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En el abismo

Arturo Santana | Anunciación a mitad del camino (Poesía)

La ciudad es un bosque
en silencio mortuorio,
el ruido monótono de cualquier tarde
bajo un cielo en cenizas.

Es la fría atmósfera
en el infierno de la vida,
donde marchan sin sentido
los esclavos, los demonios y los condenados.

(No vayas hacia la luz;
corre, piérdete en la selva oscura.)

Yo lo supe, desde antes
de abrir las puertas al dolor
que se asomó en la juventud.

Tú no lo sabes, no quieres saberlo;
él, ella, todos se van,
se consumen en la fuerza imparable
de legiones enteras.

(Quédate en esta colina, un poco más;
ya vendrá con sus alas de espinas.)

Así se ve la tortura,
se siente la desgracia en las venas.
¿No les pesa el corazón marchito?
La costumbre es fuerte y ciega;
la vida se ha vuelto el miedo de mis ojos.

¿Mas qué es la vida misma
si no se puede llorar con los sentidos?

(Ese es el secreto que nadie busca;
la verdad asesinada desde que el caos se volvió hombre.)

Recorre mi piel un aliento cálido,
una sombra desconocida.

El aire lleva consigo
luces de oro, polvo plateado.

(¿Sopla el viento en este lugar?)

Y en su marcha inagotable,
no perciben el cambio en la atmósfera;
la lluvia suave que crece a mis espaldas.

(¿Qué presencia se yergue aquí?)

Danza de plumas
inunda el valle,
la ciudad que parece bosque.
La selva oscura.

(¿Qué buscas en esta tierra perdida?)

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Arturo Santana | Reflexiones de habitación (2 Poemas)

Honestidad

Desde que alguien murió en televisión
he tragado cobardía.

No soy un héroe, sino un hombre
que apenas halló sentido
a abrir los ojos y salir de la cama.

No quiero un abrazo frío
ni un beso que me arranque la piel.

El miedo a no despertar me consume;
el miedo a caminar dormido me devora;
y más aún el desvelarme con un arma en la mano,
y con el recuerdo de una bala en la cabeza.

Tengo miedo de ser
un simple saco de carne y hueso,
una carga o un guardia nocturno sin linterna.

Quizá el egoísmo también se disfraza
cuando el sol se esconde…

Frente a frente

Incluso en la penumbra,
el rostro de la muerte
brilla para que no dudes de ella.

La sangre te mira,
te busca sin descanso
aunque ya no puedas ver tu alma
ni el cielo azul teñido de rojo;

es su instinto, la naturaleza
que el hombre nunca entendió ni quiso;
ya es muy tarde para buscar significados
en cementerios ambulantes.

Nada más queda el golpe de la vida,
la lucha por escapar de un desierto que parece tan infinito
como la boca de los demonios,
más oscura de lo que uno imagina
en una habitación llena de susurros.

Levántate, no la veas a los ojos,
la duda y el miedo alguna vez entendieron de tristezas y alegrías,
¿puedes sentir el hambre y la ira frente a nosotros?

Solo un golpe en la boca de la esperanza:
que la supervivencia del más fuerte
siga llorando entre despojos humanos.

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Arturo Santana | Digestión (Poesía)

Anoche comí una lata de conservas que sabían a todo:
juegos infantiles,
un desayuno en la cama,
un incómodo silencio que va apagando
los gritos incesantes de un despojo que agoniza,
cúmulos de sal sobre el pavimento,
una mirada vacía que refleja mis lágrimas
y quién sabe
qué otra
memoria fragmentada.

Nadie me dijo que la vida tiene un sabor amargo
cuando está detrás de la puerta.

Acaso lo supiste mientras las nubes se volvían negras
y tu garganta se asfixiaba con la libertad
que alguna vez quisimos
descubrir detrás de las ventanas,
antes de que el hambre y la desesperación
nos consumieran las ganas de cerrar los ojos;

un día nos dimos cuenta de que solo
las pesadillas atraviesan las fronteras de concreto,
¿aún habrá sueños
bajo el charco de sangre que deja un cadáver?

