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Omar Ortiz Forero I El cantor en el incendio

Al mediar el mes de agosto del año en curso, me encontré con los poetas Erik González y Francisco Trejo, de Paserios Ediciones, en San Miguel Cañadas, pueblo trepado en lo más alto de la Sierra de Tepotzotlán. Durante la tarde llegaron al restaurante de mi padre; el cielo azul se iluminaba por los destellos del sol en declive: signo de la calidez que se deparaba, pues junto a González y Trejo, venía también el poeta Omar Ortiz Forero, bogotano de nacimiento, pero de corazón tulueño. Fue una sorpresa grata. Con anterioridad había leído la obra del maestro Ortiz Forero y su pluma me había parecido siempre de las más iluminadas de su generación. Iluminada por ese misticismo que sólo se adquiere si viene uno del campo, del pueblo, de la provincia. Ortiz Forero, luego de estrechar con firmeza mi mano, extendió, como carta de presentación (por lo demás, innecesaria), su más reciente poemario Pequeña historia de mi país (Letra a Letra, 2021). Algo de tristeza se vislumbraba en los ojos del poeta y no era para menos, Colombia estaba, como ahora, ardiendo. Los versos del libro que me obsequiaba también reflejaban esa desolación, pero como la poesía no puede fracasar, también prometían esperanza. Aquella tarde platicamos igual que si fuéramos viejos amigos, en parte azuzados por el mezcal que llevaban González y Trejo para mediar timideces, mismas que nunca, por fortuna, llegaron. Algo he de recrear en esta entrevista de aquel diálogo crepuscular. Omar Ortiz Forero, Premio Nacional de Poesía por la Universidad de Antioquia, se desempeña como profesor en la Universidad Central del Valle de Tuluá (UCEVA). Estudió abogacía (porque no le quedó de otra), pero ha sido reconocido por su labor en la gestoría cultural de su región. Prolijo es en premios y libros. Dirige la legendaria revista Luna nueva, que ya cuenta los treinta y tres años de vida. Su obra ha sido publicada en diversos países de Latinoamérica, así como en España y Francia.

  • ¿Maestro, qué significa su Pequeña historia…para un gran país como lo es Colombia?
  • La Historia, así con H mayúscula, está hecha de pequeños o grandes episodios, con h minúscula, que van determinando el rumbo de un individuo o de una colectividad, para sus logros o para sus fracasos, para su grandeza o su miseria. En el caso de Colombia, como de buena parte de nuestra América, estos episodios los generan unas élites que solo miran hacia sus beneficios particulares. Por ello, al propiciar dichos hechos, los mismos, siempre ocasionan un desmedro abusivo y arbitrario sobre los intereses del colectivo que dirigen y que ellos, desde su cinismo sinvergüenza, llaman “nuestro país” o “nuestra patria”. El “país” o la “patria”, de ellos, claro.
  • ¿Por qué está ardiendo Colombia, maestro?
  • Porque desde la aparición del narcotráfico, las organizaciones criminales que se lucran con estos dineros, han logrado hacerse con la dirección del Estado, por medio de cadenas de contratistas que reemplazaron a los partidos políticos y que instauraron un régimen de corrupción sin precedentes en la historia del país. Esta situación, más la llegada de la pandemia, ha profundizado de manera inclemente las desigualdades económicas y sociales de los colombianos y ha generado un clima de violencia sistemática, dirigida desde el Estado, contra las organizaciones políticas y sociales que trabajan por mejorar las condiciones de vida de por lo menos el 80% de la nación. Hay que tener en cuenta que en estos momentos la población desplazada en Colombia llega a por lo menos, siete millones de habitantes y las víctimas de violencias de todo tipo en los últimos 50 años de conflicto se calculan en más de un millón de homicidios, por lo menos 170 desapariciones forzadas y más de diez mil víctimas de torturas. Con este panorama, se puede hacer usted una idea de las condiciones de resentimiento y rabia, que nutren cotidianamente a la sociedad colombiana. 
  • ¿Cuál ha sido el papel de los escritores en los recientes disturbios sociales de su país?
  • En general, son voces solidarias con los que luchan por mejorar, desde sus trabajos comunitarios, las condiciones de vida de los colombianos. Voces de denuncia a los atropellos por parte del Estado contra la pobrecía. Por eso los sindican desde el gobierno como enemigos y los castigan negándoles la posibilidad de representar al país en diferentes eventos internacionales, ya que, desde el Ministerio de Relaciones, o Cancillería, se habla de que dicha representación debe de estar encomendada a “escritores neutrales”
  • ¿Qué significa ser poeta, hoy, en Colombia?
