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Werner Hernández | La resistencia de los pipiles

Dada la complejidad que atañe a las interrelaciones culturales, históricas, espaciales y geográficas de los pueblos originarios del continente americano, resultan insuficientes, casi imperceptibles, los estudios que se han hecho al respecto, algunos más serios que otros, incluso los hay aquellos afectados por la fantasía. Hace no muchos que platicábamos con el poeta Martín Tonalmeyotl acerca de las migraciones milenarias del pueblo nahua, nómada por antonomasia, y cuyo origen es incierto, pero su huella cultural, en buena parte de la nación mexicana y casi toda Centroamérica, es innegable, fundacional y sobre todo, vigente. Además de México, podemos señalar a Nicaragua y El Salvador, como bastiones de la cultura nahua, el primero con los nahoa y el segundo con los pipiles. Algunos estudiosos, como Miguel León Portilla, han querido dar luz sobre el parentesco entre los nahuas de México y sus pares nicaragüenses y salvadoreños, pero lo cierto es que existe un cierto desdén por entender y reconstruir el devenir histórico y cultural de los nahuas en sus migraciones y posteriores asentamientos. Tristemente, durante siglos pasados, e incluso en éste, las torpes políticas locales de gobiernos asesinos, han buscado exterminar a los pueblos originarios. Y los nahuatlatos no han sido la excepción. Por ello, cualquier intento de salvaguarda, de reivindicación, de rebeldía, es ya una obra titánica. Werner Hernández (San Salvador, 1977), psiquiatra de profesión, ha emprendido una obra así. Desde el año 2001 realiza investigaciones personales acerca del náhuat y en esta materia se ha distinguido como profesor y activista. En 2012 ingresa al Colectivo Tzunhejekat. Su labor como recopilador, traductor, arqueolingüista y docente han sido fundamentales para preservar la lengua de los pipiles salvadoreños. Werner Hernández ha escrito los libros Titaketzakan Nawat (Ministerio de Educación, 2018) y Nawat Mujusta (Secretaría de Cultura de San Salvador, 2019), además participó como coautor de la obra Nikmati Ume taltikpak (Ministerio de Educación, 2020).

  • ¿Estimado Werner, cómo se da tu acercamiento con la cultura náhuat, la ancestral y la contemporánea?
  • Mi familia no es del área pero desde niño yo decía que de adulto hablaría en nawat. En 2001 conocí a Genaro Ramírez, hablante de nawat de Witzapan, y fue éste quien me enseñó por seis años, cuando lo visitaba semanalmente. Luego estuve un año como médico en otro pueblo del área, Cuisnahuat. Mi madre tiene su propia versión: Durante mi embarazo realizó trabajos universitarios en el área nahua. Ella piensa que en esos meses fue que me empapé del amor por el idioma: “ya oías y lo hacías en nawat”, me dice.
  • ¿Podrías hablarnos acerca de la cosmogonía pipil?
  • Es muy rica. Con el devenir de las iglesias en la zona y la discriminación social hacia los temas indígenas ha corrido peligro de desaparecer sin embargo todavía se la halla en la región. Para llegar a ella debe uno superar a estos adversarios por medio de la convivencia en la comunidad pues el tema los ha acostumbrado a esconderse. En la narrativa pipil conocemos que los humanos venimos del fruto del árbol de morro, que nuestra organización como grupo surge a partir de los llamados tepewas, pequeños pero astutos, con la capacidad de conocer y traer el maíz. La participación de serpientes racionales entre los humanos es un elemento frecuente y la relación con la naturaleza se ve como un eterno enfrentamiento ante el cual los humanos deben forjar su carácter. En la salud conocemos el tunal como la fuerza y brillo con que funcionamos y las distintas formas de perderlo explican un estado general enfermizo.
  • ¿De qué salud goza la literatura náhuat contemporánea?
  • Su producción es escasa a nivel impreso. Pervive más en la forma de oralitura con la composición de canciones. Un libro muy recomendable es “Nikmati ume Taltikpak” (Conozco dos mundos), de Eugenio Valencia.
  • ¿Qué escritores en El Salvador están haciendo su obra en lengua náhuat actualmente?
  • Paula López es la autora que con seguridad ocupa el puesto de mayor referencia. Aunque la cantautora falleció hace 5 años la belleza de sus letras le sobreviven. Su hija, Estela Patriz, quien también es activista del nawat continúa cantando su música.
  • ¿Cuál ha sido el papel de la literatura náhuat en las letras salvadoreñas?
  • Ninguno. Es una tarea pendiente que el sistema educativo nacional reconozca el aporte de los autores o los temas nahuas. Tómese este ejemplo: Existe la obra Mitos en la lengua materna de los pipiles de Izalco, originalmente recopilada en 1929; estamos a cerca de 100 años de todavía no ser enseñada en la enseñanza pública ni a nivel básico ni superior.
  • ¿Existe un contacto con escritores contemporáneos de lengua nahua en México o en Nicaragua o algún otro país?
  • He coincidido personalmente con algunos escritores nahuas de México, con ninguno de Nicaragua. Me parece que la comunidad nahua salvadoreña se ha desarrollado con más fuerza hacia dentro en los últimos años y ya está lista para darse a conocer afuera.
  • ¿Cuál es tu perspectiva de la literatura náhuat contemporánea?
  • Me parece que aunque la comunidad nahua salvadoreña es muy pequeña puede dar enormes sorpresas a nivel de literatura. Además trabajar en este punto es obligatorio si queremos garantizar la salud del idioma pues en la literatura es donde el idioma escapa de un plano gris y se lo puede ver jugando, divirtiéndose y perfumando el aire. El nahua salvadoreño es muy musical.
  • ¿Qué es el Colectivo Tzunhejekat?
  • Es un grupo de voluntarios de la capital, San Salvador, muy comprometidos en la visibilización digna de los nahuas salvadoreños y de la lengua nawat. Tzunhejekat significa “loco” porque los que ahí colaboramos nos sentimos locos por el nawat.
  • Háblanos de los tres libros que has escrito acerca del náhuat.
  • El primero “Titaketzakan nawat 3” fue un encargo de nuestro ministerio de educación como libro de texto para un programa piloto de enseñanza del nawat en las escuelas. El segundo, Nawat Mujmusta, es un breviario gramatical y un vocabulario nawat-español (y viceversa) para los adultos que quieren estudiar el nawat y recoge mi experiencia de más de 15 años visitando la mayoría de los pueblos nahuas de El Salvador. El tercero, Nikmati Ume Taltikpak, es de mi otro maestro de nawat: Eugenio Valencia. Un homenaje póstumo de su obra en la que fui parte del equipo editor.
  • ¿El gobierno de El Salvador ha sido genocida con el pueblo náhuat?
  • Sí. En 1932 realizó un ataque armado a la población nahua. Las fuentes más ecuánimes estiman que en unos 10 días se eliminó a unos veinte mil nahuas. Fue conocido que bastaba hablar en nawat para tirar a matar. Desde hace unos 10 años las actitudes de los gobiernos buscan ser favorables al grupo nahua.
  • ¿Y la sociedad salvadoreña?
  • La sociedad salvadoreña ha hecho frecuente uso de la indiferencia o de la discriminación, por ello los pocos a favor del nawat buscamos hacer el mejor esfuerzo para despertar conciencia.
  • ¿Qué acciones se están tomando para salvaguardar el náhuat y vincularlo a la literatura o al acto mismo de la escritura?
  • Han habido esfuerzos de salvaguarda, de literatura y de escritura pero de funcionamientos aislados. Hace falta una línea más fresca que busque unificar todos estos elementos en uno solo con esta proyección.
  • ¿Existe una probabilidad de reconciliación verdadera entre los diversos pueblos que conforman las sociedades latinoamericanas o estamos fracturados por siempre: pueblos originarios de un lado, mestizos del otro, españoles por aquí, negros más allá, etcétera?
  • Me parece que el hermanamiento es posible y más tras reconocer que básicamente las luchas de los otros pueblos son las mismas que las propias.
  • ¿Qué significa ser activista y escritor en El Salvador?
  • Significa andar con dulzura en el corazón, coraje en el paso y fuerza en la palabra.
  • ¿Existe actualmente un rastro del México nahua entre los pipiles de El Salvador?
  • Por el idioma, por las danzas, por la gastronomía, por el aspecto físico, por la arqueología (sólo por mencionar unos pocos puntos) me parece que los salvadoreños somos más mexicanos de lo que creemos.
  • ¿Cuáles son los dos mundos que se plantean en el Nikmati Ume taltikpak?
  • Uno anterior y profundo, el nahua. Uno nuevo y advenedizo, el mestizo. El anterior tomando su lugar adentro del nuevo.
  • ¿Qué son para ti los cantos en el náhuat y sus cantores?
  • La mayor fuente de literatura actual en nawat.
  • ¿Qué significado le otorgas a las palabras resistencia y rebeldía?
  • Parte del autorretrato. El nahua salvadoreño se desenvuelve como hermano natural de ambas pero desarrolla no una resistencia contestataria sino una alegre rebeldía que te lleva, como río, a ir adelante y cantando.
  • Salarrué tiene un bellísimo cuento sobre el Cipitío ¿crees o acaso eres tú mismo un cierto Cipitío?
  • Con el nawat acaso más un cadejo, ese animalito fantástico y nocturno fiel a los pasos de su persona y que se le adelanta sólo ante los peligros.
  • Por último, estimado Werner, has dicho que sin el náhuat El Salvador es una nación sin rostro ¿qué matices y recovecos guarda esta afirmación?
  • El nawat es el último idioma nativo de nuestro país. Perderlo sería dejar ir a todas las generaciones de mujeres y hombres que sus saberes fueron expresados en esta lengua. El negar esta herencia es negar aquello que conforma nuestro mismísimo rostro: nuestra identidad.
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Estuardo Prado | La X en el mapa

Una odisea de múltiples monstruos y sirenas asesinas en el camino y que no siempre llega a buen puerto: eso es publicar en Latinoamérica. Los escritores —los ulises— tienen que enfrentar problemáticas arraigadas, como los son la censura o el canon impuesto por las grandes casas editoriales, asumidas en buena cantidad por los grandes consorcios españoles que imponen sus criterios editoriales y a los cuales no siempre se ajusta la literatura de nuestro continente. Por lo menos la literatura de vanguardia, la experimental, la subterránea, mucho menos la políticamente incorrecta.  Salvo algunos casos afortunados, no es nada fácil acceder a los emporios de la edición. Obras y obras que cada año son rechazadas a veces sin ni siquiera un dictamen de por medio, se perderían en la nada, a no ser porque, como sucede en estos lares canaimeros, existe la resistencia. Quijotes de nuestro tiempo, llamó la escritora Carla Pravisani a las editoriales independientes latinoamericanas.  Los son. Son quijotes, son resistencia, son guerrilla literaria, son la auxiliadora Atenea para que tantos ulises no naufraguen. Y si de resistencias hablamos, Centroamérica es una de las zonas donde más palpable se hace la presencia de las editoriales independientes ante gobiernos cuyas políticas públicas no suelen alentar el arte y la cultura y mucho menos el despertar sensible de sus poblaciones. Con anterioridad hemos señalados que existe un notorio movimiento editorial y literario en Guatemala. Catafixia, Sión, Quimera, Chuleta de Cerdo, F & G Editores, Cholsamaj, son algunos de los sellos que conforman los esfuerzos por dar voz a una literatura emergente, no sólo guatemalteca, sino centroamericana, y que en no pocos casos encuentra puntos de conexión con México y Sudamérica. En esta revolución cultural, uno de los protagonistas indudables (y podríamos decir que hasta legendarios) ha sido Estuardo Prado y su Editorial X, la cual fundó en 1998 y cuyos antecedentes los hallamos en la revista Anomia. Editorial X se ha distinguido desde sus inicios por dar voz a escritores emergentes y por identificar a estetas subterráneos que no son bien recibidos en otros espacios. Prado, nacido en Guatemala capital en 1971, es narrador, egresado de la licenciatura en Letras y Filosofía por parte de la universidad Rafael Landívar. Entre los libros que ha escrito, se pueden contar Estética del dolor (1998), Vision-es del exceso (1999), Los amos de la noche (2001), El Libro Negro (2000) y Siendo alcohólico-drogadicto me fue mejor y de paso escritor de mierda (2013), todos ellos en Editorial X.

