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Francisco Alejandro Méndez | Lo que es tan mío

Hace no poco que escuché a un prudente escritor guatemalteco decir que si los gringos leen a los gringos y los franceses a los franceses, bien harían los guatemaltecos en leer a los guatemaltecos, o por lo menos, no despreciar como lo hacen a sus autores consagrados. La premisa—se entiende—, va más allá de la patria chapina, y se puede aplicar al dedillo a la ceguera endémica que padece esta ingrata canaimera llamada Latinoamérica. Ingrata, no lo olviden: mayormente con sus glorias, y revuelta en taras y filias que le imponen los grandes emporios editoriales, la crítica, los académicosy los intelectuales (que por menos de treinta monedas aprenden a besar traicioneramente) y padeciendo la poca (a veces nula) educación artística que se imparte en nuestros países. Somos el continente del consumo inmoderado e irracional por excelencia. El patio de ensayo de las industrias, en este caso, culturales. A diario se nos venden figurines tiernos como autores glorificados, a diario las editoriales se inventan un personaje (generalmente joven) que en oscuros periplos entre premios, becas y jugosos contratos, un día va y recibe su consagración ante nuestros amos europeos y regresa cargado de medallitas de oropel y kilos a granel de reseñas y elogios de su “obra” y palmaditas de las autoridades culturales de su país y de los mercachifles de la edición que así verán prosperar sus inversiones. ¿Pero la obra en sí? Vacía, condescendiente, políticamente correcta, chistosa, panfletaria, ortodoxa (en sus supuestos juegos heterodoxos), temerosa de rupturas y exploraciones, plañidera, bobalicona y sobre todo rastrera, una literatura perfecta para ser vendible, caldo de “bestsellers”.  Y entonces uno se pregunta ¿dónde están las grandes plumas, los autores consagrados, los que cimbran lectores, los que queman los ojos? En la rebeldía, una buena parte de ellos. Por ¿fortuna?, cuando no somos tan borricos (tanto lectores, como críticos, pero sobre todo escritores), nos alcanza la conciencia para volvernos rebeldes. Nuestras geografías accidentadas han de guarecer y procrear perenemente el ánimo de la insurrección. Hoy como nunca, en las últimas décadas de nuestra historia literaria, la verdadera escritura la generan los rebeldes, tanto aquellos que se arrojan a una búsqueda personal estética y de credo, como aquellos que no doblan la cerviz ante los intereses empresariales de las grandes casas editoras y los aparatos culturales predominantes. Uno de ellos, de quien se ha señalado que es de las más importantes plumas de Centroamérica —pero que sin duda se cuenta hoy entre los escritores fundamentales de nuestras letras latinoamericanas actuales—, es aquel escritor guatemalteco que cité al principio: Francisco Alejandro Méndez Castañeda (Ciudad de Guatemala, 1964). Narrador, ensayista, crítico, periodista cultural, académico, de Francisco Alejandro Méndez podríamos llenar planas con sus atinos y logros, con sus decenas de libros (traducidos a varias lenguas) que se han vuelto fundamentales para entender la literatura contemporánea, con sus múltiples premios que incluyen el haber sido nombrado, en el año 2017, Premio Nacional de Literatura de Guatemala. Hoy conversamos con él, tomando de pretexto (por si faltara alguno) que hace apenas unos meses, en plena crisis pandémica, congruente, prudente, con olfato y colmillo retorcido, publicó su más reciente novela Si dios me quita la vida, no con las grandes casas que dominan el mercado, sino con un par de editoriales independientes, significadas ambas por su afán contestatario: la guatemalteca Editorial X, del también legendario Estuardo Prado, y la mexicana Ediciones Periféricas, de un joven pero arriesgado Nahum Torres.

