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Barbarella D’Acevedo  I Un mito cosmicoeroticocaribeño

En ciertos antiguos himnos órficos dedicados a Afrodita, ya muy temprano se estableció la idea de que uno está determinado por la semántica de su nombre. El nombre, impuesto por los padres, los dioses o la magia y la fortuna, será el signo que dibujará la personalidad y el devenir de su portador o portadora. Tópicos, quizá, pero ¿no acaso en la literatura  resplandecen hasta el hartazgo las Lucías, y las tenebras se ensañan con los Brunos? Los aficionados a los bodrios del cine fantástico pop sesentero,  recordarán que en 1968 Jane Fonda irrumpió en la pantalla detentado los poderes sicosexuales del universo, transformándose así en un mito hipererótico de nuestros días: Barbarella. Años más tarde, jugueteando con el rizoma de los mitos afrodisiacos, chipriotas espumas cabrearon en el mar Caribe durante el año de 1985 cuando en la Habana irrumpía otra Barbarella que heredaba el sino erótico, mítico, musical del nombre (el tiránico nombre del que no se puede escapar, sobre todo si uno se llama Barbarella en este cósmico universo). Barbarella D’Acevedo, pluma singular y de inescrutables alcances. Inescrutables por su juventud y por la experimentación personal que en cada uno de sus libros hace con la literatura. Barbarella D’Acevedo,  a veces distante de las tendencias regionales, a veces erótica, a veces poeta, otras tantas narradora, teatróloga, editora y lo que venga. Su obra ha sido antologada y publicada en la mayoría de los países latinoamericanos, así como en España, Estados Unidos y Canadá. El 2020 le ha sido particularmente provechoso, pues cosechó el primer premio en el Concurso de Poesía Rosa Butler, hazaña que replicó con el Bustos Domecq y particularmente en el Certamen de Poesía Paco Mollá, con su poemario Érebo, que recientemente ha aparecido bajo el sello de la editorial Aguaclara y del cual hablaremos a lo largo de esta entrevista.

  • ¿Querida señorita D´Acevedo, cómo se hace usted dueña del nombre Barbarella?
  • Me hago dueña del nombre Barbarella, en principio por obra y gracia de mis padres… Ambos lo eligieron al unísono aunque de manera casual. Estaban en casa de un colega de papá, director de teatro, al que visitaban con periodicidad. Aquél tenía un equipo de video y resultaba algo cotidiano que se reunieran para ver películas de terror ochenteras. Así fue que al finalizar uno de aquellos filmes, que ven pasar un tráiler de Barbarella y ahí dijeron “Ése”, incluso si todavía no habían confirmado el género del hijo que mi madre llevaba en el vientre, pues prefirieron esperar a la sorpresa del parto. No obstante a partir de ese momento fui Barbarella para todos los que les conocían. Así que sí hubo mucho de hado —algunos le llamaran casualidad—en tal elección. Es un nombre complicado. En las escuelas nunca lo entendían bien, sobre todo los maestros nuevos al inicio de cada curso. Por el camino aprendí a reírme del hecho y bromear con eso, incluso antes de que los profesores pasaran lista. Supongo que cuando una nace “Barbarella” atraviesa distintas etapas, incluso esa fase en la adolescencia en que se pregunta por qué “sus excéntricos padres” no pudieron darle un nombre castizo, más a tono con los apellidos González y Acevedo. El cuestionamiento es algo intrínseco al ser humano. Pero luego una se percata de que no podría haber sido de otro modo y se alegra. Mi nombre me acostumbró, por ejemplo, a ser un tanto extraterrena, extraterrestre, extemporánea, a habitar los márgenes. Una es su nombre, sus padres, su historia, su país…
  • Y ya que estamos con la obsesión de lo onomástico ¿cómo y cuándo pasamos de ser Barbarella González Acevedo al sinóptico Barbarella D’Acevedo?
