras sin ojos saltan la alberca
y despierten supernovas escondidas en almohadas

Deseo comprar un piano mientras
no pueda dormir
 
TV: Hombre macho se embaraza de mellizos en Holywood
 
2.60 AM.  

Pienso en cómo arden las pijamas de mi infancia
  sujeto a mi soldado de juguete
  y el amigo imaginario que no fue
  se evapora en mi mente
  escribe
  no soy el fantasmagórico
  el de mentiras
 
  Grita:
  ¡No lo olvides!
 
  Y tira un tiro en un garabato
 
TV: Mujer feminista mata a otra mujer y la devora
 
3.35 AM. 

Era gracioso mi padre
prendía la tele
blanco y negro
y recordaba cuando su padre
no quería morir
sin ver la tele
hasta dormirse
 
Murió sin darse cuenta
que existía
dentro de una tele
 
TV: Nacen bebés mutantes en Japón 
y los venden por internet
 
5.01 AM.  Es raro querer dormir
y necesitar Paracetamol
o algo para no soñar
 
Compro dólares de plástico
antes de ir a una siesta
 
TV: El cambio climático 
cambia de coronavirus
 
7.24 AM.  Cuando no caiga la bomba
podremos hacer una
en casa
 
Mi madre nunca pudo dormir
 
Era un arroyo invisible
dentro de un sueño
 
Mi abuelo odiaba la tele
 
TV: El futuro es el pasado
 
Este mensaje
se trasmitirá
en vivo
a las
1.20 horas

Ender Rodríguez (San Cristóbal – Venezuela. 1972) Escritor y artista multidisciplinario. Licenciado en Educación Integral. Ha publicado: Cantos del origen (2001, CONAC); El sofá de Beatrice (2006, CENAL); Primavera cero (IPASME, 2007); Creactivo I (BARIQUÍA , 2007); Rabo de Pez Nuevos idiomas en la creación formato e-book (FEUNET, 2014), Entrecruzamientos (EAE Editorial Académica Española, 2015), Ex sesos y asa res Borrones para textos no tan perversos (CENAL, 2016), El Blues de la Parca –  cuentos grotescos (AMAZON, 2017), Creactivo II (AMAZON, 2017), Poemas Absurdos (LP5 Chile, 2020), y VISO Poesía visual, objetual y collages en Venezuela (SABERULA, 2020),  entre otros libros publicados en internet, y en físico como coautor.


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Poesía

Elder Orozco | Aislamiento

De pronto
la sorpresa, el giro, lo imprevisto.
El cuerpo aislado
desnuda su impotencia
mientras entra por la ventana
el silencio de la calle desierta.

Si no nos vence la espera,
                           la soledad
o la enfermedad
cuando volvamos a encontrarnos
extendamos nuestros brazos
con un gran deseo de abrazar.

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Nuestra memoria Poesía

José Carlos Gallardo | Otoño del 53 (Poema para leerse lejos)

Para leer poesía recomendamos
cambiar a "versión de ordenador".
Yo no sé quién me ha dicho que era Otoño
y que las playas se han quedado solas.
   (Octubre es un pulmón del tiempo.
El otro pulmón está en Abril).
   Y por eso se caen las hojas, ahora,
como se cae la sangre desde algunos hombres.
Sólo porque es Octubre.
   Otoño.
   Porque la vida busca su última calle
y se retira, como un perro apedreado.
   Sólo porque es Otoño.
   Octubre.
 
Debemos procurar
no andar descalzos.
(Octubre pone el suelo frío);
ni abrir la boca cuando
salgamos del amor,
(Octubre tiene el aire frío);
ni soñar con el alma destapada,
(Octubre tiene noches frías);
ni vivir como viven los demás,
(Octubre tiene muertes frías).
 
   Otoño.
   Sólo porque es Octubre,
porque la sangre se deshoja, y cae.
 
