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Dos caminos, pero solo un campeón. Bayern Múnich vs Paris Saint Germain en Lisboa

¿Es, como dice la canción de Revólver,
otra historia como tantas
de amor y de mala suerte,
y de un destino traidor?

Juan Villoro, a lo mejor citando a alguien de cuyo nombre de puedo acordarme, dice que el partido perfecto es aquel que termina sin goles, ya que no se cometió ningún error y es en esa disputa en donde podemos apreciar más que nunca el sentido táctico de la estrategia futbolística: dejemos por un lado el ballet de los artistas flotando sobre el terreno de juego, dejemos también por un lado ese genio desequilibrante que con una finta inesperada logra abrir el partido y dejar sentados a un par de defensas, dejemos entonces que el juego de mesa tome protagonismo y solo queden dos pensadores / intelectuales del deporte haciendo su trabajo, moviendo cada piececita con mucho cuidado, con el temor de arruinar la trayectoria del club, con el temor de arruinar la carrera de alguna futura promesa a despegar / la carrera de aquel que quiera posicionarse en la élite de élites, el Olimpo consagrado / su misma carrera después de todo, la del DT, tantas veces tan odiado, tan amado, tan ignorado. Cuántas veces ellos mismos, el DT (masculino o femenino), se ha condenado diciendo que si el equipo gana es gracias a los jugadores, pero si pierde es completa responsabilidad suya, ¿es esto una de las grandes injusticias de la vida cuando deja el alma para procurar darle una buena dinámica a su equipo y un equilibrio desenfrenado al autoestima de sus jugadores, por no decir el sudor, la voz y algunas veces las lágrimas en su línea técnica a un costado del campo? El DT es un león enjaulado que, cuando las cosas van mal, ve cómo sin piedad un ente diabólico arremete contra sus muchachos y él no puede hacer nada, solo ver impotente, gritar que ya es suficiente, gritar que reaccionen sin que lo escuchen porque “hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé…!”, a lo mejor, con suerte, realiza un par de cambios de jugadores esperando que ese hábil movimiento sea la solución de la paliza, pero otras tantas, en realidad las de más cuando el destino ya está escrito, para su perjuicio solamente realizó un cambio de víctima para continuar el martirio. Y, cuando las cosas van bien, la gloria de la batalla bien librada y bien ganada se la lleva el que anotó los goles, el cancerbero que impidió la sentencia de sus compañeros, el defensa que salvó en extremis o algún mediocampista que tomó la batuta del que dirige la orquesta que en los diarios se expondrán al siguiente día como el espectáculo estelar bien conjugado “del equipo / de los jugadores”; el DT si mucho será felicitado por sus mismos muchachos a la hora de ganar una copa y entonces, ahí sí, será alzado hacia el cielo como en ofrenda a los dioses pero, realmente, cuántos pueden lograr tal hazaña, cuántos son víctimas de los resultados y no de su ingenio táctico y entonces, de la forma más cruel les queda despedirse por la puerta de atrás o, si aún quedan fuerzas y orgullo para levantar la cara, mirarlos a los ojos y pronunciar unas palabras, dice un chau, hasta luego, hice que lo pude jóvenes, espero verlos en otra oportunidad.

Así se dio la final de la Champions League de este extraño y horroroso 2020 (temporada 2019-2020), con sendas curiosidades y, quizás, hasta acaboses del DT perdedor: Thomas Tuchel que entrena al París Saint Germain desde 2018 y Hans-Dieter Flick que dirige al Bayern Múnich desde finales del 2019, después de posicionarse como técnico interino tras el despido de Niko Kovac.

Tuchel llega para cumplir con la ansiada obsesión del magnate petrodolariano Nasser Al-Khelaïfi (una de las 100 personas más ricas del mundo) y del Qatar Sports Investmentpor ganar la Champions, pues en su torneo doméstico básicamente todo ya lo tiene ganado desde el papel, teniendo en cuenta una inversión de alrededor de ochocientos ochentaicuatro y piquito millones de euros en fichajes de mega-ultra estrellas del Deporte Rey entre 2011 y 2017 (sin contar las “pequeñas” contrataciones), lo que se estima que rondaría por los mil doscientos millones de euros. Sin embargo, por suerte el dinero no lo es todo, ¡ni siquiera en el futbol como piensan algunos ilusos!, Thomas en su primer año cayó contra el Manchester United en octavos de final con la azarosa y traicionera (siempre y cuando no esté de tu lado, claro) regla del gol de visitante, pero finalmente en su segundo año en el equipo de la Ciudad de las Luces logró dar un paso más en la orden qatarí llegando a la final del torneo de clubes más importante de Europa, pero todos sabemos que los jefes millonarios quieren los objetivos cumplidos sí o sí, por lo que no estamos aún seguros si la cabeza de Tuchel será perdonada por llegar al casi casi o si esos casi casi son insuficientes: “nos hemos dejado el alma en el terreno de juego. Es lo que se puede esperar en una final. No se puede controlar el resultado”, dijo más tarde el Thomas.

Si por un lado tenemos seguramente al PSG como el equipo europeo más despilfarrador de todos, por el otro lado está el Bayern Múnich que se jacta de ser el mejor equipo (o al menos uno de los mejores) en conservar un estado financiero estable, y de una forma u otra bien podría decirse que esta idiosincrasia se vio reflejada esta temporada con los resultados obtenidos tras convertirse en el segundo equipo europeo en lograr dos tripletes, lo que significa ganar la liga y la copa local (o doméstica, como les gusta decir a los comentaristas) y la escurridiza Champions League. En este privilegio de luminarias europeas solamente lo acompaña el FC Barcelona, quien esta temporada fue su víctima en los cuartos de final, atacándola a la yugular sin piedad alguna y sin chance de reacción.

Dos formas muy distintas de ver y planear un equipo de futbol, pero en busca del mismo objetivo.

Entonces, volviendo al partido, este estaba cerradísimo, un juego de ajedrez puro en donde el PSG se había acercado un par de veces de forma peligrosa al arco alemán pero, o pecaron de ilusos al no tirar a matar o la muralla de Manuel Neuer fue implacable, lo cual inevitablemente nos hace preguntarnos si a la hora de estar frente al marco en un mano contra mano y la jugada no acaba en gol, ¿el acierto es del portero o el error es del delantero? El PSG apostaba por el buen toque y la velocidad de Neymar, Mbappé y di María, y el Bayern por la templanza. El medio tiempo acabó con dos jugadas de peligro para cada quien y cada cual, y Jérome Boateng lesionado para dolor de cabeza del equipo bávaro. De esta forma, en el minuto 59del segundo tiempo, el equilibrio del tablero de las piezas bien colocadas se rompe cuando de Joshua Kimmich envía un centro y Kingsley Coman se encuentra más solo que un grito en el desierto, sin marca alguna, incluso sin aparecer sorpresivamente viniendo desde atrás, solamente ahí se encontraba, esperando un bombón que terminó siendo la pelota enviada “a la cocina” y zas, Keylor Navas nada pudo hacer porque el disparo de cabeza fue certero, a contramano y picando, tal y como lo mandan los manuales de futbol en el arte del cabeceo. Y así el partido fue todo para los alemanes, teniendo la posesión lejos de Neuer, con excepción de un susto que no llegó a más y sin el mejor día de las estrellas millonarias del PSG. Me imagino que, con el último pitido del señor árbitro, los qataríes suspiraron desde lo más hondo del pecho y menearon la cabeza de izquierda a derecha viendo pasar camionadas de euros y pensando, en la clásica frase que dicta que estuvo tan cerca y tan lejos, adiós amor mío / no sé si volveré… porque después de todo siempre son los alemanes los que terminan ganando porque no los liquidaste cuando pudiste. El PSG logró derrotar a sus fantasmas yendo a una final de Champions, pero Bayern le cobró derecho de piso: “Tenía la impresión de que el que lograra el primer gol iba a decidir la final”, sentenció el técnico del equipo francés.

Al final de cuentas este encuentro nos deja seis puntos interesantes:

  1. Y es que hiciste de todo para quedarte con la novia: salieron a cenar, fuiste un caballero, la trataste lo mejor que pudiste pero siempre no, gracias. Este fue el caso de Neymar Jr., el encargado de la odiosa frase que indica que debe “echarse el equipo al hombro”, sí, pero con 222 millones de euros cargando en la espalda, el fichaje más caro en la historia, el titán andando con una responsabilidad millonaria que representa esperanza y alegría. Asimismo, Kylian Mbappé, sopesando 145 millones de euros en sus zapatos, el segundo fichaje más caro en la historia, solamente le sirvieron para enviarle un tibio regalito al guardameta alemán. Y así fue, estuvieron tan lejos de lo que se esperaba de ambos…
  2. Una cosa nos lleva a la otra, no todo es dinero en esta vida porque una inversión de 367 no fue suficiente para llevar la Orejona a París, pero nos queda rondando una curiosa duda en el ambiente que se mastica en las salas de prensa, los periódicos, noticieros, mesas redondas de análisis deportivos: ¿es cierto que existe el hecho de la alcurnia / la casta en el futbol? Es decir que no solo se necesita abundante talento y una gruesa chequera sino también prestigio histórico de ciertos equipos para ganar las grandes finales, más si enfrente tuyo se encuentra un monstruo del futbol mundial, cosa que parece indicarnos por qué el Atlético de Madrid no pudo en dos ocasiones frente al odiado Real Madrid, el Tottenham frente al Liverpool al grito de guerra de “you never walk alone”, el Borussia Dortmund frente al mismo Bayern Múnich por mencionar algunos casos de los últimos diez años porque la misma historia puede observarse desde los octavos de final de cualquier gran campeonato.
  3. La inexorable ley del ex: un orgullo herido es la peor arma en la vida y en el futbol, asunto que hemos podido presenciar en una infinidad de casos y la final del domingo 23 de agosto no fue la excepción: Kingsley Coman, el verdugo del PSG, dio sus primeros pasos desde las fuerzas básicas e incluso hasta el debut en el club francés un febrero del 2013 con tan solo 16 años, y zas, vacunados.
  4. El Bayern se convirtió en el primer equipo en ganar la Champions con la perfección de victorias en todos sus encuentros, recordando que a partir de octavos de final solo se jugó a un partido, lo que no le impidió anotar en 43 ocasiones en 11 partidos.
  5. Flick ganó la Champions 2019-2020 en su primera temporada, ingresando al selecto grupo junto con Zidedine Zidane (2016) y Miguel Muñoz (1960) con el Real Madrid, Tony Barton (1982) con el Aston Villa en aquellos lejanos años de equidad económica y por lo tanto equidad en cuanto al poderío de cada club, Pep Guardiola (2009) y Luis Enrique (2015) del FC Barcelona; y si no estoy mal también se convirtió en el tercer entrenador en conseguir un triplete en su primera temporada junto con los ya mencionados Guardiola y Luis Enrique. Hazañas distinguidas para situaciones distinguidas en un año distinguido.
  6. En el Estádio da Luz en Lisboa no entró ningún aficionado por las medidas de seguridad impuestas por la FIFA, por lo que hubo una extraña combinación de profesionalismo y la sed de alentar cual hincha a su equipo por parte de los jugadores del Bayern con gran aliente y del PSG en menor medida, y así el único murmullo que nos rememora al ambiente de un estadio repleto fue gracias que no se olvidaron del primigenio amor al futbol, del jugador número doce, el grito de fuerza que acompaña a los once elegidos por un equipo y once por el otro para representar a la tribu.

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Glosolalia articulada Narrativa

Nietzsche es un excéntrico alienígena, sobre la segunda temporada de Umbrella Academy.