  • Estuardo, ¿por qué decides volverte editor?
  • A mediados de los 90s, con un grupo de estudiantes de la Universidad Rafael Landívar, que también estudiaban Filosofía y Letras, comenzamos a escribir. Originalmente la idea era leer el trabajo de todos entre nosotros. Pero conforme fue pasando el tiempo y los textos fueron teniendo mejor calidad literaria, se nos ocurrió sacar un fanzine. Le pusimos de nombre “Anomia” y básicamente eran unas fotocopias engrapadas con textos nuestros. Poco a poco se fueron uniendo otros estudiantes que también tenían textos. Hasta que llegó un punto en el cual buscamos una editorial que nos publicara, pero el gremio literario era muy cerrado y no encontramos ninguna posibilidad. Por eso es que al final de la última revista, la sexta en 1998, publiqué el manifiesto de editorial X. Ese año empecé con la publicación de los dos primeros libros: “Estética del dolor” (mi primer libro de cuentos) e “Hijas de Shakti” una antología de escritoras.
  • Se ha dicho que Editorial X es contracultural ¿cómo definirías tu proyecto?
  • Pues la idea era publicar textos de calidad literaria de escritores que tuvieran un estilo propio, ya sea que hayan publicado o no, anteriormente. El crítico literario Guido Almansi define “estilo” como algo que rompe con el canon de lo que se está proponiendo como mainstream en una época determinada, teniendo que ser obsceno en su momento, pues es rechazado por no ir en la línea general literaria de su contexto histórico, similar al término de “desterritorialización” que proponen Deleuze y Guatttari. Eso era la que estábamos y seguimos buscando textos de ruptura en el manejo del lenguaje, tanto de forma como de temática y no desde un punto de vista comercial, como casi todas las editoriales establecidas tienen. Aunque suene un poco hermenéutico, a nosotros siempre nos interesó el texto por el texto. Creo que por tener nuestros medios propios de publicación nos permitió sacar libros contraculturales, sin importar su tónica, pues lo importante era la calidad literaria y la ruptura con el mainstream.
  • ¿Cuál es tu visión de los escritores y la literatura centroamericana contemporánea?
  • Actualmente hay varias propuestas muy interesantes a nivel centroamericano, pero creo que las editoriales alternativas nuevas han servido para poder difundir las voces de escritores nuevos, aunque con el tiempo se integraron ya al canon por su calidad literaria. En Costa Rica proyectos como Perro Azul, de Carlos Aguilar, nos trajo las propuestas de autores muy buenos como Alexander Ovando, Alfredo Trejos, Luis Chaves. En El Salvador Los sin pisto, dirigida por Mauricio Orellana, nos brinda una opción muy interesante de autores como Jacinta Escudos y el mismo editor. En Honduras la editorial Mimalapalabra dirigida por Guiovanni Rodríguez hace lo mismo, brindar un espacio a esos escritores que valen la pena.
  • ¿Y en específico de Guatemala?
  • En Guatemala, como tú lo señalaste, hay una nueva oleada de editoriales alternativas que ha ido surgiendo y sacando a la luz escritores que valen la pena: Ediciones Bizarras de Simón Pedroza, Chuleta de cerdo de Alberto Arzu, Alambique de Marco Valerio Reyez, Vueltagato de Pablo Bromo, Catafixia de Luis Méndez Salinas y Carmen Lucia Alvarado. Más recientemente, Colectivo Amberes en donde se reunieron distintas voces como Matheus Kar, César Yumán, Laura Arévalo, Diego Ugarte y Marcos Gutierres, entre otros.  Además de POE de Wilson Loayes, Sión Editorial, Quimera y Testigo ediciones, entre otras. Las cuales, la mayoría, son dirigidas por escritores y que nos han traído una pluralidad de nuevas propuestas literarias de valor además de las de sus propios escritores/directores: Vania Vargas, Alejandro Marre, Julio Serrano y muchos otros.
  • ¿Existe una relación de hermandad entre los escritores de Guatemala y México?
  • Creo que sí, pero no sólo por el idioma que compartimos o la cercanía, sino también porque hemos compartido una historia en donde varios de los principales escritores guatemaltecos han encontrado un hogar en México,  al salir por x o y razón pero por lo general durante épocas difíciles en nuestro país. Tales como Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso o Carlos Solórzano. En lo personal, desde hace varios años con la Revista Generación, dirigida por Carlos Martínez Rentería, he tenido la oportunidad de encontrar un espacio en donde contribuir con mis textos. Igualmente con el proyecto de Ediciones Periféricas de Nahum Torres hemos empezado un intercambio al realizar la primera coedición de la novela “Si Dios me quita la vida” de Francisco Alejandro Méndez (Premio Nacional de Literatura Guatemalteca Miguel Ángel Asturias 2017) y esperamos seguir con este intercambio.
  • Precisamente hablando de éste, que es uno de los últimos trabajos que has publicado, Si dios me quita la vida, de Francisco Alejandro Méndez, sin duda, uno de los escritores latinoamericanos más interesantes de la actualidad. Como mencionas, lo hiciste en coedición con Ediciones Periféricas, de México. En este sentido, ¿la coedición será la estrategia maestra para cultivar las interrelaciones literarias entre los países latinoamericanos tan aparentemente separados los unos de los otros?
  • Creo que sí, pues a pesar de la cercanía de nuestros países, la circulación de nuestros libros es difícil y ésta, como te mencioné, es una forma idónea para poder hacer que las propuestas literarias circulen. Además, surgieron proyectos en común como TriNorte (Triángulo Norte Ediciones), en el cual tenemos proyectos de integración en circulación de libros y coediciones entre Honduras, El Salvador y Guatemala, específicamente con las editoriales Los Sin Pisto, Mimalapalabra y la X. Empezando por una página en común, un fanzine y una Antología (digital e impresa). Si Dios me quita la vida de Francisco Alejandro Méndez es el principio de proyectos con Ediciones Periféricas y así iremos ampliando la difusión y la colaboración entre proyecto similares latinoamericanos.
  • ¿Qué papel juegan las editoriales independientes en Latinoamérica?
  • De una u otra manera creo que estas iniciativas de editoriales alternativas son las que traen a la luz nuevos escritores con propuestas sólidas y frescas. Con calidad literaria, pues su fin no es netamente comercial, sino artístico. La literatura por la literatura en sí, anteponiendo la calidad en las propuestas ante las posibilidades puramente mercantilistas, como pasa con las grandes editoriales.
  • Literaria y editorialmente hablando ¿hay un subordinaje nuestro hacia España?
  • No lo creo, pues en nuestros países hay escritores con propuestas muy sólidas y de gran calidad literaria. La diferencia tal vez radica en que en España las editoriales tienen más medios de difusión y promoción, además de contar con un aparato de crítica literaria que dan luz a las obras y a sus autores.
  • A causa de la pandemia Si dios me quita la vida tuvo que salir primero de manera virtual ¿cómo fue esa experiencia para ti y, crees que esto anuncia y determina el futuro del libro impreso?
  • Creo que, aunque suene algo raro, lo único útil que nos trajo la pandemia fue una mayor inmersión en la virtualidad, obligatoriamente. Pero de la cual han surgido resultados muy interesantes. Como por ejemplo el cierre de fronteras entre los países centroamericanos nos ha hecho pensar en nuevas estrategias de colaboración y de trabajo en conjunto. Así como la posibilidad de crear espacios que antes no se estaban aprovechando anteriormente. Por ejemplo, el año pasado di un curso de creación de relato, en él participaron escritores no solo de Guatemala, sino de varios lugares: El Salvador, Perú y  Estados Unidos. Viendo la calidad de los textos trabajados, estamos por sacar de forma digital e impresa una antología latinoamericana “Voces desde el encierro”. No creo que el libro digital llegue en su totalidad a substituir el libro impreso, esto sería muy repoto. Nuestra relación con lo impreso, o grabado en algo físico, ya sea papel o arcilla, va desde el inicio de la civilización humana. Pero sí impulsó a usar este recurso el cual ya existía desde hace varios años y del cual se pueden tener una difusión mucho mayor de nuestras propuestas literarias, principalmente de áreas aisladas, como nuestros países, que estando tan cerca geográficamente, ya desde antes siempre ha sido difícil y costoso la difusión de nuestras propuestas.
  • ¿Son los escritores mejores editores?
  • Tal vez sí, pues siempre va a verse desde un punto de vista diferente al de alguien que no sea un escritor. Brindándole más importancia al texto, que a sus posibilidades mercadológicas.
  • ¿A qué se debe que hayas publicado la mayoría de tus libros en Editorial X?
  • La verdad creo que mis textos son bastante ácidos, recurro a la ironía, al humor negro y a la deconstrucción social de la manera más contundente que he podido, lo cual lo hace un texto contracultural radical en donde se cuestiona todo, de la manera más fuerte posible. Con estas características, sólo he podido encontrar algunas otras iniciativas para poder publicar sin censura de ningún tipo, como en editorial Germinal, de Costa Rica, que sacó una edición de “El libro negro”, en México con la Revista Generación con algunos relatos míos, y en Italia, en la Universidad La Sapienza, en donde se tomaron la tarea de hacer una traducción de algunos de mis textos.
  • ¿Qué es para ti la rebeldía?
  • Rebeldía para mí no es necesariamente ir en contra de todo, si no cuestionar la realidad de una manera crítica, pues estamos socialmente siempre siendo manipulados por intereses más allá de los nuestros y denunciar la hipocresía o las verdaderas intenciones de estas estructuras de poder que brindan un discurso que lleva vedado sus verdaderos propósitos. Y en determinado punto oponer resistencia a ellos.
  • ¿Por qué has priorizado al cuento sobre de otros géneros literarios?
  • Fíjate que antes que ser editor, fui escritor y antes lector obviamente. De una o de otra forma me interese más, o tuve más contacto con la narrativa. La disfruto más, la verdad. Eso ya es un gusto personal. Aunque considero que todos los géneros literarios tienen un valor estético igual… son arte.
  • ¿Te consideras un creador “underground”?
  • Quisiera pensar que sí. Aunque con el tiempo muchos de los que empezamos en editorial X han pasado a ser parte del canon literario nacional. La verdad es más divertido estar en las filas de la trinchera revolucionaria y contestataria, que estar en el canon como una figura de un museo de historia.
  • ¿Qué piensas de la actual literatura feminista latinoamericana?
  • La verdad he tenido más contacto con el movimiento literario LGBT, hasta sacamos la primera antología a nivel centroamericano: Anatomías del deseo negado (2018).  Creo que la literatura feminista es necesaria, pues mucho de la represión que se ha tenido viene de los mismos males culturales, los cuales surgen de una misma raíz: una sociedad capitalista, patriarcal y heterosexual represiva.
  • A los escritores ¿nos está astringiendo la corrección política?
  • Creo que últimamente la lucha por los derechos de los diferentes sectores de la sociedad que han sido reprimidos históricamente nos está llevando, paradójicamente, otra vez hacia una represión, en lugar de un ambiente de apertura social y respeto hacia la libertad de expresión (que debería de ser lo más importante pues es lo primero que se pierde en un sistema represor), ahora siento que se está creando una sociedad en donde para estar “políticamente correctos” ya no se puede hablar con libertad sin que algún grupo proderechos de lo que sea brinque.
  • ¿Qué significa ser escritor en Guatemala?
  • Es interesante… para mí fue la oportunidad de poder crear textos que pretendían deconstruir todas las instituciones sociales, nuestras historia y nuestros “valores” (entre comillas). Sentía que cada uno de mis libros, al salir, eran una bomba Molotov en contra de una sociedad hipócrita y falsa.
  • Por último, estimado Estuardo, y esta pregunta más bien se la hago a Masterdrogo ¿cuál es esa conciencia a la que podemos asumir como una última frontera?
  • Te contestaré con una cita del mismo libros, de Artaud: “Y tú, desquiciado lúcido, portador del cáncer, meningítico crónico, tú eres el incomprendido. Existe algo en ti que ningún doctor llegará a comprender y esto es lo que para mí te salva y te hace majestuoso, puro y maravilloso. Tú estás afuera de la vida, estás sobre la vida… tú vas más allá, más allá del nivel normal y esto es por lo que los hombres están en tu contra, pues envenenas su quietud, eres el que rompe su estabilidad…”. La conciencia de ser seres libres, que cuestionan todo, que tienen sus propias opiniones, aunque no sea políticamente correctas, que viven como quieren…esa es la última frontera : ser verdaderamente libres.
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Carla Pravisani | La Escuela de la Nada

Carla Pravisani (Misiones, 1976), es una escritora viajera. Su largo sendero la llevó lejos de su natal Argentina, y ha podido vivir algunas estancias en México, Cuba, Barcelona, hasta que al parecer ha anclado en Costa Rica. Al leer la vasta obra de Pravisani, podría afirmarse de ella que es muy narrativa en sus versos, y muy poética en sus narraciones. No obstante, su calidad literaria en ambos géneros es impecable e indiscutible. Ha ganado la mención honorífica del prestigioso Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón en su emisión 2010 y dos veces ganó el Premio Nacional Aquileo Echeverría, una en cuento y la otra en novela. Asimismo, también dos veces resultó beneficiada por la Beca Creación para el Fomento de las Artes Literarias.Entre sus publicaciones destacan los libros de cuento Y el último apagó la luz (Perro Azul, 2004), La piel no miente (Premio Nacional Aquileo Echeverría, 2012), Las hienas del miedo (Germinal 2016), así como los poemarios Apocalipsis íntimo (Perro Azul 2010) yPatria de carne (Casa de Poesía, 2015) y la novela Mierda (Premio Nacional Aquileo Echeverría, 2018). También ha publicado el ensayo Taxidermia del cuento (Uruk, 2019). Su obra ha sido publicada en Centroamérica, España, República Dominicana, Argentina, Miami, y su poesía ha sido traducida al italiano, maltés, ucraniano, alemán y serbio.  

  • Estimada Carla, ¿qué te hace dejar Argentina y cómo terminas en Costa Rica?
  • Soy de la camada “crisis Argentina 2002”.
  • ¿Qué diferencias y similitudes encuentras entre los ámbitos literarios de ambos países?
  • La diferencia más importante que encuentro tiene que ver con la visibilidad a nivel editorial. Argentina es un polo de interés para otros mercados, a Centroamérica solo la ubican para hablar temáticamente sobre violencia.
  • ¿Cuál es tu visión de la literatura centroamericana contemporánea?
  • Creo que hay cada vez más esfuerzos por conectarnos, por leer lo que se produce en el país o en los países vecinos. Librerías independientes, pequeños proyectos editoriales, talleres,  festivales literarios cada vez más serios. En fin, ese ecosistema genera encuentros y, por ende, autoestima literaria local.
  • ¿Y del resto de los países latinoamericanos?
  • Cada país es un mundo, qué sé yo. No conozco ni el 1% de lo que se produce, conozco de lo que se habla, pero lo que se habla no representa todo lo que se hace. Ni siquiera sé si es lo que verdaderamente importa. Sobre todo leo a muchas autoras latinoamericanas actuales.
  • Dos veces ganaste el Premio Nacional Aquileo Echeverría, ¿qué tan importantes son los premios para la consolidación o reconocimiento de un escritor?
  • Depende el escritor. Hay escritores que se deprimen con el reconocimiento y ya no escriben nunca más. A cada quien lo motoriza distinto “ese afuera” que nada tiene que ver con la escritura.  A mí me cayó muy bien, sobre todo si ganás plata. Sentir que el cheque viene por algo que escribiste por puro gusto o por puro tormento es algo raro, como una palmadita en la espalda que te da Dios como diciéndote: “¡Bien hecho, mi criatura, te lo ganaste! ¡Anda por esa freidora de aire que tanto querías!”
  • Has afirmado que nada hay más útil que la poesía ¿qué piensas de la narrativa?
  • Yo en realidad dije “nada más inútil que la poesía” pero me encanta ese equívoco. Porque también fue como una frase aislada  que dije ya no recuerdo ni en alusión a qué, pero que luego se transforma en un titular por el gusto del entrevistador y uno se queda pegado a sus propias sentencias, la huella digital de nuestra efímera oralidad.  Ahora bien, ¿qué pienso de la utilidad de la narrativa? Desde un contexto tan alienante como el actual, la literatura, la escritura, el arte en general, son formas de darle voz al sujeto y no ahogarnos en nuestras representaciones. No se me ocurre que exista mejor manera de respirar.
  • Hoy en día el mundo virtual reboza de revistas electrónicas dedicadas a la literatura, ¿crees que de verdad son útiles para que un escritor difunda su obra o se convierten en un cementerio de textos?
  • Va a depender de la calidad literaria de los textos que se promuevan. Lo malo muere pronto. La próxima generación generará sus propias mierdas, no necesitará de las nuestras. Cuánto mayor es el criterio editorial de un proyecto más capacidad de resonancia y permanencia tiene.
  • Tuviste a bien vivir y estudiar un tiempo en España ¿cómo ven ellos y cómo viven la literatura latinoamericana contemporánea?
  • En España hay muchos proyectos editoriales (grandes y pequeños), y creo que en general están atentos a lo que sucede (y se escribe) en Latinoamérica, obviamente con sus sesgos. Es decir, un argentino que vive en el barrio de Lavapiés en Madrid tiene más chance de que su libro llegue a ser leído, comentado, discutido y publicado, que uno que vive en Humahuaca de Jujuy, a éste último le va a costar hasta que lo lea alguien de la capital de su misma provincia. La periferia siempre es periferia. Pero nada es imposible. Ahora hay más acceso que antes a la difusión y al encuentro.
  • ¿Piensas que el libro digital desplaza paulatinamente al libro impreso?
  • Pienso que es algo con lo que hay que vivir. La imprenta reemplazo a los códices y aquí estamos, nadie se da con una piedra en el pecho por no poder leer más libros enrollados en papiro.
  • Quizá en pocos países se experimente una división tan marcada entre los creadores de la capital respecto a los creadores de provincia como en la Argentina ¿cómo viviste este fenómeno?
  • El anonimato de ser provinciana tiene su encanto. Eso de no vivir nunca en un lugar que sea foco de interés para ningún mercado literario y que una vea como las discusiones sobrevuelan tu cabeza a la larga da cierta paz. La renuncia es esa sabia superposición entre la impotencia y la libertad. Una utopía a la que todavía tenemos acceso los periféricos.
  • ¿Qué significan para ti los festivales literarios y que utilidad les ves con respecto a los escritores y el público asistente?
  • Los festivales literarios son formas de encuentro, de diálogo, de mirada. Uno lee, escucha y descubre autores, se cruzan lecturas, recomendaciones. Para el público local es también una forma de darse cuenta de su propia riqueza.
  • Hoy en día ¿el escritor no llega a ningún lado sin el marketing, sin la publicidad?
  • ¿A dónde se supone que hay que llegar? A veces se confunde el mercadeo literario con la literatura.
  • En ese sentido ¿cuál piensas tú que es el papel que juegan los agentes literarios?
  • Imagino que defienden los intereses económicos del escritor, que le aseguran cierta proyección de su obra.
  • ¿Qué es la Escuela de la Nada?
  • Una plataforma de talleres y workshops que guían a las personas a  descubrir su talento a través del autoconocimiento, la escritura y la creatividad.
  • ¿Qué resultó de la taxidermia que hiciste al cuento?
  • De eso resultó un libro, una reflexión ordenada de aspectos que se discuten en torno al cuento.
  • ¿Qué importancia crees que tienen para la literatura latinoamericana contemporánea las editoriales independientes?
  • Toda la importancia. La importancia de darle voz a la singularidad,  a lo que no es mercado, al riesgo, a la pérdida. Son los Quijotes de esta época.
  • Por último, Carla, ¿sigues siendo tributaria de la risa y enemiga de los payasos?
  • Sí.
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Carolina Andújar | De vampiros y best sellers

Singular, a la vez que seductora, para casi todos (incluso aquellos que lo niegan), es la literatura de vampiros. Su cúspide, innegablemente, es el Drácula de Bram Stoker, personaje que, desde su nacimiento en la imaginación del escritor irlandés, se ha posicionado como un verdadero fenómeno de la cultura moderna y no hay plataforma novedosa (desde los albores del cine hasta la fecha) que no replique al conde y su progenie, como una verdadera garantía de audiencia, y por ende, de ventas. Tras de la publicación de Drácula, la literatura de vampiros alcanzó la totalidad del orbe. Latinoamérica bien pronto se sumó a este boom y desde finales del siglo diecinueve, comenzó un periplo que ha arrojado obras tan emblemáticas como los cuentos vampíricos de Horacio Quiroga, los versos sanguíneos de Edelmira Agostini, la primera novela latinoamericana del género, El Vampiro (1910), de Froylán Turcios o bien el fallido Vlad de Carlos Fuentes, sin olvidar la bella interpretación que hace Alejandra Pizarnik del mito de Erzsébet Báthory. Durante la última década, en Colombia ha sobresalido una escritora, que, si bien puede confundirse entre los maquillados best seller con que las grandes casas editoriales quieren no pocas veces engañar a los lectores neófitos, es, al final de la lectura, y si obviamos las frivolidades, quizá más que eso. Para juzgarlo, nos permitiremos compartir un poco del pensamiento de esta devota de los vampiros en su forma clásica decimonónica. Carolina Andújar (Cali, ¿?), de nacionalidad húngaro-colombiana, desde muy joven llamó la atención del mundo editorial con sus historias góticas, principalmente las relativas al vampirismo, y desde entonces, se ha convertido en uno de los casos exitosos más notorios entre los escritores, no sólo de Colombia, sino de Latinoamérica y Europa, en cuanto al género se refiere.  Entre su público natural, el juvenil, su leyenda crece a la velocidad y forma de un rockstar. Quizá porque uno de los personajes cotidianos de la Carolina de carne y hueso, es también el de una “metalera”. No obstante, a últimas fechas, la vemos emprender una búsqueda estética que le aleja de los libros que han dado fama a su carrera y explorar otros temas, otros públicos, quizá otros géneros y tal vez maneras distintas de hacer llegar sus libros a los lectores. Desde el año 2014, la casa editorial Penguin Random House ha publicado gran parte de su obra, entre las que destacan las novelas Vampyr (Editorial Norma ‒ Belacqva, 2009), Vajda, príncipe inmortal (Norma, 2012), Pie de Bruja (2014), El despertar de la sirena (2016) y más recientemente C.A.L.I (2019). Su obra ha sido difundida a nivel internacional, sobre todo en España y Latinoamérica. 