  • Dignificar la palabra por medio de una poética que sea en verdad verbo y carne del hombre y la mujer colombianos, víctimas de ultraje y la barbarie.
  • ¿Cuál es su visión de la literatura contemporánea latinoamericana?
  • Me gustan voces como la de la mexicana Valeria Luiselli, las argentinas Mariana Enríquez y Samanta Schweblin, del peruano Fernando Iweasaki, del chileno Pedro Lemebel, del brasileño Rubem Fonseca, de la colombo-uruguaya Fernanda Trías, de los colombianos Pedro Badràn, Felipe Agudelo, Daniel Ferreira, Daniel Ángel, Cristian Valencia, Paul Brito, Adelaida Fernández, para citar algunos, sin desmerecer los muchos que he leído con atención y gusto.
  • ¿Qué prevalece entre los escritores actuales de Latinoamérica: un diálogo o un silencio?
  • A pesar de que las redes sociales hacen posible que las noticias sobre Encuentros de Escritores y eventos literarios en general se publiciten y las palabras de muchos de quienes participan en los mentados eventos tengan una inmejorable tribuna, creo que un verdadero diálogo entre escritores del continente no existe desde que las editoriales, los manager y los representantes literarios, hablan por ellos o, lo que es peor, establecen lo que es literariamente correcto decir o callar.
  • ¿Qué significa para usted la rebeldía?
  • Básicamente lo que plantea Camus en El hombre rebelde (1951) que la misma debe ser un accionar constante frente a la defensa de la libertad y la justicia. En este sentido me declaro en conflicto permanente contra todo autoritarismo venga de donde viniere.
  • ¿Entonces es usted un rebelde?
  • Visto desde los enunciados anteriores, sí. Este es un mundo que cada vez recurre con mayor intensidad a la manipulación de nuestras conciencias, pretendiendo anular la imaginación, la fantasía y el pensamiento crítico, en búsqueda de un unanimismo aterrador que tiene su expresión final y totalitaria en el triunfo del algoritmo.
  • ¿De qué manera la violencia ha determinado la estética de la poesía latinoamericana contemporánea?
  • Desde los inicios de nuestra vida republicana, cuando las gestas libertadoras iniciaron el extrañamiento colonial de España, los conflictos propiciados por las élites han caracterizado nuestro devenir político. Desde el Río Bravo hasta el Río de la Plata, se han minimizado el valor y la importancia de nutridos sectores de nuestra población, indios, negros, mestizos, mulatos, en la conformación y puesta en marcha de nuestras pretendidas democracias, lo que ha contribuido a un permanente enfrentamiento entre el Estado y sus gobernados. Esta situación marca de alguna manera toda la historia de nuestra creación literaria, aún en momentos que pareciera discurrir hacia otras orillas más tranquilas.
  • ¿Cuál considera usted que es la importancia de la gestoría cultural sobre todo en las ciudades de provincia?
  • Partamos que es la provincia la verdadera alma de una nación, y así, desde esa perspectiva podemos decir que es desde allí que surgen las verdaderas necesidades de proteger y desarrollar una gestión que, desde la diversidad y la multiplicidad de miradas y propuestas culturales, afiance e impulse el compromiso de sus individuos con el sentir de una tradición y con el enriquecimiento de la misma para avanzar hacia una verdadera cultura colectiva y universal.
  • Platíquenos de esa aventura llamada Luna Nueva.
  • Luna Nueva, es una bella aventura que nació en 1987 y que se mantiene en su intención de difundir y enaltecer la obra de poetas y ensayistas de la órbita latinoamericana. Son ya 34 años de acoger en sus páginas a poetas de renombre, pero también a nuevas voces que tienen desde allí la oportunidad de publicar una nutrida muestra de su obra para el beneplácito de nuestros lectores.
  • ¿Podrá algún día cumplirse el sueño bolivariano?
  • No lo creo, y ese válido sueño para el momento en que fue visualizado, en los tiempos que corren puede convertirse en una atroz pesadilla.
  • ¿Qué densidad tienen en su vida Tuluá?
  • Tuluá, es una ciudad con todas las comodidades de una ciudad contemporánea, pero sin ninguno de sus defectos mayores, y lo más importante donde sus habitantes somos dueños de nuestro tiempo y de nuestras siestas. Lo que ya es una manera humana de vivir.
  • En su Declaración de principios habla de “perturbar almas y desorientar espíritus” ¿cuál es su clave para ejercer dichas potencias?