  • Estimado Francisco, ¿de qué va Si Dios me quita la vida?
  • La novela abarca, digamos, dos temas, uno el de un desafortunado encuentro futbolístico entre Guatemala y Costa Rica, definitivo para ir al Mundial y que, antes del encuentro, ocurrió una tragedia en la que murieron más de 80 personas; y, la masacre contra una familia, ocurrida, en las cercanías del Centro Histórico. Los dos hechos, como toda violencia en Guatemala, se asemejan y tienen sus conexiones.
  • Sabemos que Si Dios me quita la vida es una coedición entre una editorial guatemalteca y una mexicana ¿cree que esta estrategia funcione para ayudar a las editoriales independientes a tener mayor presencia en el mercado y a tender puentes entre nuestros países latinoamericanos?
  • Definitivamente que sí. La fuerza de dos editoriales y las coediciones dan pauta para que exista un intercambio de autores, pues es difícil que exista, en la mayoría de las ocasiones, intercambios por otros lados. Las Ferias del Libro, muchas veces son carísimas para autores y editoriales independientes (ahora por Zoom es otra cosa), por eso, editar autores y hacer intercambios y de esa manera, acercar las obras.
  • ¿Qué piensa de la actual literatura latinoamericana y los escritores que la forjan?
  • Existen diferentes cánones que ofrecen autores de diferentes características y, a veces, con discursos comerciales o, evidentemente oportunistas por las temáticas que se manejan. Creo que hay autores de los cuales uno puedo sentirse orgulloso de haber nacido en estas tierras, pero, también, creo que existen muchos (as), que está sobrevalorados. Lamentable que en la actualidad, el canon de lo que deba leerse lo impongan muchas editoriales transnacionales y no la crítica o los lectores. Yo tengo especial gusto por los que ya murieron, pero en el género negro, puedo decir que entre los que están vivitos y coleando, me inclino por Leonardo Padura, Ramón Díaz Eterovic, Horacio Castellanos Moya, Amir Valle, PIT II. En América Central, hay escritores que su poesía, por ejemplo, debe trascender, como Rodrigo Rey Rosa, Javier Payeras, Alfredo Trejos, Luis Chávez, Vania Vargas, Luis Borja (recientemente fallecido), Mauricio Orellana, entre otros.
  • En particular ¿cuál es su visión de la literatura contemporánea centroamericana?
  • Me adelanté un poco en la respuesta anterior. Creo que los centroamericanos seguimos invisibilizados en el canon-pastel literario. Cuando revisas antologías, te encuentras la gran cantidad de autores sudamericanos, mexicanos, cubanos y de vez en cuando un centroamericano. Creo que las editoriales deben ver hacia este pedazo de tierra que une al Norte con el Sur. Como muchas veces es cuestión de “ventas” y los lectores de este istmo somos pocos, quizá eso ha incidido. Claro, existen algunas excepciones, como Sergio Ramírez, quien incluso ha ganado premios internacionales trascendentes, o Gioconda Belli, pero creo que hay mucho potencial en el área, lo que falta es que puedan ser publicados, no importa en qué editoriales, para que los lectores comiencen a apreciar lo valioso de sus discursos literarios.
  • ¿Qué significa ser escritor en Guatemala?
  • Ser escritor en Guatemala, a nivel personal, es hermoso. Saber que hemos tenido autores fabulosos, como Luis Cardoza y Aragón, Miguel Ángel Asturias, Augusto Monterroso, Luz Méndez de la Vega, Enrique Gómez Carrillo, entre otros grandes, es maravilloso. Por otro lado, como ocurre en otras sociedades, en este país el escritor es visto como un parásito o como adicto. Es difícil, por ejemplo, que en tiempos de crisis (como ahora), un escritor (a) tenga voz en los medios, pues se prefiere invitar a los programas a los políticos paralíticos, como dirían Los Prisioneros. Por otro lado, ser escritor te da el privilegio, como diría también, Otto René Castillo, de amar o de aborrecer este país.
  • ¿Qué densidad tiene en su vida Francisco Méndez Escobar?
  • La influencia de ese extraordinario autor, la llevo, afortunadamente en el ADN, nunca lo conocí por su muerte prematura, pero lo invoqué en la güija y creo que algo aprendí de él. Ser su descendiente me ha traído cosas maravillosas, aunque a veces, no tanto. Fue un ser humano extraordinario, un autor adelantado a su época. Todavía se conservan libros firmados por Neruda, Vallejo, Juana de Ibarború o Gabriela Mistral para él.
  •  ¿Qué significa ser un escritor consagrado?
  • No sé qué será eso de ser un escritor consagrado. Habría que preguntárselo a otros maestros. Aunque he recibido algunos premios, creo que lo mejor es cuando recibo algún mensaje por las redes. Cuando me dicen que terminaron de leer uno de mis textos y que les movió o me envían fotos de maní garapiñado, de las que come el comisario. Es difícil que hagan reseñas sobre mi obra en Guatemala, hay un silencio como pactado y no solo de la mía sino de la de muchos autores “jóvenes”, como yo. Pero como dicen, dentro de 50 años, quizá lo hagan.
  • ¿Qué densidad tienen en su vida Monterroso y Asturias?
  • Mucho. Son dos autores esenciales en mi formación, como lector, periodista, escritor. Es un privilegio leerlos. La obra de Asturias es fundamental y su mundo está construido con un lenguaje fabuloso, que creo, solo él lo pudo concebir. Hace unos 3 años, estuve en la Biblioteca Nacional de Francia. Asturias donó sus manuscritos y fui a estudiarlos por unos meses. Increíble la rigurosidad en su escritura, en la creación y exigencia que el consagrado tuvo para crear sus obras. Debería ser una cátedra para aquellos que quieren comenzar a publicar. Monterroso con su reducido, pero inconmensurable creatividad, me ha dado cátedra en cada una de sus obras. Tuve el privilegio de entrevistarlo en su casa, hace ya tantos años, en el barrio Chimalistac, cercano a Coyoacán. Un ser maravilloso, sencillo, sin poses y con una sonrisa de arrepentimiento en los labios. Es un autor que tras leerlo, no podés ser el mismo.
  • ¿Ha puesto en evidencia esta pandemia la vulnerabilidad física de los escritores en Latinoamérica?
  • Sí, es increíble que con los recursos que cuenta un autor sean tan pobres que eso mismo los lleve a la muerte. He llorado a tantos colegas que han muerto, primeramente por el virus, pero, también, por la infamia de las  autoridades, la corrupción y un sistema de salud perverso y sin posibilidades de servir a la población. Por un lado, el encierro ha provocado que la música, la pintura sean aliados para la producción, pero, por el otro, escribir mientras mueren vecinos o familiares es jodido.
  • ¿Por qué la novela y el cuento?