Al alba también le desgarraron el cuello
y esos recuerdos que devoré como mendigo
se revuelven en mi estómago de acero,
son las memorias de todos los que buscaron una salida
más allá de casa,
de las balas,
de la peste que somos los humanos
y la que supuran los muertos.

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Arturo Santana | Polilla (Poesía)

Las voces van llegando desde el horizonte
y te dicen que los demonios te hablan entre dientes.

El callejón se cierne como la boca de un animal hambriento,
como el negro de una mirada
entre los destellos del horizonte,
con el clamor de un dulce huracán
que llegará a medianoche.

Y ves que avanzan, que la bulla del mundo no tiene sueño,
como esas gotas que bañan tus hombros caídos,
que te recuerdan lo frío de las palabras,
que se niegan a correr hacia
las montañas de los ayeres.

Se detiene la marcha bajo la sombra
de un alma llena de cafeína
y muchos estimulantes artificiales;
esas formas sin tiempo ni espacio,
sin luz, sin tinieblas, sin respuestas útiles.

(Los ojos rojos pasan volando…)

Aquello de lo que aún no huyes
te espera en la esquina de un motel abandonado,
uno donde las luces intermitentes de la entrada
son las de tu hogar marchito.

Caminas dejando atrás tus notas,
esperando que salga el sol;
pero ves la hora y te das cuenta
de que alguien olvidó darle cuerda a la vida.

Alguna vez un hombre de barba blanca
te habló acerca de estas noches
tan largas como un cáncer
que no te mata fácilmente.

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Arturo Santana | Peregrina (Poesía)

¿Qué haces esta noche perpetua?
¿A quién buscas que se esconde
en un rincón abandonado,
entre los escombros que se yerguen
cual monumentos de tu llegada?

Tal vez alguien miró al horizonte,
invocó la lluvia sobre el empedrado
de una calle tejida con diamantes de colores
y dejó encendida una vela
para que la vieras arder sobre un atalaya vacía.

¿Quién puede decirlo?
Ya no importa si quemé la madera rota
o si el reloj se quedó sin cuerda.
En todo caso aún avanzas sin premura,
después de tantos saludos y despedidas.

Y yo también intento moverme hacia alguna parte,
arrastrándome como una larva que no distingue
si el frío en su vientre es el almuerzo
o una senda que espera tus pasos firmes…

Te he visto en ese camino
que mis pies e intestinos siguen ya sin rumbo,
y en la nieve de tus ojos
encuentro cierto sentido a cada respiro exhausto:
puedo convertirme en una estela
o sembrar un árbol con los restos de un proyectil
que un cadáver viviente guarda en su inventario.

Y entonces, podría preguntar de nuevo
a quién deseas encontrar,
quién se escabulle en las altas horas de la noche
para escapar de tus brazos,
por qué peregrinas por una ciudad dormida
en un mundo de papel y acero.
¿Quién vale la pena
para la soledad y un beso en la mejilla?

A veces me recuerdas a quienes descansan
sobre la banqueta del mercado una mañana de domingo,
los mismos que dan vueltas
en una cárcel para llegar a una estación
que lleva tu nombre en un eco eterno e impronunciable.

Mientras sigues marchando hacia otro destino,
hay un faro escarlata que golpea mis sienes
y a los amantes olvidados del concreto;
es un recordatorio de alguien que en el fondo
te escribe y te llama para tomar el sitio de un fantasma.

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En el abismo Narrativa

Arturo Santana | El sonido de la ciudad (Poesía)

Hay vacíos que no se llenan,
silencios que el sonido no rompe
y sonidos que el silencio no calla.

En este mundo ya nadie duerme,
el coro de sirenas invita al desvelo
con ese trémolo que compuso
el aguijón de la muerte.

Las calles susurran pesadillas,
hablan del pasado entre hilos que ríen,
que se confunden con gritos
y el hedor de una vida
que terminó una mañana en el noticiero

(fue culpa del hombre, dijo la naturaleza;
fue culpa del ser humano, dijo el hombre).