  • Carolina, ¿algo habrá en tu sangre húngara que te condujo hacia los vampiros?
  • No creo que en la sangre, pero sí en una extraña añoranza de la parte húngara de mi familia, la cultura de Europa Oriental, sus leyendas y costumbres. Aunque las leyendas de vampiros son más rumanas que húngaras, esto en términos mitológicos, hay muchos elementos en común en la tradición mitológica de Europa Oriental. Cuando era niña y me topé con la leyenda de Elizabeth Báthory, la condesa sangrienta, en una compilación del Reader’s Digest de mis padres, no pude sacármela de la cabeza. El libro mencionaba que la condesa era húngara, y ese dato sí llamó mucho mi atención, pues aunque era muy pequeña, era consciente de que mi familia paterna es húngara. Mis abuelos se cambiaron el apellido al emigrar a Colombia, adoptando el apellido de una antigua parienta española, la única de la familia, con el fin de que la gente pudiera pronunciarlo con facilidad en su nueva patria. Y es por esto que llevo un apellido español en vez de uno húngaro. Mucho se ha especulado al respecto de la misteriosa condesa húngara, y se dice que es más que probable que jamás haya sido la asesina en serie que la tradición se ha empeñado en hacernos creer que fue, sino que fue difamada para que la monarquía de su época, que tenía una deuda con la noble familia de los Báthory, pudiese quedarse con esa parte de su fortuna. Esto también es especulación, por supuesto. Lo cierto es que la leyenda que se ha hilado en torno a su nombre genera un fuerte impacto en quien la conoce, y  es el motivo por el cual Hungría como tal es asociada con los vampiros en el cine y la literatura modernos (en el caso de Rumania, es Vlad “El Empalador” quien se asocia con la mitología vampírica, y también es muy posible que jamás haya consumido la sangre de sus víctimas empaladas, sino que este fuese un intento exitoso de difamación política por parte de la nobleza rumana corrupta de la época unida con el sacerdocio imperante). El caso es que la historia de la vanidad de la condesa húngara y su supuesta práctica de tomar baños de sangre para conservar la belleza y juventud despertaron mi fascinación de inmediato, y supongo que en parte sentí que descubría un aspecto terrible y oculto de la patria de mi familia paterna. Uno que, quizás por lo mismo, se convirtió en uno de mis mayores intereses. Una historia tan macabra no se olvida con facilidad.
  • ¿Cuál es tu visión de la literatura vampírica en Latinoamérica, cómo fue la tropicalización de esos seres tan gélidos?
  • Yo nunca los he tropicalizado, pero me hace muy feliz haber aportado dos novelas de vampiros clásicos a la literatura vampírica latinoamericana. Espero que se convierta en una tradición. Una amiga periodista me preguntó en cierta ocasión si escribiría una historia de vampiros colombianos, y le dije que el vampiro tropical no es compatible con mi visión estética y mitológica de la criatura. Tampoco lo es la contemporaneidad, por cierto. Considero que el lenguaje narrativo del siglo diecinueve es el medio ideal para desarrollar el personaje del vampiro, y por lo mismo he procurado emularlo en mis novelas góticas. Un vampiro expresándose en un argot local contemporáneo (de donde sea) me parecería una cosa espantosa. Tampoco querría describir al vampiro usando jeans y zapatillas deportivas, hablando por celular o pagando sus cuentas online. En lo que me concierne, el vampiro perfecto es decimonónico, muy posiblemente porque los primeros vampiros que conocí y amé provienen de escritores del siglo diecinueve. Mi vampiro perfecto también proviene de Europa Oriental, como los vampiros de mis escritores góticos preferidos, por las fantasías que desata la región en el imaginario colectivo aún hoy en día. El vampiro literario perfecto fingió su propia muerte al llegar el siglo veinte para conservar ese aire de antigüedad, refinamiento y oscuridad que lo hacen tan encantador. Y esta es una línea que no quiero cruzar como autora. Mis vampiros se quedan en el siglo diecinueve y en Europa.
  • ¿Sientes que hay un prejuicio por parte de los demás escritores hacia los autores best seller?
  • Quizás por parte de ciertos académicos resentidos y obtusos, como parece haber sido el caso de Stephen King, quien solo recientemente ha empezado a recibir el reconocimiento que merece por su excelencia narrativa, y no solo como best seller por parte de su inmensa audiencia.  En lo personal, los escritores que he conocido han sido profesionales, corteses y respetuosos. Por otra parte, han sido autores de altas ventas y gran prestigio, así que no tendrían por qué sentir celos. Los escritores exitosos conocen el negocio editorial y saben que las publicaciones de altas ventas nos favorecen a todos. Gracias a éstas, las editoriales tienen dinero para publicar grandes y pequeñas obras. Y pueden darle la oportunidad a nuevos autores o publicar obras valiosas e interesantes que quizás no se vendan tanto. Un escritor muy prestigioso me agradeció una vez por tener altas ventas. Me hizo reír. Yo también le agradezco a él su éxito. Por otra parte, he conocido un sinfín de aspirantes a escritores de todas las edades que buscan consejo editorial. Todos han sido encantadores, y para mí siempre es un placer guiar a quien así lo desee en este gran océano de la publicación. Doy tips de escritura en Twitter para escritores aficionados o primerizos precisamente porque estas personas, además de ser apasionadas y creativas, son muy amables y entusiastas. Además, me interesa particularmente que se escriban libros buenos, de tramas sólidas y personajes memorables. Tal debe ser la regla y no la excepción. Estos escritores conocen mi obra, lo cual es un gran honor para mí, y aprecian el estilo clásico de mis novelas góticas. Esto me hace feliz como autora, porque significa que otros creadores se han acercado a mí sin prejuicios y valoran lo que distingue a mi obra de otras obras de vampiros de gran éxito comercial de nuestra era: esto es, además de las tramas, su lenguaje, su contexto histórico y su atmósfera.
  • ¿Cómo vives el ser un fenómeno de ventas?
  • En mi caso, esto ha permitido que conozca miles de lectores maravillosos, y es lo más valioso que me ha legado esta carrera aparte del placer de crear sabiendo que alguien me leerá con gusto. Ser un escritor best seller latinoamericano no significa ganar mucho dinero porque las ventas son muy variables, pero sí significa tener una acogida cálida por parte del público lector. Puesto que siento el deseo ferviente de agradecer a quien se haya tomado el tiempo de leerme y contactarme para expresarme su gusto por mi obra, me he esmerado en mantener el contacto con mis lectores desde mi primera publicación. Son muchísimas personas, y esto dificulta un poco que pueda dar a cada una todo el tiempo y la atención personal que deseo, pero no por ello dejo de hacer lo posible por conservar esos vínculos únicos. Me gusta construir comunidades en torno a la literatura y compartir el amor que siento por leer y escribir.
  • Como escritor, ¿te intentan robar el alma las grandes casas editoriales?
  • No, en lo absoluto. Siento gran respeto por las editoriales. Mis editores han sido excelentes, me han enseñado mucho acerca de la creación de un libro hermoso, desde la elección de la cubierta hasta la fuente justa. Los encargados de ventas y mercadeo son personas creativas que realizan un trabajo necesario para que los libros tengan visibilidad. Las editoriales comercian con material precioso, que es el contenido psíquico y artístico de los creadores literarios. Como negocio, me parece divino. La difusión artística y cultural es lo más importante que hay en el mundo para mí, y las grandes editoriales tienen los medios y el talento humano para llevarla a cabo a gran escala. Eso no se construye de la noche a la mañana. Lograr que la gente lea en el siglo veintiuno es un trabajo difícil e incesante, más cuando las plataformas de streaming empiezan a desplazar el entretenimiento que proveen los libros porque la gente está cansada y busca una distracción mucho más pasiva que la lectura. Yo he amado las dos editoriales con las que he tenido el placer de publicar mis libros. Nunca dejará de dolerme la caída de Norma, mi primera editorial. Fue una escuela estupenda, de altísimos estándares de calidad.
  • ¿Drácula o Carmilla?
  • Drácula. Es muy completo. Adoro los recursos narrativos de Stoker. El uso de diarios íntimos, correspondencia, segmentos de prensa, grabaciones. Todo eso la hace una obra muy rica y dinámica. El personaje de Renfield (el paciente psiquiátrico que anhela ser convertido en vampiro) y sus diálogos me llenan de dicha. Es macabro y a la vez cómico, al menos para mí, que es lo que más me gusta en un personaje literario. Es un libro largo de leer, lo cual permite que el deleite de la lectura se extienda más. Curiosamente, el final de Drácula no me parece el mejor, y quedan cabos sueltos que como lectora y escritora me molestan un poco. A pesar de esto, es mi libro favorito y el que más ha influido mi narrativa en todo aspecto. Ahora, Carmilla es un libro bellísimo. Con La dama pálida y La muerta enamorada,  Drácula y Carmilla conforman el conjunto de mis obras de vampiros favoritas.
  • ¿Se ha relegado la literatura vampírica hacia el público juvenil?
  • No lo creo. Hemos vivido un fenómeno espontáneo de adopción por parte de las nuevas generaciones desde la publicación de Crepúsculo. Eso fue hace bastante ya, así que esos lectores dejaron de ser adolescentes hace años. Muchas editoriales notaron que ese público juvenil estaba muy interesado en la temática de los vampiros, y por ello buscaron encauzar hacia él toda nueva obra de vampiros que se publicara, lo cual ocurrió en cierta medida con mis libros, pero eso no significa de ningún modo que la literatura vampírica sea en esencia juvenil ni que los lectores adultos de la vieja escuela vampírica hayan perdido el amor por los libros de vampiros. El público adulto aficionado a la literatura vampírica es y siempre ha sido estable. Este segmento adulto del público, justamente, es el que con más efusividad me agradece haber traído de vuelta al vampiro clásico decimonónico, y lo comprendo. Muchos llegamos a sentir como lectores que la figura del vampiro elegante y malvado estaba siendo desplazada por la del vampiro adolescente del siglo veintiuno (que es, por supuesto, infinitamente más inmaduro que un personaje adolescente o incluso infantil del siglo diecinueve). El público adulto tenía como referente a los vampiros de Stoker y Le Fanu y sintió alivio al leer obras de publicación reciente que rescataran al vampiro primordial. Quizás deba aclarar que no creé mis vampiros como lo hice a modo de reacción en contra de esas nuevas corrientes vampíricas, sino movida por un amor puro y sincero por el vampiro clásico del terror. No encontraba buenos libros de vampiros que leer y esto me generaba inmensa desazón. Al final decidí crear el libro de vampiros que siempre quise leer: Vampyr, mi primera novela. La literatura vampírica nos pertenece a todos.
  • ¿Qué es, según tú, lo que resulta tan atrayente de la figura del vampiro?
  • El hecho de que sea casi idéntico al humano común, pero a la vez un depredador. La facilidad con la que puede camuflarse entre sus víctimas. Para mí, lo realmente atrayente es que sea estético en sus movimientos, en el vestir y en su forma de expresarse. Y (esto es imprescindible) que tenga una personalidad misteriosa. Por lo mismo, el vampiro contemporáneo no ha logrado despertar mi interés salvo en contadísimas excepciones. Esto me ha ocurrido con las historias de un par de autores que han logrado otorgar ese componente oscuro y refinado al carácter de sus vampiros a pesar de situar la trama en las Américas y en la contemporaneidad, Stephen King y Beth Fantaskey. ¡No es cosa fácil! No he leído la obra de vampiros de Anne Rice pero sí otros de sus libros, y con base en esto puedo decir que aprecio su estética literaria. Para ser brutalmente franca, me resulta incomprensible que el vampiro adolescente contemporáneo haya sido atrayente para alguien. Estoy convencida de que las tramas de romance escolar “prohibido” fueron las que lograron atrapar a esa audiencia juvenil, pero no la figura del vampiro en sí. El vampiro clásico, en cambio, tiene un componente de misterio que es realmente peligroso. No es solo peligroso como un perro bravo con peste de rabia, el cual vendría siendo el caso del vampiro moderno a grandes rasgos, sino que es peligroso en materia moral y espiritual. Una víctima convertida por el vampiro clásico se pierde a sí misma, su conciencia cambia, se transforma en una criatura maligna. Esto es lo que hace interesante al vampiro del siglo diecinueve.
  • ¿En ese sentido, existe la renovación de estructuras y temas en la literatura vampírica o se ha condenado al escritor de este género a escribir desde de una tradición anquilosada?
  • Cada escritor escribe su obra con plena libertad. Nadie le dice qué debe hacer o cómo escribir un libro. Hay escritores muy innovadores. Quizás sean poco conocidos en español por aquello de las traducciones. Yo prefiero el vampiro clásico y malvado pero eso no significa que no se pueda innovar aun dentro de ese marco. Yo amo esa tradición anquilosada. Siempre hay espacio para la originalidad.
  • ¿Has sentido la tentación de caricaturizar al vampiro o volverlo un personaje frívolo para adolescentes enamoradizos?
  • No, me aburriría muchísimo. Y esas estrategias nunca funcionan cuando se llevan a cabo adrede, es decir, únicamente con el fin de vender. Si alguien caricaturiza al vampiro o lo hace frívolo, es porque esto le genera entusiasmo genuino como creador, y eso es perfectamente válido. Hace poco me topé con una caricatura de una chica vampiro y su novio hombre-lobo. Me pareció hermosa y comiquísima, supremamente ingeniosa. Todo depende de cómo se hagan las cosas. No sobra aclarar que la caricatura mencionada es macabra a más no poder. Quizás eso fue lo que me enamoró.
  • ¿Cree Carolina en la leyenda mediática en torno a Andújar?
  • No sé qué es eso, jajaja.
  • ¿Cuál es tu visión de las editoriales independientes?
  • Son estupendas, muy dedicadas a sus autores y a sus publicaciones. Algunas publican con gran belleza y maestría. Como te digo, siento un inmenso respeto por las editoriales. No hay diferencia para mí si son independientes o no. Pero me parece fundamental que las independientes siempre tengan un espacio en las grandes ferias. Es necesario apoyarlas.
  • ¿De qué escribes cuando te alejas de lo gótico?
  • Me gustan la comedia, la sátira y las historias de crimen. Combino los tres aspectos. Sin embargo, mis obras siempre tienen un componente macabro. Es lo mío. Me resulta difícil imaginarme escribiendo una historia perfectamente rosa o ligera, aunque sería un reto interesante. Aun así, no está entre mis planes intentarlo.
  • Háblanos de tu Carmina Nocturna:
  • Carmina Nocturna es mi serie de novelas góticas que transcurren en el siglo XIX en Europa. Las historias están ligadas aunque los narradores varíen. Los libros pueden leerse en desorden y son autoconclusivos, pero se hacen guiños entre sí. Los dos primeros libros, Vampyr y Vajda, son de vampiros. El tercero, Pie de Bruja, es de brujas y hombres lobo. Todos ocurren en el mismo universo y sus personajes principales se encuentran. Esta serie es de misterio, terror y suspenso principalmente. Requiere investigación histórica, arquitectónica, geográfica, topográfica, política, gastronómica, ideológica… la idea es que sea muy realista siempre a pesar del aspecto sobrenatural de algunos de sus personajes. Me gusta incluir grandes figuras históricas en estas novelas. En la primera, Vampyr, incluí a la condesa Elizabeth Báthory como personaje. En la segunda, Vajda, el célebre ocultista Aleister Crowley y los húngaros de la mitología tribal magiar hacen su aparición. En la tercera, Pie de Bruja, presento mi propia versión de Vlad “El Empalador”. La serie tiene como base la recreación de una atmósfera bella y lúgubre a la vez. Son novelas altamente estéticas. Ahora estoy escribiendo la cuarta parte con gran deleite.
  • ¿Cuál es tu percepción de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Disfruto leer a mis colegas. Me parecen buenos escritores, sus obras son fáciles de leer. La recreación de la realidad nacional o regional parece ser una regla. En esto diferimos como creadores, pero ellos realizan una valiosa labor en ese aspecto. Yo solo he abordado la realidad colombiana y latinoamericana en mi thriller cómico urbano C.A.L.I., que es a su modo una crítica social muy puntual a pesar de su humor negro. Aun así, C.A.L.I. tiene un fuerte trasfondo fantástico, y en esto dista de ser una obra de literatura colombiana típica. Muchos escritores colombianos se formaron como periodistas antes de escribir ficción. Quizás por esto sientan la obligación de “reportar” la cultura y el entorno en el que viven. Esto es lo que más sigue favoreciendo un segmento importante de la audiencia. Yo nunca he sentido que tengo el deber de exponer la realidad latinoamericana en lo que escribo, para mí la lectura es escapismo y no quiero que su propósito sea recordarme dónde estoy. Al menos en Colombia, el periodista goza de una aceptación a priori más significativa que aquella que pueda tener un autor de ficción a secas. Puede que esto se deba a un factor de credibilidad y a la exposición mediática continua, pero creo que en gran parte es asunto de temáticas aceptadas o, para ser más precisa, de temáticas socialmente aceptadas. La escritora Gabriela Arciniegas, fabulosa oradora y también escritora de terror colombiana, explicó en una de sus conferencias en la cual yo estaba presente por qué en las colonias españolas se condenó la ficción pura en un momento histórico determinado, forzando al narrador a limitarse a recrear su realidad . Recomiendo hablar con ella al respecto, pues esto nos sigue afectando a todos. El impacto de esta regla ha sido tal que aún hoy en día se demoniza al autor latino que expande sus horizontes más allá de la cultura que se le impuso por nacimiento. A mí me aburre leer al respecto de lo que ya conozco, por lo cual he tendido a favorecer las obras de escritores de otros confines del mundo. Esto no significa que no aprecie las obras de otros autores latinoamericanos, porque los hay magníficos, y en general al menos son narradores hábiles, pero no puedo negar que las reiteraciones temáticas culturales y la sobreexposición a mi entorno habitual por medio de la ficción están lejos de suscitar mi pasión lectora. Me gustaría leer más thrillers latinoamericanos.
  • ¿Qué dificultades has vivido para desarrollarte como escritora en Colombia?
  • Ninguna. Lo tenemos más fácil acá, al menos podemos abordar a las editoriales personalmente. Los autores norteamericanos necesitan un agente literario hasta para eso. Por lo demás, uno puede escribir en cualquier parte del mundo. El desarrollo como escritor está en el ejercicio de escribir. Quizás si hubiera escrito mi obra en inglés y hubiera sido publicada en Norteamérica, hace años habría visto las películas de mis libros. Pero tal vez no. No tiene sentido especular al respecto. Aprecio y agradezco las oportunidades que se me han brindado y en especial el apoyo lector tan inmenso que he tenido a pesar de escribir libros considerados un poco tabú por ser una escritora nacida en latinoamérica: no se supone que los latinos escribamos libros góticos o de fantasía, y quizás esa haya sido la única dificultad que he tenido como escritora en Colombia, pero esta fue una traba editorial transitoria y no una de desarrollo como creadora.
  • ¿Qué significan para ti Hungría y Colombia?
  • Me interesan los aspectos culturales de ambos países, sus tradiciones y leyendas. La cultura húngara me gusta mucho, y los colombianos me caen muy bien.
  • ¿Algo de Ava (una de tus brujas más entrañables) hay en ti?
  • Mi sentido de la justicia social es muy parecido al de Ava. Comparto también su determinación y su curiosidad, pero muy especialmente su ira para con el racismo y la discriminación, de los cuales infortunadamente no estamos exentos en Latinoamérica. En Pie de Bruja, Ava se indigna hasta la médula con el trato dado a los romaníes que se han asentado cerca al poblado de Dobro en Voivodina, y entabla con ellos una relación de alianza con base en la animosidad compartida que sienten hacia el pastor protestante del poblado, un hombre poderoso, misógino, racista e hipócrita que disfruta de gran prestigio en la localidad. Como a Ava, estos personajes intocables me hacen hervir la sangre. También me gusta explorar antiguos ritos paganos.
  • ¿Con C.A.L.I comienza un “cambio de piel” en tu escritura?
  • No, escribí C.A.L.I. hace más de diez años, justo después de Vampyr. No la presenté para la publicación hasta hace poco porque estaba concentrada en mi obra gótica, pero planeaba hacerlo en algún momento. Siempre he escrito sátira y comedia, especialmente para teatro, y desde esta perspectiva C.A.L.I. no es una excepción en lo absoluto. Esta novela tiene mucho realismo mágico, de todos modos. El diablo es uno de sus personajes cómicos. En suma, no ha habido un cambio en mi estilo sino que tengo dos estilos, siendo el gótico el más reciente, porque la comedia empecé a escribirla mucho antes, desde la adolescencia. Seguiré con ambas líneas, la gótica y la cómica. Y creo que siempre habrá misterio en ambas.
  • ¿Qué es la fama?
  • Reconocimiento. Gozar de una buena imagen pública. Es algo positivo en lo que me concierne. Significa que alguien hizo algo que interesó a muchas otras personas por el motivo que sea. Ya el uso que se le dé es lo delicado. Yo intento promover ideas justas y un comportamiento ético porque son aspectos sociales vitales para mí. Pero lo relevante, lo realmente fundamental, es crear obras genuinas y de calidad, haya fama o no. Por supuesto, todo creador quiere dar su obra a conocer sin importar la disciplina artística a la que se dedique (para mí la literatura también es arte, algunos la consideran solo una labor intelectual), y por esto la fama es útil. En este aspecto, es un medio para alcanzar un fin. Pero la fama, la buena fama, también es una forma de agradecimiento que se le da al artista por su labor, y esto es algo muy bonito y también justo, porque, como ya lo expresé, no hay nada en el mundo que sea más importante que el arte.
  • Por último, Carolina, ¿te gustaría ser una vampira?
  • Sí. Sería agradable no tener que morir ni preocuparse por la subsistencia alimentaria en un mundo caótico. Pero si esto significara perder mi empatía o mi sentido de la justicia, pasaría de ello.
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Elizabeth Reinosa Aliaga | La cadencia diáfana de la poeta musical