  • Esa elección tiene que ver con mi papá…Mi padre, desde mi infancia, pensó que algún día yo iba a necesitar un nombre artístico. Sugería entonces la incorporación de la preposición intermedia “de” al González Acevedo. Papá, Tomás González, fue en su momento, un reconocido dramaturgo, director de teatro, miembro del hoy casi legendario grupo de experimentación teatral Los doce, guionista de las películas La última cena y De cierta manera, dos clásicos del cine cubano, músico, pintor, profesor en las escuelas de arte, maestro del Cuarto Camino; un hombre de un magnetismo tremendo…Supongo que en un punto no quise ser solo “la hija de Tomás González”. Siempre tuve una relación de amor odio con respecto a eso, a tal punto que aunque estudié en el Instituto Superior de Arte, la misma carrera que él, algunos de mis profesores —que también habían sido los suyos— se enteraron de que era “la hija de Tomás”, al pasar los años.  Necesitaba el espacio de mostrarme al mundo, de convertirme en quién quería ser y equivocarme incluso, pero sin la presión del apellido. Además, el Acevedo llevó a un primer plano a mi madre, y a mi abuelo, dos seres esenciales para mí, sin los que hoy no sería; y también a mis ancestros mambises, pero esa es otra historia…
  • Te han endilgado el mote de escritora erótica ¿Qué significa ello para ti?
  • Creo que muchos escritores han pasado por el erotismo alguna vez. Yo sentí en cierto punto la necesidad de retarme en tal sentido. La literatura es eso también para mí: la posibilidad de experimentar, de jugar. Hay que tener en cuenta que el mundo actual está guiado por el consumo y en tal contexto es quizá lo más fácil recurrir a determinadas etiquetas, carteles, más allá de si tienen como trasfondo algo real… Yo misma he podido usar el mote de escritora erótica en determinado momento, no tanto para potenciar una relación de compra-venta (no olvidemos que el libro es un producto, en un mercado bien complejo) sino para llamar la atención sobre determinados textos. Una etiqueta ayuda a que el lector tenga claro de antemano lo que va a consumir.  En realidad no me considero ni escritora de ciencia ficción (otra etiqueta que también se ha relacionado a mi obra en ciertos momentos), ni escritora erótica, ni autora de libros para niños, sino, simplemente escritora. Aunque me interesa la exploración del fantástico, en un sentido amplio, he jugado con géneros, estilos, maneras de contar y lo seguiré haciendo por una necesidad personal, una necesidad creativa, de ver hasta dónde puedo llegar, o me permito llegar.
  • ¿Eres erótica, Barbarella?
  • El erotismo está en la esencia del ser humano. Creo que todos somos eróticos en una u otra medida, si bien de formas más o menos explícitas…Eros es, por sobre todo, goce estético. La conciliación de Eros y Psique, del amor en tanto impulso creativo, pero también sexual, y de alma, o mente, opera como pulsión de vida que permite reaccionar a Tánatos, ese instinto de muerte que identificaba Freud.
  • ¿Qué de Érebo tiene la Cuba de Barbarella?
  • Una no puede evitar escribir desde su esencia, desde su historia, y también desde la historia de su Matria. Érebo y Cuba tienen quizá en común los subterfugios de la recurrencia a lo mítico, aunque también otros elementos. La oscuridad primigenia que Érebo, por ejemplo, implica, quizá solo pueda ser resuelta con la fuerza del logos, porque no olvidemos que en “en el principio” —si bien en un principio otro— “era la palabra” y “sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho”. La palabra tiene un poder generador…Quiero pensar, o intuyo que a través de la palabra la Matria puede superar también la oscuridad primordial.
  • ¿Qué tanto representa a tus poesías femeninas este poemario Érebo?
  • Es un poemario que asumo a partir de recreaciones de lo femenino. Se trata de poemas en primera persona, donde las protagonistas son Penélope, Helena, Casandra, Circe, Friné… Yo me he sentido identificada con todas, y así en estos versos, encarno sus angustias, sus interrogantes, y también su erotismo, desde lo que soy, este lado mujer, que ama y se piensa, con la mayor honestidad de la que es capaz.
  • ¿Qué significa actualmente ser escritora en Cuba?
  • Ser escritora, o escritor, en Cuba o en cualquier parte, resulta un reto y un oficio difícil.  Es un camino solitario, que depende de una misma y de su disciplina. Nadie te va a decir “escribe”, así que cada día tendrás que levantarte de la cama, sentarte ante tu computadora y tener la voluntad de hacerlo, incluso si la vida cotidiana con sus necesidades, ejerce otros reclamos, incluso si tienes otro u otros trabajos para garantizarte el sustento. Deberás contar una historia que en primera instancia te conmocione a ti misma y hacerlo del mejor modo que puedas… Después tendrás que invertir tiempo en presentar tu obra a una editorial o un concurso, porque quien diga que escribe para guardar su trabajo en una gaveta, probablemente mienta. Y si todo sale bien y tu obra se publica todavía necesitarás promocionarla, para que otras la lean. Pero si todo sale mal, y tu obra termina, después de todo en una gaveta —y una buena parte de lo que se escribe acaba así, o bien tarda años en salir a la luz—, y te asaltan cientos de cuestionamientos acerca de si estás siguiendo el camino correcto, o si escribes mejor o peor cada vez —cuestionamientos que de todas formas pueden asaltarte incluso si te va bien—, vas a tener que volver a levantarte de la cama, sentarte ante tu computadora y tener la voluntad de hacerlo, incluso si la vida cotidiana con sus necesidades, ejerce otros reclamos…Se escribe porque se tiene algo para decir y se necesita hacerlo. Reconozco el oficio de escritor también desde la perspectiva del dharma de las doctrinas de la India, ese deber supremo, y propósito, que no pretende la satisfacción del ego, sino contribuir al mundo y que puede dar sentido a una vida.