Sobrecompensando un personaje que desperdiciaron la temporada pasada, aquél misántropo y millonario excéntrico cuyos rasgos eruditos y moral de superhombres huele demasiado a la ética nietzscheana así como la erudición, filología, pasión por la música y el look de un pensador del siglo XIX. El personaje ausente que fungió como omnipresente regresó a ser la vértebra de la “historia” para la segunda temporada.

 Antes de hablar de un filósofo alienígena habrá que recorrer lo que fue la temporada dos y colocar a los personajes en lo que se trató de una odisea de encontrar al padre, o bien, de cómo ser amado por un padre psicópata.

*

Aún no hay una verdadera explicación el por qué de los paraguas; la obsesión de este millonario que quiere hacer su escuela x-men; ¿son mutantes, superhéroes, extraterrestres?; ¿cómo sucedió el embarazo de estas mujeres?; si se llevaban tan mal porqué, de repente, se amaron incondicionalmente —y—, la pregunta más importante de todas: ¿la relación de Allison y Luther es incesto?

Para la segunda temporada la lógica interna y algunas consistencias se vieron muy flojas, Vanya destruyó el mundo y, con un golpe de amnesia logró ser una ¿mutante? súper-poderosa, el papá psicópata resultó ser un alienígena a pesar de que en la primera temporada le hicieron una autopsia y, los viajes en el tiempo actúan sin consecuencia alguna hasta el último cliffhanger que se sintió vacío en trama pero conveniente para los bolsillos de la cadena.     

No creo que nada de esto realmente importe, la serie se enfocó desde un inicio en ser una suerte de diversión medio pueril y psicodélica sin mucha congruencia y, en la segunda temporada hay un hombre pescado que fuma adentro de su pecera. Parece cumplir.

Y sí, se ve un poco floja, a veces se pasa lento, Klaus sigue siendo el personaje cómico que engancha a la audiencia para soportar a los demás y cinco sigue siendo un pobre niño sobre-actuado con grandes momentos que prometían un increíble personaje que queda corto.

El guión fue predecible y apeló a ciertos clichés: hay un capítulo que hace un homenaje (¿o plagio?) a Snatch de Guy Ritchie con el mismo soundtrack, (golden brown, The Stranglers), los escenarios son estereotípicos, la comedia apunta a chistes de Luther echándose un pedo en el elevador, por último: el viaje en el tiempo se convierte en una mera excusa para que estos vástagos puedan emprender una odisea para conocer a su padre antes de ser aquel excéntrico demente que los adoptó, más bien los secuestro.

En un flashback muestran el funeral de Ben cuando todos eran pequeños. Aquella figura paterna les dice que como son superhombres deben adecuarse a una moral de éstos y los condena como cómplices de su muerte. Esto se contrasta con su peor momento en la primera temporada que es cuando se revela que mandó a Luther a vivir a la luna sin motivo alguno.

Esta ética de superioridad en lo que todo tiene un fin ulterior, en el que no existe lastima, empatía sino una autonomía del sujeto como responsabilidad impoluta, en la que se deja de creer en el perdón divino o que se quiere evitar necesitar el perdón divino, es aquella ética que Reginald Hargrevees les enseña a sus hijos y, encima de ello, son hijos superdotados así que el concepto del superhombre es tanto metafórico como literal para estos siete bastardos, claro que el experimento de este Nietzsche contemporáneo fracasó.

Aquí es donde cobra cierta paradoja la actitud de los personajes: en efecto son superhombres y cada uno de ellos está roto por dentro, sean inseguridades, adicciones, complejos de grandeza o, simple y llanamente, maniáticos. Estos “héroes” en lugar de tener un enemigo tienen complejos freudianos buscando el amor incondicional de una figura paterna que los desprecia y simplemente los utiliza porque tiene un delirio de que quiere —y puede— salvar a la humanidad; aunque parece odiarla.

La serie funciona como sátira, más como una parodia, al género de superhéroes como Avengers o La liga de la justicia. La idea es poner a siete “superhéroes” sin un universo cinematográfico y que sean unos inútiles; el papá quien fungiría como aquél creador del grupo resulta indiferente ante las necesidades humanas y sobretodo pedagógicas hasta que se explica que simplemente no le importa porque no es humano (también cabría la explicación con el miso Nietzsche). Ellos no pueden ser la liga de la justicia o los vengadores porque ni siquiera tienen un enemigo con el cual combatir, solo son unos hermanos medio idiotas que se meten en problemas, y al tener poderes, estos problemas escalan al Apocalipsis.

Si se hubiera enfocado sólo en satirizar el género, creo que sí tendría críticas por el sinsentido y las conveniencias del guión, Watchment es un buen ejemplo de cómo hacer una sátira al mismo género, convirtiendo a Superman en un extraterrestre indiferente (Dr. Manhattan), al capitán América en un sádico (The Comedian), a Batman en un detective neurótico e indigente (Rorschach). No se trata de ello, se trata de una caricaturización y parodia del género con soundtrack de los backstreet boys, personajes edípicos, trastornos que ocupan el rango completo, desde grandeza hasta depresión. Por último,  mi concepto favorito de esta serie: no son super-héroes, algunos (como Diego y Luther) tienen el complejo, pero son humanos normales que nacieron maldecidos por tener esas habilidades y al maniático Reginald rondando por el mundo buscándolos. Son torpes, sin un coeficiente intelectual envidiable, escasos de táctica, sin equipo, uniforme o disciplina, y, lo más importante, son un experimento fallido. Por el mismo propósito de querer hacer a sus superhombres lo que creó, fueron adultos disfuncionales.

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Arte y cultura Ensayo Poesía

Pablo Antonio Alvarado Moya: Sumatoria nostálgica de Andrés Moreira | reseña y selección poética


La suma de los daños (Casasola Editores, 2020), ópera prima de Yasser Andrés Moreira (Managua, Nicaragua, 1991), constituye con sus cincuenta poemas, organizados en cuatro secciones, una obra depurada, erótica, comprometida, desgarradora y revitalizadora. En su conjunto se percibe una voz poética sencilla que, envuelta en un halo de ironía, logra autenticidad y fulgores de originalidad.

No hay búsqueda de novedad ni caza de lo extraordinario en estos poemas, pero sí equilibrado sentido tradicional, que posibilita las facultades expresivas heredadas, sin la burda osadía de arrojarse al vacío poético imperante, porque no se puede engañar al lenguaje, que posee en sí una fuerza ineludible. Y, en consecuencia, todo poema se traiciona a sí mismo al carecer de auténtica facultad de expresión. 

Ahora bien, como sugiere el título, la presente obra representa el inventario doloroso del poeta, sus astillas y cenizas, que con la alquimia del verbo transmuta en luz.  

En tal sentido, la primera sección “Bitácora de extranjería”, serie de veintiocho haikai no renga (haikus), es la piedra angular del poemario, ya que contiene per se las tres unidades posteriores. Por consiguiente, aquí late la nostalgia por el exilio y el anhelado retorno a la patria (Hace frío/ me descubren extranjero. / Uñas con tierra caliente); la hiriente consagración del Eros (Cae el vestido/ tus senos se asoman/ mis pupilas dilatadas); el hondo lamento por el estallido sociopolítico de Nicaragua (Desde el bus/ oigo las paredes/ susurrar genocidio); y unos versos confesionales de las roturas internas (Mañana seré menos joven. / Hoy no gané un centavo/ escribí un verso).En general, si bien estos haiku no se adhieren a la composición clásica (fondo y forma), que comprende tres versos sin rima, de cinco-siete-cinco moras (sílabas) que reflejen el haimi y el nai-inritsu, como elementos obligatorios, mientras el kigo, el kire y la comparación interna, como elementos importantes, no significa que carezcan de calidad, pues cada vez es mayor la tendencia, justificada o no, de romper ese canon oriental, prescindiendo de algunas reglas prestablecidas. Finalmente, es interesante que Andrés, quizá aceptando el destino de Ícaro del poeta bajo el sol de la Poesía, o tal vez por modestia, confiesa: Escribo, borro, reescribo/ y vuelvo a borrar./ Nada florece., lo cual evidentemente es la antítesis de Hokushi: Escribo, borro, reescribo/ borro otra vez y entonces/ florece una amapola. 

La segunda sección “Palabra húmeda” reverbera aquel verso del padre del surrealismo, André Bretón: La poesía se hace en la cama como el amor. Así, sucesivamente, hasta completar los nueve poemas, destaca en mayor y menor grado esta vanguardia: ahí es donde cae la lluvia dorada/ desde mi lengua que paladea tu granada carmesí/ y mis dedos que se multiplican/ al ritmo de tus espasmos; lenguas húmedas y escorzadas:/ como bocas que besan bocas/ como bocas que besan labios henchidos; tus senos se posan en mis labios/ y tus botones retan a mi lengua/ en un vaivén de santos andariegos. Y merecen mención especial los poemas “Carburaciones” y “Mujer oficinista que cruza la calle”, circunscritos al movimiento futurista, hirvientes de imágenes explosivas que causan una “secuencia de objetos en movimiento multiplicándose y distorsionándose como vibraciones”, tal expresó Marinetti. Sin duda, el primero es el más original de toda la selección: El aire baila in cons tan te/ entre sus pistones/ de materia reluciente y humeante/ el motor V-Twin 1200 cm2/ carbura por sus jeans acaderados/ se retira y regresa/ nunca igual al instante anterior/ en la carretera arterial/ donde habita el durmiente que esconde/ palabras en su pecho. Y, entre la destrucción o el amor, concluye con una reminiscencia a los Epigramas de Cardenal, en el poema “Preludio para una despedida” (Un día amaré a otra/ y ya no te leeré ni leerás mis poemas).

La tercera sección “Memorial del fuego” -dedicado a los torturados, secuestrados, desaparecidos y exilados- y los siete poemas que lo conforman son el desgarro, incursión a la angustia de la realidad social, réquiem a la patria, para hacer del lector un partícipe activo (pars capere) del dolor, violencia, soledad, muerte. No es poesía panfletaria ni discurso político, sino sentimiento de compromiso, reivindicación de la libertad, adscrita levemente al influjo del movimiento poético español de los años cincuenta y sesenta. Ante tanto crimen de lesa humanidad impune, aun con fe estéril, se alza la voz al cielo para extender una plegaria, monólogo de la ausencia (Dador de vida/ encendé las brasas/ entre las vísceras del tiranuelo que dejaste nacer), entre el calvario de cargar cientos de cadáveres, un país hecho necrópolis (sucede que, desde el invierno de abril de 2018/ quiero escribir y el llanto no me deja), porque sí, April is the cruellest month y recuerda a los endecasílabos de Lope de Vega: Quiero escribir y el llanto no me deja/ pruebo a llorar y no descanso tanto. De tal modo, en los dos últimos poemas -entretiens- sentencia la tierra baldía donde no crecen los girasoles de Francisco (A casi medio siglo de distancia, el enemigo/ es el mismo: / nosotros; Hoy, hijo mío, todo sigue siendo igual, o peor). ¿Será por esto que Nada florece? ¿No alude al oficio literario, sino a la sangrienta historia de Nicaragua, que escribimos, borramos, reescribimos y nunca aflora su luz?