Cae el sol y siguen los rumores detrás de la ventana,
bajo la puerta por la que se arrastra la melancolía
y repta el miedo convertido en serpiente
(este no era el Edén y los árboles estaban llenos
de frutas plañideras que regaban el suelo con bilis).

No hay nada más que un silencio
que suena a hambre, miedo y muerte.

Con cada amanecer, la noche empieza sin estrellas,
sin luz que señale el camino hacia un nuevo día
o a un pueblo perdido en medio de la selva.

Las calles susurran más que ayer,
recuerdan que la salida está bloqueada,
que volverán a contar sus historias
que transcurren escondidas en lamentos,
frutos rojos y estatuas olvidadas.

Las calles susurran
con lenguaje de muerte.

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Arturo Santana | La trilogía del abismo (Poesía)

Mirando al abismo

La demencia no tiene fondo;
no hay perdón para un hombre
que es niño, anciano y joven.

Siempre es medianoche, pero a quién le importa.
El odio sabe a ira. Es ira.
¿Y quién soy yo?

Quizá el mismo de ayer, cuando éramos “nosotros”
(cómo crecían las flores en la arena);
entonces la fuerza tenía un nombre,
y yo pronunciaba el suyo para placer de los sentidos.

Su rostro era el espíritu de felicidad tardía.
Los días no tenían principio o fin.
Eran días y punto. Era amor el mío y punto.

El misterio sigue siendo un misterio,
incluso más que la muerte.

Los ojos de la ironía se parecen
a los ojos del escepticismo
(qué brillantes eran cuando
hablaban en lengua extranjera).

El reflejo del abismo anuncia un lejano “tú y yo”.
La disyunción era más extensa que las dunas,
más inmensa que la profundidad.

24 horas después…

No pude ver más que ficciones
de tiempos perdidos.

El peso de una imagen
tallada en el pasado y mi fragilidad
pudieron más que el esfuerzo,
el orgullo y eso que llaman voluntad.

Mientras caía,
me ahogué en un océano
en el que juré nunca navegar.

Desde las profundidades

Aquí abajo es diferente:
una noche larga y húmeda.

Cada sonido es un movimiento
de fantasmas en cacería.

Ya no me asustan.

Hace tiempo que soy
un cuerpo inerte en descenso
hacia la sima del infinito.

Supongo que no veré más
los celajes de cada atardecer
ni sentiré el suave perfume
en los alisios de altamar.

Estoy muy lejos
para escuchar las olas
o soñar con una botella
flotando a la deriva.

Aquel nombre se quedó
enterrado en la arena,
mirando hacia el mundo
de la superficie.

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Arturo santana | De fantasmas y epifanías (Poesía)

¿Quién ha de llamar, sombra mía,
en la neblina de una noche de otoño?
La tempestad de acero, un trueno de sangre
estalla en una colina invisible, allende.

Hay un eco, profundo como herida,
que va taladrando con caricias el sueño,
las sienes del olvido.
“Buenas noches”, susurran los drenajes.

¿Cuántos desvelos se asoman bajo la puerta?
La cama sigue ahí, hierática, sola,
cadáver asfixiado por una lenta agonía.

Los días, los viajes, los misterios,
dudas y ataraxia fingidas, son maquillaje, bálsamo,
asesino del sonido, de aromas pútridos
que se confunden con la hora pico.
“Hay luna llena”, anuncia el silencio.

¿Cuándo se secó la arena en sus pupilas?
La ventana clava su mirada en la oscuridad;
se asoma el velo de un tren en marcha,
vuela una hoja del árbol que crece en el patio.
Estación equivocada. Pensamientos equívocos.

Pasó el tiempo en una vuelta;
pero no hubo tiempo, no hubo vuelta.
No hubo viaje alguno por mar,
por tierra, por lugares remotos.

Solo hubo una larga noche del pasado.
Un llamado etéreo que no existió
sino en una tarde de lluvia.

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Amanecer

¿Qué hora es, amor mío?
Puedo escuchar las campanas
que anuncian un nuevo día,
el llamado para todos los que andan
cabizbajos o mirando el cielo
sobre esa senda que nombramos vida.

