Categorías
Cinefilia crónica

Judas y el mesías negro (2021)

Existen buenas películas y existen malas películas; existen obras maestras y existen bodrios desastrosos; existen películas inolvidables y existen películas que pasado un año ya nadie recuerda. Pero también existen películas que son más que películas, son memoria, son homenaje, son poder, ese es el caso de Judas and the Black Messiah (2021).

Fred Hampton era un activista, revolucionario socialista y el líder de la sección de Illinois del Partido Pantera Negra a finales de los sesentas. William O’Neal era un ladrón de autos cuyo modus operandi se basaba en hacerse pasar por un agente federal para disuadir a sus víctimas y ejecutar el robo. Pero cierta noche, O’Neal, quien apenas tenía diecisiete años, fracasa al intentar robar un auto y, luego, al ser capturado, en lugar de ser enviado a la cárcel, tal como él lo suponía, es reclutado por el agente Roy Mitchell del FBI para que se infiltre en el BPP (Black Panther Party) y le sirva de informante. Entonces los destinos del mesías negro, Fred Hampton, y de judas, William O’Neal, habrán de cruzarse de una manera cuyo desenlace no puede ser distinto al trágico.

Judas and the Black Messiah es el segundo largometraje que dirige Shaka King, recibió seis nominaciones en los premios Óscar, entre las que destacan Mejor película y Mejor guion original, y es sin duda una de los mejores films de la temporada. El amor, la traición, la política, el racismo, la injusticia, el clima urbano, el valor conjurado a una causa justa, la lucha por los derechos civiles de las comunidades afroamericanas; todo eso y un poco más es combinado y puesto en escena de una manera notable. El encargado de interpretar a Fred Hampton es la estrella ascendente Daniel Kaluuya, quien, quizá ayudado por el estupendo guion, realiza la que es la mejor interpretación de su carrera hasta el momento, superando incluso a la realizada en la conocida Get Out (2017), pues logra dotar de una fuerza y una voz propia al personaje, evocando y rememorando la firmeza y la determinación con la que Hampton asumió la lucha social a lo largo de su corta vida. Por su parte, el traidor O’Neal es interpretado por Lakeith Stanfield, cuyo trabajo es incluso superior al de Kaluuya, dado que no sólo es el antagonista que debe soportar la carga pasar por protagonista, sino además debe (y lo logra c0n creces) fingir una actuación dentro de la actuación que ya de por sí es fingida: es un completo farsante, un infiltrado; por ejemplo, a través de sus gestos y expresiones, Stanfield consigue que la ejecución de los primeros planos larguísimos de su rostro, que son vitales en la construcción del personaje y en la manifestación del conflicto moral que sufre, se ejecuten de manera formidable.

Otro hecho destacable es que Debora Johnson (Akua Njeri), quien era la pareja sentimental de Fred Hampton y es la madre de Fred Hampton, Jr., su unigénito, es interpretada por Dominique Fishback, quien, a pesar de que pudo ser mejor, no hizo una mala interpretación y junto a la decisión de maquillarla de manera mínima y el que su físico se aleje de los estereotipos de belleza que la sociedad moderna le impone al género femenino, consigue dar con un personaje real y acertado. Lección para los poderes culturales y hegemónicos del entretenimiento mundial que solamente logran concebir personajes principales femeninos si son interpretados por modelos o reinas de belleza, quienes encajan perfecto con el estereotipo imperante pero no con la figura del personaje a tratar.

En definitiva Judas and the Black Messiah, que sutilmente toma algunos recursos del blaxploitation de los setentas, como también del cine político y del documental, resulta una digna representante de la cinematografía afroamericana de las últimas décadas, abanderada por el fallecido John Singleton en su momento, o por el maestro Spike Lee con su extensa filmografía o por Barry Jenkins con su premiada Moonlight (2016). Una película que vale la pena ver no sólo por su valor narrativo, estético y filmográfico, sino también por su valor histórico y reivindicativo.


La polémica: por extraño que parezca, todo indica que a la Academia le pareció que Judas and the Black Messiah era una película sin protagonista, o sin protagonistas, pues los actores Daniel Kaluuya y Lakeith Stanfield, que interpretan a los personajes principales del film, fueron nominados en la categoría de Mejor actor de reparto. Se suponía que el personaje de O’Neal, interpretado por Stanfield, era el protagonista y el de Hampton, interpretado por Kaluuya, era el más relevante de entre el reparto; incluso podría pensarse que era una película con dos protagonistas, precisamente ellos, pero no así lo consideraron en Hollywood. Hasta el momento no ha habido ningún pronunciamiento por parte de los organizadores de los premios. Ya veremos cómo resulta la noche de la ceremonia.

M.D.