  • ¿Te consideras una escritora feminista?
  • Soy una mujer feminista y lo que una piensa y es, en ocasiones, se manifiesta también en lo que escribe. Tengo algunos poemas, que por el camino me he dado cuenta, de que han salido muy feministas. Sin embargo, esto ha sido algo espontáneo, guiado por la pasión de un momento, a veces hasta por la molestia o incomodidad de un momento.  No me planteo un discurso feminista en mi creación. No considero que se le puedan imponer temas a la literatura o al arte. La escritura es algo personal y creo que debe evitarse a toda costa caer en el panfleto. Si bien pueden existir variantes artísticas “comprometidas”, cada quien trabaja su obra desde su experiencias de vida, lecturas, necesidades, referentes y sensorialidad.
  • ¿El erotismo y los feminismos son compatibles?
  • Creo que sí. Una mujer dueña de sí misma es capaz de reconocer también el peso de Eros en su vida y tiene derecho a hacerlo. Durante mucho tiempo la moral, ya fuera religiosa, gubernamental, o social, ha visto el erotismo como algo negativo y sabemos que se ha utilizado la represión del cuerpo como un mecanismo de dominación. La virgen María, el ideal femenino del catolicismo, es, “virgen” antes del parto, en el parto e incluso después del parto. Ese modelo es desafortunado desde el punto en que se impone como único y máxima aspiración de lo femenino, mujer ángel, posterior donna angelicata, inmaterial, ajena a la carnalidad —y en alguna medida por esto, ajena a la vida en todas sus dimensiones—.
  • ¿Cuál piensas tú que es la dimensión del erotismo en la literatura latinoamericana?
  • Me parece que subyace en la obra de múltiples escritores, que lo abordan no necesariamente como centro de su literatura pero sí como una parte de esta, a veces de un modo que podría decirse sutil, o natural. Al menos, esa es mi percepción en tanto lectora, pues disto de ser una especialista en ninguno de los dos temas… Pienso así en Aura de Carlos Fuentes, incluso en Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, en Doña Flor y sus dos maridos, o Gabriela Clavo y Canela de Jorge Amado, y en buena parte de la obra de García Márquez.
  • ¿Cuba es erótico o pesa sobre de ella la gratuidad de la fama?
  • Creo que el erotismo en Cuba como país es algo ya de una dimensión mítica y se dice que todo mito suele contener un trasfondo de verdad.
  • ¿Qué densidad tiene el Caribe en tu escritura?
  • Si el Caribe aporta algo a mi escritura es esa dimensión de la magia —y lo fantástico—, entendida sin embargo como algo cotidiano, eso que Alejo Carpentier llamó Lo Real Maravilloso y que comprende elementos de surrealismo y absurdo —y hasta de grotesco y desmesura—. También esa capacidad de invocar a la risa, para desacralizar cualquier hecho, que es inherente a la región y que en mi país asoma bajo el nombre de “choteo”.
  • ¿Cuál es tu panorama de la literatura cubana contemporánea?
  • El panorama de la literatura cubana contemporánea, al que me acerco como lectora y también en tanto creadora, desde mi punto de vista está marcado por una sana diversidad. Cuenta con voces a establecidas, y otras más jóvenes, que se proyectan hacia distintos modos de hacer, más o menos experimentales, en relación a las necesidades propias a cada escritor.
  • ¿Crees que exista un diálogo entre las literaturas latinoamericanas contemporáneas o cada una vive y muere dentro de sus feudos?