Sin embargo, mis ojos no se abren,
en estas paredes aún es de noche
como las fauces del demonio
que acaricia mi cuerpo débil,
los despojos, los huesos,
la carne que se resiste a los gusanos
aunque no al dolor del alma.

Porque más que los parásitos
y los químicos en la sangre,
me lastiman los vacíos en el pecho,
esas palabras que ahora se asfixian
en mis labios marchitos
mientras intento atraparlas
con mis manos trémulas
para ponerlas dulcemente en tus oídos.

Desearía que fuesen un poema de amor
u otra propuesta de matrimonio,
pero en medio de la noche
soy solo la triste memoria de un hombre
que el viento arrastra como cadáver,
soy el vómito que el silencio de la muerte
escupió tras devorar mis entrañas.

Perdona si yo mismo presiono mis heridas,
si hago supurar estas llagas y tus ojos tristes,
si a la mitad del capítulo arranco la hoja
con la rabia y el dolor del espíritu;
al final, soy un humano, lo que queda de él,
aunque no quiera, aunque sostengas mi brazo,
aunque a los dos nos duela el tiempo.

¿Recuerdas esa tarde de abril?
Te di un regalo que puse en tu pecho
para recordar que navegaríamos juntos
incluso en las aguas más peligrosas;
y en medio de esta tormenta,
de la oscuridad que me impide
ver el sol que toca la ventana,
te regalo este beso y estas oraciones,
las estrellas que no se extinguen
cuando ha llegado su hora,
la alfombra verde que recoge
el suave rocío de tu rostro.

¿Qué hora es, amor mío?
Tus dedos se resbalan en mi piel,
          tu voz se pierde en las sombras,
            tu aroma se apaga con mi aliento
                        en este frío amanecer…

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Arte y cultura La Maga y el Quetzal Poesía

Yosmel Araujo: La poética del Sinrumbo

Sinrumbo es una plaquette de poesía del venezolano Yosmel Araujo, publicada recientemente en ediciones Awen, en el marco de la III edición del certamen de poesía venezolana Ecos de la luz.

Verónica Vidal: Háblanos del proceso creativo y la recopilación de elementos semióticos para este trabajo.

Yosmel Araujo: Cuando surgió la oportunidad de presentar una plaquette, no tuve que pensar mucho en el proyecto que escogería para tal publicación, siendo este mi primer poemario oficial. Sinrumbo fue escrito en el 2017 y tuvo pequeños aportes (principalmente, los nombres que ahí aparecen), hasta el 2019. Me gusta recalcar el año donde germinó, porque fue uno de gran importancia: año resquebrajado, dador de muchísimas grietas a las que aún intento encontrar ciertas resoluciones.

El 7 de abril de 2017 surge Arca, álbum homónimo de la artista Arca(1); unos meses después, en julio, hice el primer viaje por mi cuenta a otro estado. Fui a Valencia, conocí a Luz, una amiga queridísima, y a Ander, a Eli. La impresión que me causa Ander y Eli por sus constantes vueltas en Naguanagua es inmediata, luego regreso en septiembre para el cumpleaños de Ander. Antes de mi regreso a sus calles, paso estos meses de separación en una angustia gigante, como si algo mío se hubiese quedado allá.

Sinrumbo (que antes tanteaba un nombre como Resquicio del pure, como guiño al plebiscito realizado justo cuando estaba en Valencia), se dio desde la primera noche que traté con Ander. Nunca había sentido un deseo tan desgarrador, siendo este el empuje para escribir. Esa noche escribí en hojas sueltas, en billetes, en papel-de-cajas-de-cigarros, en un libro que decidí intervenir por necesidad de espacio. La misma dinámica sucedió cuando regresé al cumpleaños de este chico, con los Detectives Salvajes(2) en mano y una necesidad de ser llevado a donde él fuera con su gente. Fuimos a Puerto Cabello, nos perdimos un montón de veces, pasamos la noche en el patio de alguien, al día siguiente caminamos unas horas para llegar a una playa guardada entre tanto monte bajo; al regresar, no teníamos dinero suficiente para todos los pasajes en bus, casi no llegamos al terminal de Valencia, el papá de uno de sus amigos, Gustavo, nos buscó en su carro casi desmantelado, mientras escuchamos Lo Mato(3) y fuimos rumbo a un pueblo que colinda entre Carabobo y Maracay.