  • La narrativa te da todas las posibilidades de realizar proyectos lúdicos, que te hacen crear personajes, que ya son parte de tu familia y de la vida diaria. Las historias, quizá te pudieron haber ocurrido, pero, aunque lo no fueron, ya en la ficción hasta son parte de tu vida cotidiana. Por otro lado, leer novelas y cuentos de mentes magistrales, como que te provocan ganas de emularlos, de ser como ellos en un párrafo o en una línea y jugar a ser, por ejemplo George Simenon, un día. Creo que la novela y el cuento son el camino a la felicidad, para mí.
  • ¿Qué piensa del feminismo en la literatura latinoamericana de nuestros días?
  • Pues el feminismo, como el indigenismo y otros ismos, son parte, como diría un político “del abanico” de posibilidad que un lector tiene para hincar el diente. Creo que desde tiempos de Sor Juana de la Cruz y Sor Juana de Maldonado (de Guatemala), el discurso de la escritura de mujeres ha permitido entender que para concebir la escritura, tanto hombres y mujeres tenemos diferencias y coincidencias en la creación. No creo en esa idea de leer a una escritora solo porque es mujer, o, porque la golpearon y eso hace que su literatura sea mejor, no. Me encanta, por ejemplo Agatha Christie o Fred Vargas o tantas otras, como Gioconda Belli, por el hecho de que su literatura me provoque. Me parece importante la visibilización, pero no la imposición.
  • ¿Qué significó para usted ser Premio Nacional de Literatura?
  • Pues, por un lado, mucha emoción y congoja. Mi abuelo Francisco Méndez Escobar y mi tío Lionel Méndez (ambos fallecidos prematuramente), quien por cierto ganó dos veces el Casa de las Américas, no recibieron un premio como éste, así, que lo recibí en nombre de los tres. Fue bien loco, todo un año de fiestas y agasajos. Creo que esos meses tras el premio fue cuando menos escribí o leí. Recibí muchas muestras de afecto y felicitaciones y eso fue genial. Cuando uno gana un premio muchos ya ven tu literatura de otra manera, aunque siga siendo igual, así que eso hay que aprovecharlo.
  • ¿Por qué, bajo su perspectiva, Latinoamérica no es más unido por lo menos en términos de arte y cultura? ¿Debería existir tal unión?
  • Me parece que muchos escritores “consagrados” en Latinoamérica, han buscado, erróneamente, a mi juicio, más visibilidad a través de “agentes literarios”, concursos y reconocimientos, que la búsqueda de la obra en sí. Esto quiere de decir que a veces pesan más las tendencias o lo de dictan ciertas editoriales, que lo que se escribe. Entonces vemos que cada quien escribe para la alimentación de su ego y no hay una forma de “unión, que se da más en congresos, encuentros, que en el propio discurso. Por supuesto, que siempre hay las grandes excepciones.
  • ¿Qué es para usted la rebeldía?
  • En esta época en la que vivimos, la rebeldía es alejarse de los discursos oficiales, estar al margen de lo que el menú discursivo ofrece diariamente, quizá ir contra la corriente, escribir sin aspirar a ser reseñado en los diarios más importantes o contratado por las editoriales trasnacionales. Es escribir sin hacer concesiones.
  • Tienes un marcado gusto por el género negro ¿crees, como lo han señalado algunos, que es el género que mejor describe nuestro siglo?
  • El género negro ofrece una pluridiscursividad. Se puede navegar, se puede volar, correr y montar en bicicleta al mismo tiempo. Grandes maestros del género han demostrado que el noir es la excusa perfecta para mostrar la universalidad. Como escribió el islandés Indridiason: Hay que leer una novela negra para conocer una ciudad. En efecto, si lees a Mankell, no tenés que ir a Suecia para conocerla. Igualmente ocurre con grandes maestros latinoamericanos, como Rubem Fonseca, Leonardo Padura, Ramón Díaz Eterovic, entre otros. Creo que es el gran género del siglo, lo que faltan son lectores, al menos en mi país.
  • ¿Hay que publicar en Europa para volvernos visibles en Latinoamérica?
  • Cuando nos enorgullecemos por nuestros autores lo hacemos en la medida en que su obra es recibida en otros continentes sobre todo Europa. Lo vemos desde Landívar, Darío, Asturias, quienes debido a la recepción y premios, pues de esa manera los evaluamos: igual se puede decir de la generación del boom. Es como un mal necesario. Podés publicar 50 libros en tu país, pero si no te publican fuera, pues no sos considerado un gran autor. Creo que es un error, pero es a la vez un mal necesario, pues hasta que no te “bendicen” afuera, no te aceptan adentro, es decir en tu país.
  • Maestro, ¿cómo está Wenceslao  Pérez Chanán?
  • El comisario, preparando sus casos. Listo para nuevas investigaciones. Empeorando de salud, pero siempre dispuesto que para salirle al frente a las nuevas aventuras que le corresponden. Sobre todo en una de las regiones más violentas del mundo, como es América Central; en donde mueren más niños por desnutrición, y la gente huye huyendo hacia el Norte, pensando en encontrar la salvación de sus vidas.
  • ¿La literatura es repetir los mismos signos y símbolos hasta el infinito o bien qué es la creación?
  • La creación es pedirle prestado a la realidad, para convertir la ficción en elementos más grotescos o quizá más hermosos. Ya lo dijo Huidobro en su famoso “No te serviré”. Muchos quisieran que el mundo que uno construye en la creación sea muy parecido al real, pero, considero, que entre más se aleje y más se cree un nuevo mundo, suena mejor. Crear es tomar de los demás para construir tus propios discursos. Es tomar prestado, para luego transformar. Es sentarse frente a la pantalla, escuchar a Bach, creer que lo que escribiste, pudo haber pasado alguna vez.
  • Por último, esta misma pregunta se la hizo hace algunos ayeres un joven escritor a otro ya consagrado y yo la parafraseo: maestro Méndez, ¿qué le dice a usted la palabra Guatemala? ¿Recuerda usted?
  • Pues es un país al que uno ama y odia constantemente. Es un país que duele y alivia. En el que los ateos creen en Dios. En el que podés morir mientras te vestís o en la calle cuando una bala perdida te busca. Un país con los más altos índices de analfabetismo y con un Premio Nobel de Literatura; con las más altas cifras de violencia y un Premio Nobel de la Paz. Es un país tan contradictorio, que puede hacer sol en una banqueta y en la otra lluvia. Agradezco que hayan nacido tantos seres humanos bondadosos, grandes autores, deportistas aguerridos, pero, también, de los más despiadados dictadores.
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Anaïs Blues | La tinta del silencio