  • Ahora más que nunca el diálogo se hace posible. Los medios están al alcance y me refiero con esto al impacto del internet en la vida cultural de hoy. Un autor cubano publica un cuento o un poema en una revista digital en Argentina o Chile, que a su vez leen escritores mexicanos, colombianos, etcétera. No obstante un peligro subyace, y es que teniendo tantos medios al alcance, nos centremos en el “yo” y en solo promover lo que hacemos sin detenernos a mirar al lado. Es importante la retroalimentación, saber qué escriben los otros y por qué caminos se mueven; aunque eso influya o no en lo que hacemos, permite al menos, pensarnos…
  • Hemos sido testigos de que varios escritores cubanos, como muchos de sus pares en Latinoamérica, han ganado premios y publicado en España, ¿es necesario el reconocimiento español para ser tomado en cuenta en tu propio país o región?
  • Yo creo que al menos en mi país tienen más impacto los premios nacionales, legitimados por tribunales conocidos y reconocidos por el medio y quizá algunos miran con escepticismo los premios internacionales, sin detenerse a apreciar qué instituciones los conceden o la relevancia artística de los jurados que los otorgan para sus respectivos países. A veces además está la tendencia a considerar el arte que se produce fuera, como “comercial”, etiqueta que por demás, resulta a menudo mal vista, y deviene en sinónimo de “facilista” o sin verdadero valor creativo. Incluso en ocasiones se considera que premios y publicaciones internacionales, responden a modas del momento o benefician a determinados sectores; a las mujeres escritoras, por ejemplo. Creo que todos estos criterios parten en primera instancia de prejuicios y todo prejuicio implica un desconocimiento y en buena medida ligereza, ceguera. Lo que sí es cierto, es que ese reconocimiento español o internacional, puede devenir en ciertos contextos un arma de doble filo.
  • ¿Qué representa para Cuba el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso?
  • Supongo que expreso el sentir de muchos si digo que el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso es escuela y casa. Es un espacio donde ha sido sistematizado el conocimiento relativo a las técnicas narrativas, y que se centra en brindar herramientas para que los estudiantes desarrollen las habilidades que poseen. Pero creo que uno de los logros más importantes conseguidos por Eduardo Heras León con el Centro, estriba en el impacto humano de esta experiencia, en las distintas generaciones de escritores que tienen al Chino por maestro y padre.
  • ¿De qué manera cambiaron los premios que ganaste en España tu vida como escritora?
  • Los premios en España me brindaron la oportunidad de publicar, en particular, mi poesía y eso para mí ha sido lo más trascedente de todo: publicar y compartir.  Todo esto, en un contexto en el cual llegar a ver un libro publicado es algo difícil, debido a múltiples factores —la falta de papel entre ellos—, e implica que los procesos editoriales a nivel nacional muchas veces se tornen lentos y fatigosos. También me han permitido tener un poco de feedback, ver qué valores encuentran otros en lo que escribo, verme a través de los ojos de otras personas.
  • ¿Te gusta la pornografía?

No me gusta en tanto no la necesito. Aunque tampoco me disgusta y por supuesto estoy a favor de su existencia.

  • ¿Qué te dicen los nombres Carilda Oliver y Severo Sarduy?
  • Carilda es una de esas voces que me acompañan desde siempre. Carilda es pasión, es goce por la vida. Sus mejores poemas responden a esos momentos en que el erotismo se transluce en felicidad. Servero Sarduy es la expresión del más puro y legítimo barroco en la concepción de cada frase, de cada personaje. Es el padre de uno de mis textos esenciales: De dónde son los cantantes. En algunos de mis relatos de juventud temprana, Los Cuentos de Esperanza Rosa, reconozco la tendencia al pastiche y la carnavalización que heredé no directamente de Severo, pues en aquel momento todavía no lo había leído, pero sí quizá a través del impacto de su legado que aparece en la literatura cubana de una etapa.
  • ¿Qué es el Discurso de Eva y de qué manera (o porqué) los escritores deberíamos acercarnos a lo digital?
  • Discurso de Eva es un disco de poesía femenina, que desde el título rinde homenaje a Carilda Oliver, donde participamos varias poetas cubanas de una generación joven, dando lectura a nuestros textos y también a los de creadoras que han sido trascendentes para nuestra escritura. El proyecto obtuvo la beca de creación El reino de este mundo que otorga la Asociación Hermanos Saíz, asociación que agrupa al arte joven cubano, y esto permitió que grabáramos en los estudios PM Records. Pudimos difundir así nuestro trabajo más allá del formato libro, explorando la voz como instrumento comunicativo, en plataformas digitales y redes sociales (IVoox, SoundCloud, Telegram, Instagram, Facebook). Creo que lo digital permite una oportunidad significativa de que cuanto hacemos alcance a otros y por eso es una herramienta que el escritor de hoy no debería desperdiciar. Con tantos medios al alcance, nadie puede quejarse de no poder llegar a los lectores, o en el caso de Discurso de Eva, a los oyentes.