La cuarta sección, “Hombre roto”, refleja lo más íntimo del libro, confesiones, oscilación del ideal pesimista y, a la vez, proceso revitalizador, resurrección del otro yo, el verdadero, en lo prístino, en ese modo-de-ser-ahí, que se alcanza al aceptar, como Sísifo, las roturas, al no ser más que una forma de reconstrucción. Es esta la ratio de la alegoría al águila (Será preciso desvestirse del plumaje pesado/ hediondo a viejo/ quedar desnudo ante el frío/ esperar largos meses para que crezcan) y así, tras la renovación, desde el peñasco precipitarse como el trueno, diría Tennyson. El poeta, quizá en vano intento, procura suturar las heridas, pero, ante todo, está la incertidumbre, por eso el intertexto de la Metamorfosis, de Kafka (¿o era cucaracha involucionada a humano?). Y así, después se retoma ¿la búsqueda? al rechazar la “inmortalidad prometida”, pues al final tal vez el hombre sea su propia estrella (Señores, he decidido no renacer/ y no vivir eternamente/ la vida eterna es absurda y renacer, egoísta […] ¿y en qué va a creer este hijo de hombre?), hasta culminar afirmándose por enésima vez como un ser fragmentado que, irónica o desesperadamente, se entrega en un epitafio, ya sin mendigar nada, a quien siempre lo ignoró (Elevé mis rezos/ y no fueron escuchados. / Mi llanto no llegó hasta vos. / Aquí estoy, Señor, un hombre roto/ que solo quiere descansar). 

Y, no menos sustancial, dos aspectos relevantes y atractivos -inusuales- de esta obra homogénea: precisión al titular poemas y fenómeno lingüístico del voceo.

He aquí, pues, esta sumatoria nostálgica, resultado del ejercicio constante de lectura y relectura, escritura y reescritura. Observar: florece frente a nosotros este primer poemario como un girasol, una amapola, un lirio luminoso entre las grietas.


Chinandega, Nicaragua, 1 de julio de 2020


Poemas escogidos de La Suma de los daños

(De Bitácora de extranjería; pp. 14, 15, 38, 36, 30)

II
Hace frío,
me descubren extranjero.
Uñas con tierra caliente.

III
Cae el vestido,
tus senos se asoman,
mis pupilas dilatadas.

XXVI
Desde el bus 
oigo las paredes 
susurrar genocidio.

XXIV
Mañana seré menos joven. 
Hoy no gané un centavo, 
escribí un verso.

XXVIII
Escribo, borro, reescribo 
y vuelvo a borrar. 
Nada florece.

(De Palabra húmeda; pp.45, 49, 48, 46)

Dánae 

“Oh boca vertical de mi amor, 
los soldados de mi boca 
tomarán por asalto tus entrañas (...)” 
Apollinaire 

Este cuadro de Klimt me recuerda a vos, 
-ese que no vimos 
cuando no visitamos la Galería Würthle en Viena-.
Acostada en mi cama, con tus piernas izadas, 
los ojos cerrados, te abrís 
silenciosa y sedienta 
como biblia... 
ahí es donde cae la lluvia dorada, 
desde mi lengua que paladea tu granada carmesí 
y mis dedos que se multiplican al ritmo de tus espasmos. 
Conozco la palabra que buscás, 
es mi nombre empapado 
en sangre 
para recitarlo y quedarte dormida 
como flotando en líquido amniótico.

Otro texto para celebrar tus senos 

Tus senos se posan en mis labios 
y tus botones retan a mi lengua 
en un vaivén de santos andariegos 
¡esos son! 
Santos cálices que sostienen tu cuello. 
Se refractan en ríos puestos de pie
como en reverencia. 
Mis dientes pierden filo.


Los cuerpos 

“Cuando contemplo tu cuerpo extendido 
como un río que nunca acaba de pasar” 
Vicente Aleixandre 

Los cuerpos esparcidos 
entre dunas, 
entre pieles arenadas. 
Inenarrables las manos evocan 
poros devorando extremidades 
lenguas húmedas y escorzadas: 
como bocas que besan bocas 
como bocas que besan labios henchidos. 
Caderas que irán oscilantes. 
La cascada se vuelve río y cenote 
en el abismo donde nace la luz.

Carburaciones 

“Óigame usted, bellísima, 
no soporto su amor” 
Eduardo Lizalde 

El aire baila    in        tan
                          cons     te
entre sus pistones 
de materia reluciente y humeante 
el motor V-Twin 1200 cm2 
carbura por sus jeans acaderados 
se retira y regresa 
nunca igual al instante anterior 
en la carretera arterial 
donde habita el durmiente que esconde 
palabras en su pecho 
manía de mar en madrugada 
petróleo que se flagela 
Efecto que causa 
el Infecto 
de Afecto 
al aire 
que danza entre sus pistones, engranajes y cilindros 
a la tierra que toca Isabel 
las bardas derrumbadas al impacto 
si fuera usted un poco menos bella 
si tuviera los pies ahuesados 
y las nalgas inergonómicas al asiento 
de esta desteñida motocicleta V-RodMuscle 
no tendríamos que acelerar 
cada vez que el semáforo
cambie a ROJO.

(De Memorial del fuego; pp. 64,65)

Fernando 

“Andrés Tu piedra es mi esperanza” 
Fernando Gordillo 


Fernando, 
mi piedra nunca fue esperanza de nadie. 
Ha pasado casi medio siglo y ya ves, 
siempre lo mismo. 
Pudo más el dólar que la sangre. 
Toda la tierra, Fernando. 
Desde Alaska hasta la Patagonia 
desde esta esquina hasta las otras esquinas. 
No tienen lágrimas para llorar ninguna patria. 
Ya no hay piedras sino balas. 
¡Dispará! 
A casi medio siglo de distancia, el enemigo, 
es el mismo: 
                       nosotros.

Hoy, hijo mío... 

“Mañana, hijo mío, todo será distinto...” 
Edwin Castro 

Hoy, hijo mío, nada es distinto. 
La angustia sigue marchando 
a paso firme sin encontrar fondo. 
El campesino es decapitado, cercenado 
y mutilado por quitarle la tierra suya. 
Que es poca, pero ya no es suya. 

Las hijas del obrero y campesinos 
son las prostitutas de los poderosos, como vos. 
No hay pan y menos vestido 
porque su trabajo no merece ser pagado. 
Las lágrimas se mezclan con sangre en las calles. 

Hoy, hijo mío, nada es distinto. 

Caen bombas lacrimógenas, hay cárcel 
y disparos de Dragunov
para quien ose levantar la voz. 
No puedo caminar por las calles 
porque ninguna ciudad es mía, 
ni de tus manos y de las manos de tus hijos. 
Encerró la cárcel tu juventud 
como también encerró a los míos 
y morirás exilado. 
Hoy, hijo mío, todo sigue siendo igual, o peor...
(De Hombre roto; pp.73,75)

El oficio de creer 

“Por el aliento de Dios perecen, 
y por la explosión de su ira 
son consumidos.” 
Job 4:9 

Señores, he decidido no renacer 
y no vivir eternamente 
(la vida eterna es absurda y renacer, egoísta) 
también decidí caminar 
sin miedo por estos picos 
donde abrí los ojos 
la tarde del suicidio del nazareno 
¿y en qué va a creer este hijo de hombre? 
-Se preguntarán molestos- 
“Pobre, ha perdido la fe”
 -murmurarán compungidos-
creo en la sonrisa de un niño cadavérico 
creo en el llanto de un árbol 
creo en la degradación 
de los cuerpos por benévolos gusanos. 
Pero no creo en su dios, 
ese que ama con ira, y amándolos, se iracunda 
-les responderé-.


Para el niño de 1997 

Existen tardes en las que trabajosamente 
logra sentarse frente al escritorio, 
y se parte en llanto. 
La tarde en que muera -porque así lo decidió-: 
olvidarán que fue un mal hijo, 
un mal hermano, un mal amante, 
un mal poeta y un mal amigo. 

Todos olvidarán que fue un mal padre. 
Que fue malo aprendiendo, 
un mal cristiano. 
Que nunca ganó en nada y 
aceptó la derrota como un vencido. 
Olvidarán que les dio la espalda. 
Que no encontró el verso definitivo (lo más vergonzoso).
También su holgazanería y negligencia 
                                                                    serán borradas. 
Todos olvidarán que desertó de todo, 
                                                                    hasta de la vida.
Porque, queramos o no, 
toda la soledad del mundo 
se desgarra en los silencios de ese niño

Pablo Antonio Alvarado Moya (Chinandega, Nicaragua, 2000). Poeta y promotor cultural. Ha publicado poemas en diversas revistas literarias, entre otras: El Hilo Azul, del Centro Nicaragüense de Escritores (CNE); Boletín de la Academia de Buenas Letras de Granada (España); MILETUS (Turquía). Miembro de PEN Internacional/Nicaragua, y del Consejo Editorial de Revista Cultural Chinamitlán. Actualmente, cursa cuarto año de Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA), de Managua.

Andrés Moreira (Nicaragua, 1991). Poeta y editor. Hizo estudios de Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN). Además, participó en el curso “Literatura y Memoria: Chile a 45 años del golpe militar” en la Universidad de Costa Rica (UCR) y en el congreso “XVIII Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana de Estudiantes” en la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA). Algunos de sus poemas han sido traducidos al italiano y al inglés, y fueron publicados en la revista digital del Centro Cultural Tina Modotti y en la página web de Casasola Editores, respectivamente. Ha colaborado en revistas internacionales como Central American Literary Review (Nicaragua), Círculo de poesía (México), Revista Antagónica (Costa Rica), Letralia (Venezuela) La ZëBra (El Salvador) y Revista Ágrafos, de la que es miembro del consejo editorial.

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Poesía

Andrés Belalba Barreto: Al otro extremo del poema

1-
Al otro extremo del poema
hay alguien que nos está mirando
en busca de limitarnos el horizonte
e impedirnos la conquista de territorios posibles
pero los poetas insisten
se dejan llevar por su instinto.

2-

Hay algo que la palabra excluye al ser pronunciada
y queda flotando en una especie de tiempo circular
para luego descender hasta el fondo último
y desde allí poder emerger en un levantamiento inesperado.

3-

A mitad del poema
vacilamos entre regresar o seguir
como cuando cae un muro y nos quedamos
inmóviles en el mismo sitio
dudamos en avanzar ante la escasez de dignidad
y la sequía de humanidad
que nos espera fuera
tenemos que asumir que el calor de la poesía es un instante
que debemos volver frágiles
con el peso de la pobreza
al abismo del vivir.

4-

Al otro extremo del poema
hay alguien que nos está mirando
en busca de limitarnos el horizonte
e impedirnos la conquista de territorios posibles
pero los poetas insisten
se dejan llevar por su instinto.
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Poesía

Flavio Menjívar: La calle no valora a los desgraciados

Si Dios vio lo que ocurrió no le importó en lo absoluto.

Rorschach
Te veo
y me das miedo
tu mirada
realmente me odia

Decime
¿qué te he hecho
para que me observés
con tal menosprecio?

Tus luces
cada vez más cerca
se acercan
a mis narices

Olfateo el olor
a gasolina y el humo 
contaminante
manado de tu escape

Huelo el aceite
que pasa
entre tus cadenas
chirriantes

El ruido aumenta
el motor acelera

¿El fin será fugaz?
Tu mirada
cada vez más endemoniada
se enciende 
al ver mi miedo
inevitable
enmedio del camino

Dios te perdone
querido amigo
porque no podré
hacerlo yo

Tronó el primer hueso
mi cráneo se destrozó
volaron los sesos
y cesó el corazón

La sangre desparramada
es la única 
testigo
del odio infundado 
que me mató

El cuerpo
desaparecerá
pero mi recuerdo
de tu memoria
no se borrará jamás

El brillo de mis ojos
en mis últimos momentos
estará siempre doliendo
en tu corazón enfermo

Amigo
tu odio me inmortalizó
y causó lo contrario a tu objetivo:
mi definitiva eliminación

Mi recuerdo en tu mente
hasta tu muerte 
vivirá
y solo entonces encontrará 
—aunque no vos— la paz
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Narrativa

Meryvid Pérez: Veranos

Ya no sé de la infancia más que un miedo luminoso y una mano que me arrastra a mi otra orilla.