El arte debe ser siempre rebelde. Así que, por antonomasia, una editorial artesanal estará siempre en rebeldía. Sino fuera así, o si en alguno momento traicionase sus principios, se convertirán sus productos en simples fetiches  “bonitos” del mercado. Tremendo es adentrarse en las entrañas de una editorial artesanal e independiente (valga la redundancia) latinoamericana. Es que la literatura, como ya sabemos, en ésta, nuestra Camainera, en el más amplio sentido de la palabra, es sortilegio tremendo que va a caballo entre los fantástico y lo absurdo. Obsesión por la hechura, culto ciego por el libro, hacer del arte un mojón que se desayuna a diario como si fuesen fresas con crema, eso significa ser un editor artesanal en nuestra tierra…quizá. O como dijera el poeta chiapaneco: yo no lo sé de cierto, lo supongo. Para confirmarlo (o refutarlo), es que en esta entrega nos adentraremos en el alma de una editorial mexicana que ha apostado al arte y a la independencia en un ámbito poco amable con ambas tradiciones. Principalmente en estas épocas pandémicas que han volcado el mundo de los libros a la virtualidad. La Tinta del Silencio, editorial chiapaneca, que ha mudado sus reales a la insigne y brava ciudad de Ecatepec, es un proyecto liderado por Luis Ramos y por Anaïs Blues (Tuxtla Gutiérrez), escritora chiapaneca a quien hoy tenemos el gusto de entrevistar. Blues es escritora, editora, artesana y feminista, egresada de la Universidad Autónoma de Chiapas, y se decidió, en 2011, a fundar la editorial La Tinta del Silencio, junto con Ramos. Desde entonces ha apostado a publicar un catálogo heterodoxo e incierto, que da cuenta de lo mejor —en su perspectiva y apuesta—, de la literatura latinoamericana contemporánea.