   Pienso en el día trece de septiembre.
   Pienso en mi juventud 
             conteniendo las ramas
de los árboles
para que no cayera ni una hoja,
para que no bajase ni una sangre,
sólo porque era Otoño.
   Octubre.
 
   Pero miro hacia ti, 
que tienes la Primavera
-¡antorcha, olor, ventana, corazón!-
encendida en la mano,
y me olvido de todo este silencio
tendido de cama a cama,
de hombre a hombre, 
de una tristeza a otra tristeza
porque estás en Abril,
¡Primavera!
   Y no es el golpe ya de un cuerpo duro
que se quedó amarillo, como un árbol
dentro de Octubre.
   Es el ponerse en pié
y alcanzar a tu mano,
solo por la ventana, amor, por la ventana,
para asomarme de una vez al mundo
y verlo desde ti
antes, amor, de que las hojas caigan;
antes, amor, 
de que los labios digan “es Octubre”.
 
   Otoño.

José Carlos Gallardo nació en Granada en 1925 y vivió en Buenos Aires desde 1957 hasta su muerte, en 2008. Publicó más de 65 libros entre poesía, novela, cuento, ensayo.
El poema presentado pertenece a uno de sus primeros libros, “Hombre caído”, escrito mientras esperaba su muerte en un sanatorio para tuberculosos: “Entré para morir y salí con el libro bajo el brazo” Colaborador: Ramiro Gallardo, Buenos Aires, Argentina


*Nuestra memoria es una sección de El camaleón que busca recuperar textos de autores fallecidos o injustamente olvidados. La revista no lucra con los textos y siguen siendo propiedad de autores o sus herederos. El camaleón se declara no responsable de cualquier infracción de derechos de autor. Para colaborar envíe el texto, además de una foto del autor, su biografía y el lema: «La presente colaboración está libre de derechos y/o compromisos editoriales» al correo librosdelcamaleon@gmail.com

Puntuación: 1 de 5.

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Nuestra memoria Poesía

Federico García Lorca | Poeta en Nueva York

Considerada por la mayoría de críticos como la mejor obra del autor, en Poeta en Nueva York llegan a su punto culminante los procedimientos formales lorquianos, que sirven de base a una radical protesta social y a una penetrante indagación metafísica. Esta es la primera parte del libro completo.


Dedicatoria: A BEBE Y CARLOS MORA


Los poemas de este libro están escritos en la ciudad de Nueva york el año 1929-1930, en el que el poeta vivió como estudiante en Columbia University.


I: POEMAS DE LA SOLEDAD EN COLUMBIA UNIVERSITY

Furia color de amor / amor color de olvido

Luis Cernuda

VUELTA DE PASEO
 
Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.
Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.
Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.
Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.
Tropezando con mi rostro distinto de cada día.
¡Asesinado por el cielo!
1910

 (INTERMEDIO)
 
Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
no vieron enterrar a los muertos,
ni la feria de ceniza del que llora por la
 madrugada,
ni el corazón que tiembla arrinconado como un
 caballito de mar.
Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
vieron la blanca pared donde orinaban las niñas,
el hocico del toro, la seta venenosa
y una luna incomprensible que iluminaba por los
 rincones
los pedazos de limón seco bajo el negro duro de las
 botellas.
Aquellos ojos míos en el cuello de la jaca,
en el seno traspasado de Santa Rosa dormida,
en los tejados del amor, con gemidos y frescas manos,
en un jardín donde los gatos se comían a las
 ranas.
Desván donde el polvo viejo congrega estatuas
 y musgos,
cajas que guardan silencio de cangrejos
 devorados
en el sitio donde el sueño tropezaba con su realidad.
Allí mis pequeños ojos.
No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!
 
New York, agosto 1929.
 