Me gusta la música que con las palabras hace Elizabeth Reinosa Aliaga. Cuando la comencé a leer, descubrí una voz madura en una casi niña. Entonces supe que esos versos anunciaban una gran escritora y al cabo de los años, la fuerza que ella misma ha ido experimentando en su poesía y su narrativa, la manera en que ha logrado irrumpir en su entorno, han confirmado mi casi profecía. Elizabeth Reinosa Aliga (Granma, Cuba, 1988), tiene la fortuna de ser escuchada por su generación y las generaciones subsiguientes de poetas. Ello le ha permitido ser reconocida en no pocos certámenes, con lo que podemos decir, ha sido multipremiada. Pero lo merece. En el año 2018 puede escucharla, entre el público que asistió al Festival Internacional de Poesía José María Heredia, cuando fue nombrada visitante distinguida de la ciudad de Toluca. Desde entonces, debo confesar, me he vuelto un asiduo consumidor de su música poesía. Clara y preclara, diáfana y corrediza, hasta casi ser agua; de envidiable soltura y certeza en la imagen, y con un marcado gusto por el juego de las formas. Curiosamente, Elizabeth estudió ingeniería informática, aunque de fondo parezca más una alquimista. El primer premio que ganó, en su natal Cuba, fue el Premio Nacional José Antonio Echeverría, a éste le han seguido bastantes más, entre los que destacan el Premio Guillermo Cabrera, el Iberoamericano Décima al Filo, el Francisco Riverón Hernández  y el Premio Internacional Voces Nuevas de la Editorial Torremozas, cuya sede está en España. Su espíritu inquieto la ha llevado a incursionar con fortuna en la narrativa y la literatura infantil. Entre los libros que ha publicado, se pueden contar En la punta del Iceberg (Editorial La Luz, 2011), Las Seis en punto (Editorial Sed de Belleza, 2017), Brújulas (Editorial La Luz, 2018), Líneas de tiempo (Editora Abril, 2019) y este año acaba de publicar, muy recientemente, el poemario para niños Zooilógico (DMcPherson Editorial, 2020). Su obra ha sido reconocida y publicada en Cuba, México, Chile, Argentina, Estado Unidos y España.

  • Elizabeth, vienes con un nuevo libro bajo el brazo, y es de narrativa  infantil, platícanos sobre tu Zooilógico.
  • Cuando comienzo a escribir un libro, incluso cuando lo termino, no pienso en el destino que tendrá, ni siquiera lo sospecho. Casi siempre, en medio del proceso de edición o al tener el libro en mis manos, experimento una especie de pudor o miedo escénico. Con Zooilógico me ha ocurrido algo así, una sensación de indefensión frente al lector, y en este caso, por ser para niños, de mucha responsabilidad. Es un libro escrito hace más de cuatro años, por alguien que ya no soy, por eso puedo hablar de él sólo desde cierta distancia. Zooilógico fue concebido, inicialmente, como un juego. Parte de la diversión, de mi deseo de mostrar un mundo donde todo parece reinventarse constantemente. El escenario es solo un pretexto para comunicar ese juego aparente. Detrás de los personajes hay guiños, ironías, reflexiones que serán completadas en un diálogo con niños y adultos. Una veintena de textos breves, algunas décimas, estructuras que creé a partir de juegos de rimas. Zooilógico es un cuaderno trampolín, ya que, como autora, me ha permitido salir (de un salto) de mi zona de confort, y replantearme lo que deseo expresar en la literatura para niños.
  • ¿Cómo se dio tu acercamiento con la literatura infantil?
  • El primer acercamiento fue como lectora, por supuesto. Nunca podré olvidar lo que experimenté al leer por primera vez Las aventuras de Tom Sawyer, El Corsario Negro o El libro de la selva. Con Mark Twain, con Salgari, con Kipling comencé a recorrer las páginas de la literatura infanto-juvenil.  Como autora, fue mucho después. En el año 2010 leí Sarubí, el preferido de la luna, una novela para niños del escritor cubano Emerio Medina. Me gustó cómo Emerio se alejaba de lo urbano y regalaba una historia con conflictos inherentes al público infantil. En ese momento yo también quise abrir una puerta a personajes que se movieran en un mundo de fantasía. A finales de ese año terminé Las Seis en punto, una historia que tiene como ejes centrales la magia y el discurrir del tiempo, temas que todavía me apasionan.
  • ¿Hay raíz negra en tu poesía?
  • Es algo de lo que no estoy completamente segura. Más bien lo intuyo a través de susurros, de pequeñas sacudidas dentro del verso, a veces tambores, a veces lejanas remembranzas de movimientos y colores. Cada día estoy descubriéndome. Es un largo viaje hacia el interior.  Un camino lleno de preguntas y cuestionamientos. Pero para mí es imposible explicar el entramado que conforma mi escritura, le temo mucho a las certezas y a las autodefiniciones. Por eso imagino las raíces, las construyo a partir de la memoria: las voces del cuerpo y las del sueño.
  • Has representado a Cuba en algunas ferias y encuentros internacionales de literatura ¿cómo has vivido esta experiencia?
  • He tenido la suerte de participar, de manera presencial y virtual, en varios encuentros literarios del continente, y ha sido con mucho interés de escuchar, de descubrir personas, estéticas y sensibilidades. Cuando esos encuentros  han sido animados por el diálogo y la transformación, regreso esperanzada. La vitalidad que puedo encontrar en ellos, me resulta muy útil. Sobre todo porque esa interacción social me permite entender mejor la realidad.
  • ¿Un parteaguas tu visita a Toluca?
  • El festival de Toluca fue un encuentro de voluntades: del Ayuntamiento de Toluca que apoyó financieramente el evento; de Jorge Contreras que fue el alma que hizo posible toda esa magia; de cada uno de los poetas que participamos —algunos cruzaron el Atlántico para asistir al encuentro—; pero también del público toluqueño que nos recibió con tanto cariño y abrió todas las puertas para que la poesía fuera posible. Yo disfruté enormemente la visita a las escuelas. Fui a una preparatoria y quedé sorprendida y encantada con el interés que mostraron los alumnos ante nuestra poesía. Esto me sirvió para entender mucho más la importancia de lo formativo de estos encuentros y la necesidad de potenciar los programas de lectura y el intercambio entre los escritores y los niños y jóvenes, en una experiencia comunitaria que fortalezca sus vínculos con la poesía y la literatura en sentido general.
  • ¿Qué importancias tienen estos festivales y ferias para un escritor?
  • Estos eventos son muy importantes para establecer nexos entre los escritores y sus públicos. Representan una vía de superación colectiva, siempre que estimulen un intercambio real y no se conviertan en una vitrina de exhibiciones. Para esto, es esencial poner la literatura al servicio de la comunidad y lograr establecer entre los poetas una sintonía que trascienda las fronteras geográficas.
  • En el mismo sentido ¿Qué han significado para ti los diversos premios con los que te han reconocido?
  • He recibido cada uno de esos premios con alegría porque representan un reconocimiento a mi trabajo. Los he aceptado con la mayor humildad y responsabilidad ante la escritura. No representan una meta sino un estímulo para comenzar de nuevo y dar lo mejor de mí en cada línea.
  • ¿A cuál de tus múltiples premios le guardas mayor cariño hasta ahora?
  • Esos reconocimientos han servido de impulso, y están atados a diferentes etapas de mi vida. Creo que cada uno llegó en el momento justo, cada vez que perdía las esperanzas de ver publicado algún libro. Así que no podría elegir uno, tomando como criterio el cariño. Puedo decirte que el que más sorpresa me causó, fue la beca de creación Can Serrat (España, 2020), porque apostaba por un proyecto de novela que yo misma no había dimensionado y, aunque todavía queda mucho camino por andar, me impulsó a redoblar los esfuerzos durante más de un año hasta tener listo el primer borrador.
  • ¿Porqué eres tan musical?
  • Aunque cada género me demanda una cadencia distinta: el ritmo de la décima no lo siento cuando estoy frente al verso libre, y el de éste último lo olvido cuando estoy ante la narrativa, creo que hay un factor común: el espacio en blanco, el enorme silencio que contiene los susurros de la tierra, de mis ancestros, de mis vidas pasadas. El origen de esa musicalidad es el silencio.
  • ¿Cuál es tu panorama de la literatura cubana contemporánea?
  • Creo que te refieres a la más reciente literatura cubana, la cual visualizo como un abanico de géneros, de estéticas, una polifonía que resulta interesante. Hablar de una literatura cubana no es referirse a una literatura demarcada por los límites de la isla, sino una referencia a puntos (de un mapa) diseminados por el mundo, y  señales de un fenómeno literario que no puede ser resumido en temas, formas y/o posturas políticas. Esto solo te lo puedo decir desde mi visión como lectora, y como autora que participa del fenómeno desde adentro, por supuesto. En esa búsqueda constante de lecturas, de autorreconocimiento en las obras de mis compatriotas he podido percibir un panorama esperanzador. Reconozco a autores que ya representan voces consumadas y otros que solo necesitan tiempo para madurar. También creo que es necesario que comiencen a escucharse, mucho más, las preguntas: ¿Qué estamos haciendo? y ¿Hacia dónde vamos?
  • ¿Crees que exista un diálogo verdadero entre los escritores latinoamericanos próximos a tu generación?
  • El diálogo entre los escritores de una generación, o al menos entre los que comparten un tiempo vital, se genera de manera espontánea. A través de la experiencia que se acumula al convivir en una época, al compartir aspiraciones y angustias, lecturas y divergencias.  En los eventos literarios y en Internet, se producen encuentros, acercamientos,  intercambios más inmediatos, que resultan vitales en esas  búsquedas y  descubrimientos de esencias, pero creo que a través de la realidad colectiva, del ejercicio literario y de la lectura, estos diálogos están teniendo mayor impacto.
  • ¿Qué ha significado para ti ser escritora en Cuba?
  • Escribir desde Cuba, mi país, ha sido siempre una moneda de dos caras. Por un lado, la dicha que implica poder hacer literatura desde mi espacio natural de creación y el respaldo de las editoriales nacionales para llegar al lector cubano. Por otro lado se impone el desafío de intentar conquistar otros escenarios, otros lectores. Pero llegar a las editoriales extranjeras no implica el descubrimiento de un mundo editorial totalmente desconocido para la mayoría de los escritores cubanos.
  • ¿Amante de la décima?
  • Amor que comenzó, si no con odio, al menos con una especie de rechazo.  Al principio pensaba que no se podían elegir caminos dentro de la décima, que todo estaba encapsulado de tal manera que entrar al cuadro de la estructura era entrar a una lucha con los brazos atados. Luego comprendí que para encontrar caminos diferentes, tenía que entender plenamente la construcción, construir para luego destruir o deformar. Ahora creo en las combinaciones. Las posibilidades dentro de la décima no son infinitas, se van agotando. En la estructura hay espacio para un discurso, para hacerlo con calidad y soltura, pero esto depende de las habilidades del poeta y de su capacidad de aprender de la tradición y de luego sortear los peligros de desandar el camino de los otros y el suyo propio.
  • ¿Hay perversidad en la literatura infantil?
  • Lo que encaja dentro de la perversidad es regido y modificado por la moral de cada época. A lo largo de la historia de la literatura, la perversidad como esa perturbación del orden o estado de las cosas, ha hecho posible los cambios de paradigmas e iluminado un trecho más de ese camino que constituye el conocimiento humano. A mi mente vienen obras como La historia interminable, Alicia en el país de las maravillas, Pippa Mediaslargas, y en ellos es un factor común el adentrarse en temas y formas que se salían de lo convencional. Aunque la perversidad puede ser una arma de doble filo, cuando se tratan con crudeza estos temas difíciles. La idea es pervertir los convencionalismos, los prejuicios. Que esa perversión sea a favor del niño. Por eso, la literatura dirigida a este público debe hacerse con extremo cuidado, sin didactismos, pero con ternura. Teniendo como premisas la búsqueda de la verdad, la investigación y el rigor con que se enfrenta la escritura. Creo que necesitamos una literatura infantil más esperanzadora, que no violente los procesos de crecimiento y maduración intelectual de los niños, sino que sirva de compañía y abra las puertas para que ellos puedan potenciar su imaginación y su capacidad de razonar y de cambiar el mundo.
  • ¿Cómo es eso de que eres ingeniera?
  • Desde niña supe que iba a ser escritora, pero decidí tomar otros caminos profesionales. Después de estudiar una Ingeniería en Ciencias Informáticas y  ejercerla durante cinco años, sentí que había llegado el momento ideal para saltar. Salté al vacío como un acto de liberación. No sentía lo mismo al escribir cien líneas de código PHP que al escribir un poema, cuando hago esto último experimento un estado de libertad incomparable.
  • Por último, Elizabeth, ¿sigue desvistiéndose tu memoria en su tierno striptease?
  • Ese striptease de la memoria representa la sinceridad frente la escritura, esa desnudez e indefensión ante lo que duele y brota con urgencia en cada palabra. Aunque continúo indagando en el recuerdo, el ritual se ha transformado: ahora es un acto que va de lo tierno a lo salvaje, un ejercicio intenso de construcción y derrumbe.
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Julio Meza Díaz | La risa burlona del monstruo

Sin temor de caer en lugares comunes, toda vez que en su prosa y poética se distingue una diáfana pulcritud y una inteligencia y un humor ácidos, atinados y finos (que no refinados), puede afirmarse —como ya dije: sin pudor alguno— que Julio Meza Díaz es una de las voces de la literatura peruana contemporánea que mayor interés producen entre la crítica de a caballo, que en veces desatina y en veces atina, y en los lectores de a pie, que al fin y al cabo, son jueces más sensatos. Meza Díaz cae al mundo en 1981, en esa Lima de Dios donde, como balbuceó alguna vez el sabihondo Ricardo Palma, “siempre harán las limeñas pecar a un beato”. Así, entre beatitudes y pecados, limeñas y arrebatos, abrevando de la caleidoscópica tradición literaria peruana, y quebrando con ella cuando era debido, Meza Díaz ha transcurrido de la poesía a la narrativa y viceversa, y sus periplos le han llevado a diversos derroteros de esta gran ilusión llamada literatura. La diosa Fortuna parece consentirlo. A pesar de las complicaciones mundiales por la maldita pandemia, Julio ha tenido la buena estrella de ver nacer, en la recta final de este año, su emblemática novela Vargas Yosa (Ediciones Periféricas, 2020), de la cual hablaremos en esta entrevista. Julio Meza Díaz ha publicado, además, el cuentario Tres giros mortales (Casa tomada, 2007), la novela Solo un punto (Cinosargo, 2014), la novela gráfica El amor sabe a sábila (Editorial Ínfima, 2010) y los poemarios Lugares comunes (Editorial Ínfima, 2011) y Matemáticas Sentimental (Editorial Ínfima, 2011). Éste último le hizo acreedor al premio de poesía Cayetano Heredia 2010.