  • Tener siempre la convicción de que el poder envilece y actuar en consecuencia.
  • Durante nuestra conversación en Tepotzotlán, casi que empezamos a hacer una radiografía de los poetas colombianos y salió a relucir el nombre de Raúl Gómez Jattin, a quien usted parece conocer bien. No quiero dejar pasar la ocasión de que nos hable de ese vate al que el olvido quiere arrastrar a sus lares:
  • Me interesa la obra de Gómez Jattin que no gira en base a su insania mental. Me parece que su calidad poética está dada por los poemas que hablan del Valle del Sinú, que fue su tierra adoptiva, o por los poemas que exaltan la infancia, la amistad, o los que hacen un desolador retrato de sus padecimientos y angustias, que en últimas son los mismos de buena parte de sus conciudadanos. Y me gusta sobre manera que las nuevas generaciones lo lean y lo valoren por su verdadera trascendencia.
  • ¿Latinoamérica se olvida de sus poetas, maestro?
  • Latinoamérica se olvida de todo, mi querido Juan. Nuestra memoria de gallina, al decir de Cepeda Samudio, es una constante cultural del Continente. Pero curiosamente con la poesía hay un resurgir de la oralidad y la oralidad es memoria, así que esa es otra de nuestra grandes y actuales paradojas.
  • Por último, maestro, ¿cómo impedir que sigan traficando con nuestros cuerpos y envenenando nuestras emociones?
  • Yo no tengo la formula, pero cuando veo a la muchachada en la calle, vociferando y reclamando por los derechos de todos, cantando, bailando y poniéndole color e imaginación al frío asfalto, me digo, “no llores, todavía hay tiempo para la poesía.»
En San Miguel Cañadas. Los poetas Erik González y Francisco Trejo, detrás del maestro Omar Ortiz Forero.
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Carolina Andújar | De vampiros y best sellers

Singular, a la vez que seductora, para casi todos (incluso aquellos que lo niegan), es la literatura de vampiros. Su cúspide, innegablemente, es el Drácula de Bram Stoker, personaje que, desde su nacimiento en la imaginación del escritor irlandés, se ha posicionado como un verdadero fenómeno de la cultura moderna y no hay plataforma novedosa (desde los albores del cine hasta la fecha) que no replique al conde y su progenie, como una verdadera garantía de audiencia, y por ende, de ventas. Tras de la publicación de Drácula, la literatura de vampiros alcanzó la totalidad del orbe. Latinoamérica bien pronto se sumó a este boom y desde finales del siglo diecinueve, comenzó un periplo que ha arrojado obras tan emblemáticas como los cuentos vampíricos de Horacio Quiroga, los versos sanguíneos de Edelmira Agostini, la primera novela latinoamericana del género, El Vampiro (1910), de Froylán Turcios o bien el fallido Vlad de Carlos Fuentes, sin olvidar la bella interpretación que hace Alejandra Pizarnik del mito de Erzsébet Báthory. Durante la última década, en Colombia ha sobresalido una escritora, que, si bien puede confundirse entre los maquillados best seller con que las grandes casas editoriales quieren no pocas veces engañar a los lectores neófitos, es, al final de la lectura, y si obviamos las frivolidades, quizá más que eso. Para juzgarlo, nos permitiremos compartir un poco del pensamiento de esta devota de los vampiros en su forma clásica decimonónica. Carolina Andújar (Cali, ¿?), de nacionalidad húngaro-colombiana, desde muy joven llamó la atención del mundo editorial con sus historias góticas, principalmente las relativas al vampirismo, y desde entonces, se ha convertido en uno de los casos exitosos más notorios entre los escritores, no sólo de Colombia, sino de Latinoamérica y Europa, en cuanto al género se refiere.  Entre su público natural, el juvenil, su leyenda crece a la velocidad y forma de un rockstar. Quizá porque uno de los personajes cotidianos de la Carolina de carne y hueso, es también el de una “metalera”. No obstante, a últimas fechas, la vemos emprender una búsqueda estética que le aleja de los libros que han dado fama a su carrera y explorar otros temas, otros públicos, quizá otros géneros y tal vez maneras distintas de hacer llegar sus libros a los lectores. Desde el año 2014, la casa editorial Penguin Random House ha publicado gran parte de su obra, entre las que destacan las novelas Vampyr (Editorial Norma ‒ Belacqva, 2009), Vajda, príncipe inmortal (Norma, 2012), Pie de Bruja (2014), El despertar de la sirena (2016) y más recientemente C.A.L.I (2019). Su obra ha sido difundida a nivel internacional, sobre todo en España y Latinoamérica. 