Derechos de imagen pertenecen a Yosmel Araujo V.W.

Relato lo sucedido porque de ahí parten todos los encuentros que convergen en el poemario. La decisión de escribir un texto como Las uñas de este hombre no son broma, que rompe cierto acuerdo cronológico, nace de esta misma experiencia donde me di a favor de lo que un hombre pudiese mostrarme, modus operandi que he repetido ante muchos de mis conocidos. Escribí para atestiguar el cambio causado en mí por otro, la manera en que internalicé lo que disfruté y sufrí como si fuese mi razón de vivir. Luego no lo volví a ver; dicha ausencia se acopló de maravilla con el disco de Arca, que apelaba a mi constante flagelación sobre lo sucedido y el imposible regreso.

Sinrumbo, como categoría, se da por un desvarío que no ha cesado desde el 2017, donde me encuentro pero me muevo por la ansiedad de verme como tal. Sinrumbo como título es mi forma de agradecer a una artista que me abrazó con sus propias entrañas cuando las mías se deseaban extraviadas.

V. V: Háblanos de tu propuesta visual, ¿Cuál es la relación entre tu trabajo visual y tu trabajo poético?

Desde el 2017, he estado fascinado con el marco referencial que puedo ver en una ventana. Me refiero a una dinámica voyerista-exhibicionista que forma parte de mi figura como transeúnte. Antes de llegar a expresar estas muestras de deseo a través del arte visual, la escritura ha sido un medio hacia cierto proceso depurador que responde a mis ansias de crear. Mis primeros poemas datan del 2015. Se puede discutir que el poema es un compendio de fragmentos, pero esto quizás despoja al mismo de su construcción absoluta. Por lo dado en Letras, carrera que estudié hasta el 2017, heredé el poema como cuestión de amplitud, dilatación de palabras hacia un final. Luego descubrí los aforismos de Antonio Porchia. Tuvieron que pasar algunos meses para tomar consciencia de que los enunciados que escribía eran interpretaciones de la finitud que mostraba el escritor argentino. Lo que escribo responde a los estímulos de la calle, lo abierto y cerrado de exponerse a la ciudad: es el escribir en movimiento, propio o inducido.

Derechos de imagen pertenecen a Yosmel Araujo V.W.

Del estar constantemente en una lucha contra la inercia y la falta de espacio, nació una primera iniciativa de escribir en las páginas de 211 cosas que un chico listo debe saber, cierto manual de Tom Cutler (el cual intervine cuando fui a Valencia); este ejercicio, con el libro que compré en mi infancia, dio paso a tantear una cantidad de marcadores en El Príncipe, de Maquiavelo (libro –único que adopté– de la biblioteca de la UCAB). Siempre he sido una persona dispersa, que va y viene de tema en tema, hiperactivo, y con los fragmentos he trabajado eso a mi beneficio, siendo la raíz-intención de enunciados que culminan cuando así lo decide el papel, el momento dado, la locución que me movió a escribir el mismo. He tomado fotos de estos registros y los he posteado en Instagram por la cuenta @perrovacio y que comparto aquí contigo.

En diciembre de 2019 logré comprar mi primer teléfono, con mi propio dinero. A las dos semanas de tenerlo, decidí rotundamente mantener un diario donde he de registrar las ventanas de todos los días: la que es hoy, las que fueron y siguen siendo. Mantengo este testimonio de transeúnte a través de la cuenta @sadbakarti en Instagram. Mi fascinación por las mismas corresponde a cómo veo en ellas la falta de algo: ausencia que trabaja para nutrir narrativas. De las proyecciones parten mis tanteos en la escritura y en el plantarme frente a un edificio para retratar algo que ha de responder, siempre a futuro, situado en un presente que sublimo, a favor de mi deseo.

Derechos de imagen pertenecen a Yosmel Araujo V.W.

V.V: ¿Cuáles son tus proyectos en la actualidad y a mediano plazo?