  • ¿Julio, en este continente repleto de cacicazgos ponzoñosos, qué son para ti los caciques literarios?
  • El cacicazgo es una práctica social enraizada en Latinoamérica, ¿no? Conversaba sobre el tema con un amigo, César Sanz. Él me decía que el cacicazgo, es decir, esta relación clientelar entre un señor y sus subordinados se puede apreciar en distintos campos de nuestras sociedades. Cesar me mencionaba el de la gastronomía en el Perú, por ejemplo. En el caso de la literatura el sistema de cacicazgo es el mismo: hay un gran señor que acumula capitales (legitimidad y redes sociales, por ejemplo) y lo entrega a sus vasallos a cambio de su lealtad y reverencia. La visión romántica de la literatura describe a ésta como un espacio de imaginación y libertad, pero sabemos que la literatura no es autónoma, ¿no?; es decir, no es ajena de las dinámicas sociales.
  • Recién salida del horno está tu novela Vargas Yosa, platícanos sobre ella.
  • Forma parte de un libro de cinco novelas breves que no salió por culpa del covid. De modo que con el editor decidimos adelantar una de las piezas. En Vargas Yosa quise hacer un retrato no mimético, al modo en que lo hacían los artistas plásticos de inicios del XX. No sé, Picasso colocaba como título de alguno de sus cuadros “Dora Maar”, y lo que ves en el cuadro es un experimento cubista muy simpático. Más o menos eso intenté, aunque claro, salvando las distancias, porque no soy ni la uña rota de Picasso ni Vargas Llosa es la genial Dora Maar. Por lo demás el argumento de la novelita es muy sencillo. Trata de un tipo que se llama Vargas Yosa, quien nació sin brazos ni piernas, pertenece a cierta clase alta y se dedica a dar charlas motivacionales. Un día despierta con todas sus extremidades y de inmediato se hace la que considera la primera paja en regla de su vida. Luego comienzan los problemas, porque las empresas que lo han auspiciado no quieren perder su inversión.
  • Por cierto, una portada poderosa —polisémica dirían los entendidos— la de este libro.
  • Parece que el de la portada está lavándose la boca, ¿no?
  • A todo esto ¿qué tal te cae el marqués Vargas Llosa?
  • Es un sujeto complejo, ¿no? O sea, le dio nombre a la dictadura perfecta en la cara de Octavio Paz, es anti-fujimorista y sus primeras novelas son interesantes. Pero promueve el neoliberalismo impuesto a sangre en Chile y el Perú, y es a la vez un cacique literario de cuerpo entero. Tanto así que ha sido de algún modo el vínculo directo entre los “indios” (los escritores peruanos que lo han rodeado) y la corona de España. Imagino que debe de haber algún elemento en nuestro ADN arrastrado desde la colonia que, apenas vemos a Vargas Llosa al lado del rey de España, lo buscamos para que sea nuestro señor y nos de su protección. Sobre el tema conversaba con un amigo, Renzo Honores. Él comparaba la figura de Vargas Llosa con la de un historiador peruano, Riva Agüero, marqués también. Era otro cacique dentro del campo cultural y tenía la costumbre de desaparecer a quienes lo criticaban. Vargas Llosa hace lo mismo. No hace mucho apenas recibió una crítica de machismo hacia la bienal que promueve, decidió cancelar la presentación que tenía pactada con una escritora en Lima. “Es un engreído, como Kiko del Chavo del 8”, apuntó el buen Renzo. Y si Vargas Llosa te baja el dedo, pues sus vasallos harán su deber: darán muestras de su lealtad y lo secundarán. Es curioso, porque él promueve un compromiso con la literatura, pero lo hace con cierto tipo de literatura, la vinculada a la costa peruana y de las clases medias y altas ilustradas. Promueve la hazaña de la libertad, critica a los autócratas, pero es un cacique dentro del campo cultural. Y lo más curioso es que tiene un doble estándar. O sea, se comporta así en el Perú o en otros países latinoamericanos, pero no hará nada semejante en ningún lugar del norte global. Allí aceptará la crítica y debatirá de igual a igual, se exhibirá como el sumun del hombre moderno que se relaciona en un marco de igualdad con los demás ciudadanos. ¿Y en Latinoamérica qué? Pues somos sus vasallos o los indios a los que hay que doblegar.
  • Siguiendo el hilo, ¿cómo fue trabajar con Ediciones Periféricas, la editorial mexicana que dio luz al libro?
  • Es una editorial independiente. Los editores, Nahúm y María Amor son personas chéveres. Es decir, yo no sé si una de esas editoriales grandesme hubiera permitido presentar el libro como lo hicimos, invitando a Vargas Yosa y colocando un papel higiénico en lugar de él.
  • Parece que te ajusta muy bien el trabajar con la novela breve o con la brevedad en sí ¿porqué?
  • No necesariamente. Hace unos años se publicó una novela mía, Solo un punto, que tiene cierto número de páginas. Creo que más bien tiendo a la extensión, a mi pesar. Vargas Yosa lo planifiqué como un cuento brevísimo y mira lo que ocurrió.
  • Y con la novela gráfica ¿qué tal te sentiste?
  • Hago más bien relatos gráficos, a modo de fanzines punk. He hecho dos. El amor sabe a sábila y Si Dios es así, prefiero a Satanás. El primero trata de un tipo que se enamora y casa con un aloe vera; y el segundo, de un león come cristianos con PhD en estudios hispánicos y dos soldados romanos anarquistas. He disfrutado mucho dibujarlos, entre otras cosas porque dibujar me permite escuchar música y cantar mientras trabajo.
  • ¿Sigues permitiéndole a Él irrumpir como tu alter ego?
  • Fue mi alter ego en Solo un punto. Pero digamos que ya tiene vida propia. Aparece en el primer relato del libro que saldrá el próximo año. Es víctima de una publicidad sobre supositorios alimenticios. Una empresa asegura que comer por el culo es más eficiente que por la boca, puesto que el estómago diluye mucho de lo que tragamos y lo expulsa. En cambio el culo no. Comer los supositorios devendría entonces en la desaparición de la boca y del habla.Empezaríamos a usar la telepatía y la telequinesis. Y si incluso un niño puede detener un misil atómico en el aire usando su mente, desaparecería el poder, ¿no?… En el nuevo libro Él usa esos supositorios como quien se encamina hacia la revolución.
  • Oye, ¿y en algo se parecerán Él y Vargas Yosa?
  • Por supuesto, ambos prueban esos supositorios. Es más, estoy casi seguro de que la biblioteca de Vargas Yosa está llena de ellos.
  • ¿Son el humor, el absurdo y la escatología piedras fundacionales de tu obra?
  • No lo sé. O sea, yo creo que todo el mundo puede escribir. Solo tiene que rechazar los moldes, encontrar el método que le ajusta bien y empezará a escribir como quien baila. En mi caso, las cosas que mencionas como importantes en mi obra son en realidad parte de mi método, el que consiste en sentarme frente a la computadora y escribir como contándome a mí mismo un chiste tras otro, en una espiral inacabable, en el que el siguiente chiste es más perverso que el anterior. Así de simple, solipsista y pastrulo.
  • ¿De qué salud goza, a tu parecer, la literatura peruana actual?
  • Lamentablemente, no estoy al tanto de la literatura peruana más actual. Me gustan los clásicos, Arguedas, Miguel Gutiérrez, Laura Riesco. De lo reciente mi hermano Favio me ha recomendado El espía del Inca de Rafael Dumett, novela que leo ahora mismo con mucho interés. De Dumett vi hace mil años la obra El juicio final y me dejó sorprendido.
  • Tu camino como escritor te ha llevado a trabajar con creadores de otras naciones de nuestro continente, por eso, y para dar eco a la pregunta anterior, ¿crees que existe un verdadero diálogo, una verdadera interacción, entre los escritores contemporáneos de Latinoamérica?
  • A continuación voy a jugar a la opinología, que de eso se trata la entrevista, ¿no? La relación que mencionas pasa por distintos temas (afectos, similitudes estéticas, coincidencias ideológicas, etc.) pero también por un elemento sobre el cual a los escritores no les gusta hablar por un prurito romántico-judeocristiano: la plata. Entonces, creo que Latinoamérica es un espacio geográfico y una palabra que está allí por la presencia de Estados Unidos y el norte global en general. Luego es un cúmulo de diferencias, diálogos y tensiones. A esa complejidadhay que añadir que la condición económica de cada país latinoamericano es diferente y que sus industrias culturales también lo son, sobre todo en relación a los marcos legales y apoyos e incentivos económicos que brindan los Estados, su articulación con el capital privado y el mercado de consumo. Te lo pongo así. México y Argentina, por ejemplo, tienen cuenta satélite de cultura desde hace varios años. Es una herramienta básica para cualquier ministerio de cultura. Esa cuenta identifica el aporte a la economía de las industrias culturales y creativas, además de las necesidades que tendrían que ser cubiertas en dicho campo para que siga desarrollándose. Los ministerios de cultura diseñan entonces políticas públicas para responder a las necesidades encontradas (¡esa es la función de los ministerios!). Sin embargo en el Perú y Ecuador, por ejemplo, existen ministerios de cultura desde hace años, pero no tienen cuenta satélite. ¿Cómo identifican las necesidades? Imagino que el ministro de cultura del Perú hace ouija y le pregunta a Arguedas: “oye, José María, ¿cómo haríamos para que los integrantes de las escuelas de danzas folclóricas intenten vivir de su actividad?”. Entonces, a una escritora de Ciudad de México o Buenos Airesle será más accesibleencontrar una editora que a una escritora de Lima (ya no te digo de otras ciudades del Perú), por ejemplo. Y probablemente las dos primeras puedan vender más libros que la tercera, porque en sus ciudades ha habido políticas de creación de públicos para la literatura (lo que no implica a su vez que tengan las condiciones de las industrias culturales del norte global). Así, sin un contexto que posibilite las industrias culturales, la escritura tiende a tornarse en una actividad para élites. Y en dicho tipo de escenarios aparece gente como Vargas Llosa, un cacique que capitalizará la falta de oportunidades para sus propias agencias. Y habrá gente que aceptará el trato. Algunos me dicen que las redes sociales y el internet en general permiten escapar de algún modo de estas estructuras. No estoy del todo seguro. Si tienes que trabajar 50 horas diarias te será muy difícil escribir y gestionar contactos mediante Facebook o Instagram para publicar o promocionar tu obra. Y si tu arte no es autosustentable económicamente, te será cada vez más difícil realizarlo. El diálogo que me mencionas en tu pregunta, entonces, estará mediado por estos contextos diferentes. Porque si Latinoamérica es el sur, hay países latinoamericanos que están al sur del sur.
  • ¿Porqué no te gusta el futbol, Julio?
  • Escribí un poemario con un título parecido, el que recibió una mención horrorosa por ahí, pero me gusta el fútbol, sobre todo jugarlo. Eso sí, digamos que mis tiros son un tanto poéticos. Cuando pateo al arco usualmente le acierto a la copa de algún sabio árbol que sacude sus ramas al son de la suave música de los vientos de agosto. Cuando hago un pase, le entrego el balón a ese sujeto del futuro, inmaterial a los ojos de los insensibles, pero posibilidad latente de un mañana de abiertas avenidas.
  • ¿Más cercano a Bukowski que a Vargas Llosa, o ninguno te acomoda?
  • Pues ninguna de las anteriores. Y Bukowski no, porque estuvo muy de moda en los 90´s en Lima. Y me daba la impresión de que quienes lo seguían no querían ser escritores, sino vivir como lo hacía Bukowski, lo que benefició a la figura de este, potenció las masculinidades tóxicas y generó ganancias entre las licorerías y dealers. Eso sí, amo cómo los borrachos y toxicómanos celebran mis chistes. Pero yo nunca he sido un gran bebedor, hago deportes, duermo temprano y como frutas y vegetales. Mi opción es convertirme en el cadáver más sano del cementerio.
  • ¿Qué es el amor para ti?
  • No sé. Imagino que consiste en dejar que el otro sea, fumar yerba y perrear.
  • Por último, estimado Julio, ¿caca hemos sido y caca seremos?
  • La Pacha Mama no es algo terminado, ¿no? Es decir, la tierra tiene que estar descompuesta. Solo así permite el surgimiento de la más hermosa flor.

Descarga Vargas Yosa (Ediciones Periféricas, 2020) de Julio Meza Díaz en https://www.amazon.ca/Vargas-Yosa-Spanish-Julio-Meza-ebook/dp/B08JD2HCN4/ref=sr_1_1?dchild=1&qid=1601308469&refinements=p_27%3AJulio+Meza+Diaz&s=books&sr=1-1&text=Julio+Meza+Diaz

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MARTÍN TONALMEYOTL | EL JOVEN TLAMATINI

Catorce, quince y dieciséis de septiembre, son días por demás simbólicos en varios países del septentrión y centro de nuestra América. Días que aluden a la emancipación y la insurgencia. Días que nos recuerdan que somos hermanos, más allá de las necias fronteras. Por ello, y mediante uno de sus jóvenes escritores,  nos parece propicio dedicar esta Canaimera a una de las culturas que desde hace siglos unió con su lengua y su cosmovisión a tierras vastas y naciones varias, desde México hasta Nicaragua, pasando por Guatemala, Honduras y El Salvador: el pueblo nahua, que a la fecha sigue vigente, vivo y soberano. Dilatada es la literatura nahua, desde varios siglos antes de la conquista (etapa estudiada profusamente por anacoretas como el padre Ángel María Garibay), prosigue luego con una intrincada existencia, aunque en tiempos contemporáneos parece gozar de buena salud gracias a escritores que se aferran a su raíz. Uno de ellos es Martín Tonalmeyotl (Guerrero, México, 1983), quien dice de sí mismo ser campesino, antes que cualquier otra cosa, y además narrador, poeta, profesor y promotor de la lengua náhuatl, además, por supuesto, de traductor. Nació en un territorio que se ha regado con sangre desde hace muchos siglos. Un territorio tan bello como violento, siempre insurgente, pero peligroso. Y ello permea las letras de Tonalmeyotl, que son tan valientes como despiadadas. Una poesía florida sí, en su herencia, más inclemente en su sentido. Martín coordina la serie Xochitlájtoli en la afamada revista Círculo de Poesía. Ha sido becario del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Hasta ahora ha publicado los libros Tlalkatsajtsilistle / Ritual de los olvidados (Jaguar Ediciones, 2016), Nosentlalilxochitlajtol / Antología personal (Asociación de Escritores de México, 2017) e Istitsinueyeatsintle / Uña mar (Cisnegro, 2019) y corrdinado las antologías poéticas Xochitlajtoli. Poesía contemporánea en lenguas originarias de México (Círculo de Poesía, 2019) y Flor de siete pétalos (Ediciones del Espejo Somos, 2019), además de haber participado en diversas antologías y publicado su obra en revistas y periódicos de México, Italia, Estados Unidos, Venezuela y Brasil.