  • Carolina, ¿algo habrá en tu sangre húngara que te condujo hacia los vampiros?
  • No creo que en la sangre, pero sí en una extraña añoranza de la parte húngara de mi familia, la cultura de Europa Oriental, sus leyendas y costumbres. Aunque las leyendas de vampiros son más rumanas que húngaras, esto en términos mitológicos, hay muchos elementos en común en la tradición mitológica de Europa Oriental. Cuando era niña y me topé con la leyenda de Elizabeth Báthory, la condesa sangrienta, en una compilación del Reader’s Digest de mis padres, no pude sacármela de la cabeza. El libro mencionaba que la condesa era húngara, y ese dato sí llamó mucho mi atención, pues aunque era muy pequeña, era consciente de que mi familia paterna es húngara. Mis abuelos se cambiaron el apellido al emigrar a Colombia, adoptando el apellido de una antigua parienta española, la única de la familia, con el fin de que la gente pudiera pronunciarlo con facilidad en su nueva patria. Y es por esto que llevo un apellido español en vez de uno húngaro. Mucho se ha especulado al respecto de la misteriosa condesa húngara, y se dice que es más que probable que jamás haya sido la asesina en serie que la tradición se ha empeñado en hacernos creer que fue, sino que fue difamada para que la monarquía de su época, que tenía una deuda con la noble familia de los Báthory, pudiese quedarse con esa parte de su fortuna. Esto también es especulación, por supuesto. Lo cierto es que la leyenda que se ha hilado en torno a su nombre genera un fuerte impacto en quien la conoce, y  es el motivo por el cual Hungría como tal es asociada con los vampiros en el cine y la literatura modernos (en el caso de Rumania, es Vlad «El Empalador» quien se asocia con la mitología vampírica, y también es muy posible que jamás haya consumido la sangre de sus víctimas empaladas, sino que este fuese un intento exitoso de difamación política por parte de la nobleza rumana corrupta de la época unida con el sacerdocio imperante). El caso es que la historia de la vanidad de la condesa húngara y su supuesta práctica de tomar baños de sangre para conservar la belleza y juventud despertaron mi fascinación de inmediato, y supongo que en parte sentí que descubría un aspecto terrible y oculto de la patria de mi familia paterna. Uno que, quizás por lo mismo, se convirtió en uno de mis mayores intereses. Una historia tan macabra no se olvida con facilidad.
  • ¿Cuál es tu visión de la literatura vampírica en Latinoamérica, cómo fue la tropicalización de esos seres tan gélidos?
  • Yo nunca los he tropicalizado, pero me hace muy feliz haber aportado dos novelas de vampiros clásicos a la literatura vampírica latinoamericana. Espero que se convierta en una tradición. Una amiga periodista me preguntó en cierta ocasión si escribiría una historia de vampiros colombianos, y le dije que el vampiro tropical no es compatible con mi visión estética y mitológica de la criatura. Tampoco lo es la contemporaneidad, por cierto. Considero que el lenguaje narrativo del siglo diecinueve es el medio ideal para desarrollar el personaje del vampiro, y por lo mismo he procurado emularlo en mis novelas góticas. Un vampiro expresándose en un argot local contemporáneo (de donde sea) me parecería una cosa espantosa. Tampoco querría describir al vampiro usando jeans y zapatillas deportivas, hablando por celular o pagando sus cuentas online. En lo que me concierne, el vampiro perfecto es decimonónico, muy posiblemente porque los primeros vampiros que conocí y amé provienen de escritores del siglo diecinueve. Mi vampiro perfecto también proviene de Europa Oriental, como los vampiros de mis escritores góticos preferidos, por las fantasías que desata la región en el imaginario colectivo aún hoy en día. El vampiro literario perfecto fingió su propia muerte al llegar el siglo veinte para conservar ese aire de antigüedad, refinamiento y oscuridad que lo hacen tan encantador. Y esta es una línea que no quiero cruzar como autora. Mis vampiros se quedan en el siglo diecinueve y en Europa.
  • ¿Sientes que hay un prejuicio por parte de los demás escritores hacia los autores best seller?
