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En el abismo

Arturo Santana | Microrrelatos para el atardecer (narrativa)

Tarde de limpieza

Mientras limpiaba la habitación, encontré mi cuaderno de la universidad. En las últimas hojas, había versos ñoños, apuntes sin sentido y algunos dibujos que creé cuando divagaba en plena clase.

Reí. Lloré.

Arranqué la hoja donde estaban unos nombres e hice un avión. Subí a la terraza y lo arrojé hacia el horizonte.

Esa noche oí que causó un accidente.

Nadar antes de comer

Se sentía en la cima del mundo cuando salió del agua. Aquel verano estaba yendo de maravilla: vacaciones, campamento, chicas lindas y pura diversión. Nada podía arruinarlo.

Nada.

Ni siquiera los gritos de sus amigos o sus expresiones trémulas. Tampoco los diminutos seres que succionaban su piel adolescente.

Podía quitárselos sin dolor, ¿verdad? Claro, hasta que viera el segundo miembro que le crecía debajo de la calzoneta.

Aún es temprano

Tengo sueño, pero todavía no quiero dormir. A penas son las 9:00. Mis padres están entretenidos con la película. Sé que no querrán perdérsela. Y no pienso quedarme en mi habitación, solo, con la luz apagada.

Él está molesto. Hoy vino mi prima Heidy. Estuvo casi todo el día. Eso no le gusta. La vez anterior me dijo que ella no le agrada. De hecho, la odia. Dice que, al igual que yo, esa “mocosa” lo puede ver y escuchar. Sin embargo, no baja la mirada ni le tiemblan las piernas como a mí.

Es cierto. En la tarde, noté cómo clavó sus sentidos de seis años en el ropero. Sonrió. Y en esos pequeños círculos había algo inquietante. Eran piedras, sin vida. Impenetrables. Él mencionó que le incomodan. Me lo confesó con sus enormes ojos rojos mientras me agarraba de la mano con fuerza. Me dejó su marca. Le dije a mamá que me había caído en la escuela. Se lo creyó.

Cuando él se enoja, lastima. No me atrevo a enfrentarlo. Sus enormes dientes y sus garras me hacen llorar. Una vez dijo que podría sacarme las vísceras. O peor, a mis padres.

Quizá por eso me gusta cuando Heidy viene. Él no molesta. Casi se esconde. Diría que huye. ¿Le tendrá miedo? Puede ser. Y por eso no me gusta que mi prima se vaya. Entonces él regresa, me mira con rabia y me vuelvo a caer en el recreo…

— Ya es hora de dormir, Ben.

Desde acá, en la puerta entreabierta, puedo ver ese brillo en su rostro. Sonríe, como no pudo hacerlo horas atrás. Heidy, por favor, regresa. Aún es temprano para dormir.

Muerte sobre lienzo

Michael salió de la galería muy satisfecho. El rostro de la mujer, una mezcla entre admiración y asco, le pareció el mejor halago del mundo. Incluso más que sus palabras o que aceptara aquellos torsos desnudos y cercenados.

— Hasta puedo oler la sangre— dijo ella con una sonrisa forzada.

“Fue muy difícil que permanecieran quietos. ¿Quién diría que la sangre puede crear tonos espectaculares?”, pensó él, recordando que debía limpiar el sótano.

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Cuentos del Tercer Mundo

PARA PUBLICAR TERROR HAY QUE PERDER EL MIEDO

Crónica de un escritor de Terror en el Tercer Mundo.

“El monstruo se vuelve un miedo social”

-Mariana Enriquez (Argentina).

La aventura empezó en Facebook para poder compartir y llevar gente al Blog donde comencé a escribir y a publicar, al principio alguien denunció la página y muchos de los relatos los perdí pero igual seguí escribiendo. 

En 2019, por abril o mayo me encontré con una Booktuber, La buscadora de libros y le dije, que yo escribía terror y como ella estaba en el mundo de las librerías le pasé el blog, y ella al ratito me dijo: “Uy Jönas ¿qué está esperando para construir un libro? Eso es bastante material, sus relatos son mejores de lo que yo he visto aquí”.

Escuchá el microrrelato de terror “El Sacerdote” de Jonathan Córdoba Fallas. (Costa Rica)

Pero ¿Cómo hacía yo para publicar un libro?

Lamentablemente las editoriales funcionan diferente a como eran antes, aquí en Costa Rica tenés que pagar todo, de entrada te cobran por leer las primeras 20 páginas y si tiene potencial ocupás entre $1200 y $1700 , funciona casi como auto publicar.