Categorías
Cinefilia crónica

La cuba de Agnès Varda

Cuatro años después de que Fidel Castro llegara al poder, Agnès Varda, la eterna maestra del cine mundial, visitó Cuba. Al regresar a Francia, trajo consigo 1800 fotos en las que procuró capturar la esencia del nuevo pueblo cubano, aquel que nacía producto del triunfo de la revolución, con su piel morena y curtida, con la barba hirsuta del guerrillero apenas llegado desde la Sierra Maestra, con su sabor a caña y su olor a tabaco, con su mambo y su guaguancó, con su era pariendo. Después de un arduo y extenso trabajo de montaje, el archivo fotográfico se transformó en un documental al que Agnès decidió categorizar como una “película-homenaje” y titular “Salut les Cubains” (‘Saludos, Cubanos’).

Acompañado de 81 hombres, entre los que se contaban Raúl Castro, Ernesto “el Che” Guevara y Camilo Cienfuegos, Fidel Castro zarpó desde el oriente de México a bordo de un yate de nombre Granma. La expedición revolucionaria tenía como objetivo primario liderar un alzamiento armado popular que resultara en el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista. Luego de casi seis años de lucha armada, tan sólo 12 de los 82 expedicionarios se mantenían con vida, pero miles de cubanos y cubanas en diferentes partes del país ya habían nutrido las filas guerrilleras bajo aquella valiente y ensangrentada consigna que en varias fotos del documental reluce de manera imponente: “Patria o Muerte”, así que los rebeldes logran su cometido, Batista huyó despavorido hacia la República Dominicana de Trujillo y el mundo vería materializarse a lo impensable: el establecimiento de una república socialista en el Caribe, a cuatro brazadas de La Florida, Estados Unidos. Razón por la que, en esa época, nadie era indiferente a la conversión política y social de Cuba, y Agnès Varda, con el lente de su cámara, capturaría a blanco y negro y en el milagroso formato de 35 mm los ánimos de ese nuevo país en movimiento, su cultura y su identidad.

Icónica fotografía de Fidel Castro en compañía de un grupo de guerrilleros.

A medida que las fotos van sucediendo en la pantalla, el guion, escrito por Agnès, es leído a dos voces, la de ella, por supuesto, y la de Michel Piccoli, actor francés. Entre las tantas cosas en las que el documental se detiene, la figura femenina, como es una constante en la filmografía de Varda, adquiere un rol protagónico. Por eso, a parte de las decenas de cubanas que fueron fotografiadas en las calles, algunas seguramente sin siquiera imaginar que su rostro sería inmortalizado en un documental, o de las fotografías tomadas al multitudinario Congreso de Mujeres, que contó con la participación del propio Fidel, y a las milicianas con fusil al hombro que custodiaban bancos y edificios públicos, son Selma Díaz, arquitecta y planificadora de los proyectos sociales de construcción en La Habana, y Sarita Gómez, que sería la primera mujer cubana en dirigir un largometraje: De cierta manera (1974) y que, además, participó en el documental tanto posando para la cámara como siendo la asistente de Varda, a quienes se les rinde especial atención durante dos pasajes de la película.

Fotogramas del tramo final del documental en los que Sara Gómez figura bailando.

Las gentes en las calles, los torneados cuerpos de las cubanas que son como “una S ondulante”, las barbas y sombreros de todos los estilos y tipos, los campesinos con los machetes cortando caña en las tierras que les entregó la Reforma Agraria, los músicos con las guitarras interpretando trovas y boleros en las fiestas de baile y ron, la casa de Hemingway y la catedral barroca de La Habana, los poetas y los políticos, los pintores y los alfabetizadores, la música de Benny Moré, “El Bárbaro”, y El Cuini Tiene Bandera, de la Orquesta Aragón; eso y más es debidamente fotografiado y comentado como sólo Agnès Varda lo hubiese podido hacer.

¿Qué se le pide a un documental? Que sea educativo sin dejar de ser entretenido, y justo eso logra ser Salut les Cubains. “Saludos a los revolucionarios románticos”. “Saludos a los obreros de una refinería de petróleo en la Bahía de Santiago”. “Saludos a los nuevos artistas cubanos”. ¡Saludos a tu memoria, querida Agnès!

Categorías
Cinefilia crónica

Entre el mejor cine del 2020

Se acaba el año. Un año para el olvido que por más que lo intentemos nunca habremos de olvidar. Y luego de la atípica gira de premios y festivales, donde se cuentan la intrépida y criticada realización presencial del Festival de Venecia o la cancelación, quizá sensata, quizá excesiva, del Festival de Cannes, cuyos organizadores optaron tan solo por revelar al mundo un listado de la selección oficial, pero se reservaron todo lo demás como la elección de un jurado y sin el jurado no hay veredictos y sin veredictos no hay películas ganadoras, una vez más el mundo es testigo de la alta dosis de razón que tenía el cantante francés Charles Aznavour cuando inmortalizó la siguiente frase: “le spectacle doit continuer” (El espectáculo debe continuar), porque en medio de la recia tormenta, se estrenó y se hizo cine, y cine muy bueno, además.

