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Aliba Ayam Soid ed Nauj I La Serpiente y el Manzano

En 1980, incluido en su Música para camaleones, Truman Capote nos regaló un singular texto al que intituló “Vueltas nocturnas o experiencias sexuales de dos gemelos siameses”, ni más ni menos que su entrevista cumbre (por así decirlo), pues Truman dialogaba con Capote. No sé porqué lo menciono, quizá sólo por conjurar los espejos de los que está repleto el mundo. Y porque algo de mí mismo reconozco, aunque no del todo, en el escritor egipcio Aliba Ayam Soid ed Nauj (Zabbaleen, ¿?), a quien me une un entrañable lazo por haberme permitido traducir al castellano su más reciente obra. Perteneciente a la comunidad copta, Aliba Ayam es hijo de padre egipcio y madre mexicana, razón por la cual, reside en nuestro país desde hace un par de años y ha decidido publicar aquí su novela, La Serpiente y el Manzano, de reciente aparición en la editorial mexicana Paserios. No obstante, sus primeras publicaciones las hizo en su país, en diversas revistas literarias, pero sobre todo en el periódico Al-Ahram de El Cairo, donde por más de una década cubrió los principales hallazgos arqueológicos, que como sabemos, son profusos en Egipto. En sus correrías, se hizo muy cercano al afamado arqueólogo Zahi Hawass, quien le permitió acceder a diversos textos antiguos, entre  los que se hallaba un texto nahaseno llamado el Evangelio del amor que le sirvió de base para facturar el libro que hoy publica en México. Aliba Ayam vivió una temporada entre los tuareg, de quien aprendió lo que sabe de la poesía, y se dice ser el producto de la imaginación de otro loco y así ha recorrido, afirma él, los caminos imaginarios que a ese loco se le han estado vedados. Sus cuentos se han traducido al esloveno, al francés, al inglés y al español. Recientemente participó en la Antología de Microrrelatos Esotéricos publicada por la editorial colombiana Avatares. 

  • Estimado Aliba, ¿a qué le tiene miedo?
  • A sapos verdaderos en jardines imaginarios.
  • Pensaría, por la lectura de su obra, que al amor…
  • …por eso, a sapos verdaderos en jardines imaginarios.
  • Sin embargo, ¿por qué habríamos de temer al amor?
  • Porque es un demonio feral que no merecería nuestra atención, ni nuestros cantos, pero ya ves que yo mismo he dicho: aquí va uno más. El fin más común del amor es el dolor y el fracaso. Todos mis fracasos en el amor los tengo merecidos por no haber sido un buen hombre, aunque tenía la plena conciencia de que debía serlo. Hay veces en que la inconsciencia o la ignorancia nos exculpan en parte de nuestros hechos terribles. Yo ni siquiera lo hice amparado bajo estas dos circunstancias. He sido un ladrón y he sido robado. Todo mi dolor es justo pero de todos modos duele y a pesar de mi culpabilidad, quisiera que el dolor cesara. El mundo no es lo bastante grande para huir.
  • ¿Ha sido cruel?
  • Sin duda. La crueldad me domina. Además, he pretendido ser muy rencoroso y he querido nunca olvidar una ofensa grave. Ante la mujer que amé he fracasado. Siempre se me dijo que no perdonara la traición ni siquiera en el lecho de muerte, menos aún después de muerto. Pero no he conseguido ser un hombre de palabra. Mi amante sí. Me ha olvidado. Pero ella no es cruel.
  •  ¿Es usted sincero?
  • Por supuesto que sí. Soy una persona sumamente sincera para expresar mis sentimientos y opiniones, así como para conducirme conforme a éstos, por eso sé mentir con cierta maestría. Soy escritor. Nunca nadie debería enamorarse de un escritor. Todos los escritores somos mentirosos. Y porque te digo la verdad es que esto mismo es una gran mentira. Debes creerme. Un buen lector lo sabría. Desde hace tiempo aspiro a construir una vida cuya lógica se sustente en la mentira.
  • ¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
  • Venganza
  • ¿Y la más peligrosa?
  • Vida.
  • ¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
  • Claro que sí, pero me conformé con amarla hasta la eternidad y no se me ocurre un mejor castigo.
  • ¿Cuáles son sus vicios principales?
  • El placer… la madre de todos los vicios. En el placer se concentra el peligroso éxtasis de Ícaro volando siempre más alto pese a las advertencias de su padre. Pero el momento culminante es tan extraordinario en su goce que se abandona a las llamas del sol, a pesar de llevar sus alas unidas con cera. El placer es acaso el vicio fulminante al que nos entregamos como las bestias hedonistas que somos desde el inicio de los tiempos. Por supuesto, sus formas son infinitas, pero sus fines, como ya lo he señalado, son, sin lugar a dudas, el sufrimiento, tanto aquel que infringimos como el que nos infringen. Puesto que el placer es abandono, quedamos expuestos y a merced de personas (o de hedonistas) más crueles que nosotros mismos. El placer nos llena de soberbia, puesto que alimenta la parte más egoísta de nuestro ser, por ello nos es indiferente, en medio del gozo, romper a nuestros semejantes. Quizá por ello dios parece no perdonar a los devotos de la sensualidad, de los placeres y del pecado. Pero por ello mismo dios ha de comparecer por el placer que siente al rompernos.
  • Háblenos de La Serpiente y el Manzano.
  • La Serpiente y el Manzano nació siendo un profundo libro de amor. Hoy, por lo menos para mí, es una tumba. Hubiese querido nunca escribirlo. He comprendido el dolor de Apolo en la persecución que hace de Daphne. La más hermosa, la más inteligente entre las mujeres. Pero Apolo, incluso cuando es un dios, o más bien, sobre todo porque es un dios, el dios solar, se frustra porque no puede alcanzarla. Por más que corra tras de esa carne que anhela, el espíritu femenino le será inasible, en cuanto que ella le odia, en cuanto que ella lo repulsa. Y Apolo se duele, pues comprende que si no se hubiese conducido como un dios, y se hubiera en cambio comportado como un hombre, Daphne quizá no habría huido. ¿Y qué sucede al final? El padre fantasma de Daphne la salva, la arrebata del dios y le convierte en esa fronda divina llamada Laurel. Y debajo de esa fronda, Apolo recuerda el origen de su desventura: quiso ponerse a jugar con el amor y Eros lo ha herido irremediablemente.
  • ¿Es por ello La Serpiente y el Manzano un canto erótico?
  • Al contrario, es, al final, un canto de libertad. O más bien, del deseo de libertad como una esperanza ante el yugo del amor, o de cualquier amo cruel de similar talante. Quien escribió este libro —quizá un sublimación mía, un alter ego—, es una serpiente venenosa y de lengua bífida. La serpiente que pretende dominar en el manzano celestial. Si imaginásemos cómo sería la comunicación con una lengua bífida, tendríamos un lenguaje que no marcara nunca una sola dirección de sentido, sino que lo aparentemente contrapuesto aparecería siempre en una tensa armonía. El Deseo y la Razón; el apetito corporal y la intuición mística; el Paraíso y el Infierno; el Bien y el Mal, conceptos y pulsiones que encarnaban antes antinomias fundamentales, serían, como en la música o en la danza, acaso contrapuntos para sostener una variación de ritmos y movimientos. Serían, después de todo, los elementos básicos del deleite y el éxtasis, del sufrimiento y la dicha. Quizá ese lenguaje bífido no es una posibilidad, sino el recuerdo nostálgico de un origen borrado o trizado en fragmentos apenas legibles. En esta obra, he querido ser el restaurador de esa arcaica lengua, cuya expresión de las pasiones humanas parece estar a medio camino entre el dominio animal y el divino. Porque en todo caso, qué otra cosa es el lenguaje si no una especie de esfinge o minotauro, un ser híbrido, el resultado de una permanente comunión entre cuerpos e imaginarios deseantes.
  • ¿Ha resultado fundamental su estancia con los tuareg en la concepción de La Serpiente y el Manzano?
  • Yo pienso que sí. En cuanto ellos son, como algunos pueblos más, los salvajes guardianes de la memoria poética del mundo antiguo y el mundo antiguo determina aún hoy en día a las geografías de mi tierra natal. Y determina, en esencia, a La Serpiente y el Manzano. El llamado medio oriente aún vive el eco pútrido de Babilonia y del gran Kemet, de Persia y Jerusalén, de ptolomeos y seleucidas, de Cleopatra y de Jesús, en fin, que hay una detención del tiempo y el espacio. Y eso le hace un sitio atrayente y aberrante a la vez. Un sitio que devora momias cual si se tratase de salmos. Con los tuareg hallé los restos de Salomón, tanto como de Rumi o Ibn Arabi. Pero incluso algo más primitivo, el dulce canto de los leones. Y fue entonces que me enamoré de una leona y nos hicimos trizas, porque ¿de qué otra manera podrían amar los leones sino es desgarrándose en cada caricia? Y a favor de ella debo decir que, en cuanto nos encontramos en el desierto, me advirtió que el dolor sería el único final para nuestro amorío y al no hacerle caso, acabé molido entre sus garras cuando pretendió hacerme el amor. Dicen los tuareg que quien fallece de un inmenso amor se merece un inmenso olvido. A mí me parece que el olvido es una inmensa soledad y el principio de la locura. Uno de los más grandes príncipes tuareg, Mussag ag-Amastán, quien murió de amor incestuoso por su prima, la más bella entre las bellas, Dassina ult-Yemma, dijo antes de sucumbir: a aquel que se pone la cuerda al cuello, Dios le dará a alguien que tire de ella”. Y voy a terminar como Omar Khayyam, quien según cantos egiptanos del Camarón de la Isla, alcanzó a decir a su bella amada (causa de guerras y suicidios), antes de desfallecer en el dolor profundo: “eres el triste palacio donde cien príncipes soñaron con la gloria, donde cien príncipes soñaron con el amor y terminaron llorando”. Por cierto, dice la tradición que Khayyam, al concluir este canto, se cortó la lengua y la enterró en las raíces de un laurel. Otra vez Apolo traicionado.
  • ¿Por qué venir a México y publicar aquí esta obra que tienen tanto que ver con su Egipto natal?
  •  Mi madre es mexicana. Ese ya es una razón de peso. Pero lo más seguro es que en Egipto no hubiera sido fácil publicar este libro. Además, allá el ambiente literario está muy enrarecido. No basta con ser escritor, sino que debe un incursionar como relacionista público, caballero de banquetes, salamero profesional, cortesano, político, además de que se tiene que ostentar un trabajo en alguna dependencia de gobierno o bien en algún periódico, o revista o colectivo cultural o, de menos, en una editorial o tener un propia, siquiera. Si uno no está relacionado en Egipto, es como si uno estuviera muerto. Se pueden ganar premios, publicar, realizar un trabajo cultural, pero si no se está relacionado de nada sirve. Además, no es fácil que se acepte, en ese mundo hermético, en esa casi secta de escritores, a alguien que venga con una voz experimental, o tratar asunto ajenos a los temas que más gustan en los círculos culturales: la violencia, la guerra, la emancipación de la mujer, o, en caso contrario, lo más folclorista de nuestra cultura, porque todos estos temas le encantan a nuestros amos europeos, y al final ellos son quienes deciden qué y cómo se publica, en tanto que son los dueños hegemónicos del mercado editorial y en cuanto se tiene como una regla de mi país que si no se triunfa en Francia, Alemania, Italia o Inglaterra, no somos nada. Por eso muchos colegas renuncian a ser egipcios y optan por el exilio. Les prometen vidas más placenteras. En Egipto, para escritores como yo, sólo queda buscar a editoriales independientes, que funcionan casi como guerrilleras culturales, y que para nuestra desgracia poca presencia, o casi nula, tienen en el mercado, así que uno debe elegir entre dejar su obra en la tumba de un archivo de Word en la computadora, o en la tumba de un libro del que pocos se enterarán de su existencia. Ya dependerá del gusto fúnebre de cada quien. Por eso vine a México, buscando, entre otras cosas, la diferencia. Hoy estoy arrepentido.
  • ¿No hay entonces esperanzas?
  • Bueno, nunca se debería sucumbir antes las esperanzas, pero las esperanzas son quizá el asidero de la razón para no volverse locura. Si no tuviéramos fe en que algo mejor nos espera, sucumbiríamos ante el terror del instante. He dicho que las editoriales independientes son como guerrilleras. Creo, o más bien, tengo esperanza en ellas. Estoy convencido que lo mejor de la literatura mundial se está publicando en editoriales de este perfil. Aunque eso haga que sólo unos cuantos tengan accesos a ciertos libros. Otra vez, en el círculo del tiempo, la lectura se convierte en un asunto de sectas. Nunca ha sido la literatura, o el arte, un asunto de las masas. Desgraciadamente. Gracias a las editoriales independientes es que un escritor se puede abandonar a la exploración personal, al experimento de su prosa o su poesía, a propuestas que por aventuradas jamás hallarían lugar entre los miedosos mercachifles que dominan el mercado internacional. Una verdadera editorial independiente es rebelde en la medida que publica autores rebeldes. Hace unos años conocí en Alejandría al poeta mexicano Francisco Trejo y nos hicimos amigos. Admiro mucho su trabajo. El año pasado me invitó a formar parte de su más reciente proyecto editorial, Paserios ediciones, y le envíe La Serpiente y el Manzano convencido de que no podría tener mejor fin. Desde entonces he trabajado con Trejo y sus socios, los también poetas Odeth Osorio y Erik González, y la ilustradora Argelia Colorado, para dar a luz el libro. Baste abandonarnos a la suerte y esperar qué sucede…   
  • Por último, Aliba, ¿que sería entonces para usted el amor?
  • Te voy a responder con un texto tuyo, que alguna vez me diste a leer en tu libro Eztlán, y que como la mayoría de tus libros, se encuentra en una tumba entre tus archivos. El Dios Amor es un demonio inclemente, sordo, rojo, sangriento, hematófago, ciego, brutal, bestial, asesino, agrio, inclemente, lascivo castrado, saetario, silvestre, pánico, ebrio, deicida, destripador, voraz, uranio, pandemónico, pedestre, pederasta, adicto, obseso, poseso, violento, estuprador, mentiroso, mitómano, perro, mula, rencoroso, vengativo, memorioso, tentador, instigador, apóstata, pueril anciano, príapo enfermo, podrida vulva, ano omnipresente, enano (por eso está más cerca del infierno), esfera deforme, dios aborrecido por dioses, demonio aborrecido por demonios, despojo que aborrece despojos, miel que se pudre, ángel que repta, yaga, vergüenza, maloliente, enfermedad agónica sin muerte, al que por si fuera poco le excita la tortura y su lugar predilecto para practicarla son los sueños.        
La Serpiente y el Manzano (Paserios ediciones, 2021) de Aliba Ayam Soid ed Nauj, traducción del copto y prólogo de Juan de Dios Maya Avila. Se puede adquirir en:

https://www.gandhi.com.mx/la-serpiente-y-el-manzano

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Francisco Alejandro Méndez | Lo que es tan mío

Hace no poco que escuché a un prudente escritor guatemalteco decir que si los gringos leen a los gringos y los franceses a los franceses, bien harían los guatemaltecos en leer a los guatemaltecos, o por lo menos, no despreciar como lo hacen a sus autores consagrados. La premisa—se entiende—, va más allá de la patria chapina, y se puede aplicar al dedillo a la ceguera endémica que padece esta ingrata canaimera llamada Latinoamérica. Ingrata, no lo olviden: mayormente con sus glorias, y revuelta en taras y filias que le imponen los grandes emporios editoriales, la crítica, los académicosy los intelectuales (que por menos de treinta monedas aprenden a besar traicioneramente) y padeciendo la poca (a veces nula) educación artística que se imparte en nuestros países. Somos el continente del consumo inmoderado e irracional por excelencia. El patio de ensayo de las industrias, en este caso, culturales. A diario se nos venden figurines tiernos como autores glorificados, a diario las editoriales se inventan un personaje (generalmente joven) que en oscuros periplos entre premios, becas y jugosos contratos, un día va y recibe su consagración ante nuestros amos europeos y regresa cargado de medallitas de oropel y kilos a granel de reseñas y elogios de su “obra” y palmaditas de las autoridades culturales de su país y de los mercachifles de la edición que así verán prosperar sus inversiones. ¿Pero la obra en sí? Vacía, condescendiente, políticamente correcta, chistosa, panfletaria, ortodoxa (en sus supuestos juegos heterodoxos), temerosa de rupturas y exploraciones, plañidera, bobalicona y sobre todo rastrera, una literatura perfecta para ser vendible, caldo de “bestsellers”.  Y entonces uno se pregunta ¿dónde están las grandes plumas, los autores consagrados, los que cimbran lectores, los que queman los ojos? En la rebeldía, una buena parte de ellos. Por ¿fortuna?, cuando no somos tan borricos (tanto lectores, como críticos, pero sobre todo escritores), nos alcanza la conciencia para volvernos rebeldes. Nuestras geografías accidentadas han de guarecer y procrear perenemente el ánimo de la insurrección. Hoy como nunca, en las últimas décadas de nuestra historia literaria, la verdadera escritura la generan los rebeldes, tanto aquellos que se arrojan a una búsqueda personal estética y de credo, como aquellos que no doblan la cerviz ante los intereses empresariales de las grandes casas editoras y los aparatos culturales predominantes. Uno de ellos, de quien se ha señalado que es de las más importantes plumas de Centroamérica —pero que sin duda se cuenta hoy entre los escritores fundamentales de nuestras letras latinoamericanas actuales—, es aquel escritor guatemalteco que cité al principio: Francisco Alejandro Méndez Castañeda (Ciudad de Guatemala, 1964). Narrador, ensayista, crítico, periodista cultural, académico, de Francisco Alejandro Méndez podríamos llenar planas con sus atinos y logros, con sus decenas de libros (traducidos a varias lenguas) que se han vuelto fundamentales para entender la literatura contemporánea, con sus múltiples premios que incluyen el haber sido nombrado, en el año 2017, Premio Nacional de Literatura de Guatemala. Hoy conversamos con él, tomando de pretexto (por si faltara alguno) que hace apenas unos meses, en plena crisis pandémica, congruente, prudente, con olfato y colmillo retorcido, publicó su más reciente novela Si dios me quita la vida, no con las grandes casas que dominan el mercado, sino con un par de editoriales independientes, significadas ambas por su afán contestatario: la guatemalteca Editorial X, del también legendario Estuardo Prado, y la mexicana Ediciones Periféricas, de un joven pero arriesgado Nahum Torres.