  • ¿Martín, qué significa ser un escritor en lengua náhuatl?
  • Significa atreverse a escribir y a describir un mundo propio en una sociedad globalizada, violentada y monótona. Ser escritor náhuatl significa defender la palabra, la historia no contada, la cultura, el territorio, el pueblo en donde una ha sido formado en cuanto a ser y pensamiento.
  • ¿Quiénes son los escritores en lenguas originarias más importantes para ti?
  • Son todos los que escriben para defender sus lenguas y culturas desde el lugar donde habitan. Sin embargo, los poetas a quienes admiro de forma particular por su trabajo literario son: Humberto Ak’ abal (kiché), Natalia Toledo (zapoteca), Irma Píneda (zapoteca), HubertMatiúwaà (mé´pháá), Mardonio Carballo (náhuatl), Briceida Cuevas Cob (maya), Manuel Espinosa Sainos (totonaco), Pedro Uc Be (maya) e Isaac Esau Carrillo Can (maya). Mi admiración hacia la mayoría de ellos radica en su trabajo estético como poetas y en el compromiso que tienen con la palabra, los pueblos y la defensa del territorio en que habitan.
  • ¿Qué significa para ti la literatura nahua prehispánica?
  • Para mí es un legado de mis orígenes, la historia de mi pueblo que marca una línea del antes y después. El antes es mi historia, la raíz de un pensamiento vivo y vigente en mi ser. El después, es un reflejo, ese reflejo donde a diario me miro y trato de ser colectivo, de ser gente de pueblo, de no olvidar mi sangre, de tener presente todos los días la palabra de mis ancestros. 
  • ¿Cuál consideras que es el papel que juegan los escritores de los pueblos originarios en la literatura contemporánea Latinoamericana?
  • Pienso que son los sabios del futuro, me refiero a los caminos que han construido y siguen construyendo para aquellos que ahora son niños y que mañana serán adultos y tal vez muchos de ellos retomarán la palabra, los consejos, los versos para defender a sus lenguas, a sus pueblos y al territorio en que habitan. Creo que la poesía no solamente es literatura sino una forma de resignificar la palabra antigua, una forma de quitarnos del folklor en el que nos han metido. Escribir y atreverse a escribir en estos tiempos, es como preparar la tierra, sembrar semillas para cosechar vida y alegría en nuestros pueblos.
  • ¿En qué consiste el Xochitlájtoli que coordinas y cómo ha sido el trabajar con la revista Círculo de Poesía?
  • Xochitlajtoli es una serie de poesía en lenguas originarias que consiste en dar a conocer la poesía mexicana actual, escrita desde los rincones más lejanos de las letras como son los pueblos originarios. Consiste en darle al lector, otras formas de mirar y valorar la palabra desde la poesía. Xochitlajtoli nació a partir de la invitación que me hicieron los poetas Mario Bojórquez y Alí Calderón, directores de la revista. Primero para publicar algunos poemas míos y después, para publicar a otros poetas quienes, muchos de ellos, no habían tenido la oportunidad de ser publicados en las revistas de literatura. Fue así que comencé a invitar a varios colegas a sumarse a este proyecto literario. Actualmente llevo publicando a más de 50 poetas en cerca de treinta lenguas distintas, podría ser, quizás, el catálogo digital de poesía en lenguas originarias más grande de México. En el 2019, nació de éstas propuestas poéticas un libro titulado Xochitlajtoli/ Poesía contemporánea en lenguas originarias de México por la Editorial Círculo de Poesía en donde reuní a 32 poetas en 16 lenguas distintas, 17 con el español. Es feo decirlo, pero es la primera antología en su tipo, hecho por un hablante de estos idiomas. Trabajar con la Revista Círculo de Poesía es muy satisfactorio porque tengo la libertad de proponer  a los escritores que voy encontrando en el camino y hasta donde sé, es la única revista literaria que abrió un espacio para darle voz y vida a la poesía mexicana contemporánea escrita desde las lenguas originarias.
  • ¿Es la tradición benigna o perniciosa en las letras indígenas contemporáneas?
  • Pienso que es una tradición benigna porque a partir de esta difusión poética en lenguas originarias hecha en los últimos años (sin dejar de mencionar la tradición escrita de más de 50 años) se rompe una estigma de la poesía mal llamada indígena (mala poesía), manchando el rostro de la poesía mexicana escrita en español que se había adueñado de todos los espacios literarios sin dejar sitio a las otras literaturas.
  • En ese sentido ¿crees que los autores indígenas contemporáneos están viviendo una ruptura con respecto a generaciones anteriores?
  • Creo que en todas las tradiciones poéticas existen rupturas y con los escritores de estos idiomas también está pasando y en un futuro se volverá a romper, siempre con miras de mejorar el trabajo poético.
  • ¿Será necesario seguir haciendo una distinción entre escritores indígenas y no indígenas?
  • En realidad, nunca debió de haber existido esa distinción porque con el solo hecho de decir escritores indígenas, se les está categorizando como algo menor, algo no bien hecho, del montón. Los escritores son escritores porque ofrecen un trabajo estético, independientemente de la lengua que hablen o del origen que tengan.
  • ¿Crees que existen limitantes para los autores de lenguas originarias en lo que respecta a premios, apoyos y becas literarias o las políticas culturales a este respecto han sido acertadas?
  • Los había y muchísimos, pero gracias a la gestión de algunos compañeros se han conseguido varios espacios de becas, premios y más. Sin embargo, hay aún muchos huecos por rellenar. Por ejemplo, podría citar que hasta el año 2020, fue aprobado que los escritores en lenguas originarias pudiesen participar en cualquiera de las convocatorias emitidas por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, antes de este año, ninguno de nosotros, teníamos derecho a participar en el Sabines,Villaurrutia, Aguas Calientes o cualquier otro premio, sólo se podría aspirar a un premio “indígena”. Otro aspecto que quizá nos limite aún es que hasta éstas fechas no hay aún traductores literarios de ninguna lengua mexicana, todos los escritores de un pueblo originario nos autotraducimos.
  • Las editoriales, tanto comerciales como independientes o incluso las subsidiadas por el Estado, ¿qué tan preparadas están para recibir obras en lenguas originarias?
  • Muy pocas editoriales se han atrevido a publicar obras en lenguas originarias y se pueden contar con los dedos de una mano los libros publicados y vendidos en las librerías comerciales o del Estado, porque la gran mayoría de las publicaciones bilingües de alguna lengua mexicana pertenecen a editoriales independientes. Entonces no creo que estén preparados aún por falta de lectura hacia estas obras.
  • Tú escribes tanto en español como en náhuatl, háblanos un poco del cómo vives ambas experiencias.
  • Trato de escribir todo el tiempo en la lengua náhuatl, luego traduzco al español, pero si en esta segunda lengua no me gusta cómo queda algún poema, vuelvo a corregir desde el español y por tanto, regresar al náhuatl para corregir hasta que queden más o menos iguales. Incluso muchas veces me quiere ganar la tentación de escribir primero en español porque toda mi formación educativa y literaria es y ha sido en español, pero hasta ahora aún me resisto y lucho contra ello.
  • Naciste en un territorio donde es por demás palpable la violencia, ¿crees que ello ha determinado tu obra?
  • No lo creo, en realidad nací en un pueblo muy sereno y con una resistencia fuerte en cuanto a la defensa del territorio y la cultura. La violencia cruda y sangrienta llegó hace aproximadamente diez años, cuando golpeó a todos los pueblos y ciudades de mi región. Por ello pienso que puedo escribir tanto de la sabiduría de mi pueblo como de la violencia que lo acosa hoy día.
  • ¿Existe una probabilidad de reconciliación verdadera entre los diversos pueblos que conforman nuestra sociedad o estamos fracturados por siempre: ¿pueblos originarios de un lado, mestizos del otro, españoles por aquí, negros más allá, etcétera?
  • Siempre pienso en la reconciliación humana porque las personas nacemos limpios, puros y libres, pero la sociedad del poder (neoliberalismo, partidos políticos, narco, religiones…) nos dividen y forman a las sociedades a su conveniencia, generando discriminación, racismo, violencia, pobreza y más para sacar provecho de ello y someter con miedo a otros. Sin presumir a los pueblos, creo que son las sociedades que más entienden al mundo, al planeta y son los más abiertos al diálogo. Entonces no tendríamos por qué diferenciarnos unos con otros, más bien lo que debería de existir es el respeto entre todas las sociedades.
  • ¿La literatura, el arte, ha de abonar a dicha reconciliación?
  • Por supuesto, abona a eso y más porque la literatura te hace pensar, repensartea tí mismo, a conocer otras culturas, otras formas de vida, a convivir de distintas maneras.
  • Como escritor nahua, ¿alguna vez pretendiste llegar a los pipiles y nicaraos de El Salvador, Honduras y Nicaragüa?
  • Lo he pensado un par de veces y es difícil llegar de forma directa a esos pueblos, pero la literatura y la lengua náhuatl me han acercado a ellos y desde donde los leo, los siento como pueblos hermanos, tan iguales en su forma de convivir, de organizarse y de respetar a la naturaleza y la vida humana.
  • Por último, Martín, yo vengo de un pueblo de nahuales, ¿crees tú en los nahuales?
  • Creo totalmente en ellos porque de niño viví muchos momentos mágicos en donde intervinieron los nahuales. Momentos en donde me será muy difícil regresar a ellos. Para mi los nahuales son parte de nosotros y son seres con quienes convivimos de manera cotidiana y quienes pueden vivir la vida humana y la vida espiritual al mismo tiempo.

La imágen que acompaña este texto es autoría del fotógrafo Pablo Israel Vázquez

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Giovanni Rodríguez Muñoz | Cuando las letras son honduras

El pueblo de San Luis, enclavado en lo profundo de la sierra hondureña, se muestra al paseante al centro de una muralla de montañas revestidas por necias frondas que se antojaran inexpugnables. Como suele suceder en las tremendas espesuras de nuestra América canaimera, el santabarbareño San Luis es un lugar de belleza salvaje, aislado, del que no pareciera escaparse nadie de los que nutren su puntual cotidianeidad. Y sin embargo, Giovanni Rodríguez Muñoz (Santa Bárbara, Honduras, 1980), cuando dejó raptarse por la diosa literatura, logró trascender el ostracismo de esa provincia infranqueable y se hizo escritor. Un escritor de pluma valiente, que sin olvidarse de su origen, se ha enfrentado a los cánones de la literatura centroamericana con una propuesta fresca, ágil; una prosa que si bien se aleja de los parámetros tradicionales, no suelta los temas, los personajes, los dramas y comedias de su Honduras. Desde muy joven, Rodríguez Muñoz llamó la atención de la crítica. Con tan solo 26 años se hizo acreedor al prestigioso Premio Hispanoamericano Juegos Florales de Quetzaltenango. Si bien comenzó con la poesía, bien pronto lo vemos explorando también el ensayo y la narrativa. Su obra se ha desarrollado, principalmente, en Centroamérica, pero está llamada a ser reconocida en el resto del continente y demás latitudes. Rodríguez Muñoz, además del certamen ya mencionado, se ha hecho acreedor a los premios Centroamericano y del Caribe de Novela “Roberto Castillo” y Certamen Hispanoamericano de Cuento “Ciudad Ceiba”. Ha publicado, entre otros libros, el poemario Las horas bajas (Edicult), el libro de cuentos La caída del mundo (Mimalapalabra), el compendio de ensayos Café & Literatura (Mimalapalabra) y las novelas Los días y los muertos (Editorial Universitaria), Tercera Persona (Uruk Editores) y Ficción hereje para lectores castos (Mimalapalabra). En la página https://rodriguezhn.wordpress.com/ se puede consultar parte de su obra.

  • Estimado Giovanni, comenzaste tu carrera escribiendo poesía, pero de a poco se puede ver tu traslado a la narrativa. ¿Han quedado los versos atrás?
  • Quedaron atrás, sí, como ejercicio permanente de escritura, aunque tengo algunos poemas, muy distintos a los primeros, a los que vuelvo de vez en cuando para pulir algún verso, pero ya no con el temperamento melancólico de antes sino casi con un ánimo festivo, pues se trata de poemas escritos con ironía y sarcasmo, con mucho humor.
  • ¿Qué es para ti la rebeldía, la insurgencia?
  • La rebeldía, para mí, implica no comparecer, de ninguna manera, ante los convencionalismos, pues estos son producto del movimiento de las masas, y yo, aparte de considerarlos aburridos, desconfío de los movimientos masivos. He tratado siempre de regirme por mis propios principios y de no plegarme a los principios de otros, que suelo identificar como acomodaticios o carentes de originalidad, de imaginación. Por eso no suelo estar cómodo en la mayoría de los lugares o con la mayoría de las personas ni con sus ideas; en algún momento empiezo a percibir el olor a rancio y ahí es cuando me rebelo, y como consecuencia, caigo mal.
  • ¿Cómo has vivido el ser escritor en Honduras?
  • Uno tiene que acostumbrarse aquí a estar prácticamente solo en esto. Escribir, ya se sabe, es un ejercicio solitario, y esa soledad no tiene por qué incomodar a un escritor sino todo lo contrario, pero ya afuera, en lo que concierne a cierta vidita pública en la que un escritor se supone que está obligado a participar algunas veces, uno echa en falta aquí más posibilidades de discusión sobre lo que hace, un mayor o mejor contacto con lectores o posibles lectores, algo de fiesta en torno a la alegría que supone leer. Pero en Honduras lo que hay es mucho conformismo en la mayoría de los escritores y mucha ignorancia sobre lo que verdaderamente es la literatura, en términos generales, y eso deriva peligrosamente en la idea de que cualquiera puede ser escritor antes incluso que aprender a escribir. Y eso da como asquito. Por eso es preferible mantenerse alejado y sólo echar un ojo al corral para tirarse de vez en cuando una lágrima irónica o una carcajada.
  • En tu obra Los días y los muertos (Editorial Universitaria), exploras la novela negra ¿Crees, como dicen algunos, que este género es el que mejor explica nuestra época?
  • A mí ese tipo de juicios me parecen siempre algo injustos. Valorar una obra en función de su “utilidad” es concentrar toda la atención en un solo aspecto, y esto, tratándose de literatura, implica reducir considerablemente la baraja de posibilidades de impacto de esa obra. Hay novelas consideradas como novelas del género negro que no son simplemente vehículos para la transmisión de la idea de los ambientes oscuros, corruptos y violentos de nuestras sociedades y de nuestra época, novelas que podrían tener mayores virtudes que esa, pero que normalmente no son valoradas sino desde el punto de vista de lo que muestran sobre la actualidad, porque eso resulta ser lo más evidente y lo más “vendible” para el lector común. A mí este género me gusta mucho, pero no tanto porque ofrece esa posibilidad de retratar a nuestras sociedades actuales, sino porque se presenta como un género con infinitas posibilidades de mutación, tanto en los aspectos de fondo como en los formales; eso me parece muchísimo más interesante. Para mí no tiene sentido escribir “otra novela negra” sino escribir una novela negra que aporte algo nuevo al género, ya sea sirviéndose, en principio, de sus códigos tradicionales o desde la parodia. Una novela negra a secas es sólo “otra novela negra”, es sólo entretenimiento. Y yo el puro entretenimiento lo busco en el cine o en los deportes, pero no en la literatura, de la que siempre espero algo más.
  • ¿Has de revivir en alguna otra obra al entrañable López (como suele suceder con los detectives del género negro), el personaje principal de Los días y los muertos?
  • Sí. De hecho, terminé hace dos años otra novela en la que este personaje aparece nuevamente, ahora convertido en detective privado. Con ella intento algo parecido a lo que dije antes: servirme de los elementos convencionales del género: crimen, corrupción, detective, investigación, víctimas, culpables, etcétera, pero no tanto para lograr una historia que pueda sólo entretener a los lectores sino para hacerlo desde una concepción del género negro que actualice, en este contexto específico de Honduras, sus convenciones. Así, la existencia de un detective privado en Honduras de entrada se presenta como algo absurdo, pero fue precisamente la dificultad que entrañaba darle forma a ese disparate lo que me motivó a escribir esa novela de esa manera. Creo que ningún verdadero autor escribe ficciones asumiendo ese detestable papel de solemne gran demiurgo incuestionable. La noción de juego es indispensable incluso en las novelas “serias” y un buen autor de ficciones se deja seducir por ella, aunque lo que narre sea una historia de atrocidades.
  • ¿Qué han significado los premios en tu vida literaria?
  • No han sido muchos ni tampoco demasiado importantes, pero algo de alegría han traído, obviamente. El que obtuve por la novela Los días y los muertos tuvo la mayor resonancia y a partir de ahí mis libros se volvieron más “visibles” para una mayor cantidad de lectores. Eso, probablemente, ha resultado mejor que el premio mismo, pues ahora tengo la seguridad de que cada vez que publique un libro nuevo habrá ahí afuera una buena cantidad de lectores esperándolo.
  • La violencia cotidiana, que tanto fustiga a las sociedades latinoamericanas, parece tener un protagonismo importante en tu narrativa.
  • Sí. Supongo que es algo de lo que nadie puede abstraerse, viviendo en nuestros países. Como autor tampoco he podido dejar a un lado ese tema, que está presente, en mayor o menor medida, en mis tres novelas publicadas y también en algunos cuentos. Sin embargo, no es un tema “muleta” para lo que escribo, pues cuando lo hago estoy más pendiente de la forma que del fondo. Para mí, un tema constituye apenas un pretexto para echar a andar una trama.
  • Tu trabajo se ha desarrollado principalmente en Centroamérica, por ende ¿cuál es tu panorama de la literatura centroamericana?
  • Tenemos grandes referentes centroamericanos en la literatura mundial: aparte de clásicos como Darío, Asturias y Monterroso, aquí hubo otros escritores importantísimos como Enrique Gómez Carrillo, Juan Ramón Molina o Roberto Sosa, que son menos conocidos fuera de Centroamérica. Ahora son Sergio Ramírez, Horacio Castellanos Moya, Rodrigo Rey Rosa y Eduardo Halfon las figuras visibles, pero también están, por ejemplo, Jacinta Escudos, Erick Blandón o Miguel Huezo Mixco como parte de otra buena cantidad de autores con mucha calidad, pero escasa difusión. Las grandes editoriales seguramente no le apuestan a los autores centroamericanos porque piensan en los bajos índices de lectura que normalmente se reportan en estos países y eso hace casi imposible la internacionalización de algunos buenos autores que mueren aquí como tristes glorias locales. Pienso, por ejemplo, en Roberto Castillo, cuya obra no ha tenido la fortuna de ser conocida fuera de Centroamérica.
  • Para no soltar el hilo, ¿existe un diálogo, una interacción entre los escritores centroamericanos contemporáneos que trascienda verdaderamente a la vida cultural de sus respectivos países?
  • Hay tres instancias específicas que en los últimos años han puesto en contacto nuestra literatura centroamericana con la del resto de Latinoamérica y España: las ferias del libro de Guatemala y de Costa Rica y el festival Centroamérica Cuenta que organiza Sergio Ramírez en Nicaragua, pero no es suficiente; hace falta, sobre todo, establecer una red de comunicación permanente y efectiva entre los autores de estos países y un canal que permita la circulación de nuestros libros, que no suelen salir de nuestras respectivas aldeas.
  • Complementas tu labor de escritura con la docencia y el trabajo editorial, ¿de qué maneras vives estos oficios?
  • Por suerte, esas tres actividades se llevan muy bien entre sí porque tienen en común a los libros. Preparar mis clases en la universidad me exige estar en permanente estudio de la literatura, lo que, obviamente, nutre mi labor creativa cuando escribo ficciones. Suelo dedicar mis mañanas a eso: a leer y estudiar para preparar mis clases y a intentar escribir novelas y cuentos. Por las tardes, voy a mi trabajo a la universidad, aunque desde la llegada del virus, ese trabajo también lo hago en casa. La labor editorial es más intermitente; suelo editar los artículos que publicamos en una revista llamada Tercer Mundo (www.tercermundo.hn) y de vez en cuando algún libro para la editorial mimalapalabra. Últimamente también colaboro con la Editorial Universitaria de la UNAH en la edición de la obra de Roberto Castillo. Todo eso, junto al tiempo que paso con mi familia, constituyen mi vida actualmente. Y me gusta.
  • Esta es una pregunta muy personal. Me gusta mucho FroylánTurcios, compatriota tuyo, y quien escribiera la primera novela vampírica de nuestro continente, ¿qué piensas de él?
  • Fue un autor muy importante en Honduras y sus aportes no sólo fueron en el campo de la literatura sino también en el periodismo y hasta en la política. Fue, además, un gran promotor cultural. Es de ese tipo de escritores a los que se les puede llamar también “intelectuales”, en el sentido amplio de la palabra, algo que no siempre se encuentra en la actualidad. Junto a Juan Ramón Molina, fue de lo más sobresaliente en nuestra literatura nacional a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
  • Cuando se ha sido de provincia, Giovanni, ¿es posible dejar la provincia atrás?
  • Aunque no suelo ir mucho a mi pueblo (el viaje implica al menos una hora rebotando en una pésima carretera de tierra), siempre han estado conmigo los recuerdos de mi infancia ahí. Tengo cierta nostalgia de aquellos años ochenta y principios de los noventa en los que crecí ahí viviendo con la plenitud y la felicidad con la que deberían vivir y crecer todos los niños. Espero, en ese sentido, no dejar de ser nunca ese provinciano de San Luis, Santa Bárbara. Lo que sí creo haber dejado atrás es el “provincianismo”, que no es exclusivo de las zonas rurales sino del país entero, a pesar de lo que crean los capitalinos.
  • En Morir todavía (Letra Negra) te determinaba la muerte, ¿aún la cuentas entre tus obsesiones?
  • Quizá no tanto como antes, pero viviendo en Honduras, un país en el que mucha gente muere a diario por la delincuencia, la violencia, la pobreza, las deficiencias del sistema de salud pública, la imprudencia de los conductores en las calles y por otras causas absurdas, es inevitable que ese tema haga clic en mi cabeza de manera permanente.Así que en medio de tanta muerte toca escribir sobre la muerte.