  • Quizás por parte de ciertos académicos resentidos y obtusos, como parece haber sido el caso de Stephen King, quien solo recientemente ha empezado a recibir el reconocimiento que merece por su excelencia narrativa, y no solo como best seller por parte de su inmensa audiencia.  En lo personal, los escritores que he conocido han sido profesionales, corteses y respetuosos. Por otra parte, han sido autores de altas ventas y gran prestigio, así que no tendrían por qué sentir celos. Los escritores exitosos conocen el negocio editorial y saben que las publicaciones de altas ventas nos favorecen a todos. Gracias a éstas, las editoriales tienen dinero para publicar grandes y pequeñas obras. Y pueden darle la oportunidad a nuevos autores o publicar obras valiosas e interesantes que quizás no se vendan tanto. Un escritor muy prestigioso me agradeció una vez por tener altas ventas. Me hizo reír. Yo también le agradezco a él su éxito. Por otra parte, he conocido un sinfín de aspirantes a escritores de todas las edades que buscan consejo editorial. Todos han sido encantadores, y para mí siempre es un placer guiar a quien así lo desee en este gran océano de la publicación. Doy tips de escritura en Twitter para escritores aficionados o primerizos precisamente porque estas personas, además de ser apasionadas y creativas, son muy amables y entusiastas. Además, me interesa particularmente que se escriban libros buenos, de tramas sólidas y personajes memorables. Tal debe ser la regla y no la excepción. Estos escritores conocen mi obra, lo cual es un gran honor para mí, y aprecian el estilo clásico de mis novelas góticas. Esto me hace feliz como autora, porque significa que otros creadores se han acercado a mí sin prejuicios y valoran lo que distingue a mi obra de otras obras de vampiros de gran éxito comercial de nuestra era: esto es, además de las tramas, su lenguaje, su contexto histórico y su atmósfera.
  • ¿Cómo vives el ser un fenómeno de ventas?
  • En mi caso, esto ha permitido que conozca miles de lectores maravillosos, y es lo más valioso que me ha legado esta carrera aparte del placer de crear sabiendo que alguien me leerá con gusto. Ser un escritor best seller latinoamericano no significa ganar mucho dinero porque las ventas son muy variables, pero sí significa tener una acogida cálida por parte del público lector. Puesto que siento el deseo ferviente de agradecer a quien se haya tomado el tiempo de leerme y contactarme para expresarme su gusto por mi obra, me he esmerado en mantener el contacto con mis lectores desde mi primera publicación. Son muchísimas personas, y esto dificulta un poco que pueda dar a cada una todo el tiempo y la atención personal que deseo, pero no por ello dejo de hacer lo posible por conservar esos vínculos únicos. Me gusta construir comunidades en torno a la literatura y compartir el amor que siento por leer y escribir.
  • Como escritor, ¿te intentan robar el alma las grandes casas editoriales?
  • No, en lo absoluto. Siento gran respeto por las editoriales. Mis editores han sido excelentes, me han enseñado mucho acerca de la creación de un libro hermoso, desde la elección de la cubierta hasta la fuente justa. Los encargados de ventas y mercadeo son personas creativas que realizan un trabajo necesario para que los libros tengan visibilidad. Las editoriales comercian con material precioso, que es el contenido psíquico y artístico de los creadores literarios. Como negocio, me parece divino. La difusión artística y cultural es lo más importante que hay en el mundo para mí, y las grandes editoriales tienen los medios y el talento humano para llevarla a cabo a gran escala. Eso no se construye de la noche a la mañana. Lograr que la gente lea en el siglo veintiuno es un trabajo difícil e incesante, más cuando las plataformas de streaming empiezan a desplazar el entretenimiento que proveen los libros porque la gente está cansada y busca una distracción mucho más pasiva que la lectura. Yo he amado las dos editoriales con las que he tenido el placer de publicar mis libros. Nunca dejará de dolerme la caída de Norma, mi primera editorial. Fue una escuela estupenda, de altísimos estándares de calidad.
  • ¿Drácula o Carmilla?
  • Drácula. Es muy completo. Adoro los recursos narrativos de Stoker. El uso de diarios íntimos, correspondencia, segmentos de prensa, grabaciones. Todo eso la hace una obra muy rica y dinámica. El personaje de Renfield (el paciente psiquiátrico que anhela ser convertido en vampiro) y sus diálogos me llenan de dicha. Es macabro y a la vez cómico, al menos para mí, que es lo que más me gusta en un personaje literario. Es un libro largo de leer, lo cual permite que el deleite de la lectura se extienda más. Curiosamente, el final de Drácula no me parece el mejor, y quedan cabos sueltos que como lectora y escritora me molestan un poco. A pesar de esto, es mi libro favorito y el que más ha influido mi narrativa en todo aspecto. Ahora, Carmilla es un libro bellísimo. Con La dama pálida y La muerta enamorada,  Drácula y Carmilla conforman el conjunto de mis obras de vampiros favoritas.