El siguiente listado no aspira a ser la enumeración irrefutable y definitiva de las mejores películas del año, cuán pedante sería afirmar eso, pues partiendo del hecho de que muy difícilmente una única persona alcance a ver todas y cada una de las películas que se estrenan en un solo año, sumado a que el arte cinematográfico no es una ciencia exacta en la que objetivamente pueda discernirse sobre la calidad de cualesquiera dos películas ubicando a una por encima de la otra, dudo que alguien en el mundo pueda, sin remordimientos de conciencia, conseguir tal tarea. El siguiente listado es una selección personal, entre las mucha que vi, de cinco de las mejores películas del año, para dicho trabajo he tenido en cuenta, aparte del valor estético y la originalidad del film, los comentarios, a veces justo, a veces injustos, de la crítica internacional:

#5 Ammonite (Reino Unido): Un romance secreto y descarnado, que se desarrolla a mediados del siglo XIX, entre la paleontóloga Mary Anning, interpretada por Kate Winslet, y Charlotte Murchison, interpretada por Saoirse Ronan. Se trata de una película de contrastes, que logra sacar de los objetos inertes que componen el lecho marino, de la fría paleta de colores de la costa inglesa y de la antigüedad de los fósiles escondidos entre las rocas (los amonites son una especie de molusco extinto hace millones de años), la pasión absoluta entre dos mujeres que terminan amándose. Dirigida por Francis Lee, quien, además de llegar por primera vez a la selección oficial del Festival de Cannes, mediante el silencio de la naturaleza apenas roto por la tímida marejada, el gran trabajo de vestuario y escenografía y las magistrales actuaciones de Winslet y de Ronan, logra hacer una película inteligente y novelesca que, en cierta medida, pese a no ser esta la temática central, también muestra la injusticia y desconocimiento a los que se vio expuesta Mary Anning por dedicarse a un oficio que se suponía exclusivo de los hombres.

Póster promocional de Ammonite.

#4 Asa ga kuru —True Mothers— (Japón): La nueva película de Naomi Kawase es un relato complejo de adopción y maternidad, filmada con una marcada voluntad de claridad y pureza que se muestra, principalmente, a partir de la iluminación y de los colores pastel del vestuario. True Mothers es el drama de una joven pareja que tras un largo tiempo sin poder concebir un bebé deciden adoptar un niño, pero años después la familia que han construido es puesta en riesgo por la aparición de Hitari, una choca desconocida que dice ser la madre biológica. Kawase se vuelve a encontrar con el estilo impresionista y sensorial que la caracteriza, tan común del cine japonés, y logra una puesta en escena humanista al servicio de una historia conmovedora.

Póster oficial de True Mothers.

#3 Mank (EU): Tras algunos años de inactividad, el aclamado David Fincher, reconocido por The Fight Club (1999), Gone Girl (2014), entre otras, regresa al cine de la mano de Netflix, con un guion escrito por su propio padre, Jack Fincher, y un elenco de lujo en el que se cuentan el genial Gary Oldman y las hermosas y talentosas Amanda Seyfreid y Lily Collins. Mank es un drama biográfico sobre parte de la vida de Herman J. Mankiewicz y el desarrollo del guion de la que mucha gente considera la mejor película de la historia, Citizen Kane (1941). Gary Oldman, quien encarna a Mankiewicz, hace un papel simplemente extraordinario y parece ser un fuerte candidato para llevarse el Oscar en la próxima edición. Por su parte, Fincher realiza la que es hasta el momento su película más personal y distinta a toda su filmografía, siendo el resultado una sobresaliente mezcla entre los estilos del cine de la década de los 30 y principio de los 40 (es a blanco y negro e incluso, quizá a modo de homenaje, comparte algunos planos con Citizen Kane) y el estilo moderno que tan notorio es en su trabajo.

Póster oficial de Mank.

#2 Nomadland (EU): Basada en el libro Nomadland: Surviving America in the Twenty-First Century, escrito por Jessica Bruder, Nomadland es la tercera película escrita y dirigida por Cholé Zhao. Narra la historia de Fern, interpretada por Frances McDormand, una mujer residente en Nevada, Estados Unidos, que después de haberlo perdido todo a causa de la crisis económica emprende un viaje por el oeste estadounidense a bordo de una casa rodante. McDormand, con una maestría actoral que asusta, ofrece aquí la que es hasta el momento la interpretación de su carrera, y junto a la excepcional fotografía, el guion sobrio y reflexivo y el excelente trabajo de dirección de Zhao, resulta en una película sabia y hermosa que, más allá de alzarse con el León de Oro, galardón máximo en el festival de Venecia, no solo es una exquisita y sentimental road movie, sino también un trabajo cinematográfico cargado de una extraña e intensa melancolía.

Póster oficial de Nomadland.