He vuelto a los textos de Pedro Lemebel para darme un impulso a escribir crónicas, he regresado a textos de literatura y teoría queer para plantear ciertas retóricas que atañen a los jóvenes de ahora y he querido volver a Samuel Beckett, para culminar una pieza donde A. y B. quedan solos en la ciudad, rindiendo honor a aquel cuento donde todo el mundo se va de Caracas porque una gran ola se avecina. Llevo años temiendo a la narrativa y espero superar su sombra; Isaac Chocrón es un referente muy importante para mí cuando lo haga.

Estoy trabajando en varios proyectos musicales junto a dos amigos que viven en la ABC de los Ruices, acá en Caracas. Hay varias maquetas por hacer y eso me entusiasma. También se vienen antologías. Este año me ha visto surgir como lo he querido desde que empecé a escribir y realmente solo espero que me lean.

Referencias:

  1. Nombre artístico de Alejandra Ghersi, cantante y productora venezolana, especializada en música electrónica y experimental.
  2. Novela del escritor chileno Roberto Bolaño, publicada en 1988.
  3. Álbum de estudio de Willie Colón y Héctor Lavoe, lanzado en 1973.
Derechos de imagen pertenecen a Claudia Zarro

Yosmel Araujo V. W. Nació en Los Teques, Miranda (1996). Cursó estudios de Letras en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Participó en el taller Poesía Silenciosa, Pintura que Habla II, dictado por Eleonora Requena. Mención honorífica en el concurso Por una Venezuela Literaria (2017), finalista en la primera edición y la tercera edición del Concurso Physis (2017, 2020) y primer finalista en el III Certamen de poesía venezolana «Ecos de la luz» (2019). Su poema Sinrumbo fue publicado como parte del tercer aniversario de la Revista Awen y su poemario Sinrumbo fue publicado en 2020 como plaquette digital por parte de Ediciones Palíndromus (Venezuela).


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Poesía y Cine/stesia

Poética de lo irreversible

Pocas cosas son irreversibles: el tiempo, la muerte, y la violencia. En la película Irreversible, Gaspar Noé nos hace partícipes y testigos, no ya de dos crímenes atroces, sino de la vida de tres personajes en concreto. La historia empieza por el final. El espectador conoce el futuro, se lo es dado desde que inicia la película. Poco a poco vamos relacionando el origen, causas y próximas consecuencias, como si arrojáramos un tablero de ajedrez al aire, pero ya conociéramos, de antemano, dónde caerán las piezas. 

La película causó controversia debido al grado de violencia explícita, sobre todo, en dos escenas específicas. Una de ellas es la del asesinato. Pierre, personaje que aparenta ser pacífico, destroza el rostro de un hombre con un extintor hasta que se forma un amasijo de carne. La otra escena es la de la violación de Alex,  personaje interpretado por Monica Bellucci. Es una mujer que por mala fortuna atraviesa un metro muy solitario, se encuentra con un hombre que está amedrentando a una prostituta; pero éste fija la mirada en la atractiva figura de Alex y decide en ese momento violarla por el ano. La escena es brutal, terrible, explícita. La cámara que siempre había estado en movimiento desde el inicio, se detiene, ahora reposa en el suelo. La escena dura nueve minutos. Nueve minutos en los que el espectador se confronta internamente: ¿Cine o realidad? Claro que la violación no es invención del cine; sin embargo, el autor construye uno de los retratos de violación más crudos y verosímiles que haya existido a lo largo de la historia.  Cuestionaría a aquellos que acusan al director por utilizar «una violencia innecesaria». ¿Cómo debe retratarse una violación para que no dañe la susceptibilidad de nadie? ¿Cómo retratar una violación púdica, empática, correctamente política? Gaspar construye una realidad alterna donde el cine intercede en el mundo entremezclando la verosimilitud del relato con la vida. 

Dice Slavoj Žižek que la violencia es algo que altera el ritmo natural de las cosas. La decisión estratégica de narrar la historia empezando por el final, no es una propuesta exclusiva a la experiencia visual, por el contrario. El subtexto está insertado en la forma: el tiempo y la violencia son irreversibles. Gaspar Noé es una gran muestra de las muchas posibilidades que puede tener el lenguaje cinematográfico. Es atrevido, lúdico, sin miedo a la experimentación.