  • ¿Qué significan tus tatuajes, sobre todo el símbolo cercano al hombro derecho?
  • Tengo varios tatuajes que reflejan mi pasión-obsesión por el mar, cada uno significa algo específico, en relación al símbolo que se representa: un ancla, una brújula; en el hombro derecho llevo un faro y un faro tiene que ver con la capacidad de dar luz, de ser luz y salvamento incluso en condiciones adversas, sin tener que convertir tal acto en un discurso; simplemente haciendo lo que toca. También llevo en mi cuerpo un tatuaje que es homenaje a Frida Kahlo —el impacto de Frida y su obra me acompañan desde la infancia, e incluso amigos muy cercanos me llaman así—. Asimismo las iniciales de Alberto Yarini, figura casi mítica en el imaginario popular y erótico cubano, una flor de loto que tiene que ver con la capacidad de nacer y renacer incluso en circunstancias adversas y un pequeño elefante, animal místico de gran sabiduría.
  • Por último, querida Barbarella, ¿algo más sucedió en aquel sueño sucio que alguna vez tuviste, bueno, que tuvo Mimí, con Woody Allen, verdad?
  • El sueño fue de Mimi, aunque podría haber sido mío, y no sé, debo preguntarle a ella, aunque sí, estoy como tú, segura de que sucedió mucho más.
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Elena Salamanca | La mítica desmitificadora

Cuando uno se acerca a la obra de la escritora e historiadora Elena Salamanca (San Salvador, 1982), inmediatamente es perceptible su disciplina, su tenacidad, una fuerza estrambótica que no es sólo inercia sino tesón bien trabajado.  Toda vez que se conoce el rigor de su narrativa, la excelsitud de su poética, queda claro que Salamanca escribe desde la inteligencia, la valentía y la reflexión. Y que, si bien presume el rigor de la academia, también hace suyo, y fácilmente, el desparpajo imaginativo de la poesía. Su voz, que se mece entre pueriles candores y maduras contemplaciones, tiene un casi legendario origen en una infancia arrullada por los cantos de las abuelas, dentro de un espacio idílico: su universo jardín. Pero bien pronto deviene en acelerada percepción e irrumpe en una geografía donde muy temprano se deja de ser niño y la realidad se entreteje de míticos, y no pocas veces nocivos, imaginarios que urgen ser, revalorados unos, derrumbados los otros: Centroamérica.  Un crisol, un yunque vivo son las letras de Elena Salamanca. Un respiro, un asidero en territorios de violencia; una esperanza cuando todo parecía perdido en tierras de sangre donde el libro es un casi ídolo de ignorados ritos, pero cuyo culto fue, es, será inmortal entre unos tantos. Elena Salamanca ha publicado Landsmoder (Editorial Equizzero, San Salvador), Peces en la boca (Editorial Universitaria, San Salvador) y Último viernes (Dirección de Publicaciones e Impresos, El Salvador).  Muy joven, fue finalista del premio Alfaguara de novela en el año 2004. En 2009 obtuvo una beca para escribir una novela en el programa de Estancias artísticas para creadores de Iberoamérica y Haití del Fondo Nacional de la Cultura y las Artes de México y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. En el 2017, resultó ganadora del YES Arts Writers Grant. Su obra ha sido traducida al inglés, alemán, francés y sueco. En 2012 fundó la Fiesta Ecléctica de las Artes FEA que es un referente en El Salvador y Centroamérica.

  • Elena, se puede apreciar en tu obra que has vivido inmersa en un ambiente casi místico, donde has sido tocada por una mitología mestiza atestada de vírgenes, santos y un Dios extraño, ¿cómo ha sido vivir en esa vorágine, de qué ha dotado a tu literatura?