#1 Druk —Another round— (Dinamarca): Druk (que significa drunk —beber, pero no únicamente según dijo el director) cuenta la historia de un grupo de profesores de secundaria de mediana edad que empiezan a sentir cierta fascinación, justificada científicamente, por el consumo de bebidas alcohólicas. Políticamente incorrecta y, en cualquier caso, tan desesperanzadora como si el guion hubiese sido escrito entre colmadas copas de vino y después de haber devorado un libro de Kierkegaard, en Druk, encontramos el sutil toque Vinterberg, su talento para crear ambientes colectivos y sociales, la atmósfera de cercanía y amistad, la atención que ofrece a los personajes rotos. Pasando del drama a la comedia y con un reparto de primera: Mads Mikkelsen, Maria Bonnevie y Thomas Bo Larsen, es esta la película que toda persona, en algún momento de su vida, debería ver. Druk te embriaga literalmente, te emociona hasta las lágrimas.

Póster oficial de Druk.

Permítanme un breve pero profundo comentario final: a pesar de todo, menos mal que existe el cine. Viva il cinema, como alguna vez dijo Fellini.

Dedicado a la memoria de todas las víctimas del Covid-19

M.D.

Categorías
Cinefilia crónica

El cine animado | Encasillado e infravalorado

Gran parte de las personas que conocemos, me atrevería a decir que casi todas, asocia las películas, cortometrajes, series, miniseries y demás contenido animado, únicamente a temáticas infantiles. No podrían estar más equivocadas. Desconozco a qué se deba esto, supongo que a la influencia televisiva estadounidense, pensemos en los siempre vistos Cartoon Network o Nickelodeon; o en un conjunto de personajes icónicos en especifico, digamos, Mickey Mouse junto a Minnie, Donald, Daisy, Goofy y Pluto, o toda la familia de los Looney Tunes, o Tom y Jerry; quizá también a los sendos trabajos cinematográficos animados de grandes e históricas productoras como Disney o las mucho más recientes DreamWorks o Pixar. A lo mejor, como es mi caso con El Planeta del Tesoro (2002), la primera película que usted vio en su vida o la primera de la que tiene memoria es precisamente una película animada, podría ser Pinocho (1940), o Dumbo (1941), o La dama y el vagabundo (1955), o 101 dálmatas (1961), o Los Aristogatos (1970), o El zorro y el sabueso (1981), o El Rey León (1994), o Toy Story (1995), o Monsters, Inc. (2001), o tantas otras y tan conocidas de las que estoy seguro no hace falta que yo mencione para que usted recuerde.

Pero hay un buen número de películas animadas que en definitiva no son infantiles, y no porque su contenido sea abierta y explícitamente sexual, violento u ofensivo, sino porque en verdad es cine serio, cine puro y duro, desde romances y dramas descarnados, pasando por asfixiantes thrillers psicológicos, hasta el trepidante terror. Entonces hay que pensar, primeramente creo, en las animaciones japonesas producto de los magistrales trabajos de dibujantes, caricaturistas y animadores con estilos propios o nacidos en los influjos del anime y del manga, estamos hablando de artistas como Katsuhiro Ôtomo, el responsable de Akira (1988) y de uno de los tres cortos de la exquisita Memories (1995); también del ya fallecido maestro Satoshi Kon, quien fue el genio detrás de Perfect Blue (1997) —a mi parecer una de las mejores, sino es la mejor, película animada de todos los tiempos— y de la fantástica Paprika (2006); o de Mamoru Oshii con su muy conocida Ghost in the Shell (1995), película que incluso fue llevada no hace mucho a Hollywood con una versión live-action que protagoniza Scarlett Johansson; y no pasemos por alto a Makoto Shinkai, con su anime romántico y dramático de colores tornasoles e iridiscencia sorprendente, como El Jardín de las Palabras (2013) o la maravillosa Your Name (2016).

Aunque relativamente los casos no abunden y al parecer tampoco exista artista alguno cuya obra cinematográfica de animación abarque temas no-infantiles y sea digna de denominarse magistral, en el cine occidental también se encuentran buenos ejemplos de películas de este tipo cuyas temáticas, guiones y montajes, ostentan una calidad que nada tiene que envidiarle a reconocidas producciones con locaciones reales y tangibles y personajes interpretados por actores y actrices de carne y hueso. Por mencionar algunas, está la muy poco conocida El Planeta Salvaje (1973), película francesa de ciencia ficción que no puede ser más francesa porque no puede ser más filosófica; o Beowulf (2007), la epopeya computarizada dirigida por Robert Zemeckis, sí, el mismo que dirige las famosas Forrest Gump (1994) y Náufrago (2000); o la nominada al Óscar, de corte nihilista, y hecha en la compleja técnica de stop motion, Anomalisa (2015), escrita y dirigida por el admirable Charlie Kaufman; o la más reciente y también nominada por la Academia en la pasada edición de los premios Óscar, I Lost My Body (2019), dirigida por el cineasta Jérémy Clapin y aclamada por la crítica internacional.

Imagen de la película Anomalisa (2015), dirigida por Charlie Kaufman quien es conocido por ser el escritor del guion de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004).