* La imagen que acompaña este texto es autoría del fotógrafo Emilio Flores.

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Canaimera

Yuliana Ortiz Ruano | La noche negra como la grupa de un potro

En los libros de los Aranyakas, un apéndice de los Brahamanas hindúes, se puede leer que “en verdad, el alba es la cabeza del caballo sacrifical. El sol es su ojo…el viento su aliento…el cielo su lomo…la atmosfera su vientre, la tierra su bajovientre…los días y las noches sus patas…las estrellas sus huesos…las nubes su carne…las montañas sus hígados y sus pulmones…cuando bosteza, relampaguea; cuando se sacude truena, cuando orina, llueve…y la palabra es en realidad su relincho”.  Siguiendo con el espíritu hinduista, puedo pensar que Yuliana Ortiz Ruano (Esmeraldas, Ecuador 1992) será la reencarnación de alguno de los escribas que hace miles de años imaginó el poema. Lo pienso, porque estos versos rituales me vinieron a la mente cuando leí por primera vez la poesía de Ortiz Ruano, quien ha dicho de sí misma “Soy ese caballo de cuatro metros de altura extinto ya”. Una personalidad fuerte escoge símbolos fuertes que le representen. Que lo diga Odiseo, que lo diga García Lorca que miró la noche en la grupa de un potro azabache. Quienes nos hemos dejado fascinar por esos símbolos de grupa y crines, sabemos la fuerza hipnótica que ejercen los caballos en sus amantes. Por ello, en la presente Canaimera, resulta un privilegio dialogar con Yuliana, porque me he dejado hipnotizar, desde mis primeras lecturas, por su obra, por sus versos de galope azabache. Yuliana no escribe desde la vida privilegiada, sino desde el estupor del barrio, del pueblo, de la orilla. Suya es la visión del margen, del infortunado, del relegado cimarrón, de las mujeres violentadas por ser mujeres, por ser negras, en un continente que no se sacude sus taras coloniales y sigue negando una de sus tres raíces: la raíz africana, quizá la más dolorosa, porque fue arrebatada de otra tierra y obligada a crecer en lares ajenos, tiranizada. Una raíz fuerte, alegre, que nos ha dado música, que nos ha dado colores, que nos ha dado letras, nombres, mitos, héroes. La América negra, insurgente, sensible, artística, revolucionaria, femenina y masculina. La América negra y libertaria, ¡Libertaria! La joven poeta Yuliana Ortiz Rubio es editora y fundadora de la revista El Cráneo de Pangea,  ha publicado los libros Sovoz (Hanan Harawi y Todos tus crímenes quedarán impunes, coedición peruano ecuatoriana) y Canciones desde el fin del mundo (Amauta &Yaguar). Obtuvo, en 2017, la mención honorífica en el concurso Poesía en Paralelo. Su poesía ha sido publicada en diversas revistas y plataformas de su natal Ecuador y de Argentina, Colombia, Venezuela, México, España y Portugal.

  • Yuliana, es demasiado fuerte lo hípico en ti.  ¿qué son esos dioses caballos que tanto galopan en tu poética?
  • El caballo dentro de lo que escribo intenta dar nombre o significar lo que no puede ser dicho a través de la boca. Es un parentesco extraño entre el animal y mis silencios, entre la locura de la búsqueda de un lenguaje desbocado que sigo intentando conseguir.
  • Pienso en ese gusto tuyo por los caballos, un gusto por demás bucólico, y recuerdo que provienes de la provincia, de Esmeraldas, ¿cuánto te ha diferenciado esto de otros creadores, de otras escrituras que nacen del centro, de la capital o de ciudades con mayor preponderancia socioeconómica?
  • Es interesante que preguntes esto porque a veces se intenta designar dentro de la escritura una especie de igualdad inexistente. Si hablo específicamente de lo literario, ser de Esmeraldas también significa ser de una tradición que bebe mucho más de los y las autoras del Caribe que de los autores de la capital como tal. También es una literatura alimentada de la oralidad, de la palabra viva. Las preguntas que me surgen antes de escribir vienen de otros lugares, por ejemplo, de las cartografías oficiales de Ecuador en las que mis Islas no aparecen, pero sí aparecen Las Galápagos, o en lo fantasmal que puede resultar a veces vivir dentro de la categoría del acontecimiento o de la emergencia. También la urgencia de escribir me surge del vínculo por la memoria, es más una búsqueda que una certeza.
  • La cultura negra también está presente en tu obra de manera muy palpable, ¿de qué manera te determina, te define?
  • Es que no quiero escapar de mi corporalidad. La primera vez que escribí algo intenté hacerlo desde una voz “neutral”, porque había escuchado en un conversatorio de escritores que esa era la forma de escribir. Por suerte mi cuerpo se supo imponer y llevarme acaballada hasta sus propias urgencias. No estoy segura de que mi escritura sea lo suficientemente fuerte o lo suficientemente importante pero sí es producto de una urgencia que es más fuerte que mi propio yo. Es una forma en la que se hilvanan también mis propias vulnerabilidades, de mi debilidad que a veces puede ser un lugar común pero es el lugar que me surge… y no quiero mentirme, por eso lo dejo salir.
  • ¿Consideras que escribes una poesía feminista?
  • Cada vez tengo menos certeza de lo que escribo, no sé si es poético pero intento que sea real (?) Creo que los feminismos son formas de autonombrarse también, entonces yo no catalogaría a mi escritura como feminista. Creo que hay otras acciones en mí que agencian esa característica, no estoy segura de que mi escritura lo sea. Tampoco me molesta que digan que mi escritura es feminista, pienso que las lectoras o lectores (si es que existen jajaja) pueden tomar mis textos y darles la mirada que prefieran, yo no soy mucho de defender mi trabajo ni catalogarlo como tal… pienso que esa es una tarea que no me corresponde. 
  • La música, sobre todo la afroamericana, parece ser también una de tus obsesiones.
  • Lo es sin duda, todo lo que soy (si soy algo) se lo debo a la música con la que crecí, a la música que fui descubriendo en los viajes; la música de mis tías (ñañas), la música de mi padre, la música que me mostró mi medio-hermano mayor; la música de mis ex amantes, la música que me muestran mis hermanas menores, la salsa, el mambo, el boogaloo, el hip hop, el rap, la soka, el dancehall, la samba, la champeta, el new wave, la bachata, la música del chocó ecuatoriano y colombiano. Todo. Sin música no vivo.
  • Gracias a tu proyecto Cráneo de Pangea has tenido la oportunidad de publicar y dialogar con diversos creadores de nuestro continente. Además has vivido la oportunidad de participar en varios encuentros literarios en Chile, Perú y Ecuador.  Desde esta experiencia ¿cuál es tu visión de la literatura latinoamericana contemporánea? ¿Cómo se ha dado el diálogo con tus pares?
  • Creo que decir literatura latinoamericana es decir demasiado, hay distintas voces que beben de distintas tradiciones. Algo que puedo decir, especialmente sobre lo que me gusta y disfruto leer es que hay una ausencia de miedo que me deja absorta. Tal vez se pueda construir un encuentro desde ahí, desde ese no-miedo que posibilita el surgimiento de las voces tan disímiles entre sí (me niego a eliminar la diferencia).
  • Oye, ¿y cuál es el papel que están jugando las plataformas digitales en este proceso?
  • Yo pienso que las plataformas digitales son un arma de doble filo, si observamos con detenimiento siguen siendo los mismos países dominantes de siempre los dueños del algoritmo. Entonces sigue siendo visible lo que ya era visible e invisible lo invisible. Hay que aprender a mirar más allá del algoritmo dominante, hay tanta información en la red que a veces se pierden autores interesantísimos por falta de visibilidad. Como lectoras, necesitamos urgentemente ayudarnos de las plataformas para seguir leyendo, pero tomando en consideración que hay otras formas literarias aconteciendo fuera de lo que se ve rápidamente. Toca mapearlo, buscarlo. 
  • ¿Cómo funciona eso de ser clúster de Liberoamérica?
  • Funciona para subir contenido y hacerlo visible desde la autogestión, era una forma interesante de publicación pero sobre todo de visibilizar lo que se estaba haciendo. Sin embargo, yo dejé de publicar en la plataforma porque me cuesta mucho autoeditarme, prefiero siempre la voz o mirada de una persona externa a mí para que queden realmente bien organizados mis textos.
  • ¿Qué significa ser escritora en Ecuador?
  • No tengo la menor idea (jajaja), creo que la experiencia de la escritura es distinta para cada persona. En mi caso, no tengo idea cómo publicar en Ecuador ni cómo moverme dentro de los procesos editoriales en mi país, sin embargo, hay muchas autoras que sí. Recientemente se han publicado a muchas y todas buenísimas. En mi caso, cada vez me siento más perdida, escribo porque me urge, lo demás vendrá cuando tenga que venir o capaz nunca, es algo que a veces me preocupa pero la mayoría de las veces me tiene sin cuidado.
  • Desde tu privilegiada juventud, ¿cuáles son los sueños de la poeta Ortiz Ruano?
  • Me siento a veces demasiado vieja en realidad, tengo amigas y amigos de mi edad que están haciendo muchísimo. Tengo demasiados sueños pero no tengo idea si se puedan realizar. A corto plazo terminar de una maldita vez mi pregrado (me boté de una carrera anteriormente), esperar otra beca para hacer un máster y seguir escribiendo aunque no tenga idea qué hacer con lo que escribo. También quiero volver a vivir en la playa y tener una librería allí pero para eso se necesita dinero y no hay (jajaja).
  • Una pregunta suelta, ¿qué significan para ti la reencarnación y la carne?
  • No estoy segura, pero sí tengo certeza que somos también la historia de las personas que nos antecedieron entonces, somos más antiguos de lo que pensamos. O para no hablar por nadie, yo siento que soy muy antigua, que he vivido en el desierto. Que he hablado un idioma ilegible y que no tengo solo mi edad sino como mínimo unos 500 años. Y la carne es todo lo que late, lo que duele y lo que urge. Si escribo es porque me late el cuerpo, porque los músculos me lo exigen.
  • Por último, Yuliana, ¿porqué en aquel verso donde eres un caballo de cuatro metros, eres caballo y no yegua?
  • Porque a veces me siento más masculina que femenina, porque a veces lo femenino no me alcanza y porque no encuentro obsesiones símiles en las yeguas pero sí en los caballos, es decir, no tengo idea por qué.

*La imagen que acompaña este textos es obra del fotógrafo Ricardo Bohórquez.

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Canaimera

Valeria Sandi | Las Letras Trotamundos

En varios países de Latinoamérica, se tiene a los días 23, 24 y 25 de junio como sacros. Son los días y las noches de San Juan y marcan la llegada prominente de las lluvias fecundadoras. Por ello, entes mágicos dejan sus celestiales o telúricas moradas y vienen a pasearse al mundo, ya para obrar milagros, ya para hacer travesuras. La diosa literatura, que es silvana y truhana, no puede faltar a este festín y por ello y por la fecha, esta Canaimera ha de consagrarse San Juanera. Valeria Sandi (Santa Cruz, Bolivia, 1991) es una poeta que desde hace años se ha echado los versos a su mochila con miras a recorrer los largos senderos del continente. La escuché por vez primera en San Cristóbal de las Casas, en el marco del Festival Internacional Posh. La tímida boliviana que se acercó al escenario de lecturas, al apoderarse del micrófono, trocó en voz intimidante en sus cuestionamientos, bella en su indocilidad. Hablamos poco, después de ese furtivo encuentro: Valeria tenía prisa por llegar al mar. Poseedora de una poesía firme en sus convicciones y búsqueda estética, la también editora, gestora cultural y abogada, ha caminado, leído y publicado en buena parte de esta canaimera americana: Uruguay, Argentina, Chile, Perú, México, Venezuela, Colombia, Cuba, Centroamérica. Entre sus libros destacan Ambidiestros(en coautoría experimental con Quincho Terrazas) (Ediciones Jota, 2016), La luna lleva sal(Chanchito ediciones, 2018) y Rincón de lluvia (Literatelia, 2019). Además, dirige los proyectos culturales Trueque poético y el Festival Internacional de Poesía Joven Jauría de Palabras.