Conocemos los movimientos de cámara de ésta película, sabemos que es caótica, descontrolada. Atravesamos este viaje con el ojo escrutador en movimiento que traza la historia de fin a principio. Como ante mencionaba, vemos el futuro. Conocemos lo que estos personajes viven, están viviendo, y vivirán, de manera simultánea, lo que ellos todavía no saben, pero tendrán que atravesar. No tienen  idea remota de lo que viene después, ¿no es eso la vida? Vivir bajo las leyes del azar. 

De pronto, irrumpe algo, sea el caos o la maldad, pero interviene en la vida; al punto que puede interrumpirla por completo: Despiertas, descubres que estás embarazada, sales, coges una ruta que no frecuentas, te violan brutalmente, golpean tu cuerpo, refriegan tu rostro a golpes en el suelo, te patean en el estómago, y pierdes el bebé. Una noche, cualquiera. Incluso esa misma mañana te sentías dichosa, feliz. 

Ahora te pregunto,  ¿Para ti qué es irreversible?

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Nuestra memoria Poesía

Clara Lair | 3 Poemas

Lullaby Mayor
 
Duerme mi niño grande, duerme, mi niño fuerte:
que el juego del amor rinde como la muerte.

Alas le dé a tu sueño el éter de quimeras
que ha dejado en tu rostro tan dolientes ojeras.
Clama le dé a tu sueño el mar de los sentidos
que ha dejado tus brazos tan largos y tendidos.

Duerme, mi niño grande; duerme, mi niño fuerte:
que el juego del amor rinde como la muerte...

(¡Allá afuera es la luna y el marullo del mar
en la fragua del trópico brillando por quemar!
¡Allá afuera es la esencia-veneno del jardín,
y los pérfidos astros
avivando, encendiendo azabache, alabastros
en carne negra y blanca: la caldera sin fin
del trópico
trasmutando los cuerpos al corto cielo erótico!)

Duerme mi niño grande; duerme, mi niño fuerte:
que el juego del amor rinde como la muerte.

(¡Allá afuera es el negro camino de miasmas
y mi sombra acechando tu sombra entre fantasmas!
¡Duerme callado y ágil, vigílame la puerta!
¡Que se va si despierta!)

Me quedaré a tu lado quieta, casta e inerme,
mientras tu alma sueña, mientras tu cuerpo duerme.

Quizá ningún empeño
de mi cuerpo y alma
te dé lo que ese sueño...

Quizá la vida fuerte
es nada ante la calma
que te dará la muerte...

(¡Marullo del mar, cállate; sepúltate coquí!
¡Qué así, dormido o muerto, quién lo aleja de mí!)

Duerme mi niño fuerte; duerme mi niño grande:
el sueño de la vida con la muerte se expande...

(¡Porqué no amará a otra, que ni a mí misma amará!
¡Qué la tierra por siempre sus brazos se desquiciará!

¡Ay si no despertara!)
 
Frivolidad

Y así dije al amado: Marcharemos unidos.
Será tu nombre el eco de todos los sonidos.

Me trazará el camino la huella de tus pasos.
Me abrirá el horizonte la curva de tus brazos.

Le gritaré a la vida: ¡rompe, destroza, daña!
Yo tengo mi refugio: ¡su pecho es la montaña!

Le gritaré a la vida: ¡hunde, flota al azar!
Yo tengo mi oleaje: ¡sus ojos son el mar!

Y lo seguí al afán y a la ilusión del puerto.
Y lo seguí al vacío y al tedio del desierto.

Lo seguí sola y siempre, horas malas y buenas,
en la luz, en las sombras, en flores, en cadenas...

Y lo creí tan fuerte que le fui mansa y suave...
¡Él, el roble potente y yo, la pobre ave!

Y lo creí tan bravo que le fui fiel, sencilla...
¡Él, el mar tumultuoso y yo la quieta orilla!