No se dejará de hacer cine animado que vaya dirigido específicamente a un público infante, de hecho, esto está muy bien y algunas resultan ser lo bastante entretenidas: Buscando a Nemo (2003) o Ratatouille (2007), pero que bueno sería que cada vez más personas tomaran conciencia de la dificultad de su realización —que sea para niños no significa que sea un juego de niños—, como también de las portentosas obras cinematográficas de distintos géneros que con el uso de estas técnicas se pueden hacer y de la plena valoración artística que, en general, esta categoría ostenta, tanto para pequeños como para grandes. El cine animado, más allá de ser animado, es cine y por eso, cuando está bien logrado, no puede ser menos que hermoso y digno de admirar y recordar.

M.D.

Categorías
Cinefilia crónica

The Truman Show (1998) | Lo que el cine nos enseña

¿Qué es la libertad? ¿Somos realmente libres, o sólo lo somos en la medida que creemos serlo? ¿Es autentica cada experiencia que vivimos, todo en nuestra cotidianidad, o es que habitamos una constante mentira de sueños, ilusiones, apariencias y esperanzas, la cual día a día nos repetimos? Fundamentalmente preguntas de este tipo son las que aborda la película The Truman Show (1998).

The Truman Show fue estrenada en el año 1998, sería entonces una propuesta bastante interesante y novedosa, eso, entre otras cosas, llevó a que el film se convirtiera en un éxito de taquilla, recibiera elogios de la critica internacional y obtuviera tres nominaciones a los premios de la academia, estas fueron en la categoría de Mejor Director (Peter Weir), Mejor Guion (Andrew Niccol) y Mejor Actor de Reparto (Ed Harris). El tiempo coloca cada cosa en su lugar, y hoy, la película, es uno de los trabajos más reconocidos y relevantes en la historia del cine posmoderno. Casi elevada a la condición de película de culto. Truman Burbank, interpretado por Jim Carrey, es un feliz agente de seguros que cree llevar una vida común y corriente, tiene una bella esposa, una madre que lo ama, un amigo de toda la vida y vive en un buen vecindario; lo que Truman no sabe, ni siquiera se imagina, es que las cámaras graban cada segundo de su vida, desde su nacimiento, pasando por su primer beso, o su tiempo en la escuela secundaria, hasta su matrimonio, y que todo lo que hace y vive es transmitido en vivo alrededor del mundo. Todo lo que ha vivido y todo en lo que cree es una total farsa. Truman (que se llama así porque a los directivos de la productora le pareció un nombre bastante comercial) fue adoptado y criado por una corporación para que fuese el protagonista de un ambicioso show televisivo de realidad simulada, con ese fin han construido un set gigantesco: la ciudad en la que Truman reside, y han contratado a cientos de actores y actrices: sus familiares, amigos, compañeros y vecinos. El reality, ideado por Christof, personaje que interpreta Ed Harris, tiene por nombre The Truman Show, y es el programa de televisión con mayor audiencia y éxito en el mundo. Truman es un constante prisionero de esa falsa realidad que siempre ha creído verídica.

De manera amplia, existen dos maneras de interpretar el significado que The Truman Show evoca. Por una parte, es una crítica audaz al voyerismo directo que la televisión moderna vende a través de los reality shows, al morbo de los televidentes que los consumen y a los extremos a los que las corporaciones y productoras televisivas están dispuestas a llegar con tal de generar entretenimiento que les permita ganar cuantiosas sumas de dinero. Y por otra, la película nos lleva a preguntarnos acerca de conceptos como la libertad, los miedos, los deseos, el propósito de la vida; pues Truman no sabe que toda su existencia ha sido un espurio show, que todo cuanto vive tiene lugar en un ambiente controlado, o simulado, y que sus acciones y voluntades son coaccionadas en tanto así se lo precise y en tanto más beneficioso sea para el desarrollo del programa.

Cuando por fin Truman decide escapar de los barrotes invisibles que sobre él siempre se han cernido, luchado, literalmente, contra el viento y la marea, llega a una de las paredes del estudio, la rompe con el bauprés del bergantín que navega, luego baja, camina un poco y termina subiendo a unas escaleras que dan a la puerta de salida del set (por cierto, esta es una toma bastante lograda en términos de fotografía y montaje). Entonces entre lágrimas se da cuenta, o más bien confirma, que toda su vida ha sido una falsedad. Truman decide abrir la puerta y, al hacerlo, es abordado por Christof, nombre que, dicho sea de paso, suena como a “Christ-off”, y su transliteración sería Cristo Apagado, pero creo que se refiere más a anticristo, o a un tipo de creador iconoclasta y contrario, o algo así, este dialogo es bastante interesante:

— Truman —le habla Christof desde la sala de comandos, Truman se gira y nos muestran al cielo, sugiriendo así que se trata de un encuentro con Dios, o con el creador (de hecho sí, es el creador), y continúa—: Puedes hablar. Te oigo.

Ahora nos muestran un primer plano de Truman, éste le responde:

— ¿Quién eres?

— Soy el creador… De un programa de televisión que le da esperanza y alegría a millones de personas.

— ¿Y quién soy yo? —pregunta Truman.

— Tú eres la estrella.

— ¿Nada fue real?

— Tú fuiste real. Por eso es tan bueno verte.

