Edwing Marroquín | Intercambio


Nunca he amado, creyendo amar, Nunca he hecho nada salvo esperar delante de la puerta cerrada.

Marguerite Duras

Hablamos poco. Siempre se queda unos cuantos minutos antes de levantarse, buscar sus lentes, ponerse nuevamente el reloj pulsera y empezar a vestirse. Nunca se quita la cadena ¿será importante? ¿un regalo? ¿su madre, tal vez? No sabemos qué somos, nuestras vidas, la de todos los días, no nos interesa. Me dijo que vivía con su padre, es todo lo que sé. Era domingo. Vine caminando dijo, trabajo muy cerca. Fue sencillo, compenetrarnos, casi hacer el amor. Dos desconocidos que aparentan saberlo todo cuando se dicen me llamo tal y vos. Vendrá otra vez, habrá silencio entre nosotros, pero vendrá cuando se lo pida. Dirá que trabaja cerca, que puede venir caminando, mencionará nuevamente a su padre y luego de casi hacer el amor, buscará sus lentes. La escena se repetirá, varias veces, habrá variaciones, es cierto, pero siempre seremos dos desconocidos que saben sus nombres. Un día, no ha sucedido, me preguntará por qué hay tantos libros en tu apartamento, entonces le diré que estudio literatura. Yo sé que vive con su padre. Ha caminado, en la tranquilidad de la noche, tres veces las cuadras que separan su trabajo de mi lugar, como le dice. Seguimos sin decir mucho, lo de los libros no ha sucedido, pero es inevitable. Somos una pintura en movimiento, limitados por los marcos, por no querer saber, decir, nombrar. Busca sus lentes, el gesto varía, un día están en la mesa de noche, otro, en el suelo. Nunca necesita nada, ni un vaso de agua o usar el baño. Es cuidadoso, nunca deja ningún rastro. Hoy no vino. Eventualmente ya no vendrá. Sabemos tan poco el uno del otro que el olvido no será olvido, no necesitaremos sus mecanismos. Pero puede venir mañana, escribe.


Edwing Marroquín, Guatemala.