FABULA Y RUEDA DE LOS TRES AMIGOS
 
Enrique,
Emilio,
Lorenzo.
Estaban los tres helados:
Enrique por el mundo de las camas;
Emilio por el mundo de los ojos y las heridas de las
 manos,
Lorenzo por el mundo de las universidades
 sin tejados.
Lorenzo,
Emilio,
Enrique.
Estaban los tres quemados:
Lorenzo por el mundo de las hojas y las bolas de billar;
Emilio por el mundo de la sangre y los alfileres
 blancos;
Enrique por el mundo de los muertos y los
 periódicos abandonados.
Lorenzo,
Emilio,
Enrique,
estaban los tres enterrados:
Lorenzo en un seno de Flora;
Emilio en la yerta ginebra que se olvida en el vaso;
Enrique en la hormiga, en el mar y en los ojos vacíos de los pájaros.
Lorenzo,
Emilio,
Enrique,
fueron los tres en mis manos
tres montañas chinas,
tres sombras de caballo,
tres paisajes de nieve y una cabaña de azucenas
por los palomares donde la luna se pone plana bajo el
 gallo.
Uno
y uno
y uno,
estaban los tres momificados,
con las moscas del invierno,
con los tinteros que orina el perro y desprecia el
 vilano,
con la brisa que hiela el corazón de todas las madres,
por los blancos derribos de Júpiter donde
 meriendan muerte los borrachos.
Tres
y dos
y uno,
los vi perderse llorando y cantando
por un huevo de gallina,
por la noche que enseñaba su esqueleto de
 tabaco,
por mi dolor lleno de rostros y punzantes
 esquirlas de luna,
por mi alegría de ruedas dentadas y látigos,
por mi pecho turbado por las palomas,
por mi muerte desierta con un solo paseante
 equivocado.
Yo había matado la quinta luna
y bebían agua por las fuentes los abanicos y los
 aplausos.
Tibia leche encerrada de las recién paridas
agitaba las rosas con un largo dolor blanco.
Enrique,
Emilio,
Lorenzo.
Diana es dura.
pero a veces tiene los pechos nublados.
Puede la piedra blanca latir con la sangre del ciervo
y el ciervo puede soñar por los ojos de un
 caballo.
Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.
 
TU INFANCIA EN MENTON
 
Sí, tu niñez ya fábula de fuentes
JORGE GUILLÉN
 
Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.
El tren y la mujer que llena el cielo.
Tu soledad esquiva en los hoteles
y tu máscara pura de otro signo.
Es la niñez del mar y tu silencio
donde los sabios vidrios se quebraban.
Es tu yerta ignorancia donde estuvo
mi torso limitado por el fuego.
Norma de amor te di, hombre de Apolo,
llanto con ruiseñor enajenado,
pero, pasto de ruina, te afilabas
para los breves sueños indecisos.
Pensamiento de enfrente, luz de ayer,
índices y señales del acaso.
Tu cintura de arena sin sosiego
atiende sólo rastros que no escalan.
Pero yo he de buscar por los rincones
tu alma tibia sin ti que no te entiende,
con el dolor de Apolo detenido
con que he roto la máscara que llevas.
Allí, león, allí furia del cielo,
te dejaré pacer en mis mejillas;
allí, caballo azul de mi locura,
pulso de nebulosa y minutero,
he de buscar las piedras de alacranes
y los vestidos de tu madre niña,
llanto de media noche y paño roto
que quitó luna de la sien del muerto.
Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.
Alma extraña de mi hueco de venas,
te he de buscar pequeña y sin raíces.
¡Amor de siempre, amor, amor de nunca!
¡Oh, sí! Yo quiero. ¡Amor, amor! Dejadme.
No me tapen la boca los que buscan
espigas de Saturno por la nieve
o castran animales por un cielo,
clínica y selva de la anatomía.
Amor, amor, amor. Niñez del mar.
Tu alma tibia sin ti que no te entiende.
Amor, amor, un vuelo de la corza
por el pecho sin fin de la blancura.
Y tu niñez, amor, y tu niñez.
El tren y la mujer que llena el cielo.
Ni tú, ni yo, ni el aire, ni las hojas.
Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.
 

Continuará.

La obra de Federico García Lorca es de dominio público desde 2017.

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