Truman se gira con claras intenciones de salir por la puerta. Christof vuelve y le habla:

— Escúchame, Truman. Ahí afuera no hay más verdad que la que hay en el mundo que cree para ti. Las mismas mentiras… los mismos engaños, pero en mi mundo, no tienes nada que temer.

Imagen de la escena final en la que Truman sube las escaleras que lo llevarán a la salida.

En últimas, The Truman Show, a parte de ser por mucho la mejor interpretación que el canadiense Jim Carrey haya hecho en su carrera, es una película que merecerá siempre ser vista y que desde la comedia, la ciencia ficción y el drama, nos muestra cómo el cine y el arte son una sempiterna sinécdoque a la vida, o a las vidas, que todos vivimos, y que así, terminan enseñándonos caminos por los cuáles transitar.

M.D.

Categorías
Cinefilia crónica

una mirada a Quentin Tarantino

Lo más relevante el cine moderno, en su totalidad, cabe en una película dirigida por Quentin Tarantino, y esa película, a su vez, cabe en todo el cine. Tarantino nació en Knoxville, Tennessee, en el año 1963, la Guerra de Vietnam estaba en su apogeo y la cultura de masas estadounidense se volcaba cada vez más a la televisión y al cine. Cuando sus padres se separaron, se mudó junto con su madre a Los Ángeles, que era, y aún es hoy, la Meca del séptimo arte. En su juventud dejó la escuela y años más tarde se hizo empleado en un Videoclub donde ganaría fama entre los clientes por su alto grado de conocimiento a cerca tantas películas, allí mismo conocería a Craig Hamann, también empleado del lugar y quien tenía escrito un breve guion, entonces Tarantino decide ayudarlo con su proyecto y el resultado fue My Best Friend’s Birthday, un cortometraje amateur en el que Quentin figuró como codirector, coguionista y protagonista; lamentablemente ocurrió un accidente en el laboratorio donde se pretendían revelar los negativos, así la copia fue consumida por el fuego y el trabajo cinematográfico nunca se pudo exhibir, sólo sobrevivió la primera media hora de filmación y eso es lo que hoy día se puede visualizar de aquel primer trabajo.

Fotograma de la película Reservoir Dogs donde hace uso de su característico plano maletero y en el que figuran, de izquierda a derecha, los actores Michael Madsen, Harvey Keitel y Steve Buscemi.

Pero Quentin, lejos de desanimarse, continuó escribiendo guiones y logró vender dos de estos, guiones que posteriormente, con algunas modificaciones, serían llevados al cine, el primero fue para True Romance (1993), película dirigida por Tony Scott; y el segundo para Natural Born Killers (1994), dirigida por Oliver Stone. Con parte de ese dinero y la ayuda del reconocido actor Harvey Keitel, logró iniciar y culminar su opera prima, Reservoir Dogs (1992), la película fue estrenada en el Festival de Sundance y, aunque no fue un éxito en taquilla, obtuvo el reconocimiento de la crítica. Tarantino adquirió así algo de renombre en el medio y se puso en la mira de las grandes productoras

A Reservoir Dogs le siguieron grandes y memorables películas como Pulp Fiction (1994) que es considerada su obra maestra, y por la que mereció el Palm d’Or en el Festival de Cannes y el premio Óscar a Mejor Guion Original; la saga Kill Bill (2003-2004), un homenaje al cine japonés de samuráis que tanto le fascina (y mi favorita en términos de ritmo y montaje); Inglourious Bastard (2009), película que obtuvo ocho nominaciones al Óscar, entre las que destacan Mejor Director y Mejor Guion Original (premios que, quizá de manera injusta, no le fueron entregados); Django Unchained (2012), película con la que ganaría su segundo Óscar en la categoría de Mejor Guion Original, y la más reciente Once Upon a Time in Hollywood (2019), que recibió diez nominaciones al Óscar, entre esas, nuevamente Mejor Guion, pero esta vez no recibiría el premio.  

Comentemos una escena del director, el inicio de Inglorious bastard más específicamente. Mientras suena el portentoso instrumental de The Green Leaves of Summer, canción compuesta por Dimitri Tiomkin que integra la banda sonora del Western dirigido por John Wayne titulado The Alamo (1960), en el negro de la pantalla toma lugar un intertítulo que dice: “Capitulo uno: Erase una vez en la Francia ocupada por los Nazis”, entonces se nos muestra en teleobjetivo la reverdecida y serena pradera europea, como una pintura impresionista; al fondo apenas se nota la figura de un hombre, al parecer realizando algún tipo de trabajo, y cerca de él alguien que extiende unas sábanas blancas en el tendedero. Hay un cambio de toma, luego un traveling de abajo hacia arriba, de cerca vemos lo que de lejos casi no se distinguía, confirmamos que es un granjero, con su hacha está cortando leña, tiene barba. Ahora nos muestran a la mujer, es bastante joven, y de pronto se escucha el tonelaje de autos aproximándose, no los podemos ver porque las sábanas que se acaban de tender lo impide, ella las corre, y hace su entrada la elegante y prodigiosa The Verdict, compuesta por el maestro Ennio Morricone. A lo lejos se ven los autos y la chica grita: “Papá”, acto seguido el hombre abandona su trabajo, se sienta, y dispone su mirada hacia la pequeña caravana con una expresión de preocupación. Sin necesidad de un sólo diálogo, hemos sido conducidos a la incertidumbre creciente del suspenso. Así de poderoso es el ritmo de las películas de Quentin Tarantino.