  • Estimado Francisco, ¿de qué va Si Dios me quita la vida?
  • La novela abarca, digamos, dos temas, uno el de un desafortunado encuentro futbolístico entre Guatemala y Costa Rica, definitivo para ir al Mundial y que, antes del encuentro, ocurrió una tragedia en la que murieron más de 80 personas; y, la masacre contra una familia, ocurrida, en las cercanías del Centro Histórico. Los dos hechos, como toda violencia en Guatemala, se asemejan y tienen sus conexiones.
  • Sabemos que Si Dios me quita la vida es una coedición entre una editorial guatemalteca y una mexicana ¿cree que esta estrategia funcione para ayudar a las editoriales independientes a tener mayor presencia en el mercado y a tender puentes entre nuestros países latinoamericanos?
  • Definitivamente que sí. La fuerza de dos editoriales y las coediciones dan pauta para que exista un intercambio de autores, pues es difícil que exista, en la mayoría de las ocasiones, intercambios por otros lados. Las Ferias del Libro, muchas veces son carísimas para autores y editoriales independientes (ahora por Zoom es otra cosa), por eso, editar autores y hacer intercambios y de esa manera, acercar las obras.
  • ¿Qué piensa de la actual literatura latinoamericana y los escritores que la forjan?
  • Existen diferentes cánones que ofrecen autores de diferentes características y, a veces, con discursos comerciales o, evidentemente oportunistas por las temáticas que se manejan. Creo que hay autores de los cuales uno puedo sentirse orgulloso de haber nacido en estas tierras, pero, también, creo que existen muchos (as), que está sobrevalorados. Lamentable que en la actualidad, el canon de lo que deba leerse lo impongan muchas editoriales transnacionales y no la crítica o los lectores. Yo tengo especial gusto por los que ya murieron, pero en el género negro, puedo decir que entre los que están vivitos y coleando, me inclino por Leonardo Padura, Ramón Díaz Eterovic, Horacio Castellanos Moya, Amir Valle, PIT II. En América Central, hay escritores que su poesía, por ejemplo, debe trascender, como Rodrigo Rey Rosa, Javier Payeras, Alfredo Trejos, Luis Chávez, Vania Vargas, Luis Borja (recientemente fallecido), Mauricio Orellana, entre otros.
  • En particular ¿cuál es su visión de la literatura contemporánea centroamericana?
  • Me adelanté un poco en la respuesta anterior. Creo que los centroamericanos seguimos invisibilizados en el canon-pastel literario. Cuando revisas antologías, te encuentras la gran cantidad de autores sudamericanos, mexicanos, cubanos y de vez en cuando un centroamericano. Creo que las editoriales deben ver hacia este pedazo de tierra que une al Norte con el Sur. Como muchas veces es cuestión de “ventas” y los lectores de este istmo somos pocos, quizá eso ha incidido. Claro, existen algunas excepciones, como Sergio Ramírez, quien incluso ha ganado premios internacionales trascendentes, o Gioconda Belli, pero creo que hay mucho potencial en el área, lo que falta es que puedan ser publicados, no importa en qué editoriales, para que los lectores comiencen a apreciar lo valioso de sus discursos literarios.
  • ¿Qué significa ser escritor en Guatemala?
  • Ser escritor en Guatemala, a nivel personal, es hermoso. Saber que hemos tenido autores fabulosos, como Luis Cardoza y Aragón, Miguel Ángel Asturias, Augusto Monterroso, Luz Méndez de la Vega, Enrique Gómez Carrillo, entre otros grandes, es maravilloso. Por otro lado, como ocurre en otras sociedades, en este país el escritor es visto como un parásito o como adicto. Es difícil, por ejemplo, que en tiempos de crisis (como ahora), un escritor (a) tenga voz en los medios, pues se prefiere invitar a los programas a los políticos paralíticos, como dirían Los Prisioneros. Por otro lado, ser escritor te da el privilegio, como diría también, Otto René Castillo, de amar o de aborrecer este país.
  • ¿Qué densidad tiene en su vida Francisco Méndez Escobar?
  • La influencia de ese extraordinario autor, la llevo, afortunadamente en el ADN, nunca lo conocí por su muerte prematura, pero lo invoqué en la güija y creo que algo aprendí de él. Ser su descendiente me ha traído cosas maravillosas, aunque a veces, no tanto. Fue un ser humano extraordinario, un autor adelantado a su época. Todavía se conservan libros firmados por Neruda, Vallejo, Juana de Ibarború o Gabriela Mistral para él.
  •  ¿Qué significa ser un escritor consagrado?
  • No sé qué será eso de ser un escritor consagrado. Habría que preguntárselo a otros maestros. Aunque he recibido algunos premios, creo que lo mejor es cuando recibo algún mensaje por las redes. Cuando me dicen que terminaron de leer uno de mis textos y que les movió o me envían fotos de maní garapiñado, de las que come el comisario. Es difícil que hagan reseñas sobre mi obra en Guatemala, hay un silencio como pactado y no solo de la mía sino de la de muchos autores “jóvenes”, como yo. Pero como dicen, dentro de 50 años, quizá lo hagan.
  • ¿Qué densidad tienen en su vida Monterroso y Asturias?
  • Mucho. Son dos autores esenciales en mi formación, como lector, periodista, escritor. Es un privilegio leerlos. La obra de Asturias es fundamental y su mundo está construido con un lenguaje fabuloso, que creo, solo él lo pudo concebir. Hace unos 3 años, estuve en la Biblioteca Nacional de Francia. Asturias donó sus manuscritos y fui a estudiarlos por unos meses. Increíble la rigurosidad en su escritura, en la creación y exigencia que el consagrado tuvo para crear sus obras. Debería ser una cátedra para aquellos que quieren comenzar a publicar. Monterroso con su reducido, pero inconmensurable creatividad, me ha dado cátedra en cada una de sus obras. Tuve el privilegio de entrevistarlo en su casa, hace ya tantos años, en el barrio Chimalistac, cercano a Coyoacán. Un ser maravilloso, sencillo, sin poses y con una sonrisa de arrepentimiento en los labios. Es un autor que tras leerlo, no podés ser el mismo.
  • ¿Ha puesto en evidencia esta pandemia la vulnerabilidad física de los escritores en Latinoamérica?
  • Sí, es increíble que con los recursos que cuenta un autor sean tan pobres que eso mismo los lleve a la muerte. He llorado a tantos colegas que han muerto, primeramente por el virus, pero, también, por la infamia de las  autoridades, la corrupción y un sistema de salud perverso y sin posibilidades de servir a la población. Por un lado, el encierro ha provocado que la música, la pintura sean aliados para la producción, pero, por el otro, escribir mientras mueren vecinos o familiares es jodido.
  • ¿Por qué la novela y el cuento?
  • La narrativa te da todas las posibilidades de realizar proyectos lúdicos, que te hacen crear personajes, que ya son parte de tu familia y de la vida diaria. Las historias, quizá te pudieron haber ocurrido, pero, aunque lo no fueron, ya en la ficción hasta son parte de tu vida cotidiana. Por otro lado, leer novelas y cuentos de mentes magistrales, como que te provocan ganas de emularlos, de ser como ellos en un párrafo o en una línea y jugar a ser, por ejemplo George Simenon, un día. Creo que la novela y el cuento son el camino a la felicidad, para mí.
  • ¿Qué piensa del feminismo en la literatura latinoamericana de nuestros días?
  • Pues el feminismo, como el indigenismo y otros ismos, son parte, como diría un político “del abanico” de posibilidad que un lector tiene para hincar el diente. Creo que desde tiempos de Sor Juana de la Cruz y Sor Juana de Maldonado (de Guatemala), el discurso de la escritura de mujeres ha permitido entender que para concebir la escritura, tanto hombres y mujeres tenemos diferencias y coincidencias en la creación. No creo en esa idea de leer a una escritora solo porque es mujer, o, porque la golpearon y eso hace que su literatura sea mejor, no. Me encanta, por ejemplo Agatha Christie o Fred Vargas o tantas otras, como Gioconda Belli, por el hecho de que su literatura me provoque. Me parece importante la visibilización, pero no la imposición.
  • ¿Qué significó para usted ser Premio Nacional de Literatura?
  • Pues, por un lado, mucha emoción y congoja. Mi abuelo Francisco Méndez Escobar y mi tío Lionel Méndez (ambos fallecidos prematuramente), quien por cierto ganó dos veces el Casa de las Américas, no recibieron un premio como éste, así, que lo recibí en nombre de los tres. Fue bien loco, todo un año de fiestas y agasajos. Creo que esos meses tras el premio fue cuando menos escribí o leí. Recibí muchas muestras de afecto y felicitaciones y eso fue genial. Cuando uno gana un premio muchos ya ven tu literatura de otra manera, aunque siga siendo igual, así que eso hay que aprovecharlo.
  • ¿Por qué, bajo su perspectiva, Latinoamérica no es más unido por lo menos en términos de arte y cultura? ¿Debería existir tal unión?
  • Me parece que muchos escritores “consagrados” en Latinoamérica, han buscado, erróneamente, a mi juicio, más visibilidad a través de “agentes literarios”, concursos y reconocimientos, que la búsqueda de la obra en sí. Esto quiere de decir que a veces pesan más las tendencias o lo de dictan ciertas editoriales, que lo que se escribe. Entonces vemos que cada quien escribe para la alimentación de su ego y no hay una forma de “unión, que se da más en congresos, encuentros, que en el propio discurso. Por supuesto, que siempre hay las grandes excepciones.
  • ¿Qué es para usted la rebeldía?
  • En esta época en la que vivimos, la rebeldía es alejarse de los discursos oficiales, estar al margen de lo que el menú discursivo ofrece diariamente, quizá ir contra la corriente, escribir sin aspirar a ser reseñado en los diarios más importantes o contratado por las editoriales trasnacionales. Es escribir sin hacer concesiones.
  • Tienes un marcado gusto por el género negro ¿crees, como lo han señalado algunos, que es el género que mejor describe nuestro siglo?
  • El género negro ofrece una pluridiscursividad. Se puede navegar, se puede volar, correr y montar en bicicleta al mismo tiempo. Grandes maestros del género han demostrado que el noir es la excusa perfecta para mostrar la universalidad. Como escribió el islandés Indridiason: Hay que leer una novela negra para conocer una ciudad. En efecto, si lees a Mankell, no tenés que ir a Suecia para conocerla. Igualmente ocurre con grandes maestros latinoamericanos, como Rubem Fonseca, Leonardo Padura, Ramón Díaz Eterovic, entre otros. Creo que es el gran género del siglo, lo que faltan son lectores, al menos en mi país.
  • ¿Hay que publicar en Europa para volvernos visibles en Latinoamérica?
  • Cuando nos enorgullecemos por nuestros autores lo hacemos en la medida en que su obra es recibida en otros continentes sobre todo Europa. Lo vemos desde Landívar, Darío, Asturias, quienes debido a la recepción y premios, pues de esa manera los evaluamos: igual se puede decir de la generación del boom. Es como un mal necesario. Podés publicar 50 libros en tu país, pero si no te publican fuera, pues no sos considerado un gran autor. Creo que es un error, pero es a la vez un mal necesario, pues hasta que no te “bendicen” afuera, no te aceptan adentro, es decir en tu país.
  • Maestro, ¿cómo está Wenceslao  Pérez Chanán?
  • El comisario, preparando sus casos. Listo para nuevas investigaciones. Empeorando de salud, pero siempre dispuesto que para salirle al frente a las nuevas aventuras que le corresponden. Sobre todo en una de las regiones más violentas del mundo, como es América Central; en donde mueren más niños por desnutrición, y la gente huye huyendo hacia el Norte, pensando en encontrar la salvación de sus vidas.
  • ¿La literatura es repetir los mismos signos y símbolos hasta el infinito o bien qué es la creación?
  • La creación es pedirle prestado a la realidad, para convertir la ficción en elementos más grotescos o quizá más hermosos. Ya lo dijo Huidobro en su famoso “No te serviré”. Muchos quisieran que el mundo que uno construye en la creación sea muy parecido al real, pero, considero, que entre más se aleje y más se cree un nuevo mundo, suena mejor. Crear es tomar de los demás para construir tus propios discursos. Es tomar prestado, para luego transformar. Es sentarse frente a la pantalla, escuchar a Bach, creer que lo que escribiste, pudo haber pasado alguna vez.
  • Por último, esta misma pregunta se la hizo hace algunos ayeres un joven escritor a otro ya consagrado y yo la parafraseo: maestro Méndez, ¿qué le dice a usted la palabra Guatemala? ¿Recuerda usted?
  • Pues es un país al que uno ama y odia constantemente. Es un país que duele y alivia. En el que los ateos creen en Dios. En el que podés morir mientras te vestís o en la calle cuando una bala perdida te busca. Un país con los más altos índices de analfabetismo y con un Premio Nobel de Literatura; con las más altas cifras de violencia y un Premio Nobel de la Paz. Es un país tan contradictorio, que puede hacer sol en una banqueta y en la otra lluvia. Agradezco que hayan nacido tantos seres humanos bondadosos, grandes autores, deportistas aguerridos, pero, también, de los más despiadados dictadores.
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Anaïs Blues | La tinta del silencio

El arte debe ser siempre rebelde. Así que, por antonomasia, una editorial artesanal estará siempre en rebeldía. Sino fuera así, o si en alguno momento traicionase sus principios, se convertirán sus productos en simples fetiches  “bonitos” del mercado. Tremendo es adentrarse en las entrañas de una editorial artesanal e independiente (valga la redundancia) latinoamericana. Es que la literatura, como ya sabemos, en ésta, nuestra Camainera, en el más amplio sentido de la palabra, es sortilegio tremendo que va a caballo entre los fantástico y lo absurdo. Obsesión por la hechura, culto ciego por el libro, hacer del arte un mojón que se desayuna a diario como si fuesen fresas con crema, eso significa ser un editor artesanal en nuestra tierra…quizá. O como dijera el poeta chiapaneco: yo no lo sé de cierto, lo supongo. Para confirmarlo (o refutarlo), es que en esta entrega nos adentraremos en el alma de una editorial mexicana que ha apostado al arte y a la independencia en un ámbito poco amable con ambas tradiciones. Principalmente en estas épocas pandémicas que han volcado el mundo de los libros a la virtualidad. La Tinta del Silencio, editorial chiapaneca, que ha mudado sus reales a la insigne y brava ciudad de Ecatepec, es un proyecto liderado por Luis Ramos y por Anaïs Blues (Tuxtla Gutiérrez), escritora chiapaneca a quien hoy tenemos el gusto de entrevistar. Blues es escritora, editora, artesana y feminista, egresada de la Universidad Autónoma de Chiapas, y se decidió, en 2011, a fundar la editorial La Tinta del Silencio, junto con Ramos. Desde entonces ha apostado a publicar un catálogo heterodoxo e incierto, que da cuenta de lo mejor —en su perspectiva y apuesta—, de la literatura latinoamericana contemporánea.

  • Anaïs Blues, ¿eres rebelde?
  • En mi caso particular desde que decidí estudiar Literatura a pesar de lo que decían mis padres y pagar mis estudios con mis propios recursos creo que fue uno de mis primeros actos rebeldes de manera consciente y desde luego tener una editorial y hacer libros artesanales es un acto de rebeldía que me ha llevado diez años gestar.
  • Naciste editorialmente en aquella frontera ríspida que es Chiapas, justo cuando en el lado contrario, Guatemala, se vive un intenso movimiento editorial, ¿Por qué mudar tu proyecto a la centralista capital de México?
  • En el 2013 yo quería cambiar de rumbos y consolidar un equipo de trabajo para la editorial ¾en ese momento aún no conocía el movimiento editorial en Guatemala, ni tenía amigos ahí¾; en la Ciudad de México ya había tenido la oportunidad de vivir unos años antes por un intercambio en la UNAM cuando estudié un posgrado y tenía amigos que podían ayudarme, por eso decidí irme a la Ciudad de México.
  • ¿Qué significa para ti una editorial independiente y artesanal?
  • Independiente porque busca publicar géneros poco difundidos y autores que vale la pena apostar por ellos, quienes tienen una obra que no sigue modas si no que están haciendo una propuesta a la literatura hispanoamericana.  Una editorial es artesanal porque tiene acabados especiales como la serigrafía, el bajo relieve o la encuadernación hecho a mano. Un proyecto así es todo un reto pero es algo que nos da mucha satisfacción.
  • ¿Porqué además de independiente, artesanal?
  • La tinta del silencio es una editorial independiente porque busca apostar por publicar autores contemporáneos de géneros que aún son desdeñados como el cuento, la poesía y la minificción. Nos definimos como una editorial artesanal ya que nuestros libros tienen un plus en sus acabados (serigrafía, encuadernación hecho a mano, en algunos hay bajo relieve), tenemos colecciones completas con portadas impresas en serigrafía (La nave insólita, por ejemplo) y todos nuestros libros son encuadernados de manera artesanal. Estos acabados especiales hacen que nuestros libros se eleven a la categoría de libro-objeto, buscamos que los lectores aprecien nuestros libros como objetos bellos en consonancia con sus formatos y sus contenidos.
  • ¿Qué dificultades y riesgos presenta ser una editorial independiente y artesanal en Latinoamérica?
  • Es muy complejo tener una empresa cultural como en este caso una editorial ya que vivimos en un gobierno con malas políticas culturales que no toman en cuenta a los proyectos independientes y el poco recurso que existe para publicar solo se reparte en pocas manos. Los riesgos son enormes, la venta de libros especialmente en México es muy difícil y tienes que buscar alternativas para crear nuevos lectores. Además de ser editores, tenemos que ser promotores de lectura, vendedores, publicistas y un sinfín de cosas más para lograr atraer un público que se interese por leer algo diferente.
  • ¿Ha afectado sustancialmente a la Tinta del Silencio la pandemia, en tanto que ha volcado el mundo editorial a la virtualidad?
  • Nos ha afectado mucho porque no hemos podido tener eventos presenciales, en especial las ferias de libros que ayudan mucho a que los libros encuentren a sus lectores ideales, sin embargo, hemos tenido que aprender a la marcha a generar eventos y presentaciones que nos acerquen al público en redes sociales. El mundo virtual tiene sus ventajas a la hora de hacer presentaciones o promocionar el libro, en una presentación virtual puedes tener cientos de espectadores pero eso no se traduce en ventas. En una presentación normal llegan veinte personas pero todas compran por lo menos un libro. Por otra parte toda la cadena del libro se vio afectada (edición, producción, distribución y venta) y eso significó para nosotros detener la producción de varios títulos, empezar a hacer ediciones digitales de nuestro catálogo y buscar hacer ventas desde nuestro sitio web y otras plataformas.
  • ¿Qué papel juega el libro artesanal ante esta digitalización del mercado editorial?
  • Los libros artesanales siempre tendrán un papel importante, aunque existan libros digitales también los libros artesanales serán apreciados, el tener la posibilidad de tocar una portada, la sensación de hojear con los dedos un libro no podrá ser sustituido.
  • ¿Se pueden hacer libros artesanales virtuales?
  • Sí, hay posibilidades que nosotros estamos buscando para integrar un libro artesanal y la realidad aumentada, por ejemplo el libro Trilogía Cthulhu de Miguel Lupián contiene ilustraciones que pueden ser apreciadas con animación y estamos tratando de ir incorporando nuevas posibilidades de lectura en nuestros libros artesanales.
  • ¿Qué es para ti el libro, Anaïs?
  • Es un mapa de deseos.
  • Has apostado a la minificción como una de tus líneas editoriales ¿porqué y cuál crees que es su densidad en la literatura contemporánea latinoamericana?
  • Apostamos a la minificción porque consideramos que es un género que ha sido poco explorado, cuando lanzamos la colección Gato Azul lo hicimos porque queríamos difundir más este género que nos encanta, actualmente en Latinoamérica ya empieza a ser tomado en cuenta y cada año se hacen más publicaciones, es un género que está creciendo mucho.
  • Como si no resultara difícil abrir mercado en Latinoamérica, te has aventurado a explorar el mercado árabe con los 69 Haikus de Angélica Santa Olaya, platícanos acerca de este proyecto editorial.
  • 69 Haikus es parte de nuestra colección mayor de Poesía: Peces del viento, en este caso tuvimos la oportunidad de que la escritora Angélica Santa Olaya nos tuviera la confianza de ofrecernos este libro traducido al árabe, que estuvimos encantados de editar para su primera edición en México. El haikú es un género precioso que todo amante de la poesía debería tener y consideramos que 69 Haikus es un gran libro que será un gran referente en la literatura mexicana.
  • ¿Es cierto que los escritores editan mejor?
  • No lo sé, pero creo que para editar con calidad hay que pensar siempre en los lectores.
  • Has apostado por editar a escritores de distintas latitudes de Latinoamérica, por eso me atrevo a preguntarte, ¿cuál es tu perspectiva de la literatura hispanoamericana contemporánea?
  • La literatura hispanoamericana contemporánea es increíble, hay autores maravillosos que están publicando actualmente en toda clase de géneros, pero siempre nos falla la difusión para conocer a los que valen la pena.
  • ¿Por qué se ha perdido el diálogo literario latinoamericano intercontinental y cuáles crees que sean las consecuencias de este ostracismo?
  • En parte se ha perdido porque aunque tenemos el internet estamos cada vez más solos porque hay más distracciones que no nos permiten el diálogo personal, ni fomentan la crítica; una de las consecuencias es que pareciera que hay un boom de publicaciones valiosas pero en realidad muchas de ellas no se consolidan porque han sido hechas al vapor y no aportan nada.
  • Anaïs ¿por qué el Blues?
  • Blues es una palabra que me encanta por su significado doble: remite a un estado de ánimo (la melancolía o tristeza) y a un género musical nacido en Estados Unidos que me apasiona.
  • ¿A qué autoras y autores le apuesta La Tinta del Silencio?
  • Apostamos por autoras y autores contemporáneos que destaquen por su originalidad en los géneros de cuento, poesía y minificción.
  • ¿Qué sientes al elaborar un libro?
  • Mucha alegría, es como parir un nuevo hijo.
  • ¿Qué peso tiene tu binomio Luis Ramos en esta empresa?
  • Luis Ramos es un gran editor que ha permitido que la editorial crezca más por su conocimiento que tiene de libros antiguos y de colección; además Luis se encarga de hacer portadas en algunas colecciones (por ejemplo él hizo la portada de Cuéntame un blues, la primera antología de nuestra colección Gato Azul), así como investigar formatos y concretar colecciones. A partir de su ingreso a la editorial en el 2013 empezamos a crear colecciones y a consolidar un catálogo de autores internacionales.
  • ¿Qué tanta tradición y compromiso tiene Latinoamérica en la hechura de libros artesanales?
  • En Latinoamérica hay una larga tradición en la elaboración de los libros artesanales por parte de editoriales independientes, en especial las editoriales cartoneras que son un ejemplo al usar materiales reciclados para la elaboración de portadas, creando libros únicos. 
  • ¿Cuál es la incidencia positiva y negativa del feminismo en la literatura latinoamericana contemporánea?
  • El feminismo tiene un papel importante en la crítica literaria al incidir en la literatura contemporánea porque ha influido en recuperar a escritoras latinoamericanas que por prejuicios de género se habían omitido de la historia de la literatura latinoamericana, lo cual ha permitido una nueva cartografía de la literatura.
  • ¿Cómo es que, además de editora, eres poeta?
  • Aunque no es obligatorio que los editores se dediquen a la escritura, muchos de mis colegas tienen esta faceta de la creación literaria. A mi me encanta escribir no solo poesía sino también cuento y ensayo, pero actualmente no escribo tanto como quisiera porque la edición es muy demandante.
  • ¿Se puede ser artesanal y comercial al mismo tiempo?
  • Sí, todo radica en el valor comercial que le demos a lo hecho a mano. Si bien la producción es limitada y los procesos requieren más tiempo, también hay un cuidado mayor en cuanto a la calidad y al trabajo, a diferencia de los procesos industriales. Creo que muchos lectores valoran eso en las ediciones que hacemos, por que son libros diferentes que desde que los tienes en las manos sientes la textura del papel, ves el color y los detalles de la serigrafía, y aunque a primera vista no se note que son artesanales hay algo que los distingue. Además son libros únicos, no hay dos ejemplares iguales así que a la larga tendrán un valor de colección también.
  • Defínenos y descríbenos a la editorial La Tinta del Silencio.
  • Es una editorial que apuesta por autores contemporáneos que serán referente de la literatura hispanoamericana y que piensa en la hechura del libro como un objeto bello.
  • Por último, Anaïs, ¿Cuáles son los signos, invisibles y secretos, los significados desdoblados, de eso que llamas la tinta del silencio?
  • Vemos el silencio como una fuerza creadora, aquello que no se ve, lo que no se nombra suele dotar de significado a todo lo demás. Detrás de La tinta del silencio hay muchos sacrificios, mucho esfuerzo, creatividad y meditación al momento de concebir un libro.
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Rosa Silverio | El Caribe que retumba

  • Juan de Dios Maya Avila

Una constante de muchos escritores en Latinoamérica es la migración que los lleva lejos de sus lugares de origen, a veces por aventura, otras tantas por encontrar nuevas oportunidades que les permitan expandir su trabajo, y en no pocas ocasiones por razones políticas. Sin embargo, casi siempre queda la esperanza y el deseo de volver. Quizá así le suceda a una de las voces poéticas contemporáneas más interesantes de la siempre polícroma literatura caribeña; una mujer cuyos versos, cuya alma recia, le han hecho figurar en Europa (tierra en la que vive desde hace tiempo) y ser una referencia de las letras de su natal República Dominicana. Rosa Silverio (Santiago de los Caballeros, 1978) es, ante todo, una poeta, una hilvanadora de palabras, y luego también es feminista y periodista, gestora cultural, tallerista, activista y viajera. Resalta su trabajo como redactora y editora del periódico Listín Diario y como directora editorial del periódico Noticias en Casa de Casa de Campo. Un parteaguas en su carrera fue hacerse acreedora del prestigioso Premio Internacional Nosside que organiza el Centro de Estudios Bosio en Italia. También ha ganado, entre otros, el Premio Nacional de Poesía de República Dominicana y el XII Premio Letras de Ultramar. Entre sus libros se cuentan los títulos Rosa íntima (Santuario, 2007), Arma letal. La destrucción de las palabras (Colección de Premios Nacionales, 2012), Matar al padre (Huerga & Fierro Editores, 2014), Mujer de lámpara encendida (Huerga & Fierrro Editores, 2016) e Invención de la locura (Huerga & Fierro Editores, 2019). Su obra ha sido traducida al italiano, al catalán, al francés, al portugués y al inglés.

  • Estimada Rosa, ¿porqué decidiste irte a España?
  • Por libertad y por amor. Para huir del machismo de mi tierra y para reencontrarme con la persona que ocupó mi corazón durante una década.
  • ¿Cuál es tu perspectiva de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Creo que la literatura latinoamericana contemporánea goza de muy buena salud. Muchos pensaban que después del boom no habría nada valioso y yo creo que los escritores y escritoras actuales son dignos representantes de la buena literatura. Y en comparación con España estamos en un nivel bastante destacado.
  • ¿Qué significa ser escritora, mujer y dominicana?
  • Puede significar una limitante, sobre todo si se vive en países como el de donde yo provengo. La mujer escritora es infravalorada y discriminada. No es respetada y todavía le falta mucho para alcanzar la igualdad. En cambio, en mi caso que vivo en España, ha significado una liberación porque aunque me reconozco como mujer dominicana y como escritora, rompo con todas las etiquetas y comienzo a sentirme como una ciudadana del mundo, un ser libre dispuesto a vivir todo tipo de experiencias enriquecedoras sin ningún tipo de limitante.
  • ¿De qué salud goza la actual literatura dominicana?
  • La literatura dominicana vive un momento interesante porque se está haciendo muy buena narrativa, pero sobre todo muy buena poesía. Tenemos a escritores y escritoras consagrados que ya forman parte de nuestro canon y a jóvenes promesas que han sabido descollar y dejar su huella.
  • ¿Te sientes más cómoda en la poesía?
  • Aunque también escribo narrativa, creo que en la poesía estoy más en mis aguas. Me siento un ser humano eminentemente poético, alguien que crea un micro universo, que abre ventanas y que combate sus demonios y sus heridas a través de la palabra.
  • ¿Porqué hacer literatura feminista?
  • ¿Por qué no? Yo creo que siempre que no se caiga en lo puramente panfletario, es válido hacer literatura feminista porque es asumir una postura y defenderla a través del lenguaje. Escribir literatura feminista para mí es lo mismo que hacer literatura metafísica, social, filosófica, amorosa o de cualquier otra índole.
  • ¿Cuáles son los pros y los contras del movimiento literario feminista en Latinoamérica?
  • Creo que uno de los pros es que se combate el heteropatriarcado a través de la palabra y se logra influir en la gente, sobre todo en otras mujeres. Se genera el debate y se crea un pensamiento crítico, tan necesario en estos días. Además de que se logran reivindicar derechos propios de las mujeres. Si hay que hablar de contras diría que pese a los esfuerzos de las escritoras feministas, todavía las raíces del machismo están bien hondas en nuestros países latinoamericanos, por lo que cuesta lograr un cambio. El machismo no es sólo de los hombres, sino también de otras mujeres que lo refrendan y por eso no se avanza.
  • ¿Está de moda ser escritora feminista?
  • No creo que esté de moda. Más bien hemos descubierto que es una necesidad. Es necesario ser feminista hoy en día si queremos una sociedad más justa e igualitaria para las mujeres.
  • ¿Qué papel están jugando las escritoras en la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Yo creo que uno muy importante porque anteriormente destacaban más los hombres y ahora, cada vez más, las escritoras de Latinoamérica tienen mayor relevancia y demuestran que hacen una literatura de primer nivel.
  • ¿Existen verdaderos lazos entre los escritores del Caribe o en cambio hay un ostracismo que los reduce a sus respectivas patrias?
  • Yo creo que en los países del Caribe hace falta toda una industria editorial de distribución y difusión que permita que los escritores de los diversos países caribeños se conozcan y se lean entre sí para de esta manera crear lazos verdaderos e intercambios intelectuales. Mientras esto no exista, seremos islas desconectadas la una de la otra.
  • En términos literarios, ¿cómo ven desde España a la actual literatura de Latinoamérica?
  • En sentido general, pienso que España ve a la actual literatura latinoamericana con respeto y admiración. Tanto así que los escritores latinos que residimos en la madre patria somos valorados y tenemos la oportunidad de publicar con editoriales nacionales que apuestan por voces con un discurso original y con personalidad.
  • ¿Qué significó para ti el Premio Internacional Nosside?
  • Significó mucho porque yo estaba un poco desencantada de los concursos. Creo que este concurso me dio fe y me animó a creer más en mí misma y en mi trabajo literario.
  • ¿Es más fácil hacerse visible como escritor estando en Europa?
  • Depende. Hay escritores que residen en Latinoamérica que aquí en España no tienen ninguna incidencia y hay otros que tienen muy buena proyección. Todo a veces depende de contactos, editorial, padrinos… ya te podrás imaginar. Aunque lo cierto es que estando en Europa es más fácil llegar a un buen número de gente, sobre todo si cuentas con una buena editorial.
  • ¿Qué te parece el ámbito literario y editorial en España, cómo lo vives?
  • Me siento muy a gusto en el ámbito literario y editorial de España. Como en otros países aquí también hay sus tejemanejes, pero yo siempre me he apartado de eso y del ruido. Escojo muy bien los circuitos a los que me integro y sobre todo tengo una red de amigos y amigas escritores que son muy valiosos y que me aportan muchísimo.
  • ¿A qué dominicanos tendríamos que estar leyendo?
  • Te voy a citar escritores/as vivos: José Mármol, José Acosta, Pedro Antonio Valdez, Basilio Belliard, Ángela Hernández, Jeannette Miller, Emilia Pereyra, Yrene Santos, Chiqui Vicioso, Argénida Romero, Leonardo Reyes Jiménez, Frank Báez, Rita Indiana Hernández, Alejandro González, Homero Pumarol, Marielys Duluc, Rossalinna Benjamin y muchos otros.
  • ¿Te gustaría volver pronto a República Dominicana?
  • Siempre voy de visita y dura un mes, dos y hasta tres meses. ¿Volver a vivir? Por el momento no. No es algo que tenga entre mis planes.
  • ¿Qué densidad tiene en tu vida el Caribe?
  • A mí el Caribe me ha marcado. Ser hija de una media isla es algo que llevo en mi ADN. Así que esto es bastante importante para mí y se nota en mi acento, en mi forma de bailar, en la comida que prefiero… Y en mis sueños, sobre todo en mis sueños.
  • ¿Qué fue para ti el Taller Literario Tinta Fresca?
  • Para mí fue una de las experiencias más alucinantes de mi vida porque el Taller Literario Tinta Fresca no sólo me sirvió para crecer como autora sino que me regaló a unos amigos maravillosos que todavía hoy conservo. Te cuento que en la actualidad nos estamos reuniendo de nuevo vía online y resulta verdaderamente entrañable.
  • ¿Qué es para Rosa Silverio el amor?
  • El amor es el motor que todo lo mueve, la gran razón de ser, pero no me refiero exclusivamente al amor de pareja, sino al amor en sentido general.
  • Por último, Rosa, ¿qué espada es la que nos espera si nos sumergimos en tus interiores?
  • Si se sumergen en mi interior encontrarán una espada que les atravesará el corazón y en cuyo filo podrán ver su verdadero rostro.
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Werner Hernández | La resistencia de los pipiles