Investigué que el problema con las editoriales es que te publican el libro, te ponen en la librería y ya. A vos te toca la parte de promoción y ellos simplemente van recogiendo las ganancias.

Hice mis ilustraciones y mi portada. La parte de la corrección de estilo es lo más caro, porque a vos te cobran a $1.30 la página. Si lo hacés con la editorial te meten mucha mano en el texto y no tenés derecho a quejarte.

A parte de ser muy meticuloso con la ortografía, busqué lectores beta y así cuando ya lo tenía todo completamente revisado ahora lo que quedaba era ver cómo imprimirlo. Nadie te imprime menos de dos mil libros.

Encontré una imprenta de un señor, que me dijo: ” yo te imprimo cincuenta libros”. Se los encargué a él y luego vi esas bellezas. Alguien lo agarra y sabe que es un libro. Tiene todo: el olor, la textura y el colorcito como amarillo.

Yo soy publicista, la parte de promoción no me costó nada, de puerta a puerta.  Cuando yo te entrego un libro a vos te pregunto ¿a qué le tenés miedo? El libro se vendió rapidísimo, ahí yo dije, yo sé cómo auto publicar un libro.

Con la editorial no te toca nada de las ganancias, entre el 50% o el 60% se lo deja la librería, el 30% la editorial y a vos el 15%. Así, al menos que vendás un millón de copias, no vas a ver el dinero.

A partir del año 2000 Jönas comenzó a escribir relatos cortos de terror conocidos en internet como Creepy Pasta. Tiene auto publicados tres libros con un cuarto en proceso.

Sus obras se pueden conseguir en Librería Infinito, Amazon y con el mismo autor en sus Redes Sociales.

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Cuentos del Tercer Mundo

DOSIS DE MICRORRELATO

“El microrrelato, es un cuento que tiene la naturaleza de ser breve. Historias que eligieron ser intensas en lugar de extensas”

Nelson Heymans, al cocinar un buen microrrelato insiste en el Punch, es decir, en el cuento tiene que haber un momento, un estupor, un pasmo, la historia nace con el momento impactante, pero no a todo el mundo le es natural pensar ideas tan cortas, tiene lo suyo, se necesita practicar y sobre todo leer mucho. Con tantos años en agencias de publicidad detrás de una hoja en blanco dice poder escribir un microrrelato en quince minutos, después pasa horas editando, cambiando el orden, una palabra, la musicalidad de cómo van las frases con la puntuación, la sintaxis, detalles y pulir, pulir y pulir. La forma es muy importante señala el fanático de Heisenberg.

Aunque parece no haber una fórmula, sus microrrelatos son de dos colores. Grises: son tristes, de gente que está sola o abandonada -varas de melancolía-. Y negros: son de terror como Creepypasta*.

El ex profesor de redacción confiesa no poder hacer análisis más críticos de su obra y en sus propias palabras, solo publica lo que a él le gustaría consumir. Además de minificción ha publicado cuatro novelas y adelantó que viene una quinta en camino junto con un nuevo libro donde piensa reunir unos 400 microrrelatos, entre ellos algunos que dejó por fuera en “Santiamenes y Acaboses”.

Nelson Heymans, ex-profesor en varias universidades y reconocido director creativo publicitario, un día es diagnosticado con una enfermedad letal, de la que solo sobreviven dos de cada diez casos, así su vida da un giro inesperado y decide seguir su verdadera vocación, ser escritor. Su nueva carrera como relator comenzó cerca del 2015 cuando publicó el libro “Santiamenes y Acaboses” en el que reúne más de ciento cincuenta textos, en su mayoría no exceden los seis renglones, pequeñas dosis del material escrito hasta ese momento.

Sus obras se puede conseguir en Librerías Lehman de Costa Rica y con el propio autor por sus redes sociales.

“Siempre me gustó escribir, me dejé ir enredando por las circunstancias de la vida, me casé, tuve hijos, pagar cuentas… pero no me quedaba tiempo para nada más”

Nelson Heymans.
Microrrelato de Nelson Heymans incluido en el libro “Santiamenes y Acaboses”
Microrrelato de Nelson Heymans incluido en el libro “Santiamenes y Acaboses”
*Creepypasta: Cuentos cortos de terror que se pegan y comparten en internet.
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Bibliófila extraterrestre Opinión

Cuentos de los hermanos Grimm y sus finales épicos

Jacob y Wilhelm Grimm fueron dos hermanos escritores muy prolíficos en la Alemania del siglo XIX, sus historias reúnen todas las características que amo de la literatura, tienen finales inesperados y épicos, con toques espeluznantes.