  • Creo que al ser cuidada por mis abuelitas desde que nací, ellas me transmitieron su universo y su imaginación, un universo de jardín, una imaginación sincrética en un mundo secular. Sobre el Dios extraño no lo sé, no me he detenido a pensar en ello. Pero definitivamente el primer universo que tuve fue ese que mis abuelitas me dieron. Luego tuve el académico, en mi infancia, mi madre me formó una biblioteca, y mientras yo crecía, me regalaba libros que ella, intuitivamente, elegía muy bien para mí, me regaló libros de poesía, novelas, teatro, pero también de Historia y de Historia de la Literatura, hasta que empecé a estudiar en la universidad. Y también, y esto es fundamental, a mi padre lo asesinan cuando yo tenía 9 años, y él me da el duelo, el dolor, la búsqueda, el miedo y a la vez el deseo de nombrar, de sentir, el interés de conocer la Historia, el país donde nací, y así llegué a la Historia, a la Academia. La Academia me ha dado otro modo de pensar y de ver el mundo, vivo entre esos dos mundos. Con la Academia he sabido nombrar mi imaginación, me da métodos, caminos, rutas para pensar. Pero mi pensamiento y mi obra literaria están influida aún por las categorías esenciales de mi universo jardín.
  • Ello me recuerda al Cristo Negro, del gran Salarrué, un autor al que admites como una de tus grandes influencias. Un autor que debería ser revalorado y al cual habría que darle su justa dimensión en la literatura latinoamericana. Así que, aprovecho tu filia, ¿quién es para ti Salarrué?
  • El Cristo negro es un libro poco conocido de Salarrué, es su primera novela, publicada en 1927. Pero no me siento necesariamente conectada a esa novela de Salarrué. Su espiritualidad es muy interesante, pone en cuestión el pecado, la tentación, etc. Yo crecí en un universo que usted ha llamado místico, pero donde no existía la idea del pecado o la tentación, sino la belleza, el amor, la contemplación y la creatividad. Se trata de formas bien diferentes de acercarse a lo espiritual y lo místico. Salarrué es mi escritor favorito desde muy joven, de hecho realicé una investigación sobre la resonancia que su libro Cuentos de barro (1933) tuvo sobre los cuentos de Juan Rulfo en El llano en llamas (1953). Este tema es muy controversial para los mexicanos y sus cánones literarios pues se supone que Juan Rulfo “no tenía influencias” o eran autores muy lejanos, nórdicos, como dijo en algunas entrevistas. Pero yo realicé una investigación en 2011-2012 y en 2014 salió mi cuaderno de investigación. Creo que Salarrué pertenece a una generación de grandes narradores, narradores fundacionales para las naciones jóvenes, que nacieron en 1899, como Jorge Luis Borges, Augusto Roa Bastos y Alejo Carpentier. Todos maravillosos, con obra monumental. Finalmente se conocieron en México en un congreso de escritores, invitados por Juan Rulfo, lo tengo documentado. El problema de Salarrué es que la primera obra suya que se publicó fuera de El Salvador fue, precisamente, Cuentos de barro, por recomendación de Gabriela Mistral. El libro fue publicado por la editorial Nascimento, en Chile, en 1943 y la presentación es de Mistral. Ese fue el primer libro de Salarrué que tuvo alcance editorial continental, lo distribuyeron además de en Chile, en México, etc. Ese era la edición que estaba en la Biblioteca de Juan Rulfo, y que el arquitecto Víctor Jiménez y Juan Francisco Rulfo me permitieron ver. Yo he revisado la correspondencia de Salarrué con Mistral, en el Museo de la Palabra y la Imagen, y él le dice en una carta que tiene otros libros, no solo Cuentos de barro. Era realmente muy prolífico. Llamo problema a esa publicación, porque él fue encasillado en el costumbrismo, pero él dio una entrevista en 1970 donde se desmarca como costumbrista. Fue una construcción del mercado editorial latinoamericanista de entonces, muy antes del Boom, que no le permitió ser leído más adelante, porque después del Boom, para los lectores fuera de El Salvador que solo conocieron un libro suyo, él estaba ya desfasado, o pertenecía a otra imaginación que no les interesaba más. Y eso es injusto, su obra es maravillosa y su prosa explora muchos caminos narrativos, históricos y sobre todo lingüísticos. Como se ve, Salarrué es una pasión intelectual para mí.
  • Dentro del fundamento mítico de tu obra, ¿es lo femenino un ánimo rector?
  • Supongo que lo femenino es mi universo literario, que deviene de aquel universo jardín. Pero hay que tener mucho cuidado con lo que nombramos femenino. Yo no trabajo estereotipos de feminidad patriarcal, yo los rompo. O por lo menos eso he intentado hacer con mi serie de poemas sobre Sor Juana Inés de la Cruz, con el mito de Santa Tecla y con mi cuento sobre el hambre de Santa Teresa, la levitante. Creo que es un fundamento mítico que yo no había notado, con conciencia, hasta que algunas académicas que han trabajado mi obra me lo han hecho saber.