Dada la complejidad que atañe a las interrelaciones culturales, históricas, espaciales y geográficas de los pueblos originarios del continente americano, resultan insuficientes, casi imperceptibles, los estudios que se han hecho al respecto, algunos más serios que otros, incluso los hay aquellos afectados por la fantasía. Hace no muchos que platicábamos con el poeta Martín Tonalmeyotl acerca de las migraciones milenarias del pueblo nahua, nómada por antonomasia, y cuyo origen es incierto, pero su huella cultural, en buena parte de la nación mexicana y casi toda Centroamérica, es innegable, fundacional y sobre todo, vigente. Además de México, podemos señalar a Nicaragua y El Salvador, como bastiones de la cultura nahua, el primero con los nahoa y el segundo con los pipiles. Algunos estudiosos, como Miguel León Portilla, han querido dar luz sobre el parentesco entre los nahuas de México y sus pares nicaragüenses y salvadoreños, pero lo cierto es que existe un cierto desdén por entender y reconstruir el devenir histórico y cultural de los nahuas en sus migraciones y posteriores asentamientos. Tristemente, durante siglos pasados, e incluso en éste, las torpes políticas locales de gobiernos asesinos, han buscado exterminar a los pueblos originarios. Y los nahuatlatos no han sido la excepción. Por ello, cualquier intento de salvaguarda, de reivindicación, de rebeldía, es ya una obra titánica. Werner Hernández (San Salvador, 1977), psiquiatra de profesión, ha emprendido una obra así. Desde el año 2001 realiza investigaciones personales acerca del náhuat y en esta materia se ha distinguido como profesor y activista. En 2012 ingresa al Colectivo Tzunhejekat. Su labor como recopilador, traductor, arqueolingüista y docente han sido fundamentales para preservar la lengua de los pipiles salvadoreños. Werner Hernández ha escrito los libros Titaketzakan Nawat (Ministerio de Educación, 2018) y Nawat Mujusta (Secretaría de Cultura de San Salvador, 2019), además participó como coautor de la obra Nikmati Ume taltikpak (Ministerio de Educación, 2020).

  • ¿Estimado Werner, cómo se da tu acercamiento con la cultura náhuat, la ancestral y la contemporánea?
  • Mi familia no es del área pero desde niño yo decía que de adulto hablaría en nawat. En 2001 conocí a Genaro Ramírez, hablante de nawat de Witzapan, y fue éste quien me enseñó por seis años, cuando lo visitaba semanalmente. Luego estuve un año como médico en otro pueblo del área, Cuisnahuat. Mi madre tiene su propia versión: Durante mi embarazo realizó trabajos universitarios en el área nahua. Ella piensa que en esos meses fue que me empapé del amor por el idioma: “ya oías y lo hacías en nawat”, me dice.
  • ¿Podrías hablarnos acerca de la cosmogonía pipil?
  • Es muy rica. Con el devenir de las iglesias en la zona y la discriminación social hacia los temas indígenas ha corrido peligro de desaparecer sin embargo todavía se la halla en la región. Para llegar a ella debe uno superar a estos adversarios por medio de la convivencia en la comunidad pues el tema los ha acostumbrado a esconderse. En la narrativa pipil conocemos que los humanos venimos del fruto del árbol de morro, que nuestra organización como grupo surge a partir de los llamados tepewas, pequeños pero astutos, con la capacidad de conocer y traer el maíz. La participación de serpientes racionales entre los humanos es un elemento frecuente y la relación con la naturaleza se ve como un eterno enfrentamiento ante el cual los humanos deben forjar su carácter. En la salud conocemos el tunal como la fuerza y brillo con que funcionamos y las distintas formas de perderlo explican un estado general enfermizo.
  • ¿De qué salud goza la literatura náhuat contemporánea?
  • Su producción es escasa a nivel impreso. Pervive más en la forma de oralitura con la composición de canciones. Un libro muy recomendable es “Nikmati ume Taltikpak” (Conozco dos mundos), de Eugenio Valencia.
  • ¿Qué escritores en El Salvador están haciendo su obra en lengua náhuat actualmente?
  • Paula López es la autora que con seguridad ocupa el puesto de mayor referencia. Aunque la cantautora falleció hace 5 años la belleza de sus letras le sobreviven. Su hija, Estela Patriz, quien también es activista del nawat continúa cantando su música.
  • ¿Cuál ha sido el papel de la literatura náhuat en las letras salvadoreñas?
  • Ninguno. Es una tarea pendiente que el sistema educativo nacional reconozca el aporte de los autores o los temas nahuas. Tómese este ejemplo: Existe la obra Mitos en la lengua materna de los pipiles de Izalco, originalmente recopilada en 1929; estamos a cerca de 100 años de todavía no ser enseñada en la enseñanza pública ni a nivel básico ni superior.
  • ¿Existe un contacto con escritores contemporáneos de lengua nahua en México o en Nicaragua o algún otro país?
  • He coincidido personalmente con algunos escritores nahuas de México, con ninguno de Nicaragua. Me parece que la comunidad nahua salvadoreña se ha desarrollado con más fuerza hacia dentro en los últimos años y ya está lista para darse a conocer afuera.
  • ¿Cuál es tu perspectiva de la literatura náhuat contemporánea?
  • Me parece que aunque la comunidad nahua salvadoreña es muy pequeña puede dar enormes sorpresas a nivel de literatura. Además trabajar en este punto es obligatorio si queremos garantizar la salud del idioma pues en la literatura es donde el idioma escapa de un plano gris y se lo puede ver jugando, divirtiéndose y perfumando el aire. El nahua salvadoreño es muy musical.
  • ¿Qué es el Colectivo Tzunhejekat?
  • Es un grupo de voluntarios de la capital, San Salvador, muy comprometidos en la visibilización digna de los nahuas salvadoreños y de la lengua nawat. Tzunhejekat significa “loco” porque los que ahí colaboramos nos sentimos locos por el nawat.
  • Háblanos de los tres libros que has escrito acerca del náhuat.
  • El primero “Titaketzakan nawat 3” fue un encargo de nuestro ministerio de educación como libro de texto para un programa piloto de enseñanza del nawat en las escuelas. El segundo, Nawat Mujmusta, es un breviario gramatical y un vocabulario nawat-español (y viceversa) para los adultos que quieren estudiar el nawat y recoge mi experiencia de más de 15 años visitando la mayoría de los pueblos nahuas de El Salvador. El tercero, Nikmati Ume Taltikpak, es de mi otro maestro de nawat: Eugenio Valencia. Un homenaje póstumo de su obra en la que fui parte del equipo editor.
  • ¿El gobierno de El Salvador ha sido genocida con el pueblo náhuat?
  • Sí. En 1932 realizó un ataque armado a la población nahua. Las fuentes más ecuánimes estiman que en unos 10 días se eliminó a unos veinte mil nahuas. Fue conocido que bastaba hablar en nawat para tirar a matar. Desde hace unos 10 años las actitudes de los gobiernos buscan ser favorables al grupo nahua.
  • ¿Y la sociedad salvadoreña?
  • La sociedad salvadoreña ha hecho frecuente uso de la indiferencia o de la discriminación, por ello los pocos a favor del nawat buscamos hacer el mejor esfuerzo para despertar conciencia.
  • ¿Qué acciones se están tomando para salvaguardar el náhuat y vincularlo a la literatura o al acto mismo de la escritura?
  • Han habido esfuerzos de salvaguarda, de literatura y de escritura pero de funcionamientos aislados. Hace falta una línea más fresca que busque unificar todos estos elementos en uno solo con esta proyección.
  • ¿Existe una probabilidad de reconciliación verdadera entre los diversos pueblos que conforman las sociedades latinoamericanas o estamos fracturados por siempre: pueblos originarios de un lado, mestizos del otro, españoles por aquí, negros más allá, etcétera?
  • Me parece que el hermanamiento es posible y más tras reconocer que básicamente las luchas de los otros pueblos son las mismas que las propias.
  • ¿Qué significa ser activista y escritor en El Salvador?
  • Significa andar con dulzura en el corazón, coraje en el paso y fuerza en la palabra.
  • ¿Existe actualmente un rastro del México nahua entre los pipiles de El Salvador?
  • Por el idioma, por las danzas, por la gastronomía, por el aspecto físico, por la arqueología (sólo por mencionar unos pocos puntos) me parece que los salvadoreños somos más mexicanos de lo que creemos.
  • ¿Cuáles son los dos mundos que se plantean en el Nikmati Ume taltikpak?
  • Uno anterior y profundo, el nahua. Uno nuevo y advenedizo, el mestizo. El anterior tomando su lugar adentro del nuevo.
  • ¿Qué son para ti los cantos en el náhuat y sus cantores?
  • La mayor fuente de literatura actual en nawat.
  • ¿Qué significado le otorgas a las palabras resistencia y rebeldía?
  • Parte del autorretrato. El nahua salvadoreño se desenvuelve como hermano natural de ambas pero desarrolla no una resistencia contestataria sino una alegre rebeldía que te lleva, como río, a ir adelante y cantando.
  • Salarrué tiene un bellísimo cuento sobre el Cipitío ¿crees o acaso eres tú mismo un cierto Cipitío?
  • Con el nawat acaso más un cadejo, ese animalito fantástico y nocturno fiel a los pasos de su persona y que se le adelanta sólo ante los peligros.
  • Por último, estimado Werner, has dicho que sin el náhuat El Salvador es una nación sin rostro ¿qué matices y recovecos guarda esta afirmación?
  • El nawat es el último idioma nativo de nuestro país. Perderlo sería dejar ir a todas las generaciones de mujeres y hombres que sus saberes fueron expresados en esta lengua. El negar esta herencia es negar aquello que conforma nuestro mismísimo rostro: nuestra identidad.
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Estuardo Prado | La X en el mapa

Una odisea de múltiples monstruos y sirenas asesinas en el camino y que no siempre llega a buen puerto: eso es publicar en Latinoamérica. Los escritores —los ulises— tienen que enfrentar problemáticas arraigadas, como los son la censura o el canon impuesto por las grandes casas editoriales, asumidas en buena cantidad por los grandes consorcios españoles que imponen sus criterios editoriales y a los cuales no siempre se ajusta la literatura de nuestro continente. Por lo menos la literatura de vanguardia, la experimental, la subterránea, mucho menos la políticamente incorrecta.  Salvo algunos casos afortunados, no es nada fácil acceder a los emporios de la edición. Obras y obras que cada año son rechazadas a veces sin ni siquiera un dictamen de por medio, se perderían en la nada, a no ser porque, como sucede en estos lares canaimeros, existe la resistencia. Quijotes de nuestro tiempo, llamó la escritora Carla Pravisani a las editoriales independientes latinoamericanas.  Los son. Son quijotes, son resistencia, son guerrilla literaria, son la auxiliadora Atenea para que tantos ulises no naufraguen. Y si de resistencias hablamos, Centroamérica es una de las zonas donde más palpable se hace la presencia de las editoriales independientes ante gobiernos cuyas políticas públicas no suelen alentar el arte y la cultura y mucho menos el despertar sensible de sus poblaciones. Con anterioridad hemos señalados que existe un notorio movimiento editorial y literario en Guatemala. Catafixia, Sión, Quimera, Chuleta de Cerdo, F & G Editores, Cholsamaj, son algunos de los sellos que conforman los esfuerzos por dar voz a una literatura emergente, no sólo guatemalteca, sino centroamericana, y que en no pocos casos encuentra puntos de conexión con México y Sudamérica. En esta revolución cultural, uno de los protagonistas indudables (y podríamos decir que hasta legendarios) ha sido Estuardo Prado y su Editorial X, la cual fundó en 1998 y cuyos antecedentes los hallamos en la revista Anomia. Editorial X se ha distinguido desde sus inicios por dar voz a escritores emergentes y por identificar a estetas subterráneos que no son bien recibidos en otros espacios. Prado, nacido en Guatemala capital en 1971, es narrador, egresado de la licenciatura en Letras y Filosofía por parte de la universidad Rafael Landívar. Entre los libros que ha escrito, se pueden contar Estética del dolor (1998), Vision-es del exceso (1999), Los amos de la noche (2001), El Libro Negro (2000) y Siendo alcohólico-drogadicto me fue mejor y de paso escritor de mierda (2013), todos ellos en Editorial X.

  • Estuardo, ¿por qué decides volverte editor?
  • A mediados de los 90s, con un grupo de estudiantes de la Universidad Rafael Landívar, que también estudiaban Filosofía y Letras, comenzamos a escribir. Originalmente la idea era leer el trabajo de todos entre nosotros. Pero conforme fue pasando el tiempo y los textos fueron teniendo mejor calidad literaria, se nos ocurrió sacar un fanzine. Le pusimos de nombre “Anomia” y básicamente eran unas fotocopias engrapadas con textos nuestros. Poco a poco se fueron uniendo otros estudiantes que también tenían textos. Hasta que llegó un punto en el cual buscamos una editorial que nos publicara, pero el gremio literario era muy cerrado y no encontramos ninguna posibilidad. Por eso es que al final de la última revista, la sexta en 1998, publiqué el manifiesto de editorial X. Ese año empecé con la publicación de los dos primeros libros: “Estética del dolor” (mi primer libro de cuentos) e “Hijas de Shakti” una antología de escritoras.
  • Se ha dicho que Editorial X es contracultural ¿cómo definirías tu proyecto?
  • Pues la idea era publicar textos de calidad literaria de escritores que tuvieran un estilo propio, ya sea que hayan publicado o no, anteriormente. El crítico literario Guido Almansi define “estilo” como algo que rompe con el canon de lo que se está proponiendo como mainstream en una época determinada, teniendo que ser obsceno en su momento, pues es rechazado por no ir en la línea general literaria de su contexto histórico, similar al término de “desterritorialización” que proponen Deleuze y Guatttari. Eso era la que estábamos y seguimos buscando textos de ruptura en el manejo del lenguaje, tanto de forma como de temática y no desde un punto de vista comercial, como casi todas las editoriales establecidas tienen. Aunque suene un poco hermenéutico, a nosotros siempre nos interesó el texto por el texto. Creo que por tener nuestros medios propios de publicación nos permitió sacar libros contraculturales, sin importar su tónica, pues lo importante era la calidad literaria y la ruptura con el mainstream.
  • ¿Cuál es tu visión de los escritores y la literatura centroamericana contemporánea?
  • Actualmente hay varias propuestas muy interesantes a nivel centroamericano, pero creo que las editoriales alternativas nuevas han servido para poder difundir las voces de escritores nuevos, aunque con el tiempo se integraron ya al canon por su calidad literaria. En Costa Rica proyectos como Perro Azul, de Carlos Aguilar, nos trajo las propuestas de autores muy buenos como Alexander Ovando, Alfredo Trejos, Luis Chaves. En El Salvador Los sin pisto, dirigida por Mauricio Orellana, nos brinda una opción muy interesante de autores como Jacinta Escudos y el mismo editor. En Honduras la editorial Mimalapalabra dirigida por Guiovanni Rodríguez hace lo mismo, brindar un espacio a esos escritores que valen la pena.
  • ¿Y en específico de Guatemala?
  • En Guatemala, como tú lo señalaste, hay una nueva oleada de editoriales alternativas que ha ido surgiendo y sacando a la luz escritores que valen la pena: Ediciones Bizarras de Simón Pedroza, Chuleta de cerdo de Alberto Arzu, Alambique de Marco Valerio Reyez, Vueltagato de Pablo Bromo, Catafixia de Luis Méndez Salinas y Carmen Lucia Alvarado. Más recientemente, Colectivo Amberes en donde se reunieron distintas voces como Matheus Kar, César Yumán, Laura Arévalo, Diego Ugarte y Marcos Gutierres, entre otros.  Además de POE de Wilson Loayes, Sión Editorial, Quimera y Testigo ediciones, entre otras. Las cuales, la mayoría, son dirigidas por escritores y que nos han traído una pluralidad de nuevas propuestas literarias de valor además de las de sus propios escritores/directores: Vania Vargas, Alejandro Marre, Julio Serrano y muchos otros.
  • ¿Existe una relación de hermandad entre los escritores de Guatemala y México?
  • Creo que sí, pero no sólo por el idioma que compartimos o la cercanía, sino también porque hemos compartido una historia en donde varios de los principales escritores guatemaltecos han encontrado un hogar en México,  al salir por x o y razón pero por lo general durante épocas difíciles en nuestro país. Tales como Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso o Carlos Solórzano. En lo personal, desde hace varios años con la Revista Generación, dirigida por Carlos Martínez Rentería, he tenido la oportunidad de encontrar un espacio en donde contribuir con mis textos. Igualmente con el proyecto de Ediciones Periféricas de Nahum Torres hemos empezado un intercambio al realizar la primera coedición de la novela “Si Dios me quita la vida” de Francisco Alejandro Méndez (Premio Nacional de Literatura Guatemalteca Miguel Ángel Asturias 2017) y esperamos seguir con este intercambio.
  • Precisamente hablando de éste, que es uno de los últimos trabajos que has publicado, Si dios me quita la vida, de Francisco Alejandro Méndez, sin duda, uno de los escritores latinoamericanos más interesantes de la actualidad. Como mencionas, lo hiciste en coedición con Ediciones Periféricas, de México. En este sentido, ¿la coedición será la estrategia maestra para cultivar las interrelaciones literarias entre los países latinoamericanos tan aparentemente separados los unos de los otros?
  • Creo que sí, pues a pesar de la cercanía de nuestros países, la circulación de nuestros libros es difícil y ésta, como te mencioné, es una forma idónea para poder hacer que las propuestas literarias circulen. Además, surgieron proyectos en común como TriNorte (Triángulo Norte Ediciones), en el cual tenemos proyectos de integración en circulación de libros y coediciones entre Honduras, El Salvador y Guatemala, específicamente con las editoriales Los Sin Pisto, Mimalapalabra y la X. Empezando por una página en común, un fanzine y una Antología (digital e impresa). Si Dios me quita la vida de Francisco Alejandro Méndez es el principio de proyectos con Ediciones Periféricas y así iremos ampliando la difusión y la colaboración entre proyecto similares latinoamericanos.
  • ¿Qué papel juegan las editoriales independientes en Latinoamérica?
  • De una u otra manera creo que estas iniciativas de editoriales alternativas son las que traen a la luz nuevos escritores con propuestas sólidas y frescas. Con calidad literaria, pues su fin no es netamente comercial, sino artístico. La literatura por la literatura en sí, anteponiendo la calidad en las propuestas ante las posibilidades puramente mercantilistas, como pasa con las grandes editoriales.
  • Literaria y editorialmente hablando ¿hay un subordinaje nuestro hacia España?
  • No lo creo, pues en nuestros países hay escritores con propuestas muy sólidas y de gran calidad literaria. La diferencia tal vez radica en que en España las editoriales tienen más medios de difusión y promoción, además de contar con un aparato de crítica literaria que dan luz a las obras y a sus autores.
  • A causa de la pandemia Si dios me quita la vida tuvo que salir primero de manera virtual ¿cómo fue esa experiencia para ti y, crees que esto anuncia y determina el futuro del libro impreso?
  • Creo que, aunque suene algo raro, lo único útil que nos trajo la pandemia fue una mayor inmersión en la virtualidad, obligatoriamente. Pero de la cual han surgido resultados muy interesantes. Como por ejemplo el cierre de fronteras entre los países centroamericanos nos ha hecho pensar en nuevas estrategias de colaboración y de trabajo en conjunto. Así como la posibilidad de crear espacios que antes no se estaban aprovechando anteriormente. Por ejemplo, el año pasado di un curso de creación de relato, en él participaron escritores no solo de Guatemala, sino de varios lugares: El Salvador, Perú y  Estados Unidos. Viendo la calidad de los textos trabajados, estamos por sacar de forma digital e impresa una antología latinoamericana “Voces desde el encierro”. No creo que el libro digital llegue en su totalidad a substituir el libro impreso, esto sería muy repoto. Nuestra relación con lo impreso, o grabado en algo físico, ya sea papel o arcilla, va desde el inicio de la civilización humana. Pero sí impulsó a usar este recurso el cual ya existía desde hace varios años y del cual se pueden tener una difusión mucho mayor de nuestras propuestas literarias, principalmente de áreas aisladas, como nuestros países, que estando tan cerca geográficamente, ya desde antes siempre ha sido difícil y costoso la difusión de nuestras propuestas.
  • ¿Son los escritores mejores editores?
  • Tal vez sí, pues siempre va a verse desde un punto de vista diferente al de alguien que no sea un escritor. Brindándole más importancia al texto, que a sus posibilidades mercadológicas.
  • ¿A qué se debe que hayas publicado la mayoría de tus libros en Editorial X?
  • La verdad creo que mis textos son bastante ácidos, recurro a la ironía, al humor negro y a la deconstrucción social de la manera más contundente que he podido, lo cual lo hace un texto contracultural radical en donde se cuestiona todo, de la manera más fuerte posible. Con estas características, sólo he podido encontrar algunas otras iniciativas para poder publicar sin censura de ningún tipo, como en editorial Germinal, de Costa Rica, que sacó una edición de “El libro negro”, en México con la Revista Generación con algunos relatos míos, y en Italia, en la Universidad La Sapienza, en donde se tomaron la tarea de hacer una traducción de algunos de mis textos.
  • ¿Qué es para ti la rebeldía?
  • Rebeldía para mí no es necesariamente ir en contra de todo, si no cuestionar la realidad de una manera crítica, pues estamos socialmente siempre siendo manipulados por intereses más allá de los nuestros y denunciar la hipocresía o las verdaderas intenciones de estas estructuras de poder que brindan un discurso que lleva vedado sus verdaderos propósitos. Y en determinado punto oponer resistencia a ellos.
  • ¿Por qué has priorizado al cuento sobre de otros géneros literarios?
  • Fíjate que antes que ser editor, fui escritor y antes lector obviamente. De una o de otra forma me interese más, o tuve más contacto con la narrativa. La disfruto más, la verdad. Eso ya es un gusto personal. Aunque considero que todos los géneros literarios tienen un valor estético igual… son arte.
  • ¿Te consideras un creador “underground”?
  • Quisiera pensar que sí. Aunque con el tiempo muchos de los que empezamos en editorial X han pasado a ser parte del canon literario nacional. La verdad es más divertido estar en las filas de la trinchera revolucionaria y contestataria, que estar en el canon como una figura de un museo de historia.
  • ¿Qué piensas de la actual literatura feminista latinoamericana?
  • La verdad he tenido más contacto con el movimiento literario LGBT, hasta sacamos la primera antología a nivel centroamericano: Anatomías del deseo negado (2018).  Creo que la literatura feminista es necesaria, pues mucho de la represión que se ha tenido viene de los mismos males culturales, los cuales surgen de una misma raíz: una sociedad capitalista, patriarcal y heterosexual represiva.
  • A los escritores ¿nos está astringiendo la corrección política?
  • Creo que últimamente la lucha por los derechos de los diferentes sectores de la sociedad que han sido reprimidos históricamente nos está llevando, paradójicamente, otra vez hacia una represión, en lugar de un ambiente de apertura social y respeto hacia la libertad de expresión (que debería de ser lo más importante pues es lo primero que se pierde en un sistema represor), ahora siento que se está creando una sociedad en donde para estar “políticamente correctos” ya no se puede hablar con libertad sin que algún grupo proderechos de lo que sea brinque.
  • ¿Qué significa ser escritor en Guatemala?
  • Es interesante… para mí fue la oportunidad de poder crear textos que pretendían deconstruir todas las instituciones sociales, nuestras historia y nuestros “valores” (entre comillas). Sentía que cada uno de mis libros, al salir, eran una bomba Molotov en contra de una sociedad hipócrita y falsa.
  • Por último, estimado Estuardo, y esta pregunta más bien se la hago a Masterdrogo ¿cuál es esa conciencia a la que podemos asumir como una última frontera?
  • Te contestaré con una cita del mismo libros, de Artaud: “Y tú, desquiciado lúcido, portador del cáncer, meningítico crónico, tú eres el incomprendido. Existe algo en ti que ningún doctor llegará a comprender y esto es lo que para mí te salva y te hace majestuoso, puro y maravilloso. Tú estás afuera de la vida, estás sobre la vida… tú vas más allá, más allá del nivel normal y esto es por lo que los hombres están en tu contra, pues envenenas su quietud, eres el que rompe su estabilidad…”. La conciencia de ser seres libres, que cuestionan todo, que tienen sus propias opiniones, aunque no sea políticamente correctas, que viven como quieren…esa es la última frontera : ser verdaderamente libres.
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Carla Pravisani | La Escuela de la Nada

Carla Pravisani (Misiones, 1976), es una escritora viajera. Su largo sendero la llevó lejos de su natal Argentina, y ha podido vivir algunas estancias en México, Cuba, Barcelona, hasta que al parecer ha anclado en Costa Rica. Al leer la vasta obra de Pravisani, podría afirmarse de ella que es muy narrativa en sus versos, y muy poética en sus narraciones. No obstante, su calidad literaria en ambos géneros es impecable e indiscutible. Ha ganado la mención honorífica del prestigioso Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón en su emisión 2010 y dos veces ganó el Premio Nacional Aquileo Echeverría, una en cuento y la otra en novela. Asimismo, también dos veces resultó beneficiada por la Beca Creación para el Fomento de las Artes Literarias.Entre sus publicaciones destacan los libros de cuento Y el último apagó la luz (Perro Azul, 2004), La piel no miente (Premio Nacional Aquileo Echeverría, 2012), Las hienas del miedo (Germinal 2016), así como los poemarios Apocalipsis íntimo (Perro Azul 2010) yPatria de carne (Casa de Poesía, 2015) y la novela Mierda (Premio Nacional Aquileo Echeverría, 2018). También ha publicado el ensayo Taxidermia del cuento (Uruk, 2019). Su obra ha sido publicada en Centroamérica, España, República Dominicana, Argentina, Miami, y su poesía ha sido traducida al italiano, maltés, ucraniano, alemán y serbio.  