Célebre toma de Inglorious bastard. Resalta el detalle que Bridget von Hammersmark, personaje interpretado por Diane Krüger, mira intranquila la forma en que el Tnte. Archie Hicox, interpretado por Michael Fassbender, indica con su mano el número tres, pues esto resultará en el fracaso de la misión que se les había encomendado.

Aunque su obra ha sido bastante criticada por el uso explícito de violencia visual, no se puede negar que Tarantino es un maestro del séptimo arte. Notable es en su filmografía la gran cantidad de referencias y reverencias a obras representativas del cine, y el estilo tan propio como exquisito que se hace evidente en la puesta en escena, en la escritura de guiones eclécticos e intensos, en el montaje, en las legendarias bandas sonoras, en el manejo de primeros planos, planos de larga duración, su característico plano maletero y el uso del crash zoom effect.

Quentin Tarantino es mucho más que un talentoso cineasta, él es la definición más profunda de lo que significa ser un cinéfilo.

M.D.

Categorías
Cinefilia crónica

El cine como arte | Un testimonio vivo

El arte posee cierta dosis de atemporalidad, es eso lo que le permite a Starry Night de Vincent van Gogh, o a Für Elise de Beethoven, ser obras sublimes que trasciendan el tiempo, y que aún hoy, como seguro lo harán mañana, millones de personas alrededor del mundo sigan contemplando su valor y belleza. Representaciones como la escultura, la pintura, la música, la danza, la arquitectura, o la literatura, son tan antiguas como la historia humana lo es, de hecho, son estas las seis artes de la antigüedad. Algunas formas reconocidas, nacidas en el seno de estas disciplinas, fueron realizadas en los siglos previos a la era cristiana, en el Egipto Faraónico o en la Grecia Antigua, incluso mucho antes —milenios antes—, en la prehistoria, cuando las incipientes comunidades humanas eran pequeñas tribus nómadas conformadas por cazadores y recolectores que cubrían sus cuerpos con pieles de animales, se amparaban del frío y de los depredadores en las cuevas de alguna montaña, y la tecnología más avanzada que conocían eran la lanza y el fuego, pues de este periodo datan las pinturas rupestres, muestra de que ya los humanos se maravillaban con el movimiento del planeta salvaje en el que vivían, con la ferocidad de un tigre dientes de sable, con el avistamiento de un cometa, con el misterio de reconocerse vivos y sensibles ante el universo incomprensible que los rodeaba. El arte, en sus formas primarias, había iniciado.

Pero claro, llegada la edad moderna, y con ella la invención de artefactos tan maravillosos que se dirían puros efectos de la imaginación, como la locomotora o el avión, se originaría una nueva representación del arte, la séptima, casi salida de un manual de ilusionismo: el cine. El arte cinematográfico, es la combinación inalienable de la pintura, el plasticismo, la dramaturgia, la danza, el teatro, y, tiempo después, cuando fue posible la implementación del sonido, también la música. Eso provoca que no haya un consenso definitivo entre si el cine es un arte en sí, o si no es más que la combinación armónica de artes que lo precedieron. Sin embargo, no hay duda de que el séptimo arte posee algo que nunca antes ninguno había podido capturar tal cual era, me refiero al movimiento. Con una cámara se pueda visionar al mundo tal cual sucede, esto le adhiere al cine una tenaz carga de objetividad, lo que, si de arte se trata, puede ser tan bueno como perjudicial, porque el arte, como arte, es en últimas eso, un testimonio, un fragmento del artista, sus temores, proezas y talentos, y todo esto es, necesaria y milagrosamente, subjetivo. Dos pintores que pinten el mismo atardecer nunca pintarán el mismo cuadro. Es ahí donde reside la magia del cine como arte, en expresar más que en mostrar.

La mayor parte de las películas contemporáneas están dadas al servicio del espectáculo y del dinero, no obstante, existen directores que siguen haciendo cine de verdad, cine que, por ser arte, trasciende a través del tiempo.

Es complicado entender en su totalidad y trasfondo la trama de películas como El Ángel Exterminador (1962), el trabajo más conocido de Luis Buñuel; o 2001: A Space Odyssey (1968), dirigida por Stanley Kubrick; o El Espejo (1975), del ruso Andréi Tarkovski —máximo exponente del cine arte—; o la surreal Mulholland Drive (2001), escrita y dirigida por David Lynch; o Kynódontas (2009), dirigida por el cineasta griego Yorgos Lanthimos; o Burning (2018), el film cumbre del coreano Lee Chang-Dong. La complejidad en la comprensión de estas obras maestras, principalmente, reside en que cada una aboga, a su manera, por la esencia misma del cine, por el cine como arte y lenguaje que transpira en cada plano el espíritu humano que sus autores, desde el director hasta el último de los extras, le han transfundido. Un significado completo es el que la obra expresa y una interpretación propia es la que el espectador le debe dar.