  • ¿Se ha relegado la literatura vampírica hacia el público juvenil?
  • No lo creo. Hemos vivido un fenómeno espontáneo de adopción por parte de las nuevas generaciones desde la publicación de Crepúsculo. Eso fue hace bastante ya, así que esos lectores dejaron de ser adolescentes hace años. Muchas editoriales notaron que ese público juvenil estaba muy interesado en la temática de los vampiros, y por ello buscaron encauzar hacia él toda nueva obra de vampiros que se publicara, lo cual ocurrió en cierta medida con mis libros, pero eso no significa de ningún modo que la literatura vampírica sea en esencia juvenil ni que los lectores adultos de la vieja escuela vampírica hayan perdido el amor por los libros de vampiros. El público adulto aficionado a la literatura vampírica es y siempre ha sido estable. Este segmento adulto del público, justamente, es el que con más efusividad me agradece haber traído de vuelta al vampiro clásico decimonónico, y lo comprendo. Muchos llegamos a sentir como lectores que la figura del vampiro elegante y malvado estaba siendo desplazada por la del vampiro adolescente del siglo veintiuno (que es, por supuesto, infinitamente más inmaduro que un personaje adolescente o incluso infantil del siglo diecinueve). El público adulto tenía como referente a los vampiros de Stoker y Le Fanu y sintió alivio al leer obras de publicación reciente que rescataran al vampiro primordial. Quizás deba aclarar que no creé mis vampiros como lo hice a modo de reacción en contra de esas nuevas corrientes vampíricas, sino movida por un amor puro y sincero por el vampiro clásico del terror. No encontraba buenos libros de vampiros que leer y esto me generaba inmensa desazón. Al final decidí crear el libro de vampiros que siempre quise leer: Vampyr, mi primera novela. La literatura vampírica nos pertenece a todos.
  • ¿Qué es, según tú, lo que resulta tan atrayente de la figura del vampiro?
  • El hecho de que sea casi idéntico al humano común, pero a la vez un depredador. La facilidad con la que puede camuflarse entre sus víctimas. Para mí, lo realmente atrayente es que sea estético en sus movimientos, en el vestir y en su forma de expresarse. Y (esto es imprescindible) que tenga una personalidad misteriosa. Por lo mismo, el vampiro contemporáneo no ha logrado despertar mi interés salvo en contadísimas excepciones. Esto me ha ocurrido con las historias de un par de autores que han logrado otorgar ese componente oscuro y refinado al carácter de sus vampiros a pesar de situar la trama en las Américas y en la contemporaneidad, Stephen King y Beth Fantaskey. ¡No es cosa fácil! No he leído la obra de vampiros de Anne Rice pero sí otros de sus libros, y con base en esto puedo decir que aprecio su estética literaria. Para ser brutalmente franca, me resulta incomprensible que el vampiro adolescente contemporáneo haya sido atrayente para alguien. Estoy convencida de que las tramas de romance escolar «prohibido» fueron las que lograron atrapar a esa audiencia juvenil, pero no la figura del vampiro en sí. El vampiro clásico, en cambio, tiene un componente de misterio que es realmente peligroso. No es solo peligroso como un perro bravo con peste de rabia, el cual vendría siendo el caso del vampiro moderno a grandes rasgos, sino que es peligroso en materia moral y espiritual. Una víctima convertida por el vampiro clásico se pierde a sí misma, su conciencia cambia, se transforma en una criatura maligna. Esto es lo que hace interesante al vampiro del siglo diecinueve.
  • ¿En ese sentido, existe la renovación de estructuras y temas en la literatura vampírica o se ha condenado al escritor de este género a escribir desde de una tradición anquilosada?
  • Cada escritor escribe su obra con plena libertad. Nadie le dice qué debe hacer o cómo escribir un libro. Hay escritores muy innovadores. Quizás sean poco conocidos en español por aquello de las traducciones. Yo prefiero el vampiro clásico y malvado pero eso no significa que no se pueda innovar aun dentro de ese marco. Yo amo esa tradición anquilosada. Siempre hay espacio para la originalidad.
  • ¿Has sentido la tentación de caricaturizar al vampiro o volverlo un personaje frívolo para adolescentes enamoradizos?