  • Estimada Carla, ¿qué te hace dejar Argentina y cómo terminas en Costa Rica?
  • Soy de la camada “crisis Argentina 2002”.
  • ¿Qué diferencias y similitudes encuentras entre los ámbitos literarios de ambos países?
  • La diferencia más importante que encuentro tiene que ver con la visibilidad a nivel editorial. Argentina es un polo de interés para otros mercados, a Centroamérica solo la ubican para hablar temáticamente sobre violencia.
  • ¿Cuál es tu visión de la literatura centroamericana contemporánea?
  • Creo que hay cada vez más esfuerzos por conectarnos, por leer lo que se produce en el país o en los países vecinos. Librerías independientes, pequeños proyectos editoriales, talleres,  festivales literarios cada vez más serios. En fin, ese ecosistema genera encuentros y, por ende, autoestima literaria local.
  • ¿Y del resto de los países latinoamericanos?
  • Cada país es un mundo, qué sé yo. No conozco ni el 1% de lo que se produce, conozco de lo que se habla, pero lo que se habla no representa todo lo que se hace. Ni siquiera sé si es lo que verdaderamente importa. Sobre todo leo a muchas autoras latinoamericanas actuales.
  • Dos veces ganaste el Premio Nacional Aquileo Echeverría, ¿qué tan importantes son los premios para la consolidación o reconocimiento de un escritor?
  • Depende el escritor. Hay escritores que se deprimen con el reconocimiento y ya no escriben nunca más. A cada quien lo motoriza distinto “ese afuera” que nada tiene que ver con la escritura.  A mí me cayó muy bien, sobre todo si ganás plata. Sentir que el cheque viene por algo que escribiste por puro gusto o por puro tormento es algo raro, como una palmadita en la espalda que te da Dios como diciéndote: “¡Bien hecho, mi criatura, te lo ganaste! ¡Anda por esa freidora de aire que tanto querías!”
  • Has afirmado que nada hay más útil que la poesía ¿qué piensas de la narrativa?
  • Yo en realidad dije “nada más inútil que la poesía” pero me encanta ese equívoco. Porque también fue como una frase aislada  que dije ya no recuerdo ni en alusión a qué, pero que luego se transforma en un titular por el gusto del entrevistador y uno se queda pegado a sus propias sentencias, la huella digital de nuestra efímera oralidad.  Ahora bien, ¿qué pienso de la utilidad de la narrativa? Desde un contexto tan alienante como el actual, la literatura, la escritura, el arte en general, son formas de darle voz al sujeto y no ahogarnos en nuestras representaciones. No se me ocurre que exista mejor manera de respirar.
  • Hoy en día el mundo virtual reboza de revistas electrónicas dedicadas a la literatura, ¿crees que de verdad son útiles para que un escritor difunda su obra o se convierten en un cementerio de textos?
  • Va a depender de la calidad literaria de los textos que se promuevan. Lo malo muere pronto. La próxima generación generará sus propias mierdas, no necesitará de las nuestras. Cuánto mayor es el criterio editorial de un proyecto más capacidad de resonancia y permanencia tiene.
  • Tuviste a bien vivir y estudiar un tiempo en España ¿cómo ven ellos y cómo viven la literatura latinoamericana contemporánea?
  • En España hay muchos proyectos editoriales (grandes y pequeños), y creo que en general están atentos a lo que sucede (y se escribe) en Latinoamérica, obviamente con sus sesgos. Es decir, un argentino que vive en el barrio de Lavapiés en Madrid tiene más chance de que su libro llegue a ser leído, comentado, discutido y publicado, que uno que vive en Humahuaca de Jujuy, a éste último le va a costar hasta que lo lea alguien de la capital de su misma provincia. La periferia siempre es periferia. Pero nada es imposible. Ahora hay más acceso que antes a la difusión y al encuentro.
  • ¿Piensas que el libro digital desplaza paulatinamente al libro impreso?
  • Pienso que es algo con lo que hay que vivir. La imprenta reemplazo a los códices y aquí estamos, nadie se da con una piedra en el pecho por no poder leer más libros enrollados en papiro.
  • Quizá en pocos países se experimente una división tan marcada entre los creadores de la capital respecto a los creadores de provincia como en la Argentina ¿cómo viviste este fenómeno?
  • El anonimato de ser provinciana tiene su encanto. Eso de no vivir nunca en un lugar que sea foco de interés para ningún mercado literario y que una vea como las discusiones sobrevuelan tu cabeza a la larga da cierta paz. La renuncia es esa sabia superposición entre la impotencia y la libertad. Una utopía a la que todavía tenemos acceso los periféricos.
  • ¿Qué significan para ti los festivales literarios y que utilidad les ves con respecto a los escritores y el público asistente?
  • Los festivales literarios son formas de encuentro, de diálogo, de mirada. Uno lee, escucha y descubre autores, se cruzan lecturas, recomendaciones. Para el público local es también una forma de darse cuenta de su propia riqueza.
  • Hoy en día ¿el escritor no llega a ningún lado sin el marketing, sin la publicidad?
  • ¿A dónde se supone que hay que llegar? A veces se confunde el mercadeo literario con la literatura.
  • En ese sentido ¿cuál piensas tú que es el papel que juegan los agentes literarios?
  • Imagino que defienden los intereses económicos del escritor, que le aseguran cierta proyección de su obra.
  • ¿Qué es la Escuela de la Nada?
  • Una plataforma de talleres y workshops que guían a las personas a  descubrir su talento a través del autoconocimiento, la escritura y la creatividad.
  • ¿Qué resultó de la taxidermia que hiciste al cuento?
  • De eso resultó un libro, una reflexión ordenada de aspectos que se discuten en torno al cuento.
  • ¿Qué importancia crees que tienen para la literatura latinoamericana contemporánea las editoriales independientes?
  • Toda la importancia. La importancia de darle voz a la singularidad,  a lo que no es mercado, al riesgo, a la pérdida. Son los Quijotes de esta época.
  • Por último, Carla, ¿sigues siendo tributaria de la risa y enemiga de los payasos?
  • Sí.
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Felipe Ríos Baeza | Un profeta en pandemia

¿Qué será la profecía, un género literario o teológico? Ambos, sería quizá la repuesta más prudente, pues si es verdad que la profecía se supone un ejercicio espiritual, un diálogo no pocas veces directo con Dios, también es cierto que, sin necesidad de profesar ningún credo, se pueden reconocer entre los legados más hermosos de la literatura antigua varios libros proféticos. Y no sólo del mundo antiguo, puesto que hasta bien entrado el siglo diecinueve, debemos obras literarias (ficción para algunos, para otros no) de notable factura. Pienso en las voluminosas visiones de Blavatsky. Aunque también es verdad que el “género profético” se fue diluyendo (como literatura virtuosa, no como fenómeno) en ese mismo siglo diecinueve,en buena medida a causa de la ciencia ficción que la fue devorando. Aún así, hay libros que siguen sonando a profecías, más cuando su aparición en el mundo coincide con las catástrofes que vislumbra. Y me parece que esto le ha sucedido al libro Infectados (que ha tenido a bien publicar la editorial mexicana Ediciones Periféricas) autoría del escritor Felipe Ríos Baeza (Santiago de Chile, 1981), la cual, por su reciente aparición en el mercado digital, nos ha servido de pretexto para esta entrevista que nos ayudará a comprender a este joven narrador chileno cuyas letras resultan tan interesantes para la literatura contemporánea de nuestra Canaimera. Ríos Baeza, además de escritor, se ha desempeñado como crítico, académico, comunicólogo y editor. Entre sus libros de ficción podemos contar la novela Clowns (Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla, 2015) y el libro de cuentos Satori (Rialta ediciones, 2018). Entre sus obras académicas destaca El desvarío ilustrado. Ensayos sobre literatura hispanoamericana contemporánea (Universidad Iberoamericana-Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2014). Infectados se puede conseguir en https://amzn.to/3oqhCoL.

  •  Felipe, ¿eres un profeta?
  • Ja, ¡los dioses, o el Yahvé de Moisés, me libren siempre de aquello! Creo más bien que el azar ha acomodado bien las cosas con mi novela. Si acaso tuviera alguna brizna de profeta, sería porque nunca lo fui en mi tierra, lo que es bueno en cierto punto. De todas maneras, creo que cualquier persona que se dedique a escribir, componer, pintar, etc., atraviesa el desierto, en algún momento de su vida, y sube a algún Sinaí para recibir algo a cambio. Pero en el caso de Infectados, las circunstancias fueron más peregrinas, nada sagradas: durante una cena con amigos, el 2016, recordábamos la contingencia y las medidas, igual de caóticas y absurdas que las del 2020, que el gobierno tomó cuando en 2009 cayó sobre nosotros la influenza AH1N1 (a la que sigo llamando, por todas sus connotaciones feroces y burlescas, “la porcina”). Debido a que esas medidas, como las de ahora, no hicieron sino aumentar la incertidumbre y el miedo, siempre pensé que ahí había un marco de referencia para una novela. Si te acuerdas, durante los primeros días de esa pandemia parecíamos estar dentro de una novela o de una película distópica; entonces tuve una primera imagen: un sujeto que está feliz de quedarse en casa con el televisor encendido, mientras el mundo se cae a pedazos. Eso me daba pie para que, paralelamente, contara otra historia, que también hablaba de una “enfermedad”: la de cómo la ficción del escritor apócrifo Virgilio Mondragón, personaje de Infectados, acababa influyendo en la vida cotidiana del narrador.
  • Platícanos de Infectados y cuál es tu sentir de verla germinar en estos tiempos turbios de pandemia.
  • Como mencionaba, la novela surgió en 2016 y tardé más o menos un año en escribirla. Sus temas (una pandemia más mediática que real; los efectos de una cuarentena en una persona que cumple a rajatabla con las medidas; la sátira al mundo académico; las reflexiones sobre el poder de la ficción literaria en la realidad, etc.) y su estructura (fragmentaria, metaliteraria) en realidad surgieron muy rápido. Lo que tardó más, como siempre me ocurre, fueron las correcciones a ese texto inicial. Suelo ponerme con demasiada seriedad por las mañanas la bata del Dr. Jekyll para tijeretear aquello que Mr. Hyde ha escrito durante las noches. Después, como le ocurrió a Clowns, también, Infectados tuvo que acumular algunos indispensables rechazos editoriales, hasta que una amiga escritora, Isa González, le comentó su trama a Nahum Torres, el editor de Periféricas, y acordamos finalmente publicarla en este contexto inmejorable.
  • Parece que algunos de los personajes ya habían nacido en otras de tus obras e incluso mencionas la novela en uno de tus cuentos de Satori, ¿estás en la construcción de una red en tus ficciones o lo hiciste sin ninguna intención precisa o acaso vas dejando pistas de algo mayor a tus lectores?
  • Siempre me han parecido fascinantes los proyectos de literatura y metaliteratura “total” de algunos escritores, como Vila-Matas, Bisama, Fabián Casas, Bolaño o el mismo Borges, donde los libros individuales son piezas de una estructura mayor, y que solo al verlos juntos te das cuenta, como la máxima de la Gestalt, que el todo es más que la suma de sus partes. Esa idea de que los personajes brinquen de una novela a otra, o que las historias empiecen en un relato y acaben en otro,es de las cosas más fascinantes de articular con rigor un proyecto literario. Pero claro, después hay que ir dándole coherencia y robustez. Digamos que la intención que mencionas está (por ejemplo, el alter ego, Federico Racine, pulula desde hace muchos años en relatos que han circulado de mano en mano o en la red), aunque, claro, a veces los resultados no son los que uno se propone.
  • Ediciones Periféricas se distingue por la calidad de sus ediciones impresas, sin embargo, las circunstancias le han llevado al mundo digital, me parece que con bastante éxito. Dime, Felipe, ¿cuál ha sido tu experiencia en este ámbito de publicación?
  • Muy positiva. Desde hace algunos años soy un lector muy entusiasta de libros electrónicos, aunque en un comienzo tenía el mismo prejuicio deformante de todos los lectores tradicionales: perder el contacto físico con el objeto libro, como si se tratara de una relación fetichista (escribir en los márgenes con tu letra, poner un boleto de metro como marcador, en fin, esas cosas medio naif de la lectura tangible). Creo que el e-book permite una distribución más amplia y los dispositivos en los que se lee tienen muchísimas ventajas, como el precio y la accesibilidad de catálogo. De todos modos, por supuesto que valoro el libro regular y que espero ansioso la edición en físico de Infectados este trimestre.
  • Jugando a los profetas ¿cuál será el futuro del libro impreso y la repercusión de lo digital en la literatura?
  • Es una pregunta enorme. Recuerdo que hace unos 10 años, en una de las universidades en las que trabajaba, se dio una discusión algo bizantina (como casi todas las discusiones académicas) en torno a esto, que yo intentaba zanjar como un debate mal planteado, un falso dilema: los nuevos formatos no solo permiten leer de otra manera, sino incluso crear literatura de forma diversa, y eso es positivo a todas luces. Por supuesto, el boom de la literatura digital y multimedia, la twitteratura y todos esos fenómenos ya son algo trasnochados hacia 2021, pero en su momento supusieron nuevos modos de escribir y de pensar el fenómeno literario. En mi caso escribo de modo más tradicional, pero leo en cualquier formato porque precisamente el formato es secundario. A finales del siglo XIX, un francés, Octave Uzanne, pensó que el texto impreso iba a desaparecer en pocos meses debido a que ya era posible grabar sonido. Estamos a más de un siglo de distancia, imagínate, y siguen los mesones de librerías a veces repletos de papel entintado y mal usado que probablemente nadie va a atender.Eso sí me parece más problemático: si de algo habría que preocuparse, entonces, no es del avance mordaz de la tecnología o del fin del libro, sino de la ramplonería de los contenidos de esos libros y su multiplicación hasta el infinito. De lo que se trata es que la mayor cantidad de gente tenga acceso a cultura de calidad y quienes más se plantean este asunto en tono apocalíptico son, a veces, los consorcios editoriales, porque están dejando de ganar. Jacques Derrida, que es una de mis lecturas recurrentes, tiene un ensayo llamado «El fin del libro y el comienzo de la escritura», donde el propio título creo que es elocuente. No, el libro no desaparecerá, al menos en décadas; y en caso de que el objeto desaparezca, qué importa: la literatura persistirá. En el peor de los casos, nos convertiremos en los hombres-libro de Farenheit 451.
  • ¿Cómo fue tu salida de Chile y porqué escogiste a México como destino?
  • La salida de Chile fue planeada y voluntaria, pero la venida a México sí que fue azarosa. Aunque no lo parezca, Chile es un país pequeñísimo, donde los circuitos de escritura, publicación e investigación literaria se jibarizan cada vez más. Eso, quiéralo o no, genera una sensación de asfixia. Así que más o menos a mitad de la carrera, comencé a ahorrar y a juntar becas porque estaba convencido de que saldría de Chile. Mi destino inicialmente era España. Estuve en Barcelona dos años, haciendo la primera parte de mi doctorado, y fue una bocanada de aire fresco. Ahí, en la insurrecta comunidad latinoamericana que armamos en la residencia universitaria, fue donde conocía una poblana encantadora. Digamos que llegué a México persiguiendo una mexicana, como podría haber llegado a Ecuador, a Bélgica o a Namibia si esa hubiera sido la nacionalidad de mi (ahora) esposa.
  • Tú has hecho un dilatado estudio sobre este tema, así que dinos ¿cuál es tu visión de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Pasa por un momento muy positivo; desde hace muchos años la crítica y la academia internacionales han tenido la mirada puesta en el continente por razones ya más estéticas que políticas, y eso es muy bueno. Pero creo que ahora mismo las grandes apuestas, las grandes innovaciones que abren nuevos caminos (post-Bolaño digamos), se están haciendo en el Río de la Plata: Mariana Enríquez, Luciano Lamberti, Fabián Casas, Samantha Schweblin, Hernán Ronsino, Mauro Libertella… son escritores que tienen proyectos personalísimos, a los que no les da reparo jugar con los géneros, como el terror, el policial o la ciencia ficción, y convertirlos en otra cosa. De otros países, la apuesta de Juan Cárdenas y Margarita García Robayo, en Colombia, y Mónica Ojeda en Ecuador (sobre todo con Mandíbula y Nefando, que se leen en tándem), es notabilísima). En Chile veo algunas voces interesantes, pero creo que aún no es posible sacudirse de encima una etiqueta muy perjudicial, que inventaron la década pasada: “la literatura de los hijos” (y después la “literatura de los nietos”). Se trataba de escritores, como Alejandro Zambra y Nona Fernández, que quisieron recuperar el lugar de enunciación de la infancia para contar su testimonio durante los años de dictadura; pero luego eso, en las generaciones posteriores, derivó hacia una fórmula muy improductiva desde mi punto de vista: narrar la infancia porque sí, en clave testimonial, que de literario tiene muy poco. Hay escritores alternativos a eso que me interesan mucho más, como Camila Gutiérrez o Iván Monalisa Ojeda, a los que les da igual insertarse en un sistema literario establecido; y otros, como Álvaro Bisama, que de hecho rompe todos los sistemas, incluyendo los propios, con una literatura veloz, anticanónica, muy de géneros B y muy auténtica. La literatura mexicana actual vive un gran momento desde el punto de vista editorial, aunque como lector me entusiasma menos. El trabajo de Guadalupe Nettel, Valeria Luiselli, Yuri Herrera o José Sánchez Carbó me siguen llamando la atención, así como el de Vivian Abenshushan, Verónica Gerber y Horacio Warpola, que son más experimentales.
  • ¿Qué es para ti la crítica literaria?
  • Una rama de la literatura (a veces una rama de la literatura fantástica). La crítica literaria manifiesta como ningún otro género uno de los procedimientos elementales de la creación textual, que es la del “injerto”, así como lo entiende Derrida. Es decir, siempre se escribe un texto (de todo tipo, crítico o de ficción), al alero de otro texto, haciendo comentario, alusión o calco de otros. De ahí que siga siendo fascinante la obra de alguien como Borges, por ejemplo, donde no existe distinción, en el plano expresivo, entre sus textos de ficción y de no ficción. Lo que resalta la crítica literaria es, pues, el sistema de ideas, dejando en segundo lugar los afectos, situaciones y personajes, justo al revés de cómo lo hace un texto de ficción.
  • ¿Qué piensas de la literatura actual chilena y qué papel juega en los recientes y drásticos movimientos socioculturales de tu país?
  • Creo que es muy pronto evaluar la literatura, o las manifestaciones artísticas, generadas a partir de octubre de 2019, porque esa evaluación sería negativa y oportunista (por ejemplo, pienso en Despachos desde el fin del mundo, de Alberto Fuguet, que acaba de aparecer: una crónica rápida de los acontecimientos y una evaluación aún más rápida de los mismos. Es de lo peor de Fuguet; el Fuguet descomunal está en Missing, por ejemplo, que es cuando se toma las cosas con más calma). Ese tipo de literatura me interesa poco, porque toda literatura coyuntural tiene fecha de caducidad. En cambio, lo que hizo, por ejemplo, Álvaro Bisama en “La lengua alien”, casi como corresponsal de guerra cuando testificaba los sucesos en el punto neurálgico de la protesta —Plaza Baquedano, hoy rebautizada Plaza Dignidad— me pareció más inteligente: un texto donde Bisama desaparecía detrás de las voces colectivas —como lo hace Svetlana Aleksiévich en sus libros​— y a partir de un catastro de graffitis, armó una suerte de “literatura de la calle”, consignas de distinta carga estética y semiótica, y que representan mucho mejor al Chile de los últimos 15 meses que todos estos textos que intentan hacer evaluación, crítica, sublimación artística, etc. Más que una literatura o un arte hecho expresamente para el 19-O, me interesa más el modo en que la obra de Raúl Zurita o de Nicanor Parra fueron resignificadas a la luz de la coyuntura. Por ejemplo, me tocó ver, mientras estuve en Chile antes de la pandemia, a una ex compañera de universidad, semidesnuda, subida en la estatua de Baquedano, con los senos pintados y con un megáfono, recitando y actuando poemas de Raúl Zurita. Fue brutal porque eso implica la posteridad (creo que en caso de que a Zurita no le den el Nobel podría irse a dormir tranquilo con ese homenaje). Lo que espero es que este remezón general, que ha traído de manera pareja asuntos tanto positivos como negativos, saque a los escritores chilenos del paradigma de “la literatura de los hijos y los nietos” y les provoque escribir cosas más estimulantes.
  • ¿Qué significa México para ti?
  • Todo. Explosión creativa, cromática, gastronómica. Verborrea feliz y mareante. Trabajo y familia. Posibilidad de recorrer un mundo que siempre pensé más ancho que aquel que veía desde el ventanuco de mi habitación de adolescente en Santiago de Chile. Es curioso, porque soy muy poco afecto a la literatura mexicana reciente; en cambio, estoy completamente inmerso en su idiosincrasia y su gente, al punto de que mi escritura y mi acento, como le pasa también a Fabio Morábito o le pasó al mismo Bolaño, ya están preñados de giros lingüísticos del centro de México y del bajío.
  • ¿Sigue prendiéndote el rock latinoamericano, como en tu Clowns?
  • No, ya no. De hecho, cuando escribí Clowns el tono que buscaba era justamente el de una nostalgia por el rock que ya se fue; ese rock que en Chile arranca a mitad de los 80s, con Los Prisioneros, y se extiende más o menos hasta el 2000. En esos años de colegio se produjo algo así como una supernova de bandas extraordinarias, en un país regularmente pequeño y modesto. Aún recuerdo la sensación de encender el radio por las tardes, después de hacer la tarea, y oír los primeros discos de Los Fiskales, Machuca, Paniko, Santos Dumont, Los Tres, Lucybell, Canal Magdalena, entre otros, lo que suponía estar viviendo un momento totalmente inédito. Esa hondura compositiva ya no volvió a darse y, lamentablemente, esas mismas bandas, y aún más las nuevas, reciclaron fórmulas. Creo que la salvación de la música rock latinoamericana está en el metal (Sentencia, Split Heaven, Cemican), pero eso daría para otra entrevista.
  • En tu opinión ¿a qué obedece el boom de escritoras latinoamericanas que se ha dado en estos últimos años?
  • Creo que son varios los factores que inciden: uno, innegablemente, es el contexto editorial propicio para ello y la disposición de la academia para hacer rescate y valoración con otros criterios más frescos que los de los estudios de género tradicionales. Pero rápidamente este boom se hubiera apagado si no existieran escritoras, que ya mencioné (Ojeda, Schweblin, Enríquez, Nona Fernández), y que tienen un proyecto con riesgo y hondura que seguro perdurará.
  • ¿Son imprescindibles los reflectores y la mercadotecnia para alcanzar notoriedad como escritor o sigue vigente la magia del destino y la buenaventura?
  • En el campo literario no existe el destino y la buenaventura. Digamos que eso, desde Pierre Bordieu, ha quedado claro: hay circunstancias, tomas de posición, entornos de academia, de crítica y de editorial, que en un momento dado provocan que una obra valiosa, del pasado o del presente, se encumbre. Nunca olvidemos que la figura de un “autor” se construye, es una noción funcional, independiente del sujeto que teclea o toma un lápiz, y que ayuda a generar un mínimo marco de recepción. Esto funciona por igual para un rockstar tan sobreexpuesto como Salma Rushdie como para Thomas Pynchon, el más sensato de todos. Aunque, para qué mentirte: la imagen de un escritor entregado a su proyecto, que le da igual la comercialización de sus libros, me sigue resultando encomiable y hermosa. Ahí el prototipo es John Cheever, que se despedía de su esposa todas las mañanas fingiendo ir al trabajo, bajaba al cuarto de lavandería donde tenía una máquina de escribir, se echaba ocho horas y luego subía, como sin nada. Es delirante, pero hay que ser así de delirante para dedicarse a una pasión inútil como ésta.
  • Prosiguiendo con tu vena académica, y sabiendo que también es una figura a la que has estudiado ¿cuál piensas que es la densidad de Roberto Bolaño en los escritores contemporáneos latinoamericanos?
  • Fundamental, sin duda. En un momento, durante el siglo XX, todos los escritores debían pasar por el desfiladero de Borges o de Cortázar o de Octavio Paz, aunque solo fuera para refutarlos. Y desde finales del siglo es Bolaño quien poco a poco va ganando ese centro del sistema literario y se convierte en sí mismo en un canon, siendo lectura obligada. Los marcos de exigencia, y de semejanza o diferencia literaria, los fija él, sin duda, sobre todo a partir de Los detectives salvajes pero aún más con “La parte de los crímenes”, de 2666. Nadie ha vuelto a escribir como él. Por supuesto,es contraproducente evaluar la literatura actual desde la porción de la obra de un solo autor; pero es lo que sucede y resultará inevitable por algunos años más.
  • Tuviste la oportunidad de vivir en Barcelona ¿Cómo se mira desde España, literariamente, a la Latinoamérica actual?
  • Mi estancia en Barcelona fue breve, en realidad, aunque su impacto demoledor. Entre el 2005 y el 2007 fui testigo de que la literatura latinoamericana ayudó y ayuda a los españoles a salirse de ese realismo gris franquista y post-franquista. Cuando estuve allí aún se llevaban a cabo cursos sobre la trascendencia del boom, por ejemplo, y los mismos profesores nos preguntaban qué pensábamos de gente como Cortázar o Donoso o García Márquez (no se creían que hubieran surgido ahí, en nuestros países, como una anomalía, esos individuos beta malformados). La evaluación positiva de nuestras letras en España es total: son tremendamente receptivos a todo lo que viene de este lado. Pero pensemos también que los grandes consorcios editoriales están ahí y, como hablábamos antes, esos consorcios construyen, a veces con demasiada ansiedad y poca sutileza, la nueva narradora o narrador latinoamericano, heredero del boom, que provocará, por un lado, un viraje en el curso de las letras en español; y por otro, la posibilidad de que el lector se lleve su libro en pasta dura en agosto a la playa.
  • ¿Cuál es tu sentir con respecto a las editoriales independientes?
  • Ante la máquina acorazada de los grandes consorcios, para usar una metáfora de Lamborghini, me parece que son la posibilidad de oxigenación y frescura para las personas realmente interesadas en leer. En una editorial independiente aún existen editores que realmente(y esto ya es para ponerse a llorar) leen tus libros y comparten contigo un café o una copa para comentarlos. Eso ya nadie lo hace. Al menos con los editores independientes que he trabajado mis novelas y volúmenes de cuentos, como Carlos Aníbal Alonso y Nahum Torres, percibo su vocación como auténtica: saben que están apostándolo todo a algo que les traerá más perjuicios que beneficios, sobre todo en lo económico. Por otro lado, Rialta y Periféricas son mis casas editoriales actuales y uno siempre debe estar agradecido que dieran a conocer libros raros como los míos.
  • Por último, Felipe, y aunque parezcan versos de Raúl Zurita, ¿habitamos en el terror? ¿Nuestro planeta es el terror? ¿Nosotros provocamos tal terror?
  • En efecto parecen versos de Zurita. Pero como lo planteas, me parece, también, como si el terror fuera uno de los elementos naturales de todo planeta habitable. Nos han enseñado el escepticismo a golpes, más aún en nuestros países, y es difícil creer ya que la emancipación humanase produzca de modo espontáneo y civilizado. El terror está ahí, siempre: un agujero enorme al centro de la habitación en la que alguien escribe, toca el piano, hace el amor o cría a sus hijos. Sería intolerable para la vida cotidiana estar todo el tiempo asomándose a ese agujero; pero para el arte es fundamental. Pensemos en Goya, por ejemplo; o las performances de Gina Pane o algunos pasajes de novelas de Joyce o de Faulkner: es gente que se ha asomado a ese agujero y ha intentado darle forma al horror para tolerarlo. Pero bueno, tampoco nos pongamos tan tremendistas: volviendo a Zurita, recuerdo unos versos que podrían postularnos una salida amable: «Nací bajo Pinochet, viví bajo Pinochet, / morí bajo Pinochet. Pero te quería yo / tanto que hasta no me parecía tan malo».
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MARÍA DEL CARMEN PÉREZ CUADRA | FRANQUEAR LO LLANO