Alejandra Pizarnik

Tengo una caja de ratán trenzado que robé de los objetos que los anteriores inquilinos olvidaron. La vi en la cúspide de un cerro de artefactos religiosos que yacía sobre una coqueta de espejo opaco, en la que mi reflejo fue testigo del inevitable regreso de una práctica de mi infancia. ──Cuando robes algo guárdalo en tu calzón── me aconsejó Susana durante algún recreo escolar. 

Desde que esa táctica me fue revelada, guardé día a día, por lo menos tres chicles pertenecientes a la tienda de una anciana descuidada. Era una ocupación que realicé con maestría y empeño, pero cuando aparecieron caries en mis molares decidí no hacerlo más. Fue una decisión contundente. No hubiera imaginado, que veinte años después, aparecería nuevamente la sensación imperiosa de tener algo que no es mío y la oportunidad de poderlo tomar. Fingir ante el casero la ausencia de ansiedad y nervios de regresar a una manía mal vista, pactó en mi relación con el objeto robado una sensación de complicidad.    

Durante el último año me he vuelto recolectora de recipientes en los que guardo cosas verdaderamente irrelevantes, pero debido al valor que adjudiqué a la caja de ratán, decidí guardar en ella a los que considero mis mejores tesoros: decenas de fotografías rotas y manchadas por el mal cuidado que mis manos de niña les dieron en las mudanzas que viví. Los delgados cruces de la caja acogieron a las imágenes como ningún álbum lo hizo antes. Para acudir a los recuerdos de manera fácil, se me ocurrió diseccionar las fotos en diferentes apartados que marqué con fechas de períodos importantes. Estos, a su vez, tenían divisiones con tarjetas en las que exploré mi escritura creativa. Lo acomodé todo en un orden cronológico. Aquí una muestra de mi labor compiladora.

Allá donde pronto somos niños / y tenemos casa / y en donde las ciudades son fotografías. […] / Allá resides tú, donde reside la memoria.

Elena Garro

I

 (1998-2006)

Tardes amarillas

Durante el mes de abril las grosellas caían por sí solas. Cuando se juntaban al pie del árbol, corríamos descalzas a recogerlas. Utilizábamos de cesto la blusa que lleváramos puesta. Una hoja era lugar para la sal y la piedra grande del patio suficiente mesa. En ella cabíamos tú, yo, alguna vecina invitada y nuestras muñecas. En ella se nos iba la tarde comiendo lo que nos daba el árbol. Hoy tu nombre es el color de la fruta y el gesto amargo de escupir semillas.

Aquarium

Los zapatos de charol rojo pringados de lodo, convierten mis pies en dos grandes catarinas. Mientras las catarinas hacen fiesta en los charcos, la lluvia corre por las tejas, crepita sobre el suelo y se adueña de las calles rotas. No muy lejos, entre el barullo del agua, se escucha el sapo que canta en el monte. 

Recreo en el jardín 

──La lluvia trae peces. ─Declara alguien detrás de una reja de escuela. Entre los barrotes negros, tres dedos pequeños señalan a la calle y cuentan el número de peces que las nubes soltaron. Esta tarde el papel será un barco.  

San Francisco 

Extraño mis días con los pájaros del parque. Eran un grupo de zorzales que presentaba un recital por mes. En las tardes, sobre alguna rama del roble más viejo, cantábamos toda canción ya inventada. Teníamos como lema: “ardua lejanía al polen del ciprés”, lo declarábamos en cada ensayo y hacíamos gárgaras de vinagre dulce con dos hojas de laurel. Fueron los días más felices, hasta que un día derribaron al roble y jamás los volví a ver.

Animal de agua

Te pusiste cinta adhesiva en los dedos para simular escamas. Con engrudo y periódico me hiciste la estrella que decoramos con piedras turquesa y pintura dorada. No podía creer que fueses marino y pedí que lo comprobaras. Frente al mar, vi el momento en el que te salió una cola y te fuiste. Quise ser como tú para nadar con aletas. En cada cumpleaños deseé ser animal de agua y nadar al fondo para ir a buscarte.

Isidoro

Del día que Casiopea llegó recuerdo los estragos de un huracán y el frío. Jugaba en el patio a recoger las pequeñas ramas de los árboles que el huracán tiró en su paso. La radio repetía las medidas de seguridad que yo identificaba con colores. Cuando mi canasta estuvo casi llena, sentí el golpe frío del caparazón en mi piel. Apenas la vi le puse un nombre. Casiopea.  Lucía flaca y fatigada de transitar entre las corrientes de agua sucia del pueblo. No dudé en meterla a casa para mostrársela a mamá. Ella la puso en un traste con agua. Esa noche le pedí a mi nueva amiga que me mostrara el futuro. 

Herencias

De niña cambié muchas veces de casa, eso me hacía sentir igual que un crustáceo. Me gustaba pensar que cada una de ellas era una concha nueva a la que mi cuerpo debía adaptarse porque había crecido. Mientras mis padres vaciaban cajas y acomodaban muebles, me gustaba explorar los espacios en busca de objetos olvidados y rastros de la vida anterior. Mi mudanza favorita fue cuando llegamos a un lugar en donde, se decía, había muerto un niño que tocaba instrumentos de forma magistral. En una de mis tantas exploraciones cotidianas encontré una armónica que seguramente le perteneció a él. Aún recuerdo el latón brillando bajo el sol y la promesa que hice de aprenderla a tocar. Cuando supe lo suficiente, improvisé algunas melodías que ofrecí al eco que habitaba mi casa de nácar. 


Meryvid Pérez (Mérida, Yucatán 1998) es estudiante de la Licenciatura en Literatura Latinoamericana por Universidad Autónoma de Yucatán. Estudió creación literaria en el Centro Estatal de Bellas Artes. Ha publicado textos en las revistas Efecto Antabus, Penumbria y Bítacora de vuelos. 

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Narrativa

Noe Vásquez Reyna: dos cuentos


Lluvia y ceniza 

En los diarios españoles también se reportó la noticia. Después de la necesaria ubicación de la tragedia, se decía que en la aldea El Rodeo encontraron carbonizados a cinco niños dentro de una casa. «La erupción del Volcán de Fuego, en Guatemala, ha arrasado zonas enteras, incluidas aldeas habitadas, que permanecen bajo las cenizas». Una de las fotos áreas que se tomaron de la zona imitaba montañas suizas en un trópico letargo. Una capa blanca grisácea cubría árboles, casas, tráileres estacionados. Un pueblo abandonado en invierno. 

Yo cumpliría cinco años cuando el volcán convirtió en estatuas porosas y plomizas a muchas personas, a niños pequeños como yo y a gente con arrugas como mi abuela. Ese año fue muy raro. Una de mis madres lloró mucho; la otra quizá también lo hizo, pero no lo sé bien porque estuvo meses durmiendo en otra parte. Entraba y salía de casa con su bolso y un libro en la mano. Cuando venía y saludaba, era como si hubiera viajado por semanas aunque nos había visto ayer. Más que a nosotros, parecía que extrañaba su propia vida. Con sus abrazos nos dejaba halos de cigarro y café. Una de las veces que volvió, mamá traía al cuello una tela púrpura, suave. Yo nunca la había visto en casa. Dijo que era un regalo. Tampoco había visto que un regalo turbara e hiciera casi llorar a alguien así. 

El 45 aniversario de mamá se apostilló en otro año de crisis. Continuaban consignas y recorridos en las calles; se cumplían 365 días de la quema de 41 niñas; una erupción hacía virar aviones en vuelo; se comprobó el genocidio por segunda vez; hubo viajes a otros países y una separación. Después me enteraría de que ese año fue de segundas veces. Desde que tengo memoria, nuestras madres nos llevaban a mi hermana y a mí a caminar en las calles del centro histórico, sobre todo porque el país cubría cabezas con costales y les quitaba el aire. Había olvido, tristeza, hambre, enfermedad, egoísmo y cosas sucias. Sin embargo, cuando ellas estaban juntas y reían todo eso no llegaba a los dedos de los pies descalzos de sus hijos. 

Ese año también apareció otra persona en la vida de mis mamás. Nos pedían que la saludáramos, y ella, en lugar de darnos beso, extendía la mano mostrando la palma para que chocáramos las nuestras con la suya. Me parecía tonto, pero sin duda era más aceptable que pegar la mejía a rostros de gente que no nos interesaba. 

Esta otra persona llegó a nuestro cumpleaños, la recuerdo. Nos tomó fotos con su teléfono cuando golpeábamos la piñata en el patio. También comió pastel y revisó la estantería de la sala. No me caía bien. Pensé que se robaría algún libro, pero no lo hizo. Tras ella hubo más silencios incómodos y molestos en casa. Conversaciones a medias cambiaban el tono de las voces de mis madres. Desde la cocina se escuchaban murmullos, que arrastraban emes, eses y erres. Mis tías postizas llegaban seguido y platicaban por horas con mami. Ella dormía en casa, no viajaba tan lejos y con el grifo abierto sobre los platos lavaba, supongo ahora, otro abandono.   

El alejamiento no impedía que fuéramos a la marcha del 30 de junio como familia. En esa ocasión, mi hermana caminaba con mami y yo, con mamá. Había calor y las calles se volvían fatigosas. En las últimas siete cuadras, mamá hizo el camino conmigo en brazos mientras hablaba todo el tiempo con esa otra persona. Quiso cargarme; yo me negué. Volvió a sacar su teléfono y nos tomó fotos a mamá y a mí. Mamá le pidió casi en ruego que se las enviara. Yo nunca las vi.

Esa otra persona era rara. Hablaba y se veía de manera extraña. Si la miraba bien, parecía un búho calvo que se escondía y pretendía quedar bien con sonrisas. Usaba palabras raras, frases enredadas, así que nunca entendí de qué hablaba con mamá. Se veían una a la otra también de manera rara. Era como si todo se congelara y yo ya no estuviera ahí. Eso me molestaba y miraba fijamente a esa persona para que leyera en mis ojos que la odiaba; bueno, lo que yo creía que era odio.  

Mis madres se iban distanciando como barquitos de papel mojados. Llegaron días en que mamá se marchaba después de leernos el cuento de la noche y regresaba durante el desayuno. Una mañana mi hermana fue proactiva. Les dijo que si tenían roto el corazón, lo pegaran. En el cajón había goma y tape, y propuso ayudarlas ella misma. Creo que mi hermana es muy práctica para las cosas complicadas. Yo solo estaba molesto porque eran más niñas que nosotros.

Sé que no me he llevado bien con mamá desde que soy pequeño. No creo que tenga que ver con los lazos biológicos. Mi hermana la imita en todo. De pequeña jugaba a trabajar fingiendo que escribía en computadora, así como mamá lo hacía durante largas horas. Yo intento no ser tan apasionado como ella, pero nunca lo logro.  

El llanto de mami mutaba gradualmente entre que se cerraba la puerta y se apagara el último bombillo. En la oscuridad tomaba la forma de lluvia silenciosa bajo techo. Todo quedaba empapado y un frío triste enmohecía las paredes. Creo que por esa humedad volví a mojar la cama. Algo de lo roto entre mis madres me recuerda la ceniza del volcán. Cómo se puede unir la ceniza. Es imposible con hilo negro, goma o tape. ¿Cómo habían enterrado aquellos cuerpos de ceniza? ¿Se desvanecían al tocarlos? ¿Así morían los vampiros? ¿Eran lodo de lluvia y ceniza?

Mis madres hacían lo necesario para que el fuego, el humo y los despojos alrededor de casa se quedaran detrás del portón de entrada. En sus trabajos eran creativas cuando intentaban que carniceros en trajes de hombre dejaran de violentar vidas. Luego se encargaban de nuestros berrinches, que las agotaban, y más de una vez, las respuestas de mi hermana o las mías les cortaban el aire, como si contuvieran en la garganta ausencias, frustración, rabia. A veces gritaban, como lo hace quien alguna vez perdió. 