  • No, me aburriría muchísimo. Y esas estrategias nunca funcionan cuando se llevan a cabo adrede, es decir, únicamente con el fin de vender. Si alguien caricaturiza al vampiro o lo hace frívolo, es porque esto le genera entusiasmo genuino como creador, y eso es perfectamente válido. Hace poco me topé con una caricatura de una chica vampiro y su novio hombre-lobo. Me pareció hermosa y comiquísima, supremamente ingeniosa. Todo depende de cómo se hagan las cosas. No sobra aclarar que la caricatura mencionada es macabra a más no poder. Quizás eso fue lo que me enamoró.
  • ¿Cree Carolina en la leyenda mediática en torno a Andújar?
  • No sé qué es eso, jajaja.
  • ¿Cuál es tu visión de las editoriales independientes?
  • Son estupendas, muy dedicadas a sus autores y a sus publicaciones. Algunas publican con gran belleza y maestría. Como te digo, siento un inmenso respeto por las editoriales. No hay diferencia para mí si son independientes o no. Pero me parece fundamental que las independientes siempre tengan un espacio en las grandes ferias. Es necesario apoyarlas.
  • ¿De qué escribes cuando te alejas de lo gótico?
  • Me gustan la comedia, la sátira y las historias de crimen. Combino los tres aspectos. Sin embargo, mis obras siempre tienen un componente macabro. Es lo mío. Me resulta difícil imaginarme escribiendo una historia perfectamente rosa o ligera, aunque sería un reto interesante. Aun así, no está entre mis planes intentarlo.
  • Háblanos de tu Carmina Nocturna:
  • Carmina Nocturna es mi serie de novelas góticas que transcurren en el siglo XIX en Europa. Las historias están ligadas aunque los narradores varíen. Los libros pueden leerse en desorden y son autoconclusivos, pero se hacen guiños entre sí. Los dos primeros libros, Vampyr y Vajda, son de vampiros. El tercero, Pie de Bruja, es de brujas y hombres lobo. Todos ocurren en el mismo universo y sus personajes principales se encuentran. Esta serie es de misterio, terror y suspenso principalmente. Requiere investigación histórica, arquitectónica, geográfica, topográfica, política, gastronómica, ideológica… la idea es que sea muy realista siempre a pesar del aspecto sobrenatural de algunos de sus personajes. Me gusta incluir grandes figuras históricas en estas novelas. En la primera, Vampyr, incluí a la condesa Elizabeth Báthory como personaje. En la segunda, Vajda, el célebre ocultista Aleister Crowley y los húngaros de la mitología tribal magiar hacen su aparición. En la tercera, Pie de Bruja, presento mi propia versión de Vlad «El Empalador». La serie tiene como base la recreación de una atmósfera bella y lúgubre a la vez. Son novelas altamente estéticas. Ahora estoy escribiendo la cuarta parte con gran deleite.
  • ¿Cuál es tu percepción de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Disfruto leer a mis colegas. Me parecen buenos escritores, sus obras son fáciles de leer. La recreación de la realidad nacional o regional parece ser una regla. En esto diferimos como creadores, pero ellos realizan una valiosa labor en ese aspecto. Yo solo he abordado la realidad colombiana y latinoamericana en mi thriller cómico urbano C.A.L.I., que es a su modo una crítica social muy puntual a pesar de su humor negro. Aun así, C.A.L.I. tiene un fuerte trasfondo fantástico, y en esto dista de ser una obra de literatura colombiana típica. Muchos escritores colombianos se formaron como periodistas antes de escribir ficción. Quizás por esto sientan la obligación de «reportar» la cultura y el entorno en el que viven. Esto es lo que más sigue favoreciendo un segmento importante de la audiencia. Yo nunca he sentido que tengo el deber de exponer la realidad latinoamericana en lo que escribo, para mí la lectura es escapismo y no quiero que su propósito sea recordarme dónde estoy. Al menos en Colombia, el periodista goza de una aceptación a priori más significativa que aquella que pueda tener un autor de ficción a secas. Puede que esto se deba a un factor de credibilidad y a la exposición mediática continua, pero creo que en gran parte es asunto de temáticas aceptadas o, para ser más precisa, de temáticas socialmente aceptadas. La escritora Gabriela Arciniegas, fabulosa oradora y también escritora de terror colombiana, explicó en una de sus conferencias en la cual yo estaba presente por qué en las colonias españolas se condenó la ficción pura en un momento histórico determinado, forzando al narrador a limitarse a recrear su realidad . Recomiendo hablar con ella al respecto, pues esto nos sigue afectando a todos. El impacto de esta regla ha sido tal que aún hoy en día se demoniza al autor latino que expande sus horizontes más allá de la cultura que se le impuso por nacimiento. A mí me aburre leer al respecto de lo que ya conozco, por lo cual he tendido a favorecer las obras de escritores de otros confines del mundo. Esto no significa que no aprecie las obras de otros autores latinoamericanos, porque los hay magníficos, y en general al menos son narradores hábiles, pero no puedo negar que las reiteraciones temáticas culturales y la sobreexposición a mi entorno habitual por medio de la ficción están lejos de suscitar mi pasión lectora. Me gustaría leer más thrillers latinoamericanos.