Jinotepe, que deriva en su etimología del nahua Xilotepec (El cerro de los chilotes o mazorcas), es una población nicaragüense de notable raigambre decimonónica  representada en diversidad de pintorescos espacios arquitectónicos lo cuales a su vez contrastan con la profundidad del llano tremendo que parece haber circundado a Jinotepe desde la eternidad. El llano y sus interminables muros de frondas, que se antojan impenetrables. Pero María del Carmen Pérez Cuadra (Jinotepe, 1971) los franqueó, a pesar de la dificultades que supone el querer ser escritora en una provincia alejada del mundo cultural del centro (aún cuando Jinotepe es cuna de algunos escritores y académicos de renombre en Nicaragua). Y tan los franqueó, que actualmente es una de las voces más interesantes de la nueva narrativa nicaragüense. En Managua, Pérez Cuadra estudió la licenciatura en Arte y Letras y el Máster en Literatura Hispanoamericana y de Centroamérica en la Universidad Centroamericana. Pero más allá de los títulos, ella era (es, será), una escritora y en 2004 consiguió notoriedad en su patria tras de adjudicarse el Premio Centroamericano de Narrativa Corta Rafaela Contreras, a los que siguieron el Premio Nacional de Poesía Inédita El Cisne en 2008 y más recientemente el Premio Nacional María Teresa Sánchez de Narrativa corta 2014. Desde sus primeros años como escritora, y posteriormente como docente e investigadora, ha participado significativamente en la construcción de la vida cultural de su país, aunque actualmente reside en Chile, donde prosigue con una notable vida académica y artística. Su incursión por las letras le ha llevado al ensayo, la narrativa y la poesía, por lo cual la escritura de Pérez Cuadra se significa por sus variados matices y registros. Entre sus libros destacan los títulos Sin luz artificial (Fondo Editorial CIRA, 2004), Una ciudad de estatuas y perros (Das Kapital, 2014), Rama, microficciones (Isonauta Ediciones, 2016) e Isonauta (Parafernalia Ediciones Digitales, 2020). Su obra ha sido difundida en buena parte de Latinoamérica y en Estados Unidos, Hungría, Francia, Alemania y España. Desde 2008 puede seguírsele en el blog https://animalinedito.blogspot.com/ .

  • ¿Estimada María del Carmen, qué te hizo dejar Nicaragua?
  • Hola, Juan de Dios. Antes de responderte quiero agradecer tu interés por realizar esta entrevista. Creo que de cierto modo, Nicaragua me dejó a mí. Es más, me ha apartado las veces que ha podido, pero vuelvo con insistencia a ese lugar sintiéndome enraizada a pesar del distanciamiento. Vuelvo a mi país en el sueño o pesadillas que me cuentan la guerra, el hambre, la pobreza y los muertos de los años 80. Pero también siento que regreso a mi lugar de origen por medio de la escritura. Mi primer viaje importante fue a Managua, que queda a tan sólo 45 kilómetros de distancia de Jinotepe, cuando me fui a matricular a la Universidad Centroamericana, una institución privada a la que tuve acceso por los cambios que trajo la revolución sandinista. Desde entonces he sido una especie de desplazada con ciertos privilegios. Más tarde, a finales de los 90, por el desempleo y la necesidad de poder pagar por mi título de Licenciada en Arte y Letras, me vi obligada a trasladarme a Costa Rica para trabajar como empleada doméstica, allí conocí el mundo de mujeres profesionales que tenían que ir a limpiar inodoros y padecer la xenofobia con tal de ganarse un sustento digno. Desde entonces, el alejamiento siempre ha sido un mecanismo de sobrevivencia, como esta vez que vine a residir a Chile. Junto con mi esposo y mis hijos, nos trasladamos a Santiago en 2010 por razones de trabajo. Supuestamente estaríamos dos años acá, pero al ver que la estadía se prolongaba más allá de lo planificado decidí postular al programa de doctorado de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y allí estoy ahora. Soy candidata a doctora en Literatura de esa casa de estudios. Pertenezco a REMCYC que es la Red de Estudios Literarios y Culturales de México, Centroamérica y el Caribe (ReMCyC) fundada gracias al apoyo de la UC como de los destacados académicos que han creído en nuestros proyectos como Alexandra Ortiz Wallner, Óscar Ariel Cabezas, Magda Sepúlveda o Betina Keizman, entre tantos otros. Te podría decir que los desplazamientos que he experimentado y que más me gustan han llegado por medio de la investigación académica pero también por medio de las publicaciones y traducciones en distintos lugares del mundo a mi obra literaria.
  • ¿Porqué escogiste a Chile como tu nuevo hogar?
  • A veces los lugares nos escogen. De pronto yo estuve allí, en Santiago, porque una editorial chilena (Uqbar Editores) me había publicado en una antología de cuento latinoamericano que fui a retirar en persona. Me ilusionó la idea de tomarme un sabático para escribir una novela. En 2011, gracias a Carmen Jopia, coordinadora de Sala Novedades de la Biblioteca de Santiago, me integré a un taller literario del que me convertí más tarde en facilitadora y editora de sus libros. Gozo de una entrañable amistad con mis exalumnos. Posteriormente, gracias a una beca otorgada por el Estado Chileno por medio de CONICYT(hoy ANID) me integré al programa de doctorado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Como ves, Chile ha sido un país que ha sabido acogerme.
  • ¿Estos desplazamientos influyen en tu más reciente libro Isonauta?
  • Por supuesto, el Covid-19 me estremeció, al hacerme pensar que los migrantes a veces somos percibidos por los otros como virus. Isonauta juega con el espíritu del desplazamiento forzoso, con aquel que a veces toca emprender con miedo, en incertidumbre pero con asombro.
  • Por cierto, ¿qué diferencias has percibido entre la publicación física y la digital?
  • En determinadas circunstancias la publicación digital se mueve mucho más rápido que la publicación física. He llegado a pensar que a su manera la publicación digital contribuye a la democratización de la escritura porque cualquiera puede recurrir a la red y liberar allí su obra. Como sabemos, es demasiado fácil publicar en digital y parece que es un sistema que mientras sea gratuito llega a un público amplio y diverso, pero no creo que las editoriales quieran apostar por un formato que a fin de cuentas les reporta muy pocas ganancias en relación con el formato tradicional. En cuanto a calidad, el libro digital corre el peligro de ser más espontáneo y en ese sentido cualquiera puede publicar sin necesariamente pasar por los filtros de un buen editor o editora. Por otro lado, está el tema de la ausencia de materialidad eso tiene que ver con otro impacto que depende mucho de los gustos. A mí, por ejemplo, como consumidora, me agrada percibir la calidad de una publicación en físico al palpar el tipo de papel con que está hecho el libro, al sentir el aroma de las páginas o las texturas del papel, algo que no es posible disfrutar en el caso de la publicación digital. Quizá los lectores digitales, por su lado, podrían hablarte de otras perspectivas del disfrute desde sus gustos, pero para mí sigue siendo imprescindible el formato físico.
  • ¿Cómo viviste tu decisión de ser escritora en Nicaragua?
  • Después de pensarlo mucho, creo que decidí ser escritora por dos razones. La primera es que me motivó mucho la existencia de los suplementos culturales que circulaban en los años ochenta y noventa, como El Nuevo Amanecer Cultural, Ventana y La Prensa Literaria. En mi casa nunca hubo una biblioteca porque no estaba a nuestro alcance, sin embargo, siempre tuvimos acceso al precio del diario, de cierto modo este acceso le daba a mucha gente, que en otras circunstancias podría estar fuera de lugar, un tipo de empoderamiento cultural. Tal es mi caso que viniendo de una familia humilde con un padre albañil, una madre auxiliar de enfermería empírica, una abuela vendedora de lotería y otra abuela que había sido empleada doméstica toda su vida, me sentí llamada a estudiar literatura gracias a una entrevista magnífica y muy estimulante que ofreció el querido y recordado Franz Galich a uno de estos suplementos culturales. Y fue gracias a Galich y el apoyo de Barbara Drösher, y luego de Werner Mackenbach, que junto a un grupo de compañeros nos formamos en la investigación académica por medio del Seminario Permanente de Investigaciones de Literatura Centroamericana (UCA). Esto nos permitió presentar ponencias en los Congresos de Literatura Centroamericana de esos años. Ese contacto con la universidad me llevó también a formarme en los talles de escritura de Lizandro Chávez Alfaro, un narrador fundamental en Nicaragua. En segundo lugar creo que mi decisión de ser escritora es fruto de la herencia de dignidad que recibí de mi abuela paterna analfabeta. Ella aprendió a dibujar su nombre como a los 50 años, gracias al programa nacional de alfabetización de principios de los años 80. Siempre la llamamos Dina, pero un día descubrimos que su verdadero nombre era Digna. Lamentablemente al poco tiempo olvidó cómo hacer ese dibujo que significaba su nombre pero a mí me caló hondo ver el esfuerzo que ella ponía en lo que parecía ser el rompecabezas de su nombre. He escrito poemas y narraciones desde que aprendí a hacerlo, sin embargo tengo gran parte de mi trabajo aún inédito. Por eso el primer libro que publiqué y que fue el que me hizo pensar que sí podía convertirme en una escritora es Sin luz artificial, colección de cuentos con la que gané en 2004 el Premio Centroamericano Rafaela Contreras auspiciado por ANIDE (Asociación nicaragüense de escritoras). Así entré al mundo literario nicaragüense.
  • ¿Se puede ser un escritor exitoso en Centroamérica?
  • Podría responder con otra pregunta ¿qué significa para un escritor ser exitoso? Pues por un lado, creo yo que un escritor o escritora puede ser exitoso o exitosa cuando sabe lo que hace, domina su arte y escribe lo que le viene en gana y no lo que el mercado le impone para poder vender. Pienso en Manlio Argueta o en Claudia Hernández, por ejemplo. Para mí ellos son escritores exitosos porque han ido en ese camino. Sin embargo, en el caso de Argueta, a pesar de ser uno de nuestros mejores escritores del siglo XX y XXI, acá en Chile no se conoce su obra. Y de ese tipo de autoras y autores exitosos en Centroamérica hay muchos. Por otro lado, tenemos poquísimos escritores y escritoras centroamericanos que se mueven bastante bien en el mercado pero que se pueden contar con los dedos de una mano. Autores que son exitosos porque cumplen con la cuestión de la venta de ejemplares y los puedes encontrar en las librerías de casi cualquier parte del planeta, eso también me parece justo. Respondiendo a tu pregunta, creo que sí, es posible ser un escritor exitoso en Centroamérica.
  • ¿Te consideras una escritora feminista?
  • No lo creo. En el sentido en que no he cultivado una línea en que conscientemente me focalice en trabajar un discurso propiamente feminista. Por supuesto que me interesa el respeto a los derechos de las mujeres, pero en mi caso creo que tengo demasiadas cosas pendientes por atender desde la escritura y cada uno se puede hacer cargo de lo que más nos toque.
  • Has tenido la oportunidad de estar en varios polos de nuestro continente. Desde esta experiencia ¿cuál es tu visión de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • Veo que este es un momento importante para la escritura de mujeres, y celebro que el nuevo boom latinoamericano esté constituido en gran parte por la escritura de mujeres talentosas como Mariana Enríquez, Guadalupe Nettel, Samanta Schweblin, Valeria Luiselli, Fernanda Melchor, Margarita García Robayo, Alia Trabucco Zerán, Lina Meruane y Nona Fernández, entre otras, porque afortunadamente la lista es larga. Y creo que proyectos editoriales como Vindictas, que es una colaboración entre la Universidad Nacional Autónoma de México y la editorial Páginas de Espuma, están ayudando a que se visibilice y valore la contribución de la pluma de mujeres en los catálogos latinoamericanos.
  • ¿Crees que existe un diálogo entre los escritores de los diversos países americanos, o vivimos en ostracismos provinciales?
  • Eso depende del tipo de diálogo y del tipo de género de escritura que practica un escritor pues he notado, por ejemplo, que por lo general los escritores de novelas suelen estar más incomunicados con sus pares que los escritores de microficciones. En el primer caso, esa falta de diálogo puede ser aparente porque quizá sí existe y se dé por medio del mismo acto de escribir que es en realidad un acto de lectura de otros autores o autoras. En el último caso, los microficcionistas parecen llevar una vida de red en diálogo permanente que con esto del Covid ha tenido un gran florecimiento. Algunos ejemplos que podría darte son: REM (Red de Escritoras de Microficción), el grupo de los Microficcionistas Pandémicos o la Internacional Microcuentista que llevan un intercambio permanente y colaborativo en sus redes de difusión. Sin embargo, creo que fuera de esos casos, y en Centroamérica en particular, no nos leemos suficientemente entre nosotros mismos y esa es parte de nuestra marca de provincianismo.
  • ¿Qué han significado los premios y las becas en tu carrera literaria?
  • Han significado un reconocimiento importante y un compromiso con la calidad de mi escritura.
  • En ese sentido ¿crees que son fundamentales los premios y las becas en el desarrollo profesional de los escritores?
  • Sí, absolutamente. Con ellos los escritores puede consolidarse mediante las publicaciones, la difusión y reconocimiento de sus trabajos. Los premios y becas le pueden dar a un escritor un momento en su vida para detenerse a crear y no a crear en emergencia o en paralelo con el duro trajín de la sobrevivencia, y bueno, algo no menos valioso es que las becas también ayudan a conformar redes colaborativas.
  • Estos premios, estas becas ¿las debe dar el gobierno o la iniciativa privada?
  • Creo que lo mejor es cuando hay muchas opciones, que tanto el Estado como la empresa privada deben aportar al enriquecimiento cultural de sus conciudadanos.
  • ¿Qué significa para ti la violencia?
  • Una mala palabra que no debería existir en el diccionario de la vida. Es también un lugar común con el que se está identificando a la producción literaria centroamericana y me parece un peligro pues con ello se podría dejar de ver la pluridiversidad de nuestras culturas y sus amplias posibilidades discursivas.
  • ¿Cuál es tu opinión acerca de la actual literatura nicaragüense y su injerencia en las letras centroamericanas contemporáneas?
  • Creo que aparte del fenómeno de Rubén Darío, de Ernesto Cardenal, Gioconda Bellio y Sergio Ramírez la literatura nicaragüense es poco conocida en la región como para llegar al punto de tener algún tipo de penetración o impacto en la escritura de los autores de la zona. Al contrario, creo que en la actualidad son los autores de las otras naciones hermanas quienes están alimentando bastante bien a las nuevas generaciones de autores/as nacionales, pienso, para mencionar algunos, en Ana María Rodas, Rodrigo Rey Rosa, Jacinta Escudos, Claudia Hernández, Denise Phe-Funchal, Ana Escoto o Eduardo Halfon.
  • ¿Qué importancia tienen los talleres literarios en la identificación y formación de jóvenes escritores?
  • Definitivamente los talleres no hacen automáticamente a un escritor, sin embargo son un espacio culturalmente necesario para la motivación, identificación y formación de las nuevas generaciones de autores, complementan y expanden la formación de cualquier persona que sienta interés por el oficio de escribir independientemente de su edad. No es necesario ser un jovencito para interesarse en la escritura como oficio.
  • ¿Cómo debe ser un buen taller de narrativa?
  • Que no sea complaciente con nadie pero que logre estimular a los participantes y proveerles las herramientas del oficio.
  • ¿Extrañas Jinotepe?
  • Sí, claro. Pero cada vez que regreso me parece un lugar nuevo, más tumultuoso, con más ruido, más automóviles y menos árboles.
  • ¿Has sufrido algún tipo de discriminación?
  • Sí, por supuesto. Nuestras naciones están marcadas por el machismo, el racismo, la xenofobia y el clasismo, entre otros males. Es muy difícil que un ojo educado bajo esas premisas se abstenga de racializar y clasificar al otro por indio, negro o migrante. En Costa Rica, para los nacionales, yo tengo un dejo insoportable que irrita por su nicaraguanidad; en Estados Unidos para muchos soy una mexicana sin papeles, en Chile suelo ser confundida con una peruana migrante que todos suponen que lo único que vino a hacer es limpiar casas. Limpiar casas es el trabajo más digno que hay, te lo aseguro, lo indigno está en el hecho de ver a los demás humanos como un peligro físico o de contagio, como enemigos o como algo tan bajo como un quiltro sin dueño.
  • ¿Cómo has vivido los más recientes acontecimientos sociopolíticos de Chile?
  • He vivido los acontecimientos con admiración y asombro. La ciudadanía chilena tiene mucho que enseñarnos, sus mecanismos de empoderamiento se basan en una educación democrática y no en las batallas ciegas por el poder.
  • Por último, María del Carmen ¿qué será de las mujeres sombras que irrumpen en las nocturnas bacanales centroamericanas?
  • Esperemos que sus esposos, sus hijos, sus parientes y sus vecinos aprendan a verlas como seres humanos creativos, solidarios, inteligentes, capaces de romper con los estereotipos que le reservan un lugar en la cocina o en el dormitorio. Las sombras tienen el poder de situarse en cualquier parte.
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MOHSEN EMADÍ | CANTAR DESDE LA DIÁSPORA

Tuve la gran fortuna de cruzar mi camino con el del escritor persa Mohsen Emadí durante el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico del Estado de México, entre los años 2018 y 2019. Hombre elegante en el habla, el vestir y el trato, bien pronto se le adivina generoso, buen amigo, pero sobre todo, ilustrado. Cual arcaico renacentista, brinca y se desenvuelve en sus conversaciones de un menester a otro, pues en varios de ellos, como la música, el cine, el activismo, la filosofía, el arte, incluso (aunque parezca desafinar con el conjunto por contemporánea) la programación, ha incursionado con éxito, llevando, sin embargo, a cada uno de ellos, su principal esencia: la poesía. Porque ante todo, Mohsen es un poeta, en la más profunda connotación del término. Y por la poesía, ha gozado y ha sufrido, porque se sufre al dejar la patria atrás, y se goza con poder seguir cantando a pesar de la diáspora y los tiranos. De tanto andar y cantar, el poeta llegó a esta Canaimera llamada Latinoamérica, donde se ha quedado detenido.  Son varias la latitudes de nuestro continente donde ha transitado, trabajado, enamorado, hecho amigos y hermanos. Permanece en México desde hace ya varios años. Mohsen Emadí, aventurero, valiente, ilustrado, poeta caballero que pareciera más bien, en su espíritu, ser un personaje de Salgari. Ha puesto su vida en peligro por llevar la poética de su pensamiento hasta las últimas consecuencias y ello ha marcado sus versos para siempre. Entre su vasta obra destacan las recopilaciones No hablamos de sus ojos (Ghoo Publishing, 2007), Las leyes de la gravedad (Olifante, 2011), Visible como el aire, legible como la muerte (Olifante, 2012), Abismal (Casa Refugio Citlaltépetl, 2016), Standing on Earth (Phoneme Media, 2016) y Suomalainen Iltapäivä (Olifante, 2017). En su trayectoria como cineasta, Mohsen ha cultivado el género del documental, y quizá uno de sus más significativos logros, en ese sentido, sea La única patria, donde registró la última entrevista, realizada por él, al poeta Juan Gelman. Actualmente, Mohsen labora en el ámbito cultural mexiquense, desde la ciudad de Toluca y, como siempre, tiene mil proyectos por llevar a buen término y mil cantos en el tintero. Su obra ha sido publicada y traducida en buena parte del planeta.