  • Anaïs Blues, ¿eres rebelde?
  • En mi caso particular desde que decidí estudiar Literatura a pesar de lo que decían mis padres y pagar mis estudios con mis propios recursos creo que fue uno de mis primeros actos rebeldes de manera consciente y desde luego tener una editorial y hacer libros artesanales es un acto de rebeldía que me ha llevado diez años gestar.
  • Naciste editorialmente en aquella frontera ríspida que es Chiapas, justo cuando en el lado contrario, Guatemala, se vive un intenso movimiento editorial, ¿Por qué mudar tu proyecto a la centralista capital de México?
  • En el 2013 yo quería cambiar de rumbos y consolidar un equipo de trabajo para la editorial ¾en ese momento aún no conocía el movimiento editorial en Guatemala, ni tenía amigos ahí¾; en la Ciudad de México ya había tenido la oportunidad de vivir unos años antes por un intercambio en la UNAM cuando estudié un posgrado y tenía amigos que podían ayudarme, por eso decidí irme a la Ciudad de México.
  • ¿Qué significa para ti una editorial independiente y artesanal?
  • Independiente porque busca publicar géneros poco difundidos y autores que vale la pena apostar por ellos, quienes tienen una obra que no sigue modas si no que están haciendo una propuesta a la literatura hispanoamericana.  Una editorial es artesanal porque tiene acabados especiales como la serigrafía, el bajo relieve o la encuadernación hecho a mano. Un proyecto así es todo un reto pero es algo que nos da mucha satisfacción.
  • ¿Porqué además de independiente, artesanal?
  • La tinta del silencio es una editorial independiente porque busca apostar por publicar autores contemporáneos de géneros que aún son desdeñados como el cuento, la poesía y la minificción. Nos definimos como una editorial artesanal ya que nuestros libros tienen un plus en sus acabados (serigrafía, encuadernación hecho a mano, en algunos hay bajo relieve), tenemos colecciones completas con portadas impresas en serigrafía (La nave insólita, por ejemplo) y todos nuestros libros son encuadernados de manera artesanal. Estos acabados especiales hacen que nuestros libros se eleven a la categoría de libro-objeto, buscamos que los lectores aprecien nuestros libros como objetos bellos en consonancia con sus formatos y sus contenidos.
  • ¿Qué dificultades y riesgos presenta ser una editorial independiente y artesanal en Latinoamérica?
  • Es muy complejo tener una empresa cultural como en este caso una editorial ya que vivimos en un gobierno con malas políticas culturales que no toman en cuenta a los proyectos independientes y el poco recurso que existe para publicar solo se reparte en pocas manos. Los riesgos son enormes, la venta de libros especialmente en México es muy difícil y tienes que buscar alternativas para crear nuevos lectores. Además de ser editores, tenemos que ser promotores de lectura, vendedores, publicistas y un sinfín de cosas más para lograr atraer un público que se interese por leer algo diferente.
  • ¿Ha afectado sustancialmente a la Tinta del Silencio la pandemia, en tanto que ha volcado el mundo editorial a la virtualidad?
  • Nos ha afectado mucho porque no hemos podido tener eventos presenciales, en especial las ferias de libros que ayudan mucho a que los libros encuentren a sus lectores ideales, sin embargo, hemos tenido que aprender a la marcha a generar eventos y presentaciones que nos acerquen al público en redes sociales. El mundo virtual tiene sus ventajas a la hora de hacer presentaciones o promocionar el libro, en una presentación virtual puedes tener cientos de espectadores pero eso no se traduce en ventas. En una presentación normal llegan veinte personas pero todas compran por lo menos un libro. Por otra parte toda la cadena del libro se vio afectada (edición, producción, distribución y venta) y eso significó para nosotros detener la producción de varios títulos, empezar a hacer ediciones digitales de nuestro catálogo y buscar hacer ventas desde nuestro sitio web y otras plataformas.
  • ¿Qué papel juega el libro artesanal ante esta digitalización del mercado editorial?
  • Los libros artesanales siempre tendrán un papel importante, aunque existan libros digitales también los libros artesanales serán apreciados, el tener la posibilidad de tocar una portada, la sensación de hojear con los dedos un libro no podrá ser sustituido.
  • ¿Se pueden hacer libros artesanales virtuales?
  • Sí, hay posibilidades que nosotros estamos buscando para integrar un libro artesanal y la realidad aumentada, por ejemplo el libro Trilogía Cthulhu de Miguel Lupián contiene ilustraciones que pueden ser apreciadas con animación y estamos tratando de ir incorporando nuevas posibilidades de lectura en nuestros libros artesanales.
  • ¿Qué es para ti el libro, Anaïs?
  • Es un mapa de deseos.
  • Has apostado a la minificción como una de tus líneas editoriales ¿porqué y cuál crees que es su densidad en la literatura contemporánea latinoamericana?
  • Apostamos a la minificción porque consideramos que es un género que ha sido poco explorado, cuando lanzamos la colección Gato Azul lo hicimos porque queríamos difundir más este género que nos encanta, actualmente en Latinoamérica ya empieza a ser tomado en cuenta y cada año se hacen más publicaciones, es un género que está creciendo mucho.
  • Como si no resultara difícil abrir mercado en Latinoamérica, te has aventurado a explorar el mercado árabe con los 69 Haikus de Angélica Santa Olaya, platícanos acerca de este proyecto editorial.
  • 69 Haikus es parte de nuestra colección mayor de Poesía: Peces del viento, en este caso tuvimos la oportunidad de que la escritora Angélica Santa Olaya nos tuviera la confianza de ofrecernos este libro traducido al árabe, que estuvimos encantados de editar para su primera edición en México. El haikú es un género precioso que todo amante de la poesía debería tener y consideramos que 69 Haikus es un gran libro que será un gran referente en la literatura mexicana.
  • ¿Es cierto que los escritores editan mejor?
  • No lo sé, pero creo que para editar con calidad hay que pensar siempre en los lectores.
  • Has apostado por editar a escritores de distintas latitudes de Latinoamérica, por eso me atrevo a preguntarte, ¿cuál es tu perspectiva de la literatura hispanoamericana contemporánea?
  • La literatura hispanoamericana contemporánea es increíble, hay autores maravillosos que están publicando actualmente en toda clase de géneros, pero siempre nos falla la difusión para conocer a los que valen la pena.
  • ¿Por qué se ha perdido el diálogo literario latinoamericano intercontinental y cuáles crees que sean las consecuencias de este ostracismo?
  • En parte se ha perdido porque aunque tenemos el internet estamos cada vez más solos porque hay más distracciones que no nos permiten el diálogo personal, ni fomentan la crítica; una de las consecuencias es que pareciera que hay un boom de publicaciones valiosas pero en realidad muchas de ellas no se consolidan porque han sido hechas al vapor y no aportan nada.
  • Anaïs ¿por qué el Blues?
  • Blues es una palabra que me encanta por su significado doble: remite a un estado de ánimo (la melancolía o tristeza) y a un género musical nacido en Estados Unidos que me apasiona.
  • ¿A qué autoras y autores le apuesta La Tinta del Silencio?
  • Apostamos por autoras y autores contemporáneos que destaquen por su originalidad en los géneros de cuento, poesía y minificción.
  • ¿Qué sientes al elaborar un libro?
  • Mucha alegría, es como parir un nuevo hijo.
  • ¿Qué peso tiene tu binomio Luis Ramos en esta empresa?
  • Luis Ramos es un gran editor que ha permitido que la editorial crezca más por su conocimiento que tiene de libros antiguos y de colección; además Luis se encarga de hacer portadas en algunas colecciones (por ejemplo él hizo la portada de Cuéntame un blues, la primera antología de nuestra colección Gato Azul), así como investigar formatos y concretar colecciones. A partir de su ingreso a la editorial en el 2013 empezamos a crear colecciones y a consolidar un catálogo de autores internacionales.
  • ¿Qué tanta tradición y compromiso tiene Latinoamérica en la hechura de libros artesanales?
  • En Latinoamérica hay una larga tradición en la elaboración de los libros artesanales por parte de editoriales independientes, en especial las editoriales cartoneras que son un ejemplo al usar materiales reciclados para la elaboración de portadas, creando libros únicos. 
  • ¿Cuál es la incidencia positiva y negativa del feminismo en la literatura latinoamericana contemporánea?
  • El feminismo tiene un papel importante en la crítica literaria al incidir en la literatura contemporánea porque ha influido en recuperar a escritoras latinoamericanas que por prejuicios de género se habían omitido de la historia de la literatura latinoamericana, lo cual ha permitido una nueva cartografía de la literatura.
  • ¿Cómo es que, además de editora, eres poeta?
  • Aunque no es obligatorio que los editores se dediquen a la escritura, muchos de mis colegas tienen esta faceta de la creación literaria. A mi me encanta escribir no solo poesía sino también cuento y ensayo, pero actualmente no escribo tanto como quisiera porque la edición es muy demandante.
  • ¿Se puede ser artesanal y comercial al mismo tiempo?
  • Sí, todo radica en el valor comercial que le demos a lo hecho a mano. Si bien la producción es limitada y los procesos requieren más tiempo, también hay un cuidado mayor en cuanto a la calidad y al trabajo, a diferencia de los procesos industriales. Creo que muchos lectores valoran eso en las ediciones que hacemos, por que son libros diferentes que desde que los tienes en las manos sientes la textura del papel, ves el color y los detalles de la serigrafía, y aunque a primera vista no se note que son artesanales hay algo que los distingue. Además son libros únicos, no hay dos ejemplares iguales así que a la larga tendrán un valor de colección también.
  • Defínenos y descríbenos a la editorial La Tinta del Silencio.
  • Es una editorial que apuesta por autores contemporáneos que serán referente de la literatura hispanoamericana y que piensa en la hechura del libro como un objeto bello.
  • Por último, Anaïs, ¿Cuáles son los signos, invisibles y secretos, los significados desdoblados, de eso que llamas la tinta del silencio?
  • Vemos el silencio como una fuerza creadora, aquello que no se ve, lo que no se nombra suele dotar de significado a todo lo demás. Detrás de La tinta del silencio hay muchos sacrificios, mucho esfuerzo, creatividad y meditación al momento de concebir un libro.
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CÉSAR YUMÁN | OTRO DINOSAURIO QUE DESPIERTA