Esas historias que me encantan no tienen nada que ver con lo que nos ha vendido la industria cinematrográfica, con príncipes perfectos y finales felices perpetuos.

Por ejemplo, la historia clásica de Blancanieves en dibujos animados, nos presenta un príncipe que salva a la pobre chica envenenada, con un beso de amor, se casan y viven felices por los siglos de los siglos. La verdad, es que los hermanos Grimm describen escenarios muy diferente y en sus historias siempre buscan castigar alguien (que se lo merece).

En el cuento original, la madrastra trata de matar a Blancanieves con un peine envenenado. La chica toma el peine y al momento que procede a utilizarlo, le queda incrustado en la cabeza y cae inconsciente (pero, ¿cómo usa el peine esta muchacha, que se lo clavó en la cabeza? bueno… cada quien se desenreda el pelo como puede).  Los enanitos la consiguen tendida en el piso, al ver el peine en la cabeza de Blancanieves, lo remueven y ella vuelve a la vida.

La madrastra no se rinde y tienta a Blancanieves con una jugosa manzana, también envenenada (ahora… me pregunto ¿por qué aceptas comida de desconocidos, si alguien está intentando acabar con tu vida? – Blancanieves, ¡reacciona!)

Blancanieves muerde la manzana y muere (no está en un sueño profundo, como en la película), los enanitos se niegan a enterrarla, puesto que su cuerpo se mantenía intacto, así que le construyen un ataúd de cristal.

Un príncipe que iba recorriendo el bosque, de repente vio a una hermosa mujer en un ataúd de cristal. Sabiendo que los enanos del bosque son los cuidadores de la preciosa criatura, les ofrece comprar el artefacto con todo y la chica (normal, algo que cualquier coleccionista excéntrico haría)

Los nobles y dedicados enanitos se negaron a venderla, así que el príncipe les dijo, textualmente: “ya no podré vivir sin ver a Blancanieves. La honraré y reverenciaré como a lo que más quiero” y cedieron ante el amor profesado por el príncipe (quien se enamoró irremediablemente de una mujer muerta, metida en una caja de cristal… -Les dije que me encantaban estas historias, no que fuesen lógicas-)

Al final, el príncipe se lleva el ataúd y en el vaivén del camino, Blancanieves expulsa el trozo de manzana envenenada que llevaba atorada en la garganta y revive (otra vez). Se enamora del príncipe y se casan en una boda fabulosa.

El espejo le anuncia a la madrastra que ya no es la más bella, pues había una joven Reina mucho más hermosa. Iracunda y furiosa, la madrastra se aparece en la boda para comprobar que esta mujer a la que se refería el espejo era Blancanieves. Perdida en sus cavilaciones (pensando, creo yo, en cuánto veneno ha desperdiciado o que la niña Blancanieves tiene más vidas que un gato) la malvada mujer no se percata que habían puesto al fuego unas zapatillas de hierro. La madrastra se vio obligada a calzar las zapatillas y a bailar con ellas hasta que cayera muerta (una manera extraña de morir, si me preguntan).

Para resumirles algunos de los finales de los cuentos de estos maravillosos autores, les comento que las hermanastras de La Cenicienta se rebanan los pies, para tratar de calzarse la zapatilla de cristal.

La Bella Durmiente queda embarazada del Rey, da a luz gemelos mientras permanecía dormida (sí, esto sucedió sin su consentimiento), uno de sus hijos succionó uno el dedo, de donde extrajo la astilla que la mantenía dormida, despertó y el Rey, muy entusiasta, decide que desea desposarla y para lograr ese fin, elimina a su cónyuge.

Rapunzel queda embarazada del príncipe (que era visitante asiduo de la torre), y éste termina ciego al caer en arbustos espinados, cuando la madre de ella (que no era bruja, sino una madre protectora y con mal carácter) le empuja desde la torre.

El caso es, que estos finales no se parecen para nada a los que acostumbramos ver en las películas clásicas para niños, ¿no?

Son interesantes los desenlaces propuestos por los Hermanos Grimm (particularmente me gustan más), pues siempre dejan una enseñanza, y de alguna manera el que obró mal, le fue mal. Te sorprenderá saber cómo termina Caperucita, el sastrecillo valiente y muchos cuentos más de su autoría.

Pueden acceder a los cuentos completos de los Hermanos Grimm a través del siguiente enlace https://www.imprentanacional.go.cr/editorialdigital/libros/literatura%20infantil/cuentos_hermanos_grimm_edincr.pdf