¡Ay, uní lo infundible, y estreché lo disperso,
y quise hacer del cieno un lago limpio y terso...!

Mis ojos hechos llanto, mis labios hechos trizas...
¡Y su voz implacable pidiendo más sonrisas!

Mi cuerpo en el cilicio sangrando su querella...
Y su voz implacable diciendo: ¡sé más bella!

Mi alma en el infierno aullando su condena...
y su voz implacable diciendo: ¡sé más buena!

¡Carne fácil y blanda a todos los arrimos!
¡Carne blanda y traidora con uñas en los mimos!

Para todas los mismos rápidos arrebatos
Lúbrico cual los perros...falso como los gatos...

Y ahora digo al amante: óyeme, pasajero,
no me preguntes nunca hasta cuándo te quiero.

Si una noche de luna o una copa de vino
nos reúne en la misma revuelta del camino...

No me digas de sueños ni de sombras macabras
háblame solamente palabras, y palabras...

Júrame por la arena que acoge todo paso,
y lo graba o lo borra al azar, al acaso...

Júrame por la espuma que chispea y que brilla,
y que dura un instante de una orilla o otra orilla...

¡Ah, gato sin escrúpulos que a otras faldas se enreda
cuando ya todo es dado, cuando ya nada queda!

No me brindes los mimos de tus uñas, que ahora
sólo quiere collares de esta gata de Angora...!

Tú frívolo, yo frívola...Soy tu igual, camarada.
¡No has de quitarme todo para dejarme nada!

Angustia
 
A veces soy tan lejos, lejos de todo esto.
A nada me acomodo, en nada me recuesto:
Las palmas, los coquíes son sonido, paisaje...
Yo siempre estoy ausente, yo siempre estoy de viaje.
En vano es que mi alma se incendie con afanes
y se prenda a los ojos potentes flamboyanes,
ni que por los caminos se me fugue el anhelo...
para topar de pronto la montaña y el cielo.
...Y el andrajo de pajas del pobre caserío,
y el andrajo de gente y el escuálido río,
y los pueblos cuadrados con la iglesia en el centro
y el cementerio junto: Estanques muertos dentro
del perenne bullir y saltar de las olas,
perenne ante mi alma impaciente y a solas.
Por doquiera que voy, por doquiera que vaya,
en el vaho soporoso de mestizo y quincalla...
La misma semimuerta vida del pueblo atado
por el mar implacable, de costado a costado...
...(Y el hombre de la esquina, ojitorvo y moreno,
que no mira a mis ojos y que mira a mi seno,
que masculla entre dientes una frase lasciva
cuando paso a su lado desdeñosa y altiva...)

¡Y a veces soy tan de ellos y ellos tan míos!
¡Las palmas, los coquíes, el monte, los bohíos...!
¡El escuálido río, que es como mis hazañas,
cintajo de rumores encerrado en montañas!
¡Y mi amor en tinieblas sollozando escondido,
como un triste y oculto coquí despavorido!
¡Y el mar, perenne mar, que me exalta y me abate,
que es como el corazón, en un late que late
perdido en el vacío, y oído, tan oído,
que ya no sé qué lleva ni sé lo que ha traído...!
...(Y el hombre de la esquina, ojitorvo y moreno...
¡Ah qué sienes viriles exaltará mi seno,
que no torne cenizas la llamarada esquiva
que encendiera mi cuerpo su mirada lasciva...!
 
 
Mercedes Negrón Muñoz mejor conocida como Clara Lair, fue una destacada poeta puertorriqueña. Nació en 1895 en el pueblo de Barranquitas. Cursó sus estudios medios en Ponce. En 1918 emigró con su familia a Nueva York. Lugar donde descubre su pasión por la poesía. Durante el tiempo que vivió en Nueva York escribe sus primeros poemas.  En la Universidad de Puerto Rico estudia literatura.  Sus poemarios:  Arras de cristal (1937) Trópico amargo (1950) y Más allá del poniente (1950).  Muere en San Juan de Puerto Rico el 26 de agosto de 1973.

Colaborador: Benito Pastoriza Lyodo, Humacao, Puerto Rico


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