  • Valeria, cuéntanos de tu periplo latinoamericano, ¿cómo ha sucedido y de qué manera lo ha asimilado tu poesía?
  • Como punto de partida y encuentro conmigo misma fue el estrechar lazos con mis pares. Todo empezó en México. Gracias al proyecto Posh que dirige la poeta y promotora cultural CharyGumeta, tuve más fuerza y confianza para seguir nutriendo mi búsqueda a través de la poesía. Desde ese momento se abrieron las puertas para recibir mis palabras, crezco con cada festival y encuentro en el que tengo la oportunidad de compartir y sobretodo escuchar.
  • ¿Qué diferencia has identificado entre los diversos ámbitos literarios de cada región que visitas? ¿En qué se distinguen los escritores, las editoriales, los promotores, los encuentros?
  • En estos años puedo notar la fortaleza al trabajar desde la colectividad, si bien cada uno acciona de una manera distinta, todo es una cadena. En algunos países están mucho más organizados. Hay una diversidad de escritores que llevan adelante propuestas editoriales. Ellos son los principales promotores para generar los festivales y encuentros en su comunidad. Nos queda todavía un largo camino por explorar, pero referente a nuestras acciones, es importante repensar cuáles son las principales necesidades para fortalecer y cubrir ciertos vacíos.Cuando estuve en Cuba, en el Encuentro Internacional de Promotores de la Poesía, pude ver muchas propuestas interesantes a partir de los libros cartoneros. La belleza y cuidado que tenían y cómo era su mecanismo de articulación. También aprendí mucho de otras propuestas editoriales, de países como Argentina, Chile, España, Colombia, Ecuador, el catálogo de autores que presentaban, sus propuestas, su manera de distribución, su llegada a la mano de los lectores, los espacios que habitaban, el uso de ciertas plataformas y medios a los que se adaptaban para seguir trabajando y generar una mayor expansión de lo que escriben. El encuentro de promotores fue articulado con La Feria Internacional del Libro de La Habana, allí tuvimos la posibilidad de ver todo el engranaje que tienen los escritores con las diversas editoriales en torno a la gestión en pro de la literaturay el valioso trabajo del equipo organizador.Recuerdo también las visitas que tuvimos a Centros Culturales como el de Dulce María Loynaz, donde manejan el tema formativo, sus ciclos y permanencia. Si hablamos de espacios que tienen continuidad de manera independiente para visibilizar a los escritores y también desarrollan espacios formativos tanto a través de talleres, conversatorios, presentaciones de libro, proyecciones, como a través de las actividades multidisciplinarias, debemos necesariamente hablar de LA ANTIFIL (Perú), una feria que se realiza en Lima, gestada por compañeros escritores que llevan en sus acciones la voluntad de seguir trabajando año a año con la palabra, mediante componentes críticos y contestatarios, siendo un espacio que acoge la diversidad de propuestas desde la igualdad. Referente a las editoriales, hay proyectos independientes que dentro de sus objetivos contemplan llevar los libros a los que menos posibilidades tienen de acceder a ellos. Para eso entienden y articulan posibilidades manejando un costo accesible y abren espacios y nuevos lectores. Tal es el caso de la editorial Rupestre (Perú) que dirige el poeta Filonilo Catalina. Él me llegó a comentar sobre el alto costo y dificultad que se tenía al intentar conseguir “5 metros de poemas” de Carlos Oquendo de Amat, obra representativa de la vanguardia en el Perú. A la postre, Catalina, junto con su editorial, logró publicarlo a un bajo costo, para que estuviera a un mayor alcance, y así llegó a una gran cantidad de estudiantes de unidades educativas.
  • Siguiendo el hilo, ¿cuál es tu percepción de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Siento que goza de buena salud. He tenido el gusto de encontrarme con voces que reflejan a profundidad nuestra realidad, la que nos duele y nos toca, frente al abismo y hacía donde gira la luz y el silencio. Hay autores de los que uno tiene el privilegio de crecer a su lado, seres que nos enseñan con la mirada el peso de los años, repartidos en lo vital, que es construir a través de la poesía: Chary Gumeta, Matilde Casazola, Fernando Rendón, Gustavo Cárdenas y Luis Thenon que al igual que muchos,han tenido como premisa a la constancia en estos días de incertidumbre. Seres generosos que nos devuelven la esperanza, con la convicción reflejada en sus acciones y palabras.Debo apuntar que, gracias a la revista Galerías del alma, del toluqueño Manuel Alejandro Ceballos, tengo el gusto de hacer constantemente reseñas de libros de poesía y dramaturgia de jóvenes escritores, es así que he descubierto trabajos valiosos, de autores publicados principalmente por la editorial independiente Literatelia (México): Rodrigo Trujillo, Adriana Bandín, María Michelle Gómez y Alberto Avendaño.Sin embargo, también leo a las voces emergentes, aquellas que no han publicado ningún libro y aún están en una búsqueda superficial por hallar un espacio, una plataforma, y usan como estrategia ligera publicar su “Poesía” en las diversas redes sociales que ahora están al alcance de todos. Se sienten las falencias, se escuchan fracturas en lo que se quiere decir y se dice.
  • ¿Existe un diálogo entre los creadores de nuestro continente que de verdad aporte a la vida cultural de cada país en particular?
  • Sí, en mis lecturas tuve el gusto de encontrarme con libros de autores contemporáneos que dialogaban entre sí sobre el dolor latente de nuestra Latinoamérica. La poeta Isabel Guerrero (Chile) tiene un libro próximo a publicarse con la editorial Conhuneno que se llama Seol, lugar de las almas rebeldes olvidadas. La poeta abre el espacio de reflexión a partir de nuestros días, la cual abarca el desierto de Atacama, los desaparecidos en la dictadura, la serpiente del Valle, el río Aconcagua, mencionando el contexto y realidad de su país, el crujir de la tierra y sus temblores, el cóndor como símbolo del vuelo cansado en el retorno a encontrar sus vaciados Andes. Posteriormente, leí el libro Las cenizas del día del poeta Alberto Avendaño (México) donde también hace mención de Seol: “Desde mi torre de sal / veo venir al cóndor, / ha llegado la hora de afrontar sus plateadas garras / Yo que de los excrementos esculpí un corazón / hoy temo al aleteo”.Otras de las posibilidades que nos da la tecnología es la presentación de libros a la distancia, así sucedió con cierto poemario de Fiorella Terrazas (Perú), donde mediante una transmisión en vivo, tuve la oportunidad de conversar acerca de Terrazas junto a los poetas Leda Quintana, Luis Alonso Cruz y Piero Briknole. La distancia se anula, a través del intercambio de posibilidades y análisis. Igual fue un espacio de encuentro para dar la bienvenida a un libro que toma elementos tecnológicos como parte de nuestro relacionamiento y cotidianidad. La poeta habla de Lima —lugar donde vive—, el color de sus días, estados de ánimo, el vivir sin filtros las emociones. Mirando el CPU, el transcurrir de los minutos en la pantalla, nos dice:“Otra vez eres una estatua / un helicóptero / una guerra / eres camuflaje con ojos y hocico”. Y entonces genera un diálogo con el poeta marroquí Mohamed Youyou, quien apunta: “No muestren escenas sangrientas de niños / Cualquier guerra que hubiese pasado / cierren el ruido / Cierren el Windows, diez minutos.Cubran al niño / el papel no durará / sin luz más de diez minutos”.
  • Has gestionado y participado en importantes festivales y encuentros internacionales de literatura ¿qué significan para ti, tanto como promotora, como participante, estos eventos?
  • Son espacios vitales de aprendizaje, estímulos para entender las lógicas que generan la posibilidad de su existencia y comprender cada mirada de los promotores, desde su país. El punto de comunión que tenemos es que nos une la palabra. En cada festival y encuentro se siente la pulsión que lo articula. Cada vez que asisto a estas actividades, entiendo la importancia de lo formativo. Cómo desde temprana edad, niños y jóvenes tienen relación y vínculo afectivo con la poesía, elevan su voz para leer y compartir con los poetas internacionales y nacionales que los visitan. Sostener esta labor, como en el Festival Caravana de Poesía (Perú), permite el entendimiento de la comunidad, desde el ayni poético. El Festival Internacional de Poesía de Medellín, que este año cumple 30 años de arduo trabajo, es muestra de constancia, pues ha creado una conciencia colectiva de la sociedad a través de la poesía. La revolución a través de las palabras.Este año tendré el gusto de participar en su edición digital con los poetas de mi país: Gabriel ChávezCasazola y Alex Aillón. Se escucharán las voces de la proa del mundo, a través de la participación de 191 poetas de 103 países.
  • Sabemos que el estado boliviano no es particularmente amable con las artes. Bueno, en gran medida, los estados latinoamericanos están enfermos de esta misma tara. Pero, ¿qué significa ser escritor en la Bolivia actual?
  • En Bolivia estamos enfrentando duros momentos, en los diferentes sectores y capas que componen nuestra sociedad. Eliminaron el Ministerio de Culturas y Turismo y frente a ello estamos en un retroceso, desconociendo nuestra riqueza histórica. Ningún gobierno de turno debería anular lo que ha sido y será la lucha de los artistas, a través del tiempo, reflejando la diversidad e identidad del arte y cultura de nuestro país. En años anteriores hemos pedido la ley de culturas y del artista. Por respuesta, han hecho caso omiso a estas múltiples peticiones. Hemos exigido que se reconozca un seguro médico gratuito y una renta de vejez por todo el aporte desarrollado, y lo han negado. Somos siempre el sector más vulnerable. Al reclamar la restitución del Ministerio de Culturas y Turismo, también se busca una nueva organización, tener un rol más inclusivo y democrático que nos represente a todos, visibilizando y protegiendo el patrimonio de nuestro territorio y a las naciones originarias que lo conforman. Ante la ausencia de políticas culturales, nos encontramos ante un horizonte borroso, tenemos una escasa posibilidad de acceder a fondos concursables, estímulos para la escritura. Está latente nuestra fragilidad.Ya decía nuestro escritor Oscar Cerruto: “Doble desgracia / haber nacido / bajo este sol / y ser artista. Una mano posada en el teclado / y la otra en los dientes / mordida”.El rol del escritor, desde donde uno habita, es seguir construyendo, reinventarse. El trabajo y exploración del lenguaje no se detiene, pese a la fragmentación en la que vivimos. Hay que apuntalar la palabra, aún queda mucho por decir a través de nuestra escritura inherente a nuestras acciones. En ese sentido, hago mías las palabras de Tolstoi: “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”.
  • Por último, estimada Valeria: ¿sigues teniendo prisa por llegar al mar?
  • Sigo con las mismas ganas, pero sin prisas, pues el mar está ahí con sus olas sin fronteras. En cada país aprovecho de visitarlo. Está en la mirada de los amigos poetas con quienes tuve el gusto de reflexionar a partir de esa ausencia que nos alimentan desde el colegio. Ese arrebatar, como instrumento bien usado de nuestros gobernantes. Sentir ese eterno desconsuelo, ahora adquiere en mí otra forma. La inmensidad está ahí, como en los pequeños detalles que sorprenden. También el mar está en la escritura a dos manos, con la compañera chilena María Paz Valdebenito, se va fortaleciendo la mirada, uno se expande, contempla ya sin preocupación el gran cuerpo de agua con su sonido dulce, salado para algunos.
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Canaimera

René Morales Hernández | El poeta rebelde

La voz del caos se escucha en las honduras y quebradas de la selva. Es un grito hipnótico por su cierta dosis de irregular armonía. Es el canto del dios loco Canaima. Canaima es la selva misma, nos dice Rómulo Gallegos en precioso castizo que corona las insurgencias lingüísticas, artísticas, anímicas de Latinoamérica. Latinoamérica misma es Canaima, silvana, divina, estruendosa, caótica, cruel en su terneza o tierna en su desangre. Mil cantos se urden en esta canaimera, mil cantos que urgen ser atendidos para que prosiga la insurgencia. Canaimera será, a partir de esta entrega, un conversatorio con los editores, artista y escritores latinoamericanos contemporáneos, que están moviendo al continente.

 Una noche del año 2015, en Oaxaca, conocí al poeta René Morales (1981), originario de Ocozocuautla (Coíta, para los entendidos), Chiapas. Al trasiego de los mezcales y las victorias compartidas, hablamos de caballos, de nuestros respectivos pueblos, del corazón de los hombres, y desde entonces nos hermanamos. Me regaló algunos libros suyos y así me hice seguidor de los versos de Morales, principalmente porque soy propenso a los alborotos y René es, ante todo, un poeta rebelde. Editor de Public Pervert, promotor cultural y confabulador en varios festivales internacionales, como la parte literaria del festival Posh o Carruaje de Pájaros. En 2018 ganó el prestigioso Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón, cerniéndose como una pieza clave en el acercamiento cultural y artístico que debe unir fraternal y definitivamente a México con Guatemala. Entre sus libros contamos Notas sobre el fin del mundo, La línea blanca y Carne, y para el 2018 da a luz un libro poderosísimo Texas i love you (Anónima Editores, 2018), editado por el venezolano Nérvinson Machado. El poemario, basado en los expedientes oficiales del Departamento de Justicia Criminal de Texas, recoge las últimas palabras de condenados a muerte. Con ellas, René sostiene un ejercicio de nigromante, que le hace emprender diálogos desgarrados con los fantasmas que ha invocado,  hasta quedar poseso y revivir, al final, un exorcismo pleno.

  • René, Texas i love you me parece la suma de tu búsqueda creativa, hasta este momento, y también de tus afanes por no quedarte estático y experimentar tanto con  las formas como con los temas poéticos, háblanos de este libro, de su importancia en tu obra y tu decisión de publicarlo con Ánonima Editores.
  • Ya conocía el trabajo de Nervinsón como editor, incluso tenemos una amistad cercana de muchos años, que comenzó cuando él decidió vivir en Chiapas, nos veíamos con cierta constancia pero él se mudó a Guadalajara y nos encontramos de nuevo en Zamora, Michoacán en 2018; hablamos del proyecto y la única cosa que le pedí es que mi amigo Álvaro Sánchez ilustrara las portadas y los interiores. El trabajo de los editores fue impecable y claro. Además, abrir una colección con mi libro siempre es más que satisfactorio; afortunadamente el tiraje se agotó en menos de un año y vamos a sacar una segunda edición. Anónima es una editorial que va a crecer demasiado y me gusta ser parte del proyecto.
  • Uno de los aspectos que más me ha interesado de los escritores chiapanecos es su íntima relación, casi amorosa, con Guatemala y viceversa. Poetas y narradores de las dos naciones, participan de manera activa en ambos lados de la frontera. Tú eres un ejemplo perfecto de ese diálogo, mayormente en cuanto se te ha reconocido recientemente con el Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón ¿cómo se gesta y cómo se vive la relación artística entre Chiapas y Guatemala?
  • La relación Chiapas-Guatemala es antiquísima casi fundacional, durante toda la colonia Chiapas perteneció a Guatemala, eso equivale, más o menos, a unos tres siglos. Por otro lado la anexión de Chiapas a México comienza en 1824 pero no termina sino hasta 1842. Las fronteras son económicas  pero el intercambio humano entre Chiapas y Centroamérica seguirá existiendo porque Chiapas es parte de esa realidad: comemos lo mismo, hablamos del mismo modo, compartimos festividades, creencias y hasta las desgracias. Basta con recordar la amistad de Rubén Darío con Rodulfo Figueroa o la relación entre Roque Dalton y Eraclio Zepeda. Digamos que mi poesía renueva esa hermandad. Y claro, en lo personal, la mitad de mi obra está publicada en Centroamérica y la otra parte en México, digamos que en Chiapas los artistas sacamos ventaja de esa doble nacionalidad.
  • Chiapas es también rebelde. Parece que esto ejerce alguna influencia en sus escritores. ¿Qué sucede hoy en día con la literatura chiapaneca que tanto está llamando la atención de resto de México?
  • El nacimiento del libro Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío, publicado en 1905, tiene la peculiaridad de que es el primer poemario que se escribió para contestar la invasión norteamericana en Centroamérica. Esa es una genialidad de Darío, ya que se contesta así mismo. Desaparece con su misma pluma el modernismo para darle paso a una poesía social, comprometida, que nace de la entraña misma de las injusticias. En ese libro, que tiene cerca de 120 años y aún sigue vigente, la poesía social y política le da una utilidad a los poetas, es una declaración de principios que aun se preserva en Centroamérica.
  • ¿Qué visión tienes de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Es una pregunta un poco difícil de contestar, pero bueno, el futuro de la literatura  por lo menos a nivel global terminará por llegar de manera masiva al internet. Los libros, creo, terminarán siendo objetos de lujo, sin embargo creo que la literatura centroamericana seguirá creciendo, como el caso de Sergio Ramírez, quien al recibir el premio Cervantes puso en evidencia que algo está pasando en esos países que parecieran invisibles. El mundo ahora tiene la obligación, como siempre la ha tenido, de voltear a ver lo que sucede en los países más pobres de América. Para eso, las redes sociales y las editoriales independientes juagarán un papel importantísimo.
  • Tú que has sido editor, gestor y promotor cultural, ¿qué retos afrentará, en tu percepción, el ámbito literario tras de este periodo de cuarentenas y pandemias, que ha frenado la ya de por sí lenta inercia de los proyectos culturales?
  • Es una situación muy complicada, el covid19 va a cambiar muchas cosas, ahora dependerá mucho de la organización social. Como siempre, las sociedades tendrán que resistir a los embates de los mercados y a la brutalidad con que se concibe la política actual, la cual no cree en el arte como parte esencial de lo humano. La organización de los que menos tienen, de los excluidos, consistirá en que lo humano no desaparezca.