¿Qué pasa cuando un niño descubre que el peor de sus miedos es posible? Mi miedo más terrible de niño era que mis mamás ya no fueran las mismas, que mintieran, que ya no rieran juntas y que la separación fuera radical y para siempre. Me di cuenta de que ese miedo era más horrible que ver por las noches al monstruo cubierto de escamas y lodo, con rostro de hombre desfigurado, que vivía bajo la cama. Cuando salía, se arrastraba por la habitación en cuatro patas. Luego saltaba a mis pies y se sentaba. Me veía con ojos blancos y extraños mientras sacaba su larguísima lengua para intentar tocarme. Mi hermana nunca lo vio. Con el tiempo entendí que si los corazones se lastiman más de una vez, nunca serán suficientes los remiendos para curar, sobre todo, el vacío. 

El 27 de septiembre de 2018 se acabó la distancia entre mis madres. Llegaron a casa juntas y ya ninguna huyó. Yo las noté raras, más cariñosas que siempre, pero en la mirada habían perdido algo que no estaba relacionado con su separación. Al año siguiente nosotros empezamos la escuela y después crecimos muy rápido. Imagino que los corazones de mis mamás tendrán rendijas de varios tamaños, y duras y anchas cicatrices.  

Muchas marchas después, mamá me contó la historia de aquella persona. Ella con cerveza, yo con whiskey, hablábamos por primera vez de su vida. La escuché y pensé en la edad de la inocencia, me sorprendió saber que este país tuviera. Sabía que tenía ternura, ¿pero inocencia? Sus hermosos rizos plateados caían libres y más largos sobre su lado izquierdo. Cada surco de su rostro era bello. Cuando acabó, le pregunté si la había vuelto a ver. Solo dijo: “A veces no niegas la mirada, solo la guardas”. 


Conversación 

Nuestros muertos llegan a ser parte de nosotros mismos. Se adhieren a la piel. Hay una simbiosis metafísica a la que quizá Cien años de soledad se refiere sobre la pertenencia y los cementerios. Cuando era apenas niña me apropié de tres muertos que en realidad no conocí; después vendrían más. Fantaseo con que se incrustaron en los ojos detrás de los ojos para acercarme a la finitud y la belleza. En estos países bañados por dos mares hablamos con los muertos. Iluso es pensar esa conversación hecha de palabras, ideas y miedo. 

La primera muerte que hice mía sucedió en marzo de 1983. Mi madre sobrevivió a su tercer parto  ̶ nací yo ̶  y a un duelo terrible. La mujer que la abrazó y le había enseñado ternura de segunda madre murió en un accidente de carretera cuando se dirigía de Quetzaltenango a la Ciudad de Guatemala para conocer al nuevo bebé. La ausencia para mi madre  fue vasta. A consecuencia de su pérdida ya no pudo amamantarme. 

Nueve años después vendría la segunda muerte. A principios de abril regresábamos a la escuela después de los días libres por Semana Santa. Las monjas nos informaron, después de la oración de la mañana, que una niña que cursaba tercero primaria conmigo había muerto en un accidente de tránsito. Los accidentes de tránsito no son tal cosa acá, sino negligencia, cobardía y corrupción. La recuerdo como una niña frágil: rizos castaño-rojizos, tez palorosa, ojos-ventanas-caramelos cristalinos, más café que leche. Su nombre iniciaba con M. ¿Mariana? ¿Milvia? He olvidado las demás letras. A mis nueve años sentí en la garganta un hormigueo que iba en tropelía desgañitando en una inexistente manzana de Adán. Era áspero, un no-ser-estar arenoso. 

Siete semanas santas después, el profesor guía llevó la noticia de que uno de nuestros compañeros del bachillerato se había ahogado cuando nadaba en un río. Él era nuevo en el colegio. Tenía dieciséis años, piel brillante-no-blanca acariciada por un sol de las cinco de la tarde, pestañas largas como uñas drag, ojos semitransparentes y profundos como la oscuridad. Mentón partido, barba afeitada, sonrisa infalible, aura dulce. Era hermoso. Tampoco recuerdo su nombre, pero su rostro sigue ahí en una de mis películas cursis favoritas.

La cuarta muerte tuvo nombre y apellido. Muy adulta entendí la importancia de la identidad y de llamar a cada quien por su nombre, preferiblemente si cada quien lo ha elegido. Mayo había ingresado en la universidad para estudiar literatura tres años después de que yo lo hiciera. Mayo Oliveros era un alma vieja no ficticia y tenía nombre de mes. La atracción fue natural e irremediable. Hablé con él una única vez. Hablamos de ángeles sin rostro, de jazz, de soledad, de todo. Era un pequeño fotógrafo de la melancolía. Cuarteaba el mundo con tristeza y lo tragaba a velocidades de sonido. Cuando se suicidó, lo lloré como nunca había llorado a un niño viejo. Después de su entierro, le vi con su gorra varias veces en la avenida La Reforma. Escuché su voz repetir mi nombre una vez. Escribí una obra de teatro para él. Lo perdoné por abandonar el mundo, me perdoné por envidiarlo un poco. 

Dicen que la muerte solo te ayuda a pasar al otro lado, al que tememos porque lleva implícito nuestro limitado pero amplificado escenario creado de sueños, delirios, destinos, deseos, desesperos y destrucción. El admirado profesor West profetizó que la pregunta primordial era qué significa ser humano, y que para ello es preciso tener consciencia de que se es finito. 

En la muerte número cinco enterré a mi novia un domingo. Los domingos quedaron desterrados de la semana por mucho tiempo. El cáncer tiene una voluntad cruel y verlo abrasar el cuerpo de quien amas es sentir una hiena alojada entre los pulmones que te carcome las entrañas mientras chilla-ríe. Las primeras veces, las conversaciones, los libros, lo justo, los ideales de no ser mediocre… todo lo abstracto fue dejando pistas con serpientes marinas, monólogos interiores, colores y plumas brillantes, eclecticidades sonoras y promesas de que la inmovilidad no es una opción. 

Morir es tan real y cercano que conversar con los muertos es un engranaje consecuente, pero lo hemos olvidado. Meses antes de quedar postrada, mi novia había contestado «Tranquila en mi cama» a la pregunta cómo te gustaría morir. También era bruja. Estas personas que yo no quería que partieran no tenían en cuenta mi opinión, porque no se trataba de mí. Imagino dimensiones en las que todas ellas son fragmentos que resuenan en el viento húmedo que anticipa a la lluvia.  

Entre mis muertos y los de otras personas también ocurren las muertes violentas y las crueles, las que suman miles y contando. Las que se difuminan en cifras grises y neutrales, las que no tienen una fotografía con sonrisa. En esto que nos han dicho que se llama vida se ha trastocado una pieza del tiempo que nos hace creer que hay futuros y que debemos prepararnos para ellos, a costa de no regresar sobre los pasos, a costa del olvido.

En una buganvilia, en el sonido de una palabra, en una calle mojada, en el ruido del vecino pueden aparecer señales. Señales de un diálogo interrumpido por falta de creatividad y silencio. A veces las señales llegan claras y burbujeantes como huevos en aceite caliente, también queman. 

Con los años las conexiones enmudecen. Un diciembre reciente, si no mal recuerdo el mes, me sumergí en la tarea de escuchar murmullos más sensibles porque la creatividad estaba perdida debajo de las piedras. Con dos amigas decidimos ir con una médium. Los nervios mutaban en ruidos de intestino. Cuando empezó el trance, el frío hizo que la voz se convirtiera en humo. Aunque no había llegado a preguntar por mis muertos y no los pensaba en mucho tiempo, en esa sesión uno tras otra y en unión tomaron la forma de niña de unos siete años, con el vestido blanco cliché. 

Se parecía a la niña que la gente decía que veía por las noches en el edificio en que trabajé durante siete años. Cada piso tenía su propia historia sobre ella. La veían parada en uno de los sanitarios del tercero, movía las sillas en el noveno, registraba los escritorios del cuarto, hacía pintas en las paredes del parqueo. Con su vestido blanco cliché, ella no dijo nada; éramos viejas conocidas. Confirmé que era ella porque la había soñado. En el sueño, yo subía al noveno, el elevador se detenía, se abría y ahí estaba de espaldas en el recibidor oscuro, sobre una silla. Cuando ella giró, desperté. 

Hilamos fino esa noche con su vestido blanco. Todo estaba conectado: cifras, polifonía, laberintos infinitos, abecedarios, rostros, máscaras y la nada. La tela de araña era un hecho. Las dimensiones se limitan a los ojos delante de los ojos. El tiempo no une dos puntos, es más denso. Cuando la música termina, también la fiesta. La niña se hizo bruma, ya había logrado decir otra cosa a alguien más. 

Al terminar, mis amigas me veían con caras de angustia. Yo tenía paz. Nuestros muertos llegan a ser parte de nosotros mismos. Se adhieren a la piel. Ellos hablan, pero sería iluso imaginar esa conversación hecha de gatos amarillos que van saltando del tejado al balcón. 


Noe Vásquez Reyna (Ciudad de Guatemala, 1983) Con formación en literatura y comunicación, ha publicado dos libros de relatos, una novela corta para niños y un poemario digital. Ensayos literarios, artículos, columnas de opinión y trabajos de ficción han sido publicados en antologías y revistas de Guatemala, El Salvador, Alemania y Noruega. Actualmente trabaja en gestión cultural y es columnista y subdirectora de la revista digital centroamericana Casi literal. Es cofundadora del colectivo de diversidad sexual Promiscuos ConCiencia, que organiza charlas colectivas sobre vínculos y relaciones humanas. Por convicciones políticas-existenciales, tiene tres perras y cuatro gatos, no come carne y se mueve en bicicleta.

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Poesía

Salvador Zambrana: Managua City Blues [y otros poemas]

Arthur Wolfinguer

Pequeño, ¿Quién te asustó?
Tus ojos y esa ininteligible figura
con apariencia de sombra,que se presentó ante mí y preguntó:

¿Por qué te escondes?
Si uno somos en la noche, a solas.

Escribir un poema es tan difícil

                                                       «Difícil cada vez más la poesía»
                                                                    Carlos Martínez Rivas.

Escribir un poema es tan difícil,
cuando ya casi todo está escrito.
Al poeta solo le hace falta decir,
menoscabadamente, que la poesía,
y más ahora, se ha convertido en un mito.

Nos hizo falta tener alas,
descender al infierno,
creer en el Diablo antes que en Dios,
y darnos cuenta, que al final de la muerte

no hay más nada.

Todo es en vano,
no cuando se encuentra la palabra
ante el hecho real o imaginario
donde se forma ese Pájaro en el cielo,
o el Caballo salvaje en la colina,
—tampoco es para tanto— porque si no es el misterio
y la gloria, entonces la ruina.

Bilogía Romántica

A Hazel Reyes.

I

Yo que creí burlar el inexorable y brutal
poder del Amor

heme aquí
c o n d e n a do como la piedra a ser piedra
como la flor a ser flor.

Tú que sobre todos los hombres
me elegiste a mí
vasta e inimaginable sensación elevada
a la potencia del corazón raudo:

Mirada, gesto, palabra
Así un secreto ceñido a los labios

¡Oh! Las líneas de tus manos como un epigrama.

II


Hay días en los que aborrezco mi sobria existencia.
Días que son para mí un espejismo,
pero no hay noche en la que no te vea
como un pensamiento que, de pronto, olvido.

Días y sin aviso se cae la casa,
se incendia, y a empezar de nuevo
desde el jardín hasta la puerta de entrada.

Al menos te di:
Un pedazo del mar.
Un poema de amor.
Un libro.

Managua City Blues

I

Poseído y ebrio al fin me explayo en todo
lo idealizado por el hombre, hasta ahora,
y principalmente en la incertidumbre
de vivir en duplicidad, entre otros yo.