Una interesante generación de jóvenes escritores se está gestando en Guatemala. Lo sabemos porque, asimismo, se puede palpar un inusitado movimiento de editoriales independientes que buscan dar voz a dicha camada. Sión, Catafixia, Editorial X, Chuleta de Cerdo, F & G Editores, Cholsamaj, Alambiqve o Quimera, son algunos de estos sellos que han apostado por la nueva narrativa guatemalteca. Varios nombres destacan en la vorágine de títulos y propuestas, uno de ello, es el del narrador César Francisco Yumán (Guatemala, 1988), novelista, cuentista, y seguidor de los pasos del gran Augusto Monterroso en el arte de la minificción. Precisamente, con una minificción, es que César hace virar los reflectores hacia su obra, cuando en el año 2013 consigue el primer lugar en el Certamen Latinoamericano de Editorial Paroxismo en Estado Unidos. Con el premio en la bolsa, consigue abrirse espacios en las editoriales que comienzan a publicar sus cuentos y novelas. Es la voz de Yumán algo oscura, pero algo luminosa, con tintes de terror que desembocan en la ironía; una voz que refleja la maestría del obcecado, en contraste con la frescura del escritor joven; no obstante, algo que no se puede negar en sus textos, es la obsesión por la regeneración estilística y temática en cada libro. César alterna su trabajo de escritura con el de la edición, además de impartir cátedras literarias en la Universidad del Valle de Guatemala. Ha publicado los libros ∞ (Infinito) ( Editorial X, 2015), Roboniño (Santillana, 2015), La ciudad de los peces (Alfaguara, 2015), D4rkn355 (Editorial X, 2017), Me dicen Zombiie (Patológica Editores, 2018), Playlist (Editorial X, 2018) y Antología menor, (Editorial Los Sin Pisto, El Salvador, 2019); también la antología de microrrelatos Retóri-k, Introducción a tropos y figuras o schemas de Latinoamerica, (Editorial Paroxismo, EE.UU., 2015). Su obra se ha difundido en Guatemala, Argentina, España y Estados Unidos.