  • Querido Mohsen, llevas buena parte de tu existencia errando, ¿cómo ha afectado tu espíritu esta diáspora?
  • Yo pertenezco a una cultura nómada. Mi familia, por parte de mi madre, era nómadas y supongo que mudarme es tan esencial en mí que como las olas, si no me muevo, me muero. Sin embargo, el exilio es diferente de una vida nómada. En el exilio pierdes tu hogar, pero en la vida nómada inhibes deliberadamente varios hogares. El exilio fue al mismo tiempo enriquecedor y destructivo. Enriquecido por las amistades, horizontes e idiomas que me regaló. Destructivo porque era asfixiante.  Cada cultura es como un idioma. Por mucho que aprendí los idiomas de los países en los que vivía y traté de abrazar sus culturas, los habitantes de esas geografías no intentaron aprender las mías. Entonces, nunca me sentí como en casa. Traté de mentirme a mí mismo, varias veces. Pero fue una ilusión. Mientras la gente no sienta sed de mis culturas, tendré un techo, pero nunca estaré en casa. Entonces, estoy herido y agradecido.
  • ¿Qué significa la poesía en tu vida?
  • La poesía para mí es un lugar en el que me reinvento. No tengo un sentido de mí mismo sin poesía. Supongo que si el mundo fuera un lugar mejor, ningún ser humano podría vivir sin poesía. Es tan esencial como el agua o el pan. Somos humanos por la poesía. La política, la economía, la filosofía cuando no surgen de la poesía nos deshumanizan. Aquí no me refiero a la poesía como profesión. Los poetas profesionales no son poetas: son empresarios. Para la poesía no existen.
  • ¿Qué densidad tiene España en ti?
  • Descubrí España por Lorca. Sentí una conexión trivial entre las canciones populares de mi propia región y la poesía de Lorca. España no me habla sin sus poetas. Quiero decir sin Lorca, Cernuda, Hernández, Gamoneda. Es el lugar donde se esparcirán mis cenizas. Mi maestro, Ahmad Shamlou, a través de quien conocí a Lorca y la generación 27, pasó una noche en España. Pero nunca salió del hotel porque nunca quiso perder el Madrid que conoció en la poesía y la vida de Lorca. Yo era más joven e inmaduro que él y viví en España. La realidad de España es tan horrible como la de muchos otros países y es insoportable sin sus grandes poetas.
  • ¿Cuál es tu visión de la poesía latinoamericana contemporánea?
  • Admiro la poesía latinoamericana en general. Hay poetas maravillosos en todo el continente y en Brasil, Argentina, Chile y Uruguay especialmente. Sin embargo, la fuerza deformante en México es la poesía de Estados Unidos. Especialmente en la generación joven, no veo autenticidad y profundidad porque tratan de imitar la mentalidad blanca, es decir, la mentalidad del patrón. En el discurso mediático de la poesía, los premios, los empresarios son más visibles, y no los poetas. Tengo que afirmar que los poetas generalmente son desconocidos o raramente conocidos en la historia de la humanidad. No les importa la visibilidad. Prefieren vivir en lo invisible.
  • ¿Cómo fue tu relación con Antonio Gamoneda?
  • Antonio vive en mí. Aprendí el idioma español para leer su poesía en su propio idioma y hablar con él. Para mí, es uno de los pocos verdaderos poetas vivos que tuvo la generosidad de hacerse visible ante nosotros. Su amistad es un verdadero regalo de sabiduría para mí.
  • ¿Y con Juan Gelman?
  • No podría vivir en México si Juan no estuviera aquí. Era amable, abierto, lleno de vida y transparente. A pesar de todas las tragedias que vivió, Juan siguió siendo una fuente de luz. Aprendí mucho de él. De sus palabras, sus silencios, sus sonrisas, sus borracheras, su lucidez y sus abrazos.
  • ¿Qué densidad tiene México en ti?
  • México me duele. Conozco dos Méxicos, el de sus indígenas y sus exiliados; y el de su corrupción y máscaras. Es un país que mata a sus propios hijos más verdaderos. Imagínate, Enrique Servín…Es un país bipolar. Entonces, uno lo odia tanto como lo ama.
  • Háblanos de tu experiencia en Casa Refugio Citlaltépetl.
  • Vivir en Casa Refugio fue una experiencia maravillosa gracias a Philippe Ollé-Laprune. Me abrió las puertas de México. Con él encontré un hermano y un gran intelectual. Mientras Philippe estuvo en esa casa, pudimos descubrir los muchos rostros de México guiados por sus ojos sabios y amorosos. Yo era vecino de Juan Gelman y eso me bastaba. Ambos vivíamos en La Condesa.
  • ¿Cómo has vivido el haberte convertido en un ciudadano del mundo?
  • Después de vivir en tres continentes, llegué a apreciar la sencilla casa de mi  abuela en el pueblo. Si no sales de tu casa, nunca la verás. Nunca la habitarás. Vivir en el exilio es vivir fuera de tu zona de confort. Tienes que correr riesgos, tienes que meterte en la boca de un león e intentar salir vivo. Viví en pobreza, hambre, discriminación, ofensas y calumnias. Al mismo tiempo, tuve el privilegio de descubrir mi poesía y tener amigos maravillosos en todo lado del mundo.
  • ¿Encuentras similitudes entre la región del medio oriente y Latinoamérica?
  • Ambos sufrimos por las grandes potencias internacionales y los políticos corruptos. Irán no fue colonizado, pero fuimos ocupados varias veces por fuerzas extranjeras. Supongo que compartimos catástrofes y heridas, pero culturalmente somos diferentes. América Latina es joven.
  • ¿Qué densidad tiene Irán en ti?
  • Irán es tan antiguo como la Historia escrita. Existe donde quiera que vayas. Todas las culturas humanas se construyen colectivamente y en la cultura colectiva de la humanidad, Irán permanece como una dimensión inamovible, al igual que Grecia. Uno puede negarlo, pero no puede deshacerse de él. Es un privilegio para mí nacer en una de las culturas más antiguas del mundo. Sin embargo, también me duele. Veo cómo se está destruyendo.  A veces, desearía haber nacido en el siglo XIX cuando había más esperanza. Probablemente soy pesimista. No veo una salida. Frente a todos los políticos del mundo no tengo nada más que poesía, que es inútil políticamente, y necesaria individualmente.
  • ¿A pesar de tu universalidad sigues considerando persa a tu poesía?
  • La poesía en sí misma no tiene ningún lenguaje. Nace con el idioma y no en el idioma. La poesía y el lenguaje son como hermanos y hermanas. Sin embargo, el lenguaje es un hermano enfermo. Sin poesía nos destruirá. entonces, como poeta, no tengo ningún idioma y mi poesía hablará en cualquier idioma. Pero como ser humano tengo una identidad. Mi identidad es colectiva. Es finlandesa, española, mexicana, checa e iraní. Sin embargo, sin ser iraní, no puedo ser mexicano o finlandés. Reconocí el sentido de identidad a través del idioma persa y esto existe en cualquier otra identidad que obtenga.
  • ¿El futuro será la digitalización total de la literatura?
  • El mundo digital es demasiado joven para hablar de su futuro. Pero supongo que durante algunas décadas estaremos más digitalizados, es decir, el mundo será aún más cristiano o romano. Espero que podamos encontrar una forma de armonía entre nuestro cuerpo y nuestras ideas, una armonía  que reduzca el sufrimiento de la dualidad incrustada en el cristianismo y la filosofía griega. Los libros impresos pertenecen a una cultura diferente a los libros digitales. Los libros existirán, la poesía también, pero cambiarán de forma.
  • ¿Algo de padre tiene para ti Ahmad Shamlou?
  • Ahmad Shamlou es probablemente el poeta más influyente de mi vida. Mi poesía es muy diferente a la suya, pero su voz, sus palabras, sus ojos están ahí, en cada poema que escribo, lo escucho en mí. El idioma persa está en deuda con él. Probablemente es el poeta más profundo de mi idioma después de Hafez. No era solo un poeta. Fue el mejor traductor de poesía que mi idioma haya tenido, el mayor investigador del folclor que tuvimos y un símbolo de resistencia para los iraníes. Si crees que Rilke, Eliot o Vallejo son importantes, Shamlou es igualmente importante.
  • ¿Cómo fue tu experiencia creativa en Brasil?, y ¿piensas que la cultura brasileña está de verdad hermanada con el resto de Latinoamérica?
  • Me interesa más la poesía brasileña que la poesía mexicana. Varios poetas brasileños me han influido: Cabral de Melo Neto, Ferreira Gullar o Carlos Drummond de Andrade. Supongo que es por África que Brasil tiene una relación tan fuerte con el experimentalismo en formas creativas. La dimensión negra o indigna de Brasil siempre es discriminada y descuidada por la clase dominante, pero está ahí: no hay Brasil sin ellos. No puedo hablar de la cultura brasileña en general, pero en poesía, Brasil es más intenso, honesto y juguetón que México para mí.
  • ¿Añoras volver alguna vez a tu pueblo natal?
  • Extraño a mi madre, Juan. Aquí vivo solo y no tengo familia. Hace años pensaba que nunca volvería a Irán. Pero a medida que envejezco, veo el anhelo de ir allí y besar la tumba de mi abuela, abrazar a mi madre y nadar en el Mar Caspio, mi mar. Nuestra única patria es nuestra infancia. Nadie puede quitarnos nuestra infancia. Mi infancia estuvo ahí.
  • ¿Te arrepientes de la rebeldía?
  • Todavía no me arrepiento. Me rebelé desde muy joven y creo que lo seguiré haciendo por el resto de mi vida. Un cobarde puede vivir más, o ganar más capital o poder, sin embargo, aunque con la rebelión se vive menos, sin rebelión no se puede ser poeta. Mi abuela siempre decía: quien no conoce el amor, es como un cadáver y aunque viva un siglo, será esclavo de los cielos. Entonces, no soy un esclavo y no me arrepiento de ello.
  • Por último, Mohsen, ¿qué son para ti los ojos de la mujer?
  • En mi cultura nos enamoramos primero de los ojos de una mujer. Son las puertas  de las almas. Allá, tenemos un lenguaje para ojos. Hablan su propio idioma, en silencio. Pertenecen al universo de la poesía cuando hablan en ese idioma. Un lenguaje que es el gemelo de la locura y la comprensión. Somos como troyanos. Podemos perder un país por esos ojos.
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CÉSAR YUMÁN | OTRO DINOSAURIO QUE DESPIERTA

Una interesante generación de jóvenes escritores se está gestando en Guatemala. Lo sabemos porque, asimismo, se puede palpar un inusitado movimiento de editoriales independientes que buscan dar voz a dicha camada. Sión, Catafixia, Editorial X, Chuleta de Cerdo, F & G Editores, Cholsamaj, Alambiqve o Quimera, son algunos de estos sellos que han apostado por la nueva narrativa guatemalteca. Varios nombres destacan en la vorágine de títulos y propuestas, uno de ello, es el del narrador César Francisco Yumán (Guatemala, 1988), novelista, cuentista, y seguidor de los pasos del gran Augusto Monterroso en el arte de la minificción. Precisamente, con una minificción, es que César hace virar los reflectores hacia su obra, cuando en el año 2013 consigue el primer lugar en el Certamen Latinoamericano de Editorial Paroxismo en Estado Unidos. Con el premio en la bolsa, consigue abrirse espacios en las editoriales que comienzan a publicar sus cuentos y novelas. Es la voz de Yumán algo oscura, pero algo luminosa, con tintes de terror que desembocan en la ironía; una voz que refleja la maestría del obcecado, en contraste con la frescura del escritor joven; no obstante, algo que no se puede negar en sus textos, es la obsesión por la regeneración estilística y temática en cada libro. César alterna su trabajo de escritura con el de la edición, además de impartir cátedras literarias en la Universidad del Valle de Guatemala. Ha publicado los libros ∞ (Infinito) ( Editorial X, 2015), Roboniño (Santillana, 2015), La ciudad de los peces (Alfaguara, 2015), D4rkn355 (Editorial X, 2017), Me dicen Zombiie (Patológica Editores, 2018), Playlist (Editorial X, 2018) y Antología menor, (Editorial Los Sin Pisto, El Salvador, 2019); también la antología de microrrelatos Retóri-k, Introducción a tropos y figuras o schemas de Latinoamerica, (Editorial Paroxismo, EE.UU., 2015). Su obra se ha difundido en Guatemala, Argentina, España y Estados Unidos.

  • César, parece que cosas grandes te han traído las minificciones, un género, además, ligado eternamente a Guatemala, ¿no es así?
  • Claro, la narrativa breve y súper breve tiene un legado muy amplio en Guatemala, así como en Latinoamericana. Localmente, todos conocemos la genialidad de la obra de Augusto Monterroso, la cual, después de la lectura de varias generaciones, sigue vigente. Por supuesto, existen otros autores que, aunque sus principales textos no son microrrelatos, han escrito algunos bastante significativos. Entre estos mencionaría a Aida Toledo, Julio Calvo, Ronald Flores y Carlos Paniagua. A su vez, aunque me inicié en la novela, le tengo un cariño especial a los microrrelatos, no solo por abrirme puertas, sino por las historias extensas que hay detrás de cada uno.
  • Has tenido la oportunidad de trabajar como editor, por ello tu punto de vista es por demás pertinente, ¿cómo vives el movimiento de editoriales independientes en Guatemala?
  • Creo que lo vivo un texto a la vez, una obra a la vez. Es interesante ver cómo surgen constantemente proyectos editoriales con propuestas intrigantes y con mucho potencial, pero cuáles sobrevivirán al tiempo, no podemos saberlo todavía.
  • Esta pregunta ya alguna vez se la hicimos al poeta chiapaneco René Morales, pues hemos atestiguado, en festivales y encuentros, la relación de hermandad que guardan los escritores en ambos lados de la frontera, ¿cuál es tu perspectiva de este fenómeno entre escritores guatemaltecos y sus pares del sureste mexicano?
  • El año pasado participé en la presentación del Libro centroamericano de los muertos, del poeta chiapaneco, Balam Rodrigo, y en ese evento, él dijo algo que considero vital para responder a tu pregunta: él afirmó que se considera el primer centroamericano en obtener el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes. Eso me hace pensar que la relación entre escritores, que tú mencionas, surge de una autoidentificación con esta región; pues aquí, todos nos convertimos en el puente del Triángulo Norte de la Muerte.
  • ¿Qué significa en la actualidad ser escritor en Guatemala?
  • Creo que esta pregunta alguien que no sea yo la contestaría con mucha solemnidad o  pesimismo o ironía… incluso rabia. Pero para mí, ser escritor en la Guatemala contemporánea es lo que ha sido también para mis antecesores, un reto.
  • ¿Qué opinión tienes de la literatura latinoamericana contemporánea?
  • La literatura latinoamericana es para mí parte fundamental del registro del pensamiento del continente y podría extenderme mucho en esta respuesta, pero me limitaré a algo que llama mucho mi atención.  Me encanta la idea que se está manejando actualmente, en algunos medios, sobre que el nuevo boom es de escritoras, donde se  puede destacar a algunas como Samantha Schweblin, María Fernanda Ampuero,  Mariana Enríquez o Valeria Luiselli. A su vez,  también me gustaría que se les diera más proyección a autoras como Diamela Eltit o Eugenia Gallardo que continúan escribiendo y son anteriores a esta generación.
  • ¿Guarda un signo apocalíptico tu obra?
  • Algunas veces me han preguntado eso. Al inicio tú mencionaste que mi literatura tiene algo de oscuro y quizás esas atmósferas son las que causan dicha percepción; pero en este momento, lo único que podría decir al respecto es que me gusta pensar que mi literatura es una ruta hacia el fin… un fin irreconocible e innombrable, al menos eso intento proponer desde mi primer libro publicado,  ¥ (Infinito).
  • Impartes la cátedra de Literatura Indígena de América, ¿cuál es tu panorama de las literaturas indígenas contemporáneas en Guatemala y Latinoamérica?
  • Soy un admirador de la literatura indígena; por ejemplo, me fascina la poesía de autores mapuches, en especial algunos como Leonel Lienlaf,  que también es músico, y Febe Manquepillán, que a su vez es artesana. Asimismo, en Guatemala, existen muchos escritores que tiene una producción a la que hay que prestar atención como Rosa Chávez y Sabino Esteban. Sin embargo, en el tercer mundo hay un problema general con la literatura: la difusión. A esto hay que sumar, en el caso de la literatura indígena, la discriminación étnica que las poblaciones originarias viven a lo largo del continente; estamos en 2020 y las personas siguen excluyendo y explotando a otras por su etnia como una práctica común, lo cual es algo lamentable y trágico.
  • ¿Algo de maya, garífuna, xinca o nahua hay en tu literatura?
  • Tú que ya has leído algunos de mis libros habrás notado que mis textos, tanto a nivel micro como macro, se construyen a través de símbolos y sí, en prácticamente todos mis libros hay símbolos pertenecientes a las culturas precolombinas e incluso a la población afrodescendiente. Ahora mismo, recuerdo que hay varios elementos presentes en Me dicen Zombiie; asimismo, hay algunos cuentos incluidos en D4rkn355 que utilizan símbolos mayas; también está el cuento sobre el vudú en Haití.
  • ¿La violencia ha determinado las literaturas contemporáneas de Centroamérica?
  • Por una parte es lamentable que la violencia sea uno de los discursos principales de la literatura centroamericana, y no hablo solo de ahora, sino desde las crónicas de la invasión peninsular al istmo, pasando por los conflictos armados y las olas criminales actuales que desinhiben el desarrollo sociopolítico y económico de los países del istmo. Sin embargo, la literatura cumple con su función de registro, de espejo, y así se puede denunciar y analizar de forma crítica la evolución de las sociedades en este lugar del destierro.
  • ¿Existe un diálogo verdadero entre los escritores centroamericanos que incida en su labor cultural diaria y en su escritura?
  • Desde el punto del individuo,  aunque lo desearan sería imposible separar la verdadera literatura de la vida diaria del escritor. Porque un autor percibe y analiza su mundo, luego produce creando un diálogo propio. Sobre esto, me gusta referirme a Eliot, porque él afirmó que “La mente del poeta es, en el hecho, un receptáculo para reunir y acopiar innumerables sentimientos, frases, imágenes que permanecen allí, hasta que logran combinarse todas las partículas indispensables para constituir una nueva aleación”. En cuanto si existe un diálogo entre escritores centroamericanos que incida en sus labores culturales y su escritura no podría afirmarlo, pues al final, la escritura también es un acto solitario.
  • ¿Qué representó para ti ganar el certamen de Paroxismo?
  • Fue, como bien decías al inicio, conseguir que algunos reflectores se volcaran hacia mis textos. De hecho, me gustó mucho que fuera en el extranjero, pues localmente varias puertas se habían cerrado. Es difícil publicar algo en una editorial cuando nadie te conoce y eso no depende de la calidad de tu obra, sino de que los espacios ya están comprometidos a veces por el compadrazgo u otros intereses personales. Por otra parte, siempre voy a recordar ese certamen con nostalgia, pero como todo, lo que uno quiere también desaparece, y ese un certamen ya no existe… sólo queda su fotografía.
  • ¿Es la minificción un género en ascenso o comienza a desgastarse?
  • No creo que se desgaste, lo que sucede es que la gente en general cree que escribir es fácil, que es una tarea sencilla y cualquiera con internet se siente poeta, narrador. Definitivamente, no es un género tan nuevo como la gente piensa, podemos encontrar microrrelatos en obras medievales. Pero su auge en Latinoamérica estuvo con su explosión en México; principalmente allá, en los años sesenta y setenta, con la aparición de autores que exploraron el género y lo hicieron suyo. Asimismo, hay demasiadas personas que subestiman su naturaleza elíptica y crean composiciones que no son microrrelatos y todo lo justifican afirmando que son híbridos entre poesía y narrativa, aunque no lo sean ni de lejos. Cabe señalar que si alguien escribe por moda, seguramente dejará los microrrelatos y pasará a algo más, pero creo que un escritor se compromete con su obra. Además, existe mucha ignorancia en cuanto a la literatura en general, la literatura es un proceso extenso que puede llevarse tu vida; la finalidad de la literatura no es recibir likes en redes sociales.
  • ¿Es necesario publicar en España o Estado Unidos para ser reconocido en Latinoamérica?
  • Eso depende de varias circunstancias. Sin embargo, un factor decisivo es que gran parte de la población de este continente es sumamente xenocentrista y si algo se publica fuera recibirá inmediatamente más atención, aunque esto no tenga que ver de forma directa con la calidad de su obra. Además de esto, es una certeza que las editoriales en dichos países tienen mucha más difusión, por lo cuál es más probable que un escritor empiece a ser reconocido.
  • Lauro Zavala ha sugerido que El Dinosaurio de Monterroso podría tratarse de una novela y no de una minificción. Tú, que incursionas en ambos géneros, ¿qué opinas al respecto?
  • Creo que esa es una broma literaria, como la vida, como las que haría Tito. Porque literalmente el texto es un microrrelato. Pero la historia que está detrás es tan extensa que podría convertirse en una novela… personalmente me quedo con que cada quien puede hacer sus conjeturas, incluso en contra del autor.
  • ¿Qué opinión te merecen las revistas literarias guatemaltecas, como ésta, El Camaleón?
  • Todos los espacios son valiosos y soy alguien de mente abierta en muchos sentidos; me gusta dar oportunidades de lectura. Pero algunas revistas pierden credibilidad cuando ponen sus amistades antes de la literatura, cuando idealizan a autores que no tienen propuestas interesantes ni temas geniales. Supongo que lo más importante, y también complicado, en una revista, es ser consecuentes y congruentes para contribuir al desarrollo cultural de la región.
  • ¿Cómo va el devenir teológico de los semidioses intelectuales de Guatemala?
  • Igual que siempre. Creo que el intelectual no sólo en Guatemala, sino en todas partes, se sobrevalora a sí mismo, especialmente cuando nada hace. También es común que muchos se consideren intelectuales cuando no lo son. Pero las redes sociales aguantan con todo eso y más.
  • Por último, César, ¿eres un signo?
  • Basaré mi respuesta en el Joker de Heath Leadger: “depende de qué hora sea. Porque dependiendo de la hora podría ser uno o varios”. Los humanos no somos seres planos, no podríamos ser un solo signo, aunque a veces uno nos marque por siempre. Gracias por la invitación, Juan de Dios, un gusto conversar contigo. Hasta pronto.
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Elizabeth Reinosa Aliaga | La cadencia diáfana de la poeta musical

Me gusta la música que con las palabras hace Elizabeth Reinosa Aliaga. Cuando la comencé a leer, descubrí una voz madura en una casi niña. Entonces supe que esos versos anunciaban una gran escritora y al cabo de los años, la fuerza que ella misma ha ido experimentando en su poesía y su narrativa, la manera en que ha logrado irrumpir en su entorno, han confirmado mi casi profecía. Elizabeth Reinosa Aliga (Granma, Cuba, 1988), tiene la fortuna de ser escuchada por su generación y las generaciones subsiguientes de poetas. Ello le ha permitido ser reconocida en no pocos certámenes, con lo que podemos decir, ha sido multipremiada. Pero lo merece. En el año 2018 puede escucharla, entre el público que asistió al Festival Internacional de Poesía José María Heredia, cuando fue nombrada visitante distinguida de la ciudad de Toluca. Desde entonces, debo confesar, me he vuelto un asiduo consumidor de su música poesía. Clara y preclara, diáfana y corrediza, hasta casi ser agua; de envidiable soltura y certeza en la imagen, y con un marcado gusto por el juego de las formas. Curiosamente, Elizabeth estudió ingeniería informática, aunque de fondo parezca más una alquimista. El primer premio que ganó, en su natal Cuba, fue el Premio Nacional José Antonio Echeverría, a éste le han seguido bastantes más, entre los que destacan el Premio Guillermo Cabrera, el Iberoamericano Décima al Filo, el Francisco Riverón Hernández  y el Premio Internacional Voces Nuevas de la Editorial Torremozas, cuya sede está en España. Su espíritu inquieto la ha llevado a incursionar con fortuna en la narrativa y la literatura infantil. Entre los libros que ha publicado, se pueden contar En la punta del Iceberg (Editorial La Luz, 2011), Las Seis en punto (Editorial Sed de Belleza, 2017), Brújulas (Editorial La Luz, 2018), Líneas de tiempo (Editora Abril, 2019) y este año acaba de publicar, muy recientemente, el poemario para niños Zooilógico (DMcPherson Editorial, 2020). Su obra ha sido reconocida y publicada en Cuba, México, Chile, Argentina, Estado Unidos y España.