II

Mientras envejezco, con esto
la poesía,
me enviajo a través de sus lindes
hacia la expiación de una infinitud mayor
que son los tres rostros del alma
invadida

donde se esconde ante los ojos del mundo
ante los ojos tristes y miserables del mundo
el verdadero Dios.

III

Todos en exilio terrenal

excepto yo
que vivo exiliado en mi propio cuerpo.

Mi espíritu se hace trescientos años más joven
mientras el tiempo pasa con su pretexto
venidero.

He reencarnado, quizá y hasta haya muerto
suficientes veces ya, 

como para lapidar
con un centenar de nombres
distintos cementerios.

Borrachos sin fronteras

En la Taberna
me siento y presencio el espectáculo
de borrachos que luchan entre ellos mismos
por saberse quién más decadente.

La música trae viejos recuerdos, acaso sepultados
de amores perdidos.

No he almorzado –adrede–.
El licor cumple su función.
Vuelve a mí el rumor de tu beso traicionero
de la muerte.

Me confieso con el mozo.
Solo asienta con la cabeza, sí, dice,
pareciera entender todo lo que digo.

Solo le importa que pague la cuenta.

Declamo un poema.
Hay aplausos.

Alguien manda a mi mesa otro litro.

Textos del poemario inédito “Alter Ego”.


Salvador Zambrana Gutiérrez (Managua, Nicaragua 1997). Estudia Comunicación en la Universidad Centroamericana (UCA). Textos suyos han sido publicados en revistas digitales como Liberoamérica, Letralia, Ágrafos, y ha colaborado en la revista y editorial Buenos Aires Poetry. Fue incluido en la antología nicaragüense “Imprecisa imagen de los noventa” publicada en Revista Abril.

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Agibílibus

Arte maldito: los Niños llorones de Bruno Amadio

El mundo del arte está envuelto entre los más grandes y fascinantes misterios que se pueden imaginar. Así como hay mensajes esotéricos y encriptados entre melodías, diálogos y trazos, también hay otra clase de contenidos que saltan a la vista y que son más fáciles de percibir con nuestros sentidos finitos.

Basta con asomar la mirada a una melodía, un párrafo o personaje para presentir ese escalofrío extraño sobre nuestros pellejos. Ese “algo” nos contempla frente a frente y nos sentimos desnudos y vulnerables. Sabemos que una profunda tristeza nos violenta y absorbe. Nos sentimos desolados, encantados y malditos ante aquel arte. Eso y más podemos sentir frente a las pinturas enigmáticas  de Bruno Amadio, sus Niños llorones.

¿Pero a qué se debe esa sensación desbordante de pena? Al analizar las intenciones del artista se puede deducir que buscaba plasmar el dolor y la crudeza de la guerra a través del sufrimiento de los niños (en específico la Segunda Guerra Mundial). En estos cuadros se expresa una figura infantil desganada y triste en medio de un llanto desconsolado.

Estas obras de gran valor humano y dramático son hermosas, y sin embargo, emiten un aura extraña, maldita, casi demoniaca. Esos Niños llorones parecen abstraerse de su llanto y pareciera mirar fijamente a los ojos de los espectadores. Hay que ser muy valientes para aguantarles la mirada por mucho tiempo.

Es por ese halo enigmático que estas pinturas, incluyendo a su autor, se han visto envuelto en teorías y leyendas diabólicas acerca de su origen, su fama, y su maldición que afecta a los poseedores que se han atrevido a colgar los cuadros y exhibirlos en hogares y museos. Esta maldición no se limita a un solo cuadro en específico. Hay 27 cuadros de Niños llorones y cada uno de ellos está envuelto en historias misteriosas de terror, dolor e incendios devastadores.

Sobre el enigmático artista se ha escrito e indagado bastante, aunque no hay muchos datos oficiales acerca de este pintor maldito. Brumo Amadio, italiano, fascista y combatiente en la Segunda Guerra Mundial, muchas vece firmaba sus pinturas con diferentes pseudónimos. La leyenda cuenta que él viví enfadado ya que se tenía así mismo como un artista con gran talento que casi nadie podía igualar. Debido a esto creía que no podía disfrutar de la fama y atención que él merecía, por lo que se vio influenciado a realizar un pacto con el demonio para poder gozar de la atención y reconocimiento que tanto buscaba.

Aunque parezca sorprendente, la tan esperada fama le llegó a Amadio de la noche a la mañana y sus pinturas cobraron un gran valor entre el público. Aunque sus obras fueron valoradas entre las personas y conocedores, fueron acompañadas por desgracias e infortunios para aquellos que las adquirieron y expusieron en sus hogares.

En muchos de los casos las llamas y otros sucesos paranormales azotaron de manera inexplicable a los desafortunados dueños de algún Niño llorón de Amadio. Con el paso del tiempo la leyenda comenzó a ganar popularidad e incluso se afirmó que la maldición de los niños llorones no se limitaba a los cuadros originales, ya que el aura maldita podía extenderse a las reproducciones y otras representaciones de las pinturas.

Fue así que los cuadros y su leyenda oscura llegan hasta nuestros días, gozando de la fama que el artista quería lograr. Muchos de estos cuadros son valorados y temidos por igual. Por todos lados abundan las reproducciones tanto en el ámbito virtual como el físico. Pese a las advertencias, son realmente pocos los que se atreven a colgar y exhibir una de esas pinturas en sus hogares.

Pararse frente a uno de estos Niños Llorones requiere de gran templanza. Contemplar esas escenas donde reinan el dolor, la miseria y el abandono ocasionado por la guerra en un ser tan frágil como lo es un niño. Estas escenas son acompañadas por un aura extraña de asecho. Esos ojos llorosos parecen mirarnos con una pesadez ajena a las lágrimas.

Esas muecas parecen retorcerse mientras nos analizan de pies a cabeza. Casi como si fueran los testigos infantiles de las desgracias e infortunios que están por caer en los incautos espectadores que contemplan una aparente pintura con temas antibélicos de un artista italiano. Hay una tierna y macabra belleza en estas obras.

¿Cuántos pueden devolver la mirada, o tan sólo evitar pestañear, ante esa multitud de ojos llorosos y macabros que nos miran y hechizan?

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Cuentos del Tercer Mundo

LA MENTIRA Y LOS DOBLES SENTIDOS SE HAN VUELTO LA NORMA.

Brujografía: arte, disciplina, práctica, escuela, movimiento en el cual la palabra regresa a la altura, importancia, magia y poder que ha perdido por culpa de una cultura enferma, hipócrita, incapaz de vivir con transparencia.

Mis textos esconden conjuros, entrega, desapego, sinceridad, dolor, ansiedad, depresión, y cuanta frecuencia emocional sufre o goza un ser humano a la merced de un filtro cultural que no le permite colocarse cara a cara con su pasión, sino que lo confunde para que proyecte sus conflictos de forma errónea en direcciones equivocadas y lugares que no corresponden, causando que la energía se estanque y se marchite.

El lenguaje no debe ser utilizado para provocar malentendidos entre miembros de la sociedad humana, así lo ha utilizado la cultura de separación y dominio, para desconectarnos de cada quien y de nosotros mismos.

Las Redes Sociales, son una mierda en el sentido de que permiten, facilitan y refuerzan los pseudoselfs en los seres humanos, y con ello me refiero a las versiones falsas que construimos de nosotros mismos, esa es ahora la versión que hay que aceptar de los demás, y tratarlos por medio de esas caras inexistentes y vidas fantasiosas.

La marihuana es un antídoto que elimina las concepciones que se sostienen sobre los dobles falsos culturales que nos inculcaron desde niños. Permite ejercer el pensamiento sin muchos de los filtros y adulteraciones que nos programó la máquina estatal para que nos mantengamos dentro de un marco limitado y limitante.

Pd: Fumen un montón, luego vemos cómo enderezar el desorden, lo importante ahorita es destruir la cultura.

Alonso Garro Rangel, poeta de CDMX, creció en Costa Rica hasta que las oportunidades lo llevaron a buscar sus raíces en la capital Azteca. Es creador del proyecto @Brujografia y skate profesional.

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Poesía

camaleónica: poesía latinoamericana contemporánea | selección y prefacio de Fernando Vérkell (antología poética)

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Canaimera

Yuliana Ortiz Ruano | La noche negra como la grupa de un potro

En los libros de los Aranyakas, un apéndice de los Brahamanas hindúes, se puede leer que “en verdad, el alba es la cabeza del caballo sacrifical. El sol es su ojo…el viento su aliento…el cielo su lomo…la atmosfera su vientre, la tierra su bajovientre…los días y las noches sus patas…las estrellas sus huesos…las nubes su carne…las montañas sus hígados y sus pulmones…cuando bosteza, relampaguea; cuando se sacude truena, cuando orina, llueve…y la palabra es en realidad su relincho”.  Siguiendo con el espíritu hinduista, puedo pensar que Yuliana Ortiz Ruano (Esmeraldas, Ecuador 1992) será la reencarnación de alguno de los escribas que hace miles de años imaginó el poema. Lo pienso, porque estos versos rituales me vinieron a la mente cuando leí por primera vez la poesía de Ortiz Ruano, quien ha dicho de sí misma “Soy ese caballo de cuatro metros de altura extinto ya”. Una personalidad fuerte escoge símbolos fuertes que le representen. Que lo diga Odiseo, que lo diga García Lorca que miró la noche en la grupa de un potro azabache. Quienes nos hemos dejado fascinar por esos símbolos de grupa y crines, sabemos la fuerza hipnótica que ejercen los caballos en sus amantes. Por ello, en la presente Canaimera, resulta un privilegio dialogar con Yuliana, porque me he dejado hipnotizar, desde mis primeras lecturas, por su obra, por sus versos de galope azabache. Yuliana no escribe desde la vida privilegiada, sino desde el estupor del barrio, del pueblo, de la orilla. Suya es la visión del margen, del infortunado, del relegado cimarrón, de las mujeres violentadas por ser mujeres, por ser negras, en un continente que no se sacude sus taras coloniales y sigue negando una de sus tres raíces: la raíz africana, quizá la más dolorosa, porque fue arrebatada de otra tierra y obligada a crecer en lares ajenos, tiranizada. Una raíz fuerte, alegre, que nos ha dado música, que nos ha dado colores, que nos ha dado letras, nombres, mitos, héroes. La América negra, insurgente, sensible, artística, revolucionaria, femenina y masculina. La América negra y libertaria, ¡Libertaria! La joven poeta Yuliana Ortiz Rubio es editora y fundadora de la revista El Cráneo de Pangea,  ha publicado los libros Sovoz (Hanan Harawi y Todos tus crímenes quedarán impunes, coedición peruano ecuatoriana) y Canciones desde el fin del mundo (Amauta &Yaguar). Obtuvo, en 2017, la mención honorífica en el concurso Poesía en Paralelo. Su poesía ha sido publicada en diversas revistas y plataformas de su natal Ecuador y de Argentina, Colombia, Venezuela, México, España y Portugal.