  • César, parece que cosas grandes te han traído las minificciones, un género, además, ligado eternamente a Guatemala, ¿no es así?
  • Claro, la narrativa breve y súper breve tiene un legado muy amplio en Guatemala, así como en Latinoamericana. Localmente, todos conocemos la genialidad de la obra de Augusto Monterroso, la cual, después de la lectura de varias generaciones, sigue vigente. Por supuesto, existen otros autores que, aunque sus principales textos no son microrrelatos, han escrito algunos bastante significativos. Entre estos mencionaría a Aida Toledo, Julio Calvo, Ronald Flores y Carlos Paniagua. A su vez, aunque me inicié en la novela, le tengo un cariño especial a los microrrelatos, no solo por abrirme puertas, sino por las historias extensas que hay detrás de cada uno.
  • Has tenido la oportunidad de trabajar como editor, por ello tu punto de vista es por demás pertinente, ¿cómo vives el movimiento de editoriales independientes en Guatemala?
  • Creo que lo vivo un texto a la vez, una obra a la vez. Es interesante ver cómo surgen constantemente proyectos editoriales con propuestas intrigantes y con mucho potencial, pero cuáles sobrevivirán al tiempo, no podemos saberlo todavía.
  • Esta pregunta ya alguna vez se la hicimos al poeta chiapaneco René Morales, pues hemos atestiguado, en festivales y encuentros, la relación de hermandad que guardan los escritores en ambos lados de la frontera, ¿cuál es tu perspectiva de este fenómeno entre escritores guatemaltecos y sus pares del sureste mexicano?
  • El año pasado participé en la presentación del Libro centroamericano de los muertos, del poeta chiapaneco, Balam Rodrigo, y en ese evento, él dijo algo que considero vital para responder a tu pregunta: él afirmó que se considera el primer centroamericano en obtener el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes. Eso me hace pensar que la relación entre escritores, que tú mencionas, surge de una autoidentificación con esta región; pues aquí, todos nos convertimos en el puente del Triángulo Norte de la Muerte.
  • ¿Qué significa en la actualidad ser escritor en Guatemala?
  • Creo que esta pregunta alguien que no sea yo la contestaría con mucha solemnidad o  pesimismo o ironía… incluso rabia. Pero para mí, ser escritor en la Guatemala contemporánea es lo que ha sido también para mis antecesores, un reto.
  • ¿Qué opinión tienes de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • La literatura latinoamericana es para mí parte fundamental del registro del pensamiento del continente y podría extenderme mucho en esta respuesta, pero me limitaré a algo que llama mucho mi atención.  Me encanta la idea que se está manejando actualmente, en algunos medios, sobre que el nuevo boom es de escritoras, donde se  puede destacar a algunas como Samantha Schweblin, María Fernanda Ampuero,  Mariana Enríquez o Valeria Luiselli. A su vez,  también me gustaría que se les diera más proyección a autoras como Diamela Eltit o Eugenia Gallardo que continúan escribiendo y son anteriores a esta generación.
  • ¿Guarda un signo apocalíptico tu obra?
  • Algunas veces me han preguntado eso. Al inicio tú mencionaste que mi literatura tiene algo de oscuro y quizás esas atmósferas son las que causan dicha percepción; pero en este momento, lo único que podría decir al respecto es que me gusta pensar que mi literatura es una ruta hacia el fin… un fin irreconocible e innombrable, al menos eso intento proponer desde mi primer libro publicado,  ¥ (Infinito).
  • Impartes la cátedra de Literatura Indígena de América, ¿cuál es tu panorama de las literaturas indígenas contemporáneas en Guatemala y Latinoamérica?
  • Soy un admirador de la literatura indígena; por ejemplo, me fascina la poesía de autores mapuches, en especial algunos como Leonel Lienlaf,  que también es músico, y Febe Manquepillán, que a su vez es artesana. Asimismo, en Guatemala, existen muchos escritores que tiene una producción a la que hay que prestar atención como Rosa Chávez y Sabino Esteban. Sin embargo, en el tercer mundo hay un problema general con la literatura: la difusión. A esto hay que sumar, en el caso de la literatura indígena, la discriminación étnica que las poblaciones originarias viven a lo largo del continente; estamos en 2020 y las personas siguen excluyendo y explotando a otras por su etnia como una práctica común, lo cual es algo lamentable y trágico.
  • ¿Algo de maya, garífuna, xinca o nahua hay en tu literatura?
  • Tú que ya has leído algunos de mis libros habrás notado que mis textos, tanto a nivel micro como macro, se construyen a través de símbolos y sí, en prácticamente todos mis libros hay símbolos pertenecientes a las culturas precolombinas e incluso a la población afrodescendiente. Ahora mismo, recuerdo que hay varios elementos presentes en Me dicen Zombiie; asimismo, hay algunos cuentos incluidos en D4rkn355 que utilizan símbolos mayas; también está el cuento sobre el vudú en Haití.
  • ¿La violencia ha determinado las literaturas contemporáneas de Centroamérica?
  • Por una parte es lamentable que la violencia sea uno de los discursos principales de la literatura centroamericana, y no hablo solo de ahora, sino desde las crónicas de la invasión peninsular al istmo, pasando por los conflictos armados y las olas criminales actuales que desinhiben el desarrollo sociopolítico y económico de los países del istmo. Sin embargo, la literatura cumple con su función de registro, de espejo, y así se puede denunciar y analizar de forma crítica la evolución de las sociedades en este lugar del destierro.
  • ¿Existe un diálogo verdadero entre los escritores centroamericanos que incida en su labor cultural diaria y en su escritura?
  • Desde el punto del individuo,  aunque lo desearan sería imposible separar la verdadera literatura de la vida diaria del escritor. Porque un autor percibe y analiza su mundo, luego produce creando un diálogo propio. Sobre esto, me gusta referirme a Eliot, porque él afirmó que “La mente del poeta es, en el hecho, un receptáculo para reunir y acopiar innumerables sentimientos, frases, imágenes que permanecen allí, hasta que logran combinarse todas las partículas indispensables para constituir una nueva aleación”. En cuanto si existe un diálogo entre escritores centroamericanos que incida en sus labores culturales y su escritura no podría afirmarlo, pues al final, la escritura también es un acto solitario.
  • ¿Qué representó para ti ganar el certamen de Paroxismo?
  • Fue, como bien decías al inicio, conseguir que algunos reflectores se volcaran hacia mis textos. De hecho, me gustó mucho que fuera en el extranjero, pues localmente varias puertas se habían cerrado. Es difícil publicar algo en una editorial cuando nadie te conoce y eso no depende de la calidad de tu obra, sino de que los espacios ya están comprometidos a veces por el compadrazgo u otros intereses personales. Por otra parte, siempre voy a recordar ese certamen con nostalgia, pero como todo, lo que uno quiere también desaparece, y ese un certamen ya no existe… sólo queda su fotografía.
  • ¿Es la minificción un género en ascenso o comienza a desgastarse?
  • No creo que se desgaste, lo que sucede es que la gente en general cree que escribir es fácil, que es una tarea sencilla y cualquiera con internet se siente poeta, narrador. Definitivamente, no es un género tan nuevo como la gente piensa, podemos encontrar microrrelatos en obras medievales. Pero su auge en Latinoamérica estuvo con su explosión en México; principalmente allá, en los años sesenta y setenta, con la aparición de autores que exploraron el género y lo hicieron suyo. Asimismo, hay demasiadas personas que subestiman su naturaleza elíptica y crean composiciones que no son microrrelatos y todo lo justifican afirmando que son híbridos entre poesía y narrativa, aunque no lo sean ni de lejos. Cabe señalar que si alguien escribe por moda, seguramente dejará los microrrelatos y pasará a algo más, pero creo que un escritor se compromete con su obra. Además, existe mucha ignorancia en cuanto a la literatura en general, la literatura es un proceso extenso que puede llevarse tu vida; la finalidad de la literatura no es recibir likes en redes sociales.
  • ¿Es necesario publicar en España o Estado Unidos para ser reconocido en Latinoamérica?
  • Eso depende de varias circunstancias. Sin embargo, un factor decisivo es que gran parte de la población de este continente es sumamente xenocentrista y si algo se publica fuera recibirá inmediatamente más atención, aunque esto no tenga que ver de forma directa con la calidad de su obra. Además de esto, es una certeza que las editoriales en dichos países tienen mucha más difusión, por lo cuál es más probable que un escritor empiece a ser reconocido.
  • Lauro Zavala ha sugerido que El Dinosaurio de Monterroso podría tratarse de una novela y no de una minificción. Tú, que incursionas en ambos géneros, ¿qué opinas al respecto?
  • Creo que esa es una broma literaria, como la vida, como las que haría Tito. Porque literalmente el texto es un microrrelato. Pero la historia que está detrás es tan extensa que podría convertirse en una novela… personalmente me quedo con que cada quien puede hacer sus conjeturas, incluso en contra del autor.
  • ¿Qué opinión te merecen las revistas literarias guatemaltecas, como ésta, El Camaleón?
  • Todos los espacios son valiosos y soy alguien de mente abierta en muchos sentidos; me gusta dar oportunidades de lectura. Pero algunas revistas pierden credibilidad cuando ponen sus amistades antes de la literatura, cuando idealizan a autores que no tienen propuestas interesantes ni temas geniales. Supongo que lo más importante, y también complicado, en una revista, es ser consecuentes y congruentes para contribuir al desarrollo cultural de la región.
  • ¿Cómo va el devenir teológico de los semidioses intelectuales de Guatemala?
  • Igual que siempre. Creo que el intelectual no sólo en Guatemala, sino en todas partes, se sobrevalora a sí mismo, especialmente cuando nada hace. También es común que muchos se consideren intelectuales cuando no lo son. Pero las redes sociales aguantan con todo eso y más.
  • Por último, César, ¿eres un signo?
  • Basaré mi respuesta en el Joker de Heath Leadger: “depende de qué hora sea. Porque dependiendo de la hora podría ser uno o varios”. Los humanos no somos seres planos, no podríamos ser un solo signo, aunque a veces uno nos marque por siempre. Gracias por la invitación, Juan de Dios, un gusto conversar contigo. Hasta pronto.
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Arte y cultura