  • Has tenido la oportunidad de recorrer algunos países de nuestro continente, ¿cómo has percibido el quehacer literario en cada uno de ellos? ¿Qué diferencias hay, y qué similitudes?
  • Realmente solo he tenido contacto con la literatura y el sistema del arte Mesoamericano, es decir, de México y Centroamérica. En Estados Unidos entré en contacto con la producción académica sobre México y Centroamérica, han sido planos diferentes. Un sistema del arte, como tal, en Mesoamérica, solo existe en México. En Centroamérica es muy difícil poder hablar de un sistema consolidado, por nuestra historia, de invasiones estadounidenses, guerras civiles, despojos y problemas ambientales y desigualdad, el sistema del arte, o la esfera cultural, básicamente se mantiene en una constante, en un movimiento perpetuo entre derrumbe y reconstrucción.
  • En 2004 fuiste finalista del permio Alfaguara de novela, lo que seguramente fue un parteaguas en tu vida como escritora, también has ganado importantes becas y estímulos. En ese sentido ¿qué injerencia tienen los premios y las becas en la vida de un escritor latinoamericano? ¿Son necesarios o resultan un lujo del estado?
  • Primero, tengo que aclarar que fue el Primer Concurso de Novela de Alfaguara en El Salvador, en 2004. Solo ocurrió ese año y fue un experimento interesante, porque permitió romper el mito de que El Salvador era un país de poetas y que no se producía mucha novela. Esto no quiere decir que todas nuestras novelas valieran la pena para ser publicadas o que fueran, incluso, novelas, pero yo era apenas mayor de edad y fue una experiencia que me abrió al mundo literario salvadoreño, que no era como esperaba. En lo negativo, había muchas grillas, cultos a la personalidad, etc., en lo positivo, también había mucha gente maravillosa que fui conociendo y ahora es parte de mi vida. He ganado solo una beca artística, la del FONCA y AECID, en México, en 2008, la de crítica a las artes de la Fundación Y.ES de El Salvador, y las demás becas han sido académicas: La Llilas Benson, en Austin, la del SICA, en Centroamérica, la de CONACYT y COLMEX en México. Así que desde mi experiencia yo solo puedo hablar de las becas académicas que han sido esenciales para mi Doctorado y mi investigación de tesis. No sé qué es ser escritora latinoamericana con beca permanente, mi única beca en literatura duró 4 meses y en 4 meses no construís una obra, la iniciás, entrás a un camino de lo que escribirás luego cuando tengás tiempo disponible, básicamente en el desvelo.
  • Hoy en día vives en México, donde estudias un doctorado, y esto te ha llevado a estudiar las relaciones de este país con Centroamérica. Háblanos, desde tu perspectiva, acerca de este diálogo cultural entre las dichas naciones.
  • Vivo en México, acá termino mi doctorado, escribo mi tesis sobre el exilio de centroamericanos entre 1930 y 1950. Hay una paradoja, casi condena, sobre investigar, escribir, hacer historia sobre Centroamérica. Para entenderla, para investigarla, debemos salir de Centroamérica. Los mejores archivos sobre Centroamérica están en Estados Unidos y en México. Yo he estudiado las relaciones intelectuales y diplomáticas, básicamente puedo concluir (sin hablar de mi tesis específicamente) que todo mexicano tiene algo de centroamericano hasta que se demuestre lo contrario. Es, por supuesto, una sentencia que escandaliza a los nacionalistas mexicanos, pero es cierto. Tenemos una vinculación ancestral indiscutible y en el siglo XX unas relaciones políticas e intelectuales tangibles, de ambos lados del río Suchiate.
  • ¿Qué es la Fiesta Ecléctica de las Artes y qué repercusión tiene en su ámbito de influencia?
  • La Fiesta Ecléctica de las Artes es FEA, un festival de arte que fundé en 2012 junto a mi amigo Nadie [Javier Ramírez], un escritor, artista visual y travesti de El Salvador. FEA estuvo activa hasta 2017, hicimos 5 ediciones, donde invitamos a artistas multidisciplinarios de voces muy peculiares, muy propias, y cuya propuesta no cabía muy bien en espacios tradicionales. Trabajamos con artistas de El Salvador, y algunos invitados de Centroamérica, como el poeta Wingston González, de Guatemala. Recuperamos mucha memoria, o historia oral, del arte y la cultura mediante una serie de ciclos de conversatorios, sobre historia y crítica, sobre temas que tampoco abordan los académicos ni los periodistas. Tuvimos una racha muy hermosa y me gusta pensar que hicimos dos cosas: rendimos homenaje a los legados de las generaciones anteriores a las nuestras que se habían perdido en la memoria, que no estaban registradas, y también pienso que dimos claves de futuro para las generaciones actuales y las que vienen. Tenemos todo documentado, hemos aparecido en algunos libros sobre arte, yo espero, como historiadora, que no nos olviden.