  • ¿Qué dificultades has vivido para desarrollarte como escritora en Colombia?
  • Ninguna. Lo tenemos más fácil acá, al menos podemos abordar a las editoriales personalmente. Los autores norteamericanos necesitan un agente literario hasta para eso. Por lo demás, uno puede escribir en cualquier parte del mundo. El desarrollo como escritor está en el ejercicio de escribir. Quizás si hubiera escrito mi obra en inglés y hubiera sido publicada en Norteamérica, hace años habría visto las películas de mis libros. Pero tal vez no. No tiene sentido especular al respecto. Aprecio y agradezco las oportunidades que se me han brindado y en especial el apoyo lector tan inmenso que he tenido a pesar de escribir libros considerados un poco tabú por ser una escritora nacida en latinoamérica: no se supone que los latinos escribamos libros góticos o de fantasía, y quizás esa haya sido la única dificultad que he tenido como escritora en Colombia, pero esta fue una traba editorial transitoria y no una de desarrollo como creadora.
  • ¿Qué significan para ti Hungría y Colombia?
  • Me interesan los aspectos culturales de ambos países, sus tradiciones y leyendas. La cultura húngara me gusta mucho, y los colombianos me caen muy bien.
  • ¿Algo de Ava (una de tus brujas más entrañables) hay en ti?
  • Mi sentido de la justicia social es muy parecido al de Ava. Comparto también su determinación y su curiosidad, pero muy especialmente su ira para con el racismo y la discriminación, de los cuales infortunadamente no estamos exentos en Latinoamérica. En Pie de Bruja, Ava se indigna hasta la médula con el trato dado a los romaníes que se han asentado cerca al poblado de Dobro en Voivodina, y entabla con ellos una relación de alianza con base en la animosidad compartida que sienten hacia el pastor protestante del poblado, un hombre poderoso, misógino, racista e hipócrita que disfruta de gran prestigio en la localidad. Como a Ava, estos personajes intocables me hacen hervir la sangre. También me gusta explorar antiguos ritos paganos.
  • ¿Con C.A.L.I comienza un “cambio de piel” en tu escritura?
  • No, escribí C.A.L.I. hace más de diez años, justo después de Vampyr. No la presenté para la publicación hasta hace poco porque estaba concentrada en mi obra gótica, pero planeaba hacerlo en algún momento. Siempre he escrito sátira y comedia, especialmente para teatro, y desde esta perspectiva C.A.L.I. no es una excepción en lo absoluto. Esta novela tiene mucho realismo mágico, de todos modos. El diablo es uno de sus personajes cómicos. En suma, no ha habido un cambio en mi estilo sino que tengo dos estilos, siendo el gótico el más reciente, porque la comedia empecé a escribirla mucho antes, desde la adolescencia. Seguiré con ambas líneas, la gótica y la cómica. Y creo que siempre habrá misterio en ambas.
  • ¿Qué es la fama?
  • Reconocimiento. Gozar de una buena imagen pública. Es algo positivo en lo que me concierne. Significa que alguien hizo algo que interesó a muchas otras personas por el motivo que sea. Ya el uso que se le dé es lo delicado. Yo intento promover ideas justas y un comportamiento ético porque son aspectos sociales vitales para mí. Pero lo relevante, lo realmente fundamental, es crear obras genuinas y de calidad, haya fama o no. Por supuesto, todo creador quiere dar su obra a conocer sin importar la disciplina artística a la que se dedique (para mí la literatura también es arte, algunos la consideran solo una labor intelectual), y por esto la fama es útil. En este aspecto, es un medio para alcanzar un fin. Pero la fama, la buena fama, también es una forma de agradecimiento que se le da al artista por su labor, y esto es algo muy bonito y también justo, porque, como ya lo expresé, no hay nada en el mundo que sea más importante que el arte.
  • Por último, Carolina, ¿te gustaría ser una vampira?
  • Sí. Sería agradable no tener que morir ni preocuparse por la subsistencia alimentaria en un mundo caótico. Pero si esto significara perder mi empatía o mi sentido de la justicia, pasaría de ello.