Amor a sus raíces / Juan Bautista Navichoc Pop

Amor a sus raíces, paciencia, detalles, alegría, colorido, naturaleza, ancestros… son palabras que se vienen a mi mente cuando veo una obra de Juan Bautista Navichoc Pop, pintor y escultor originario de San Juan La Laguna, Sololá, nació en julio de 1988. Heredó la sensibilidad artística de su abuelo paterno, Aniceto Rocché, quien era músico y tuvo un conjunto de marimba, de su abuelo materno, Nicolás Pop, las enseñanzas en el campo y el cultivo, quien en diciembre cumple 98 años de vida.

Estudió para Bachiller en Arte con Especialización en Dibujo y Perito en Arte con Especialización en Escultura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas “Rafael Rodríguez Padilla” (ENAP) (2006-2010), obtuvo una beca para estudiar en la Academia de Southwestern Academy en San Marino, California (2011-2012)

El artista y escultor Jorge Leonel Pérez Girón, destaca entre sus maestros; con sus enseñanzas, consejos y estética al trabajo artístico; ha creado inquietud en Juan Bautista para ser visionario, buscar nuevos horizontes, poder dejar una huella y trayectoria en el mundo del arte guatemalteco. Así también el maestro Luis Muñoz (QEPD) de la recordada Galería El Carmen en Antigua Guatemala, ha significado mucho en su trayectoria, al aconsejarlo y apoyarlo en sus inicios como artista.

La palabra “niñez” es muy importante para Juan Bautista, es la raíz de la inspiración en sus obras, realizadas con acuarela y tinta, cabe destacar que en la última serie trabajada predomina el uso de acrílicos con los que relata sus vivencias en el campo, en la cosecha de maíz, doblar las plantas y cortar las mazorcas, la relación con la madre naturaleza, la representación de juegos infantiles, añoranzas y sueños de niños Tz’utujiles, entre otros temas.

Ha participado en más de 35 exposiciones colectivas, eventos y galerías de arte, entre ellas: Funsilec, Subasta Club Rotarios, Mano Amiga, Momentos Patronato de Santo Domingo, Patronato de Junkabal, Fundación Rozas-Botrán, Fundación Margarita Tejada, Exposición Colectiva Noche de Arte en la Casa del Embajador de los EEUU; Centro Cultural Científico de Investigación en San Pedro La Laguna, Sololá; Exposición Colectiva Pueblos Encontrados en Antigua Guatemala, Galería El Túnel, Galería El Attico, Casa del Embajador de EEUU Todd Robbinson, I Certamen en vivo del Vigésimo Aniversario de la Caída del Muro de Berlín (Guatemala), Naturart en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP), Talla en Vivo en el Festival del Centro Histórico de Guatemala, Esculturas de la ENAP en Hotel Tikal Futura.

Su obra ha sido presentada individualmente en Galería El Carmen en Antigua Guatemala, con su serie “Sobreviviente del Lago” (2016), Samajib’al Achib’al en el Centro de Arte y Cultura Tz’utujil en San Pedro La Laguna, Sololá (2014)

En los años 2007 y 2008 fue asistente del escultor Sebastián Barrientos, durante este tiempo apoyó al maestro con la elaboración de una de sus obras que ocupó el premio de “Fundición en Bronce” para el festival “Arte en Mayo 2008”, etapa de aprendizaje donde empezó a relacionarse y conocer a otros artistas de trayectoria, fue fundamental y de gran emoción este proceso, involucrarse en el mundo artístico y experimentar como se siente ser artista, así también trazarse la meta de algún día estar como finalista en eventos de arte y lo logra en  2019, al recibir mención honorífica y en este 2020, con su obra B’anooj Jach’ (Tapiscando #2), de la serie Guate-Malaax”, recibió el premio único del festival “Arte en Mayo” organizado por la Fundación Rozas-Botrán, que lo compromete a seguir evolucionando en su trabajo artístico, para seguir  buscando nuevos horizontes y llevar el nombre de Guatemala en lo alto, así mismo, este año fue seleccionado para participar en el evento “Arte en las Calles” organizado por la misma fundación. Entre otros logros obtenidos está ser artista seleccionado por el Patronato de Junkabal para participar en la Exposición Colectiva con la intervención “El Chapinismo” (2019); primeros, segundos y terceros lugares; menciones honoríficas en concursos de pintura y escultura, realizados en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP).

Hoy Juan Bautista Navichoc Pop, hace una invitación a los jóvenes para que puedan seguir trabajando y participando en actividades como lo son certámenes y exposiciones colectivas, ya que es parte de darse a conocer en el mundo artístico en Guatemala.

Escucharlo contar sus anécdotas, proyectos y planes, me hace saber que es un joven entusiasta, perseverante, que disfruta realizar sus obras, que tiene amor a su familia, respeto a la vida, a la naturaleza y sobre todo que comparte sus enseñanzas a otros para que puedan participar en el arte, quiero darle las gracias por su tiempo y paciencia al darme a conocer parte de su vida, felicidades Juan Bautista, mi admiración, cariño y respeto hacia ti.

Por Jacqueline Paredes