  • Elizabeth, vienes con un nuevo libro bajo el brazo, y es de narrativa  infantil, platícanos sobre tu Zooilógico.
  • Cuando comienzo a escribir un libro, incluso cuando lo termino, no pienso en el destino que tendrá, ni siquiera lo sospecho. Casi siempre, en medio del proceso de edición o al tener el libro en mis manos, experimento una especie de pudor o miedo escénico. Con Zooilógico me ha ocurrido algo así, una sensación de indefensión frente al lector, y en este caso, por ser para niños, de mucha responsabilidad. Es un libro escrito hace más de cuatro años, por alguien que ya no soy, por eso puedo hablar de él sólo desde cierta distancia. Zooilógico fue concebido, inicialmente, como un juego. Parte de la diversión, de mi deseo de mostrar un mundo donde todo parece reinventarse constantemente. El escenario es solo un pretexto para comunicar ese juego aparente. Detrás de los personajes hay guiños, ironías, reflexiones que serán completadas en un diálogo con niños y adultos. Una veintena de textos breves, algunas décimas, estructuras que creé a partir de juegos de rimas. Zooilógico es un cuaderno trampolín, ya que, como autora, me ha permitido salir (de un salto) de mi zona de confort, y replantearme lo que deseo expresar en la literatura para niños.
  • ¿Cómo se dio tu acercamiento con la literatura infantil?
  • El primer acercamiento fue como lectora, por supuesto. Nunca podré olvidar lo que experimenté al leer por primera vez Las aventuras de Tom Sawyer, El Corsario Negro o El libro de la selva. Con Mark Twain, con Salgari, con Kipling comencé a recorrer las páginas de la literatura infanto-juvenil.  Como autora, fue mucho después. En el año 2010 leí Sarubí, el preferido de la luna, una novela para niños del escritor cubano Emerio Medina. Me gustó cómo Emerio se alejaba de lo urbano y regalaba una historia con conflictos inherentes al público infantil. En ese momento yo también quise abrir una puerta a personajes que se movieran en un mundo de fantasía. A finales de ese año terminé Las Seis en punto, una historia que tiene como ejes centrales la magia y el discurrir del tiempo, temas que todavía me apasionan.
  • ¿Hay raíz negra en tu poesía?
  • Es algo de lo que no estoy completamente segura. Más bien lo intuyo a través de susurros, de pequeñas sacudidas dentro del verso, a veces tambores, a veces lejanas remembranzas de movimientos y colores. Cada día estoy descubriéndome. Es un largo viaje hacia el interior.  Un camino lleno de preguntas y cuestionamientos. Pero para mí es imposible explicar el entramado que conforma mi escritura, le temo mucho a las certezas y a las autodefiniciones. Por eso imagino las raíces, las construyo a partir de la memoria: las voces del cuerpo y las del sueño.
  • Has representado a Cuba en algunas ferias y encuentros internacionales de literatura ¿cómo has vivido esta experiencia?
  • He tenido la suerte de participar, de manera presencial y virtual, en varios encuentros literarios del continente, y ha sido con mucho interés de escuchar, de descubrir personas, estéticas y sensibilidades. Cuando esos encuentros  han sido animados por el diálogo y la transformación, regreso esperanzada. La vitalidad que puedo encontrar en ellos, me resulta muy útil. Sobre todo porque esa interacción social me permite entender mejor la realidad.
  • ¿Un parteaguas tu visita a Toluca?
  • El festival de Toluca fue un encuentro de voluntades: del Ayuntamiento de Toluca que apoyó financieramente el evento; de Jorge Contreras que fue el alma que hizo posible toda esa magia; de cada uno de los poetas que participamos —algunos cruzaron el Atlántico para asistir al encuentro—; pero también del público toluqueño que nos recibió con tanto cariño y abrió todas las puertas para que la poesía fuera posible. Yo disfruté enormemente la visita a las escuelas. Fui a una preparatoria y quedé sorprendida y encantada con el interés que mostraron los alumnos ante nuestra poesía. Esto me sirvió para entender mucho más la importancia de lo formativo de estos encuentros y la necesidad de potenciar los programas de lectura y el intercambio entre los escritores y los niños y jóvenes, en una experiencia comunitaria que fortalezca sus vínculos con la poesía y la literatura en sentido general.
  • ¿Qué importancias tienen estos festivales y ferias para un escritor?
  • Estos eventos son muy importantes para establecer nexos entre los escritores y sus públicos. Representan una vía de superación colectiva, siempre que estimulen un intercambio real y no se conviertan en una vitrina de exhibiciones. Para esto, es esencial poner la literatura al servicio de la comunidad y lograr establecer entre los poetas una sintonía que trascienda las fronteras geográficas.
  • En el mismo sentido ¿Qué han significado para ti los diversos premios con los que te han reconocido?
  • He recibido cada uno de esos premios con alegría porque representan un reconocimiento a mi trabajo. Los he aceptado con la mayor humildad y responsabilidad ante la escritura. No representan una meta sino un estímulo para comenzar de nuevo y dar lo mejor de mí en cada línea.
  • ¿A cuál de tus múltiples premios le guardas mayor cariño hasta ahora?
  • Esos reconocimientos han servido de impulso, y están atados a diferentes etapas de mi vida. Creo que cada uno llegó en el momento justo, cada vez que perdía las esperanzas de ver publicado algún libro. Así que no podría elegir uno, tomando como criterio el cariño. Puedo decirte que el que más sorpresa me causó, fue la beca de creación Can Serrat (España, 2020), porque apostaba por un proyecto de novela que yo misma no había dimensionado y, aunque todavía queda mucho camino por andar, me impulsó a redoblar los esfuerzos durante más de un año hasta tener listo el primer borrador.
  • ¿Porqué eres tan musical?
  • Aunque cada género me demanda una cadencia distinta: el ritmo de la décima no lo siento cuando estoy frente al verso libre, y el de éste último lo olvido cuando estoy ante la narrativa, creo que hay un factor común: el espacio en blanco, el enorme silencio que contiene los susurros de la tierra, de mis ancestros, de mis vidas pasadas. El origen de esa musicalidad es el silencio.
  • ¿Cuál es tu panorama de la literatura cubana contemporánea?
  • Creo que te refieres a la más reciente literatura cubana, la cual visualizo como un abanico de géneros, de estéticas, una polifonía que resulta interesante. Hablar de una literatura cubana no es referirse a una literatura demarcada por los límites de la isla, sino una referencia a puntos (de un mapa) diseminados por el mundo, y  señales de un fenómeno literario que no puede ser resumido en temas, formas y/o posturas políticas. Esto solo te lo puedo decir desde mi visión como lectora, y como autora que participa del fenómeno desde adentro, por supuesto. En esa búsqueda constante de lecturas, de autorreconocimiento en las obras de mis compatriotas he podido percibir un panorama esperanzador. Reconozco a autores que ya representan voces consumadas y otros que solo necesitan tiempo para madurar. También creo que es necesario que comiencen a escucharse, mucho más, las preguntas: ¿Qué estamos haciendo? y ¿Hacia dónde vamos?
  • ¿Crees que exista un diálogo verdadero entre los escritores latinoamericanos próximos a tu generación?
  • El diálogo entre los escritores de una generación, o al menos entre los que comparten un tiempo vital, se genera de manera espontánea. A través de la experiencia que se acumula al convivir en una época, al compartir aspiraciones y angustias, lecturas y divergencias.  En los eventos literarios y en Internet, se producen encuentros, acercamientos,  intercambios más inmediatos, que resultan vitales en esas  búsquedas y  descubrimientos de esencias, pero creo que a través de la realidad colectiva, del ejercicio literario y de la lectura, estos diálogos están teniendo mayor impacto.
  • ¿Qué ha significado para ti ser escritora en Cuba?
  • Escribir desde Cuba, mi país, ha sido siempre una moneda de dos caras. Por un lado, la dicha que implica poder hacer literatura desde mi espacio natural de creación y el respaldo de las editoriales nacionales para llegar al lector cubano. Por otro lado se impone el desafío de intentar conquistar otros escenarios, otros lectores. Pero llegar a las editoriales extranjeras no implica el descubrimiento de un mundo editorial totalmente desconocido para la mayoría de los escritores cubanos.
  • ¿Amante de la décima?
  • Amor que comenzó, si no con odio, al menos con una especie de rechazo.  Al principio pensaba que no se podían elegir caminos dentro de la décima, que todo estaba encapsulado de tal manera que entrar al cuadro de la estructura era entrar a una lucha con los brazos atados. Luego comprendí que para encontrar caminos diferentes, tenía que entender plenamente la construcción, construir para luego destruir o deformar. Ahora creo en las combinaciones. Las posibilidades dentro de la décima no son infinitas, se van agotando. En la estructura hay espacio para un discurso, para hacerlo con calidad y soltura, pero esto depende de las habilidades del poeta y de su capacidad de aprender de la tradición y de luego sortear los peligros de desandar el camino de los otros y el suyo propio.
  • ¿Hay perversidad en la literatura infantil?
  • Lo que encaja dentro de la perversidad es regido y modificado por la moral de cada época. A lo largo de la historia de la literatura, la perversidad como esa perturbación del orden o estado de las cosas, ha hecho posible los cambios de paradigmas e iluminado un trecho más de ese camino que constituye el conocimiento humano. A mi mente vienen obras como La historia interminable, Alicia en el país de las maravillas, Pippa Mediaslargas, y en ellos es un factor común el adentrarse en temas y formas que se salían de lo convencional. Aunque la perversidad puede ser una arma de doble filo, cuando se tratan con crudeza estos temas difíciles. La idea es pervertir los convencionalismos, los prejuicios. Que esa perversión sea a favor del niño. Por eso, la literatura dirigida a este público debe hacerse con extremo cuidado, sin didactismos, pero con ternura. Teniendo como premisas la búsqueda de la verdad, la investigación y el rigor con que se enfrenta la escritura. Creo que necesitamos una literatura infantil más esperanzadora, que no violente los procesos de crecimiento y maduración intelectual de los niños, sino que sirva de compañía y abra las puertas para que ellos puedan potenciar su imaginación y su capacidad de razonar y de cambiar el mundo.
  • ¿Cómo es eso de que eres ingeniera?
  • Desde niña supe que iba a ser escritora, pero decidí tomar otros caminos profesionales. Después de estudiar una Ingeniería en Ciencias Informáticas y  ejercerla durante cinco años, sentí que había llegado el momento ideal para saltar. Salté al vacío como un acto de liberación. No sentía lo mismo al escribir cien líneas de código PHP que al escribir un poema, cuando hago esto último experimento un estado de libertad incomparable.
  • Por último, Elizabeth, ¿sigue desvistiéndose tu memoria en su tierno striptease?
  • Ese striptease de la memoria representa la sinceridad frente la escritura, esa desnudez e indefensión ante lo que duele y brota con urgencia en cada palabra. Aunque continúo indagando en el recuerdo, el ritual se ha transformado: ahora es un acto que va de lo tierno a lo salvaje, un ejercicio intenso de construcción y derrumbe.
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Julio Meza Díaz | La risa burlona del monstruo

Sin temor de caer en lugares comunes, toda vez que en su prosa y poética se distingue una diáfana pulcritud y una inteligencia y un humor ácidos, atinados y finos (que no refinados), puede afirmarse —como ya dije: sin pudor alguno— que Julio Meza Díaz es una de las voces de la literatura peruana contemporánea que mayor interés producen entre la crítica de a caballo, que en veces desatina y en veces atina, y en los lectores de a pie, que al fin y al cabo, son jueces más sensatos. Meza Díaz cae al mundo en 1981, en esa Lima de Dios donde, como balbuceó alguna vez el sabihondo Ricardo Palma, “siempre harán las limeñas pecar a un beato”. Así, entre beatitudes y pecados, limeñas y arrebatos, abrevando de la caleidoscópica tradición literaria peruana, y quebrando con ella cuando era debido, Meza Díaz ha transcurrido de la poesía a la narrativa y viceversa, y sus periplos le han llevado a diversos derroteros de esta gran ilusión llamada literatura. La diosa Fortuna parece consentirlo. A pesar de las complicaciones mundiales por la maldita pandemia, Julio ha tenido la buena estrella de ver nacer, en la recta final de este año, su emblemática novela Vargas Yosa (Ediciones Periféricas, 2020), de la cual hablaremos en esta entrevista. Julio Meza Díaz ha publicado, además, el cuentario Tres giros mortales (Casa tomada, 2007), la novela Solo un punto (Cinosargo, 2014), la novela gráfica El amor sabe a sábila (Editorial Ínfima, 2010) y los poemarios Lugares comunes (Editorial Ínfima, 2011) y Matemáticas Sentimental (Editorial Ínfima, 2011). Éste último le hizo acreedor al premio de poesía Cayetano Heredia 2010.

  • ¿Julio, en este continente repleto de cacicazgos ponzoñosos, qué son para ti los caciques literarios?
  • El cacicazgo es una práctica social enraizada en Latinoamérica, ¿no? Conversaba sobre el tema con un amigo, César Sanz. Él me decía que el cacicazgo, es decir, esta relación clientelar entre un señor y sus subordinados se puede apreciar en distintos campos de nuestras sociedades. Cesar me mencionaba el de la gastronomía en el Perú, por ejemplo. En el caso de la literatura el sistema de cacicazgo es el mismo: hay un gran señor que acumula capitales (legitimidad y redes sociales, por ejemplo) y lo entrega a sus vasallos a cambio de su lealtad y reverencia. La visión romántica de la literatura describe a ésta como un espacio de imaginación y libertad, pero sabemos que la literatura no es autónoma, ¿no?; es decir, no es ajena de las dinámicas sociales.
  • Recién salida del horno está tu novela Vargas Yosa, platícanos sobre ella.
  • Forma parte de un libro de cinco novelas breves que no salió por culpa del covid. De modo que con el editor decidimos adelantar una de las piezas. En Vargas Yosa quise hacer un retrato no mimético, al modo en que lo hacían los artistas plásticos de inicios del XX. No sé, Picasso colocaba como título de alguno de sus cuadros “Dora Maar”, y lo que ves en el cuadro es un experimento cubista muy simpático. Más o menos eso intenté, aunque claro, salvando las distancias, porque no soy ni la uña rota de Picasso ni Vargas Llosa es la genial Dora Maar. Por lo demás el argumento de la novelita es muy sencillo. Trata de un tipo que se llama Vargas Yosa, quien nació sin brazos ni piernas, pertenece a cierta clase alta y se dedica a dar charlas motivacionales. Un día despierta con todas sus extremidades y de inmediato se hace la que considera la primera paja en regla de su vida. Luego comienzan los problemas, porque las empresas que lo han auspiciado no quieren perder su inversión.
  • Por cierto, una portada poderosa —polisémica dirían los entendidos— la de este libro.
  • Parece que el de la portada está lavándose la boca, ¿no?
  • A todo esto ¿qué tal te cae el marqués Vargas Llosa?
  • Es un sujeto complejo, ¿no? O sea, le dio nombre a la dictadura perfecta en la cara de Octavio Paz, es anti-fujimorista y sus primeras novelas son interesantes. Pero promueve el neoliberalismo impuesto a sangre en Chile y el Perú, y es a la vez un cacique literario de cuerpo entero. Tanto así que ha sido de algún modo el vínculo directo entre los “indios” (los escritores peruanos que lo han rodeado) y la corona de España. Imagino que debe de haber algún elemento en nuestro ADN arrastrado desde la colonia que, apenas vemos a Vargas Llosa al lado del rey de España, lo buscamos para que sea nuestro señor y nos de su protección. Sobre el tema conversaba con un amigo, Renzo Honores. Él comparaba la figura de Vargas Llosa con la de un historiador peruano, Riva Agüero, marqués también. Era otro cacique dentro del campo cultural y tenía la costumbre de desaparecer a quienes lo criticaban. Vargas Llosa hace lo mismo. No hace mucho apenas recibió una crítica de machismo hacia la bienal que promueve, decidió cancelar la presentación que tenía pactada con una escritora en Lima. “Es un engreído, como Kiko del Chavo del 8”, apuntó el buen Renzo. Y si Vargas Llosa te baja el dedo, pues sus vasallos harán su deber: darán muestras de su lealtad y lo secundarán. Es curioso, porque él promueve un compromiso con la literatura, pero lo hace con cierto tipo de literatura, la vinculada a la costa peruana y de las clases medias y altas ilustradas. Promueve la hazaña de la libertad, critica a los autócratas, pero es un cacique dentro del campo cultural. Y lo más curioso es que tiene un doble estándar. O sea, se comporta así en el Perú o en otros países latinoamericanos, pero no hará nada semejante en ningún lugar del norte global. Allí aceptará la crítica y debatirá de igual a igual, se exhibirá como el sumun del hombre moderno que se relaciona en un marco de igualdad con los demás ciudadanos. ¿Y en Latinoamérica qué? Pues somos sus vasallos o los indios a los que hay que doblegar.
  • Siguiendo el hilo, ¿cómo fue trabajar con Ediciones Periféricas, la editorial mexicana que dio luz al libro?
  • Es una editorial independiente. Los editores, Nahúm y María Amor son personas chéveres. Es decir, yo no sé si una de esas editoriales grandesme hubiera permitido presentar el libro como lo hicimos, invitando a Vargas Yosa y colocando un papel higiénico en lugar de él.
  • Parece que te ajusta muy bien el trabajar con la novela breve o con la brevedad en sí ¿porqué?
  • No necesariamente. Hace unos años se publicó una novela mía, Solo un punto, que tiene cierto número de páginas. Creo que más bien tiendo a la extensión, a mi pesar. Vargas Yosa lo planifiqué como un cuento brevísimo y mira lo que ocurrió.
  • Y con la novela gráfica ¿qué tal te sentiste?
  • Hago más bien relatos gráficos, a modo de fanzines punk. He hecho dos. El amor sabe a sábila y Si Dios es así, prefiero a Satanás. El primero trata de un tipo que se enamora y casa con un aloe vera; y el segundo, de un león come cristianos con PhD en estudios hispánicos y dos soldados romanos anarquistas. He disfrutado mucho dibujarlos, entre otras cosas porque dibujar me permite escuchar música y cantar mientras trabajo.
  • ¿Sigues permitiéndole a Él irrumpir como tu alter ego?
  • Fue mi alter ego en Solo un punto. Pero digamos que ya tiene vida propia. Aparece en el primer relato del libro que saldrá el próximo año. Es víctima de una publicidad sobre supositorios alimenticios. Una empresa asegura que comer por el culo es más eficiente que por la boca, puesto que el estómago diluye mucho de lo que tragamos y lo expulsa. En cambio el culo no. Comer los supositorios devendría entonces en la desaparición de la boca y del habla.Empezaríamos a usar la telepatía y la telequinesis. Y si incluso un niño puede detener un misil atómico en el aire usando su mente, desaparecería el poder, ¿no?… En el nuevo libro Él usa esos supositorios como quien se encamina hacia la revolución.
  • Oye, ¿y en algo se parecerán Él y Vargas Yosa?
  • Por supuesto, ambos prueban esos supositorios. Es más, estoy casi seguro de que la biblioteca de Vargas Yosa está llena de ellos.
  • ¿Son el humor, el absurdo y la escatología piedras fundacionales de tu obra?
  • No lo sé. O sea, yo creo que todo el mundo puede escribir. Solo tiene que rechazar los moldes, encontrar el método que le ajusta bien y empezará a escribir como quien baila. En mi caso, las cosas que mencionas como importantes en mi obra son en realidad parte de mi método, el que consiste en sentarme frente a la computadora y escribir como contándome a mí mismo un chiste tras otro, en una espiral inacabable, en el que el siguiente chiste es más perverso que el anterior. Así de simple, solipsista y pastrulo.
  • ¿De qué salud goza, a tu parecer, la literatura peruana actual?
  • Lamentablemente, no estoy al tanto de la literatura peruana más actual. Me gustan los clásicos, Arguedas, Miguel Gutiérrez, Laura Riesco. De lo reciente mi hermano Favio me ha recomendado El espía del Inca de Rafael Dumett, novela que leo ahora mismo con mucho interés. De Dumett vi hace mil años la obra El juicio final y me dejó sorprendido.
  • Tu camino como escritor te ha llevado a trabajar con creadores de otras naciones de nuestro continente, por eso, y para dar eco a la pregunta anterior, ¿crees que existe un verdadero diálogo, una verdadera interacción, entre los escritores contemporáneos de Latinoamérica?
  • A continuación voy a jugar a la opinología, que de eso se trata la entrevista, ¿no? La relación que mencionas pasa por distintos temas (afectos, similitudes estéticas, coincidencias ideológicas, etc.) pero también por un elemento sobre el cual a los escritores no les gusta hablar por un prurito romántico-judeocristiano: la plata. Entonces, creo que Latinoamérica es un espacio geográfico y una palabra que está allí por la presencia de Estados Unidos y el norte global en general. Luego es un cúmulo de diferencias, diálogos y tensiones. A esa complejidadhay que añadir que la condición económica de cada país latinoamericano es diferente y que sus industrias culturales también lo son, sobre todo en relación a los marcos legales y apoyos e incentivos económicos que brindan los Estados, su articulación con el capital privado y el mercado de consumo. Te lo pongo así. México y Argentina, por ejemplo, tienen cuenta satélite de cultura desde hace varios años. Es una herramienta básica para cualquier ministerio de cultura. Esa cuenta identifica el aporte a la economía de las industrias culturales y creativas, además de las necesidades que tendrían que ser cubiertas en dicho campo para que siga desarrollándose. Los ministerios de cultura diseñan entonces políticas públicas para responder a las necesidades encontradas (¡esa es la función de los ministerios!). Sin embargo en el Perú y Ecuador, por ejemplo, existen ministerios de cultura desde hace años, pero no tienen cuenta satélite. ¿Cómo identifican las necesidades? Imagino que el ministro de cultura del Perú hace ouija y le pregunta a Arguedas: “oye, José María, ¿cómo haríamos para que los integrantes de las escuelas de danzas folclóricas intenten vivir de su actividad?”. Entonces, a una escritora de Ciudad de México o Buenos Airesle será más accesibleencontrar una editora que a una escritora de Lima (ya no te digo de otras ciudades del Perú), por ejemplo. Y probablemente las dos primeras puedan vender más libros que la tercera, porque en sus ciudades ha habido políticas de creación de públicos para la literatura (lo que no implica a su vez que tengan las condiciones de las industrias culturales del norte global). Así, sin un contexto que posibilite las industrias culturales, la escritura tiende a tornarse en una actividad para élites. Y en dicho tipo de escenarios aparece gente como Vargas Llosa, un cacique que capitalizará la falta de oportunidades para sus propias agencias. Y habrá gente que aceptará el trato. Algunos me dicen que las redes sociales y el internet en general permiten escapar de algún modo de estas estructuras. No estoy del todo seguro. Si tienes que trabajar 50 horas diarias te será muy difícil escribir y gestionar contactos mediante Facebook o Instagram para publicar o promocionar tu obra. Y si tu arte no es autosustentable económicamente, te será cada vez más difícil realizarlo. El diálogo que me mencionas en tu pregunta, entonces, estará mediado por estos contextos diferentes. Porque si Latinoamérica es el sur, hay países latinoamericanos que están al sur del sur.
  • ¿Porqué no te gusta el futbol, Julio?
  • Escribí un poemario con un título parecido, el que recibió una mención horrorosa por ahí, pero me gusta el fútbol, sobre todo jugarlo. Eso sí, digamos que mis tiros son un tanto poéticos. Cuando pateo al arco usualmente le acierto a la copa de algún sabio árbol que sacude sus ramas al son de la suave música de los vientos de agosto. Cuando hago un pase, le entrego el balón a ese sujeto del futuro, inmaterial a los ojos de los insensibles, pero posibilidad latente de un mañana de abiertas avenidas.
  • ¿Más cercano a Bukowski que a Vargas Llosa, o ninguno te acomoda?
  • Pues ninguna de las anteriores. Y Bukowski no, porque estuvo muy de moda en los 90´s en Lima. Y me daba la impresión de que quienes lo seguían no querían ser escritores, sino vivir como lo hacía Bukowski, lo que benefició a la figura de este, potenció las masculinidades tóxicas y generó ganancias entre las licorerías y dealers. Eso sí, amo cómo los borrachos y toxicómanos celebran mis chistes. Pero yo nunca he sido un gran bebedor, hago deportes, duermo temprano y como frutas y vegetales. Mi opción es convertirme en el cadáver más sano del cementerio.
  • ¿Qué es el amor para ti?
  • No sé. Imagino que consiste en dejar que el otro sea, fumar yerba y perrear.
  • Por último, estimado Julio, ¿caca hemos sido y caca seremos?
  • La Pacha Mama no es algo terminado, ¿no? Es decir, la tierra tiene que estar descompuesta. Solo así permite el surgimiento de la más hermosa flor.