  • ¿Son necesarios los festivales culturales en América?
  • Yo creo que sí son necesarios, pero si son disidentes, si rompen el orden de lo conservador dentro del espectro cultura en América. ¿Para qué queremos más formalidad, más mármoles y más cortinas de seda y terciopelo falso? Si te van a dar una nueva clave para pensar, para pensarte, son necesarios, si van a darte un cajón para meterte, para encerrarte, para desconocerte, no lo son. Entonces es mejor que no los hagan.
  • ¿Ha sido para ti Centroamérica una cartografía del dolor?
  • Usted toma este concepto de “cartografía de dolor” de mi texto Atravesé el puente en que mataron a mi padre. Cartografías del dolor, que publiqué en Guatemala, en Plaza Pública, en 2018. Yo he escrito mucho ensayo sobre Centroamérica, sobre la historia y la violencia de la región. Entonces yo creo que necesitamos contar una historia que nos hable también del dolor y los duelos, que son las experiencias compartidas en Centroamérica, en México, en América Latina, en el mundo. El dolor, como la felicidad, como el amor, es lo que nos hace ser vivos en el mundo en nuestro tiempo. Y es terrible. Así que yo me aboqué a esa categoría para contar sobre la ruta de la reconstrucción de los duelos desde el de mi padre. Hay una académica italiana, Silvia Gianni, quien ha escrito sobre mi literatura y la cartografía del dolor, y le agradezco mucho sus palabras sobre mi obra ensayística y narrativa, lo que ella llama también “restitución del duelo” en la posguerra en Centroamérica.
  • ¿Qué significan para ti las palabras migración y exilio?
  • Más allá de qué significan para mí, son conceptos que estudio desde la Historia, desde mi tesis. Creo que lo que me interesa es desde dónde comencé a pensarlas, a darles significado. Con María Zambrano y Edward Said, inicialmente, yo empecé a pensar en clave de exilio, desde la experiencia, desde la creación. Con Luis Roniger, empecé a pensar el exilio como categoría política, como expulsión de comunidad política. Con Erika Pani, mi directora de tesis, comencé a pensar esa expulsión de la comunidad política en clave de ciudadanía. Y así me he ido nutriendo de muchos académicos, filósofas, historiadoras, para acercarme a estas categorías que, para mí, en este momento, son también experiencia biográfica. Aunque yo vivo legalmente en México, tengo el privilegio de residencia temporal por ser estudiante, sé que son también experiencias vitales. Esas, claro, las separo de mi trabajo académico. Pero están en mí, son parte de mí.
  • ¿Qué representa, qué conlleva, ser escritora en El Salvador?
  • Es una pregunta difícil porque yo básicamente he sido escritora en diáspora, con el cuerpo en México, pero con el corazón en El Salvador, en Centroamérica, si lo vemos orgánicamente. Sin embargo, todos mis libros han salido en El Salvador, uno en México. Varia de mi obra ha sido traducida al inglés, al italiano, al francés, al alemán, al sueco, creo que he sido afortunada. Pero escribir día a día en El Salvador es más difícil de lo que yo puedo construir desde la diáspora, así que creo que no puedo contestar con fidelidad esta pregunta, aunque quisiera.
  • Por último, Elena, y como en tu Santa Tecla, ¿sigues siendo un árbol que por frutos da manos cortadas, manos insurgentes?
  • La historia de mi poema Sobre el mito de Santa Tecla me parece increíble. Es un poema de 2008, recuerdo claramente haberlo escrito de un sentón, en un momento libre mientras preparaba el almuerzo para mi abuelita. Salió en 2011 en un libro en El Salvador y en los últimos años ha tomado fuerza. La fuerza vital de esa escritura, creo. Me alegra mucho que siga siendo leído y traducido, hace menos de un mes apareció su tercera traducción al inglés en Estados Unidos y parece que el poema tiene esa impronta de las manos que no dejan de brotar. Mucha gente, cuando quiere construir un mito sobre mí, o quizá una burla, no lo sé, me compara con esa Santa Tecla, la de mi poema. No lo sé. Pero me deseo muchas manos insurgentes por los años que me quedan por escribir.