  • Yuliana, es demasiado fuerte lo hípico en ti.  ¿qué son esos dioses caballos que tanto galopan en tu poética?
  • El caballo dentro de lo que escribo intenta dar nombre o significar lo que no puede ser dicho a través de la boca. Es un parentesco extraño entre el animal y mis silencios, entre la locura de la búsqueda de un lenguaje desbocado que sigo intentando conseguir.
  • Pienso en ese gusto tuyo por los caballos, un gusto por demás bucólico, y recuerdo que provienes de la provincia, de Esmeraldas, ¿cuánto te ha diferenciado esto de otros creadores, de otras escrituras que nacen del centro, de la capital o de ciudades con mayor preponderancia socioeconómica?
  • Es interesante que preguntes esto porque a veces se intenta designar dentro de la escritura una especie de igualdad inexistente. Si hablo específicamente de lo literario, ser de Esmeraldas también significa ser de una tradición que bebe mucho más de los y las autoras del Caribe que de los autores de la capital como tal. También es una literatura alimentada de la oralidad, de la palabra viva. Las preguntas que me surgen antes de escribir vienen de otros lugares, por ejemplo, de las cartografías oficiales de Ecuador en las que mis Islas no aparecen, pero sí aparecen Las Galápagos, o en lo fantasmal que puede resultar a veces vivir dentro de la categoría del acontecimiento o de la emergencia. También la urgencia de escribir me surge del vínculo por la memoria, es más una búsqueda que una certeza.
  • La cultura negra también está presente en tu obra de manera muy palpable, ¿de qué manera te determina, te define?
  • Es que no quiero escapar de mi corporalidad. La primera vez que escribí algo intenté hacerlo desde una voz “neutral”, porque había escuchado en un conversatorio de escritores que esa era la forma de escribir. Por suerte mi cuerpo se supo imponer y llevarme acaballada hasta sus propias urgencias. No estoy segura de que mi escritura sea lo suficientemente fuerte o lo suficientemente importante pero sí es producto de una urgencia que es más fuerte que mi propio yo. Es una forma en la que se hilvanan también mis propias vulnerabilidades, de mi debilidad que a veces puede ser un lugar común pero es el lugar que me surge… y no quiero mentirme, por eso lo dejo salir.
  • ¿Consideras que escribes una poesía feminista?
  • Cada vez tengo menos certeza de lo que escribo, no sé si es poético pero intento que sea real (?) Creo que los feminismos son formas de autonombrarse también, entonces yo no catalogaría a mi escritura como feminista. Creo que hay otras acciones en mí que agencian esa característica, no estoy segura de que mi escritura lo sea. Tampoco me molesta que digan que mi escritura es feminista, pienso que las lectoras o lectores (si es que existen jajaja) pueden tomar mis textos y darles la mirada que prefieran, yo no soy mucho de defender mi trabajo ni catalogarlo como tal… pienso que esa es una tarea que no me corresponde. 
  • La música, sobre todo la afroamericana, parece ser también una de tus obsesiones.
  • Lo es sin duda, todo lo que soy (si soy algo) se lo debo a la música con la que crecí, a la música que fui descubriendo en los viajes; la música de mis tías (ñañas), la música de mi padre, la música que me mostró mi medio-hermano mayor; la música de mis ex amantes, la música que me muestran mis hermanas menores, la salsa, el mambo, el boogaloo, el hip hop, el rap, la soka, el dancehall, la samba, la champeta, el new wave, la bachata, la música del chocó ecuatoriano y colombiano. Todo. Sin música no vivo.
  • Gracias a tu proyecto Cráneo de Pangea has tenido la oportunidad de publicar y dialogar con diversos creadores de nuestro continente. Además has vivido la oportunidad de participar en varios encuentros literarios en Chile, Perú y Ecuador.  Desde esta experiencia ¿cuál es tu visión de la literatura latinoamericana contemporánea? ¿Cómo se ha dado el diálogo con tus pares?
  • Creo que decir literatura latinoamericana es decir demasiado, hay distintas voces que beben de distintas tradiciones. Algo que puedo decir, especialmente sobre lo que me gusta y disfruto leer es que hay una ausencia de miedo que me deja absorta. Tal vez se pueda construir un encuentro desde ahí, desde ese no-miedo que posibilita el surgimiento de las voces tan disímiles entre sí (me niego a eliminar la diferencia).
  • Oye, ¿y cuál es el papel que están jugando las plataformas digitales en este proceso?
  • Yo pienso que las plataformas digitales son un arma de doble filo, si observamos con detenimiento siguen siendo los mismos países dominantes de siempre los dueños del algoritmo. Entonces sigue siendo visible lo que ya era visible e invisible lo invisible. Hay que aprender a mirar más allá del algoritmo dominante, hay tanta información en la red que a veces se pierden autores interesantísimos por falta de visibilidad. Como lectoras, necesitamos urgentemente ayudarnos de las plataformas para seguir leyendo, pero tomando en consideración que hay otras formas literarias aconteciendo fuera de lo que se ve rápidamente. Toca mapearlo, buscarlo. 
  • ¿Cómo funciona eso de ser clúster de Liberoamérica?
  • Funciona para subir contenido y hacerlo visible desde la autogestión, era una forma interesante de publicación pero sobre todo de visibilizar lo que se estaba haciendo. Sin embargo, yo dejé de publicar en la plataforma porque me cuesta mucho autoeditarme, prefiero siempre la voz o mirada de una persona externa a mí para que queden realmente bien organizados mis textos.
  • ¿Qué significa ser escritora en Ecuador?
  • No tengo la menor idea (jajaja), creo que la experiencia de la escritura es distinta para cada persona. En mi caso, no tengo idea cómo publicar en Ecuador ni cómo moverme dentro de los procesos editoriales en mi país, sin embargo, hay muchas autoras que sí. Recientemente se han publicado a muchas y todas buenísimas. En mi caso, cada vez me siento más perdida, escribo porque me urge, lo demás vendrá cuando tenga que venir o capaz nunca, es algo que a veces me preocupa pero la mayoría de las veces me tiene sin cuidado.
  • Desde tu privilegiada juventud, ¿cuáles son los sueños de la poeta Ortiz Ruano?
  • Me siento a veces demasiado vieja en realidad, tengo amigas y amigos de mi edad que están haciendo muchísimo. Tengo demasiados sueños pero no tengo idea si se puedan realizar. A corto plazo terminar de una maldita vez mi pregrado (me boté de una carrera anteriormente), esperar otra beca para hacer un máster y seguir escribiendo aunque no tenga idea qué hacer con lo que escribo. También quiero volver a vivir en la playa y tener una librería allí pero para eso se necesita dinero y no hay (jajaja).
  • Una pregunta suelta, ¿qué significan para ti la reencarnación y la carne?
  • No estoy segura, pero sí tengo certeza que somos también la historia de las personas que nos antecedieron entonces, somos más antiguos de lo que pensamos. O para no hablar por nadie, yo siento que soy muy antigua, que he vivido en el desierto. Que he hablado un idioma ilegible y que no tengo solo mi edad sino como mínimo unos 500 años. Y la carne es todo lo que late, lo que duele y lo que urge. Si escribo es porque me late el cuerpo, porque los músculos me lo exigen.
  • Por último, Yuliana, ¿porqué en aquel verso donde eres un caballo de cuatro metros, eres caballo y no yegua?
  • Porque a veces me siento más masculina que femenina, porque a veces lo femenino no me alcanza y porque no encuentro obsesiones símiles en las yeguas pero sí en los caballos, es decir, no tengo idea por qué.

*La imagen que acompaña este textos es obra del fotógrafo Ricardo Bohórquez.

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Cinefilia crónica

El cine como arte | Un testimonio vivo

El arte posee cierta dosis de atemporalidad, es eso lo que le permite a Starry Night de Vincent van Gogh, o a Für Elise de Beethoven, ser obras sublimes que trasciendan el tiempo, y que aún hoy, como seguro lo harán mañana, millones de personas alrededor del mundo sigan contemplando su valor y belleza. Representaciones como la escultura, la pintura, la música, la danza, la arquitectura, o la literatura, son tan antiguas como la historia humana lo es, de hecho, son estas las seis artes de la antigüedad. Algunas formas reconocidas, nacidas en el seno de estas disciplinas, fueron realizadas en los siglos previos a la era cristiana, en el Egipto Faraónico o en la Grecia Antigua, incluso mucho antes —milenios antes—, en la prehistoria, cuando las incipientes comunidades humanas eran pequeñas tribus nómadas conformadas por cazadores y recolectores que cubrían sus cuerpos con pieles de animales, se amparaban del frío y de los depredadores en las cuevas de alguna montaña, y la tecnología más avanzada que conocían eran la lanza y el fuego, pues de este periodo datan las pinturas rupestres, muestra de que ya los humanos se maravillaban con el movimiento del planeta salvaje en el que vivían, con la ferocidad de un tigre dientes de sable, con el avistamiento de un cometa, con el misterio de reconocerse vivos y sensibles ante el universo incomprensible que los rodeaba. El arte, en sus formas primarias, había iniciado.

Pero claro, llegada la edad moderna, y con ella la invención de artefactos tan maravillosos que se dirían puros efectos de la imaginación, como la locomotora o el avión, se originaría una nueva representación del arte, la séptima, casi salida de un manual de ilusionismo: el cine. El arte cinematográfico, es la combinación inalienable de la pintura, el plasticismo, la dramaturgia, la danza, el teatro, y, tiempo después, cuando fue posible la implementación del sonido, también la música. Eso provoca que no haya un consenso definitivo entre si el cine es un arte en sí, o si no es más que la combinación armónica de artes que lo precedieron. Sin embargo, no hay duda de que el séptimo arte posee algo que nunca antes ninguno había podido capturar tal cual era, me refiero al movimiento. Con una cámara se pueda visionar al mundo tal cual sucede, esto le adhiere al cine una tenaz carga de objetividad, lo que, si de arte se trata, puede ser tan bueno como perjudicial, porque el arte, como arte, es en últimas eso, un testimonio, un fragmento del artista, sus temores, proezas y talentos, y todo esto es, necesaria y milagrosamente, subjetivo. Dos pintores que pinten el mismo atardecer nunca pintarán el mismo cuadro. Es ahí donde reside la magia del cine como arte, en expresar más que en mostrar.

La mayor parte de las películas contemporáneas están dadas al servicio del espectáculo y del dinero, no obstante, existen directores que siguen haciendo cine de verdad, cine que, por ser arte, trasciende a través del tiempo.

Es complicado entender en su totalidad y trasfondo la trama de películas como El Ángel Exterminador (1962), el trabajo más conocido de Luis Buñuel; o 2001: A Space Odyssey (1968), dirigida por Stanley Kubrick; o El Espejo (1975), del ruso Andréi Tarkovski —máximo exponente del cine arte—; o la surreal Mulholland Drive (2001), escrita y dirigida por David Lynch; o Kynódontas (2009), dirigida por el cineasta griego Yorgos Lanthimos; o Burning (2018), el film cumbre del coreano Lee Chang-Dong. La complejidad en la comprensión de estas obras maestras, principalmente, reside en que cada una aboga, a su manera, por la esencia misma del cine, por el cine como arte y lenguaje que transpira en cada plano el espíritu humano que sus autores, desde el director hasta el último de los extras, le han transfundido. Un significado completo es el que la obra expresa y una interpretación propia es la que el espectador le debe dar.

Nadie podría explicarle a otra persona porqué la Sinfonía n.° 40 de Mozart es bellísima, o porqué La Gioconda de da Vinci parece estar sonreída, pero también triste, pero también enfadada, y la imposibilidad no responde a lo difícil que es definir una obra de arte, sino a que el arte, por ser arte, más allá de entenderse, se siente, y eso mismo sucede con el cine.

M.D.

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Arte y cultura La Maga y el Quetzal Poesía

Jenifeer Gugliotta Guedez: Entre lo áureo de la poesía y lo terrenal

Sujetan mis pies un vórtice que pestañea, un paso quizá, dice palabra sonora. Un significante que venga inverso a decantar todo aquello que se visualiza o no, palabra que va trasmutando de a poco lo vivido en uno o en otros. Escucho en la calle un jazz, es mi calle, la misma que me acompaña acá adentro, estoy y a la vez no, respiro por minutos un Coro distinto, el mismo que murmura la melodía. Entonces desde lejos observo, atrae tu cuerpo mi realidad, el calor sofocante, calle que se diluye, música, mar, poesía con ella.