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Canaimera

MARTÍN TONALMEYOTL | EL JOVEN TLAMATINI

Catorce, quince y dieciséis de septiembre, son días por demás simbólicos en varios países del septentrión y centro de nuestra América. Días que aluden a la emancipación y la insurgencia. Días que nos recuerdan que somos hermanos, más allá de las necias fronteras. Por ello, y mediante uno de sus jóvenes escritores,  nos parece propicio dedicar esta Canaimera a una de las culturas que desde hace siglos unió con su lengua y su cosmovisión a tierras vastas y naciones varias, desde México hasta Nicaragua, pasando por Guatemala, Honduras y El Salvador: el pueblo nahua, que a la fecha sigue vigente, vivo y soberano. Dilatada es la literatura nahua, desde varios siglos antes de la conquista (etapa estudiada profusamente por anacoretas como el padre Ángel María Garibay), prosigue luego con una intrincada existencia, aunque en tiempos contemporáneos parece gozar de buena salud gracias a escritores que se aferran a su raíz. Uno de ellos es Martín Tonalmeyotl (Guerrero, México, 1983), quien dice de sí mismo ser campesino, antes que cualquier otra cosa, y además narrador, poeta, profesor y promotor de la lengua náhuatl, además, por supuesto, de traductor. Nació en un territorio que se ha regado con sangre desde hace muchos siglos. Un territorio tan bello como violento, siempre insurgente, pero peligroso. Y ello permea las letras de Tonalmeyotl, que son tan valientes como despiadadas. Una poesía florida sí, en su herencia, más inclemente en su sentido. Martín coordina la serie Xochitlájtoli en la afamada revista Círculo de Poesía. Ha sido becario del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Hasta ahora ha publicado los libros Tlalkatsajtsilistle / Ritual de los olvidados (Jaguar Ediciones, 2016), Nosentlalilxochitlajtol / Antología personal (Asociación de Escritores de México, 2017) e Istitsinueyeatsintle / Uña mar (Cisnegro, 2019) y corrdinado las antologías poéticas Xochitlajtoli. Poesía contemporánea en lenguas originarias de México (Círculo de Poesía, 2019) y Flor de siete pétalos (Ediciones del Espejo Somos, 2019), además de haber participado en diversas antologías y publicado su obra en revistas y periódicos de México, Italia, Estados Unidos, Venezuela y Brasil.

  • ¿Martín, qué significa ser un escritor en lengua náhuatl?
  • Significa atreverse a escribir y a describir un mundo propio en una sociedad globalizada, violentada y monótona. Ser escritor náhuatl significa defender la palabra, la historia no contada, la cultura, el territorio, el pueblo en donde una ha sido formado en cuanto a ser y pensamiento.
  • ¿Quiénes son los escritores en lenguas originarias más importantes para ti?
  • Son todos los que escriben para defender sus lenguas y culturas desde el lugar donde habitan. Sin embargo, los poetas a quienes admiro de forma particular por su trabajo literario son: Humberto Ak’ abal (kiché), Natalia Toledo (zapoteca), Irma Píneda (zapoteca), HubertMatiúwaà (mé´pháá), Mardonio Carballo (náhuatl), Briceida Cuevas Cob (maya), Manuel Espinosa Sainos (totonaco), Pedro Uc Be (maya) e Isaac Esau Carrillo Can (maya). Mi admiración hacia la mayoría de ellos radica en su trabajo estético como poetas y en el compromiso que tienen con la palabra, los pueblos y la defensa del territorio en que habitan.
  • ¿Qué significa para ti la literatura nahua prehispánica?
  • Para mí es un legado de mis orígenes, la historia de mi pueblo que marca una línea del antes y después. El antes es mi historia, la raíz de un pensamiento vivo y vigente en mi ser. El después, es un reflejo, ese reflejo donde a diario me miro y trato de ser colectivo, de ser gente de pueblo, de no olvidar mi sangre, de tener presente todos los días la palabra de mis ancestros. 
  • ¿Cuál consideras que es el papel que juegan los escritores de los pueblos originarios en la literatura contemporánea Latinoamericana?
  • Pienso que son los sabios del futuro, me refiero a los caminos que han construido y siguen construyendo para aquellos que ahora son niños y que mañana serán adultos y tal vez muchos de ellos retomarán la palabra, los consejos, los versos para defender a sus lenguas, a sus pueblos y al territorio en que habitan. Creo que la poesía no solamente es literatura sino una forma de resignificar la palabra antigua, una forma de quitarnos del folklor en el que nos han metido. Escribir y atreverse a escribir en estos tiempos, es como preparar la tierra, sembrar semillas para cosechar vida y alegría en nuestros pueblos.
  • ¿En qué consiste el Xochitlájtoli que coordinas y cómo ha sido el trabajar con la revista Círculo de Poesía?
  • Xochitlajtoli es una serie de poesía en lenguas originarias que consiste en dar a conocer la poesía mexicana actual, escrita desde los rincones más lejanos de las letras como son los pueblos originarios. Consiste en darle al lector, otras formas de mirar y valorar la palabra desde la poesía. Xochitlajtoli nació a partir de la invitación que me hicieron los poetas Mario Bojórquez y Alí Calderón, directores de la revista. Primero para publicar algunos poemas míos y después, para publicar a otros poetas quienes, muchos de ellos, no habían tenido la oportunidad de ser publicados en las revistas de literatura. Fue así que comencé a invitar a varios colegas a sumarse a este proyecto literario. Actualmente llevo publicando a más de 50 poetas en cerca de treinta lenguas distintas, podría ser, quizás, el catálogo digital de poesía en lenguas originarias más grande de México. En el 2019, nació de éstas propuestas poéticas un libro titulado Xochitlajtoli/ Poesía contemporánea en lenguas originarias de México por la Editorial Círculo de Poesía en donde reuní a 32 poetas en 16 lenguas distintas, 17 con el español. Es feo decirlo, pero es la primera antología en su tipo, hecho por un hablante de estos idiomas. Trabajar con la Revista Círculo de Poesía es muy satisfactorio porque tengo la libertad de proponer  a los escritores que voy encontrando en el camino y hasta donde sé, es la única revista literaria que abrió un espacio para darle voz y vida a la poesía mexicana contemporánea escrita desde las lenguas originarias.
  • ¿Es la tradición benigna o perniciosa en las letras indígenas contemporáneas?
  • Pienso que es una tradición benigna porque a partir de esta difusión poética en lenguas originarias hecha en los últimos años (sin dejar de mencionar la tradición escrita de más de 50 años) se rompe una estigma de la poesía mal llamada indígena (mala poesía), manchando el rostro de la poesía mexicana escrita en español que se había adueñado de todos los espacios literarios sin dejar sitio a las otras literaturas.
  • En ese sentido ¿crees que los autores indígenas contemporáneos están viviendo una ruptura con respecto a generaciones anteriores?
  • Creo que en todas las tradiciones poéticas existen rupturas y con los escritores de estos idiomas también está pasando y en un futuro se volverá a romper, siempre con miras de mejorar el trabajo poético.
  • ¿Será necesario seguir haciendo una distinción entre escritores indígenas y no indígenas?
  • En realidad, nunca debió de haber existido esa distinción porque con el solo hecho de decir escritores indígenas, se les está categorizando como algo menor, algo no bien hecho, del montón. Los escritores son escritores porque ofrecen un trabajo estético, independientemente de la lengua que hablen o del origen que tengan.
  • ¿Crees que existen limitantes para los autores de lenguas originarias en lo que respecta a premios, apoyos y becas literarias o las políticas culturales a este respecto han sido acertadas?
  • Los había y muchísimos, pero gracias a la gestión de algunos compañeros se han conseguido varios espacios de becas, premios y más. Sin embargo, hay aún muchos huecos por rellenar. Por ejemplo, podría citar que hasta el año 2020, fue aprobado que los escritores en lenguas originarias pudiesen participar en cualquiera de las convocatorias emitidas por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, antes de este año, ninguno de nosotros, teníamos derecho a participar en el Sabines,Villaurrutia, Aguas Calientes o cualquier otro premio, sólo se podría aspirar a un premio “indígena”. Otro aspecto que quizá nos limite aún es que hasta éstas fechas no hay aún traductores literarios de ninguna lengua mexicana, todos los escritores de un pueblo originario nos autotraducimos.
  • Las editoriales, tanto comerciales como independientes o incluso las subsidiadas por el Estado, ¿qué tan preparadas están para recibir obras en lenguas originarias?
  • Muy pocas editoriales se han atrevido a publicar obras en lenguas originarias y se pueden contar con los dedos de una mano los libros publicados y vendidos en las librerías comerciales o del Estado, porque la gran mayoría de las publicaciones bilingües de alguna lengua mexicana pertenecen a editoriales independientes. Entonces no creo que estén preparados aún por falta de lectura hacia estas obras.
  • Tú escribes tanto en español como en náhuatl, háblanos un poco del cómo vives ambas experiencias.
  • Trato de escribir todo el tiempo en la lengua náhuatl, luego traduzco al español, pero si en esta segunda lengua no me gusta cómo queda algún poema, vuelvo a corregir desde el español y por tanto, regresar al náhuatl para corregir hasta que queden más o menos iguales. Incluso muchas veces me quiere ganar la tentación de escribir primero en español porque toda mi formación educativa y literaria es y ha sido en español, pero hasta ahora aún me resisto y lucho contra ello.
  • Naciste en un territorio donde es por demás palpable la violencia, ¿crees que ello ha determinado tu obra?
  • No lo creo, en realidad nací en un pueblo muy sereno y con una resistencia fuerte en cuanto a la defensa del territorio y la cultura. La violencia cruda y sangrienta llegó hace aproximadamente diez años, cuando golpeó a todos los pueblos y ciudades de mi región. Por ello pienso que puedo escribir tanto de la sabiduría de mi pueblo como de la violencia que lo acosa hoy día.
  • ¿Existe una probabilidad de reconciliación verdadera entre los diversos pueblos que conforman nuestra sociedad o estamos fracturados por siempre: ¿pueblos originarios de un lado, mestizos del otro, españoles por aquí, negros más allá, etcétera?
  • Siempre pienso en la reconciliación humana porque las personas nacemos limpios, puros y libres, pero la sociedad del poder (neoliberalismo, partidos políticos, narco, religiones…) nos dividen y forman a las sociedades a su conveniencia, generando discriminación, racismo, violencia, pobreza y más para sacar provecho de ello y someter con miedo a otros. Sin presumir a los pueblos, creo que son las sociedades que más entienden al mundo, al planeta y son los más abiertos al diálogo. Entonces no tendríamos por qué diferenciarnos unos con otros, más bien lo que debería de existir es el respeto entre todas las sociedades.
  • ¿La literatura, el arte, ha de abonar a dicha reconciliación?
  • Por supuesto, abona a eso y más porque la literatura te hace pensar, repensartea tí mismo, a conocer otras culturas, otras formas de vida, a convivir de distintas maneras.
  • Como escritor nahua, ¿alguna vez pretendiste llegar a los pipiles y nicaraos de El Salvador, Honduras y Nicaragüa?
  • Lo he pensado un par de veces y es difícil llegar de forma directa a esos pueblos, pero la literatura y la lengua náhuatl me han acercado a ellos y desde donde los leo, los siento como pueblos hermanos, tan iguales en su forma de convivir, de organizarse y de respetar a la naturaleza y la vida humana.
  • Por último, Martín, yo vengo de un pueblo de nahuales, ¿crees tú en los nahuales?
  • Creo totalmente en ellos porque de niño viví muchos momentos mágicos en donde intervinieron los nahuales. Momentos en donde me será muy difícil regresar a ellos. Para mi los nahuales son parte de nosotros y son seres con quienes convivimos de manera cotidiana y quienes pueden vivir la vida humana y la vida espiritual al mismo tiempo.

La imágen que acompaña este texto es autoría del fotógrafo Pablo Israel Vázquez

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Giovanni Rodríguez Muñoz | Cuando las letras son honduras

El pueblo de San Luis, enclavado en lo profundo de la sierra hondureña, se muestra al paseante al centro de una muralla de montañas revestidas por necias frondas que se antojaran inexpugnables. Como suele suceder en las tremendas espesuras de nuestra América canaimera, el santabarbareño San Luis es un lugar de belleza salvaje, aislado, del que no pareciera escaparse nadie de los que nutren su puntual cotidianeidad. Y sin embargo, Giovanni Rodríguez Muñoz (Santa Bárbara, Honduras, 1980), cuando dejó raptarse por la diosa literatura, logró trascender el ostracismo de esa provincia infranqueable y se hizo escritor. Un escritor de pluma valiente, que sin olvidarse de su origen, se ha enfrentado a los cánones de la literatura centroamericana con una propuesta fresca, ágil; una prosa que si bien se aleja de los parámetros tradicionales, no suelta los temas, los personajes, los dramas y comedias de su Honduras. Desde muy joven, Rodríguez Muñoz llamó la atención de la crítica. Con tan solo 26 años se hizo acreedor al prestigioso Premio Hispanoamericano Juegos Florales de Quetzaltenango. Si bien comenzó con la poesía, bien pronto lo vemos explorando también el ensayo y la narrativa. Su obra se ha desarrollado, principalmente, en Centroamérica, pero está llamada a ser reconocida en el resto del continente y demás latitudes. Rodríguez Muñoz, además del certamen ya mencionado, se ha hecho acreedor a los premios Centroamericano y del Caribe de Novela “Roberto Castillo” y Certamen Hispanoamericano de Cuento “Ciudad Ceiba”. Ha publicado, entre otros libros, el poemario Las horas bajas (Edicult), el libro de cuentos La caída del mundo (Mimalapalabra), el compendio de ensayos Café & Literatura (Mimalapalabra) y las novelas Los días y los muertos (Editorial Universitaria), Tercera Persona (Uruk Editores) y Ficción hereje para lectores castos (Mimalapalabra). En la página https://rodriguezhn.wordpress.com/ se puede consultar parte de su obra.

  • Estimado Giovanni, comenzaste tu carrera escribiendo poesía, pero de a poco se puede ver tu traslado a la narrativa. ¿Han quedado los versos atrás?
  • Quedaron atrás, sí, como ejercicio permanente de escritura, aunque tengo algunos poemas, muy distintos a los primeros, a los que vuelvo de vez en cuando para pulir algún verso, pero ya no con el temperamento melancólico de antes sino casi con un ánimo festivo, pues se trata de poemas escritos con ironía y sarcasmo, con mucho humor.
  • ¿Qué es para ti la rebeldía, la insurgencia?
  • La rebeldía, para mí, implica no comparecer, de ninguna manera, ante los convencionalismos, pues estos son producto del movimiento de las masas, y yo, aparte de considerarlos aburridos, desconfío de los movimientos masivos. He tratado siempre de regirme por mis propios principios y de no plegarme a los principios de otros, que suelo identificar como acomodaticios o carentes de originalidad, de imaginación. Por eso no suelo estar cómodo en la mayoría de los lugares o con la mayoría de las personas ni con sus ideas; en algún momento empiezo a percibir el olor a rancio y ahí es cuando me rebelo, y como consecuencia, caigo mal.
  • ¿Cómo has vivido el ser escritor en Honduras?
  • Uno tiene que acostumbrarse aquí a estar prácticamente solo en esto. Escribir, ya se sabe, es un ejercicio solitario, y esa soledad no tiene por qué incomodar a un escritor sino todo lo contrario, pero ya afuera, en lo que concierne a cierta vidita pública en la que un escritor se supone que está obligado a participar algunas veces, uno echa en falta aquí más posibilidades de discusión sobre lo que hace, un mayor o mejor contacto con lectores o posibles lectores, algo de fiesta en torno a la alegría que supone leer. Pero en Honduras lo que hay es mucho conformismo en la mayoría de los escritores y mucha ignorancia sobre lo que verdaderamente es la literatura, en términos generales, y eso deriva peligrosamente en la idea de que cualquiera puede ser escritor antes incluso que aprender a escribir. Y eso da como asquito. Por eso es preferible mantenerse alejado y sólo echar un ojo al corral para tirarse de vez en cuando una lágrima irónica o una carcajada.
  • En tu obra Los días y los muertos (Editorial Universitaria), exploras la novela negra ¿Crees, como dicen algunos, que este género es el que mejor explica nuestra época?
  • A mí ese tipo de juicios me parecen siempre algo injustos. Valorar una obra en función de su “utilidad” es concentrar toda la atención en un solo aspecto, y esto, tratándose de literatura, implica reducir considerablemente la baraja de posibilidades de impacto de esa obra. Hay novelas consideradas como novelas del género negro que no son simplemente vehículos para la transmisión de la idea de los ambientes oscuros, corruptos y violentos de nuestras sociedades y de nuestra época, novelas que podrían tener mayores virtudes que esa, pero que normalmente no son valoradas sino desde el punto de vista de lo que muestran sobre la actualidad, porque eso resulta ser lo más evidente y lo más “vendible” para el lector común. A mí este género me gusta mucho, pero no tanto porque ofrece esa posibilidad de retratar a nuestras sociedades actuales, sino porque se presenta como un género con infinitas posibilidades de mutación, tanto en los aspectos de fondo como en los formales; eso me parece muchísimo más interesante. Para mí no tiene sentido escribir “otra novela negra” sino escribir una novela negra que aporte algo nuevo al género, ya sea sirviéndose, en principio, de sus códigos tradicionales o desde la parodia. Una novela negra a secas es sólo “otra novela negra”, es sólo entretenimiento. Y yo el puro entretenimiento lo busco en el cine o en los deportes, pero no en la literatura, de la que siempre espero algo más.
  • ¿Has de revivir en alguna otra obra al entrañable López (como suele suceder con los detectives del género negro), el personaje principal de Los días y los muertos?
  • Sí. De hecho, terminé hace dos años otra novela en la que este personaje aparece nuevamente, ahora convertido en detective privado. Con ella intento algo parecido a lo que dije antes: servirme de los elementos convencionales del género: crimen, corrupción, detective, investigación, víctimas, culpables, etcétera, pero no tanto para lograr una historia que pueda sólo entretener a los lectores sino para hacerlo desde una concepción del género negro que actualice, en este contexto específico de Honduras, sus convenciones. Así, la existencia de un detective privado en Honduras de entrada se presenta como algo absurdo, pero fue precisamente la dificultad que entrañaba darle forma a ese disparate lo que me motivó a escribir esa novela de esa manera. Creo que ningún verdadero autor escribe ficciones asumiendo ese detestable papel de solemne gran demiurgo incuestionable. La noción de juego es indispensable incluso en las novelas “serias” y un buen autor de ficciones se deja seducir por ella, aunque lo que narre sea una historia de atrocidades.
  • ¿Qué han significado los premios en tu vida literaria?
  • No han sido muchos ni tampoco demasiado importantes, pero algo de alegría han traído, obviamente. El que obtuve por la novela Los días y los muertos tuvo la mayor resonancia y a partir de ahí mis libros se volvieron más “visibles” para una mayor cantidad de lectores. Eso, probablemente, ha resultado mejor que el premio mismo, pues ahora tengo la seguridad de que cada vez que publique un libro nuevo habrá ahí afuera una buena cantidad de lectores esperándolo.
  • La violencia cotidiana, que tanto fustiga a las sociedades latinoamericanas, parece tener un protagonismo importante en tu narrativa.
  • Sí. Supongo que es algo de lo que nadie puede abstraerse, viviendo en nuestros países. Como autor tampoco he podido dejar a un lado ese tema, que está presente, en mayor o menor medida, en mis tres novelas publicadas y también en algunos cuentos. Sin embargo, no es un tema “muleta” para lo que escribo, pues cuando lo hago estoy más pendiente de la forma que del fondo. Para mí, un tema constituye apenas un pretexto para echar a andar una trama.
  • Tu trabajo se ha desarrollado principalmente en Centroamérica, por ende ¿cuál es tu panorama de la literatura centroamericana?
  • Tenemos grandes referentes centroamericanos en la literatura mundial: aparte de clásicos como Darío, Asturias y Monterroso, aquí hubo otros escritores importantísimos como Enrique Gómez Carrillo, Juan Ramón Molina o Roberto Sosa, que son menos conocidos fuera de Centroamérica. Ahora son Sergio Ramírez, Horacio Castellanos Moya, Rodrigo Rey Rosa y Eduardo Halfon las figuras visibles, pero también están, por ejemplo, Jacinta Escudos, Erick Blandón o Miguel Huezo Mixco como parte de otra buena cantidad de autores con mucha calidad, pero escasa difusión. Las grandes editoriales seguramente no le apuestan a los autores centroamericanos porque piensan en los bajos índices de lectura que normalmente se reportan en estos países y eso hace casi imposible la internacionalización de algunos buenos autores que mueren aquí como tristes glorias locales. Pienso, por ejemplo, en Roberto Castillo, cuya obra no ha tenido la fortuna de ser conocida fuera de Centroamérica.
  • Para no soltar el hilo, ¿existe un diálogo, una interacción entre los escritores centroamericanos contemporáneos que trascienda verdaderamente a la vida cultural de sus respectivos países?
  • Hay tres instancias específicas que en los últimos años han puesto en contacto nuestra literatura centroamericana con la del resto de Latinoamérica y España: las ferias del libro de Guatemala y de Costa Rica y el festival Centroamérica Cuenta que organiza Sergio Ramírez en Nicaragua, pero no es suficiente; hace falta, sobre todo, establecer una red de comunicación permanente y efectiva entre los autores de estos países y un canal que permita la circulación de nuestros libros, que no suelen salir de nuestras respectivas aldeas.
  • Complementas tu labor de escritura con la docencia y el trabajo editorial, ¿de qué maneras vives estos oficios?
  • Por suerte, esas tres actividades se llevan muy bien entre sí porque tienen en común a los libros. Preparar mis clases en la universidad me exige estar en permanente estudio de la literatura, lo que, obviamente, nutre mi labor creativa cuando escribo ficciones. Suelo dedicar mis mañanas a eso: a leer y estudiar para preparar mis clases y a intentar escribir novelas y cuentos. Por las tardes, voy a mi trabajo a la universidad, aunque desde la llegada del virus, ese trabajo también lo hago en casa. La labor editorial es más intermitente; suelo editar los artículos que publicamos en una revista llamada Tercer Mundo (www.tercermundo.hn) y de vez en cuando algún libro para la editorial mimalapalabra. Últimamente también colaboro con la Editorial Universitaria de la UNAH en la edición de la obra de Roberto Castillo. Todo eso, junto al tiempo que paso con mi familia, constituyen mi vida actualmente. Y me gusta.
  • Esta es una pregunta muy personal. Me gusta mucho FroylánTurcios, compatriota tuyo, y quien escribiera la primera novela vampírica de nuestro continente, ¿qué piensas de él?
  • Fue un autor muy importante en Honduras y sus aportes no sólo fueron en el campo de la literatura sino también en el periodismo y hasta en la política. Fue, además, un gran promotor cultural. Es de ese tipo de escritores a los que se les puede llamar también “intelectuales”, en el sentido amplio de la palabra, algo que no siempre se encuentra en la actualidad. Junto a Juan Ramón Molina, fue de lo más sobresaliente en nuestra literatura nacional a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
  • Cuando se ha sido de provincia, Giovanni, ¿es posible dejar la provincia atrás?
  • Aunque no suelo ir mucho a mi pueblo (el viaje implica al menos una hora rebotando en una pésima carretera de tierra), siempre han estado conmigo los recuerdos de mi infancia ahí. Tengo cierta nostalgia de aquellos años ochenta y principios de los noventa en los que crecí ahí viviendo con la plenitud y la felicidad con la que deberían vivir y crecer todos los niños. Espero, en ese sentido, no dejar de ser nunca ese provinciano de San Luis, Santa Bárbara. Lo que sí creo haber dejado atrás es el “provincianismo”, que no es exclusivo de las zonas rurales sino del país entero, a pesar de lo que crean los capitalinos.
  • En Morir todavía (Letra Negra) te determinaba la muerte, ¿aún la cuentas entre tus obsesiones?
  • Quizá no tanto como antes, pero viviendo en Honduras, un país en el que mucha gente muere a diario por la delincuencia, la violencia, la pobreza, las deficiencias del sistema de salud pública, la imprudencia de los conductores en las calles y por otras causas absurdas, es inevitable que ese tema haga clic en mi cabeza de manera permanente.Así que en medio de tanta muerte toca escribir sobre la muerte.

* La imagen que acompaña este texto es autoría del fotógrafo Emilio Flores.