Nadie podría explicarle a otra persona porqué la Sinfonía n.° 40 de Mozart es bellísima, o porqué La Gioconda de da Vinci parece estar sonreída, pero también triste, pero también enfadada, y la imposibilidad no responde a lo difícil que es definir una obra de arte, sino a que el arte, por ser arte, más allá de entenderse, se siente, y eso mismo sucede con el cine.

M.D.

Categorías
Glosolalia articulada

Glosolalia Articulada | Un bautismo de sangre

Sobre la actualidad de Frantz Fanon y la negritud.

El existencialismo como disciplina filosófica de la posguerra toma vertientes hacia campos que no son “estrictamente” de la academia. Camus, por ejemplo, en sus diarios argelinos describe lo que fue el FLN (Frente de Liberación Nacional) y cómo participó en éste, una literatura periodística que definitivamente sobresale del canon del autor mejor conocido como ensayista de filosofía y literato. Sartre es quien escribe el prólogo sobre Los condenados de la tierra de Frantz Fanon. Siendo estos dos los representantes de la corriente filosófica.

Hablo del existencialismo por dos motivos: uno, la inefabilidad de la existencia, pues si se trata de una corriente europea de la filosofía que recupera como premisa los pensamientos de Kierkegaard, uno de los tópicos más recurrentes es que nadie escoge existir. La existencia antecede a la esencia, es aquello que reitera Sartre en El existencialismo es un humanismo. Lo cual, en el contexto de Fanon se traduce al colonialismo: uno no escoge ser el oprimido pero debe luchar para la liberación.

El segundo, y más importante, es el quietismo. Concepto trabajado por toda la escuela de existenciales. No decidir es decidir. Fanon no cita este concepto directamente pero habla de la violencia como una necesidad y de la violencia con sabiduría, en especial en SU contexto que es el imperialismo, pues lo que él anhelaba era principalmente una Europa des-hegemonizada en donde se erradica la jerarquía social cuyo fundamento y premisa es el racismo. No se puede decir que apelaba a una Utopía pues quería, tan simple como suena, erradicar la esclavitud. Un mundo sin racismo no es apelar al mundo perfecto que se describe en la utopías, suena, simplemente, a un mundo congruente.

El concepto de Fanon sobre la violencia apunta a la dialéctica Marxista de el amo y el esclavo en donde argumenta que la violencia es estar dispuesto a dejar todo, incluso estar dispuesto a dejar la vida para poder ganar, de no ser así, uno termina siendo el esclavo, el amo obtuvo aquella posición al arriesgar su vida, pues la muerte es más liberadora que la esclavitud. Así que decir –como se ha criticado– que se trata de una apologética de la violencia parece burdo. Pues la no-violencia apela al mismo concepto del quietismo, tergiversándolo a algo menos abstracto: no luchar es escoger ser oprimido. 

Fanon fue discípulo de Aimé Césaire, uno de los fundadores (junto con Léopold Senghor) del movimiento de la negritud. Un movimiento que quería expresar a través de la literatura y poesía la identidad cultural. Así que, aunque el libro Los Condenados de la tierra se publicó en 1961, forma parte de un movimiento cuyo auge fue en la década de los treinta.

Uno pensaría que la temática ha evolucionado desde los sesenta, que en aquel entonces se podía creer que había evolucionado desde los treinta. Desgraciadamente, el mundo parece haber de-evolucionado o nunca haberse movido de punto ideológico.

*

Hay un video en las redes sociales de Kimberly Jones explicando las condiciones económicas por las que empieza la esclavitud para que la hegemonía blanca pueda disfrutar de sus esfuerzos. Una economía en donde el blanco toma todo de su esclavitud y deja en desnudo a la comunidad negra. Acaba diciendo que tenemos suerte de que la comunidad está buscando igualdad y no venganza.

Lo semejante a lo que escribe Fanon es casi inverosímil: la violencia sabia, la desigualdad económica, el imperialismo y el colonialismo. Todos estos conceptos que suenan, o deberían sonar, retrógradas están más presentes que nunca.

Fanon cita un poema de Césaire, Las armas milagrosas, en el que el rebelde habla con su madre. Los únicos dos personajes. El rebelde, quien para poder alcanzar su libertad se baña en la sangre de su esclavista y ese es su verdadero bautismo.

El rebelde describe cómo su amo lo despojó de todo incluyendo de su hijo, y la madre busca la liberación de su hijo sin necesidad de la violencia.

El rebelde sabe que es imposible.

Mi apellido: ofendido; mi nombre: humillado; mi estado civil: la rebeldía; mi edad: la edad de piedra.    
—Aimé Césaire.