Verónica Vidal: ¿Cuáles consideras que han sido los elementos catalizadores de tu poesía, desde tus inicios en las letras hasta el día de hoy?

Jenifeer Gugliotta Guedez: Veo una mano que sujetada al aire va contorsionando palabras. Veo una niña, o al menos parte de ella, dibujando poesía en hojas, servilletas, en el piso, en la grieta de la pared de su cuarto. Así va creciendo y el mar se hace presente para albergar detalles ínfimos, un alma quizá, la ironía que hace eclosión en el impacto de cada ola a la orilla, ese vaivén que nos llena de incertidumbre: nunca tocará de una misma forma. Lo acompaña muelle, peces, viento.

¿Una constante? Las cayenas, símbolo que arropa toda mi niñez y ahora el de mis hijas, espíritu que muta en olor, tacto y gusto. Es la fuerza, inicio y continuidad siempre.

Quizá con el crecer y encontrarse con el otro viene la ciudad, entonces surge la trasmutación, dirigir actos y emociones ajenas a mí, que existen y observo a diario, tomo al otro y lo hago parte de esto (aquí muy adentro), converjo con extraños, los que se sientan en la plaza a ver pasar vidas y la suya misma, converjo con los que han perdido las razones, los que han encontrado la oscuridad a pleno mediodía y danzan en la ciudad buscando pan, significante que puede ser preludio de algo aún  mayor, esperanza quizá. Simulo y reinvento cada vez que abro esta puerta, escribo de los otros a través de mí, multiplico aunque no sepa sumar en números.

V.V: La ciudad de Coro1 no es tu lugar de nacimiento, ¿Cómo fue asumir esta ciudad dentro de tu poesía y cómo te has nutrido con otras artes y oficios como la pintura y la fotografía?

J.G.G: Si bien nací en Ocumare del Tuy2, mi lugar de expansión ha sido el estado Falcón. De él obtengo su aridez, la posibilidad de mezclarme con el agua y transformarme, todo lo espiritual y esa conexión con la palabra, la búsqueda que viene inserta en cada experiencia vivida o retribuida a través del otro. Mi poesía se nutre de esta tierra, del arte y de la fotografía sin duda. Lo que no he podido hacer con pintura y un pincel lo he hecho con palabras; en el caso de la fotografía resulta ser una extensión de la palabra misma, poesía en imagen.

La ciudad siempre ha hecho presencia. Hace tres años, de escribir en verso pasé a escribir en prosa, en una búsqueda que hasta ahora mantengo, comencé a alejarme de mí para darle voz al otro, desde allí me observo mejor y es un desdoblamiento que luego surge como poesía. Comencé a contar historias, a enajenar tanta cotidianidad, comencé incluso a ser ciudad, a liberarme en ella en un intento de entenderla quizá, al fin y al cabo, también es un nosotros y no vale persuasión. 

V.V: Háblanos de Ediciones del Útero y cómo, a partir de esta editorial, tu poesía se divide en lo áureo del oficio y lo tangible que es ahora este proyecto que has emprendido.

J.G.G: Ediciones del Útero es una raíz que conecta, es el vínculo con la existencia misma. Un lugar que nos alberga a todos, sin ningún tipo de distinción social o política. Ediciones del Útero es el sueño de asir la poesía a lo más sincero y espiritual. Es la zona áurea –hablando en términos fotográficos–, es poder captar una imagen y que la mirada la recorra por completo en armonía, en nuestro caso que la poesía vaya más allá, la idea es que trascienda, que otros la lean y revivan lo que alguna vez fue. Ediciones del Útero busca principalmente su difusión, sin importar el medio o soporte.

Como idea o pensamiento que no te deja dormir una y otra vez, llegó hace casi tres años. Anoté algunas ideas y por cosas de la cotidianidad, las dejé como un pendiente poético. Pasó un poco más de dos años para que pudiera retomarla. Lo mejor de Ediciones del Útero es que ha tomado forma gracias a mis amigos, por ejemplo, el artista plástico Pedro Hernández es el creador de la imagen de nuestro logo y Enmanuel Medina es quien se encarga de hacer todos los flyers de los eventos.

V.V: ¿Qué actividades has realizado desde Ediciones del Útero? 

J.G.G: Hace un año comenzamos a realizar recitales de poesía en la ciudad. La idea era dedicar cada edición a un poeta del estado Falcón. Así iniciamos con el recital Ebria de Sol, dedicada a la poeta Esther de Añez3; Bajo el roce de mi mano tosca, en homenaje a Rafael Vaz4; La voz del alba, homenaje a Ofelia Cubillán5 y Aurora de lumbre nacarada, homenaje a Mina de Rodríguez Lucena6. Además, nos unimos ese mes de agosto con los compañeros del Festival de Poesía Realenga y en Coro hicimos una actividad poética callejera en el mercado viejo de Coro. Lo interesante es que los nombres de cada edición son versos pertenecientes al poeta homenajeado.

Primer recital de poesía organizado por Ediciones del Útero. Flyer de Enmanuel Medina.

Más adelante realizamos, junto al poeta Antonio Robles, un “Réquiem a Gregorio Meléndez”, un merecido homenaje al poeta Falconiano en donde nos estuvieron acompañando poetas, amigos y familiares de Gregorio7.

A la par de estas actividades realizamos junto al colectivo de fotógrafos “Bang Bang Coro club”, un seriado de fotografías en donde se incluía fragmentos de poesía Falconiana, que eran mecanografiados en hojas o cartulinas de colores, todas recicladas. Las fotografías eran tomadas en espacios urbanos o naturales, con la intención de tener doble discurso: la promoción de poesía Falconiana y de la ciudad.

En marzo de este año presentamos el primer libro en físico de Ediciones del Útero, todo un reto, pues cada página fue transcrita con una máquina de escribir eléctrica. Cada libro me tomaba alrededor de tres horas, sin parar, poema por poema; cuadrar el margen, la numeración. El 8 de marzo de 2020 presentamos el poemario «Eva y Desvarío» de Milagros Escobar8 con ilustraciones de Claudia Martínez en su versión en físico y en digital.

Presentación del libro Eva y desvarío de Milagros Escobar

Ediciones del Útero es quizá ese pestañeo en el vórtice del camino que comentaba al principio, son solo palabras que contienen un significado aún mayor, que no sólo viene dada por lo que yo pienso, si no también por todo aquello que imagina aquel que se une al proyecto. Sigue siendo poesía, oxigenante siempre.

Referencias:

1 Santa Ana de Coro, capital del estado Falcón, Venezuela.

2 Ocumare del Tuy, estado Miranda, Venezuela.

3 Esther de Añez: poeta venezolana.

4 Rafael Vaz: poeta venezolano.

5 Ofelia Cubillán: poeta venezolana.

6 Mina de Rodríguez Lucena: poeta venezolana.

7 Gregorio Meléndez: poeta venezolano.

8 Milagros Escobar: escritora y profesora venezolana.

Jenifeer  Gugliotta Guedez

Venezuela, 1985. Reside en Coro, estado Falcón. Poeta. Fundadora de Ediciones del Útero 2019. Cofundadora y  miembro del Grupo Musaraña (2005-2012), editora de la revista Cubile (2007-2012), la hoja poética Madriguera (2006-2012). Recibió el Premio del XI Concurso “Rafael José Álvarez” de la Universidad Francisco de Miranda en la mención de poesía (2009). Libros de poesía publicados: “490h” (2009) y De eso se trata” (2013) por Ediciones Madriguera, el cual obtuvo en el año 2014 el Premio Nacional del libro 2012-2013 mención: libro artesanal. Licenciada en Educación mención lengua, literatura y latín (UNEFM-2009); Magíster en Literatura hispanoamericana (UNEFM-2019).

Facebook: Jenifeer Gugliotta Guedez

Instagram: jenifeer_gg

Correo: jengugli@gmail.com

Blog: jenifeergugliottaguedez.blogspot.com

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Glosolalia articulada Narrativa

Charlie Kaufman | Un escritor un tanto nihilista.

*A propósito del nuevo trailer I’m Thinking of ending things. 

Llevo mucho tiempo queriendo articular la esencia de Charlie Kaufman en forma de ensayo, lo cual comienza a desmoronarse por todas las alusiones y apartados de este guionista y director quien gusta jugar con lo surreal, posmoderno, metanarrativas y una estética semejante a la del teatro del absurdo.    

Su debut direccional fue hace doce años con Synecdoche New York, en la que muestra una obra demente con personajes que, en primera instancia parecen inverosímiles pues juega con enfermedades neuróticas inexistentes y temáticas exageradas o improbables.

En esta película pone sobre la mesa lo que ha trabajado en su trayectoria, el metatexto de Adaptation (Spike Jonze, 2002), el humor sinsentido de Being John Malkovich (Jonze, 1999) e incluso el humor “filosófico” de Human Nature (Michel Gondry, 2001). También mostraría desde esta cinta un concepto que tiene sobre el amor que si bien lo trata en esta película desde la figura de un padre y de un ex-esposo, en Anomalisa, su segunda película como director, lo explota a través de un neurótico que escucha a todo el mundo con la misma voz a excepción de una chica a quien le es obvio que es hermosa sin saber por qué.

La única película que coloco aparte se trata de la pieza maestra de Michel Gondry, Eternal sunshine of a spotless mind (2004). No solo se trata del juego de surrealismo con ciencia ficción de una pareja enamorada que quiere olvidarse el uno del otro, esta cinta pasa al mundo del cine de culto por encima de las anteriormente mencionadas. Aunque sean accesibles los otros títulos, ésta parece ser la más popular sin estar sobrevalorada.

*

Hasta aquí, aún no se desmorona el ensayo, sólo he mencionado la trayectoria del guionista y director, en cuanto se empieza a dialogar con alguien que es tan lúdico en el cine es cuando se empieza a colapsar, pues parece que su intención es jugar por el mero hecho haber tenido una lúdica creatividad.

Parte de esta estética del juego remite un tanto a la premisa todo vale del nihilismo, pero hasta antes de Synecdoche no podía decir en sí que fuera un autor nihilista, pues eso se trata de un compromiso a veces pesimista, a veces vitalista; es en una escena en que el personaje de Philip Seymour Hoffman le dice al equipo del montaje de un teatro sin audiencia (después de diecisiete años de estar en producción) que no se conformará con algo que no sea la verdad brutal. Es en esta verdad brutal en la que el director de la obra de teatro pierde la cabeza queriendo retratar la vida misma a través de un guión teatral. Parece irresoluta la tarea, no sólo por la imposibilidad de tener que emancipar al autor de la obra, también por el final del guión que le es imposible narrar desde alguien que está buscando la verdad absoluta en una pieza de arte.

Este diálogo ayuda a ver en la trayectoria ciertos tonos nihilistas sobre alguna concepción que tiene el autor sobre las relaciones humanas, el monotono de Anomalisa, el eterno retorno de lo mismo con Eternal sunshine of a spotless mind, la vacuidad de la escritura a la cual se enfrenta él mismo (caricaturizado como un personaje) en Adaptation.

El nihilismo es una temática que había preferido eludir al hablar de Kaufman pues no se centra en ello su trabajo aunque se encuentren los matices de ello. A propósito de su próxima película, I’m thinking of ending things el título me pareció resonar bastante con el nihilismo por lo que decidí abordarlo desde este ángulo. Como había mencionado más arriba, cuando un escritor opta por tomar una postura nihilista parece tomar una acepción vital de lo que se trata el vacío, como si se convirtiera en…, para Kaufman parece ser una herramienta o un residuo de sus diálogos, pues éstos relatan personajes en crisis, casi en un declive mental, la psicología de ellos, a pesar de que están inmersos en una trama surreal, es cuando cobran verosimilitud y así empatizan con una audiencia.