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Poesía

Carlos Obispo | Las lágrimas de mi madre

Llore, madre.

Hágalo tranquilamente.

Arrodillada llore y

dele un beso, a la policía.

Sienta el rocío del zacatal

y llore un poco más.

Grite a la imagen

de yeso que está en la

iglesia, pero, grite con

esquirlas de vidrio en la boca.

Llore, mi pequeña pícara.

Llore junto a mi túmulo

de carne.

 Yo, ya me he ido

entre la sangre,

entre la pólvora,

entre el tiempo y

entre las lágrimas

de su mojado rostro.